Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece a mi, si así fuera hubiese emparejado a Draco y Hermione si porque si.


Breath of life

A primera hora en la mañana una lechuza blanca, auténtica réplica de Hedwig esperaba en la ventana del dormitorio de chicas con la respuesta del salvador del mundo mágico.

La castaña cogió la carta, acarició a "Canuto" como Harry había decidido llamar a su nueva lechuza y esperó hasta que ésta emprendiera su vuelo para cerrar la ventana haciendo el menor ruido posible para no perturbar el sueño de sus compañeras y se sentó en su cama desdoblando la carta.

Querida Hermione

¿Hogwarts tranquilo? Dale tiempo, seguro las cosas se pondrán raras en cualquier momento.

Yo también te extraño mucho, el entrenamiento para auror sería más divertido y …seguro, si estuvieses acá. En fin, si, ya me ha llegado la carta de Ginny, he dicho que si iré, hay algo que necesito hacer.

Nos vemos este sábado, cuídate mucho.

Con amor, Harry.

La chica sonrío ante las breves palabras de su azabache amigo y volvió a recostarse en la cama, ya había perdido totalmente el sueño, pero todavía faltaban dos horas para el inicio de clases y una para el desayuno, así que no tenía nada que hacer excepto sumergirse en sus pensamientos, cosa que ya era muy habitual en ella.

Había decidido pasar su tarde libre en la biblioteca buscando información que le pudiera ayudar con las runas que se encontraban en la carta que le había entregado Nott, después de todo, como ya le había puntualizado al castaño, lo ayudaría con o sin maletín, simplemente porque estaba en su naturaleza descifrar misterios. Además, muy en el fondo sabía que eso era una excusa perfecta para alejarse de los problemas, véase Malfoy, y no sólo físicamente sino también de sus pensamientos. Ya estaba harta de darle vueltas a todo el asunto del albino, estaba harta de ver señales donde no las había, cansada de descifrar el doble sentido en cada una de sus palabras y frustrada por no poder sacar una conclusión de la situación. Así que bienvenida sea cualquier mínima distracción.

─ ¿Despierta tan temprano? – escuchó a Lavender preguntándole desde el otro extremo de la habitación.

─ Uhm…si, me llegó una carta de Harry y luego no pude reconciliar el sueño ¿y tú? – le preguntó amablemente. La verdad es que ninguna había sido exactamente amigas, sobre todo luego del incidente con Ron en sexto, pero nunca estaba de más ser cortés.

─ Malos sueños – se limitó a contestar la chica mientras suspiraba.

No era secreto para nadie que la gryffindor había pasado por una mala racha, primero había sido mordida por Greyback, un hombre lobo mortífago, razón por la cual había pasado un mes entero en St Mungo's, más por suerte la mordedura no había sido lo suficientemente profunda como para causarle un daño permanente a la morena. Y por último, sus padres, temerosos de que su hija se pudiera convertir en lobo la habían desheredado, así de simple. Ahora la exnovia de Ron vivía en la casa de las hermanas Patil. Definitivamente no había sido un buen año para ella, aunque siendo equitativos, no sólo ella pasaba por tan mala racha, de hecho la mitad del castillo lo hacía.

─ Tengo un poco de poción para dormir sin sueños, si necesitas me la puedes pedir – se ofreció la castaña obteniendo una débil sonrisa por parte de su compañera.

La verdad es que no sólo había pasado por grandes traumas psicológicos y físicos, sino que también había cambiado, ya no era aquella chica alegre y algo molesta que andaba de un lado para otro regando rumores y estando pendiente de ellos, ahora era la chica que se sentaba al final de la clase, se mantenía callada y taciturna y sólo intervenía cuando era estrictamente necesario, aquella chica que se sentaba en una de las esquinas del comedor y cogía unos trocitos de pan y puré y luego se marchaba a quien sabe donde para sólo aparecer en el momento de una clase.

Por mucho que odiara la anterior actitud de la chica, jamás le hubiese deseado todo el mal que sufrió, siendo honesta, prefería a la anterior Lavender que a la actual. De hecho, si pudiera cambiar algunas cosas de la guerra, esa sería una. La chica no se merecía todo lo que obtuvo.

─ ¿Cómo les va a Harry y Ron con lo de los aurores? – preguntó la chica genuinamente curiosa y la castaña torció un poco la boca al darse cuenta, que si llevaba a cabo esa conversación en sexto probablemente al día siguiente ya todos sabrían cada detalle, más en cambio ahorita quedaría entre esas cuatro paredes.

─ Bien, algo agotadora según me han contado, pero se las están apañando, gracias a Merlín.

─ Me alegro, la próxima vez que tengas contacto con ellos les mandas saludos – pidió la morena.

─ Podrás saludarlos tú misma, nos encontraremos en Hogsmeade este fin de semana – le informó la castaña.

─ No creo que vaya – se limitó a decir la morena y luego le dio una sonrisa de disculpa a la de cabello castaño que asintió decepcionada. Había esperado que la chica se presentara, quizá ver a "Won-won" le subiría los ánimos, pero al parecer aún la chica no se encontraba en condiciones para salir a socializar por ahí. ─ Iré a desayunar ¿vienes? – preguntó, más la miembro del trío dorado declinó.

Una vez la chica salió de la habitación, la castaña decidió responderle la carta a Harry, más que todo para pedirle un favor.

Harry

Me alegra mucho que puedas ir este sábado, tenemos muchas cosas de las que hablar, no sabéis lo mucho que me alegra saber que les está yendo bien en los entrenamiento. Manténgase a salvo de los problemas, tanto como se les sea humanamente posible.

Quería pedirte algo, y la verdad es que estoy a la mar de aliviada que ya el Ministerio dejó de interceptar las cartas, porque no me gustaría que esto cayera a manos de cualquiera.

¿Tienes acceso a los archivos de los pacientes de St Mungo o de los afectados por mordeduras de hombres lobo? Me gustaría averiguar sobre Lavender, últimamente está teniendo muchas pesadillas seguidas, está dejando de comer y está muy demacrada, comparada con aquella chica que llamaba a Ronald "Won won" ésta es una sombra.

Por favor apreciaría mucho que pudieses ayudarme.

Con amor, Hermione.

Contenta con su redacción, se alistó para dirigirse a la lechucería y mandar su carta, para así poder desayunar e iniciar su día.

Una vez en la lechucería se dirigió a la lechuza más cercana a la ventana y le comenzó a atar la nota sin notar la presencia de cierto rubio que miraba detenidamente cada movimiento de la gryffindor.

─ ¿Mandándole una carta a tus novios? – se mofó el chico anunciando su presencia. La gryffindor se sobresaltó dejando caer la carta y haciendo que la lechuza se alejara de su lugar molesta por el abrupto movimiento. La castaña gruñó y se agachó a recoger su nota dispuesta a ignorar por completo la presencia de la serpiente.

Genial, justo cuando se proponía no pensar ni toparse con él se lo encontraba a primera hora en la mañana. Genial.

─ ¿Pretendes hacerte la de oídos sordos? – preguntó el rubio con el ceño fruncido. Le cabreaba que lo ignoraran y mucho más si quien lo hacía era la castaña miembro del trío dorado. ─ Mira Granger…- comenzó a sisear el rubio.

─ No son mis novios – contestó la castaña dirigiéndose de nuevo a la lechuza y acariciándole la parte trasera de sus alas para que se dejara atar nuevamente la carta. ─ No sabía que saldrías de la enfermería tan rápido – confesó la chica sin levantar la mirada de la lechuza.

─ Lamento que sea decepcionante que no me haya quedado más tiempo, pero Pomfrey me dio de alta, así que lamento tu decepción Granger – siseó el rubio.

─ No seas dramático Malfoy, sólo estaba siendo cortés.

─ ¿Cortesía entre nosotros? – se mofó el rubio y la castaña rodó los ojos mientras palmeaba a la lechuza para que emprendiera vuelo, más ésta parecía reacia a hacerle el favor. La castaña gruñó frustrada por lo mal que había iniciado su día y escuchó al slytherin mofarse. ─ No obtendrás nada de la lechuza – se limitó a decir el rubio mientras se acercaba a una lechuza negra como la noche que allí se encontraba, quien enseguida se acurrucó más cerca de la mano del rubio que le acariciaba la cabeza. La castaña miraba la escena totalmente sorprendida, ver al chico siendo cariñoso con otro ser vivo era sorprendente por decir algo.

La chica decidió dejar de mirar la escena después de un rato que consideró ya bastante largo y se acercó a otra lechuza gris que allí se encontraba, más ésta la ignoró por completo.

Genial, ahora también las lechuzas están en complot contra mi – pensó la chica cabreada.

─ Todas éstas lechuzas tienen dueños, las del castillo fueron liberadas hoy para unas pequeñas vacaciones – le informó el rubio con una clara sonrisa en su tono de voz, al parecer le divertía la situación.

La castaña suspiró a sabiendas que el chico estaba en lo cierto, siempre una vez por mes las lechuzas eran liberadas para un pequeño descanso. Con sus planes frustrados de pedirle aquél favor a su azabache amigo la castaña agarró su carta y se dispuso a salir del lugar más la voz del rubio la detuvo.

─ Oh vamos Granger, ¿eres tan orgullosa como para no pedirme mi lechuza?.

La castaña frunció el ceño sorprendida, nunca en mil años se le pasó siquiera por la cabeza pedírsela, y mucho menos que él lo considerara.

Indicios de cambio – se convenció.

─ ¿Qué obtendrías a cambio? – preguntó desconfiada la gryffindor y vio de reojo como el rubio sonría.

─ Me alegra que conozcas tan bien las tácticas de un slytherin, pero considérate afortunada que esté de buen humor hoy y decida hacer mi obra de caridad del día, adelante, manda tu preciada carta – indicó el rubio y la chica asintió sin decir nada más. Se estaba controlando porque sabía que si respondía a alguna de las provocaciones del albino terminaría en una intensa discusión lo cual sólo le causaría satisfacción al slytherin.

Ató la carta en la pata de la lechuza y le dio una pequeña palmadita en sus plumas, y enseguida el ave emprendió el vuelo. Suspiró contenta de haber podido mandar su carta y se dispuso a agradecerle al albino más el chico se le adelantó.

─ No sabía que Nott era tu tipo

─ ¿Qué? – preguntó la castaña auténticamente confundida y tomada por sorpresa. No se esperaba en lo más mínimo aquello. ¿De dónde había salido el tema si quiera?

─ Te vi muy cercana a él ayer – le explicó el rubio, y a pesar de su porte relajado y su tono desinteresado, algo dentro de la chica le gritaba que aquello le molestaba a su compañero.

La castaña se debatía entre gritarle por inmiscuirse en sus asuntos, por espiarlos y por hacerle preguntas personales, o regañarlo y hacerle una lectura por el hecho de que había estado fuera de cama a esas horas. Se decidió por todas, mandando a volar su decisión de contenerse para no discutir.

─ ¿Quién te dio el derecho para inmiscuirte en mi vida? ¿y qué demonios hacías fuera de horas vagando por ahí?.

─ Que hipócrita que me hagas esa pregunta, que recuerde tú también lo estabas –al ver como la chica entrecerraba los ojos enojada, continuó – además, no me estoy metiendo en tus asuntos, me estoy metiendo en los de mi amigo.

Oh si claro, se iba a tragar la historia de "me preocupo por mis amigos".

─ ¿Sabes qué?, no me interesa que andabas haciendo a esas horas vagando por ahí, así que mejor lo dejamos hasta aquí, gracias por la lechuza – se dio la vuelta para irse pero nuevamente la voz del rubio la detuvo.

─ No me respondiste ¿Nott es tu tipo? Porque déjame decirte, no es bueno para ti.

─ ¿Y qué si lo es? ¡No es problema tuyo! ¡Y como si los dos no estuvieran tejidos de la misma tela! – gritó colérica la castaña para luego salir apresurada del lugar deseando no haber ido nunca.

Su día estaba oficialmente arruinado, y aún ni había comenzado la hora del desayuno.

Mientras bajaba las escaleras en dirección al Gran Comedor iba refutando mentalmente en la conversación que había tenido hace segundos con la serpiente. Le había dicho que no iba a obtener nada a cambio, pero claro que lo había hecho, había obtenido la satisfacción de amargarle el día por completo, y en menos de cinco minutos, aquello ya era un record hasta para él.

¿Y si había escuchado lo que habían estado hablando ella y Nott?. No es que le preocupara mucho, no era su secreto de todos modos, pero le inquietaba, ya que el castaño podría sacar las conclusiones equivocadas si alguien más se enteraba, definitivamente tendría que contarle que Malfoy los había visto y que quedaba bajo su decisión si hacer algo al respecto o dejarlo pasar.

Decidiendo que ya no tenía apetito se encamino hacia su habitación para arreglarse y descansar un poco, no es que se lo fuera a admitir a alguien, nunca, pero una discusión con el albino podría drenar todas sus energías.

No iba a mentirse a si misma y negar que no estaba aliviada de que haya sido dada de alta tan pronto, ya que significaba que se encontraba bien, y por alguna u otra razón, la salud de aquél chico le importaba, y mucho, aunque aún no lograba descifrar el por qué.

Había repasado una y otra vez en su cabeza las posibles razones, causas y consecuencias del asunto con el chico, y había sacado una conclusión, que no podía sacar ninguna. Así que por lo tanto, era un tema inconcluso, un libro con una página faltante, un tema sin culminar, entre otro sin fin de cosas que le molestaban, en resumen, el tema con Malfoy pasaba a ser una especie de tabú para ella.

Una vez terminada su primera y única clase de la mañana, la castaña se encaminó con paso apresurado a la biblioteca, cuanto antes empezara a investigar lo de la presunta muerte del padre de Nott, más rápido terminaría con ello. Lo cual era justo lo que quería. Si al principio lo veía como una excelente excusa para no pensar ni toparse con el rubio, ahora lo veía como un contratiempo, ya que se había dado cuenta que era imposible no toparse con él estudiando, durmiendo, comiendo y respirando el mismo aire.

─ ¿Con prisa? – escuchó que le preguntaban a su lado y se sobresaltó al encontrar a Nott siguiendo su paso.

─ Nott – dijo a modo de saludo sin aligerar su paso.

─ Granger – devolvió el saludo el castaño ─ ¿Tienes prisa por obtener esa maletín tuyo? – preguntó divertido el slytherin y la castaña resopló.

─ Dejad el tema de mi maletín de un lado, sólo quiero terminar de esto cuanto antes para alejarme de todo esto.

─ Me dolió Granger, ¿significa eso que ya no quieres pasar más tiempo con nosotros?, eso le dolerá mucho a Pansy – musitó inocentemente el castaño divertido por dentro al notar como la castaña cambiaba su expresión exasperada a una culpable.

─ No es eso – dijo aminorando el paso al entrar en la biblioteca – es que…no me gusta trabajar en temas de mortífagos, no lo tomes a mal – agregó apresuradamente temiendo ofenderle aún más – además, hoy no he tenido un buen día – confesó.

─ Vaya, no ha pasado ni la mitad del día y ya estás diciendo eso – se asombró el castaño sentándose en frente de ella luego de que se sentara con unos libros de runas antiguas.

─ Culpa de tu amiguito – refunfuñó la castaña ganándose una mirada de genuina curiosidad por parte del castaño- me lo tope en la lechucería y las cosas se salieron un poco de control como siempre.

─ Deberían llamar una tregua, es decir, tú y nosotros lo hicimos ¿Por qué es diferente con ustedes? – preguntó el castaño.

─ Simplemente no es lo mismo – se limitó a decir la castaña reconociendo que el slytherin estaba tratando de sacarle información.

─ Oh vamos Granger, no puede ser tan malo, es decir, sé que te dijo unas cuantas cosas hirientes años atrás, pero él ha cambiado mucho desde quinto – hizo una pausa achicando los ojos y se corrigió – más bien, desde finales de cuarto, pero el cambio fue minúsculo, sólo si mirabas de cerca lo notabas, pero ahora es diferente, por Salazar, hasta tu amiguito San Potter debe de haberlo notado para haberle mandado aquella carta en verano.

¿Carta? ¿Harry…a Malfoy?.

─ ¿Cómo que Harry le mandó una carta a Malfoy? ¿exactamente cuándo? ¿Qué decía? ¿Por qué? – comenzó a lanzar preguntas más se detuvo cuando el castaño alzó las manos en señal de derrota.

─ No tengo ni la menor idea de nada Granger, ¿por qué no mejor le preguntas a Malfoy?.

─ Preferiría preguntárselo a Harry – zanjó la chica ganándose un bufido por parte de su compañero de mesa.

─ Vale, vale, me rindo con este tema, ustedes dos son un enigma para mí – suspiró y se acomodó mejor en la silla – a ver…¿cómo vas con lo que te pedí? – cuestionó mirando la pila de libros situados a la derecha de la leona.

─ No se si no eres capaz de deducirlo por ti mismo, pero no he logrado avanzar ni un ápice por culpa de que me tienes atosigada con el tema de Malfoy – frunció el ceño profundamente demostrando su enojo y poca paciencia.

─ Vale, vale, lo he captado, me iré, si encuentras algo importante avísame, sabes dónde encontrarme – con un guiño se alejó de la mesa donde hasta hace pocos segundos estaba sentado, dejando sola y en un profundo silencio a la gryffindor que se encontraba repasando lo que le había dicho sobre Harry y Malfoy. La Gryffindor jamás había sabido que mantenían contacto, de hecho, se sentía como si estuviera en un universo paralelo, porque siendo honestos, ¿qué podrían tener en común ambos como para escribirse una carta?.

Ahora más que nunca esperaba con impaciencia la respuesta de Harry a su previa correspondencia, para así poder preguntarle.

Más…si la respuesta no llegaba lo suficientemente rápido ¿sería capaz de aguantar o haría justo lo que le dijo a Nott que no?. En aquellos momentos, preguntarle a Malfoy sería su última opción, una medida desesperada, a los niveles de locura. Despejando su cabeza retomó la lectura que había dejado a medias por culpa de la interrupción del slytherin.

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Mientras tanto, en las mazmorras del castillo, dos slytherin se encontraban sentados frente a frente sumergidos en un juego de ajedrez mágico, mientras que un chico albino y una chica pelinegro se encontraban sentados en un sofá con libros en sus regazos. Cualquiera diría que esa era una imagen normal y cotidiana, pero con las miradas envenenadas que ocasionalmente le lanzaban los demás chicos pertenecientes a slytherin que por allí se encontraban, no lo era. Antes hubiesen preferido mandarse una maldición ellos mismos que mirar con irrespeto al cuarteto, pero ahora que Gorvin era el príncipe de las serpientes, todo había cambiado.

─ Si me dieran dos galeones por cada persona que no esté pensando en lanzarnos una maldición en esta sala, sería tan remotamente pobre como los Weasley – musitó el italiano causando que su contrincante en el ajedrez soltará una risita.

─ Te recuerdo que la comadreja y su familia obtuvieron una gran cantidad de dinero como premio por su participación en la Guerra – canturreó la pelinegra sin apartar la vista de su libro de pociones.

─ No me lo recuerdes, no entiendo cómo han podido darle tanto dinero, si alguien se merecía dinero, y no estoy diciendo que se lo merezca, sería Potter – dijo el italiano arrugando la nariz en una mueca de asco.

─ Y Hermione – intervino el castaño que hasta esos momentos había estado enfocado en las piezas de su tablero.

Los tres amigos alzaron la mirada hacia donde el castaño que se encogió de hombros incómodo por la súbita atención.

─ Yo sólo digo…todos sabemos que Weasley no puede ni vestirse sin magia, Potter no sabe muchas cosas acerca del mundo mágico, ellos dos solos no hubiesen llegado ni al segundo día escapando de los mortífagos, pero Granger…la llaman la bruja más inteligente de nuestra generación por algo ¿no? – preguntó encogiéndose de hombros.

─ Ahora que lo veo de esa manera, tienes razón, no me imagino a Weasley sin su varita, o incluso teniendo varita, en los bosques, o donde sea que por Merlín hayan estado esos tres – dijo la morena y luego volvió su mirada a donde su amigo albino - ¿no tienes idea de a donde habrán ido esos tres durante la Guerra? – cuestionó.

─ ¿Me viste cara de mapa? – siseó el rubio enojado con su amiga, ya su manía de preguntarle cualquier mínimo e insignificante detalle sobre la vida de la castaña gryffindor le estaba sacando de sus casillas, y sabía que eso no pararía en ningún momento cercano, si Pansy era algo, era insistente como nadie más.

─ Troll – susurró la pelinegro volviéndose a centrar en su libro.

─ Alguien está de malas hoy – se burló el italiano ganándose una mirada envenenada por parte del susodicho.

─ Tú también lo estarías si hubieses pasado un día entero en la enfermería por culpa de Longbotton y su torpeza – gruñó el chico ganándose que sus amigos se carcajearan.

─ De hecho, yo pasé un día y medio en la enfermería por culpa de él en quinto, y no me veías refunfuñando por los rincones del pasillo – le recordó el castaño a su amigo albino que se limitó a achicar sus ojos. Desde que lo había visto con la gryffindor en un sector oscuro del castillo, a horas prohibidas, se sentía receloso con su amigo. No sabía porque.

─ Cierto, fue muy gracioso verte cubierto de aceite de aquellas plantas asquerosas que estábamos viendo en Herbología – soltó una risita la pelinegro ganándose que su amigo la fulminara con la mirada – pero es verdad, la mitad del colegio le ha tocado en algún momento ser compañero de Longbotton, y no los ves tan amargado como tú – se dirigió al rubio.

─ Yo tengo mis razones – se limitó a contestar el rubio mirando de reojo como Gorvin se acercaba hacia donde ellos se encontraban – por Salazar, ahora qué querrá – musitó haciendo que sus amigos alzaran la mirada hacia la figura del nuevo príncipe de slytherin – Gorvin – saludó el rubio lo más tranquilo que pudo, la verdad es que se moría de ganas por comenzar un duelo de hechizos y dejarlo por unas cuantas semanas en la enfermería.

─ Malfoy – saludó el chico ignorando completamente a los otros presentes – que gratificante es ver cómo te sientas con tus tontos amiguitos en el rincón más lejano de la sala y pasas desapercibido, eso quiere decir que habéis dejado de querer el trono, me imagino – supuso el chico ganándose que la pelinegra bufara irritada y los otros dos cerraran sus manos en puño.

De ser sincero consigo mismo, sí. No le interesaba estar en el trono de las serpientes, ni siquiera deseaba estar en el castillo, pero viendo como sus amigos deseaban tanto que obtuviera de vuelto su puesto, y sabiendo que aquello era una póliza de seguro para que sus compañeros de casa no le mandaran un crucio en el primer momento en que se diera la vuelta, debía pelear por el puesto. Y ya sabía cómo.

─ De hecho te equivocas Gorvin – siseó atrayendo la atención de algunos que en la sala se encontraban, que se fueron acercados atraídos por la curiosidad de saber de qué podría tratar una conversación entre el ex príncipe de las serpientes y el actual – Sigo queriendo de vuelta mi puesto, sólo que lo haremos a mi manera, y – agregó notando como la expresión burlona del chico se transformaba en una de enojo – si de verdad te sientes tan merecedor del puesto, no te importará. ¿No se supone que el príncipe de slytherin debe ser bueno en todo? – preguntó con sorna el rubio ganándose un asentimiento por mucho de los presentes. Esperó a que Gorvin asintiera para continuar – bien, entonces, en el primer partido de Quidditch se decidirá todo, quien gane será el que podrá ocupar el trono – declaró y luego de unos segundos de vacilación, el otro chico asintió.

─ Que disfrutes ser un perdedor – fue lo que se limitó a decir el chico antes de levantarse y salir de las mazmorras seguido por su séquito de matones dejando al rubio preguntándose en su cabeza si así de ridículo se veía en su época de ser seguido e idolatrado por Crabbe y Goyle.

─ No lo soporto – chilló la pelinegro arrugando unas cuantas hojas del libro que hasta hace unos pocos segundos estaba leyendo.

─ Cálmate Pansy, dentro de muy poco no tendrás que preocuparte por soportarlo o no – le consoló el italiano sonriendo triunfante como dando por asegurado que el rubio ganaría. Cosa que el rubio no estaba tan seguro, ya que conociendo a Gorvin probablemente hechizara su escoba, lo confundiera, maldijera la snitch o alguna otra táctica barata que él mismo había usado en repetidas ocasiones para que Potter perdiera sus partidos, cabe decir, muy rara vez funcionaba.

─ Jake mate – anunció el castaño atrayendo la atención de sus amigos. El italiano frunció el ceño cabreado.

─ ¡No es justo! Estábamos hablando – se defendió.

─ Nunca llamamos tiempo fuera, así que gané – dijo con parsimonia el chico cruzando los brazos detrás de su cabeza en señal de comodidad, el rubio no entendía porque pero hasta ese mínimo e inocente gesto le molestaba.

─ Cuando de ajedrez se trata, Blaise, puedes competir con un niño de 5 años y hasta él te ganaría – se mofó su amiga volviendo a retomar su lectura, no sin antes lanzarle una mirada de reojo a su albino amigo quien, había notado, llevaba todo el día lanzándole dagas con la mirada a Theo. Si sólo lograra averiguar por qué… ─ Nos vemos en la cena – se despidió la chica saliendo apresuradamente de la sala común con su libro en mano. Sabía dónde podría obtener respuestas, o al menos quien le ayudaría a buscarlas.

─ Contraseña – le preguntó una señora gorda frente al retrato que custodiaba la Torre Gryffindor. Vale, quizá no había sido la mejor idea de todas, pero había recorrido prácticamente todo el castillo sin encontrar un solo indicio de la presencia de la chica, así que había recurrido a ir a su sala común, sólo que ahora le tocaba adivinar la bendita contraseña.

─ ¿Slytherin apesta? – Aventuró la pelinegro y al recibir una mirada burlona por parte del retrato frunció los labios - ¿Viva Harry Potter el niño-que-vivió? – volvió a preguntar recibiendo una cargada por parte de la señora.

─ Ríndete pequeña slytherin, jamás conseguirás entrar si de verdad no sabes la contraseña – se vio interrumpida cuando por ella salió justo la persona a quien buscaba la slytherin.

─ ¿Parkinson? – preguntó la chica confundida - ¿qué haces acá?.

─ Oh verás, vine a entablar una amena conversación con tu retrato – respondió con sarcasmo y al ver como la gryffindor se coloró enojada, prosiguió – disculpa, los hábitos difícilmente mueren – al ver que la chica asentía de acuerdo, suspiró aliviada. Bien, si estaban en buenos términos, era más probable que accediera a ayudarle.

─ Y bien, no me has respondido ¿qué haces acá?.

─ Oh si, este…quería hablarte…en privado – agregó notando que la señora gorda miraba no tan discretamente en su dirección.

─ ¿Debería confiar en que no me maldecirás por la espalda? – preguntó la gryffindor mitad en broma mitad preocupada. Uno nunca sabía cuándo alguien te daba la espalda, y sobre todo, uno nunca podía confiar lo suficiente en una serpiente. La pelinegro rodó los ojos y le indicó con un gesto a que la siguiera.

Una vez llegada a su destino, la torre de Astronomía, se sentó en el borde y le indicó a la chica a que hiciera lo mismo, quien aún medio desconfiada lo hizo.

─ Me imagino que sabes sobre Draco y Granger – comenzó y al presentir que la pelirroja comenzaría a refutar, se apresuró a hablar – no gastes saliva en negarlo, todos lo sabemos, en fin, no estoy aquí para eso, sino para preguntarte si sabes alguna posible razón por la cual Draco podría estar enojado con Theo.

─ ¿No se supone que son tus amigos? – preguntó totalmente confundida la menor de los Weasley. Que una slytherin haya ido a buscarla a su Sala Común para preguntarle sobre un tema tan banal como aquél era demasiado irreal. Quizá el mundo se estaba poniendo de cabeza, eso explicaría unas cuantas cosas. ─ ¿Por qué habría yo de saber eso?.

─ Se me ocurrió que quizá tendría algo que ver con Hermione, últimamente cuando Draco está sensible siempre tiene que ver con algo referente a ella.

─ ¿Por qué entonces no le preguntas a ella? – cuestionó la pecosa comenzando a perder la paciencia. No veía a donde las llevaba esa conversación.

─ Sabes mejor que yo que eso no resultará en nada, excepto quizá en una Granger muy cabreada como para siquiera dirigirme la palabra, y aprecio mucho la amistad que estamos formando como para arriesgarme, así que…¿de verdad no sabes nada? – preguntó decidida a acabar con aquella conversación pronto.

─ Nada de nada – aseguró la pelirroja y al ver la decepción formarse en el rostro de la serpiente, añadió a regañadientes – pero podríamos investigar.

La pelinegro sonrío anchamente agradecida con la gryffindor, sus instintos no se habían equivocado, si iba a obtener respuestas sería con aquella pecosa. Y quien sabe, quizá aprendería a apreciarla, así como a la castaña.

─ Bien, ¿por dónde empezamos? – preguntó emocionada la slytherin.

─ Pues…yo diría que siguieses a Malfoy, claro…sólo si Nott no está a la vista, porque sería entonces probable que se van a reunir, a hablar, pelear o que se yo, y yo seguiré a Hermione, sólo si veo que se reúne con uno de los dos te lo diré – advirtió la pecosa obteniendo un asentimiento por parte de la pelinegro – bien, entonces cuando alguna de las dos obtenga respuestas nos buscamos – culminó la pelirroja levantándose del alfeizar de la ventana y dirigiéndose a la salida, más se vio interrumpida por la slytherin.

─ Gracias Weasley.

─ No te acostumbres a ello – se limitó a responder con una pequeña sonrisa que, sin que ninguna de las dos lo supiera, sellaba el inicio de un gran vínculo.

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Ya eran pasadas las siete, los estudiantes se dirigían con paso apresurado hacia el Gran Comedor, al parecer impacientes por recuperar las energías perdidas durante el día, más cierta gryffindor de pelo castaño no se hallaba con hambre, ni ganas de comer sólo por aparentar.

Tenía otras cosas en mente, como unos cuantos insultos hacia su mejor amigo que se había visto incapaz de responderle con rapidez su correspondencia. Entendía que de seguro estaba bastante ocupado con el entrenamiento de auror, pero no era tonta y sabía que de vez en cuando tenía recesos, y en alguno de ellos pudo haberse dignado a responder. Decir que estaba enojada era una subestimación, estaba iracunda, si había algo que le molestara de sobremanera a la castaña era quedarse con la curiosidad, véase, no saber la respuesta a algo, y así era justo como se encontraba.

Además había conseguido muy poco sobre el tema de las runas en la nota de Nott, y no es que fuera de su particular interés el tema, pero siendo la chica de corazón de leona que era, se sentía mal por no poder ser de más ayuda, quizá si le dedicaba más tiempo podría conseguir algo más, aunque realmente dudaba que ella sola podría conseguirlo, no iba a ser pretensiosa y asumir que ella podría descifrar tales runas antiguas por su cuenta, necesitaría ayuda, y de verdad no creía que el castaño slytherin se decidiera por compartir la información con otra persona aparte de ella, realmente se había mostrado reservado y reacio la noche anterior.

Soltando un suspiro de frustración, la gryffindor decidió subir un rato a la Torre de Astronomía a despejar su mente hasta el toque de queda. Oh, si que extrañaba ser prefecta.

─ No sabía que estuvieras lo suficientemente desesperada como para seguirme hasta acá – escuchó un familiar siseo a su izquierda una vez entró a la Torre y gimió bajito arrepintiéndose de su decisión de despejar su cabeza.

Despejar la cabeza sería lo último que lograría si se mantenía en el mismo cuarto que la serpiente oxigenada por más de unos segundos.

Malfoy se encontraba sentado en el suelo, en una de las esquinas más alejadas de la habitación, con una pierna levantada a la altura de su barbilla y la otra pierna extendida a lo largo, dándole un porte que combinaba la relajación con la profunda concentración. El rubio había decidido subir a la Torre minutos atrás para pensar en estrategias que le ayudaran a vencer a Gorvin en el partido de Quidditch que tendría lugar en solo dos semanas, y de paso tratar de descifrar porque su repentino cabreo con su castaño amigo. Y la respuesta acababa de entrar por la puerta.

Le molestaba que su amigo se acercara a Granger, le molestaba que le hablara con confianza, le molestaba que le hablara, punto. ¿Por qué?, no tenía fuerza de voluntad para indagar sobre aquello. Simplemente las cosas eran así.

─ No sabía que estuvieses aquí – se defendió la chica dispuesta a irse del lugar, más no lo hizo decidiendo que aquella aula era tanto suya como del rubio, así que si el rubio no la quería allí, él debía ser el que se fuera. Con esa resolución en mente se sentó en el alfeizar de la ventana sin dirigirle ni una sola mirada al albino, que al contrario que ella no apartaba la mirada de ella.

No la había visto en todo el día, desde el incidente de la mañana en la lechucería. No había desayunado, ni almorzado, y por lo visto, tampoco la cena entraba en su planes. El chico frunció el ceño sin entender por qué aquello era de su incumbencia. Si se quería matar de hambre, problema de ella, no suyo.

─ ¿Te piensas suicidar? – preguntó con un ligero tono de broma recordando aquél incidente tras el final de la Guerra, donde había ocurrido algo similar a lo que en aquellos momentos sucedía. Él y la gryffindor en un mismo cuarto, hablando, incómodos.

─ No te haría ese favor – se limitó a decir la chica rodando los ojos. Había que ver que de verdad los chicos eran gilipollas, sobre todo si eran serpientes venenosas.

─ Nadie dijo que sería un favor – se defendió el rubio algo ofendido por la clara acusación de la gryffindor. Vale, no tenía un gran corazón como ella y no andaba demostrando sus sentimientos de acá para allá, pero eso no significaba que le causara placer el verle morir. De hecho, si así fuera ni se hubiese molestado en ayudarla cuando Bellatrix la torturaba o cuando aquél mortífago estaba a punto de lanzarle la maldición asesina en la Guerra, o de …Simplemente la hubiese dejado ser.

La castaña siguiendo la misma línea de pensamientos que el chico suspiró sabiendo que su comentario había sido inapropiado. No tenía ni un solo motivo para pensar que él la querría muerta, porque le había demostrado incontables veces que no era así. Ahora, entenderlo era otro asunto.

─ Vale, lo siento, no es un buen día – se disculpó ganándose un bufido por parte del slytherin.

─ Dímelo a mí.

La castaña lo miró durante unos segundos aprovechando que tenía los ojos cerrados, claramente meditando sobre algo. Su figura se veía un poco más restaurada que cuando lo vio en el juicio, más sin embargo seguía estando muy flaco para como era antes, su piel estaba cubierta por moretones que claramente se iban desvaneciendo con el tiempo, portaba unas visibles ojeras, su cabello parecía haber librado una batalla campal con el cepillo, y sin embargo con todo eso se las apañaba para seguir viéndose lo suficientemente bien como para aumentar el ritmo cardíaco de las chicas. No es que ella supiera de eso.

─ Las fotos duran más – comentó el chico sin abrir los ojos causando que la castaña se sonrojara.

─ Q-quería preguntarte – comenzó y obtuvo un asentimiento por parte del albino indicándole que prosiguiera - ¿tu lechuza no llegó con alguna respuesta? – la verdad es que no tenía planeado preguntarle nada, pero era la excusa perfecta para que dejara en el olvido su intenso escrutinio de segundos atrás.

─ ¿Qué? ¿preocupada por tu pequeño novio? – se mofó el rubio con desdén ganándose un suspiro hastiado de la castaña.

─ Por enésima vez, Harry no es mi novio, es el de Ginny, sólo es mi mejor amigo…en fin, no es como si tuviera que darte ninguna explicación a ti – dijo enojada.

─ No llegó ninguna respuesta, te hubiese dicho – se limitó a decir el rubio satisfecho con el enojo de la castaña. La verdad es que bien sabía que no eran novios, pero era entretenido ver como las mejillas de la leona se coloraban cuando se enojaba y como achicaba los ojos maquinando una respuesta ágil y cortante. Al ver que la castaña parecía sumida en sus pensamientos, rompió el silencio ─ No desayunaste – observó.

La castaña le miró unos segundos confundida y luego atontada, ¿por qué en el nombre de Merlín, él lo había notado?.

─ Ciertos eventos de la mañana me quitaron el apetito – dijo cabreándose nuevamente al recordar todo aquello.

─ ¿Me estás echando la culpa a mí de que no comieras en todo el día? – preguntó entre divertido y ofendido el rubo.

Ahí está otra vez – pensó la leona notando como el chico parecía haber seguido de cerca sus pasos. También había notado que no había ido a almorzar.

─ Pues sí, nadie te pidió que te metieras en asuntos que no son de tu incumbencia – refutó.

─ Ya te dije, Nott es mi amigo y es mi responsabilidad ocuparme de sus asuntos amorosos – se limitó a decir el rubio como restándole importancia, ajeno a los ojos abiertos como platos de su acompañante.

─ ¡¿ASUNTOS AMOROSOS?! – chilló escandalizada la gryffindor haciendo que el rubio se encogiera en su puesto.

─ Sí que sabes hacerte pasar por una banshee – se mofó ganándose una mirada envenenada por parte de la leona – Si, Granger, asuntos amorosos, ya sabes, cuando dos personas…salen.

─ ¡Sé que significa! – le interrumpió ofendida. ¿Cómo se atrevía a hacer suposiciones sobre su vida, o escases de vida amorosa? – Sólo para aclarar futuros malentendidos, Nott y yo no tenemos nada similar a romántico, es pura cordialidad. Así que para la escoba, y deja de meterte donde nadie te llama. Te lo advierto Malfoy – no sabía porque se sentía tan ultrajada por el hecho de que la serpiente se pusiera a hacer suposiciones sobre su vida amorosa, pero simplemente el pensar que estaba asumiendo cosas que no eran verdaderas le encrespaba los nervios.

─ ¡Vale, vale, no hace falta que lances fuego por la boca! – se defendió el rubio alzando sus manos en señal de inocencia, auténticamente divertido por la reacción de la chica.

─ ¡Ugh! ¡Te detesto! – gruñó la chica cabreada. Genial, su día iba de bien a mejor, véase, de mal a peor.

─ Si voy a estar en un sitio lleno de gente que me odie prefiero ir al Gran Comedor – siseó el rubio levantándose de su sitio dispuesto a irse. Ya había agotado su cuota de cordialidad para con la chica, y no estaba dispuesto a escuchar como justo ella le odiaba, no ella.

I can see the look, because this song has ended,

And if you are gone, I will not be long

─ Lo siento – se disculpó de inmediato la castaña notando su error – yo…no te detesto – confesó consiguiendo el interés del albino que se acercó un poco a donde ella estaba y se recostó de la pared – es sólo que eres insufrible, la mayoría de las veces, y me sacas de las casillas, casi tanto como Ron – confesó haciendo que el rubio bufara.

─ Ahora prefiero que me odies a ser comparado con el pobretón – al ver la mirada enojada de la castaña, se corrigió – Weasley.

─ ¿Por qué les detestáis tanto? – preguntó en un susurro la chica mirándolo interrogativamente.

─ No les detesto…bueno, quizá si a Weasley, pero a Potter no – confesó el rubio sintiéndose incómodo. Jamás le había confesado aquello a nadie. La verdad era que si sentía algo por el chico-que-vivió-dos-veces-para-contarlo era gratitud, después de todo, lo había ayudado en la Sala de Menesteres, en el juicio…En fin, le debía mucho.

La castaña se aclaró la garganta incómoda, recordando la conversación que había tenido con Nott esa mañana. Harry y Malfoy escribiéndose. Tenía que averiguar. Y que Godric le maldijera la lengua por lo que estaba a punto de hacer, pero de verdad jamás había sido de esas que se iban con rodeos.

─ Me…me enteré que tú y Harry se habéis estado escribiendo – comentó como si nada y el rubio alzó una ceja.

─ Sabiendo que la única persona que lo sabe es Nott no necesito ser un genio para adivinar quién te lo dijo – se burló la serpiente.

─ Me lo dijo Harry – se apresuró a cubrir la castaña ganándose una mirada burlona del rubio.

─ ¿Ah si? ¿si es así entonces por qué estás tratando de sacarme información? – al ver que iba a refutar, continuó – se nota en tu mirada que estás pescando información Granger, eres muy transparente a veces – le reprendió y al ver el ceño fruncido de la chica continuó - ¿qué obtengo a cambio de decirte sobre que nos escribimos? – preguntó y la leona suspiró.

─ ¿Qué pasó con eso de hacer buenas obras? – se aventuró la chica ganándose una risa sarcástica del rubio.

─ Eso fue en la mañana, no tientes la suerte. No me la paso haciendo obras de caridad, eso fue una cosa de un solo momento. Y bien…¿qué obtengo?

─ ¿Qué quieres? – contraatacó la chica sabiendo que no obtendría ninguna información a no ser que siguiera las reglas del juego.

─ No lo sé, quizá podría ser un pase libre a cualquier favor que te pida en algún momento de mi vida, sólo que no se precisamente cuando – confesó el chico y la castaña sospesó las consecuencias.

Si le prometía al rubio hacerle el favor que él le pidiera sin saber siquiera de qué se trataba podría estar metiéndose en la boca del lobo, más si no lo hacía…no podía soportar estar más tiempo sin información. La necesitaba y ya, y que Merlín la ayudara.

─ Vale, un pase gratis a un favor mío – accedió la chica ganándose una sonrisa ladeada del albino.

─ Bien, ¿exactamente qué quieres saber? – preguntó.

─ Qué decía la carta, por qué se escribieron…- comenzó a decir la castaña pero se vio interrumpida por el slytherin.

─ No te pienso decir cada mínimo detalle que había en esa carta – al ver como la chica arrugaba la nariz, explicó – no me encanta ventilar mis asuntos, así que agradecería mucho si se me respetara mi privacidad.

La castaña asintió algo descontenta, más no iba a quejarse, sólo necesitaba saber qué podrían tener posiblemente en común como para escribirse.

─ ¿Y bien? – incitó la chica.

─ Me escribió para que fuese intermediario entre él y mi madre y le diera las gracias por su colaboración en la Guerra Final, ya que no había tenido oportunidad de hacerlo, y luego al respóndele me mandó otra en donde hablamos del juicio y la reintegración a Hogwarts, básicamente me anticipó que ni él ni la comadreja asistirían, pero que tú si, que esperara que fuera cauteloso contigo, que si te tocaba un solo cabello terminaría convertido hurón de por vida, y eso…-contó el chico restándole importancia ajeno a la incredulidad de la morena.

¿Cómo narices Harry James Potter se había atrevido a decirle a Malfoy que se alejara de ella y que fuera precavido con ella? ¿Con el permiso de quién?. Cuando se vieran lo confrontaría.

─ Muchas gracias Malfoy – consiguió decir la chica luego de dejar atrás sus pensamientos asesinos hacia su amigo.

─ No hay de qué – se encogió de hombros el chico.

─ Entonces básicamente se hablaron por el asunto de la Guerra. ¿Ese es su asunto en común? – preguntó un tanto aliviada la chica, que se había creado millones de películas en su cabeza donde el rubio insultaba sin cesar al pelinegro causando que su tiempo de prueba se fuera por el retrete, o donde el salvador del Mundo Mágico le llenaba la carta de amenazas.

─ Si, justo eso – musitó el chico pensando cuan equivocada podría estar la leona

La mitad de la carta hablaba sobre ella, su tema en común había sido ella, desde el principio. Sólo que ella no necesitaba saber aquello. De hecho, haría todo lo que estuviera en sus manos para mantenerle oculto el verdadero contenido de esas cartas.


Se que voy lento, pero de verdad no tolero un fic apresurado, mi disculpas para la que si. No puedo prometer que actualizaré pronto, pero haré todo lo que esté en mis manos para actualizar máximo en un mes.

Un adelanto del próximo episodio:

-.-.-.-.-

Por casualidad…¿Estás celoso?

¿Yo? ¿De Nott? ¿De verdad? Obviamente de los dos yo tengo las de ganar

¿Es decir que afirmas que lo sientes como una competencia para ti?

Cállate Potter.

-.-.-.-.-

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