Disclaimer: Los personajes no son míos . Son de la fantástica J.K Rowling .
Hurricane
—Hermione – escuchó que la llamaban, más sólo se giró tapándose las orejas con su almohada, en un vano intento para sofocar los gritos de banshee de Ginny. —Hermione Jean Granger ¡Por Merlín, despierta! – chilló la pelirroja arrancándole la almohada.
La castaña gruñó algo inteligible bajo su aliento y se frotó los ojos perezosamente.
—¿Se puede saber qué te tiene tan enérgica esta mañana Ginebra?
—Hoy es sábado, al fin podremos salir del castillo – dijo emocionada la pelirroja comenzando a revolver la ropa dentro de su baúl, en búsqueda del mejor atuendo para usar en su cita con Harry. Bien, quizá no era exactamente una cita…pero mentiría al negar su emoción por ver al niño-que-vivio. A pesar de que la relación entre ellos se había enfriado notoriamente desde finales de la Guerra, la pelirroja estaba, todavía, profundamente enamorada de él y esperaba que este encuentro diera pie a una mejoría en su relación. Ya estaba cansada de las formalidades, los saludos fríos y los momentos incómodos. Una relación no se suponía que fuese así.
—Lo dices como si lleváramos una eternidad en el castillo – se burló la castaña todavía tratando de adaptarse a la luz solar que se filtraba por la ventana.
—Juro que así parece – dijo la pelirroja y su amiga no pudo hacer otra cosa que estar de acuerdo.
Su semana había pasado más lenta de lo normal, y eso era mucho decir, considerando todas las semanas de aventuras y peligros de muerte que había pasado en su vida. Como la semana de los carroñeros y la Mansión Malfoy, o la semana de la Cámara de los Secretos, donde alumno tras alumno fue petrificando, incluyéndola a ella, o incluso la semana en su primer año, con todo lo referente a Fluffy, el perro de tres cabezas y la piedra filosofal.
Sofocó un bostezo mientras se lavaba la cara en el baño, preparándose para su salida a Hogsmeade en dos horas. La verdad es que si se había despertado bien tarde, porque se había quedado hasta altas horas de la madrugada buscando información sobre las runas de las que Luna le habló, más no había conseguido nada útil, y ansiaba que la Ravenclaw consiguiera ayuda lo más pronto posible. Cuanto antes terminara con aquella carta, más pronto volvería a su vida normal.
—Te ves terrible – le dijo su amiga una vez salió del baño.
—Gracias Gin – dijo con sarcasmo la castaña sabiendo que así era. Se había mirado en el espejo, después de todo. Tenía unas ojeras de un tamaño singular, por no decir, terrorífico. Su piel lucía más pálida de lo normal, lo cual le hacía pensar con gracia que quizá Ginny si tenía razón, parecía mucho más que apenas una semana la que llevaban allí. Y por último, su cabello, el cual esa mañana no tenía nada que envidiarle a un nido de pájaros.
—Para eso están las amigas – dijo la pelirroja sacándole la lengua infantilmente para luego seguir recorriendo de un lado a otro la habitación, buscando joyas, perfumes, cremas y otro millones de cosas que para opinión de la castaña, eran totalmente innecesarias. Su amiga era una belleza sin necesidad de mucho retoque, pero había aprendido a lo largo de los años que no debía debatir sobre ello con la menor de los Weasley.
—Iré a comer algo – dijo mirando el reloj, notando que aún tenía unos quince minutos para poder comer algo antes de que toda la comida del comedor desapareciera - ¿vienes? – preguntó ya en la puerta.
—No, ya desayuné. Pero no te tardes – le advirtió la pelirroja mientras Hermione cerraba la puerta tras de sí.
La castaña rodó los ojos y se dirigió al comedor, tomándose su tiempo para notar los pequeños, pero aun así existentes, cambios en el castillo que por tantos años había sido su hogar.
Sabía que habían necesitado una gran cantidad de recursos y mano de obra para poder volver a levantar el castillo, para borrar todo rastro de Guerra, y realmente lo habían logrado. Bueno, la primera parte. Porque por más que limpiaran las paredes, taparan fugas, barrieran escombros, reemplazaran vidrios, los rastros de la Guerra jamás se borrarían, ya que era algo que quedaba en el corazón y mente de cada uno de los estudiantes que recorría sus pasillos. Excepto quizá de los de primer año, bendecidos niños que no habían estado en el castillo al momento de la Guerra y no tenían que vivir con los demonios con los que vivían el resto del alumnado.
—Hermione – escuchó que la saludaban y enfocó su atención en una morena y una rubia que se encontraban saludándola enérgicamente desde la mesa de los gryffindor. La castaña no pudo evitar sonreír y sentarse a su lado.
Para ella había sido una gran sorpresa ver a Lavender y Parvati el primer día en el comedor, había jurado que las chicas no se presentarían, debido a todo lo que habían sufrido ambas en su séptimo año.
Había veces, donde su parte más profunda y egoísta se alegraba de haber pasado sus días con Ron y Harry en búsqueda de Horrocruxes, que en el castillo sufriendo la tortura de los hermanos Carrow.
La búsqueda de los horrocruxes había sido obviamente más peligrosa y dañina, pero al menos no había tenido que presenciar los horrores que sus amigas presenciaron. No había tenido que observar como los hermanos torturaban día tras día a Neville, por ser uno de los pocos que siempre se negó vehemente a lastimar a otro compañero, así fuera un slytherin. No había tenido que mandarle una imperdonable a su mejor amiga, como se había enterado días atrás, que había tenido que hacer Lavender a Parvati, no había tenido que escuchar los sollozos de niños pequeños, los cuales eran castigados cruelmente, no limpiando el castillo sin magia, o pasando una noche con Hagrid, como solían ser los castigos, si no siendo sometidos a Veritaserum y a maldiciones.
Pero ahí estaban. Parvati con una sonrisa cortes y Lavender con expresión melancólica. La Guerra había dañado a muchos, pero a unos más que a otros. Y Hermione temía que la ex-novia de Ron fuera una de esas pocas personas las cuales habían caído en un pozo profundo de oscuridad, del cual no había retorno.
—Ginny estaba como loca en la habitación – comentó Parvati rompiendo el silencio.
—Lo sé ¿por qué crees que me desperté? – gruñó la castaña haciendo que la chica se riera.
—Está bastante emocionada por la salida de hoy – dijo Lavender.
—Harry estará allá – fue todo lo que dijo la castaña, más no necesito decir nada más para darse entender.
No era un secreto para absolutamente nadie, ni siquiera los profesores, que la menor de los Weasley había estado profundamente enamorada del niño-que-vivio desde incluso antes de iniciar sus estudios en el castillo, y cuando se habían hecho novios, la pelirroja había sido la chica más alegre de todo el lugar, siempre cargando una sonrisa y haciendo bromas que harían orgullosos a los gemelos.
Y cuando Harry había terminado con ella para mantenerla a salvo….aquellos habían sido tiempos oscuros para la pecosa, raramente sonreía y cuando lo hacía su sonrisa no alcanzaba sus ojos. Así que realmente todos estaban alegre de que la pareja estuviera junta de nuevo. Claro que nadie sabía cómo estaban la cosa realmente entre los dos. Sólo Hermione y Ron.
La verdad es que la gryffindor temía por el corazón de la pecosa, quien se había convertido en una de sus mejores amigas. No es que pensara mal de Harry, pero no dudaba que el asunto terminaría en una pelirroja con el corazón roto. Y lo peor de todo es que ella no podría ponerse en el lado de nadie. Harry había hecho todo en su poder para hacer feliz a la bruja y Ginny había entregado su cuerpo y alma al chico.
Pero por como iban los asuntos entre ellos, es sólo cuestión de tiempo para que algo malo pase. Y realmente esperaba que no fuera justamente en esa salida a Hogsmeade.
—¿Ustedes irán? – preguntó la castaña recordando que la última vez que había hablado con la rubia, le había dicho que no iría. Vio como la morena miró por el rabillo del ojo a Lavender, para luego suspirar con nostalgia.
—No, nos quedaremos acá – al ver como la gryffindor se disponía a refutar, objetó – tenemos mucha tarea atrasada.
La castaña lo dejó pasar, ajena a la mirada de gratitud que le daba una rubia a una morena.
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—Vamos Hermione – apuraba una pelirroja a su mejor amiga, quien caminaba tranquilamente tras de ella. Hermione a diferencia de la pecosa, si se estaba tomando su tiempo en detallar Hogsmeade, de todos los lugares afectados por la Guerra, ese había sido el peor. Recordaba como prácticamente todas las tiendas habían sido abandonadas incluso antes de la Batalla, ya sea porque muchos dueños, como Olivander, habían sido capturados por los mortífagos, o porque temían por su seguridad. Había escuchado que luego de la Guerra, prácticamente todos Hogsmeade había quedado reducido a escombros, con excepción de algunas tiendas como la de los gemelos y las Tres Escobas. Pero desafortunadamente otros no habían corrido con la misma suerte, Madam Tudipié, la Casa de las Plumas, la tienda de Bromas de Zonko….muchos destrozos. Así que el pasearse una vez más por esas calles y ver como aparentemente todo había vuelto a la normalidad, era un gran alivio para la castaña.
—Hogsmeade no se va a ir a ningún lado – refunfuñó la castaña como por tercera vez en el día. Su amiga apenas le había dado tiempo de arreglarse ligeramente antes de sacarla prácticamente a rastras de la Sala Común. Luego le había hecho prácticamente trotar hasta llegar a Hogsmeade y lo peor, no paraba de seguir apurándola. Así que, sí, la castaña estaba comenzando a cabrearse.
Entendía la emoción de su amiga, ella también quería ver a sus amigos, y por qué no, distraerse un poco de sus estudios, pero no por eso la veían como loca corriendo por el pueblo.
—¿Dónde es que nos encontraríamos con los chicos? – preguntó entonces la pelirroja y Hermione bufó. Luego de todo el apuro, es que se le ocurría preocuparse por aquello.
—Mi pequeña amiga, no se qué harías sin mí – se limitó a decir la castaña emprendiendo la marcha hacia la Cabeza de Puerco. Habían establecido aquel como su lugar de encuentro ya que desde que conocieron a Abeforth habían entablado algo parecido a una amistad con el hombre, además con un poco de persuasión de la castaña, el hermano de Dumbledore había re-decorado el lugar haciéndolo algo más acogedor y menos terrorífico que antes.
La pelirroja se limitó a rodar los ojos molesta por el apodo de "pequeña" y siguió a la mayor.
—¿Las puedo ayudar en algo? – les preguntó recién entraron a la taberna, un brujo de aproximadamente unos 20 años. Aquello había sido también idea de la castaña. Tener algo de personal que ayudara con el lugar nunca estaba de más.
—Buscábamos a Harry Potter y Ron Weasley – contestó la pecosa haciendo que el hombre abriera los ojos como platos y asintiera apresuradamente, de seguro sintiéndose cohibido ante la mera mención de los chicos que ayudaron a salvar al mundo mágico, como ahora eran catalogados.
—Síganme – pidió el hombre mientras se dirigía al fondo del lugar, donde se divisaban una cabellera pelirroja y una azabache, aparentemente muy absorbidos en una conversación. La castaña musitó un "gracias" antes de echar a correr hacia los chicos, quien sorprendidos apenas tuvieron tiempo de atraparla cuando se lanzó a ellos.
—Wow, si que nos extrañaste – se burló el niño-que-vivio ganándose un golpe en el hombre.
—Y eso que nos vio hace una semana – le siguió la corriente Ron ganándose su respectivo golpe.
—Oh, cállense los dos – se limitó a decir la chica con voz entre cortada.
Eran pequeños momentos como esos los que le hacían sentir que todo estaba de vuelta a la normalidad, que no había tensión e incomodidad entre Ron y ella, ni entre Ginny y Harry. Que Fred no murió y por lo tanto, la familia Weasley estaba junta y no desmoronándose como ahora. Que Tonks y Remus no murieron dejando a Harry a cargo de un bebe, que Sirius jamás cayó en ese velo dejando a Harry sin su último familiar viviente. Que estaban de vuelta a como eran antes, a ser el Trío Dorado, indestructible, impenetrable, inquebrantable.
—Sin lágrimas Mione – le pidió el pecoso mientras ella se separaba de ambos viendo como el chico de gafas besaba la mejilla de la pelirroja a modo de saludo, quien sonreía dulcemente ante el gesto.
Escucharon un ligero carraspeó de garganta y se dieron la vuelta para encontrarse con el amable hombre que las había recibido antes. Lucía bastante incómodo y arrepentido de haber interrumpido el momento y Hermione no pudo evitar sentirse mal por él. No entendía porque la gente se tomaba tan en serio eso de adorar a los salvadores del mundo mágico y sentirse inferiores a ellos. Pero lo hacían.
Merlín sabía cuántas personas a lo largo de los días se le habían acercado pidiéndole una foto, un autógrafo, un consejo. Incluso le habían mandado regalos. Algo que le hacía sentir ofendida, a diferencia de Ronald quien se sentía como en el quinto cielo, después de todo su sueño siempre había sido ser aceptado y reconocido.
—¿Qué desean tomar? – preguntó cohibido el hombre moreno
—Me gustaría una limonada, por favor – pidió amablemente la castaña y notó como el moreno se sonrojaba. Le recordaba a Neville en tantos aspectos.
—A mí un whiskie de fuego – dijo Ron
—A mi igual – sonrío el niño-que-vivio.
—Yo quiero agua – con eso el hombre se retiró.
—¿No hay un abrazo para tu hermano favorito? – rompió el silencio el pelirrojo ganándose un bufido de la pelirroja, quien se acercó y le dio un golpe en la nuca antes de abrazarlo.
—Sabes que no eres mi hermano favorito – dijo juguetonamente la pecosa y enseguida comenzó una discusión entre los dos hermanos Weasley sobre quién era el mejor, escuchaba a la chica decir "Charlie" y a Ron decir cosas como "él no salvó al mundo mágico".
La castaña observaba la escena divertida. Si había algo que realmente extrañaba de la Madriguera, aparte de la compañía de todos los hermanos, la buena comida y la actitud maternal de Molly, era las disputas entre ese par. Desde que los vio juntos por primera vez, siempre actuaron así, picándose uno al otro, haciendo comentarios sarcásticos, molestándose y burlándose, cosa que muchas veces tendía a terminar en pelea. Pero de todas formas, Hermione sabía que muy en el fondo Ron si era el hermano preferido de Ginevra.
—¿Crees que paren pronto? – escuchó que el azabache a su lado le preguntaba y la chica soltó una breve risita negando con la cabeza.
—¿Cómo has estado Harry? - se limitó a preguntar la gryffindor tomando asiento al lado del chico.
—Bien Hermi – al ver la mirada condescendiente que le brindaba la chica, suspiró – lo siento, a veces se me olvida que mi mejor amiga resulta ser la bruja más inteligente de la generación – bromeó haciendo sonrojar a la castaña, a quien nunca le había gustado ser llamada así. Claro, la hacía sentirse alagada, pero con el paso del tiempo, el halago se había convertido en incomodidad y frustración. Tener ese título implicaba tener que esforzarse el doble para poder cumplir con las expectativas de los demás, y sólo ella sabía lo tedioso que eso era. – Estoy bien, en serio. He estado mejor – admitió con una pequeña sonrisa culpable – pero no vine hasta acá para hablar de mí, mi vida, por primera vez, en estos momentos es bastante aburrida, tú en cambio estás en Hogwarts, algo tiene que estar pasando.
La castaña rodó los ojos frustrada. Su amigo siempre le hacía eso, irse por las ramas y cambiar el tema. Lo dejó pasar ya que tenía muchas cosas de las que hablar con él y sabía que sería una pérdida de tiempo presionarlo.
—No creas que podrás mantenerme en la oscuridad por siempre Potter – advirtió la chica ganándose una sonrisa culpable por parte del azabache – en fin…¿te llegó mi última carta? – preguntó recordando que no había recibido respuesta alguna, a no ser claro, que el insufrible, insoportable, irritable y amargado hurón haya decidido mentirle y ocultarle la carta, lo cual realmente dudaba. Sabía que Malfoy era muchas cosas, pero no infantil.
—Oh si, la leí, disculpa por no responderte, pero pensé que ya que nos veríamos pronto sería mejor hablar de ello en persona – la castaña asintió sintiéndose algo aliviada de que sus sospechas sobre el slytherin no fueran ciertas – pero antes … ¿la lechuza de Malfoy? – preguntón con cierto tono burlón en la voz mientras sonreía de lado.
Una sonrisa muy…Malfoy, para alguien como él.
La castaña se mordió la lengua para no cuestionarle sobre cómo sabía que esa era la lechuza de Malfoy. Obviamente por las cartas que habían compartido, cartas sobre las cuales tenían que hablar.
Antes de poder mencionar nada se vio interrumpida por los hermanos que habían decidido dejar de discutir para unirse a la conversación.
—Y bien…Mione, cuéntanos qué ha pasado en Hogwarts….¿algún troll aterrorizando a una niñita de primero? ¿algún perro de tres cabezas protegiendo un objeto mágico que te mantiene vivo por todo el tiempo que quieras? ¿profecías? ¿McGonagall bailando en ropa interior? – ante eso, los cuatros se sacudieron perturbados ante las imágenes mentales – olvídalo, si lo último ocurrió prefiero no saberlo – dijo ganándose un golpe por parte de su hermana que se carcajeaba de las ocurrencias del chico.
—No, nada de nada – dijo con pesar – hay veces que me sorprendo a mí misma deseando que algo como eso pase – confeso haciendo que sus dos amigos sonrieran burlones.
—Hemos influido en ella, querido Harry – dijo el pelirrojo limpiándose una lágrima falsa.
—Oh querido, que orgulloso estoy de nuestra hija – le siguió la corriente el azabache haciendo que las dos chicas rodaran los ojos entre risas.
Oh vaya, como extrañaba a ese par.
—Ya cállense o no les cuento la mejor parte – intervino la pelirroja ganándose la atención de los dos chicos, quienes estaban auténticamente deseosos de información jugosa y la castaña qué se preguntaba de qué demonios hablaba su amiga. – Bien – asintió satisfecha la pelirroja – Hay una nueva alumna en el castillo – enseguida las expresiones de los chicos cayeron.
—Oh vaya, que novedad Gin – se burló el pelirrojo mientras tomaba un sorbo de whiskie que le acababan de dar.
—No me refiero a una de primero, idiota, me refiero a una alumna en nuestro año – ante eso los dos fruncieron el ceño confundidos. No era nada normal que de la nada entrara una chica nueva y menos en un año tan avanzado como el último.
—¿Por qué motivos la dejaron entrar al último año? – preguntó Harry y la castaña tuvo que admitir que aquella pregunta le había rondado varias veces por su cabeza.
—Más importante ¿quién es? ¿cómo se llama? ¿en qué casa quedó sorteada? ¿con quién se junta? – arrojó el pelirrojo haciendo que la pelirroja se carcajeara.
—Por Merlín Ron, pareces más una chica que yo – ante eso el pecoso se sonrojo mientras sus amigos se reían de él – bueno, se llama Meredith Fill, no se porque la dejaron entrar tan tarde, quedó en Gryffindor y la verdad…no creo que se junte con nadie – admitió y ante eso los dos chicos fruncieron aún más el ceño.
—¿Cómo que no se junta con nadie? – preguntó su hermano, más ella sólo se encogió de hombros.
—¿Por qué se me hace familiar el nombre? – musitó Harry luego de unos segundos de silencio.
—¿Le conoces? – saltó auténticamente curiosa la pelirroja, más su novio negó.
—No lo creo, no conozco a nadie de nuestra edad fuera de Hogwarts – fue todo lo que dijo y los cuatro se sumergieron en un largo, y algo incómodo silencio mientras terminaban sus bebidas.
La castaña trataba de evadir las obvias miradas que le lanzaba su pelirrojo amigo, mientras notaba por el rabillo del ojo como sus otros dos amigos parecían entablar una conversación con la mirada.
De repente, el niño-que-vivió se levantó apresuradamente de la mesa y musitando un breve "ya vuelvo" salió disparado de la taberna, dejando a sus amigos mirando confundidos tras de él.
—¿Qué fue eso? – vociferó sus pensamientos la chica, pero los hermanos se encogieron de hombros envolviéndose en una conversación sobre Quidditch, dejándola sumergirse en sus pensamientos.
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—Malfoy – escuchó que lo llamaban interrumpiendo la conversación muy interesante (nótese el sarcasmo) que sus amigos estaban teniendo, sobre los chismes del castillo.
Se dio la vuelta para toparse con Harry Potter, el niño-que-vivió viéndose algo agitado, al parecer había corrido todo el camino.
—Potter – saludó el rubio ajena a las curiosidad miradas que se ganaba, no sólo de sus amigos, sino de todo aquel que pasara por ahí. No todos los días uno veía al salvador del mundo mágico haciendo migas con un mortífago.
—¿Podemos…hablar? – preguntó el azabache incómodo con las miradas de los otros tres slytherin presentes. No tenía nada en contra de ellos, realmente nunca había cruzado su camino con el de alguno de ellos, y aparte de alguna ocasional broma a sus expensas, los chicos no le habían hecho nada. Bueno, quizá Parkinson si, pero había decidido dejar eso en el pasado, así como había hecho con el rubio.
El rubio asintió y sin decir otra palabra emprendió marcha hacia las Tres Escobas, donde esperaba tener un poco de privacidad.
Mientras tanto, tres slytherin miraban la escena pasmados. La chica preguntándose si realmente estaba viendo bien o sólo había sido una visión y no su mejor amigo siendo educado con su archi-enemigo, un moreno que se preguntaba si no se había tomado alucinógenos esa mañana, ya que esa sería la única explicación razonable, y un castaño quien comenzaba a preguntarse qué se traían esos dos entre manos, para él no era una gran sorpresa el trato entre los dos magos, ya que sólo él sabía sobre la correspondencia que habían intercambiado éstos, pero igualmente aquello no le quitaba la curiosidad.
—¿Estoy soñando?
—¿Quién me drogó? – dijeron al mismo tiempo Pansy y Blaise causando que el castaño se carcajeara divertido.
A veces sus amigos eran demasiado parecidos para su propio bien. Recordaba cuando habían probado el asunto de las citas.
Había sucedido a principios de quinto. Pansy se sentía sola, Blaise necesitaba una nueva novia…así que habían hecho como una clase de pacto, insólito si le preguntaran.
Al principio parecía que la cosa si iba a funcionar, su amigo se portaba atento con la morena, la chica parecía estar enamorándose. Hasta que un día ya no. Nunca supo realmente que pasó, sólo podía suponer que se habían dado cuenta que salir con el otro era como salir con un espejo, ya que esos dos parecían un vivo reflejo del otro. Eran tan similares que asustaban, de verdad.
—Vamos chicos – se limitó a decir el castaño empujando a sus amigos hacia el camino contrario por donde se habían ido Draco y Potter.
Debí haber dicho algo, lo que sea – pensaba nerviosa Pansy mientras seguía ausentemente a sus amigos hacia Honeydukes.
Llevaba ya varios días dándole vuelta a su nueva relación con el miembro femenino del Trío Dorado, y siendo brutalmente sincera, realmente le agradaba la chica. Al principio se le había acercado ya que parecía ser la única que no parecía haberse tragado una granjea de vomito cuando se le acercaba. Luego había descubierto que le fascinaba su intelecto, y luego se había encontrado a si misma disfrutando de su compañía. Lo que la llevaba a pensar, si Granger era así, probablemente sus otros dos amigos también lo fueran. Y temía nunca saberlo por sus errores del pasado.
Sabía que había actuado mal todos esos años llamándoles por diferentes sobre-nombres humillantes, pero sabía que la cereza del pastel había sido su cobardía en medio de la Guerra. Haber querido entregar a Potter al Señor Oscuro…nunca se perdonaría por aquello.
Merlín los ayudara a todos si lo hubiese hecho.
Y su oportunidad para redimirse había pasado frente a sus narices en un abrir y cerrar de ojos, y la muy tonta la había dejado pasar. Se había propuesto disculparse y sincerarse con el niño-que-vivio y su pelirrojo amigo a la primera que los viera. Y se había quedado callada como cobarde.
Supongo que le escribiré una carta – culminó la chica mentalmente.
Una vez en Honeydukes cualquier pensamiento sobre niños-que-vivieron, comadrejas y Señores Oscuros se esfumaron de su mente. ¿Potter quién?.
No muchos sabían eso, pero la princesa de slytherin se transportaba a otro mundo, otro cielo, cuando se encontraba rodeada de dulces. Era adicta al azúcar, como sus amigos bien le habían hecho saber un día que compró una bolsa de cada dulce existente en la tienda. No podía evitarlo, tampoco es que quisiera.
Blaise solía bromear y decirle que terminaría hecha una vaca si seguía comiendo dulce como lo hacía, y la verdad no estaba lejos, esas vacaciones había aumentado algo de kilos, nada muy notable, pero aún así suficiente como para que sus viejas faldas no le entraran. Eso tampoco le importaba. ¿Estar delgada o comer dulce?. No tenía que pensarlo dos veces para saber su respuesta.
Dulces.
Sus amigos miraban entretenidos como la chica agarraba granjeas, ranas de chocolates, plumas de colores, paletas ácidas y cualquier otro dulce que se le cruzara por en frente. Cuando se trataba de caramelos, su morena amiga se convertía en una niña pequeña.
—Theo – le susurró el italiano al castaño, quien desvío la mirada de su amiga y se enfocó en Blaise.
—¿Mhm? – respondió.
—¿De qué crees que estén hablando Draco y Potter?
—¿De hipogrifos asesinos y granjeas sabor a estiércol? – dijo encogiéndose de hombros – realmente no lo se Blaise, Draco está lleno de secretos – admitió con algo de tristeza.
Parte de él realmente le gustaría que el rubio confiara en ellos y les hablara con la verdad, que dijera cualquier cosa que quisiera, que sacara de su pecho todo aquello que le perturbaba, que les contara cosas como antes. Pero sabía que no tenía ningún derecho en reclamarle nada a su amigo, no cuando él tenía unos cuantos secretos bien guardados.
Como la carta que le había dado a Granger.
—¿No es esa Lovegood? – escuchó que preguntaba su moreno amigo y efectivamente, en el fondo de la tienda, una cabellera rubia se paseaba de un lado a otro, al parecer buscando algo entre los estantes.
Quizá alguna de esas criaturas imaginarias suyas – pensó con sarcasmo el castaño.
La verdad es que no paraba de asombrarle cuan excéntrica y extraña era esa chica. No por nada la llamaban lunática. Aunque realmente él no la veía así. Para Theo, la Ravenclaw era simplemente una chica con imaginación, demasiada imaginación para el bien de cualquiera. Pero no loca.
Sabía que a pesar de su apariencia despistada y su aire de distraída, la chica era realmente perspicaz y observadora. Lo sabía por experiencia propia.
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Había salido del Gran Comedor a tomar algo de aire. O a escapar de su pareja, realmente no podría decir. Aquella chica de Ravenclaw era un total dolor en el trasero, no sabía porque había accedido a ir con ella en primer lugar. Bueno, quizá sí, la chica tenía un cuerpo de los mil infiernos. Pero todo eso se iba a la borda cuando la chica abría la boca.
Que Salazar lo ayudara, pero ¿no se suponía que la gente quedaba en Ravenclaw por ser inteligentes?. Uno esperaría que hablara de cosas de estudios o temas similares, no que comenzara a hablar y hablar sobre banalidades como el color de las uñas de sus amigas, el vestido de otras, los chismes de noviazgos, y oh, el horror, cuando mencionó la boda de sus sueños, mientras batía incesantemente sus pestañas.
Primero encontraría una manera de mandarse un "avada" el mismo, antes que casarse con ella.
Así que en esos momentos se encontraba en los Jardines mirando las estrellas y refunfuñando por lo bajo sobre su mala suerte de elecciones, cuando divisó una rubia cabellera alejándose por los pasillos. Frunció el ceño reconociendo que la chica iba en uniforme, lo que significaba que no era mayor de cuarto y por lo tanto no estaba invitada al baile.
¿Qué demonios hacía una mocosa fuera de su sala a esas horas de la noche?.
Viendo que sus opciones eran, averiguar qué hacía aquella rubia o regresar con su pareja de baile, decidió seguir a la chica. Total, nada podía ser peor que escuchar a su pareja hablar una vez más. Merlín sabía lo cerca que estaba de callarla con un hechizo.
—Hey – le gritó a la rubia esperando que se detuviera, pero la chica siguió andando como si no hubiese escuchado nada. El castaño frunció el ceño notando el andar de la chica. No caminaba o arrastraba los pies como alguien normal haría, más bien parecía ir dando saltitos de vez en cuando, como si…flotara. Lo cual sólo lo puso de peor humor.
Bien, que aquella chiquilla viviera despreocupada de la vida, total, no tenía que preocuparse por sus padres mortífagos o por parejas para estúpidos bailes.
—¡Hey! – repitió esta vez más cerca de la chica, quien parecía haber aminorado la marcha y miraba las paredes con interés, como si le fueran a revelar el mapa del tesoro más grande del mundo.
—Shh – dijo la chica sin apartar su mirada de las paredes.
El rubio cerró sus manos en puños y tensó su mandíbula. ¿Cómo se atrevía aquella chiquilla, de Ravenclaw, al parecer, a mandarle a callar?.
—¿Cómo te atr…-la rubia le interrumpió.
— Si haces mucho ruido despertarás a los Nargles – explicó y el castaño parpadeó repetidas veces preguntándose qué demonio eran los Nargles.
—¿De qué demonios hablas niña? – exigió el slytherin quien comenzaba a creer que los de la casa Ravenclaw se habían aliado para hacerle la vida imposible.
—Los Nargles, son criaturas que suelen pasearse por el castillo, toman tus posesiones más preciadas y las esconden por ti – dijo con sus ojos bien abiertos y el castaño alzó una ceja preguntándose si aquella rubia estaba delirando.
—De ti – corrigió y la rubia le miró sin entender – dijiste que las esconden por ti, la frase exacta sería de ti, no por ti – explicó.
—No, lo dije bien – sacudió la cabeza la Ravenclaw y el castaño gruñó frustrado preguntándose por qué demonios perdía el tiempo en corregir a esa niña tonta.
—¿Por qué alguien en sus sanas facultades mentales querría que le escondieran sus posesiones más preciadas? – cuestionó burlón.
—No necesariamente tienen que quererlo, simplemente lo necesitan. Uno tiene que saber lo que significa que te arrebaten ese algo para entender cuánto influye en tu vida – justo cuando el castaño comenzaba a creer que la rubia no estaba tan loca después de todo, la chica se alejó distraídamente musitando – oh, un Nargle.
—Hey – volvió a llamarle comenzando a sentirse como un tonto - ¿qué se supone que haces a fuera de tu dormitorio a estas horas? – cuestionó con tono autoritario.
—¿No te dije? Buscaba Nargles – dijo la chica mirando rápidamente a su alrededor.
Aparentemente los fulanos nargles se le habían escapado.
—Si – dijo tras una pausa – pero se supone que todos los menores de edad tienen que estar en sus casas, durmiendo – recalcó.
—Oh…cierto – parecía haberlo olvidado realmente, por lo que el slytherin lo dejó pasar. – Bueno, iré a mi dormitorio, suerte Theodore con Mandy.
Y con eso se alejó del castaño, camino a su Sala Común, dejando tras de si a dicho slytherin bastante confundido.
¿Cómo demonios sabía su nombre? ¿Cómo sabía quién era su cita? Y por Merlín ¿cuál era su nombre?.
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Aquella había sido la única vez que había cruzado más que unas cuantas palabras con la rubia, obviando las veces en clases que tenían que hacer algún proyecto juntos.
Luego de aquella conversación, había decidido irse a dormir también, no sin antes, como el caballero que era, despedirse de su cita, quien había chillando tal cual un banshee.
Había pasado meses antes de que supiera el nombre de la chica, de hecho se enteró el primer día de su quinto año. Había escuchado a unos chicos de su casa hablar sobre la loca de Luna Lovegood, quien se la pasaba hablando de Nargles, thestral y otro montón de criaturas que no existían, enseguida había sabido que se trataba de aquella excéntrica chica.
La verdad era que el slytherin se encontraba auténticamente fascinado con ella, no de un modo romántico, si no del modo curioso. La veía como Granger vería un libro de la Sección Prohibida, algo interesante, pero fuera de sus límites.
No se quejaría si se le daba otra oportunidad de hablar con aquella chica y de saber más sobre esas supuestas criaturas de las que tanto hablaba.
—Tierra llamando a Theo – dijo su amigo italiano sacudiendo las manos en frente de la cara del castaño.
—¿Qué?
—Te decía, mi querido amigo, que al parecer Lovegood está trabajando acá
Ante eso, el castaño volvió a enfocar su atención en la chica, quien había dejado atrás su escrutinio de los estantes y ahora se encontraba charlando con un estudiante, que parecía ser de cuarto, indicándole algunos dulces y hablándole sobre ellos. Efectivamente lucía como si trabajara allí, pero podía ser sólo una coincidencia.
—Quizá sólo conoce bien el lugar y está ayudando – se encogió de hombros el slytherin, más el moreno chasqueó la lengua.
—No lo creo, conociendo a Lovegood estaría musitando sobre criaturas raras por todos lados y no hablando de algo tan…mundano como unos dulces – al ver como su amigo lucía confundido, dijo - ¿por qué no lo comprobamos y ya? – antes de que el castaño tuviera tiempo de refutar, el italiano se acercó a la rubia, quien había divisado al par de slytherin mirándola desde hace un rato.
—Zabini ¿en qué te puedo ayudar?
—¿Trabajas acá? – directo al grano. Como siempre.
—Si – dijo la rubia, para luego atender a una pequeña pelirroja que miraba curiosa el lugar.
—¿Ves? Te lo dije – dijo el moreno acercándose nuevamente a donde estaba el castaño, quien había observado la escena algo divertido. Su amigo era demasiado directo para el bien de nadie.
—Zabini, no me dijiste si te podía ayudar en algo – dijo la Ravenclaw acercándose al par de serpientes – Nott – saludó con un pequeño asentimiento de cabeza, el cual el chico devolvió cortésmente.
—Oh nada, mi querida Looney, sólo quería saber si estabas trabajando acá – se encogió de hombros el italiano.
"Mi querida Looney". Había empezado a llamarla así en su sexto año. Recordaba como la profesora Sprout había decidido que sería una gran idea hacer compartir, no sólo a otras casas, si no también a chicos de otras edades en otras casas. Lo que había resultado en los slytherin de sexto año compartiendo clases con los Ravenclaw de quinto año. La profesora había armado grupos de tres a lo largo de la clase, resultando Luna, Theo y el moreno en un mismo equipo. La chica, a diferencia de otras a su alrededor, no se mostraba cohibida o temerosa al estar compartiendo con chicos mayores que ella y de la casa de Salazar, lo cual había hecho que el moreno se interesara lo suficiente en ella como para darle un apodo. Los tres habían congeniado considerablemente bien y habían llevado la fiesta en paz, no como otros equipos quienes habían terminado en caos y desastre.
A pesar de lo que llegar a parecer, no es como si los tres hubiesen formado una amistad envidiable. Realmente sólo se saludaban cordialmente y eso era todo. Pero era un gran ítem, siendo ellos quienes eran.
—¿Por qué decidiste trabajar acá? – se aventuró a preguntar Theo y enseguida la rubia sonrío con nostalgia.
—Oh, es que mi papá ya no maneja más El Quisquilloso, ya que con la caída de Voldemort y el arresto de todos los mortífagos, ya nadie se interesa mucho en los periódicos, y las ventas habían caído mucho, así que papá decidió buscar un nuevo empleo, y hasta que no consiga uno, necesita ayuda. Y me gusta este lugar, está repleto de Nargles – dijo con su típico tono soñador dejando a los dos chicos pasmados.
La verdad era que jamás habían pensado en la situación económica de otros, aparte de las suyas propias, incluso ni en eso habían pensado mucho, teniendo toda la cantidad de dinero que tenían, quedaba mucho tiempo antes de que se acabara, si es que lo hacía. Así que escuchar a otra persona hablar sobre lo mal que pintaba el cuadro para ella, les hacía re-plantearse otra vez todo lo que sabían o creían.
El italiano se sentía realmente mal por la chica, a pesar de estar medio chiflada, le parecía buena persona y no creía que mereciera estar en esa situación, y Theo se mordía la lengua para no ofrecerle dinero temiendo que se sintiera ofendida.
—Espero que la situación se solucione pronto – fue todo lo que dijo viendo acercarse a su mejor amiga, quien cargaba alegremente unas cinco bolsas de dulces recién comprados.
—Oh, Lovegood – saludó notando a la rubia, quien devolvió el saludo distraídamente mirando las paredes, de una manera bastante familiar para el castaño. –Eh, chicos ¿nos vamos? – preguntó y enseguida los tres salieron de la tienda, dedicándole un breve "adiós" a la rubia Ravenclaw. —¿Qué fue todo eso?- preguntó una vez estuvieron fuera de la vista y oídos de la chica, y enseguida el italiano le contó todo lo que había dicho Lovegood, mientras un cierto castaño, miraba distraído la tienda de dulces, preguntándose por milésima vez, qué era lo que hacía a esa chica tan interesante.
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Una vez sentados en la mesa más al fondo de las Tres Escobas y con sus cervezas de mantequilla en mano, un chico cabello azabache y uno rubio se encontraban sumergidos en una conversación, increíblemente, civil y cordial.
—¿Qué era eso que me tenías que pedir Malfoy? – preguntó el pelinegro.
—Granger, de alguna u otra manera descubrió que hemos estado…hablando y anda metiendo sus narices donde nadie la llama, como siempre – murmuró eso último bajo su aliento – logré apaciguar un poco su monstruosa curiosidad diciéndole que el contenido de las cartas no eran nada parecido a su incumbencia pero si tanto necesitaba saber, me habías escrito para que hiciera de intermediario entre mi madre y tú, y también para amenazarme con tratar bien a la gryffindor, portándote todo en plan de hermano mayor.
—¿Y de verdad crees que se comió esa mentira? – cuestionó el niño-que-vivio alzando una ceja.
—No sería Granger si lo hubiese hecho, por supuesto que no, Potter. Pero fue la única manera de que dejara de indagar, de todos modos, estoy bastante seguro de que en algún momento te hablará sobre ello, así que espero que guardes en secreto el verdadero contenido de esas cartas – advirtió siseante, más a oídos del azabache aquello había sonado más a una petición.
—Por supuesto Malfoy, no soy quien para meterme en medio de sus asuntos – se encogió de hombros el pelinegro —Por cierto…¿cómo sigue tu mamá? – cambió de tema el chico. La verdad es que si le había pedido al rubio ser algo parecido a su intermediario, realmente no había tenido contacto con la matriarca de los Malfoy, pero planeaba en hacerlo. En Diciembre.
Unos días atrás había decidido que si Draco no quería darle una oportunidad a su primo segundo, quizá Narcissa si quisiera. Y de no ser así, no importaba. De todos modos se presentaría ante la mujer, expondría sus argumentos, esperaría los resultados y luego se marcharía
—Está bien, creo. Sigue algo decaída por el arresto de mi padre, pero creo que día tras día va mejorando, creo que en su mayor parte gracias a la cantidad impresionante de tiempo que pasa re-decorando la casa – dijo eso último rodando los ojos.
La verdad es que su madre había tornado aquello de decorar como un molesto habito suyo, y cada vez que se sentía enojada, frustrada, triste o confundida por algo, decoraba. Había visto tantos colores en los muebles, que no dudaba que la próxima vez que lo viera estuvieran de arco iris.
—¿Cómo se está tomando lo de tu regreso a Hogwarts? – años atrás, jamás se hubiese imaginado estar teniendo esa clase de conversación con el niño-que-vivió, pero actualmente los dos se encontraban en una especie de …no amistad, camarería. Así que las preguntas cordiales y las respuestas honestas entraban en el plato.
—No lo sé realmente, espero encontrar algo de tiempo hoy para comunicarme por Floo con ella, realmente no me gusta dejarla sola en la Mansión – se sinceró el rubio y su acompañante no pudo más que darle la razón.
A él tampoco le gustaría que su madre se quedara sola en un lugar con tantos recuerdos, en su mayoría malos.
—Si llegas a hablar con ella, dile que le mando mis saludos – el rubio asintió sabiendo que el chico diría algo como aquello. Honestamente a veces parecía una lechuza, transportando mensajes de su madre a Potter, de Potter a su madre, y así. Pero no se iba a quejar, no si aquello le causaba alguito de felicidad a su madre. —Por cierto – dijo tras un largo rato de silencio - ¿cómo es que Hermione se enteró de lo de las cartas?
El rubio bufó recordando el motivo, o mejor dicho, la persona por quien se había enterado.
—Theodore, un día leyó una de las cartas porque la había descuidado y desde ahí sabe que hemos estado en contacto
—¿Y desde cuándo Nott y Hermione se hablan? – cuestionó curioso el chico. Sabía que su amiga tenía debilidad por Malfoy, pero no pensó que sería por todos los hijos de mortífago en general.
—No sólo se hablan, son amigos – dijo el rubio con rabia contenida. No sabía que le enojaba más, si el hecho de que uno de sus mejores amigos haya traicionado su confianza contándole algo tan secreto como aquello a la chica o que la chica en cuestión fuera capaz tan fácilmente de pasar tiempo de caridad con su amigo y no con él. Como si no estuvieran construidos de la misma tela.
—Por casualidad….¿Estás celoso? – se aventuró a preguntar el gryffindor ganándose una carcajada maliciosa por parte del rubio.
—¿Yo? ¿De Nott? ¿De verdad? Obviamente entre los dos, yo tengo las de ganar
—¿Así que admites que lo sientes como una competencia para ti? – tanteó el terreno el chico, y el rubio rodo los ojos ante la poca sutileza de su ex – enemigo.
—Cállate Potter, ya hemos discutido esto mil veces – dijo con cansancio hundiéndose en su asiento.
—Pues mil y un veces serán – se limitó a decir el gryffindor.
Aquí va nada – pensó el rubio con amargura
Disculpen que este capítulo sea algo más corto que los que suelo subir, pero es que me vi obligada a dividirlo en dos...o tres. Esta es la primera parte de la salida a Hogsmeade, luego subiré lo demás.
Sólo quiero decir que de verdad espero que haya alguien leyendo esto. Porque nunca me dejan reviews y realmente empieza a desanimarme.
Excepto Pauli Jean Malfoy ¡MUCHAS GRACIAS POR TU APOYO!
Se que no hay interacción Draco/Hermione en este capítulo, pero puedes prometerle algo en el próximo. Tenía que darle un poco de protagonismo a otros personajes.
Anyway, espero que les haya gustado.
No estoy segura de poder subir capítulo el próximo mes ya que me tomaré unas pequeñas vacaciones, pero estoy casi segura que ya para febrero volveré a la normalidad.
¡Feliz año nuevo!
