Sawamura Eijun.

Contempló a su abuelo como si éste acababa de decir un chiste de mal gusto, pero la expresión del rey no cambió en lo absoluto. La mirada de Miyuki se encontraba ensombrecida, y Kuramochi, sin embargo, se mostró tenso en todo momento. Los tres estaban intentando comprender qué exactamente se encontraba en la mente del monarca, pero ninguno de ellos era capaz de decirlo con claridad. ¿Cómo podía él realizar una elección de la nada? ¿Y qué pretendía enviándolos al Reino del Norte? Miyuki se adelantó un paso, y preguntó:

— ¿Eso significa que usted estaba previendo que el príncipe de Inashiro vendría, Su Majestad?

El rey exhaló un largo suspiro mientras guardaba las manos tras la espalda y se volvía en dirección a una de las ventanas situadas en la torre. Eijun también se adelantó dispuesto a encarar a su abuelo, pero de su boca no salió el menor sonido.

— Así es, Miyuki —respondió el rey finalmente—. En todos estos años de paz que he gobernado, siempre supuse que la guerra golpearía a nuestras tierras algún día, pero no imaginé que lo haría conmigo todavía estando vivo. Por eso elaboré un pacto con el Reino del Norte una vez, cuando era joven y acababa de recibir el trono, un pacto que debe ser recordado. Sin embargo, sé que el príncipe que gobierna el Reino del Norte no ofrecerá su ayuda con simpleza. Necesitarán llevar los documentos firmados y pedir por su ayuda. Si ellos no pueden ayudarnos, el reino caerá en la ruina, y perderemos ante Inashiro. Sé que, si ustedes van, conseguiremos un ejército lo suficientemente fuerte para vencerlos.

Nadie dijo nada por un plazo de tiempo. ¿Tan importante era la ayuda del Reino del Norte? Eijun recordó la ocasión que Chris había partido para ese lugar, aparentemente, para entrenar las tropas del príncipe que allí residía. Si Chris se hubiera quedado, probablemente no necesitarían de la ayuda de ningún reino, Sawamura lo sabía mejor que nadie... Pero la partida de Chris para ese reino había sido inevitable, y Eijun no pudo dejar de preguntarse por qué la insistencia. Eijun contempló a Miyuki, quien parecía perdido en sus pensamientos, y por un instante tuvo el irresistible deseo de tomar su mano y apretar sus dedos para demostrarle que todo estaba bien, pero no lo hizo.

— Lo siento, Su Majestad —dijo Kuramochi apretando los puños—. Yo no podría abandonar el campo de batalla. Ahora que nuestra posición es desesperada por la llegada de Narumiya Mei, no puedo dejar simplemente a mis hombres sin su líder —tras mencionar eso, elaboró una educada reverencia, y luego se llevó la mano al pecho—. Pero conozco a alguien confiable que podría ir en mi lugar. Kominato Haruichi, el aprendiz de mago que reside en la torre Este.

— ¡Oh! ¿Harucchi? —Eijun lo reconoció de inmediato, pues se trataba de su mejor amigo—. ¡Yo también pienso que él podría acompañarnos! ¡Su magia es fenomenal! ¡Podría ser de mucha utilidad!

Miyuki carraspeó un poco.

— Su Majestad ¿De verdad cree que es necesario que tantas personas acudan? —preguntó—. El príncipe y yo seremos suficientes para esta hazaña. No necesitamos a nadie más.

Eijun tuvo ganas de protestar, pero fue acallado rápidamente con un gesto de la mano del rey.

— De acuerdo, en ese caso irán los tres: Mi nieto, tú, y el joven que ha sido sugerido por nuestro Coronel —afirmó dirigiéndose a Miyuki—. Ustedes tres serán suficientes para cumplir con mi voluntad. Háganlo por este anciano. No puedo abandonar mi reino porque, si lo hiciera, sería visto como un cobarde, pero hay luz bañándolos a ustedes. Sé que podrán conseguir la ayuda del príncipe del Reino del Norte.

Eijun sonrió triunfal pensando que podría realizar, finalmente, un viaje en compañía de su mejor amigo, a quien casi no era capaz de ver desde que éste se había encerrado en la torre Este del castillo con el fin de estudiar mejor magia. Durante el trayecto podrían conversar respecto a un centenar de cosas, y aprender sobre las cosas que el otro había asimilado ese tiempo que permanecieron lejos del otro. Eijun se encontraba tan feliz que elevó un puño al aire, dejando escapar una exclamación eufórica que obligó a Miyuki y Kuramochi a cubrirse los oídos. Éste último le dio una patada en las piernas, y Eijun estuvo a punto de caer, pero logró sujetarse a tiempo gracias al borde de la mesa.

El rey contempló la escena con ojos cansados y tristes, sabiendo que su final se hallaba cerca.


— ¡Eijun! —la exclamación del joven mago llegó a sus oídos desde el pasillo.

— ¡Harucchi!

Eijun corrió hasta llegar junto a él, y lo rodeó con ambos brazos en un fuerte abrazo que casi dejó sin aire al de cabellos rosa. Lo había extrañado, lo había extrañado tanto, y Eijun no lo notó sino hasta que estuvo junto a él. Haruichi y él habían sido como hermanos inseparables desde pequeños, hasta que el menor de los hermanos Kominato comenzó a manifestar poderes mágicos y, desde entonces, se había encerrado en sus estudios para aprender a controlarlos. Por supuesto que continuaban viéndose de vez en cuando, pero no tan a menudo como antes lo hacían.

Miyuki carraspeó a lo lejos.

— Tórtolos, si han acabado con su reunión ¿Podemos partir de una vez?

Eijun se giró hacia Miyuki casi escupiendo fuego a causa de la ira que sentía gracias a esas palabras, pero Miyuki solo rió y subió al carruaje.

— ¡No somos tórtolos!

— E-Eijun... —El mencionado giró el rostro y vio a su amigo—. Al parecer, ustedes dos se han vuelto más cercanos ¿No es así? Al menos ya no le diriges miradas de odio como antes.

— ¿M-Más cerca-...? —Eijun parpadeó consternado y por instinto recordó la ocasión que ambos, Miyuki y él, quedaron atrapados en el bosque, y sin poder evitarlo, enrojeció instantáneamente, lo cual provocó que la sonrisa de Haruichi incrementara. Eijun balbuceó incoherencias, pero Haruichi pasó por su lado sin decir nada. Eijun tuvo enormes deseos de contarle lo sucedido aquella ocasión, pero sería difícil si Miyuki viajaría con ellos. ¿Cómo contarle acerca de los sentimientos que habían despertado en él sin tener que hacerlo frente a Miyuki?— ¡Te equivocas, Harucchi! ¡No ha sucedido nada como eso! ¡Sigo odiando a ese bastardo!

Haruichi agitó la mano como si estuviera despidiéndose y subió al carruaje. Eijun iba a hacer lo mismo, cuando la princesa Wakana lo detuvo. Ella había decidido quedarse, debido a que el camino que conectaba a su reino con el de Seidou estaba bloqueado por la batalla que estaba disputándose entre ambos reinos. Ella sonrió tímidamente y besó a Eijun en la mejilla. Eijun la observó sin saber cómo reaccionar a ese gesto, así que ella simplemente le dedicó una sonrisa.

— Espero que tengas un buen viaje y regreses pronto.

— ¡Lo haré! —exclamó Eijun levantando el pulgar, completamente convencido de poder hacerlo—. Vamos a convencer al príncipe ¡Y pronto podremos derrotar a Inashiro! ¡Se arrepentirán de haber venido a atacarnos y comerán el polvo! —entonces rió hasta que Miyuki le dio un pequeño golpecito en la nuca.

— Ya sube al carruaje, Donjuán, de lo contrario nunca partiremos.

— ¿¡Eh!? ¿¡Qué has dicho!? ¡No soy un Donjuán! ¡Pero cómo crees que-...!

Miyuki rió y Eijun apretó el puño mientras expedía un aura de ira. ¿Pero qué ocurría con Miyuki? ¡Era más fastidioso que nunca!

Wakana, que también había reído un poco, le dio una palmada en el hombro.

— Buena suerte, Eijun.

Él levantó el pulgar con un aura decidida, y finalmente subió al carruaje.


El trayecto fue más tranquilo de lo que imaginaron. Compartieron charlas, relatos, y Haruichi hizo una muestra de su magia en varias ocasiones, para el asombro de Eijun (¡Eres asombroso, Harucchi!). Miyuki no habló mucho, pues todo el trayecto se la pasó dormitando. Haruichi, quien era originario del Reino del Norte, relató algunas cosas básicas acerca de ese lugar, acerca de lo frío que era, acerca de lo inmenso que era, y acerca de lo atractivo que era el príncipe. Eijun contempló las mejillas de su amigo colorearse al escuchar esto último, y rió. ¿Su amigo estaba enamorado del príncipe? No sabía cómo era ese tal príncipe, pero estaba seguro de que si a Haruichi le gustaba, no sería para nada un mal tipo.

Debido a la lejanía del Reino, tardaron aproximadamente un mes en llegar hasta allí, lo cual fue molesto para la paciencia de Eijun, quien no podía esperar a llegar de una buena vez, pero cuando lo hicieron, nadie pareció ver el carruaje con sorpresa. Todos continuaban con sus labores como si nada. Como dijo Haruichi, el lugar estaba completamente cubierto de nieve, pues nevaba la mayor parte del año. Eijun tenía inmensas ganas de bajar de un salto y armarse un muñeco de nieve, pero Miyuki impidió cualquier intento por detener el carruaje. "Hay que apresurarnos" decía "Mientras más tiempo permanezcamos lejos del reino, más bajas tendremos en el campo de batalla".

Cuando el carruaje finalmente se posicionó frente a las puertas del inmenso castillo del príncipe, una sorpresa los aguardaba.

— Finalmente han llegado. Una paloma nos informó acerca de su venida hace semanas.

Cuando Eijun pudo observar bien a la persona que los aguardaba, sus ojos se llenaron de lágrimas.

¡Chris!

— Ha pasado tiempo, Eijun.

Éste, entre lágrimas y risas, se arrojó a los brazos de su antiguo mentor ante las miradas nerviosas de Miyuki y Haruichi. Eijun lo abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en el pecho del mayor, mientras éste hacía lo posible por calmarlo a base de caricias en los desordenados cabellos. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que lo había visto, que Eijun casi había olvidado lo mucho que lo extrañaba, y es que nadie, ni siquiera Miyuki, podría reemplazarlo jamás. Pasaron unos momentos de esa forma, hasta que Miyuki decidió intervenir, jalando al príncipe para que se apartara de Chris, quien reía con nerviosismo mientras veía a ambos discutir.

— Más que eso —dijo Miyuki cubriendo la boca de Eijun con la palma de la mano para callarlo, y dirigió su mirada hacia Chris—, ha pasado un tiempo. Se te ha extrañado, Chris.

Éste sonrió con suavidad.

— Gracias por tu esfuerzo. Espero que Eijun no te haya causado demasiados problemas luego de que asumiste como su nuevo mentor.

— Sabes que eso es imposible ¿Verdad?

Chris rió e hizo un gesto con la mano para que lo siguieran mientras se adentraban dentro del castillo.

Mientras se dirigían a la sala del trono, Chris les contó un fragmento de qué había sido su vida desde que había llegado allí. Se había dedicado a entrenar al príncipe Furuya, quien tenía una habilidad única con el uso de la espada. No empleaba un escudo, pero era bastante ágil, aunque no tan flexible como Eijun. También narró algunas cosas acerca de su vida cotidiana, mientras Eijun escuchaba todo con gran interés.

Al llegar a la sala del trono, se encontraron al príncipe allí sentado, observándolo todo con expresión aburrida. Chris se adelantó al reducido grupo, y los presentó ante él, aunque éste no parecía escuchar, lo cual fastidió un poco a Eijun (Quien no pudo decir nada porque Miyuki lo acalló). Pero para sorpresa de todos, mientras Chris aún se encontraba hablando, el príncipe se puso de pie y se dirigió hacia los recién llegados. Chris preguntó si todo estaba bien, sin obtener respuesta alguna, pero cuando menos lo imaginó, Furuya ya se encontraba junto a ellos, y había tomado las manos de Haruichi con los ojos brillosos, mientras el rostro de éste pasaba rápidamente al carmín.

¿¡Pero qué estaba sucediendo allí!?