Sawamura Eijun.
«Te atrapé~»
Esos simples vocablos sonaron tan cerca de su oído, que sintió escalofríos recorrer su espina dorsal. Miyuki lo sostenía con fuerza de la cintura, y sus cuerpos se hallaban tan pegados, que Eijun podía percibir el calor que irradiaba su mentor. Tragó saliva con fuerza, obligándose a sí mismo a no pensar en nada relacionado con ése, pero era imposible. Había algo en Miyuki que lo atraía como si fuera un imán, un imán del que no podía despegarse, pero él jamás podría aceptarlo, ni a sí mismo ni a sus propios sentimientos ¡Jamás aceptaría sentirse atraído por Miyuki Kazuya! Cuando giró el rostro, se encontró tan cerca con el de Miyuki, tenuemente iluminado por la luz de la luna que se filtraba a través de las copas de los árboles, que su rostro adquirió un tono rojizo. Levantó la rodilla izquierda y le dio un fuerte pisotón, lo cual fue suficiente para que el otro lo soltara, mientras se quejaba por el dolor.
— ¿A qué vino eso? —cuestionó Miyuki mientras se acuclillaba y se frotaba el área adolorida, pero gracias a las botas de cuero, no mucho podía hacer.
— ¡Estabas demasiado cerca! —chilló Sawamura— ¿Por qué me has seguido? ¡Idiota...!
— En realidad, el idiota eres tú —replicó Miyuki poniéndose de pie—. Mira que correr a ciegas por el bosque durante la noche...
— ¡No he corrido a ciegas! —replicó Eijun inmediatamente, sabiendo que su mentor tenía razón: Había corrido directamente al bosque a causa de la rabia que sentía, sin detenerse a pensar siquiera en las fieras que podría haber por allí rondando. ¡U-un momento! ¿Alguien mencionó algo acerca de unas fieras? Eijun miró por encima del hombro, con temor, pero tras de sí solo la oscuridad infinita se extendía. Oyó a Miyuki suspirar.
— Ven, volvamos al castillo —dijo tendiendo la mano.
Eijun contempló esa mano con recelo, y se hizo atrás de inmediato.
— ¿Q-Qué es lo que pretendes? —cuestionó viéndolo fijamente o, en realidad, todo lo fijo que podía en medio de esa oscuridad, con la tenue luz de la luna iluminando lo que podía.
Miyuki suspiró.
— Retornarte al castillo, por supuesto— enunció como si fuera lo más obvio del mundo, tono que, claramente, molestó a Eijun, pues sonaba como si lo sabía todo. Eijun apretó los dientes y espetó por su parte:
— ¡Yo puedo regresar por mí mismo! —No lo veía bien, pero pudo apreciar que Miyuki sonreía con burla, lo cual solo hirvió más su sangre—. ¡Ya verás, Miyuki Kazuya!
Y comenzó a caminar casi a ciegas en la oscuridad, trazando mentalmente el camino que había recorrido hasta llegar allí. Tropezó varias veces contra las raíces y ramas caídas de los árboles, pero por alguna razón, no veía un final a ese recorrido. Qué raro, se dijo, él no recordaba haberse internado demasiado dentro del bosque. Sin embargo, cuando menos lo esperó, se vio de regreso junto a Miyuki, lo cual disparó su consternación por los aires.
— ¿Y tú qué haces aquí? —inquirió.
— Yo no he movido un solo dedo desde que te marchaste. De alguna manera u otra, tenía el presentimiento de que acabarías de nuevo aquí.
— ¿Tenías el presentimiento...? —Eijun lo contempló con consternación, pero luego bufó con molestia—. De acuerdo ¡Oh, grandísimo Miyuki Kazuya! ¡Dime la forma de salir de aquí! —exclamó con sorna, ante lo que Miyuki solo rió.
— Entonces ven conmigo —mencionó él extendiendo de nuevo la mano. Eijun lo contempló igual que un perro observaría a un felino que estaba lejos de su alcance— ¿Qué sucede? ¿Tienes miedo~?
— ¡P-Por supuesto que no! Es solo que no comprendo por qué me estás tendiendo la mano.
Miyuki suspiró como diciendo "Este idiota no sabe nada"
— Es obvio ¿No? Tómala.
— ¿Por qué haría eso?
— Para no perderte, idiota.
— B-Bien —Eijun extendió el brazo y tomó la mano del contrario con cuidado, sintiendo que sus mejillas ardían, al igual que sus orejas. Vio que Miyuki sonreía complacido, como si nada en el mundo le gustara más que verlo de esa manera, y el corazón de Eijun saltó. Tenía muchas ganas de regañar a su corazón por latir de esa forma, pero si lo hacía, quedaría de nuevo como un idiota frente a Miyuki.
Ambos empezaron a caminar en esa oscuridad apenas iluminada por la luna y oyendo crujir ramitas bajo sus pies. Eijun podía sentir cómo la mano caliente y firme de Miyuki sostenía la suya, y tragó saliva. Sus pasos iban en perfecta coordinación. Al lado de Miyuki, sabía exactamente dónde pisar y cómo evadir las ramas bajas de los árboles para que éstos no le dieran de lleno en la cara. Eijun se sentía en paz mientras su corazón palpitaba acelerado. Debía agradecer a la penumbra el hecho de que ésta supiera ocultar a la perfección el carmín que se extendía desde sus mejillas hasta sus orejas, haciéndolas sentir como si se encontraran al rojo vivo. Se odiaba a sí mismo por sentir todas esas cosas por ese estúpido Miyuki Kazuya, pero no podía evitarlo. Sentía que era completamente natural que se hallara de esa forma: Desorientado, un poco aturdido, y el corazón a punto de escapar de su pecho. Y todo por culpa de su mentor: Miyuki Kazuya. Caminaron durante un largo tramo, hasta que, finalmente, Miyuki se detuvo y, por consiguiente, él también.
— ¿Qué ocurre? —cuestionó temiendo que hubiera podido sentir su pulso y, por lo tanto, los latidos de su corazón.
— Creo que me he perdido —afirmó Miyuki con una sonrisa nerviosa.
— ¿¡Cómo!? ¿Qué no estabas seguro hacia dónde ibas?
— Solo suponía —contestó el otro dejando escapar una risotada— ¡Pero la verdad es que no tengo la menor idea de por dónde estamos yendo!
— Nngh- ¿¡Y se supone que eres mi mentor!? —Eijun lo soltó y comenzó a zarandearlo por los hombros, sin saber qué era lo que le causaba tanta gracia al otro.
— Creo que será mejor que esperemos a que amanezca —acotó Miyuki— Entonces, gracias a la luz del sol, podremos ir. Ahora, en la oscuridad, resulta difícil guiarme.
— ¡Bien! Pero tú serás responsable si algo sucede —señaló Eijun.
— ¿Yo? Pero si fuiste tú el que se internó en el bosque sin saber realmente a dónde iba.
Eijun gruñó.
— ¿¡Entonces para qué me seguiste!?
— Mi deber es estar a tu lado pase lo que pase —afirmó Miyuki, algo que debería molestar a Eijun. Sin embargo, éste sintió que su corazón saltaba y comenzaba a latir con fuerza. Odió enormemente esa sensación de tener el estómago lleno de mariposas, y ocultó el rostro para que el contrario no percibiera que sus mejillas ardían. Le molestaba que Miyuki tuviera que estar a su lado, pero por otra parte, se sentía feliz. Era una sensación muy difícil de explicar... En jodidas cuentas ¿¡Qué rayos estaba ocurriendo con él!? ¿Y por qué lucía tanto como una doncella enamorada? ¡Él jamás se enamoraría de Miyuki! ¡JAMÁS! ¡Ni siquiera en los sueños más extraños que podría tener! Contempló a su mentor fijamente, y éste le dedicó una sonrisa que hizo derretir a Eijun ¡Maldición! ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿POR QUÉ?
— P-pero si no regresamos —dijo solo para desviar sus pensamientos hacia otra dirección— ¿Qué dirán los demás?
— Probablemente todos estén demasiado conmocionados al pensar que tenemos a un ejército justo a las puertas —contrastó Miyuki—. Dudo que se fijen en dos personas desaparecidas.
— ¡Pero esas dos personas son el príncipe y el Primer Caballero! —insistió Eijun, tratando de hallar la manera de no pensar en él. No quería hacerlo, pero estar junto a él de buenas a primeras no ayudaba mucho. Miyuki dibujó una sonrisa que aceleró al corazón del príncipe, quien replicó de la siguiente forma:
— Si tienes miedo, te protegeré.
— ¡Yo no tengo miedo! —Eijun esperó estar justo en un lugar donde la tenue luz de la luna no iluminara sus facciones enrojecidas por un intenso sonrojo. ¿Cómo no hacerlo cuando tenía a alguien como Miyuki a su lado? ¡Argh! ¡Lo irritaba tanto! ¡Maldito sea Miyuki Kazuya con sus sonrisas capaces de detener al corazón de cualquiera!
Miyuki rió.
— En ese caso será mejor que nos pongamos a dormir.
— ¿Dormir... aquí?
El corazón de Eijun se aceleró una vez más al pensar que dormiría junto a Miyuki. Éste pareció adivinar lo que pensaba, porque su sonrisa se ensanchó, sobresaltando un poco al príncipe.
— No tenemos alternativa ¿No? A menos que encuentres una forma de llegar al castillo en esta oscuridad.
Tenía razón, sin embargo, no quería dársela. Dormir a su lado sería increíblemente vergonzoso. No quería que Miyuki se percatara de cómo funcionaba su corazón cuando estaba cerca de él.
— Pero... ¿Y las fieras?
— No te preocupes por eso, ya mañana descubriremos si nos han devorado o no.
— ¡Eso no me causa gracia!
Miyuki volvió a reír, y su risa resonó como una fuente cristalina de agua. Eijun estaba encantado escuchándola, pero... ¿¡Qué!? ¡Espera un segundo, ahí mismo! ¡Él no estaba encantado con la risa de Miyuki! Por supuesto que no ¡Esa risa lo hacía enfadar mucho, por supuesto! ¡Era irritante!
Miyuki no tenía siquiera la más mínima idea sobre lo que Eijun estaba pensando, así que sacudió el suelo con sus botas, haciendo algunas cuantas ramas a un lado. Acto seguido, se sentó en ese lugar, y luego se recostó sobre las hojas secas, golpeando el espacio que había a su lado con la palma de la mano, en un gesto que indicaba indiscutiblemente la palabra "ven".
— ¿Qué?
— Ven, recuéstate a mi lado. Conservaremos mejor el calor si estamos el uno al lado del otro.
— No quiero hacer eso.
— Entonces te congelarás. De noche hace mucho frío ¿Sabes?
Era algo lógico, incluso Chris se lo había dicho una vez mientras hablaban acerca de técnicas de supervivencia, pero Eijun no podía caber en sí mismo ante la idea de recostarse pegado a Miyuki. La sola idea lo enfadaba mucho porque volvía loco a su corazón. Maldito fuera Miyuki por ser capaz de provocar todo eso en él.
— De acuerdo ¡Pero solo lo haré porque no quiero morir de frío! ¿De acuerdo?
Eijun lo imitó, recostándose a su lado, y pasó tímidamente el brazo alrededor de Miyuki. Éste le dedicó una sonrisa antes de cerrar los ojos, y dejarse llevar por Morfeo.
Narumiya Mei.
En Inashiro, el príncipe Mei contemplaba con nerviosismo el mapa que estaba sobre la mesa, con una daga clavada justo en el área perteneciente a Seidou. En sus ojos podía percibirse un atisbo de cansancio, pues llevaba largas horas sin haber conciliado el sueño. A su lado, imperturbable, se hallaba uno de sus caballeros más cercanos: Shirakawa Katsuyuki, el chico con la inexplicable manía de la limpieza, que ahora mismo observaba el mismo mapa con expresión aburrida, como si estuviera cansado de esperar a que éste cobrara vida y se pusiera a cantar y a bailar. Carlos dormitaba en el rincón más alejado de la habitación, pero Mei ni Katsuyuki le prestaban la más mínima atención. Itsuki, por su parte, no se encontraba. Fue el primero en ir a dormir mientras aguardaban noticias acerca de si el ejército había conseguido llegar o no al corazón de las tierras de Seidou.
— Me sorprende que no hubieses acompañado a tus hombres en esta misión —comentó Katsuyuki viéndolo fijamente. El príncipe se limitó a fruncir los labios y a inclinarse un poco más en su asiento.
— Pienso hacerlo. Voy a enfrentarme a Kazuya por mi propia cuenta —declaró tamborileando los dedos sobre la rodilla—. Cuando lo haga, me aseguraré de que él venga conmigo a Inashiro, o de lo contrario, invadiré las tierras en las que vive y las anexaré a mi reino.
— ¿Por qué estás tan encaprichado con él?
— ¿Quién está encaprichado? ¡Por supuesto que yo no! —Mei infló un poco las mejillas, cruzado de brazos, pero luego se relajó—. Quiero que Kazuya me sirva ¿Hay algo malo en eso?
Katsuyuki lo contempló elevando una ceja, pero no dijo nada. Mei desvió la mirada, contemplando una vez más el mapa de Seidou. Se encontraba nervioso por alguna razón, así que decidió escupirlo de una vez por todas.
— Una vez mi padre fue a Seidou. Charlas acerca de política y no sé qué otras cosas más eran los motivos para tal visita. En ese entonces tenía diez años, y todavía me faltaba aprender muchas cosas. Tengo que decir que Seidou es un reino muy aburrido, está lleno de perros (Quizás, por ese motivo, todo el país tenga aroma a perro mojado), y a las señoras les gusta comer mucho, por eso están tan gordas como una vaca. Recuerdo que lo único que quería hacer era marcharme de ese reino cuanto antes, pero las conversaciones entre mi padre y el rey de Seidou estaban lejos de acabar, así que un día me levanté y decidí recorrer un poco las instalaciones donde los soldados se dedicaban a entrenar. Creí que valdría la pena ver cómo esos pobres ilusos creían que podrían igualar la fuerza de las tropas de Inashiro. Ahí estaba él. Tenía mi misma edad, pero tenía tal control de la espada, que era capaz de vencer con facilidad a soldados que eran incluso mayores que él, y todo con una sonrisa en los labios. No sé si es amor, pero desde ese instante, decidí que él debía formar parte de Inashiro, así que comencé a enviarle cartas pidiendo su traslado a este reino, pero no me ha respondido ni siquiera una —Katsuyuki lo observó arqueando una ceja en una expresión que decía claramente: "¿Cuál es el motivo por el que me cuentas todo esto?". Mei se sonrojó, comprendiendo repentinamente que su relato había sido innecesario, y espetó con un sonrojo invadiendo sus mejillas, tiñéndolas de carmesí—: ¡Pero no es que esté enamorado de Kazuya ni nada de eso! ¡Por supuesto que no! —Katsuyuki suspiró, algo cansado de la negativa de Mei, a pesar que su actitud expresaba claramente lo contrario. Mei infló las mejillas— ¡Bien! ¡Él me gusta mucho! ¿Estás contento?
— Nunca he pedido que lo admitieras —declaró Katsuyuki con expresión aburrida— Pero ¿No es ése un inconveniente? Después de todo, Miyuki Kazuya es un chico, y tú debes casarte con una chica para continuar la descendencia, especialmente porque eres el único hijo del rey.
— ¡No me importa! ¡Soy el príncipe, así que puedo hacer lo que quiera! —La expresión de Katsuyuki demostraba que no tenía planeado discutir, y a juzgar por la cara de Mei, éste lo consideraba una pequeña victoria —. Prepara tus cosas, partiremos a Seidou al amanecer. No puedo permitir que mis hombres luchen sin tener a su príncipe guiándolos ¿Cierto?
— ¿Por qué yo? —Katsuyuki claramente no tenía intenciones de largarse al campo de batalla, pero tratar de convencer al príncipe era imposible.
— ¡Porque yo lo ordeno! Así que... Vamos, debemos preparar nuestras cosas inmediatamente.
— Pero no estamos seguros acerca de si las tropas finalmente han conseguido penetrar las tierras de Seidou...
— ¿Y eso qué importa? ¡Mis hombres me necesitan! Y también quiero que uno de mis más leales caballeros me cubra la espalda.
Katsuyuki suspiró. Claramente no quería abandonar el castillo, pero su príncipe era terco, así que lo mejor que podría hacer era acompañarlo, tal como sus órdenes dictaban.
?
La sonrisa de sus labios se alteró un poco al ver cómo ambos estaban cerca de internarse en un sangriento campo de batalla. El chico a su lado predijo problemas, así que empezó a comer bananas nerviosamente mientras veía cómo los soldados se atacaban los unos a los otros fieramente, cada uno con un objetivo claro en sus mentes. Debían haber al menos unos doscientos mil hombres luchando en el páramo, obstaculizando el camino que llevaría hasta la aldea. Ambos estaban cansados, y es que el viaje desde el Reino del Sur no resultaba corto en lo absoluto. Por ese motivo, tendrían que rodear todo el campo de batalla, lo cual era bastante.
— Vamos, Raichi. Todavía nos queda un largo camino que recorrer. En serio ¿Quién diría que nuestro viaje se vería irrumpido por esta batalla?
