· Capitulo dos: Armas de Mujer:
Hey, Sam, ¿puedes coger mi teléfono?- Dean asomó la cabeza del baño, con el cepillo de dientes en la boca y una toalla con el nombre "motel beach" enrollada a la cintura por toda vestimenta- Ahora ando un poco liado…
El menor de los Winchester se levantó de la mesa donde estaba sentado con su portátil y cogió el móvil de Dean, que zumbaba sobre la cama de su hermano, junto a sus vaqueros. Echó un rápido vistazo a la pantalla y sonrió con cara de "este no cambiará nunca".
La mano de Sam con el móvil se asomó al pequeño baño con azulejos pistacho y naranja del motel y lo agitó delante de la cara de su hermano mientras el aparato continuaba vibrando.
Tio, ya podías contes…-comenzó Dean mientras hacía equilibrios para ponerse los calcetines con una mano sin que se le cayera la toalla al tiempo que extendía el otro brazo para coger el teléfono- … ah, no, mejor que no contestes- dijo, en cuanto vio quien lo llamaba, y rápidamente descolgó y cerró la puerta- Hola, encanto…- respondió con voz sexy, jugueteando con el calcetín que le quedaba por poner- Mejor cuentame tú que llevas puesto, porque yo iba a acabar muy rápido…
Sam volvió al ordenador, para seguir buscando en la red indicios o pistas acerca de algo sobrenatural que pudieran alertarles sobre un posible trabajo, y también de paso para escuchar lo menos posible a Dean, porque las paredes de aquel económico alojamiento no eran precisamente muros de castillo. Estaba preguntándose si aquella chica que comentaba en su blog que necesitaba dormir con el secador de pelo encendido no sería un posible caso de una maldición de brujas, cuando escuchó a Dean salir del baño, vestido ya, bajando la voz y algo sonrojado.
Enseguida voy, no estoy lejos…- no podía disimular su gran sonrisa, por mucho que tratara de ponerse serio delante de Sam- no, no tardaré mucho por…que has pensado hacer un qué…?- puso cara de circunstancias, carraspeó y miró a su hermano con complicidad- Ehmm… si, si, ya salgo… eh, no, no, no me olvidaré de llevar la nata…venga, ya voy para allá.
Dean cogió las llaves del Impala, y se giró hacia su hermano, sonriendo aún. Empezó a buscar una excusa para salir tan rápido, pero Sam levantó una mano y asintió.
Pásalo bien- le dijo, antes de que al mayor de los Winchester se le ocurriera inventar alguna historia absurda- Y avisa si hay algún problema, es bastante tarde.
Hey, tio, yo no tengo esos problemas…- contestó Dean rápidamente, sin pensar, para luego añadir- bueno, quiero decir… avísame tú si hay algo, Sammy.
El joven cazador se dirigió a la puerta, se echó un vistazo al pelo en el espejo de la entrada antes de salir, y abrió la puerta a la oscuridad de la profunda noche de verano y a las interesantes posibilidades que ésta le prometía.
Bien, ahí tienes a tu cita de esta noche, Castiel; el chico que habías pedido, arreglado, recién duchado (en perfume, diría yo… desde aquí puedo olerle) y muy bien, eh…. dispuesto.
Desde el mismo bosquecillo donde habían aguardado pacientemente que se hiciera de noche para poner en práctica su plan, el ángel y el demonio vieron salir a Dean, montar en su Chevrolet Impala y salir haciendo ruedas.
El demonio aún tenía el teléfono móvil en la mano, y el ángel seguía mirándole francamente mal por todas las cosas pornográficas que le había dicho suplantando la personalidad y la voz de la camarera del restaurante donde habían parado a comer aquel día.
Ya sabes lo que tienes que hacer, Castiel. Impide que Dean vuelva aquí para que no se junte con su hermano. Pasa la noche con él con la apariencia que hemos hablado y si no os "conoceis", John Winchester subirá a los cielos…
Mirándole con odio por haber manipulado ya a Dean a su favor, Castiel desapareció, no sin antes advertir a Crowley que algún día sería él personalmente el que le cortara en pedacitos…
Muy cerca ya de su destino, Dean, que iba canturreando con la radio del coche el "Heat of the moment" de Asia, dobló una curva y frenó de golpe cuando vio algo blanco salir del campo y cruzarse delante de él en la oscura carretera.
Pero que coño…- a la luz de las largas, vio que aquel objeto se había parado justo en su camino, y al cambiar las luces, el Winchester se dio cuenta de que era una persona. – Cogió la pistola, se cercioró de que estaba cargada, y salió del coche.
¿Pero que diablos haces? ¿Te has vuelto loca?- ahora, más cerca, Dean vio que se trataba de una mujer. Por un instante, el cazador pensó con un escalofrío en la chica de la curva, fantasma con el que ya se habían encontrado, y subió el arma, pero cuando se acercó más a ella, se dio cuenta de que no era ningún fantasma.
Joven, esbelta, de pose lánguida, con su largo cabello liso que parecía de miel a la luz de los faros, le miraba con unos enormes ojos azules muy abiertos, vestida sólo con un dulce camisón de raso blanco. Destilaba candor e inocencia e iba descalza y parecía flotar de algún modo en la oscuridad, como un vaho de aguas termales o un jirón de nube en medio de la negrura de la noche. Una ráfaga de viento sopló y ciñó su exigua vestidura a sus suaves formas, revelando su talle recto y flexible como una caña de azúcar, la cinturilla de sus braguitas y sus pequeños pechos turgentes por la repentina brisa.
Dean bajó la pistola y el tono.
Eh, vale, tranquila, no pasa nada- la joven bajó tímidamente la mirada al ver al chico tan cerca, y tiró nerviosamente del bajo del camisón para tratar de cubrir más sus preciosos muslos- Vale, espera…- volvió al coche sin perderla de vista, y cogió su cazadora, que por suerte estaba en el asiento trasero, regresando con ella- Toma, ponte esto…- y le tendió la prenda. Ella la cogió agradecida y se la puso rápidamente- Venga, que te llevo a tu casa. No puedes quedarte aquí…
Sin acercarse demasiado, Dean hizo ademán de volverse hacia el coche, y comprobó aliviado que ella le seguía caminando de forma normal, sin flotar y sin teletransportarse. Se subió en el asiento del copiloto, aún callada.
Dentro del habitáculo, Dean pudo comprobar que estaba muy ruborizada, sin levantar la vista y sin dejar de mirarse sus propios pies. El chico arrancó, y le dijo:
Voy a llevarte a tu casa, dime por donde está…- al ver que ella seguía callada, pensó que tal vez la estaba asustando más, así que decidió tratar de romper el hielo de otra forma- Me llamo Dean, y lo que conozco de por aquí son las estupendas hamburguesas que hacen en el restaurante que está a unos ocho kilómetros de aquí. Son realmente estupendas, ¿las has probado?- dijo, con una sonrisa genuina mientras la miraba. Ella continuaba con la mirada baja- Asi que ya sabes, si un día quieres comer una buena hamburguesa, solo tienes que venir por aquí; y además las camareras son muy amables…
Castiel no recordaba haber pasado tanta vergüenza en toda su larga existencia. Pese a que Dean estaba comportándose tal como debía hacerlo, y que sabía perfectamente que su único interés era ayudar a la que creía una joven en problemas, la mirada que tenía el cazador, la forma en la que le había mirado en la carretera, el tono que empleaba para dirigirse a él…era tan incómodo…tan diferente al modo en que le trataba habitualmente… y encima la mala pasada que le había jugado el demonio con aquella súbita reducción de ultima hora de su vestuario… Desde luego que le mataría; algún día, mucho más cercano de lo que aquél maldito diablo creía. De repente, una voz ajena invadió su conciencia "perfecto, Castiel, vas por buen camino. Gran entrada, querido, le tienes en el bote. A ver si ahora soy capaz de estar a tu altura".
"Que?"- pensó Castiel
"Que ahora me toca a mi presentarme a Sam Winchester, y me has puesto el listón muy alto, con esa carita y esa sutil forma de enseñar género…y, oh, pensé que te habrías dado cuenta de que tenemos línea directa…por cierto, deja de apretar así los pies; pídele que ponga la calefacción y así dejarás de sentir frio… aunque te advierto que si tiemblas, es por los nervios…"
"¿Sabes lo que estoy sintiendo?"- se escandalizó mentalmente el ángel
"Si, el conjuro que he tenido que emplear para vigilarnos no era el ideal para esto. Pero si te sirve de consuelo, te diré que es una vía de doble sentido"
Difícilmente aquello podía consolar a Cass.
"Te refieres a lo que creo?"
"Si"
De nuevo el ángel tuvo la sensación de que, por mucho bien que hiciera ganar la apuesta, hubiera sido mejor no aceptarla…
Ya era muy tarde cuando Sam se cansó de peinar internet buscando información. Aún preguntándose porqué la gente se complicaba tanto la vida sin tener necesidad (buscar en las redes sociales era mentalmente agotador) apagó el ordenador y se puso de pie. Levantó los brazos y estiró la espalda con pereza; echó un vistazo al móvil y se dirigió a la nevera a buscar un vaso de leche antes de irse a la cama. A Dean no le esperaba hasta el amanecer, pero por si acaso subió el volumen del teléfono y confirmó que tenía suficiente batería para asegurarse de que oiría cualquier llamada de su hermano si era necesario.
Estaba a punto de salir de la cocina cuando oyó algo en su habitación. Inmediatamente se puso alerta, regresó cautelosamente al saloncillo del apartamento y cogió su arma. Sin hacer ruido, caminó por el pasillo cerca de las paredes, con el arma delante, los brazos extendidos, listo para abrir fuego en caso necesario. La luz de la luna le reveló que, entre las sombras móviles de la habitación que compartía con su hermano, no todas eran de las ramas de los árboles.
Entró de golpe en el cuarto y, apuntando al extraño, encendió la luz.
Esta se tapó rápidamente los ojos para protegerlos del repentino resplandor.
Apaga eso, por favor, que me estás dejando ciega.
Sam, asombrado, se encontró contemplando a una chica joven que se había colado en su apartamento con el propósito, al parecer, de ponerse su camisa, porque no parecía llevar nada más. Separó un poco las manos que estaba utilizando de escudo para protegerse de la intensa luz, y le contempló con un ojo verde de largas pestañas soberbiamente maquillado con el efecto "smoking eyes".
La mirada del ojo pasó de fijarse en su cara a recorrer su cuerpo de arriba abajo con descaro, y por último, se quedó en el arma.
¿Así es como te presentas habitualmente a una chica, con el arma en ristre?"
Sam puso cara de "yo no…" y luego sacudió la cabeza y guardó la pistola.
Mas bien soy yo quien debería preguntar, ¿no te parece?- dijo el cazador, haciendo un gesto de exasperación.- ¿Quién eres tú?, ¿Y porqué estas en mi habitación… y con mi camisa?
La chica sonrió con picardía. Se apartó de la ventana y se aproximó un poco al Winchester quien, al acercarse ella más, cayó en la cuenta de su pequeña estatura. La joven cogió el cuello de la camisa, que estaba abierta hasta el tercer botón mostrando un rotundo escote, y se lo acercó a la nariz para aspirar profundamente el olor de Sam y de su colonia que aún impregnaba la prenda. Al hacerlo, su abundante melena ondulada entre castaña y pelirroja tomó más volumen, haciéndola parecer un pequeño león, y el final de la camisa subió por encima de las rodillas, revelando unos generosos muslos bien torneados. Miró con coquetería al chico y le respondió:
Pensé que no te importaría prestármela, ya que tuve que salir corriendo de la habitación que me prestaron con mi ropa de dormir… que es nada.- caminó un par de pasos hacia Sam, y cogió la corbata que estaba sobre la cómoda. Jugó con ella distraídamente un momento, enroscándola en sus muñecas- Pero si no quieres dejármela, te la devolveré ahora mismo.
Al ver que la adolescente comenzaba a desabrochar más botones, Sam hizo rápidamente un gesto para detenerla.
No, no, no me refería a… puedes quedártela…- el cazador se cubrió los ojos con los brazos como si aquella espléndida pelirroja fuera una bomba a punto de estallar. Ella sonrió y dejó los botones, con lo cual Sam volvió a destaparse la cara- Pero entiende que me parezca un poco extraño que te cueles así en mi apartamento, cuando ni siquiera sé como…
Berenice. Pero mis amigos me llaman Nice- repuso ella, con la luz de la luna reflejándose en sus intensos ojos verdes.
· Capitulo tres: Cuarteto para música sacra y reggaeton:
