PARTE TRES.

Existen tres cosas en particular a las que Judy Hopps le gustaba evadir: La primera eran los dramas incansables de sus padres, la segunda eran los chismes o rumores ajenos. Y finalmente, la tercera era cualquier discusión que pudiese tener con su compañero y mejor amigo; Nicholas P. Wilde.

Los primeros dos eran sencillos de rehuir. El último, sin embargo, era aquel con el que la coneja más problemas tenía para lidiar.

¿Por qué? Simple. No importaba lo mucho que Judy estuviese segura de tener la razón. No tenía caso contar con argumentos sólidos ni con pruebas que hablaran a su favor. Al final, entablar una discusión con un zorro era como tratar de ganarle a un elefante en un concurso de peso completo.

Es imposible ganar.

Y estaba bien en lo que cabía. Pues la coneja comenzaba a acostumbrarse a las mañas de su astuto y mañoso compañero y mejor amigo. Tanto que todas sus riñas al final siempre terminaban en burlas y risas.

Aún así, aquella ocasión fue diferente.

No se enfrentó a una simple pelea por el café de la mañana, o la ya habituada discusión por los pésimos modales de Nick en la oficina. No fue un debate por el mejor equipo de futbol en Zootopia o el simple hecho de indagar quién de los dos era el animal más astuto del día.

Oh, no. Aquel encuentro había sido sin duda alguna el peor desde que se conocieron. Sobrepasando con creces el incidente de los aulladores. Y eso ya era hablar mucho.

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— Tenemos que hablar — fue la frase que Judy pronunció. La misma que daría comienzo a un verdadero cataclismo.

Nick arqueó la ceja, mirándola desde la silla giratoria del escritorio que compartían; — Sabes que esa frase es peligrosa, Zanahorias. No deberías usarla tan a la ligera— contestó él con su cínica sonrisa. ¿Es que jamás iba a tomarla en serio?

—¿Tengo cara de estarla usando a la ligera? — el desdén en las palabras de Judy fue casi tangible. Tanto como para lograr borrar la expresión de sorna en el rostro de Nick por unos instantes.

Bien. El primer punto a su favor. No cualquiera lograba arrebatarle esa maldita sonrisa irónica del rostro. Aunque ese no fuese el objetivo que ella planeaba alcanzar.

— La cafetería. Tú y yo. Ahora — indicó la coneja antes de dar media vuelta y desaparecer por la puerta de la oficina. Sin darle si quiera una oportunidad de réplica al pobre y confundido zorro

No pasaron ni tres segundos antes de que escuchara los pasos de Nick, lentos tras de ella. Esto sólo provocó que la coneja acelerara su caminata, indispuesta a darle la oportunidad de interceptarla. Judy suspiró en lo profundo. En verdad deseaba ahorrarse el sermón que poco a poco iba maquilando dentro de su mente. Dejar pasar lo sucedido, hacerse oídos sordos y continuar como si aquel fuese un día común y corriente. Pero era necesario. Nick debía entender de una vez y por todas que ella no era una inocente y torpe coneja.

…Aún si eso significaba discutir con él.

Ambos entraron a la cafetería de la comisaría. Desierta y silenciosa debido a la temprana hora del día. Judy cerró la puerta, poniendo el pestillo para asegurarse así que no recibirían ninguna clase de interrupción. Tardó más de lo debido, aprovechando aquellos escasos milisegundos para encontrar las palabras y el valor necesario para enfrentarlo.

—Hablé con Guideon Gray esta mañana— habló por fin, imprimiendo toda la desaprobación posible en su tono de voz — Me contó que vino ayer por la mañana a buscarme… — Judy detuvo allí la anécdota en busca de algún indicio de nerviosismo o culpabilidad en el rostro del zorro. Sorpresa si quiera.

No había nada.

En la expresión de Nick sólo podía leerse la usual y fastidiosa tranquilidad que lo caracterizaba. Judy incluso podía alcanzar a notar como fruncía su boca en una casi imperceptible sonrisa. Como si ella estuviese sosteniendo la más coloquial de las pláticas. De nuevo tomándolo todo en broma.

Aquello sólo la hizo enfurecer aún más.

—Déjame adivinar — habló él por fin — Te llamó para acusarme, ¿no es así? — el zorro arqueó la ceja y aquella sonrisa a penas imperceptible se ensanchó en el momento en que Judy asintió con la cabeza — Vaya. En serio. ¿Cuántos años tiene?, ¿cinco?

Otra vez. De nuevo tratando de ganar la pelea. Darle poca importancia y tomarlo todo como broma era su primer y gran movimiento. ¡Maldito zorro!

—¡Lo echaste de la comisaría, Nick! — exclamó Judy, exasperada— ¡Amenazaste a un civil con tu placa y no permitiste que hablara conmigo!

— De acuerdo. Ahora estás exagerando…

— ¿¡LO ESTOY?! — gritó esta vez, incapaz de retener por más tiempo tanto la molestia de sus propios actos como la furia que le provocaba el poco interés de su amigo por discutir el tema — ¡Guideon dijo que lo amedrentaste con tus garras si volvía a acercarse por aquí!

Entonces Nick por fin rompió con aquella representación de temple. Su semblante de ecuanimidad se transformó en el momento en que el zorro frunció el ceño, ahora mirándola con ojos acusadores y agraviados.

Oh, ¿entonces ahora era él la víctima y el ofendido? ¡Fantástico!

— Claro. Y tú seguro te tragaste todo lo que dijo — pronunció cada palabra con recelo. Provocando que de ese modo la pelea estuviese nuevamente a su favor.

Así que de eso se trataba; ¿de averiguar quién de los dos era la víctima y el victimario en el asunto? No. Judy no pretendía llegar a eso y tampoco deseaba embarcarse en una encrucijada en la que pudiera herir los sentimiento de alguien; ya sea los propios o los del mismo Nick. No ahora.

La coneja respiró profundo y bajó las orejas con precaución, capturando los ojos del zorro; — Yo confío en lo que tu me digas, Nick — murmuró como respuesta.

Y con esas simples y sencillas palabras fue como la coneja dejó al zorro por primera vez sin una respuesta astuta e inteligente. A decir verdad, él había esperado que Judy se quedara y confiara ciegamente en la versión de Guideon Gray.

De haber sido así, entonces Nick hubiese podido asumir el papel de víctima con suma facilidad. "No confías en mi" habría dicho con fingido tono agraviado. Hubiese usado aquella situación a su defensa y así, llevarse la conversación a la bolsa.

Pero ella confiaba.

La cosa era que, por más que él estuviese seguro de que podría depositar su vida misma en las manos de Judy. Una parte de Nick aún dudaba que la coneja pudiese devolverle el sentimiento. ¡Vamos!, ¿Quién lo haría? Él es un zorro después de todo y… ¿Cómo dice una de las reglas más sabidas de la naturaleza? ¡Ah, sí! No confíes jamás en un zorro.

¡Pero ella confiaba! Judy lo hacía de verdad y con todo el corazón.

— Lo hice… — confesó al final. Podría mentirle a cualquiera. Engañar quizá fuese una de sus habilidades natas. Pero no cuando Judy estaba cerca. Ella no lo merecía.

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Entonces la herbívora cerró los ojos y contó mentalmente hasta diez, tratando de acallar con todas sus fuerzas la lucha interna en su cabeza; Confusión, enojo, decepción, furia, duda y desesperación. Todos aquellos sentimientos mezclándose peligrosamente, haciendo lo posible por hacerla explotar desde dentro.

—¿Por qué lo hiciste? — demandó saber con voz contenida. Aunque no lo suficiente. Nick pudo notar el ligero deje de decepción en su tono de voz.

— No confío en él — murmuró entonces sin rodeos.

La sinceridad que resplandeció en los ojos de Nick la heló lo suficiente para no notar cuan cerca estaban uno del otro hasta que sintió las patas de Nick sobre sus hombros y el temblor de su mandíbula; — No confío en nadie que se haya atrevido a lastimarte —la voz de su amigo fue casi un susurro inaudible, como la de alguien que confiesa y se avergüenza de alguna de sus más ocultas verdades.

Judy casi pudo sentir el corazón tratar de atravesar su pecho de un solo latido.

—Nick. Éramos niños.

—¿Y? — enfatizó él y con unas cuantas zancadas suyas empujó a Judy contra puerta de la cafetería. Nick alejó sus brazos de sus pequeños hombros para usarlos como grilletes, colocándolos lado a lado de ella Como si temiera que la coneja fuese a huir de él en cualquier momento. Pretendiendo que de esa manera ella podría comprenderle con totalidad — "Permite que el perro te muerda una vez y después lo seguirá haciendo" — citó sin preámbulos — Puedo deducir cómo es el animal sin conocerlo. Es uno de mis dones.

—Nick, eso no es…

—Te dijo que te alejaras de mi, ¿cierto?. "Ese zorro es peligroso, Judy. Aléjate de él" —emuló la voz de Guideon, entrecerrando los ojos — ¿Estoy cerca?

Judy se quedó sin palabras; — Como supiste que…

—Te lo dije. Es uno de mis dones — repitió insistente— ¡Comprende! El tipo oculta algo. No me agrada. Estoy seguro que se trae algo entre manos y te lo voy a demostrar. Es más… No dudaría ni un segundo que él está…

— Basta, Nick — le cortó súbitamente, alejándose deliberadamente de aquella pequeña prisión en la que la mantenía. Algo que sin duda el zorro no se esperó, pues la sorpresa y e incluso desilusión en sus ojos aceitunados fueron evidentes... casi dolorosos.

Hacerle sentir así la apenaba en lo más profundo. Quizá más de lo que él imaginaba. Pero no podía dar marcha atrás. Nick tendría que entender, aunque no quisiese que era tiempo de tomarla en serio de una vez y por todas

— Estoy cansada de que me veas como una coneja ingenua. Siempre he confiado en tu juicio. Ahora te pido que tú confíes en el mío — declaró firmemente, sorprendida de que su voz no temblara de la misma manera en que lo hacían sus patas — Sé que crees que tienes una obligación moral de cuidarme por tu posición de depredador. Pero no necesito que lo hagas, Nick. Puedo hacerlo sola. No soy ninguna inútil y creo que ya te lo he demostrado varias veces — Judy suspiró y apretó los puños para darse valor —Así que por favor; no vuelvas a meterte en donde no te llaman.

Silencio.

Este se extendió por varios segundos. Tiempo suficiente para que Judy se arrepintiera de sus palabras y Nick procesara su significado. Con pensamientos distintos y emociones desbocadas, ambos percibieron el mismo dolor en el pecho. Uno que sabían, no iba a irse en un largo tiempo.

—¿Así que es así como piensas? — el macho rompió el mutismo. Su voz sonaba seca y amarga. Ya no había rastro alguno del zorro irónico y audaz — ¿Que te procuro porque crees que tengo una obligación moral como depredador?

Ella tragó saliva; — ¿Por qué otra cosa sería? — murmuró sin entender. Mas la respuesta a la pregunta nunca llegó. A cambio de ello el zorro pasó de largo frente a ella, apartándola para abrir el pestillo de la puerta.

— Pensé que eras torpe, pero nunca creí que fueras estúpida — le escuchó decir, sin tener nada más que la vista de su espalda y su postura indiferente — Haz lo que quieras. Me da exactamente igual — dijo antes de azotar la puerta detrás suyo.

Aquella frase poco a poco fue incrustándose en su interior, desgarrando todo a su paso. Vaya que era irónico. Nick juzgando la garras de Guideon Gray cuando sus propias palabras podían llegar a arderle un millón de veces más.

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Y ahora estaba allí. Sentada y mirando su celular como una idiota. Expectante de ver el nombre del zorro en la pantalla en forma de una llamada, en un mensaje, una notificación… ¡En lo que fuera!

¿Cuánto llevaban ambos sin dirigirse la palabra? Judy calculaba que desde el Viernes, prácticamente todo el fin de semana. Sonaba poco. Seguramente para muchos lo era. Pero para ella una eternidad era más corta.

La pequeña hembra odiaba las frases clichés, pero ahora no podía negar que el dicho "Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido" rezaba con toda la razón del universo. No se había dado cuenta que tan apegada estaba a Nick hasta el momento en que pasó el primer día sin escuchar su voz, admirar su fastidiosa sonrisa burlona, soportar alguna de sus bromas ridículas o simplemente sentirle cerca. ¿En qué momento se había adentrado tanto en ella? Al grado de convencerla de catalogar un día gris y sin sentido si este no lo pasaba a su lado. Lo peor es que ya habían pasado tres como esos…

Y se sentían como en infierno.

Más infame era cuando las dudas la atacaban. Las cuales iban empeorando conforme el tiempo pasaba.

Primero la invadía la culpa; ¿Lo qué dije realmente estuvo mal?, ¿Debí haberme quedado callada?, ¿Seguirá molesto? Luego, todo estaba perdido cuando la paranoia finalmente hacía acto de presencia; ¿Y si no me perdona?, ¿Y si ya no quiere verme?... ¿Y si lo pierdo para siempre?, ¿Y si…?

Judy sacudió la cabeza con fuerza. Negándose así misma la simple existencia de esa posibilidad.

No. Ella arreglaría las cosas tal y como siempre lo hacía con todos los problemas que la vida siempre le presenta Hablaría con Nick, le pediría verlo en algún café donde finalmente ella los bombardearía con un millón y más de disculpas. No cerraría el hocico hasta que ese zorro mañoso las aceptara. Hasta que todo volviera a la normalidad.

¿Así que es así como piensas?, ¿Que te procuro porque crees que tengo una obligación moral como depredador? Esas palabras aún rebotaban dentro de su cabeza. Provocándole incertidumbre e insomnio. Aquello era un objetivo más; descubriría a qué era a lo que se refería ese tonto zorro, costara lo que costara.

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A punto estaba de buscar en sus contactos el nombre de Nick Wilde cuando una de sus largas orejas captó una voz sumamente familiar a sus espaldas. Judy viró la cabeza y dio nada más y nada menos que con el marginado e inconfundible Guideon Gray.

La coneja levantó la mano en símbolo de saludo, mas esté se deshizo en el momento justo en que vislumbró la sospechosa compañía que mantenía Gray a su lado. Judy frunció el ceño cuando notó como una comadreja pasaba disimuladamente lo que parecía una pequeña bolsa de plástico, entregándola en las patas de Guideon, quien inmediatamente escondió el objeto entre sus ropas.

No necesitaba ser adivina para saber qué era lo que escondía. Había sido tan evidente que los hecho la turbaban.

Pudo escuchar nuevamente la voz de Nick en su cabeza; "Comprende. El tipo oculta algo. No me agrada"

Maldito zorro astuto.

Sin poder ignorar su curiosidad nata y su tozuda necesidad de resolver casos delictivos; Judy se levantó de la mesa del café en donde se hallaba, dejando la cuenta exacta antes de salir del lugar y seguir de cerca los pasos de Guideon Gray dentro de un edificio viejo y abandonado; cercano a las afueras del centro de Zootopia.

Tan sigilosa como una coneja podía ser, se adentró en aquella construcción visiblemente abandonada. Siguió de cerca los pasos de Guideon Gray, a quien pudo apreciar a hurtadillas como más comadrejas fueron acompañándolo.

Fueron adentrándose en el edificio entre pasillos y pequeños conjuntos de escaleras arriba.

Entre más se adentraban en él más se convencía ella de que Guideon estaba metido en algo realmente turbio.

"No confío en él"

"Esconde algo…"

La voz de Nick volvió a revolotear en su mente una y otra vez. Cada vez mas fuerte conforme más comadrejas iban rodeando cada flanco de Guideon. Era como si el mismo Nick estuviese a su lado, susurrándole al oído esas palabra, dejando entre líneas un cruel e incomodo "Te lo dije"

De nuevo se había equivocado. De nuevo había arruinado todo.

Judy tuvo que obligarse a si misma a no culparse ni pensar en el tema. Al menos no por ahora. Hoy ella era la Oficial Hopps, una profesional a punto de descubrir lo que parecía una localización importante en la ciudad de tráfico de drogas.

La pequeña coneja se detuvo en seco cuando el grupo de animales entró a una habitación al fondo de un largo pasillo repleto de cajas vacías y muebles viejos de madera. Aprovechó la puerta abierta de la habitación y la cercanía de un archivero viejo a la misma para ocultarse en él. Sin perder tiempo envío un mensaje rápido a Benjamin, notificando con él su localización.

—Guideon, Guideon — escuchó una voz ronca desde dentro de la habitación — Pensaba que nuestra trato era distribuir toda la mercancía. No la mitad de ella.

—Lo lamento. N-No tuve mucho tiempo y… — Judy pudo escuchar como la voz de aquel cánido se quebraba de poco en poco; impregnada de miedo y nerviosismo. — Tuve muchas complicaciones. Es difícil vender las amapolas en zonas rurales. No hay tantos compradores.

— Ah, mi querido amigo. Sabes que te aprecio mucho, pero no puedo darte más raciones y no cumples con tu parte del trabajo.

—Pero… ¡Déme una oportunidad! Repartiré todo lo que resta. S-Sólo necesito una semana. ¡Por favor! — le escuchó suplicar, provocando en Judy un nudo en el estómago. ¿Qué tan grave podía ser a posible adicción de Guideon como para involucrarse con esa clase de animales?

— De acuerdo. Pero serán dos raciones más — advirtió la voz con falso tono indulgente, — Sólo, quisiera remarcar algo…. — no pronunció más palabra, dando pie a un silencio sepulcral que duró algunos minutos.

Fue el sonido de los gritos de Guideon y los golpes los que quebraron la calma, extendiéndose por todo el lugar.

Judy apretó sus ojos y cerró los puños. Convenciéndose mentalmente que lo mejor era permanecer allí, oculta donde estaba. Aún cuando su avanzado sentido auditivo le permitía dar un pronóstico muy acertado de dónde se suscitaba cada golpe y con que objeto se propinaba.

Tuvieron que pasar varios minutos en los que la coneja luchó contra la grima que se cocinaba en pecho y su inevitable sentido de protección al prójimo para que todo aquel calvario por fin terminara. Escuchó los pasos del grupo de comadrejas salir de la habitación, viendo como estas desaparecían por las escaleras.

Renuente a mantenerse oculta un segundo más, Judy se aventuró a entrar en la habitación, donde encontró al zorro tendido en el suelo, retorciéndose mientras algunas manchas de sangre marcaban su ropa y también parte del piso.

La voz de Nick se esfumó de su cabeza, entonces. No importaba que tan criminal fuese aquel zorro. NADIE merecía se tratado así.

—¿Guideon? — le llamó, hincándose a su lado para ayudarle a ponerse en pie.

El macho en cuestión gimió de dolor. Mas al momento de escuchar su voz simplemente se crispó, virando la cabeza con sorpresa y pavor al comprobar sus sospechas; — ¿Judy? ¡¿Qué estás haciendo aquí?! — exclamó, incorporándose lo mejor que podía, aceptando al final el apoyo de la coneja — ¡Tienes que irte! Estos sujetos… ¡Son peligrosos!

— No voy a dejarte aquí. ¡Mira como te dejaron! — exclamó en susurros, obligando al mayor a apoyarse en ella, lo quisiese o no — Te sacaré de aquí. Descuida. Vamos a solucionar esto, pero tienes que confiar en mi.

El zorro negó con la cabeza, soltando un suspiro de clara desolación;—Ya es muy tarde para mí. Estoy demasiado adentro — confesó antes de volver a enfrentar la mirada de su antigua y pequeña rival —Me temo que todo está perdido.

— ¡Por supuesto que no! Ahora yo sé lo que está pasando. Soy policía, ¿recuerdas? Estoy segura que afuera ya están los refuerzos. Esos tipos no van a salir de aquí sin ser arrestados.

Por un momento Judy pensó que aquellas palabras lo tranquilizarían irremediablemente. Ese era el juego; ella entra, averigua algo y da aviso de ello. Llegan las patrullas y se arresta a los criminales… El héroe gana y los villanos caen. Así es como funciona, ¿no es así?

Pero lo que vio en los ojos de Guideon fue como el terror iba germinando poco a poco, provocando que su adolorido y mallugado cuerpo se moviese por si solo.

— ¡Tenemos que salir de aquí! — exclamó y tropezó antes de llegar si quiera a la puerta. Judy no dudó en ir a auxiliarlo, sosteniéndolo lo mejor que podía del hombro mientras él la incitaba a avanzar los más rápido que pudiesen, a pesar de su situación.

La coneja no entendió el porqué hasta que el olor a humo se hizo presente en lugar.

Claro. Las patrullas estaban afuera y las comadrejas seguro ya tenían esposas en las patas. Pero el sentido de orgullo y venganza en esos animales era grande. Tanto como para idear la manera de destruir la mercancía que probaba todo crimen y, ¿por qué no? de una vez también deshacerse de los testigos que podrían refundirlos en la cárcel.

El humo se expidió por las habitaciones y pasillos al mismo tiempo que las llamas. Judy tuvo que luchar contra el peso excesivo de Guideon sobre ella, el ahogo y el ambiente incandescente.

—Es… inútil. No… lo lograremos — a penas masculló él, tosiendo el humo en sus pulmones al igual que ella. Haciendo un esfuerzo sobreanimal por seguir el paso de Judy, quien esquivaba los escombros en llamas que comenzaban a caer del techo.

— N-No digas eso… Mira… Casi llegamos. Aguanta — animó ella sin detenerse ni un segundo. Sacando fuerzas de lugares donde ya sólo había fatiga, dolor y sobre esfuerzo.

Un halo de esperanza invadió a ambos animales al vislumbrar el fin de aquel interminable laberinto de llamas. Afuera y a pesar del derrumbe de escombros ardientes, pudieron escuchar el sonidos de sirenas, tanto de patrullas como de la fuerza especial de bomberos.

La salida, sí. Pero lo sería sólo para uno.

Una de las orejas de Judy captó el sonido antes de que los escombros tocaran el suelo.

El acto fue casi mecánico; Empujó a Guideon y pateó su espalda con sus patas lo suficientemente fuerte como para impulsarlo a la salida antes de que cascajo de madera encendida cayera al suelo, encerrándola de nuevo.

El cuerpo de Judy azotó contra el suelo cuando parte del escombró golpeó fuertemente su cabeza, aturdiendo cada uno de sus sentidos. Pronto, sus orejas dejaron de escuchar los gritos que llamaban su nombre del otro lado del edificio. Era solo ella, el intenso dolor en su cabeza, la sangre caliente que resbaló de ella y el humo quemándole la garganta y los pulmones.

Era el fin. No cabía duda de ello.

Y a pesar de que el fuego iba a avanzando a paso cruel hacía ella, el miedo nunca tocó su mente. Al contrario de él, fue la desolación quien ocupó cada fibra de su pensamiento. Iba a morir así, sin decirle adiós a nadie. Sin haber podido abrazar a sus padres una vez más, a sus incontables y traviesos hermanos.

…Sin ver a Nick. Sin decirle de verdad cuando significaba para ella. Cuanto lo amaba en realidad.

Porque así eran las cosas. Nunca te das cuenta de la verdades más absolutas y evidentes sino hasta que todo está a punto de terminar para ti.

— N-Nick… — llamó en un hilo de voz cuando la oscuridad comenzó a apoderarse de ella.

En su inconciencia, o en una alucinación previa a la muerte, creyó oír el estruendo de los escombros. Con la vista borrosa y sus parpados casi completamente cerrados, atisbó una sombra atravesar por los mismos en un flash de rapidez. Como si el fuego mismo estuviera dispuesto a cederle el paso.

La sombra la llamó por su nombre antes de que todo se fundiese en un negro profundo.

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¡Hola de nuevo! ;)

Sé que esta historia se ha tornado un poco extraña, pues al inicio la pensé como un simple ONE-SHOT. Debo agregar que fueron sus comentarios y una serie de ideas locas los que me impulsaron a convertirla en un "Minific"

Para quienes tienen dudas de la longevidad y las continuaciones que subiré. A decir verdad creo que este será el penúltimo capitulo.

Quisiera agradecer enternecidamente a todos aquellos que me dejaron cometarios ;)

Lamento la tardanza en contestarlos. El trabajo me tiene full

Así mismo, les pido un poco de paciencia. Trabajaré en la continuación esta semana. ¡Se los prometo!

¡Mil gracias por su apoyo!

Marianne.