Disclaimer: Los personajes no son míos . Son de la fantástica J.K Rowling .
Never gonna be alone
Para nadie es fácil enfrentar las cosas a las que teme, a sus fantasmas y a las cosas que posiblemente le hagan daño. Y eso era precisamente lo que la castaña había hecho ese día al haber ido al Ministerio a declarar a favor de aquel ex-compañero suyo Slytherin.
Bien podría haber ido sólo a presenciar, o haberse ahorrado el viaje y luego pedirle los detalles a sus amigos. Pero luego de re-leer como por quinta vez aquella carta que sus dos amigos le dieron, la decisión se tomó por si sola. La simple posibilidad de que se llevaran al rubio de condena en Azkaban, o peor aún con los dementores, era una idea tan horrible como devastadora, no sólo para el rubio, sino para una castaña que aún no entendía bien que era lo que sucedía entre ellos dos.
Si bien sabía que se había dejado expuesta, a ella y a lo que sea que fueran sus sentimientos, en la corte, al defender a un Mortífago acusado de la muerte del más reconocido Mago de esos tiempos, Albus Dumbledore y de haber sido aliado en muchos otros movimientos mortífagos, también sabía que sus amigos la iban a bombardear con preguntas de todo tipo, no por nada estuvo evitando toda su estadía en la corte, cruzar miradas con ellos a pesar de saber que ellos si las tenían clavadas en su espalda, aunque quizá no fuera el hecho de evitarlos lo que le impidió verlos a ellos, si no que no había despegado su vista ni un solo momento del rubio slytherin que se encontraba en el medio de aquella grande sala, no lo sabía con exactitud.
También estaba el hecho de que huyó, huyó como cobarde luego de actuar con valentía, su parte Gryffindor fue mandada a la mierda cuando vio como el rubio se le acercaba, si bien se había quedado de última en aquella habitación para algún propósito, que aún no tenía claro, el hecho de verle tan cerca la descolocó y con solo una mirada y una simple frase desapareció, huyendo como cobarde, realmente Godric Gryffindor estaría decepcionado de que una persona como ella se hiciera llamar Gryffindor. Y por último, pero más confuso para la castaña era aquella mirada. Le daba vueltas a aquel recuerdo como si tratara de identificar los sentimientos encontrados que vislumbro en aquellas orbes grisáceas, pero no entendía bien que era lo que trataba de transmitir con la mirada, porque sabía bien que trataba de transmitir algo.
─ Hermione ¿vas a seguir evitándonos o ya nos vas a escuchar? - escuchó la voz de su mejor amigo de orbes verdes y suspiró alejando todos sus pensamientos, a la par que miraba al pelirrojo y el azabache y se encogía de hombros indicándoles que no iba a escapar de nuevo.
─ ¿Qué quieren chicos? - los tres sabían que era una pregunta tonta debido a los acontecimientos del día, pero a veces aparentar indiferencia servía, aunque claro...no era muy fácil cuando se trata de aquellos Gryffindors. No si eran sus mejores amigos de 6 años, no si había convivido con ellos en busca de Horrocruxes, no después de tantos retos por los que atravesaron, juntos.
─ ¿Qué quieres tú? sería la pregunta ... ¿qué pretendías ayudando a Malfoy? ¿qué no recuerdas todos los años de burlas, insultos y humillaciones por los que te hizo pasar? ¿no recuerdas el detestable mote que te puso en segundo? ¿no recuerdas nada Hermione? - preguntó su amigo pelirrojo , tan impulsivo y confundido como siempre. Recordándole lo que no hacía falta, lo que día tras día aparecía en sus sueños para convertirlos en pesadillas, lo que día tras día trataba de olvidar pero volvían a ella con más ímpetu.
─ No Ronald, no he olvidado nada de eso, sabes bien que no podría - le contestó y el pelirrojo frunció el ceño.
─ ¿Eso es una respuesta Hermione? bien podría ser una respuesta de cualquier otra persona menos de ti - dijo irritado y la castaña le concedió la razón, siempre que le hacían preguntas las contestabas todas, larga y extensamente con todos sus argumentos, y ahora sólo había dicho una oración, una simple y vacía oración que no hacía más que incrementar el enfado del pelirrojo y las sospechas de un azabache que se mantenía en silencio por los momentos.
─ Estoy...agotada, me duele la cabeza Ron, no se que esperas que responda - dijo como vaga esperanza de que entendieran que no tenía fuerzas para hablar en esos momentos, pero como no, sus amigos hacían vista gorda de lo que ella decía, tal y como llevaban haciendo años y años, lo cual en otro momento le hubiese exasperado, ahora sólo la frustraba y la dejaba más agotada mentalmente de lo que se encontraba
─ Quiero que me digas ¿por qué defendiste a Malfoy? - preguntó el pelirrojo y la castaña suspiró.
─ Saben bien que no soy devota de los dementores ni de Azkaban, y que detesto los castigos - dijo y se vio interrumpida por el pecoso.
─ Pero el castigo se lo tenía bien merecido Hermione - le recordó impaciente el pelirrojo y la castaña tuvo que morderse el labio para no bufar ante la obviedad de las palabras de su amigo.
─ Quizá si Ron, pero no se merecía el beso del Dementor, y tampoco la cárcel, él ayudo de una u otra forma, además nunca estuvo del otro bando completamente , y antes de que me interrumpas - adivinó la castaña al ver como su amigo iba a rebatir sus palabras - si, ya se que lleva la Marca en su brazo, pero ¿y Snape? el también la lleva, y fue muy leal a nuestra causa - le indicó y el pelirrojo bufó
─ Si, Hermione, pero hay una diferencia , Snape si ayudo, Snape pasó información de utilidad a la Orden, Snape era un doble espía, ¿Malfoy que era? como mucho un cobarde - dijo y la castaña rodó los ojos ante la falta de argumentos del pecoso.
─ ¿Le llamas cobarde por no haberse atrevido a matar a Dumbledore o por no haberse atrevido a unirse a la Orden? Por una u otra razón, Ronald, se nota que te ciegas ante las cosas que no quieres ver. Yo tampoco tengo muy en claro la situación, pero bien escuchaste que estaba amenazado, que matarían a su madre si no cumplía con las ordenes de Voldemort - dijo la castaña para luego culminar con un resoplido ante el escalofrío que le recorrió visiblemente al pelirrojo el nombre de el mago oscuro.
─ ¿Y desde cuando los Malfoy tienen sentimiento? - preguntó el pelirrojo ridículamente como último argumento, puesto que todos sabían que si le daban a elegir entre la muerte de alguien y la de su madre, elegiría salvar a su madre, así como muchos.
La castaña se mordió la lengua puesto que no encontraba argumento con el que responderle aquello, la verdad que esa pregunta se la llevaba haciendo desde hace un tiempo atrás, sin encontrar respuesta alguna, o por lo menos sin encontrar respuesta coherente
─ ¿Por qué nunca nos dijiste que nos cubrió y que te lo topaste en la biblioteca? ¿y peor aún... que te salvó en contadas ocasiones? - habló por primera vez el niño-que-vivió y la castaña no supo si estarle agradecida por sacarle de la obligación de responderle al pelirrojo, o de odiarle por preguntarle aquello, sabía que pronto iban a llegar a esa pregunta, y era una pregunta que por primera vez en la vida, la castaña no tenía ni siquiera una respuesta vaga, no tenía nada, ni absoluta idea de aquel tema. Lo cual le frustraba, porque al parecer todo lo relacionado con el rubio era complicado y difícil de entender.
─ Lo de la biblioteca, no quería alarmarlos - se vio nuevamente interrumpida por el pelirrojo.
─ ¿Alarmarnos? Por Merlín Hermione , pudo haber matado a gente inocente - le reclamó el chico y la castaña suspiró, bien... no había sido su mejor argumento y no podía culpar al pelirrojo por pensar eso que en un principio ella también pensó.
─ Pero no lo hizo - rebatió la chica - lo de aquel día en el Ministerio me pareció irrelevante y ...no me gusta rememorar aquel día en la Mansión Malfoy - les dijo a sabiendas de que los chicos evitaban ese tema sabiendo lo doloroso y gris que podía ser para la Gryffindor, lo cual agradecía en aquel momento como excusa para no hablar de ello
─ ¿Y en la Batalla? - preguntó perspicaz el azabache y la castaña rodó los ojos internamente. Como no, esperar a que se quedaran tranquilos con sus explicaciones era mucho pedir.
─ ¿Fue cuando te deje a solas con él verdad? - adivinó el pecoso para sorpresa de sus dos amigos y confusión del azabache que no se sabía esa parte de la historia.
─ Si - concluyó la chica mientras se levantaba del sillón de su casa donde se habían reunido y se acercaba a la puerta mientras la abría y les señalaba la salida ante el gesto ofendido del pelirrojo y el perspicaz del de gafas.
─ ¿Nos estás botando? - preguntó incrédulo el Weasley y la chica rodó los ojos
─ No Ronald, les estoy pidiendo que se vayan, quiero descansar - pidió y el azabache la miró un rato y la chica incapaz de sostenerle la mirada por mucho tiempo, temiendo que usara la Legeremancia con ella, la desvío a la punta de sus zapatos.
─ Vamonos Ron - pidió el azabache mientras tomaba del brazo a su amigo hasta estar fuera de la casa - chao Herms - se despidió con una pequeña sonrisa para luego desaparecer, literalmente de allí.
La castaña al verse de nuevo sola suspiró sin tener muy en claro si era de alivio o cansancio. Era la primera vez que llevar una discusión con sus amigos le agotaba de aquella manera. Había estado contra la espada y la pared por un buen tiempo. Había aumentado en grandes cantidades las sospechas de Harry, y el enojo del pelirrojo, más que todo porque se quedaba sin argumentos cada vez que ella le respondía inteligentemente, lo cual le ponía orgullosa, ya que a pesar de toda la situación aún se veía capaz de decir cosas lo suficientemente brillantes como para callar al pelirrojo. Aunque bien en claro tenía, que eso en cualquier otro momento sería cosa de abrir y cerrar los ojos.
Antes de ir al Ministerio se había planteado todas, y cada una de las posibles consecuencias de su asistencia o inasistencia. No por algo se le decía la chica con mayor intelecto en Gryffindor.
Primero sospeso las consecuencias de su asistencia. Podría ver el juicio desde sus cinco sentidos sin necesidad de tener que escucharlo de segunda mano de otros, podría intervenir si era necesario ante alguna acusación falsa, podría hacer muchas otras cosas irrelevantes como estar un tiempo más con sus amigos, con los cuales últimamente no compartía mucho, y también podría darse un descanso de sus pensamientos y salir un rato para distraer su cabeza, aunque esto último fuera una total reverenda mentira.
Y luego sospeso las consecuencias de no asistir al juicio, podría ahorrarse el protocolo formal que el solo hecho de entrar al Ministerio implicaba, podría evitar un tiempo más las miradas agradecidas y embelesadas de la gente hacia ella por ser "la amiga del salvador del mundo mágico", podría descansar un rato y pasar un día relativamente normal sin tantas preocupaciones, lo cual volvía a ser mentira, porque bien en claro tenía que el hecho de que el Slytherin se encontrara en aquellos momentos en un juicio y ella en el hall de su casa aparentemente muy tranquila, era uno de sus más grandes y preocupantes pensamientos.
También podría evadir una vez más a Kingsley que se las apañaba muy bien para encontrarle siempre que se aparecía por allí tratando de persuadirla de entrar a la academia de aurores, lo cual ella se negaba rotundamente no habiendo terminado sus estudios, puesto que le parecía una injusticia para con los demás, que ella sin ningún tipo de entrenamiento entrara a ese puesto sólo por ser un icono de heroína, a pesar de que el ministro se encargara de convencerla de que no se trataba solo por eso sino por sus extraordinarias notas, lo cual a la castaña le parecía poco probable.
Pero también sospeso que si no asistía podía perder quizá el ultimo chance de volver a ver a su ex-compañero Slytherin, ya que luego de aquel juicio podría no volver a verlo más, y trataba de evitar a toda costa el sentimiento de angustia que le invadía en el pecho con tan solo pensar esa posibilidad, también existía la posibilidad de que ninguno de sus amigos lo defendiera, de lo cual ella estaba casi segura, también sabía que no habría nadie allí para defender justamente al rubio, por lo tanto el juicio sería un total y rotundo fracaso, al menos para el Slytherin. Sabía que se podría cometer una gran injusticia puesto que nadie conocía la verdad, y tampoco es que la castaña pudiera regodearse de ser la única sabedora de la verdad, pero sabía algo más que los demás, lo cual ya era bastante y podría servir en el juicio. Y ese último pensamiento fue el decisivo, y con eso, tras meditarlo durante 2 horas, la castaña se encamino al Ministerio con prisa, sabiendo que si no llegaba rápido podría ya haber terminado todo, con un final catastrófico.
Había sentido un grande alivio al percatarse que las puertas de la sala seguían cerradas en un claro indicio de que el juicio continuaba, evito preguntarse el motivo del porque aquel juicio se estaba tardando más de lo debido, y con un par de contratiempos en su camino, logró, a la fuerza, cosa que muy pocas veces usaba, entrar a la sala y declarar para luego encontrarse en donde se encontraba, en un punto neutro.
Nulo, no sabía nada, sentía mucho y todo era confuso. Seguía dándole vueltas a lo acontecido ese día, a sus sentimientos, a sus pensamientos, a sus acciones, a sus impulsos y a todo lo que sus ojos callaban, pero no quería ponerle nombre a toda esa situación, le era muy extraño. Con este último pensamiento decidió dejar el asunto de un lado, sabiendo que no podría dejarlo a un lado por siempre, por más que deseara, y se dedicó a descansar un poco, después de todo el día había sido lo suficientemente ajetreado como para no estar lo suficientemente cansada como para dormir hasta el día siguiente, lo cual hizo sin mucho esfuerzo.
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A unas muchas calles de la humilde casa de la castaña Gryffindor, se encontraba la casa de Ronald, la cual compartía con su padre Arthur, el cual en esos momentos se encontraba en la Madriguera haciéndole compañía a su esposa, que cada día parecía ir aminorando su depresión, pero no lo suficiente como para que cuando se hicieran esas horas donde todos se juntaran, el ambiente no fuera tétrico, como solía serlo. En esa casa se encontraba un pelirrojo y un azabache, mejor conocidos como los héroes, tratando de encontrar una explicación lógica a lo vivido horas antes. Para los dos no había sido una gran sorpresa la intromisión de la castaña en la sala del juicio, pero si lo había sido el verla defender tan febrilmente al rubio, como lo haría con cualquiera de sus amigos
Luego de desaparecer de casa de la Gryffindor, se reunieron en la humilde morada del hermano Weasley, mientras compartían sus puntos de vista, aunque más que compartir el pelirrojo estaba hecho una furia, no podía creer la traición de su amiga. Bien tenía en claro que eran celos, y así se lo hizo notar el de la cicatriz, pero fue duramente callado con una gélida de parte de su amigo así que decidió no abordar más ese tema.
Para el azabache había sido una sorpresa el enterarse de que el rubio y sus dos amigos tuvieron un encuentro en medio de la batalla y sin ningún clase de hechizo de por medio, y más aún saber que segundos antes del encuentro sus dos mejores amigos estuvieron a punto de besarse, no era gran sorpresa para el de gafas que su pelirrojo amigo estuviera enamorado de la castaña, lo sabía desde 4to cuando vio como se puso celoso con el asunto de la pareja de baile de Hermione, luego llegó a cuestionarse un poco sobre sus suposiciones cuando le vio salir con Lavender, pero luego del incidente del guardapelo, lo tenía todo más que claro, más no hablo mucho del tema con su amigo pelirrojo a sabiendas que iba a ser complicado, y ya muy complicada estaba su vida para agregarle más conflictos, además que nunca le gusto meterse en medio de la extraña relación que llevaban sus amigos.
─ ¿Estás insinuando que se gustan? - rugió el pelirrojo mientras daba vueltas a lo largo del hall de aquella casa mientras un azabache sentado en un sillón de cuero negro frente a una chimenea, bufaba audiblemente
─ No Ron, sabes bien que no dije eso, estoy diciendo que capaz no se llevaban tan mal como nos hicieron pensar - trató de decirlo con todo el tacto que le fuera posible temiendo por la reacción de su amigo, la cual no tardó en llegar
─ !Pero es Malfoy! - gritó contrariado y el azabache evitó rodar los ojos por la falta de argumento de su amigo.
─ Pero sabes bien que si no fuera por los Malfoy no estaríamos aquí, bueno... al menos yo no lo estaría - se corrigió y el pelirrojo se carcajeo con burla
─ Fue gracias a Narcissa, no los mezcles ni los confundas Harry, sabes bien que los Malfoy son una escoria, una basura, merecen la condena, Azkaban, la muerte, todo es poco Harry - dijo el pelirrojo y el azabache le miró fríamente para luego suspirar indicándole con una mirada que tomara asiento, verle dando vuelta tras vuelta le mareaba.
─ A ver Ron, piensa con la cabeza fría...¿te estás escuchando? si hasta pareces más Slytherin que cualquiera, deseas que mueran... ese no eres tú Ron, te estás dejando llevar por...por sentimientos que ni al caso vienen en el tema, el punto es Ron, que si tuvieron su merecido Lucius fue condenado 10 años, de aquí a ese lapso de tiempo habrá aprendido la lección, si es que no muere antes, Narcissa está amenazada, sabes bien lo difícil que es vivir como si nada mientras estás bajo una amenaza de tal magnitud, y Malfoy...pues bueno el fue el que salió mejor librado de todo, tiene nuestra edad, menos tiempo tuvo de hacer daño, no mató a nadie ni se detectó que en su varita se haya echo ninguna imperdonable, a diferencia de su gorila Goyle, el cual si había hecho de esas, y unas cuantas , según las confesiones de muchos que estuvieron en Hogwarts en el tiempo de los Carrows, el se mantuvo alejado de todo aquello, abstraído de todo, no es santo de mi devoción Ron...pero no merecía nada de eso que dijiste antes - concluyó tratando de no caer muy hondo en el tema para que no se comenzará una lucha campal entre su mejor amigo y él.
─ Ok, no merece morir, ni dementores, ni azkaban...pero ¿por qué Hermione lo defendió así? - preguntó con un claro deje de frustración en su voz y el azabache suspiró encogiéndose de hombros. Desde un principio sabía que aquella pelea era inútil, porque esa charla era claramente motivada por los celos, no tan irracionales, del pelirrojo.
─ Sabes bien que no lo se Ron, pero...con todo lo que dijo en el Ministerio sobre él, parecía que al menos no fue tan basura con los tres, al menos una se salvo de sus actos, no con ello estoy diciendo que estoy conforme con sus actos, ni que estoy dando bandera blanca para que entablen una linda amistad, ni que tiene buen corazón, sólo... quizá no es aquel frío prepotente que conocemos, y sólo se muestra así con quienes quiere - terminó y el pelirrojo parpadeó como saliendo de un letargo mental.
─ ¿Bandera blanca? ¿Te has vuelto loco Harry? Sobre mi cadáver se le acercará - dijo con tono decidido haciendo bufar al azabache. De todo lo que le decía, sólo prestaba atención a lo que le convenía. Cansado de la situación y algo exhausto decidió mandar a callar a su amigo con unas simples palabras
─ A ver...Ronald sabes bien que ni tu ni yo estamos en condiciones de prohibirle nada - al ver que el pelirrojo iba a rebatir ese argumento, añadió - ninguno de los dos somos más que sus amigos, como hermanos para ella, y aunque te duela Ronald, debo decírtelo, ella no está enamorada de ti, ya no, y antes de que me preguntes como estoy tan seguro de ello….Sí, usé Legeremancia con ella, me siento mal por hacerlo, pero me vi incapaz de evitarlo, Ron, estarías perdiendo una amistad profunda y de muchos años si decides atosigarla de esa manera y tratar de llegar a algo más que no llegarían porque Hermione no lo permitiría así. Piénsalo bien Ron, ella tiene muchas cosas en la cabeza, de las cuales quizá nosotros no sepamos ni la mitad, está metida en sus pensamientos siempre, taciturna, ya no es la misma de siempre, ni nos tiene la confianza de antes, y pregúntate por qué, pregúntate por qué Hermione no nos ha vuelto a contar más nada, quizá por temor a ser juzgada o por temor a cómo te pongas, porque si, Ronald, eres demasiado obvio con lo que a tus sentimientos se refieren - concluyó mientras se levantaba de aquel sillón y se dirigía escaleras arriba a una habitación que el padre de su mejor amigo había incluido para el para las veces que quisiera quedarse a dormir - y no se te ocurra prohibirle nada, porque sabes tan bien como yo que cuando Hermione se propone algo lo logra, y si lo que se propone es ser amiga del hurón botador, bueno, lo lograra, duélale a quien le duela, y espero Ron, que ese no seas tú - agregó para luego desaparecer escaleras arriba dejando a un pelirrojo muy pensativo con una nube confusa de dudas y pensamientos infundidos por su mejor amigo.
─ Vaya mejor amigo - susurró al viento para luego dejarse llevar por sus pensamientos.
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En el mundo mágico, una pareja de rubios se encontraban caminando uno al lado del otro a las afueras de la mansión Malfoy. Uno era un rubio alto, el cual solía verse con anterioridades, con un porte aristocrático y arrogante, típico de un Malfoy, pero contra todo pronóstico, se encontraba decaído con la cabeza gacha y con una expresión de profunda tristeza , y a su lado una rubia alta que lo miraba con sentimientos encontrados, ya hacía mucho que ella había dejado de portarse tan vil y cruelmente como solía hacerlo, pero eso no le impedía que su porte dejara de ser arrogante, más al igual que su hijo, toda chispa de arrogancia había desaparecido dando paso a la humildad reflejada en sus orbes que no se despegaban de la figura desolada de su rubio hijo.
─ Draco - llamó Narcissa al rubio que no paraba de dar vueltas en círculos en el jardín de la mansión. Desde que había salido de aquella sala donde fue su juicio y su especie de calvario, había estado con su madre, ambos sumidos en un silencio, no incomodo pero si extraño.
Habían llegado a la mansión sin siquiera percatarse de ello, y se encontraban taciturnos en el jardín sin muchas ganas de entrar a aquel lugar que les traería tantos recuerdos, dolorosos ahora.
El rubio salió de su ensoñación y fijo la vista en su madre que le miraba desde unos cuantos centímetros arriba, con una expresión de genuina preocupación. Sabía que sus expresiones no deberían de ser precisamente consoladoras en ese momento, pero poco le importaba cuando tenía todo un remolino de pensamientos en su cabeza. Jamás había tenido tantas cosas por las que pensar y en tan poco tiempo.
De la noche a la mañana le habían sucedido más cosas de las que había vivido en toda su vida. Era mandado a una especie de celda mientras él y su familia esperaban para ver qué sería de sus destinos, luego se había sincerado con su madre con respecto a unos sentimientos que no les veía cavidad en aquellos momentos, pero que muy a su pesar no podía dejar de lado, ya que por más que quisiera apartarlos siempre salían a flote, y justo en los peores de los momentos.
Como en aquella sala donde se llevó a cabo su juicio, donde no había parado de mirarle como un genuino idiota, aunque de manera discreta ya que nadie se percató de aquello, también estaba el hecho de que había presenciado una escena que el realmente hubiese querido omitir, jamás había visto a sus padres en plan cariñoso, y verlos justamente en el momento del juicio final, era extraño y triste, había tenido las palabras más sinceras de las que había tenido en toda su vida con su padre, si bien no se habían dicho que se querían y cosas por el estilo, aquella conversación llevaba un gran peso para el chico.
Había vivido en carne propia la peor de las angustias, y por partida doble, primero la de su padre y luego la de su madre, el esperar fuera de una sala sin saber bien cuál sería el destino de los que por años fueron sus pilares, a sus maneras, era desesperante , y por último estaba él, su juicio, su calvario, había llegado con intenciones de aclarar la verdad sin parecer una víctima, no se le daba ese estilo, y por eso no desmintió las acusaciones que se le hacía, al fin y al cabo eran todas verdaderas, sólo que un tanto alteradas.
También había llegado sabiendo que nadie hablaría a su favor, y no se equivocaba hasta que Granger se entrometió en sus asuntos, como solía suceder últimamente. Todo era culpa de Granger, que estuviera libre, era su culpa, que sus pensamientos se volvieran cada vez más confusos, también era su culpa, y también era su culpa no poder sacarla de su cabeza.
─ ¿Cómo estás? - pregunto al fin dejando de darle vueltas a asuntos que por más pensara sabía no iba a conseguir respuestas, al menos no ese día.
─ No estoy bien, no te mentiré hijo, pero creo que estoy algo mejor que tú - agregó con preocupación mientras pasaba sus finos dedos por sus rubios cabellos en un gesto cariñoso hacia su hijo que se removió incomodo no acostumbrado a aquellas muestras de afectos. Desde niño había sido enseñado para no esperar mucho de la gente, para exigir, para mandar y para por sobre todas las cosas, evitar el sentimentalismo. De todos esas cosas, todo lo había logrado con excelencias, excepto lo último, en lo cual estaba fallando estrepitosamente.
─ No creo estar peor que tú madre - se sinceró el rubio viendo la expresión de profunda nostalgia de la mayor, pero esta sonrío nostálgica.
─ Disculpa que te contradiga hijo, pero yo no lo creo así, de hecho yo estoy medianamente bien, podría haber salido peor, pero por tu expresión pienso que tu no lo crees así - adivinó la rubia para luego sentarse en un banco de madera que se encontraba en medio del jardín e incito a su hijo a acompañarla, quien no dudó en hacerlo, solo por el hecho de encontrarse agotado físicamente. Si bien no había sido un día ajetreado, no de manera física, tantas emociones le desmoronaban , no sabía cómo afrontarlas porque nunca se había visto en aquella situación, era algo totalmente nuevo para él.
─ ¿Que peor cosa pudo haber sucedido madre? - preguntó el rubio.
─ No te mentiré, necesito sincerarme, y al parecer tú quieres escucharme o sólo necesitas una excusa para distraerte de todos esos pensamientos que te atormentan, así que dispondré de tu amabilidad y me desahogaré. Además no tengo más nadie con quien hacerlo, ambos sabemos bien que el apellido Malfoy está perdido, desprestigiado, ya no causaremos ningún sentimiento, ni siquiera miedo, más bien, yo diría que odio...si, ese podría ser - la rubia hizo una pequeña pausa deshaciéndose del nudo que se comenzaba a formar en su garganta y continuó
─ Y si antes sólo me codeaba con mortífagas, ahora ni con eso contaré, me quede sola, tengo una hermana que desterré por ser traidora de sangre y otra muerta, así que eres lo único que me queda hijo, y antes de que digas algo no es una clase de obligación que estés a mi lado, sólo te necesito ahorita, así que por favor escúchame y luego me agradecerás si viene al caso o no, de que haya logrado distraerte un poco - alargó un suspiro y continuó - Al principio pensé demasiadas cosas, demasiadas posibilidades de lo que podría suceder en el tribunal, sospese las posibilidades, hubo momentos en los que creí que Lucius lograría salir libre, lo cual bien sabía que sólo era una loca fantasía , luego pensé que podría ser condenado al beso del dementor, también pensé cadena perpetua en Azkaban , también pensé que podría ser sólo condenado por uno o un par de años, pero cualquiera que fuera esas ideas, ninguna me daba alegría, la verdad si te soy sincera, no me preocupaba mucho por ti hijo, yo sabría que iría bien, algo dentro de mí, llámalo instinto maternal, me lo decía, y no me equivoque , sólo que... bueno sé que es extraño que tu madre te hable de esto, pero fue sólo hasta el final que noté que no podría conllevar todo esto sin Lucius, y no me equivoqué, una vez entró supe que no iba a salir, no estoy diciendo que me derrumbaré, llevaré bien en alto el apellido Malfoy, o por lo menos lo que queda de él, pero extrañaré a tu padre. Por extraño que suene, verlo dos veces al mes no me será suficiente - terminó sonriendo con nostalgia mientras miraba al frente a un racimo de gardenias que se encontraban regándose mágicamente.
El rubio miró a su madre de soslayo y suspiró, no había necesitado de mucho intelecto para suponer de ante mano que aquellas eran las preocupaciones de su madre, sólo que escucharlas de su propia boca las hacía más reales y más devastadoras. Como único hombre de la familia, sentía la imperiosa responsabilidad de elevar su apellido, más sabía que sería inútil, habían demasiados que le odiaban, tenía medio Mundo Mágico contra el por el simple hecho de cargar ese apellido y más aún por la marca que descansaba en su antebrazo, además de que su comportamiento tampoco aliviaba las cosas, sabía que se había ganado el desprecio a pulso.
Pero a la vez sabía que no podría con tanta carga, limpiar su apellido sería una misión tan imposible como estúpida, y no pensaba llevarla a cabo, por cobarde que suene. Prefería dejar que las cosas siguieran su curso, y parecía que su madre pensaba lo mismo por la expresión de paz que surco su rostro luego de haberle contado todo aquello.
Luego de un largo silencio la rubia cambió su expresión taciturna por una un poco más jovial, y el rubio se sorprendió de ver eso en su madre, llevaba mucho que no la veía con ese toque de jovialidad de en ella, que tanto bien le hacía.
─ Como sé que eres lo suficientemente orgulloso para no darme las gracias, lo dejaré pasar - dijo y el rubio frunció el ceño preguntándose a que se refería su madre
─ ¿Gracias por qué? - preguntó genuinamente confundido
─ Obviamente por distraerte un poco , si bien no dejaste de pensar, al menos ya tienes otras cosas de que preocuparte - dijo y el rubio se mordió la lengua para no decirle que eso no tenía nada de bueno - así que cambiemos ligeramente el tema ... ¿y bien? - preguntó luego de una pausa mirando a su hijo con expresión de intriga.
─ ¿Y bien qué? - preguntó el rubio sintiéndose tonto, ya que parecía ser el único que no se enteraba de que iba la conversación.
─ ¿Qué pasó allá dentro? , y no me refiero a que te preguntaron ni nada, sino que sucedió después de que la señorita Granger entrara - concluyó con una ligera sonrisa y el rubio miró de soslayo a su mamá preguntándose por qué demonios sacaba ese tema. De hecho prefería el tema anterior, le parecía mejor.
─ No sucedió nada - dijo cortante el rubio, más no logró callar a su madre, sino avivar más sus dudas.
─ Si por nada te refieres a que entró a defenderte, tras haber amenazado a aquella auror si no la dejaba entrar, entonces no sucedió absolutamente nada - murmuró con sarcasmo mientras miraba de reojo las expresiones de sorpresa y confusión de su hijo.
─ ¿Tú como sabes todo eso? - preguntó al fin el rubio tras debatirse internamente entre preguntarle o no, más su curiosidad y estupefacción de lo que le contaba su madre eran mayores que sus ganas de mantener margen aquel tema de conversación. La única respuesta que obtuvo de su madre fue un encogimiento de hombros en un gesto tan inocente como falso. - Bien, entró, dijo unas cuantas palabras en mi defensa y luego me dejaron libre con unas cuantas condiciones - respondió pero por la expresión de su madre adivinó que no había terminado aquella conversación y con un suspiro añadió - ¿qué quieres saber exactamente? - dijo para luego ver como su madre asentía satisfecha.
─ Supuse yo sola esa parte Draco, sólo quiero saber si hablaste con ella, si le agradeciste o algo - aclaró y el rubio bajo la mirada sintiéndose tonto reparando en algo que había obviado en esos momentos. La castaña había ido a defenderlo, y él ni un mísero gracias le había dado, si bien sabía que la castaña tampoco aporto nada para una conversación, pero tampoco se veía en la obligación de hacerlo, ya suficiente había hecho con defenderle y salvarle de una cárcel segura. - Oh, no hablaron ¿no es así? - adivinó la rubia al ver el gesto de su hijo, este sólo se limitó a resoplar enfadado. Eso de que su madre le conociera tan bien y lo leyera como si fuera un libro abierto no le gustaba. - Bueno, supongo que podrías enviarle aquella carta que escribiste antes de salir, pero que no enviaste - se atrevió a indagar la rubia haciendo que el menor de los Malfoy alzara la mirada sorprendido.
¿Cómo era que su madre sabía aquello?.
─ Que yo recuerde jamás te dije que le escribí - dijo el rubio y su madre negó con la cabeza sonriendo
─ No hizo falta que lo dijeras, te conozco , aunque eso no te agrade, supe que le ibas a escribir desde el momento en el que me preguntaste por una carta hijo - dijo y el rubio suspiro preguntándose cuanto más sabía su madre, más prefirió quedarse con las dudas.
─ Madre acabamos de salir de un juicio, bien podríamos estar encerrados en una celda o siendo besados por un dementor ¿y te parece racional que el tema de conversación sea una chica? - preguntó tratando de cambiar súbitamente de tema, pero al ver la expresión de la rubia supo que su madre si que lo encontraba racional y no iba a permitirle cambiar el tema tan fácilmente.
─ Una chica que te salvo de estar encerrado en una celda o de un beso de dementor - le recordó su madre - yo sólo te digo hijo, más bien, te repito, nada pierdes con intentar acercarte a ella - dijo para luego levantarse de su asiento y caminar hasta la entrada de la mansión y adentrarse en ella sin una palabra más, dejando a un rubio sentado lleno de pensamientos y sentimientos encontrados y con unas palabras en la punta de la lengua.
"Pierdo lo poco que alguna vez tuve de ella"
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Ya habían pasado dos semanas desde aquel fatídico día y las cosas en el mundo mágico continuaban normalmente, o tan normal como puedan serlo en un lugar como aquel en el que las cosas levitaban sin motivo aparente y gente de mayor edad se vestían con capas y sombreros puntiagudos, por lo menos así pensaría un muggle. La vida parecía seguir sin detenerse en ningún momento en reparar los daños causados tras la guerra, sin reparar en las heridas de menor grado en las personas, aquellas heridas que no se borran con nada y sin detenerse a pensar en que por muy insginficante que aquello fuera, una castaña ex-Gryffindor se sentía devastada.
Luego del ajetreado juicio del rubio y todos los sucesos que presidieron a ese día, la castaña no había salido mucho de su hogar, sólo lo estrictamente necesario. Sus amigos no la visitaban, y a pesar de tener sus sospechas del motivo de sus ausencias, se vieron confirmadas sus sospechas cuando una carta de Harry le llegó una semana después de su último encuentro con sus amigos.
Hermi
Lo siento por no haberte visitado, sé que habíamos acordado no perder en ningún momento el contacto, pero como debes ya haber supuesto, es Ron... luego de la visita que te dimos, y de aquella pequeña charla... tuvimos nuestra "pequeña charla" en su casa, le hice ver unas cosas a Ron y las cosas se enfriaron un poco, creo que el único motivo por el que actualmente me habla es el hecho de que sea el novio de su hermana.
Luego de ese día se mantuvo arisco, y sabes bien lo poco que soporto cuando se pone así, me recuerda a nuestra pelea en 4to y a su huida en la búsqueda de horrocruxes… En fin, supongo que uno de estos días se disculpará por su actitud, como suele suceder, pero a quien debemos una disculpa es a ti, yo me disculpo por incomodarte con mis preguntas y por no sacarte de apuros, pero es que la verdad me sentía muy confundido, y no pude evitar hacerte ciertas preguntas, no escribo más porque sabes que no se me da bien eso del escribir, y además esta no es una conversación de las que se mantiene vía lechuza. Espero que te encuentres bien. Te quiere tu amigo Harry.
Había leído la carta con una pequeña sonrisa nostálgica en el rostro para luego dar paso a una lágrima. Últimamente, sin razón aparente se encontraba muy susceptible, todo le ponía triste, sobresaltada, de mal humor, gruñona, incluso más de lo que solía ser en su época de Hogwarts, y a veces se reía por cosas sin sentido. Luego de repasar la carta una vez más le dedicó una pequeña respuesta dándole a entender que podían verse cuando ella se encontrara un poco más dispuesta, además prefería verse en compañía de sus dos amigos y no por separado, así tuviera que esperar a que el orgullo de su pelirrojo amigo se diera la fuga, lo cual solía suceder unas semanas después de sus peleas.
Lo único bueno que encontraba en su situación era el hecho de que parecía inmune a sus pensamientos, ya no se daba tanta mala vida por unas cuantas incógnitas sin respuestas, al final de unos días después de darle vueltas y vueltas al asunto del Slytherin, había llegado a la conclusión que dejaría de importarle ese tema en particular y no buscaría más respuestas que era obvio no iba a encontrarlas por más que tratara. Aquel rubio era una incógnita sin aparente respuesta, y la castaña se convenció a si misma de que tampoco es que ella quisiera encontrar respuestas. No señor, por primera vez , Hermione Granger se quedaría con la duda.
Ese día se había despertado particularmente temprano a pesar de haberse quedado desvelada viendo películas muggles, lo cual llevaba haciendo desde hace unos días con la sola intención de distraerse un poco, lo cual exitosamente conseguía.
Se había duchado, desayunado y se había vuelto a meter a su cama con intenciones claras de descansar un poco más, pero el picoteo de una lechuza contra su ventana le hizo abordar sus expectativas de un descanso y se encaminó a abrir la ventana para darle paso a una lechuza albina que por un momento le recordó a Hedwig, de no ser porque tenía una pequeña mancha parda alrededor de su ojo izquierdo. En sus patas llevaba un sobre muy familiar para la castaña de 17 años que frunció el ceño curiosa mientras tomaba la carta y le daba un golpe cariñoso en las patas del animal para que luego este satisfecho de haber cumplido su trabajo se retirara de su habitación mientras desaparecía por la ventana volando cada vez más alto hasta que se perdió de la vista de la castaña.
Carcomida por la curiosidad se dejó caer pesadamente en la silla de un pequeño escritorio donde se encontraba una laptop, la cual no solía a usar, pero nunca estaba de más, o al menos ese había sido su pensamiento al comprarla. Abrió el sobre oficial de Hogwarts y leyó la carta en un susurro para que sólo las 4 paredes que la rodeaban y ella escucharan el contenido del sobre.
"Estimada Sta Hermione Jean Granger"
Por motivos oficiales de Hogwarts hemos decidido que los alumnos que el año pasado cursaron, o debían cursar 7mo tuvieran una última oportunidad para terminar sus estudios exitosamente, debido a que por obvias razones el curso se vio interrumpido por desastrosos acontecimientos. No está de más agregar que no es una obligación, todos aquellos que hayan cursado exitosamente su sexto año y con calificaciones más elevadas de supera las expectativas podrán ejercer sus vocaciones libremente sin verse en la obligación de cursar su 7mo año nuevamente. Es sólo una posibilidad que tanto el Ministerio como el colegio de magia y hechicería Hogwarts, ha decidido otorgarles. De ser positiva su respuesta a esta carta, abajo encontraran la respectiva lista de los materiales que necesitareis este año.
Cordialmente, se despide : Directora Minerva MacGonagall.
La castaña releyó la carta una seis veces más sin poder creerse lo que leía y luego se mordió el labio para no chillar como una adolescente con hormonas alborotadas. La verdad es que la sola idea de regresar a Hogwarts le causaba una gran emoción.
Pero luego cayó en cuenta que estaba pasando por alto una cosa, un asunto importante, y que de seguro que mientras más vueltas le diera, más atormentada lograría estar. Suponía que el mismo sobre les llegaría a sus dos amigos, y no tenía que ser una genio para saber cuáles serían exactamente sus reacciones.
Si bien aquel castillo había presenciado los mejores años de los tres, también las peores pesadillas de ellos. Habían presenciado más muertes de las que nunca hubieran deseado ser espectadores, habían visto al señor tenebroso, habían visto caer al más grande mago de toda la historia, Albus Dumbledore, y a muchos otros importantes personajes. Y sumándole eso a las actitudes perezosas de sus dos amigos, y a las últimas líneas de la carta, estaba casi segura de que ese año iba a ser algo complicado, y solitario, muy solitario para ella.
Sabía de sobra que si no fuera por el hecho de que le entusiasmaba en demasía el terminar sus estudios, ella tampoco volvería allí, puesto que sentía que con tan sólo pisar un sólo peldaño de aquel castillo, todos los malos recuerdos de arremolinarían en su cabeza, pero se insistía a sí misma, que valía la pena ir allá sin sus amigos y con un sabor agrio en la garganta con el tan sólo hecho de poder concluir sus estudios, no por nada la llamaban "ratona de biblioteca, come libros" o cualquier otro mote que hiciera referencia con su afán por los libros.
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─ Sabes mejor que yo madre, que no pienso volver a ese lugar - le recordó un rubio a Narcissa Malfoy que en ese momento se encontraba sentada en uno de los sillones de la sala de estar Malfoy mientras veía el fuego de su chimenea crepitar.
─ Lo se hijo, detesto admitirlo, pero lo se tan bien como sé que no puedo interferir en tu decisión, ya tienes casi 18 años, eres libre de tomar tus propias decisiones, sólo te pido que me acompañes al Callejón Diagon - dijo con voz tenue mientras jugaba con la pequeña taza de té humeante que tenía entre sus manos.
─ ¿Qué extraño afán tienes con volver a ese lugar? - preguntó el rubio sin entender a su madre.
─ No es un afán hijo, es sólo un deseo, un capricho que no me he permitido tener desde hace mucho, no con ello te pretendo convencer hijo, sabes bien que eres libre de hacer lo que desees, sólo te pido que lo pienses, nada perdemos con visitar el Callejón Diagon y hacer algunas compras - musitó mientras bebía un poco de su té sin fijarse en el ceño fruncido del menor de los Malfoy quien luego de ver que su madre no iba a agregar más nada suspiró derrotado luego de haber tratado, inútilmente, de hacer entrar en razón a su madre.
Supo muy bien desde el primer instante en que recibió aquella carta, que su madre querría que el volviera, pero contra todo pronóstico sólo le había preguntado sobre su decisión y luego había suspirado como una madre cuando pierde la batalla contra su hijo y le había dicho que meditara bien sus acciones, más luego de unos días le había insistido para ir al Callejón Diagon, como si albergara alguna esperanza de que al ver a los demás magos y ex-compañeros del chico comprando sus materiales fuera a servirle de incentivo para regresar a aquel calvario.
Al final el rubio le concedió el capricho a sabiendas que si aquella era la intención de su madre, estaba perdiendo todo su tiempo.
Y allí se encontraba en el Callejon Diagon caminando al lado de su madre sin rumbo fijo, una semana después de haber recibido aquella lechuza con una carta proveniente de Hogwarts la cual indicaba que había sido perdonado por sus actos mortíferos y que sus cuentas con Hogwarts estarían soldadas una vez iniciara el nuevo año, más al rubio no le importaba tener que estar en deuda de por vida con aquel colegio, con tal de no volver a pisarlo nunca más.
Había visto de reojo como muchos de aquellos jóvenes que estudiaron con él se reunían y entraban a diversas tiendas entre risas y anécdotas y por unos momentos deseo poder hacer él lo mismo, aunque claro, el bien sabía que aquello sería imposible siendo él quien era, y con su acostumbrada actitud arrogante, que jamás abandonaría pasara lo que pasara.
Había recordado a Crabbe y Goyle en un momento de debilidad, nunca fueron sus amigos, pero siempre estaban cuidándole las espaldas, a pesar de hacerlo únicamente por el prestigio y el dinero, y se reían de sus chistes por más malos que fueran, a pesar de hacerlo por temor a no quedar bien ante sus ojos. También había entablado una gran amistad con Theodore Nott , Blaize Zabini y Pansy Parkinson, a pesar de que esta última estuvo obsesionado con él hasta su 4to año.
Ahora Crabbe se encontraba muerto, los padres de Goyle encerrados en Azkaban, los padres de Nott muertos, los de Parkinson con un ligera sentencia de 4 años en Azkaban y la madre de Zabini había enloquecido hasta la muerte al ver como su propio esposo trataba de matarle, ya que de último momento había tratado de abandonar las filas mortíferas. No había ningún final feliz, ni para él, ni para ninguno de ellos. Se preguntó por unos instantes si habrían decidido volver al colegio o no, pero al final dejo de un lado sus pensamientos convenciéndose de que no importara si lo hiciesen o no, porque él no iba a volver a ese lugar por nada del mundo.
─ Draco - le llamó la atención su madre al notar que su hijo se había quedado parado en medio de la calle viendo un grupo de Slytherin de 4to año, su madre adivinaba por donde iban sus pensamientos pero prefería no indagar sobre ello, sabiendo que sería un tema difícil de sacar y prefería ahorrarse esa clase de conflictos maternales.
─ ¿A qué lugar pretendes ir exactamente madre? - preguntó el rubio tratando de que no fuera notorio el apuro que tenía en irse de aquel lugar. Podía haber jurado ver cabelleras pelirrojas, pero prefería pensar que estaba alucinando, si bien había ignorado la posibilidad de que el trío dorado regresara a Hogwarts, ahora aquel pensamiento le aturdía, no es que le importara, al fin y al cabo el no estaría allí para confirmarlo, pero le entraba el bicho de la curiosidad, y prefería evitar escenas complicadas y sin sentido.
─ Pues, quería ver unas túnicas donde Madame Malkin - dijo con ternura al ver como el entrecejo de su hijo se arrugaba, sabiendo lo mucho que odiaba ese lugar, y menos si era en compañía femenina. El siempre prefería que las mujeres se encargaran del tema de la ropa, muy pocas veces se había visto obligado a ir allá, y había sido en contadas ocasiones, sólo el primer año, su tercer año puesto que había crecido de tamaño y sus túnicas ya no seguían siendo de la misma talla, y luego en el restante de los cursos, sólo una vez. Y cada visita a ese lugar le parecía una tortura. El rubio sospesó las posibilidades de irse él por otro lugar, pero no quería dejar a su madre sola y mucho menos quería toparse con nadie, al menos no solo. Así que con un suspiro siguió a su madre camino a aquella pequeña tienda de ropa, infernal a ojos del rubio.
Entraron a la acogedora tienda y una mujer ya pasada de años los recibió calurosamente, si bien Madame Malkin jamás se unió a las filas mortífagas, tampoco tenía problemas con ellos, de hecho se llevaba de maravilla con su madre, por lo que decidió alejarse un poco de la calurosa charla que mantenían aquella dos mujeres y se adentró en uno de los tantos cuartos llenos de túnicas, había llegado, sin pretenderlo y sin darse cuenta de a donde le dirigían sus pasos, a donde las túnicas de Hogwarts se encontraban, resopló por lo bajo y se dispuso a marcharse de ese lugar cuando una familiar voz le llegó a sus oídos
─ Les dio que esa era la madre de Malfoy - escuchó la voz de la menor de los Wesley entrando al escaparate donde él se encontraba, y en un acto muy impropio de un Malfoy se metió dentro de uno de los probadores tratando de hacer el menor ruido posible, la verdad no tenía ánimos para aguantar a los Wesley, y además algo dentro de él le decía que no venían sólo en familia, si no que tenían ciertas compañías, que él prefería evitar.
─ Déjalo ya Ginny, ¿a quién le importa si la madre de ese hurón está aquí? - preguntó una voz un tanto conocido para él y supuso que se trataba del gemelo Wesley que había quedado con vida.
─ No importa, pero si está aquí eso quiere decir que Malfoy también esté - aclaró y el rubio frunció el ceño mientras pensaba que haberla llamado "tonta" tantas veces en su cerebro había estado mal, no parecía muy tonta después de todo.
─ No lo creo, y si lo está no importa, no está aquí como puedes ver, y además ¿que estaría haciendo por aquí? no creo que se aparezca en Hogwarts, ni siquiera creo que le hayan dado permiso de ir, así que no nos preocupemos - volvió a decir el gemelo y el rubio sonrío burlón desde su escondite.
Si supiera - pensó con amargura
─ ¿Tú qué opinas Hermi? - preguntó la pelirroja y el rubio parpadeó varias veces obligándose a no hacer ningún sonido que le delatara.
Como había supuesto, ella se encontraba con los Wesley, no era nada de asombrarse, pero una parte dentro de él hubiese preferido que no estuviese, estaba tan cerca y a la vez tan lejos de aquella chica que le había salvado prácticamente la vida, de aquella chica por la que tenía sentimientos confusos y que no lograba sacar de su cabeza, que creía que de un momento a otro enloquecería .
─ ¿Qué opino de qué? - escuchó que decía y se deleitó escuchando el tono de su voz, que por increíble que era ya hasta había añorado, a pesar de haber pasado pocas semanas desde aquel día en el Ministerio.
─ ¿Cómo que de qué? De Malfoy por supuesto - dijo el gemelo y pudo imaginar que se burlaba de su distracción
─ ¿Malfoy? - preguntó confundida y luego añadió - ah...si vi a su mamá aquí, pero él no debe de estar acá, no se preocupen, apurémonos que quiero ir a la librería
Escuchó una risa y luego un "nunca cambias" de la pelirroja para luego de unos interminables minutos a la vista del rubio, los tres abandonaron aquel sitio dándole total libertad al rubio, que luego de unos segundos salió de aquel lugar sintiendo aún como su corazón latía sin cesar, y sin ningún motivo aparente.
De camino hacia el mostrador donde se encontraba su madre se reprochó una y mil veces por su cobardía y por haber tenido tan cerca a la Gryffindor y no haberle podido agradecer por haberle salvado. Además estaba el hecho de que había confirmado que la castaña volvería a sus andadas en el castillo, pero le intrigaba el hecho de que ninguno de sus dos guarda espaldas estuvieran con ella.
Pero lo dejo pasar cuando vio dos cabelleras rojizas cerca de su madre,la cual se encontraba pagando lo que se llevaría. Sin quererlo escuchó una fracción de la conversación de los hermanos, que para su suerte no parecían haberse percatado de su presencia.
─ ¿Se puede saber que le sucede a Hermione? - preguntó el chico Weasley
─ No sé, desde que llegamos al Callejón se ha comportado muy extraña - musitó la menor visiblemente preocupada
─ ¿Viste la expresión en su rostro cuando la sacamos de sus pensamientos y le preguntamos por lo de Malfoy? , estaba totalmente alerta, como si ...no se fue extraño, además como salió disparada una vez la señora Malfoy la miró - dijo el gemelo haciendo que el rubio mirara de soslayo a su madre percatándose de que él no era el único al pendiente de aquella conversación.
─ Si, bueno en fin, paguemos y vayamos a buscarla - concluyó la chica para luego disponerse a esperar a que la rubia terminara de comprar todas las prendas, una vez terminada su tarea la mujer saludó cordialmente a los Weasley con una inclinación de cabeza que los dejo anonadados, y se fue hasta la puerta de salida seguido por su hijo que había logrado captar la atención de los dos Weasley, que parecían aún más sorprendidos, y ni que decir de sus expresiones cuando vieron que el rubio cruzaba una larga y tendida mirada con ambos, más sin sonrisas sarcásticas ni comentarios ácidos.
Una vez abandonaron la tienda, la mujer miró al rubio y este supuso que aquel sería un largo día.
Espero les haya gustado este capítulo, a mi particularmente si.
Me gusta la relación que se está formando entre Draco y su madre y quiero que siga creciendo.
*Cadena perpetua: Condena de por vida.
