Disclaimer: Los personajes no son míos . Son de la fantástica J.K Rowling .
When I look at you.
─ Hijo - le llamó una rubia desde el otro lado de la puerta de la habitación del menor de los Malfoy, el aludido desvío su mirada del cielo estrellado hacia su puerta cerrada y con un suspiro dejo que su madre entrara, ya sabía lo que seguramente le diría, pero no podía simplemente decirle que le dejara solo, nunca había tenido agallas para hacerlo y menos en esos momentos donde sabía que más que nunca debían apoyarse entre ellos.
─ No pienso cambiar de opinión , madre - le advirtió antes de que su madre si quiera intentara hablar. Esta le miró unos largos segundos en silencio para luego suspirar derrotada.
Sabía que su hijo era terco, y tenía motivos de gran peso para no querer asistir a Hogwarts ese año, y no simplemente porque fuera un holgazán, pero de igual manera el hecho de que desaprovechara la oportunidad que se le estaba dando le desagradaba.
Además sabía que no podía obligarle, como posiblemente en cualquier otra oportunidad hubiera hecho si tan sólo hubiese plantado la idea de dejar el colegio, pero no podía hacer eso ya que su hijo ya tenía la suficiente edad como para manejarse por sí sólo, y además tampoco caería tan bajo como para ponerle la vieja excusa de que mientras viviera bajo su techo el tendría que cumplir con todo lo que ella le exigiera, porque sabía que aquello no era cierto, el rubio era más dueño de aquella mansión que ella misma, y así lo demostraba los papeles de la casa.
─ Hijo, sólo piénsalo ¿de verdad vas a perderte un año de educación por el temor a ser despreciado? - al ver como el rubio no respondía, prosiguió - hijo, durante muchos años has estado despreciando a los sangre sucias, muchos han vivido marginados durante toda su vida, en cambio este sólo será un año y luego podrás reiniciar toda tu vida y olvidar todos los siete años en Hogwarts, puedes iniciar desde cero ¿no lo entiendes? pero jamás lo lograras si no sigues adelante y haces lo que tienes que hacer, ir a Hogwarts este año es tu destino. - terminó y el chico suspiró.
─ No creo en el destino - fue lo único que dijo el albino y su madre cerró los ojos unos segundos para serenarse un poco, le causaba una gran pena ver esa actitud derrotada en su hijo y le desesperaba su terquedad y su manera constante de hacer oídos sordos a todo lo que le dijera referente con la vuelta al colegio.
─ ¿Qué es eso? - se decidió preguntar cuando vio el sobre que el chico mantenía entre sus manos, este inconscientemente lo arrugo entre sus dedos y luego sólo negó con la cabeza.
─ No es nada , madre, una tontería - dijo y la mujer asintió sin creerle una palabra, pero no le iba a insistir mucho en el tema, tenía otras cosas mucho más importantes que tratar con el chico.
─ Draco, quería hablarte sobre algo de lo que tu padre y yo discutimos hace unos días cuando sospesamos los distintos acontecimientos que podrían suceder luego del juicio - el rubio fijo sus grisáceos ojos en los de su madre prestando especial a lo que esta le decía, ese tema si era de vital importancia e interés común. - Verás, sabes que pasara mucho tiempo hasta que podamos volver a verle, 10 años enteros, cuando eso suceda, tú ya tendrás 27, posiblemente ya hayas asentado cabeza , criado hijos y casado con una mujer - al ver como la mirada de su hijo se volvía burlona, decidió cortar ese tema - en fin, tu padre ya no tendrá el liderazgo en sus empresas, el dueño de la casa serás tú y tendrás todos los bienes Malfoy en tus manos - comenzó a explicar pero el albino le interrumpió.
─ ¿Todo esto se trata de que me quieren obligar a hacerme cargo de las empresas de la familia? - cuestionó entre agotado y enojado.
─ No, por supuesto que no - exclamó la mujer algo ofendida. - lo que estoy tratando de decirte es que tu padre y yo decidimos que en el caso de no querer hacerlo tú, yo me encargaría de esos asuntos hasta que llegara un nuevo heredero a la familia que pudiera hacer cargo de esto - explicó y el rubio alzó una ceja.
─ ¿Es una manera algo inusual de insinuarme que tendré un hermanito? - cuestionó y la mujer se sintió enrojecer para luego rodar los ojos. Su hijo podría usar mucho el sarcasmo negro cuando no se quería tomar las cosas en serio.
─ No, es una manera inusual de insinuarte que eres libre de escoger que hacer con tu futuro, sabes que tu presunto matrimonio con Astoria quedo anulado por nuestros antecedentes, eres libre de hacer lo que tu desees Draco - le dijo con una sonrisa afable mientras le acariciaba el cabello en un gesto tan cariñoso que el rubio se sintió incomodo, jamás había sido de esos hijos cariñosos que podría devolverle aquella clase de gestos a su madre.
Su madre al ver su incomodidad sólo se apartó un poco dándole el suficiente espacio a su hijo como para que despejara un poco su cabeza y analizara lo que le había dicho. Desde pequeño se le habían inculcado demasiadas normas, conductas y actitudes propias de un sangre pura como él, conductas incorrectas en sí.
Se le había ordenado que tratase a los sangre sucia como si no tuvieran los mismos derechos que ellos, como si fueran escoria, y por ironías de la vida el terminaba enamorado de una, se le había dicho desde muy pequeño que su futura esposa sería una reconocida sangre pura, y le habían comprometido con Astoria Greengrass, hija de una prestigiosa familia de sangre puras, que si bien no formaron parte de los mortífagos, despreciaban a los sangre sucias. Así mismo, su hijo había tenido que ser marcado frívolamente como un sirviente de aquel hombre despiadado, y todo para salvar a su familia, lo cual indicaba que tenía fuertes sentimientos hacia ellos, cosa que se le había inculcado de pequeño como "debilidad" , y muchas veces Narcissa se preguntaba en las noches oscuras y frías en las que se dejaba llevar por un remolino de pensamientos, si en vez de hacer que el chico cumpliera lo que se le decía, no habrían hecho más bien que tuviera la necesidad de desacatar todas esas normas, que era lo que prácticamente había hecho en su totalidad.
─ ¿Estarás esperando que dé una respuesta en seguida? - cuestionó el chico algo confundido, todo lo que su madre le había dicho, más sus anteriores pensamientos le daban vueltas en la cabeza logrando marearle.
─ Sería bueno si así fuera, pero no, sé que no la tendrás hoy, ni mucho menos mañana, sólo te lo venía a decir para que tuvieras suficiente tiempo para pensarlo - le dijo para luego darle un beso en la coronilla y alejarse de su hijo directo a la salida de la habitación, una vez en la puerta se volteó para dedicarle unas últimas palabras, que esperaba de todo corazón le dejaran pensando más de lo que seguramente ya lo haría - y ...Draco , no dejes que por lo que posiblemente puedan decir los demás, tu futuro se te escape de tus manos, y no me estoy refiriendo al trabajo, bien sabes que si no vas a estudiar tendrías igualmente muchas ofertas laborales, me refiero a tu futuro, a lo que te hace feliz, o a lo que te podría hacer feliz si tan sólo te dieras una oportunidad, no la pierdas - susurró lo último con nostalgia para luego dejar sólo al albino que se encontraba mirando nuevamente el sobre en sus manos, ya con la mirada perdida y un dolor de cabeza tremendo.
Si antes de que su madre entrara a su habitación ya estaba confundido, ahora lo estaba más.
Estaba su parte racional que le decía que si pisaba aquel castillo nuevamente sería visto con malos ojos, sería desterrado, claramente ya no tendría más su puesto como príncipe de Slytherin, por unos sería llamado traidor por haber desertado de las líneas mortíferas antes del golpe final, por otros sería llamado mortífago, y para otros será simplemente un chico que tomo malas decisiones, las cuales llevaron a que su director favorito muriera.
Si, definitivamente el panorama no se veía muy tentador, pero había muchos más asuntos, como que no quería dejar a su madre sola porque no sabía si era capaz de manejar todo aquello sin ayuda, también estaba el hecho de que tenía muchos cargos de consciencia, sabía que atravesar aquellos pasillos le haría recordar todas aquellas torturas que había presenciado por parte de los hermanos Carrow a muchos de sus compañeros, y él no había hecho nunca nada, ni para ayudar ni para detener, un cobarde al pie de la letra, suspendido en medio de los dos bandos, sin uno al que seguir ni aferrarse, no podía juntarse con los mortífagos porque además de que no lo aceptarían no quería, y mucho menos podría juntarse con los buenos, porque lo considerarían una parca, y además sería ridículo de tan sólo pensarlo, al fin y al cabo él había molestado durante largos años a muchos de los que se encontraban del lado vencedor.
Y por último pero no menos importante, estaba la Gryffindor que le había salvado de una condena segura.
Durante días había tratado de no darle muchas vueltas a ese asunto en especial pero terminaba haciendo todo lo contrario, y cada vez se le hacía más difícil no pensar en ella, en sus ojos miel, su cabello ondulado color castaño, su piel blanca como leche, su nariz respingada, su tono de voz, su manera de moverse y actuar, todo, absolutamente todo le afectaba. Se decía a si mismo que era estúpido, enfermizo y propio de un adolescente infestado de hormonas el pensar en una chica en situaciones como esa, pero era algo que iba más allá de su auto-control, algo que no podía evadir y que nada tenía que ver con hormonas.
Había estado pensando mucho, las posibles razones del porque le había salvado y defendido con tal vehemencia, y como le sucedía pasar con cualquier tema referente a la castaña, no había sacado ninguna conclusión, todo era confuso e inexacto. Se sentía un idiota por no haberle dado las gracias y mucho más por haberse escondido aquel día en la tienda de ropa en el Callejón Diagon y haberles espiado como un vil acosador. La había tenido a tan sólo centímetros y había desaprovechado la, quizá, única oportunidad que tendría en su vida de agradecerle. Había actuado tantas veces como cobarde que se daba pena a si mismo.
Sintiendo como sus ojos comenzaban a pesarle más y más, repaso los pro y los contra de no haber ido ese día al colegio, y de seguir así durante el resto del año.
Pro: No tendría que soportar burlas, malas miradas, posibles maldiciones, ser un marginado, fingir ser alguien que no era y podría evitar ver a Hermione, lo cual suponía algo excelente, ya que así podría de una buena vez por todas, olvidarle, lo cual llevaba intentando muchos años sin excito alguno.
Contra: Sólo uno, y se trataba del mismo pro, si no veía más a Hermione , podría desaprovechar la oportunidad de tener algo con ella, así sea camaradería o amistad, lo echaría todo por la borda, simplemente por su cobardía, y la verdad estaba harto de ser cobarde.
Aún sin un pensamiento claro, dejo el sobre en su escritorio y se dejó caer en su cama para dejarse llevar por los brazos de Morfeo, sin tener la mínima sospecha de que el día siguiente sería completamente ajetreado para él.
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─ Herms , despierta , Herms, es hora de levantarse - en la habitación de las Gryffindors se escuchaba la voz de Ginny Weasley tratando de despertar a su amiga, lo cual era poco común en la castaña.
Esta siempre solía levantarse como una hora antes de lo acostumbrado y pasaba el resto de los minutos que le sobraban leyendo sobre las próximas clases que tendría, pero al parecer ese día las sábanas se le habían quedado adheridas a su cuerpo o algo por el estilo.
La pelirroja suspiró cansada, sabía que su estado se debía a todo aquello de lo que habían hablado antes de acostarse el día anterior y si fuera por ella la dejaría dormir plácidamente, pero ese era el primer día de clases y su castaña amiga jamás se lo perdonaría si le dejaba durmiendo ahí como si nada.
─!HERMIONE! - gritó a todo pulmón en el oído de su amiga haciendo que esta diera un bote en su cama y luego le mirara entre cabreada y confundida, luego de unos segundos en los que se dedicó a fulminar a la pelirroja enfoco su mirada en el reloj que tenían en la habitación y sus ojos se abrieron como platos.
─ !Es muy tarde! - exclamó alarmada mientras entraba corriendo al baño, sabía que no tenía tiempo de ducharse así que lo dejaría para su hora libre, pero por lo menos tenía que hacer algo para que su cabello no se viera tan desastroso.
─ Sé que es muy tarde, tengo como 10 minutos llamándote - dijo la pelirroja algo divertida por la reacción de su amiga, escuchó un gruñido como respuesta y se dejó caer en la cama de su amiga a esperar a que esta estuviera lista, a diferencia de Hermione a ella no le interesaba o no llegar tarde, no era nada del otro mundo para ella que estaba acostumbrada a despertarse con tan sólo 15 minutos de anticipación, por lo cual se perdía muchas veces el desayuno.
Luego de que la castaña saliera del baño con su cabello, totalmente despeinado, pero escondido en una cola alta, la chica comenzó a vestirse apresuradamente mientras murmuraba de un lado para otro insultos para su cama, lo cual le causaba demasiada gracia a la menor de los Weasley, quien no pudo hacer más que carcajearse ganándose una mirada enojada de su amiga, quien se encaminaba apresurada hacia la salida de la habitación. La pelirroja la siguió preguntándose cómo es que alguien era capaz de arreglarse en menos de cinco minutos, y sin magia.
─ Herms - le llamó cuando se encaminaban al aula de pociones, la chica le miró de reojo dándole a entender que le estaba escuchando - es sólo una pregunta capciosa , ¿recuerdas que ya eres mayor de edad y eres capaz de usar magia cuando desees, verdad? - preguntó y su amiga asintió sin entender porque le preguntaba aquello - bien , entonces... ¿por qué simplemente no te arreglaste con magia? - preguntó y vio como la castaña contenía la respiración y luego gruñía enojada apresurando más el paso.
─ Se me olvidó - terminó por confesar la Gryffindor una vez entraron, diez segundos antes que Slughorn.
Ninguna de las dos pudo seguir el tema ya que el regordete profesor había comenzado a explicar lo que en su primer día harían. Una vez todo fue explicado, el profesor comenzó a examinar el aula para verificar que todos sus alumnos se encontraran presentes, pero su mirada se enfocó en unos tres asientos más atrás del asiento de Hermione, quien también enfocó su mirada en ese punto para luego apartar la vista algo decaída.
Con toda la prisa y el despelote que había armado por llegar tarde a su primera clase, no había pensado ni en un segundo en la ausencia del rubio, pero ahorita que tenía su mente despejada lo recordaba y le hacía sentirse igual, o peor de decaída que el día anterior, porque la verdad era que había mantenido una diminuta esperanza de que a pesar de que el chico no había asistido ni al banquete de Bienvenida, ni al tren, podría asistir a sus clases, pero ya había perdido toda esperanza que inútilmente se había encargado de mantener hasta esos momentos.
La pelirroja también noto la ausencia del Slytherin y miró al asiento ocupado de su lado, donde un Slytherin se encontraba manteniendo una disputa de miradas con dos Slytherin más al otro lado de la sala, a los cuales la pelirroja reconoció como Nott y Parkinson, y al moreno sentado sólo como a Zabinni.
El chico sintiendo la penetrante mirada de la pecosa, le miró alzando las cejas algo asombrado por que la chica le mirara, y esta se limitó a fruncir los labios y mirar preocupada a su amiga que parecía ausente. Había captado en las miradas de los Slytherin tanto desasosiego como la había en la de su amiga, lo que significaba que ninguno en la sala sabía la razón del porque el chico había decidido no asistir ese año.
Harry, Ron y otros que habían decidido saltarse ese año escolar habían mandado por escrito una carta a la directora, por lo tanto sus asientos habían desaparecido y todo el profesorado estaba enterado, pero parecía que Malfoy no había avisado nada, lo cual lo hacía más extraño, y preocupante aún.
Luego de una hora más en la que se dedicaron a terminar la poción de color verde vómito que le había encargado Slughorn a hacer, todos se retiraron del aula para dirigirse a sus respectivas clases, la pelirroja tenía esa hora libre y Hermione le tocaba asistir a estudios muggles, por lo que se despidieron en el pasillo cercano al Gran Comedor, donde la pecosa se disponía a ir para desayunar.
En esos momentos era que ambas odiaban eso de tener que asistir a diferentes clases ya que no habían escogido la misma carrera, la pelirroja deseaba ser aurora y la castaña medimaga, por lo que sus clases eran muy diferentes, exceptuando por las de pociones y DCAO, la castaña no quería asistir sola a ese aula, ya que no tendría ningún tipo de distracción, y la pelirroja porque deseaba estar con su amiga para darle apoyo moral que sabía bien que iba a necesitar.
Tan ensimismada en sus pensamientos iba la pecosa que no notó como era seguida por un moreno Slytherin que le miraba muy detenidamente, aquella chica siempre le había llamado la atención, ya que no era muy normal ver a chicas con el cabello rojo por el castillo, y las que habían la mayoría eran o feas o descerebradas, y lo sabía por experiencia porque había salido con todas, exceptuando claro con Ginny. No es que tuviera planeado conquistarla ni nada parecido, sólo se preguntaba a que se debía aquellas miradas que había cruzado con ella en el aula de pociones justo cuando el profesor había notado la ausencia de su amigo albino.
─ Tiene novio , y es el mismísimo Harry Potter - le advirtió su amigo castaño que se encontraba caminando a su lado y ya llevaba varios minutos notando como la mirada de su amigo no se despegaba de la figura de la chica. El moreno le miró de reojo frunciendo el ceño molesto por interrumpir sus pensamientos y luego rodó los ojos.
─ No planeo meterme con ella, no soy masoquista, sólo que siento que ella sabe más que ninguno de nosotros - le confesó y el castaño asintió de acuerdo con eso, él también había notado como les miraba en pociones, pero no creía pertinente preguntarle por ello, pero al parecer su amigo si, y sabía que por más que lo intentara no podría hacer nada para hacerle abandonar esa idea.
─ ¿Y cómo planes acercártele exactamente? - preguntó una vez se sentaron en el Gran Comedor.
─ ¿Plan? Ningún plan, así como los más grandes profesionales - se limitó a presumir el moreno para luego comenzar a devorar su comida, el castaño rodó los ojos sabiendo que de aquello no saldría nada bueno, pero sabía que tratar de hacer entrar en razón a Blaise era como tratar que una rata aprendiera a sumar.
─ Por cierto ¿cuándo le devolveremos el maletín a Granger? - cuestionó luego de unos minutos de silencio. El moreno frunció el ceño y luego lo relajó adaptando su típica expresión burlona.
─ Pues si no lo reclama no se lo daremos, que se preocupe por sus cosas - dijo el moreno y el castaño asintió dándole la razón, no es que pensara que estaba bien eso de quedarse con cosas que no eran suyas, sino que sabía que tarde o temprano la Gryffindor tendría que acercársele a pedirle sus pertenencias y así podría pedirle el favor que había querido pedirle desde que compartieron vagón.
Unos pisos más arriba una castaña se encontraba sentada sola, esperando a que su nuevo profesor de estudios muggles hiciera acto de presencia. Había conseguido dejar de pensar en el rubio para concentrarse en algo que también le llevaba rondando bastantes días por su cabeza. Sus amigos, más específicamente Harry. Con Ron las cosas habían acabado un poco incomodas y frías, pero seguían siendo amigos, unos de esos de los que llevan un bloque de hielo en medio, pero que sabía que poco a poco se terminaría quebrando y podrían volver a ser los mismos amigos de antes, sólo esperaba que aquello fuera pronto. Pero Harry desde que terminó la guerra se le veía más extraño que de costumbre .
Se había distanciado un poco de ella, y a pesar de que la mayoría del tiempo se la pasaba con Ronald, sabía también que los chicos solían tener muy frecuentemente peleas de todo tipo, lo cual no solía pasar antes, de hecho las únicas veces que se habían peleado habían sido en el Torneo de los tres magos y en la búsqueda de los Horrocruxes, por lo tanto la situación le preocupaba.
Podía echarle la culpa de la situación a todo el peso que cargaba su amigo de anteojos al hacerse cargo de Teddy, pero sabía que no era cierto, porque la que más se encargaba del pequeño era Andromeda, así que no era mucho lo que influía Teddy en el cambio de sus amigos.
Y la castaña, tan perceptiva como lo era, presentía que aquello se debía a que su amigo buscaba algo más, había conseguido unos grandes amigos en Hogwarts, había afrontado de todo tipo de cosas con ellos, había vencido en la Guerra, y ahora una vez fuera de ella buscaba algo más a lo que aferrarse y que quizá no le trajera tantos recuerdos, y la verdad la castaña le entendía y no le culpaba, una de las razones por la cual la chica tampoco pasaba mucho tiempo con los de su casa era porque les recordaba mucho a la Guerra, y eran recuerdos que prefería evadir, sabía que era sólo cuestión de tiempo para que su relación se enfriara más, y antes de que aquello pasara, la Gryffindor iba a tener que hablar con Harry, y lo más pronto como le fuera posible, quizá en la salida a Hogsmeade de ese Sábado.
─ ¿Ya dejaste de pensar en quien sabe qué? - le cuestionó una siseante voz a su lado y la chica saltó de su asiento asustada. Miró a la morena que le miraba burlona desde el asiento de su lado y luego frunció el ceño preguntándose cuando se habría sentado a su lado.
─ ¿Cuándo llegaste? - le preguntó y la Slytherin rodó los ojos.
─ Granger, te pregunté si estaba bien si me sentaba a tu lado, no respondiste así que lo tomé por un sí, pero cuando entró el profesor y comenzó a hablar y vi que seguías mirando a la nada me preocupé , que tú no prestaras atención en clases son claras señales de que será el fin del mundo mágico - dijo con sorna la morena y la castaña se sintió enrojecer.
¿De verdad había estado tanto tiempo ensimismada en sus pensamientos? - pensó alarmada.
─ L-lo siento, pero... ¿qué haces aquí sentada conmigo, de todos modos? - preguntó curiosa y la morena sólo se encogió de hombros.
─ Digamos que era contigo o con los de mi casa, y como bien tú debes de saber gracias a que espiaste en nuestro vagón mis amigos y yo no somos muy bien bienvenidos entre los de mi casa - dijo restándole importancia y la Gryffindor se sintió enrojecer hasta las orejas.
Como ninguno de las serpientes le había mencionado nada sobre eso había supuesto que no la habían pillado espiándoles, pero el saber que sí, le hacía sentirse avergonzada. La morena notó su sonrojo y rodó los ojos más no dijo más nada ya que había comenzado a anotar lo que el profesor había comenzado a decir sobre los aparatos electrónicos muggles. La castaña procedió a hacer lo mismo mordiéndose la lengua por preguntarle si de verdad no tenía ningún otro amigo que no fueran Nott y Zabini, sabía que aquello era imprudente y ya bastante había hecho con espiarles.
La clase pasó sin ningún otro inconveniente y al final cuando ya todos se retiraban del aula, la Slytherin se volteó hacia la castaña ya con todas sus cosas en su mochila
─ ¿Qué clase te toca ahora? - le preguntó en su habitual siseo y la castaña frunció un poco el ceño. Toda esa situación se le hacía cada segundo, más bizarra.
─ Runas Antiguas - le dijo y vio como la morena alzaba una ceja.
─ ¿Futura medimaga? - cuestionó y la castaña asintió inflando su pecho con orgullo - vamos juntas entonces - se limitó a decir la Slytherin mientras salía del aula dejando anonada a la Gryffindor, que se comenzaba a preguntar si todo eso que estaba sucediendo no sería un extraño sueño y ella se había quedado dormida mucho antes de haber llegado al anden 9 y 3/4.
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─ Draco hijo, despierta - escuchaba que su madre le insistía, pero los párpados le pesaban tanto que no se sentía capaz de abrirlos, además por la fuerte luz que se colaba por su ventana suponía que aún era demasiado temprano como para que siquiera considerara despertarse. - Draco es en serio levántate, ya sé que estás despierto, no te estaría despertando si no fuera importante - agregó con algo de impaciencia en su tono de voz y el rubio frunció el ceño aún con los ojos firmemente cerrados.
Últimamente eso de no poder abusar de los elfos y por lo tanto su madre tener que despertarlo todos los días no le gustaba, la mujer solía gritar, ponerse histérica, hasta llegar a lanzarle agua de ser necesario.
─ ¿Qué pasa? - preguntó con la voz ronca mientras se giraba para quedar de espaldas a la ventana, el sol le estaba comenzando a irritar.
─ Hijo, hay un auror en nuestra casa - le informó Narcissa y el rubio gruñó para luego abrir los ojos y enfocar su mirada en la de su mamá que se veía algo preocupada y confundida. Seguramente no tenía ni la menor idea de que hacía un auror allí, y si su madre no lo averiguaba él lo haría.
─ ¿No sabes que busca? - preguntó
─ No, llegó y exigió hablar contigo hijo - le dijo su madre y el albino apretó los dientes, no sabía que se traía entre manos aquella persona, pero no le daba buena espina. Además había tenido pesadillas con Azkaban y rogada a Merlín que nada tuviera que ver con eso.
─ Iré a ver qué sucede - le dijo el albino a su madre y una vez se cambió con un movimiento de varita para vestir unos pantalones formales color azul y una camiseta blanca con mangas largas, se peinó un poco su cabello con la mano, ya que una vez fuera de Hogwarts había decidido dejárselo crecer y no someterlo a ninguna crema ni nada. Mientras caminaba al jardín, donde se encontraba el auror, vio de reojo como su madre le seguía a una distancia prudente. Una vez allí frunció el ceño al darse cuenta de quien se trataba. - ¿Tú? - preguntó en un siseó y la mujer que en aquellos momentos se encontraba analizando el panorama volteó a verlo para luego asentir sin ninguna otra expresión en su rostro.
─ Buenos días para ti también Malfoy - le saludó la aurora con algo de gracia en su voz para luego volver la vista hacia su madre. - Disculpe señora Malfoy ¿será que podría dejarnos un momento a solas? - preguntó y la mujer le miró algo ofendida para luego asentir algo temblorosa.
Sabía que no estaba en las mejores condiciones ni emocionales ni físicas para enfrentar a un auror, pero no le gustaba en lo absoluto dejar a su hijo solo con la aurora que los mantuvo cautivos en aquella prisión. Desistiendo de cualquiera idea de quedarse con su hijo se alejó a paso lento hasta adentrarse en su mansión.
─ Bien, ya estamos solos, dime que quieres - pidió el rubio agresivamente. No es que fuera tonto o masoquista y le gusta meterse en problemas con las autoridades, sino que aquella mujer jamás le inspiró respeto, y no se la podía tomar muy en serio con aquel aspecto de colegiala que se gastaba, con su cabello negro con mechones azules en las puntas y lacio hasta los hombros, y ni hablar del maquillaje gótico que usaba.
─ Verás Draco, el Ministerio está enterado de que decidiste no cursar Hogwarts este año - empezó y el rubio le iba a interrumpir más la mujer con un simple hechizo le dejo sin habla por unos minutos - lo curioso está en que no diste tu aviso, simplemente pensaste que como buen rey de las serpientes te podrías dar el lujo de faltar y ya - comenzó a decir mientras se paseaba de un lado a otro con las manos entrelazadas en su espalda - pues el problema erradica en que si hubieses tenido la decencia de anunciarlo , hubieras sabido que no podías hacer eso, como parte de tu condena era ayudar a Hogwarts ¿tú crees que ibas a ayudarlo y no asistir a él? estás muy equivocado Malfoy, así que déjame decirte que tendrás una semana entera de castigo pero que se te levantará el Sábado para que puedas, con la compañía de alguien , ir a comprar lo necesario para tu nuevo año escolar - terminó y el rubio sintió que ya era capaz de hablar.
─ ¿Está diciéndome que tengo que asistir, si o si este año? - preguntó sorprendido. Jamás se le paso por la cabeza que aquello pudiera sucederle, y se estaba replanteando si no sería mejor ir y encerrarse en una celda de Azkaban el mismo.
─ Si, y como ninguno, y quiero que lo sepas bien , ninguno en el ministerio nos fiamos de ti me han encargado la misión de vigilarte - le dijo y el rubio bufó enojado. Se sentía ofendido de que encima de que le mandaban , contra su voluntad, a ir a Hogwarts, también le mandaran a una niñera, ya estaba bastante grandecito como para eso.
─ ¿Y cómo harás? ¿Estarás todo el día tras de mi como una sombra acechadora o como una acosadora? ¿Hasta estarás en el baño cuando yo vaya? - preguntó con burla y vio como la mujer zapateaba enojada.
─ De ser necesario lo haré, me camuflare bajo el aspecto de una alumna - le informó y el rubio alzó una ceja.
─ ¿Entonces...te harás pasar por mi novia, prometida o qué? - cuestionó algo divertido, la verdad es que lo de ir al castillo tampoco era gran castigo, lo había pensado ya mucho y sentía que debía estar allí.
─ ¿Te has vuelto loco o qué? Primero me lanzo yo misma un avada - dijo haciendo una auténtica mueca de asco que al chico le enojo. Nunca antes le habían rechazado de tal manera, y que lo hiciera una aurora le daba en su orgullo. - No, simplemente iré bajo la apariencia de una alumna, me someteré a la elección de casas , y caiga en cual caiga, me aseguraré de no quitarte los ojos de encima, y los horarios estarán arreglados para que compartamos clases - le informó y el rubio asintió comprendiendo un poco el plan, estúpido e innecesario a su parecer.
─ ¿No sería más fácil si simplemente me prohibían hacer magia y ya? - preguntó como último recurso sorprendiéndose a sí mismo de aquello.
─ Se planteó, si - dijo la mujer con expresión pensativa - pero no, porque si te dejamos sin magia sería como dejarte en una celda de mortífagos que buscan venganza , muchos te buscaran y tu tendrás que enfrentarlos, y sin magia te será imposible, y no te dejamos libre para dejarte morir así de simple - le explicó la mujer y el rubio asintió ya algo cansado.
─ ¿Entonces cuándo se supone que debo volver a Hogwarts? - preguntó temiendo la respuesta y vio como la mujer miraba un reloj, muggle, que le colgaba de su muñeca para luego colocar expresión pensativa.
─ Pues te quedan media hora para una despedida emotiva con tu mamá y para arreglar las maletas, vendré a buscarte y no es una opción huir - le advirtió para luego desaparecer. El rubio contempló el lugar donde segundos antes estaba la aurora y luego soltó un suspiro esperando a la escena que montaría su madre, si de algo estaba seguro era que la mujer había escuchado toda la conversación.
─ Draco hijo ¿en serio piensas hacer esto? - preguntó la mujer sorbiéndose la nariz, lo que le indicó al albino que su madre había estado llorando.
─ Si mamá, no huiré, además toda esa basura sentimental de la cual me hablaste ayer ¿recuerdas? - preguntó y la mamá asintió - funcionó un poco, y de verdad creo que sería mejor si fuera a Hogwarts - le confesó y la mujer asintió aún algo nostálgica.
─ Bien, te ayudaré a hacer tus maletas y cuando terminemos te darás un baño ¿ok? - preguntó con aquel tono autoritario que le recordaba a la época donde él era tan sólo un mocoso de 12 años al que le ordenaban todo.
Una vez el rubio estuvo listo, con mucha ayuda de su madre de por medio, se escuchó el familiar sonido de la aparición y de inmediato su madre comenzó a despotricar sobre que los aurores se creían con derechos de aparecerse y desaparecerse donde les diera la gana, que no había privacidad, y que en el mundo mágico deberían considerar esa cosa muggle la cual anunciaba la llegada de alguien a una casa , entre otras cosas más, que al rubio le causaron gracia. Sabía que su madre estaría bien porque la conocía tan bien como para notar que su preocupación no era por ella, sino por él.
─ Mamá, te estaré escribiendo ¿de acuerdo? - preguntó el rubio antes de acercarse a la aurora que traía consigo dos maletas. La mujer había decidido mantenerse alejada de los rubios para darles su momento de privacidad.
─ Cuento con ello, y si no lo haces me veré obligada a ir hasta el castillo a ver qué ocurre contigo - le advirtió entre lágrimas y el rubio asintió abrazándola.
─ Ya no llores, me haces recordar a cuando me fui de casa en el primer año - le pidió el rubio y escuchó como su madre se reía entre sus brazos.
─ Bien, bien , nada de avergonzarte, lo capté - dijo separándose de los brazos de su hijo - adiós hijo, cuídate - dijo en voz alta para luego susurrarle - y que ni se te pase por la cabeza tener nada con ella, Merlín sabrá cuantos años te lleva por delante, y además no es tu tipo, y espero noticias sobre la señorita Granger - dijo para vergüenza del rubio y risita de la aurora que se mantenía alejados de ellos pero no lo suficiente como para no escuchar aquello.
Bien, si voy a tener que volver a mi época de colegiala, por lo menos me divertiré - pensó con una sonrisa de satisfacción.
La verdad que cuando su jefe le había dicho su misión se había sentido ofendida ¿en vez de estar cazando posibles mortífagos en potencia tendría que ir a Hogwarts a hacerse pasar por una estudiante más simplemente para cuidar de un mocoso que se salvó por los pelos de una condena en Azkaban? aquello le parecía una burla, pero luego lo reconsideró y aceptó sin ninguna pega su misión. Para algo había calificado como aurora, para aceptar cualquier misión que se le ponga en el camino, y sentía que aquella sería la más grande de todas.
─ ¿Nos vamos? - preguntó el rubio sacándola de sus pensamientos, la morena asintió y con una mirada a la mujer de la casa, que demostraba que se tomaría en serio su trabajo y que de nada tenía que preocuparse se desapareció tomando del brazo al rubio. - ¿Desde cuándo se puede aparecer dentro del andén? - cuestionó el rubio algo confundido. Si aquello lo hubiesen sabido sus padres se hubiesen ahorrado miles de contratiempos para llegar en el momento preciso.
─ Personas como tú no pueden, sólo aurores clasificados - dijo con arrogancia y el rubio rodó los ojos, aquella mujer le parecía muy extraña y además que por su actitud, cualquiera diría que sería una Slytherin.
─ Ok, señorita presumida - musitó entre dientes y la mujer le dedicó una mirada envenenada - ¿piensas subirte al tren así? - preguntó mirando sus fachas de mujer gótica. La mujer frunció el ceño para luego con un movimiento de varita transformar su atuendo en el uniforme del colegio y su cabello pasó de tener mechas azules a tenerlas rojas , y a alagarse hasta la cintura terminando en unos finos bucles. El rubio le dedico una sola mirada de reojo, por más buena que estuviera, y sí que lo estaba, seguía sin ser su tipo.
─ No sé si ofenderme porque no te guste o burlarme porque estás tan perdidamente enamorado de una heroína de guerra siendo tú un mortífago - le mencionó la mujer de ojos azules una vez se subieron al tren. Al rubio aquello de montarse en un tren , ellos dos solos le parecía ridículo, simplemente se pudieron haber aparecido en Hogsmeade o algo así, pero parecía que la mujer estaba empeñada en hacer todo como si del primer día de colegio se tratase.
─ ¿Qué? - preguntó sorprendido para luego arrugar el entre cejo - no te di permiso para usar Legeremancia conmigo - le previno y la mujer rodó los ojos.
─ Aclaremos dos puntos Malfoy, el primero, soy una aurora cuidando a un mortífago, estoy calificada y técnicamente obligada a usarla contigo cuando sea necesario, y segundo, no use legeremancia, no me meto en la cabeza de los demás, no me gusta saber lo que piensan , así que por eso mantente tranquilo, es sólo que eres demasiado obvio, y además la escenita que montó Granger en el juicio, la manera en que no le quitabas los ojos de encima ni un sólo segundo ...dejan mucho que pensar y quien no lo haya notado sería un ciego y remunerado idiota - explicó y al ver la expresión dubitativa del rubio agregó - además, escuché lo que te dijo tu madre - le confesó y el rubio asintió sintiéndose incómodo.
Le hubiese soltado un comentario mordaz de no saber que ella podría salirle con otro, muy posiblemente referente a la castaña, y prefería dejar ese tema por la paz, ya suficiente vergüenza pasaba sabiendo que su secreto era casi público.
Estuvieron varios minutos más sumidos en silencio hasta que la mujer de las golosinas pasó por su vagón y preguntó si querían golosinas, el rubio sólo negó con la cabeza rodando los ojos sin poder creerse que también aquella mujer estuviese allí pero la aurora encubierta se levantó alegre y compró como dos bolsas enteras de todo tipo de dulces. El rubio le miró comer alzando una ceja
─ ¿Nunca fuiste a Hogwarts o tienes sueños de infancias frustrados? - preguntó sin poder contenerse, se había dicho a si mismo que era mejor no decirle nada que pudiera molestarle pero se le había hecho imposible.
─ No es que sea tu incumbencia pero sí que fui a Hogwarts y me gradué con honores , y no, no tengo ...bueno, no es este mi sueño de infancia frustrado - terminó frunciendo el ceño ante algún recuerdo, supuso el rubio.
─ Tu actitud de sábelo-todo me recuerda a alguien - le confesó y la morena rodó los ojos.
─ Malfoy ya oíste a tu mamá, no te metas conmigo, de paso no eres mi tipo - le dijo y el rubio rodó los ojos burlón.
─ Ni tú el mío, créeme , sólo te lo decía por decir y ya , tómalo como un cumplido. - la morena ante esto se carcajeó.
─ Créeme Malfoy que ni en un millón de años ser tu tipo sería un cumplido - le mencionó entre risas y el rubio gruñó.
─ Que no eres mi tipo - le dijo y la mujer asintió aún risueña.
─ Vale, vale lo que tú digas - dijo mientras volvía a devorar sus golosinas para luego mirarle de reojo - vamos Malfoy pregúntalo - le incitó y el rubio le miró sin entender. - Sé que te mueres por saber cuántos años tengo - le dijo con sorna y el rubio gruñó. - Y antes de que lo menciones, no uso legeremancia contigo Malfoy, eres muy obvio, simplemente es eso - le dijo y el albino le miró con los ojos entrecerrados para luego asentir cauteloso.
─ ¿Entonces? ¿Cuántos años tienes? - preguntó y la morena sonrío satisfecha.
─ Para tu información no tengo muchos más que tú realmente, sólo tengo 4 años más - informó y el rubio frunció el ceño preguntándose cómo era posible que una mujer tan joven fuera aurora calificada.
Vaya, si que debió de haberse graduado con muchos honores - pensó el rubio.
Luego de eso se limitaron a comentar cosas sobre el Ministerio y el rubio a burlarse de la señora de las golosinas preguntándose si aquella mujer salía en algún momento del tren.
─ Cámbiate , ya llegamos - le informó la mujer y el rubio con un movimiento de varita hizo aparecer en su cuerpo el uniforme de Slytherin, vio como la morena miraba de reojo su corbata y luego hacía una arcada, lo que le hizo mirarla curioso. No había reparado mucho en cual casa podría quedar la mujer, en un momento había pensado que en Slytherin, pero al ver el entusiasmo que tenía la morena por volver a aquel castillo se convenció de que en Slytherin jamás podría quedar.
─ Señores, les estábamos esperando - les recibió la mismísima profesora McGonagall en la entrada del castillo, dedicándole una sonrisa afable a la chica a su lado y una mirada algo gélida para con él.
Es un gusto ver como las cosas por aquí no cambian - pensó con sarcasmo el rubio mientras seguía a la animaga dirección al castillo.
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─ ¿Vamos a cenar? - cuestionó una morena a una castaña , mientras se encontraban caminando por los corredores de Hogwarts.
Acababan de salir de su última clase, por obra del destino 4 de sus 5 clases de ese día las habían compartido, y para sorpresa de todos en todas se habían sentado juntas y hasta habían tenido varias conversaciones amenas con risas de por medio.
La Gryffindor estaba descubriendo en aquella serpiente una gran faceta, una que le gustaba, y sabía que sería bueno tenerla como amiga. Contra todo pronóstico la morena era inteligente, tenía sentido del humor...oscuro, pero lo tenía , y para finalizar quería cursar la misma carrera que ella.
Antes de que siquiera pudiese responderle a la Slytherin, un grupo de alumnos reunidos en torno a las puertas del castillo llamó su atención y le hizo una seña a Parkinson para que también lo notara, y ambas se encaminaron hacia el gran círculo que se había formado.
─ ¿Se puede saber qué es todo este alboroto? - cuestionó la morena con su siseó habitual y una alumna de 4to le respondió
─ La profesora McGonagall está con una chica nueva, algo gótica , y con Malfoy - respondió y en cuestión de segundos las dos futuras medi-magas se hicieron paso entre la multitud para comprobar lo que la chica había dicho.
Efectivamente un tanto alejados, se encontraban la directora junto con una chica a la que no reconocían, y que verdaderamente en esos momentos les traía sin cuidado, y del otro lado estaba el rubio heredero de los Malfoy, que cargaba una expresión de fastidio típica en él.
La morena Slytherin sintió una alegría enorme y sonrío a sus anchas , había dejado atrás toda esperanza de que su mejor amigo regresara y que tendría que sobrellevar todo el curso por si misma. No es que Blaise y Theodore no fueran sus amigos, es sólo que ella creció junto a Draco, y eran ya casi como hermanos.
Por su parte la castaña Gryffindor sentía una mezcla de emociones juntas que la estaban agobiando.
Cuando se despertó esa mañana había sido con el pensamiento de que ya el rubio no asistiría a Hogwarts, y que podría librarse de su presencia, lo cual podría ayudar mucho a que dejara esos pensamientos extraños sobre el chico, aunque sabía que todo lo que pensara sería una mentira, ya que en el fondo, muy en el fondo, deseaba que volviera, verlo una vez más, confirmar que estaba bien , que aquella mirada vacía que le vio en el Ministerio había desaparecido de sus ojos, y sobre todo, necesitaba por fin saber de qué se trataba todo eso que sentía por él.
Con su corazón palpitando a mil por hora, cosa que le estaba haciendo creer que tarde o temprano toda la multitud lo escucharía y con las manos repentinamente inquietas dándole vueltas a su varita, vio como la chica de cabello negro enfocaba un segundo la mirada en el Slytherin que había divisado a su mejor amiga de la infancia al lado de la chica de sus sueños, luego sonrío burlonamente y clavó sus ojos verdes en la Gryffindor, que conocía como Hermione Granger mejor amiga de Harry Potter, heroína de guerra y excelente alumna.
La Gryffindor se sintió enrojecer cuando notó que los dos recién llegados la miraban, la nueva la miraba con burla y curiosidad, lo cual le extrañaba a la castaña porque no sabía si alguna vez había visto a esa chica o si eran imaginaciones suyas, y el rubio Slytherin la miraba tan fijamente que sentía que estaba siendo observada bajo rayos X , su mirada era fija y penetrante, primero le había mirado de arriba a bajo para vergüenza de la chica y luego había clavado su vista en los ojos almendrados de la chica, y ninguno se veía capaz de romper contacto visual, porque el momento era demasiado especial como para interrumpirlo.
Ambas miradas expresando un sin fin de emociones que nadie sabía descifrar, ni siquiera ellos mismos, a excepción con la pelinegra recién llegada que miraba fijamente el intercambio de mirada de ambos chicos y la mejor amiga del rubio que comenzaba a hacerse algunas ideas en la cabeza.
Espero les haya gustado. Y sólo para que sepan, la aurora no traerá problemas, no muchos , y no se enamorará de Draco ni viceversa, no se preocupen por eso.
De verdad espero que les haya gustado, hice mi mejor esfuerzo para que el capítulo quedará genial.
Espero muchos reviews que me animen a seguirla lo más pronto que pueda.
