Disclaimer: Los personajes no son míos . Son de la fantástica J.K Rowling .


Love me like you do

— Señorita Fills ¿no piensa ir a Hogsmeade? – le preguntó la directora McGonagall a una gryffindor de aspecto gótico.

La aurora llevaba tiempo sospesando la idea de ir o no a ese lugar, si bien sabía que formaba parte de sus obligaciones ir a donde Malfoy fuera, no lo consideraba como una irresponsabilidad simplemente saltarse la visita. Después de todo y por más extraño que pareciera, confiaba en que el albino se comportaría. Además…el lugar no le traía ningún buen recuerdo.

Pero claro…ya la directora había notado que seguía en el castillo, así que se veía prácticamente obligada a ir para evitar problemas con sus superiores.

Menudo fiasco – pensó con fastidio.

— Directora McGonagall – saludó la pelinegro – si, primero estaba arreglando unos asuntos y luego me dirijo hacia Hogsmeade – mintió y la mayor asintió con los labios firmemente apretados.

La mayor no podía ser engañada tan fácilmente, sabía que a su antigua alumna no le traía buenos recuerdos ese pueblo y se sentía un poco mal por presionarla para que vaya, pero realmente su alumno Malfoy no le causaba buena impresión y tenía miedo de dejarlo sin supervisión.

No es que fuera una de esas personas que guardan rencor…sino que simplemente siempre desconfiaría de quien, para ella, fue el responsable de la muerte de su mentor, amigo y casi padre.

— Meredith, sé que debe ser exhaustivo estar hora tras hora tras el señor Malfoy, y que eso te debe de quitar mucho tiempo, pero me siento obligada a preguntarte si es esa la verdadera razón por la que no has hecho migas con ninguno de tus compañeros

La azabache suspiró derrotada. Vaya que si le tenía respeto a la animaga, pero en esos momentos lo único que verdaderamente deseaba es que la dejara en paz. Ya bastante con obligarla a salir, ahora también quería inmiscuirse en sus asuntos.

Todo sea por no ser acusada con mis superiores – pensó con hastío

— Si, directora McGonagall, además, sin ofender, no volví a este castillo por voluntad propia y mucho menos para hacer nuevas amistades. Con las que tengo es suficiente

"Con las que tengo", véase, ninguna.

La mayor, no contenta con la vaga respuesta, se limitó a asentir y despedirse dejando a la aurora a solas en los pasillos del castillo.

Bueno, querido Draco, aquí vamos – pensó con una pizca de diversión emprendiendo rumbo hacia el pueblo. Realmente lo único que evitaba que la aurora de un día a otro renunciara a su labor era el hecho de que la vida del albino realmente le era interesante.

Ver como minuto tras minuto cambiaba de humor, ver como sus amigos se desesperaban por obtener información de él, ver como miraba con aquel ridículo anhelo a Hermione Granger, nada más y nada menos…todo era realmente entretenido, si alguien le preguntase.

.~.~.~.~.~.~.~

— Oh, el Trío Dorado reunido en Hogsmeade, que conmovedor – dijo un moreno mientras él y sus amigos pasaban por la taberna en la que en esos momentos se encontraban Hermione y dos Weasleys hablando amenamente. Sabían que el Salvador del Mundo Mágico también se encontraba ahí, sólo que, para incertidumbre de los tres, estaba con su amigo albino.

Habían sospesado la idea de ir tras el extraño par, pero desistieron de ello sabiendo que muy probablemente eso sólo enfurecería más a su albino amigo quien parecía estar en un eterno mal humor últimamente…además confiaban en que ambos se comportarían y no se matarían hechizo tras hechizo….o al menos eso esperaban.

— Pansy ¿Qué demonios haces? – el moreno escuchó que Theo le preguntaba a su amiga y se dio cuenta que esta había entrado a la Cabeza de Puerco.

Moreno y castaño cruzaron una fugaz mirada antes de seguir a su amiga que se dirigía directo a la mesa donde los tres gryffindors se encontraban, a hacer Salazar sabe qué.

— Es impresionante…todos esos hechizos que practicábamos en el E.D se quedan tontos al lado de los que hemos estado aprendiendo, lo juro, incluso hay un hechizo para …. – el pelirrojo que contaba tan entusiasta sus aventuras como auror en entrenamiento, se interrumpió abruptamente al ver como tres serpientes viperinas se acercaban a su mesa.

¿Qué demonios hacían esos acá?

Las chicas al ver como el pelirrojo fruncía el ceño y parecía haber tragado una granjea de vómito voltearon y se encontraron cara a cara con Pansy.

— Granger, Weasleys – saludó la pelinegro ganándose dos miradas llenas de confusión y una llena de repulsión.

La castaña se comenzaba a preguntar por la cordura de la Slytherin. ¿Qué pretendía acercándose a donde ellos estaban?. Seguramente no será hacer migas con su pelirrojo amigo, puesto que éste, a diferencia de ella, había dejado bien en claro, cada oportunidad que se le presentaba, lo mucho que despreciaba a cada uno de los mortífagos, así se hayan redimido al final. Y mucho más a Malfoy y Parkinson, el primero por razones obvias y la segunda por su pequeño espectáculo en la Guerra cuando quiso entregar a Harry para salvarse su pellejo.

La Gryffindor realmente no le había dado vueltas a aquello, pero sabía o al menos sospechaba que la Slytherin se sentía mal por haber pretendido entregar a el-niño-que-vivió, después de todo, Hermione no era ajena a las numerosas ocasiones en la que la pelinegro le preguntaba algo sobre sus amigos. Cualquier otra persona podría pensar que era por simple amabilidad o por sacar un tema, pero ella no. Sabía por el tono de voz de la serpiente, que en el fondo quería saber si todavía la odiaban por ello. Y la verdad era que si.

No Hermione, ella había dejado atrás todas esas rencillas…y quizá no Harry, aunque realmente no estaba muy segura de aquello ya que rara vez habían sacado a colación el tema….pero Ron…Ron era otra historia.

Así como la Gryffindor se cuestionaba por la cordura de la pelinegro, también lo hacían sus dos serpientes amigos detrás de ella.

¿Se le ha zafado un tornillo y no nos hemos enterado? – se preguntaban al unísono.

Después de todo, todos sabían cuánto despreciaba el Weasley a los Slytherin….no por nada había apoyado todos los testimonios en sus contras en cada uno de los juicios que tuvieron que afrontar. Tristemente para el pelirrojo, los tres salieron ilesos.

La pelinegro tragó saliva tratando de ignorar la mirada de asco que le lanzaba el pelirrojo, mientras se convencía a si misma que estaba haciendo lo correcto.

— Disculpen que los interrumpa – comenzó rompiendo el incómodo silencio que se había instalado en el ambiente. Al parecer no sólo en esa mesa, sino en la mayoría de las que se encontraban en la taberna.

Jodidos chismosos – pensó viendo como al parecer todos encontraban sumamente interesante esa charla.

— ¿Qué demonios hacen ustedes aquí? – cuestionó el mejor amigo de Hermione con tono iracundo.

Jodidamente fantástico…se tomaba un día libre para salir con sus amigos y las malditas serpientes arruinaban todo.

Sólo eso saben hacer…arruinar – pensó con acritud.

— Vine a … - carraspeó tratando de ignorar el nudo que se comenzaba a formar en su garganta. Mentiría al decir que no se encontraba algo temerosa…no sólo de las horribles palabras que probablemente le diría el Weasley luego que ella hablara, sino por lo que pudiera decirle su nueva-casi-amiga. — Vine a pedir disculpas – al ver como todos la miraban sorprendidos continuó — Por…lo de la Guerra – antes que pudieran interrumpirla se apresuró a continuar — Estuvo mal, no debí haber intentado entregar a Potter…sólo pensaba en mi misma, creía que quizá así todos nos salvaríamos…era una tonta en ese entonces…y lo siento mucho

Ahí está…lo había dicho. Lo había sacado de su sistema.

Decir que una cierta pelirroja y dos Slytherin se encontraban anonadados era una epifanía…se encontraban prácticamente en shock.

Sus amigos porque jamás creyeron que ella sería capaz de pedirle disculpas personalmente a los gryffindors y la pelirroja porque jamás creyó escuchar unas disculpas provenientes de la serpiente. Y se sorprendió a si misma pensando que quizá después de todo no era tan vil como había pensado en un principio.

Después de todo, había pensado lo mismo de los Malfoy y habían resultado ser…bueno, no tan despreciables.

La castaña en cambio sonrío aliviada que la serpiente haya manifestado sus disculpas. Eso demostraba un gran coraje, poco Slytherin de su parte, y le daba más pruebas aún para creer que realmente había cambiado…todos ellos.

Por su parte, el pelirrojo bufó con sorna atrayendo la atención a él.

¿De verdad esa asquerosa intento de persona creía que se iba a tragar sus disculpas? Ni en un millón de años.

— Muy buen intento Parkinson, para la próxima hazlo más creíble – dijo entre dientes y la pelinegro frunció el ceño preguntándose a qué se refería — ¿De verdad creíste que alguno de nosotros nos íbamos a comer ese intento de disculpas? Tu no lo sientes, realmente no estás arrepentida. Querías entregar a Harry en ese momento, y estoy seguro que si se te presentara alguna otra oportunidad, lo volverías a hacer

Las gryffindors miraban la escena preocupadas, eran pocas las veces que habían escuchado a Ron hablar con tanta malicia. A Hermione le recordaba los momentos en los que tenía el guardapelo en su posesión, pero no era así y le preocupaba. Por lo menos con el Horcrux tenía una excusa para comportarse como lo hacía, pero ahora…era puro odio lo que salía de su boca, odio de esos que jamás se van.

— Mira Weasley – intervino el castaño sintiéndose sobreprotector con su amiga. No le gustaba la forma en que el Gryffindor le estaba hablando y la forma en la que la chica se encogía cada vez más con sus palabras.

Muy pocas personas eran las que sabían lo vulnerable y voluble que era la pelinegro. Si, aparentaba ser una chica dura, por el bien de su porte Slytherin, pero por dentro era más vulnerable que, Pansy lo perdonara, muchas Hufflepuff. Y ese era uno de los rasgos que más le gustaba de su amiga. Además, siempre la había considerado como una especie de hermana menor.

— Tú cállate asqueroso mortífago – escupió con odio el pelirrojo para sorpresa de casi todos los presentes.

Generalmente Ron se controlaba un poquito más, pero justo en ese momento parecía estar a punto de estallar

— Ron – trató de intervenir la castaña agarrando su brazo en un vano intento de que su amigo se calmara, pero este simplemente se la sacudió de encima y siguió lanzándole dagas con la mirada a los tres Slytherin frente a ellos.

— No, Hermione, sabes que tengo razón – antes que la chica pudiese refutarle que no era así, ya no más, el pelirrojo continuó — Ustedes tres se merecían Azkaban, sucios mortífagos….pero en especial tú Parkinson, tú eres la peor de las plagas, asqueroso intento de ser humano

La castaña abrió los ojos como platos al escuchar aquellas palabras tan crudas por parte de su mejor amigo y vio con horror como la Slytherin dejaba caer sus hombros y salía, no corriendo, pero si a paso apresurado de la taberna, ajena a los gritos de Zabini quien salió corriendo tras de ella, no sin antes mirar con odio al Gryffindor.

Decir que el ambiente era tenso, era poco. Su amigo se encontraba respirando agitadamente tras haber soltado todas esas palabras a las serpientes y frente a él se encontraba un castaño que, si las miradas pudiesen matar, Hermione temía que su pecoso amigo ya estaría diez mil metros bajo tierra. Vio como el Slytherin apretaba los puños y temió que éste fuera a atacarlo, pero sólo se acercó unos pasos a donde el pelirrojo se encontraba, y le siseo en voz baja y amenazante

— Maldito Weasley, no se quien te crees tú para juzgarnos de esa manera, pero me sabe a mierda, júzgame todo lo que quieras a mi, pero a Pansy…a ella no la vuelvas a insultar así ¿me oíste? – sin esperar respuesta del Gryffindor continuó — Tú no sabes nada por lo que ha pasado, ella no se merece ser tratada como escoria, cuando el único escoria en estos momentos aquí eres tú – habiendo dicho eso último se alejó del lugar no sin antes mirar de reojo a la castaña que en ese momento se encontraba mirándolos a los dos sin saber que decir.

No sabiendo por qué, la Gryffindor se sentía entre la espada y la pared, como si quedarse ahí con sus amigos fuera una traición para los Slytherin, pero así se sentía. Y se sorprendió a si misma al descubrir que no quería aquello.

Con un suspiro se levantó de su asiento y ante la mirada interrogante de sus dos amigos, se limitó a decir.

— Te excediste Ron…jamás te había escuchado hablar así, juro que en ese momento que hablaste, me diste asco Ron….jamás creí eso de ti – ante la mirada de shock del chico, continuó — Y para tu información, no, no coincido contigo. Parkinson quizá no sea una santa de devoción pero no se merecía esas palabras, ella en teoría no hizo nada malo, aparte de tratar de entregar a Harry, y lo hizo por el calor del momento – al ver como el pelirrojo fruncía el caño, aclaró — No la estoy defendiendo porque fue horrible lo que hizo, pero sólo digo…ella no es la peor de todas las personas y ha sido una de las únicas que hasta estos momentos ha tenido la valentía de pedir disculpas, así que…si me disculpas, me iré. Nos veremos algún otro día – con esto último salió de la taberna dejando atrás a dos hermanos, uno iracundo e incrédulo y otra confundida.

— ¿Qué demonios? – se limitó a preguntar el mejor amigo del niño-que-vivió, pero su hermana se encogió de hombros.

— Hermione tiene razón ¿sabes?

.~.~.~.~.~.~.~

— ¿Dónde demonios se metió Pansy? – gruñó el moreno tras haberle dado prácticamente la vuelta entera a Hogsmeade junto con el castaño quien se encontraba en un estado similar de frustración y enojo.

Jodido Weasley y su bocota – pensaba con amargura

Desde que su amiga había salido prácticamente corriendo de la taberna, ambos Slytherin habían salido a buscarla, más ya llevaban casi veinte minutos recorriendo cada rincón del lugar sin éxito alguno.

Bien sabían que había una posibilidad de que la pelinegro se hubiese regresado al castillo, pero lo dudaban. Estaba lo suficientemente lejos como para que ellos la hubiesen podido alcanzar…No, ella tenía que estar escondida en algún lugar cercano.

Ninguno había mediado palabra sobre lo sucedido adentro de aquel lugar, pero ambos sabían que no hacía falta. Los dos conocían a la perfección los sentimientos de su amiga con respecto a ese tema…

.~.~.~.~.~.~.~

— Pans…deja de darle vuelta a eso – insistió por décima vez un castaño que se encontraba recostado en una cama mientras fingía leer un libro que se encontraba sobre su pecho.

— No le estoy dando vueltas a nada – respondió escuetamente su amiga para fastidio del castaño.

— No nos engañas Pans, te conocemos mejor que tú misma – intervino un moreno que se encontraba tirado en el suelo jugando con una snitch.

— Déjadme en paz, no lo entenderían – siseó molesta la pelinegro enviándole a cada uno su mejor mirada envenenada.

— Oh vaya, si, perdón, claro que no lo entendemos – escupió sarcásticamente el castaño. Realmente la actitud de su amiga le estaba empezando a cansar. No le veía sentido a estar todo el día decaída por algo que ya pasó, además, no era como si realmente lo hubiese hecho…

— Theo – advirtió Zabini al presentir como sus dos amigos iban a comenzar una pelea. Y equivocado no estaba.

Últimamente todos estaban de un humor delicado, habían recibido sus cartas de regreso a Hogwarts y estaban ponderando si valía la pena o no regresar a aquel castillo que tan malos recuerdos les traía.

Blaise sabía que si no aceptaba regresar muy probablemente no tendría ninguna oportunidad de esperar un cargo importante en ningún trabajo, demonios, ni siquiera uno decente en un sitio de mala muerte. A diferencia de sus amigos, él no nadaba en dinero…Sí, tenía lo suficiente como para vivir doscientos años sin problema, pero sólo si no despilfarraba. Y Merlín sabía lo mucho que le gustaba despilfarrar. Por ello necesitaba trabajar, además no le atraía la idea de ser un vago por el resto de sus días, que monótona sería su vida.

Y debía ganarse su puesto, no podía valerse de su prestigio, el cual era…inexistente. Desde siempre había sido así, todo gracias a la fama de mujerzuela que tenía su madre, aunque por lo menos antes le respetaban porque le temían, pero ahora nada.

Por su parte Theo quería regresar a Hogwarts para distraer un poco su mente, todo el asunto de la muerte de sus padres lo estaba consumiendo. Además aquella carta que escondía muy bien bajo llave y hechizos de protección, no paraba de atormentarlo, estaba bastante seguro que había algo tras esas palabras de falsa condolencia. A nadie le gustaba su papá, nunca nadie se atrevería ni siquiera a mentir sobre ello, todo el mundo lo detestaba. Así que ¿por qué alguien, sin siquiera firmar quién era, se atrevería a mandar una carta fingiendo estar apenado por su pérdida?

Pansy en cambio…ella sólo quería desconectarse del mundo entero, quizá viajar por todo el mundo, comprar hasta no poder más, acabar toda su fortuna y quizá solo quizá reinventarse a si misma, cambiarse el nombre y vivir en el mundo Muggle donde podría vivir sin los fantasmas de su pasado y quizá casarse con algún hombre bueno y ajeno a todo lo malo que había cometido.

Así que no, no quería volver a Hogwarts y votar todos sus "sueños" a la basura. Aunque la principal razón por la que no quería volver a aquel lugar era por los recuerdos que la atormentaban. Soñaba noche si y noche también sobre aquella fatídica Guerra, más en específico sobre el momento en que quiso entregar a Potter al mismísimo Voldemort…

Sólo Merlín sabía lo muy arrepentida que se encontraba por aquello, menos mal se lo habían impedido, si no, no se encontraría en la casa de Blaise conviviendo con dos de sus tres mejores amigos.

Estos sabían sobre los miedos de la pelinegro ya que cada noche sin falta la chica los despertaba gritando en sueños. Al principio se habían preocupado e incluso le habían dado pociones para dormir, pero tras semanas de lo mismo, lo dejaron ser. Después de todo, cada uno tenía sus propios fantasmas. Y el de Pansy era la culpa.

— ¿Qué insinúas? – le preguntó la chica a su castaño amigo, quien se enderezó un poco en la cama y suspiró.

No quería discutir con ella, pero al parecer siempre terminaban haciéndolo, habían caído como en una especie de rutina donde todos los días peleaban y el italiano tenía que servir de intermediario antes que lanzaran hechizos.

— No eres la única arrepentida o atormentada por alguna acción ¿sabías? – preguntó con sorna y sin esperar la respuesta de su amiga, continuó — Nuestro Blaise aquí presente tiene una caja entera de sus fantasmas, como por ejemplo, las miles de personas que torturó durante nuestro séptimo año, o como por ejemplo cuando delató al Trío Dorado al haberlos dirigirse a la Sala de Menesteres el día de la Batalla Final, razón por la cual Crabbe y Goyle se encontraban allá, razón por la cual Crabbe murió y nuestro querido Malfoy casi lo hace también – el aludido frunció el ceño molesto por haber sido metido en la conversación y por la alusión de sus errores, pero se mantuvo callado esperando el desenlace de aquello — Yo por otro lado, fui el único, aparte de Draco, que tomó la Marca Tenebrosa, y a diferencia de él nadie me obligó, yo solito me ofrecí – recordó con acritud y la pelinegro se encogió en su lugar. No le gustaba que su amigo se recordara eso, era algo que ninguno le gustaba hablar.

— Theo – intervino la pelinegro, pero su amigo no se inmutó.

— No eres la única con fantasmas en su pasado, pero eres la única que no aprende a vivir con ellos. Todos tomamos decisiones de la que no nos sentimos orgullosos ahora, pero tenemos que aprender a vivir con ello. No podemos retroceder el tiempo, y créeme, si se pudiera ya lo habría hecho mucho tiempo atrás – se limitó a decir y después de eso los tres se quedaron en silencio sospesando las palabras de su amigo.

Y en silencio llegaron a una conclusión, irían a Hogwarts.

.~.~.~.~.~.~.~

Desde esas semanas que vivieron juntos los tres Slytherin crearon un nexo inquebrantable, del cual Draco también formaba parte a pesar de no haberse encontrado allí en ese momento.

Por esa razón, no hacía falta decirlo para ellos saber que buscarían a su amiga hasta conseguirla, sin importar que se hiciera de noche y los castigaran por pasarse de la hora.

.~.~.~.~.~.~.~

¿Dónde demonios se habrán metido? – se cuestionaba la castaña Gryffindor mientras recorría las calles de Hogsmeade paseando su mirada por todas las tiendas. Ya llevaba como 5 minutos y no había vislumbrado rastro de ninguno de las tres serpientes que buscaba.

La verdad se sentía terriblemente mal y culpable por el incidente en la Cabeza de Puerco. Si bien Ron era su amigo, la Slytherin comenzaba también a formar parte de esa categoría, y además ella se les había acercado con las mejores intenciones posibles, viniendo de un Slytherin, y Ron la había atacado enseguida.

Le sorprendió lo mucho que la chica parecía afectada por las palabras de su amigo, nunca imaginó a Pansy Parkinson como una chica débil y delicada, pero suponía que se había equivocado….No sería la primera vez cuando se trata de juzgar a los alumnos de la casa de Salazar.

Ron se había extralimitado con sus palabras, si bien ella también había sido algo cruel con su amigo antes de marcharse de la taberna, sentía que tenía que hacerlo para tratar de que el pelirrojo captara su error. Y ella no hizo nada, no intervino, no previno a Ron antes de que causara mayor daño…No, ella se quedó callada como una cobarde.

Tan sumida en sus pensamientos iba, que no se percató de un rubio que salía justamente en ese momento del local por el que ella estaba pasando. Resultando en un choque de cuerpos.

— Auch – gruñó la leona al caer al suelo.

¿Qué acaso la gente no ve por dónde camina? – pensó enojada

— Granger – escuchó una siseante voz bastante familiar y maldijo para sus adentros.

¿De las diez mil personas con las que me pude topar, tiene que ser él, justamente ahorita?

Mentiría si dijera que no se había cuestionado por qué el rubio no había estado con sus tres amigos, más decidió que no le iba a dar vueltas al asunto, no le importaba. Que el albino hiciera lo que quisiera con su vida.

Sí, claro.

Elevó la mirada para encontrarse con los ojos mercurio que la miraban con un deje de burla. Sin embargo antes de poder reprocharle, éste extendió la mano para ayudarla.

La castaña lo vio con desconfianza y tras unos segundos donde el rubio la miraba expectante, decidió tomar su mano y dejar que la ayudara a levantarse. Después de todo había sido su culpa que chocaran.

Ignorando la sensación de deja vu que aquella situación le provocaba, se acomodó su atuendo y se pasó una mano por su cabello en un vano intento de controlar un poco sus indomables rizos y fijó su mirada directamente en Malfoy.

— Deberías tener un poco más de cuidado cuando caminas – siseó el rubio algo entretenido con la mirada de enojo que cargaba la leona.

No sabía si el destino estaba a su favor o en su contra, pero el haberse topado con la Gryffindor le mejoraba el humor considerablemente.

Pero sólo porque le gustaba hacerla enojar, sólo por eso.

Había terminado su pequeña charla con Potter unos minutos atrás, pero se había quedado dando vueltas por el lugar sólo para despejar su mente, ya que como siempre, las conversaciones que tenía con el niño-que-vivió lo dejaban mareado.

— Fue tu culpa que nos chocáramos Malfoy – dijo enojada la Gryffindor.

— Lo que te ayude a dormir por las noches Granger – se burló el Slytherin. Si las miradas pudiesen matar….quizá ya estaría bien muerto.

La castaña se dispuso a ignorar al chico y a seguir por su camino, ya no tan animada en la búsqueda de los Slytherin como antes. Ya había tenido la dosis suficiente de serpientes por un día. Sin embargo el rubio la cogió por el codo sobresaltándolos a los dos. No era muy común en ellos los roces y menos tan seguidos y para qué mentir, les ponían nerviosos.

La chica lo miró interrogante y el Slytherin le soltó el codo de manera inmediata, regañándose así mismo por ese pequeño error.

— ¿Pasa algo Granger? – preguntó ante los ojos confusos de la chica.

Realmente si había sido su culpa que chocaran, la había visto pasar y había decidido que la mejor manera de entablar "conversación" sería un choque aparentemente accidental entre los dos. Sus intenciones en un principio habían sido hacerla molestar lo suficiente como para que quisiera golpearlo, sin embargo al ver la expresión distraída y algo consternada de la Gryffindor, había renunciado a su plan principal.

Nunca lo diría en voz alta, pero le preocupaba verla así.

— No…no, nada, Malfoy – mintió, pero al ver la mirada condescendiente del rubio, decidió decirle la vedad. Después de todo, aquel asunto le debería de interesar a él, más que a ella. Además, quizá el rubio sabría el paradero de Parkinson — Bueno… hubo un pequeño incidente – al ver como el chico alzaba una ceja en señal de confusión, continuó — Estaba con Harry, Ginny y Ron – siguió hablando ajena al enojo que se instaló en los ojos del albino con la sola mención del pelirrojo — Y Parkinson llegó a donde estábamos y comenzó a pedirnos disculpas por haber querido entregar a Harry en la Guerra y todo eso y pues…las cosas se calentaron un poco. Ron dijo algunas cosas hirientes y Parkinson se fue, Nott y Zabini detrás de ella…y quería saber cómo estaba….

— ¿Qué mierdas dijo Weasel? – escupió con enojo el Slytherin formando puños con sus manos. Como odiaba a ese Gryffindor.

— N-nada, sólo unas cosas sin importancia

— Dime Granger – pidió el rubio al darse cuenta que la chica se encontraba nerviosa. Claro indicio de que estaba mintiendo u ocultando información.

— En serio…fueron unas tonterías

— Granger – amenazó Draco masajeándose el puente de su nariz. Estaba comenzando a perder la paciencia y lo menos que quería era pagarla con la castaña en frente de él.

— L-le dijo que se merecía Azkaban, que era la peor de todas las….de todas las plagas y … - se vio incapaz de terminar la oración, sobresaltada al ver como el rubio estampaba su puño contra la pared más cercana.

Abrió los ojos como platos sorprendida por la reacción del Slytherin y por la sangre que comenzaba a correr rápidamente por la mano del chico, quien parecía ajeno a todo eso.

No se esperaba esa reacción por parte de la serpiente. Si, había presenciado como tenía una buena relación con sus amigos, pero jamás supuso que una cosa como esa le afectaría a tal nivel. Y por dentro, una pequeña parte de ella sintió celos. No sabía si por el tipo de amistad que el par traía…aunque lo dudaba, ya que ella y sus amigos eran igual de apegados, o celos del lugar que la pelinegro ocupaba en el corazón del Slytherin.

— Malfoy – dijo conmocionada, tomando la mano del Slytherin entre las suyas, ajena a la mirada sorprendida del chico. La manera en que le agarraba la mano y la posición en la que se encontraban se le hacía muy íntimo. Y no le desagradaba, no le desagradaba para nada.

Ignoró la pequeña punzada de decepción que sintió cuando la leona le soltó la mano y se concentró en el hechizo que ésta se encontraba diciendo para aparentemente curar su mano.

A la mierda su mano, iba a matar al pobretón cuando pudiera y cuando nadie se lo espere.

— Malfoy, quédate quieto – advirtió la chica viendo como los ojos del rubio se oscurecían con asco/odio. Lo menos que quería era que el Slytherin fuera tras su amigo. Todo el mundo sabía que aquello terminaría en lágrimas ….y posiblemente Azkaban.

Una vez curada su mano, pasó sus dedos de manera muy delicada sobre la pequeña cicatriz que le había quedado, pensando en lo suave y extremadamente bien que se sentía tener su mano entre las suyas. Sin embargo lo volvió a soltar de inmediato dándose cuenta de sus acciones.

Por Merlín, este no es el momento ni el lugar – se reprochó a si misma viendo como algunas personas que pasaban por ahí se les quedaba mirando, probablemente pensando cosas que no eran.

El rubio incómodo con el silencio que se había instaurado en el ambiente, carraspeó algo avergonzado.

— Gracias Granger – dijo para sorpresa de la chica.

Wao, había obtenido dos gracias del chico en menos de una semana. Eso si era un milagro.

— De nada – respondió la castaña, pero al ver como el rubio emprendía su camino hacia Merlín sabe dónde, lo siguió. No iba a permitir que se metiera con su colorado amigo. Así se tuviese que poner en el medio de los dos. — ¿Por qué me estás siguiendo? – preguntó el Slytherin sin siquiera voltearse a mirarla.

— Para evitar que cometas una estupidez – se sinceró la chica y Draco tuvo que serenarse para no rodar los ojos ante su actitud tan rígida

— Si te preocupa que le vaya a hacer daño a tu noviecito, quédate tranquila. No pierdo mi tiempo en pobretones – se limitó a decir el Slytherin sin percatarse del ceño fruncido de la castaña.

— No es mi novio – se escuchó diciendo torpemente, más solo obtuvo un brusco encogimiento de hombros por parte de su acompañante quien se encontraba paseando su mirada de un lado a otro tratando de ubicar a su amiga. — Malfoy – llamó la chica pero el aludido no hizo señales de haberla escuchado — Malfoy, detente – le cogió el brazo deteniéndolo ipso facto.

El albino volteó a mirar a la Gryffindor con confusión y enojo al mismo tiempo. De no haber estado tan enfurecido se hubiese percatado que la chica no retiro su agarre sino hasta unos segundos después.

— ¿Qué demonios quieres ahora Granger?

— Que te calmes – al ver que le iba a responder, de seguro con sorna o malicia, se apresuró a continuar — Ya Nott y Zabini fueron tras ella, de seguro están ahorita juntos y no vas a servir de mucha ayuda con ese carácter que traes encima

¿Con ese carácter que traigo encima? ¿Qué se cree? – pensó furioso el rubio.

— Granger, no te metas donde nadie te ha llamado. Estos son mis asuntos, tú no tienes nada que ver con ellos. ¿Por qué no te largas de una buena vez con San Potter y la Comadreja? – escupió con veneno, más enseguida se arrepintió de sus palabras al ver como el semblante de la chica se oscurecía.

Genial Draco, sigue así. Así llegarás muy lejos – le reprocho mentalmente una voz curiosamente muy similar a la de su madre.

— L-Lo siento Granger, no quise decir eso…tienes razón, debo calmarme un poco primero

La Gryffindor lo miró con, nada disimulada, sorpresa ante sus palabras. No había pasado desapercibido para ella lo muy amable y cordial que estaba siendo el chico últimamente y aquello la sacaba de su zona de confort. Estaba acostumbrada a los agrios comentarios y burlas por parte del rubio, y con eso sabía cómo actuar o responder, pero con su amabilidad….

— Está bien – se limitó a decir la chica dispuesta a dar por finalizado el intercambio y dirigirse de vuelta al castillo. Aquel día no había salido como había planeado.

Y ni siquiera había logrado hablar con Harry sobre el contenido de su última carta – pensó con desencanto.

— Granger – le llamó el rubio al ver como la Gryffindor se alejaba - ¿Dónde vas? – preguntó siguiéndole los pasos.

Que Salazar lo ayudara, pero no quería alejarse de la chica. No todavía.

.~.~.~.~.~.~.~

— ¿Buscan algo? – escucharon que les preguntaba una fina voz detrás de ellos y se voltearon para encontrarse cara a cara con Lovegood.

— De hecho si querida Looney ¿no habrás visto por casualidad a Pansy por ahí? – cuestionó el moreno con aquel tono encantador que solía usar con la Ravenclaw. No sabía porque pero aquella chica, a pesar de ser tan excepcionalmente excéntrica, le caía de las mil maravillas.

Además…algo le decía que no sólo a él le pasaba lo mismo – pensó con sorna al ver como su castaño amigo miraba más de la cuenta a la rubia.

— ¿Parkinson? No – dijo para decepción de las serpientes — ¿Se perdió? – al obtener un asentimiento por parte de los chicos, abrió los ojos como platos — Seguro los Nargles la escondieron

La chica lo decía con tanta convicción e inocencia que era prácticamente imposible no creerle.

Prácticamente…ya que todo el mundo sabía que esas criaturas no existían, sino solamente en la cabeza de aquella chica.

— Probablemente – concedió el castaño atrayendo la atención de la Ravenclaw, quien le sonrío amablemente.

La verdad es que, a diferencia de casi todo Hogwarts, a ella le caían bien aquellos Slytherin. No sentía aquel aura oscura cuando estaba con ellos, y en especial con Theodore Nott.

— Si los veo les preguntaré donde la escondieron – les dijo la chica y el italiano tuvo que morderse la lengua para no reírse.

Vale, la chica le caía bien, pero eso no significaba que una u otra vez no le provocara burlarse de ella. Sin embargo evitaba a hacerlo, ya que cada vez que lo hacía, su castaño amigo se enfadaba con él. Sólo Salazar sabría por qué.

— ¿Por qué mejor no nos ayudas a buscarla? – cuestionó el italiano ganándose una mirada sorprendida por parte de Theo — Digo…si ya terminaste de trabajar – al ver que la rubia asentía, sonrío mostrando su perfecta dentadura — Entonces perfecto, ya que tú eres la que mejor conoce a los Nargles esos, tú serás quien guíe el camino – dijo pasándole un brazo por los hombros para asombro de la chica e incredulidad de su amigo.

¿Qué demonios pretendía?

.~.~.~.~.~.~.~

¿Qué demonios había pensado al entrar a ese lugar y pedir disculpas?

¿Que la recibirían con los brazos abiertos? ¿Sonrisas? ¿Halagos? ¿Flores?

Estaba segura que de haber pasado un poco de más tiempo en aquella taberna, el pelirrojo la hubiese hechizado. Nunca había visto tanto odio dirigido hacia ella.

Si…ella no era exactamente lo que se decía, una chica buena ni bondadosa. Había cometido sus errores y estaba poco a poco pagando por ellos. Pero sin embargo jamás nadie la había detestado tanto como estaba segura que el Weasley lo hacía.

No le debería de importar, después de todo, era una Slytherin, una persona dura, sin corazón e indiferente a lo que pensaran los demás…pero no. Sólo Merlín sabía lo mucho que le afectaba todo ese tema.

No sabía que era lo que más le dolía…el odio reflejado en los ojos de Weasley o lo cierto de sus palabras.

Había salido prácticamente corriendo de la Cabeza de Puerco, un acto totalmente anti-slytherin, para que no lograran ver lo mucho que le habían afectado esas palabras, y ahora se encontraba caminando sin rumbo por las calles de Hogsmeade. La verdad no estaba ni pendiente del camino, sólo quería alejarse de todo y de todos por unos momentos.

Sabía que era peligroso andar deambulando por ahí sin rumbo fijo, sola, siendo ella una hija de mortífagos, de la cual probablemente muchos se querrían vengar. Pero justamente en ese momento todo aquello le traía sin cuidado.

Unos ruidos cercanos a donde ella se encontraba la hicieron detenerse y fijarse en su alrededor.

Vaya ironía, sus pasos la habían traído hacia la única zona de Hogsmeade que aún se encontraba en ruinas. La zona más lejana del lugar, la que prácticamente nadie nunca visitaba incluso cuando se encontraba en pie. Un lugar desolado y en ruinas, todo gracias a los mortífagos.

Bien, quizá es aquí donde merezco estar – pensó con amargura pasando por las tiendas, todas cerradas, con vidrios rotos y algunas en escombros. Sin embargo paró de caminar al darse cuenta que no era la única en aquel lugar. Al parecer había otra persona, o igual de miserable que ella, o realmente chiflada, para encontrarse por esa zona.

Reprimió un quejido al vislumbrar que aquella persona tenía cabellera anaranjada casi rojiza idéntica a la de los Weasleys.

Genial, más Weasleys para que me odien – pensó con sarcasmo mientras se daba la vuelta para, una vez más, emprender la retirada menos Slytherin de todas. Sin embargo una pequeña rama traicionera la delató cuando sin querer la pisó.

Enseguida el chico, que Pansy presumía debía de ser uno más de los Weasleys, volteó a mirarla sorprendido. Aparentemente él también pensaba que para estar ahí debías estar loco.

— ¿Se encuentra bien? – le preguntó aquel extraño acercándose un poco a la Slytherin quien por reflejo retrocedió unos cuantos pasos.

Uno nunca sabía cuándo te iban a hechizar y por lo que ella le respectaba, todos los Weasley la odiaban.

— Si ¿por qué? – siseó la pelinegro tratando de fingir valor en su voz, sin embargo fue un tonto intento ya que su garganta estaba seca y en vez de sonar desafiante, más bien sonó como un conejo siendo estrangulado.

— No parece – al ver la confusión en el rostro de la chica, aclaró — Está llorando.

La Slytherin frunció el ceño y enseguida se tocó las mejillas para darse cuenta, para su vergüenza, que el pelirrojo tenía razón. Efectivamente había estado llorando y ni cuenta se había dado

¿Acaso se podía ser más patética que eso?

Enseguida se limpió con brusquedad sus mejillas húmedas y carraspeó, rogándole a Salazar que su voz saliera más decente cuando hablara

— No es de tu incumbencia – siseó con enojo y se sintió satisfecha al darse cuenta que ya volvía a sonar más como ella misma que como una patética Hufflepuff llorando.

El pelirrojo alzó las cejas sorprendido y pasó su mirada detenidamente por la figura de la chica, primero centrándose en su estatura, algo baja para su gusto, su cabello corto pelinegro y por último en su uniforme Slytherin. El mayor de los Weasleys se mordió la lengua para no bufar.

Con razón los malos modales. Una serpiente viperina.

En cualquier otra oportunidad hubiese ignorado a la chica y hubiese seguido su camino, pero algo había de especial con esa serpiente que le daba curiosidad, era primera vez que veía a un Slytherin llorar. Además…jamás le había gustado ver a las chicas llorar, sin importar a qué casa pertenecieran.

Le había parecido bastante extraño haberse encontrado con otra persona en esa zona de Hogsmeade, la cual generalmente se encontraba baldía. Nadie se atrevía a acercarse ahí, corrían rumores que todavía se sentía los efectos de la magia negra en los rincones de cada tienda y que se te quedabas más tiempo de lo debido, los fantasmas de los mortífagos ahí caídos te perseguían.

Claro que eran puras tonterías. El pelirrojo había pasado gran parte de la semana en aquel lugar explorando los alrededores como para saber que nada de eso era cierto.

Decidido a ignorar la rudeza de la chica, le dijo:

— ¿Qué hacía por acá?

La aludida frunció el ceño molesta por lo metiche que le parecía aquel chico.

¿Qué demonios le importaba?

— Lo mismo que tú hacías por acá, supongo

El pelirrojo ladeó una pequeña sonrisa entretenido con la actitud de la chica. Su baja estatura, sus ojos rojos como un tomate por haber estado llorando, Merlín sabrá por qué, su porte aristócrata y su nariz arrugada en señal de enojo se le hacía a la mar de cómica y hasta un poco adorable.

Además, en sus tiempos en Hogwarts siempre había disfrutado de una buena disputa con los Slytherin, sus comentarios hirientes no hacían otra cosa más que entretenerlo.

— Pues verá, yo paseaba acá para ver si era verdad eso que decían sobre este lugar – al ver que la Slytherin lo miraba confundido, continuó — Si, ya sabe, de eso de que está embrujado, que las almas de los que aquí murieron te perseguirán de por vida si te quedas más tiempo del necesario, que todavía hay residuos de la magia negra y todo eso – comentó con un encogimiento de hombros restándole importancia pero sonriendo para sus adentros al ver como la pelinegro abría un poco más de lo normal sus ojos, y daba un paso para atrás.

Si, definitivamente se estaba divirtiendo.

Y Merlín sabía que desde hace mucho que no lo hacía.

— N-no te creo – dijo la pelinegro con todo el orgullo que pudo invocar. La verdad es que si le había aterrado un poco lo que le había dicho aquel extraño. Después de todo jamás había sido fan de los fantasmas, a pesar de que el castillo estaba inundado de ellos.

— ¿Por qué no se queda para confirmarlo? – le retó el mayor con diversión

Si, quizá era algo cruel estar divirtiéndose a sus expensas, pero al menos había logrado que dejara atrás cualquiera que fuese la razón por la que lloraba. Y eso le contentaba.

— No soy una maldita masoquista – se limitó a decir la chica enojándose cada vez más.

Aquel pelirrojo le estaba empezando a poner los nervios de punto con su amabilidad y sonrisas y las pequeñas arrugas que se le formaban alrededor de los ojos cuando sonreía.

Ugh, detestable.

Además, también le estaba sacando de quicio sus buenos modales, había notado que ni una sola vez la había tuteado, haciéndola sentir vieja y vaya que eso no le gustaba.

— Entonces, si yo fuera usted, mejor me iría para evitar posibles incidentes

¿Quién se creía él para botarla? Ese lugar era tan suyo como de él. Y si le daba la gana se quedaba ahí hasta que anocheciera.

No que realmente planeara hacerlo…

— Tú no me das ordenes – siseó con enojo la pelinegro sentándose en uno de los pocos bancos que aún se encontraban ilesos en el lugar. El pelirrojo se sentó a su lado curioso de saber más de aquella chica. — ¿Por qué no te vas?

— Usted no me da órdenes – imitó el chico para enojo de la Slytherin.

Vamos, no pierdas los cabales. Es sólo un estúpido hombre, seguro un vagabundo, que no tiene nada mejor que hacer que molestarme. No le sigas el juego – pensó la Slytherin ignorando la mirada del susodicho.

Viendo que la chica parecía haber decidido hacerle la ley del hielo, se echó para atrás en el asiento, poniéndose más cómodo y enfocó su mirada en el ambiente.

La verdad es que si era algo tétrico, pero no lo suficiente como para espantarlo. Además, consideraba que tendría un muy buen potencial una vez fuera arreglado.

Había pasado muchos días en ese lugar simplemente dejándose llevar por sus pensamientos, principalmente para escapar de su casa, la cual había estado extremadamente caótica desde la Guerra. El ambiente le hacía daño, no podía pasar más de unas cuantas horas ahí sin volverse loco, así que prefería aparecerse en aquel lugar. Le daba calma y tranquilidad.

Decidiendo que el silencio ya se estaba tornando bastante incómodo, el pelirrojo habló

— Por cierto, soy … - se vio interrumpido por su compañera quien lo miraba como si fuera tonto

— Se quién eres, sólo unos pocos tienen ese color de cabello – al ver como el chico alzaba una ceja, continuó — Eres un Weasley.

— Inteligente deducción, pero me llamo – otra vez se vio interrumpido

— No importa cómo te llames, todos los Weasley son iguales – antes de poder refutar aquello, escucharon unos gritos masculinos.

— ¡Pansy!

La chica enseguida se levantó de su asiento y se reunió con los dos chicos que al parecer la andaban buscando.

Dejando atrás a un pelirrojo bastante pensativo.

Así que esa Slytherin era Pansy…..Parkinson.

.~.~.~.~.~.~.~

— Al castillo

— ¿Tan pronto Granger? – le preguntó el rubio siguiendo los pasos de la Gryffindor quien se estaba comenzando a preguntar si su compañero se encontraba bien de la cabeza.

— No es que sea de tu incumbencia Malfoy, pero sí. Esta salida fue un total fiasco así que quiero regresar a mi habitación

— A leer, me imaginó – comentó con burla el rubio, más no de forma venenosa.

La castaña sólo lo miró feo y siguió su camino.

Allá de él si quería seguirla como borreguito. A ella le traía sin cuidado.

— Vamos Granger, no seas tan rígida, diviértete un poco

La chica alzó una ceja mirándolo como si se le hubiese zafado un tornillo

— ¿Y con quién quieres que me divierta? ¿Contigo? – dijo esto último con tanto sarcasmo que el rubio paró su andar y la miró enojado.

Vale, que estaba tratando de ser tolerable y la Gryffindor sólo lo picaba con comentarios agrios.

La Gryffindor viendo el semblante del chico enseguida se arrepintió.

— Lo siento Malfoy, lo siento, no lo decía en serio – suspiró derrotada. Realmente ese no era su día — Estoy algo cansada, sólo quiero devolverme al castillo….Si…si gustas puedes acompañarme – ofreció para sorpresa de ambos.

El Slytherin ignorando la pequeña brecha de esperanza que sentía tras aquella oferta sospesó los pros y los contras de ir con la Gryffindor. Y decidió que nada tenía que perder. Y así se lo hizo saber al seguir caminando dirección al castillo.

Se sumieron en un silencio, no totalmente incómodo, pero que ambos querían romper. Habían tantas cosas que decir y que preguntar que ninguno sabía por dónde empezar.

Sin embargo fue la leona quien rompió el silencio.

— Malfoy – el aludido volteó a mirarla — ¿Te puedo hacer una pregunta?

— Supongo que si – se encogió de hombros el Slytherin

Sólo Godric y Merlín sabrían por qué demonios aquellas palabras salieron de su boca, pero ya era demasiado tarde.

— ¿Te gusta Parkinson? – el rubio alzó las dos cejas actualmente sorprendido. Jamás se imaginó que la pregunta fuera aquella. ¿Qué acaso ya no le había respondido eso mismo hace unas semanas en la Torre de Astronomía?. Al adivinar los pensamientos del rubio, la leona aclaró — Sé que ya me dijiste que no hace un tiempo, y sé que no es mi asunto y que no me debo inmiscuir en tu vida amorosa. Es sólo que…bueno, la manera que reaccionaste cuando te dije lo de Ron…parecías realmente enojado, de la manera en que un chico que quiere a una chica se pondría cuando ésta se ve lastimada….y me preguntaba si…no sé, quizá en este tiempo algo cambió.

Si, por favor que la tierra se abriera en dos y se la tragara.

— La quiero – admitió el rubio para desasosiego de su compañía — Pero no de manera romántica – dijo sintiendo la necesidad de explicarse, aunque no sabía por qué. No era como si le debiera ninguna explicación a la Gryffindor — Lo intentamos hace años…no funcionó. Los dos nos vemos como hermanos, sería prácticamente incesto. Pero la quiero, me preocupo por ella, a pesar de que te cueste creerlo.

— No…no me cuesta creerlo – dijo la Gryffindor y se sorprendió al darse cuenta que aquello era la verdad — No desde que vi lo preocupado que estaban tus amigos por tu desaparición y como te saludaban cuando llegaste….Ustedes se cuidan la espalda unos a los otros.

El rubio carraspeó algo incómodo por la manera en que la chica hablaba de sus amistades, como si fueran unos gryffindors o peor aún unos hufflepuffs cariñosos. Sin embargo se mordió la lengua para no salir con un comentario cortante.

Después de todo, quien sabe cuándo más iban a poder tener una conversación similar a aquella.

— Espero que mi respuesta sea suficiente – dijo ganándose un pequeño sonrojo de la castaña. Lo cual se le antojo extremadamente encantador.

Eran pocas veces las que lograba sacarle a esa chica otras cosas que no fueran lágrimas o ceños fruncidos, pero cuando lo hacía…Merlín, que bien se sentía.

— Si…gracias

— Ni lo menciones – respondió rápidamente el rubio tratando de alejar la incomodidad del ambiente.

— Malfoy – habló la chica tras otro rato de silencio. Al ver que el aludido la miraba, continuó — ¿Por qué tienes esa manía de romperte los nudllos? – preguntó con una pequeña, pero perceptible sonrisa en sus labios.

El rubio sonrío también sabiendo perfectamente a qué se refería la chica y aliviado porque la tensión entre ambos al parecer había disminuido un poco.

— Quizá estaba esperando que me volvieras a besar

Si, lo había dicho.

Mierda, lo había dicho.

Vio de reojo como el sonrojo de la Gryffindor se acentuaba más y de no haber estado en esa situación le hubiese molestado diciéndole que se asemejaba a un Weasley.

¿Qué demonios estaba pensando cuando dijo eso?

Ah claro, el problema era ese. Que no pensaba, no cuando ella se encontraba a su alrededor.

— Granger – le llamó, dispuesto a dejar atrás ese comentario — ¿Por qué te importa? – al ver como la chica lo miraba sin entender, aclaró — Si me gusta Pansy o no.

Si bueno, quizá no fuera el mejor tema de conversación a sacar si quería dejar atrás la incomodidad. Pero aquello le causaba mucha curiosidad.

Y no lo iba a dejar pasar tan fácilmente.

Vio como la leona parpadeaba repetidas veces y se retorcía las manos, un claro gesto de nerviosismo y juraba que podía escuchar las ruedas de la cabeza de la chica trabajar a toda máquina buscando una respuesta que darle.

— No lo sé – se limitó a decir la castaña alejándose destino a la Torre Gryffindor.

El rubio maldijo haber llegado tan pronto al castillo, pero se detuvo con una pequeña sonrisa en el rostro, ajeno a una figura que lo espiaba detrás de una estatua, al escuchar una pequeña oración proveniente de la castaña.

— Y que conste…el que me besó fuiste tú


Bueno chicas, no saben lo mucho que me costó escribir este capítulo.

Por irónico que suene, estoy más inspirada en la historia de las parejas secundarias que en la de Draco y Hermione.

Pero ya llegará la musa.

DE VERDAD DISCULPEN LA TARDANZA, sé que había prometido subir capítulo en febrero, pero de verdad se me hizo difícil

Por favor ayúdenme. Se me están acabando las canciones románticas para el fic, llevo tiempo sin actualizarme con la música. Recomiéndenme alguna.

Espero les haya gustado, dejen reviews.