PARTE CUATRO.

Nick Wilde odiaba los hospitales.

Quizá no era una característica que lo hiciese único entre otros animales. Después de todo, ¿Quién en su sano juicio podría gozar permanecer en un sitio como ese? Nadie, por supuesto. No cuando el olor a medicamento te pica tu agudo sentido del olfato o el frío te cala hasta los huesos. Y no el común y corriente, no el que sientes cuando el invierno está cerca y te obliga a usar un sweater.

El frío de los hospitales era uno simbólico, casi imaginario. El mismo que se hace presente en tu pecho y baja por su espina dorsal cuando alguien se aproxima lentamente hacia ti, con la intención de darte la mejor de las noticias o revelarte la peor de tus pesadillas.

Todo mundo odia los hospitales. No importa quién seas; hospitalizado o visitante… no había manera en que tu estadía fuese ni lo más cercano a lo soportable en ese espantoso lugar.

Es por eso que, por más que Nick detestara la idea de permanecer un minuto más en aquella fría silla medianamente acolchonada, tampoco era capaz de mover un solo pelo de allí. Porque sabía que en el fondo y a pesar de su inconciencia; Judy también estaba aborreciendo su permanencia en ese lugar.

El zorro respiró hondo y tronó su cuello adolorido. La fatiga de las dos noches enteras sin dormir era evidente en la irritación de sus ojos y el constante pestañeo de sus parpados. No era para menos, había vivido más emociones y sobresaltos en los últimos días que en toda una vida.

¿Cómo inició? Verán, todo comenzó con ira, sí.

La misma que sintió el día en que él y Judy habían discutido. Gracias a las palabras de la coneja, las cuales aún le hacían rechinar los dientes de tan sólo recordarlas.

Después de tanto tiempo juntos. Después de todo lo ya dicho y lo que aún quedaba al aire, ¿se atrevía a decir que él sólo la procuraba por simple reputación depredadora? Vaya… como si la historia hubiese determinado como una regla que el zorro debe cuidar al conejo en lugar de tragárselo. ¡Pero qué ridiculez!

Nick tuvo que luchar para contener la cólera de aquel momento. Y pesar de ello, no pudo evitar soltar unas cuantas palabras hirientes contra Judy.

No se arrepintió de lo que dijo hasta dos días después. Cuando el orgullo y el enojo que le provocaba el creer que Judy aún no podía sobrepasar las etiquetas de "presa" y "depredador" desaparecieron, dejando en su lugar un naciente y profundo sentimiento de culpabilidad.

¿Por qué? Simple; la naturaleza de Nick era la de un animal irreverente. La mayor parte de todo lo que decía era una broma y lo que no lo era nada tenía que ver demostrar sentimentalismos.

El zorro aceptaba lo que sentía y nunca encontró necesidad en exponerlo a base de palabras. No cuando los hechos podían hablar perfectamente por si solos.

Pero no todos eran como él. No todos veían con claridad cada situación y se guiaban con la misma lógica. A veces las palabras eran más que suficientes para zanjar cualquier tipo de duda, sin importar si estas eran ciertas o falsas.

Nick vivía de hechos, de obviedades. Pero Judy necesitaba las palabras.

…¿Y cada cuando él se animaba a recordarle cuanto la apreciaba?, ¿Cada cuándo le recordaba lo afortunado que se sentía de tenerla a su lado?, ¿Alguna vez le dijo si quiera un miserable "Te quiero"? Judy a veces no se cansaba de repetirle todo lo anterior.

Con buena razón ella creía que Nick la cuidaba sólo por obligación.

La epifanía de su desvergüenza y culpabilidad llegó antes que la repentina llamada de Benjamin Clawhauser. Justo en el momento en que el zorro estaba por teclear el botón verde para localizar a su mejor amiga.

Después de atender a lo que el Leopardo tenía que decir fue cuando el miedo hizo su aparición.

Vestido de civil y con la placa resguardada en su chaqueta, Nick llegó sin aliento al edificio abandonado que Bejamin había indicado. Allí encontró a un número significativo de patrullas. Nick reconoció a varios de sus compañeros agrupados en ellas. Sus ojos rodearon el lugar, vislumbrando a un conjunto de comadrejas esposadas y siendo encaminadas al interior de las patrullas. Vio a Bogo entrevistarse con la prensa y unos cuantos civiles curiosos rodear la zona.

Pero no había señales de Judy.

¡Fuego! — escuchó gritar a uno de los civiles. El zorro viró la cabeza y contempló con horror como la intensa nube de humo iba sobresaliendo de aquella vieja construcción.

Nick lo supo. Mucho antes de que Bogo diese ordenes de llamar al escuadrón de bomberos y toda la fuerza presentes de ZPD hiciese lo posible por planear un plan de rescate. Mucho antes de que el grito horrorizado de Francine se escuchara por toda la cuadra; "¡Hopps sigue adentro!"

—¡Nick! ¡Quédate donde estás, zorro!

—¡Es peligroso!

—Basta, compañero. ¡Lo hago por tu bien!

— ¡No te muevas, Wilde!

Así, escuchó varios gritos de sus incontables camaradas, quienes en grupo y a pesar de sus colosales tamaños, lidiaban con los colmillos y garras del zorro, quien luchaba desesperado por entrar en aquel edificio en llamas.

— ¡AYUDA! — una voz masculina resonó desde el interior. El humo que exhalaba la entrada dejó ver una figura caminar a paso errante.

Guideon Gray cayó al suelo, herido, jadeando y manchado de hollín. Escapó de los paramédicos con dificultad, acercándose justo donde Bogo y el resto de los oficiales se encontraban; — ¡Está atrapada!, ¡Me empujó para poder salir! Ella…

Nick no escuchó el resto. A decir verdad no escuchó nada más después de esas palabras. No oyó el aullido de dolor de DelGato cuando mordió una de sus patas para liberarse de él y correr como fiera a las instalaciones en llamas. No atendió al fuerte grito de Bogo ni las voces de los bomberos, quienes ya se encontraban en el lugar. Ni siquiera escuchó el sonido de la madera y piedra quebrarse cuando Nick le arrebató un hacha a uno de los bomberos para abrirse paso por sí solo dentro del lugar.

Todo se resumió en pequeños momentos que Nick aún conservaba en la mente, acosándolo al punto de no permitirle dormir; Estaba primero el fuego, el cual se ajustó al color de su pelaje cuando por fin logró traspasar el muro de madera y escombro. Después el humo alojándose en sus pulmones; obligándolo a inclinarse en cuatro patas para aspirar el casi inexistente aire del lugar.

…Y Judy; tirada en el piso, inconsciente.

Allí la última emoción fuerte que asaltó a Nick y la que no paró de sentir, incluso en los días siguientes: Terror. Real y monumental terror.

— ¡Zanahorias! — le llamó cuando estuvo cerca. La sangre de Judy manchó la chaqueta de Nick, quien la zarandeaba lentamente en su pecho — ¡Judy! ¡Despierta!

En algún lugar en el cerebro del depredador algo se activó. Un mecanismo oculto que desconectó todo raciocinio en él, eliminando cualquier pensamiento que no fuese el sacar a Judy de allí; costara lo que costara.

Él era un zorro después de todo. A la mierda el fuego.

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Hubo un encabezado. Uno muy famoso, de hecho. La fotografía ganaría más adelante el primer lugar en la World Press Photo Award. El título de la misma rezaba así; "The Firefox of Zootopia"

El fotógrafo y artífice; un pequeño puercoespín, fue testigo al igual que medio cuartel general de ZPD, la prensa y un montón de civiles allí reunidos como las llamas se asomaban por la entrada del edificio. Con estupefacción ante horroroso espectáculo, avistaron una bala de fuego abriéndose paso con gran velocidad hasta salir de la construcción y de la boca ardiente que en ese momento era la entrada.

Esa bala roja era Nick Wilde, quien en brazos cargaba a una desfallecida coneja, cobijada con una chaqueta.

Sí, aquellos días fueron demasiado para el pobre cánido. Muchas emociones, demasiadas para él.

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La habitación de hospital asignada para Judy era más grande de lo que imaginaba. A decir verdad, esa enorme Suite en el mejor hospital privado de Zootopia era cortesía de Mr. Big y su hija. Quienes, no conformes con pagar los gastos en salud de la coneja, también habían dejado un enorme arreglo de floral en la entrada. El más caro y el mejor, sino fuese claro por el correspondiente al de la familia Nutriales.

Era impresionante la cantidad de amigos que Judy había ganado en su arribo a la ciudad. Cada amistad podía verse reflejada en un regalo, un ramo de flores o un simple peluche.

En la habitación Nick podía ver una caja de chocolates y donas, cortesía de Bejamin. Flores y cajas de inciensos del todo Club Naturalista. Mil y un zanahorias de sus padres y hermanos. Una hielera repleta de Pawpsipaletas por parte de Finnick. CD's que sus ruidosos vecinos vinieron a dejarle y hasta una simple y fría tarjeta de "Recupérate" del mismísimo Jefe Bogo.

¿…Y el suyo? Nick ni siquiera había tenido tiempo de comprarlo. No después de haber permanecido dos días enteros pegado a la cama del hospital, impaciente por que la coneja se dignara a despertar.

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El reloj marcaba las 2:30 de la mañana cuando Judy Hopps abrió los ojos.

Su vista se enfocó en el techo oscuro de la habitación mientras su mente rebobinaba poco a poco todo lo que alcazaba a recordar.

La coneja se sentía mareada y confundida. Podía sentir leves y constantes punzadas en la cabeza. En un movimiento errático, Judy tocó el vendaje que envolvía gran parte de su frente. Hizo una mueca de dolor cuando una nueva punzada se hizo presente, trayendo con ella pequeños recuerdos en forma de flashes. Se había golpeado la cabeza y de allí todo era borroso… Recordó el humo, las llamas y el pensamiento de saberse muerta.

Con singular esfuerzo, la pequeña hembra trató de incorporarse en aquella cama. No sin antes ser detenida por una firme fuerza, la cual la devolvió hacia la almohada con facilidad.

— No tan rápido, Zanahorias — escuchó una voz en la oscuridad — Un movimiento a la vez. No querrás obligar a los matasanos a ponerte grilletes en la cama.

El sentimiento fue cómico. Días enteros y una inconciencia desconocidamente indefinida ansiando escuchar su voz, sólo para que el momento en que sus orejas por fin la percibieran, la coneja sólo deseara regresar al cobijo de la oscuridad. Allí donde sus emociones no nublaran su juicio. Donde no había una realidad llena de incertidumbre con un torpe y astuto zorro al que amaba y a cual no sabía cómo enfrentar.

—¿Nick? — murmuró casi afónica, reconociendo el destello oliváceo de los ojos del depredador entre la oscuridad.

— El mismo — la respuesta fue natural de su parte. En su tono jovial y confiado no había rastro de la pelea que mantuvieron días atrás — Comenzaba a preguntarme cuando ibas a dignarte a despertar.

Estúpido zorro idiota. Pensó Judy cuando comenzó a formársele el nudo en la garganta. Las pequeñas lágrimas fueron cayendo una a una por sus mejillas. Sollozó sin poder evitarlo, limpiándose de forma apenada los ojos con las patas.

—¿¡Qué sucede?! ¿¡Te duele algo?! … Espera, llamaré a la enfermera.

—¡No! — exclamó al tiempo que su pata atrapaba la de Nick, impidiendo que este se moviera. La intravenosa casi le ardió por aquel movimiento brusco. Tampoco le importó, mucho menos cuando obligó a Nick a quedarse donde estaba cuando sus pequeños brazos lo atraparon por el cuello, envolviéndolo en un repentino abrazo cargado de desesperación.

—¿Zanahorias? — el tono monocorde de Nick fue interrumpido por más sollozos por parte de Judy, quien ocultaba su rostro en uno de sus hombros — Judy, ¿Qué…?

— ¡Lo siento! — lloriqueó la coneja, apretando el agarre con la poca fuerza que conservaba— ¡Lamento haber dicho todo lo que dije! ¡Por no confiar en ti! Tú me lo advertiste y… ¡Oh, Nick! — le pequeña mamífero tuvo que hacer una leve pausa para no atragantarse con las frases y las ideas revoloteando en su cabeza. Tenía tanto que decirle y tan pocas palabras para poder expresarlo —Tienes razón, soy una estúpida. ¡Tan ciega! Ahora lo entiendo… A lo que te referías, yo…

— Hey, tranquila — entonces Nick se separó de ella. Tomó su rostro entre ambas patas, limpiando el resto de lágrimas que quedaban sobre el mismo — Si sigues balbuceando no entenderé nada de lo que dices, coneja tope — musitó, depositando un pequeño beso en la frente de la hembra.

Aquel acto fue suficiente para dejarla sin palabras. Un excelente movimiento, pues ni las lágrimas siguieron derramándose debido a la impresión.

Nick jamás era tan expresivo.

— Eso es, respira —continuó hablando el zorro, acariciando con suavidad las largas orejas caídas de su compañera — Y mientras te tranquilizas, Zanahorias. ¿Por qué no me escuchas primero a mi?

El silencio del momento y las orbes moradas bien abiertas de Judy fueron la confirmación que Nick necesitaba para hablar.

— Muy bien. Mmm; ¿por dónde comenzamos? — el zorro fingió vacilación mientras obligaba a la coneja a volver a recostarse. A cambio de ello, mantuvo su pata fuertemente agarrada a la ajena. Nick capturó sus ojos con el ideal de mantenerlos así hasta el final de su conversación — Antes de que acepte tus disculpas; Lo cual aún me estoy pensando seriamente. Quisiera que, como buena policía que eres, escucharas mi versión de los hechos. ¿Qué te parece?

—No abuses de esto — suplicó la coneja, recibiendo un apretón de manos y un silenciador beso en la mejilla, el cual la dejó nuevamente desarmada.

—Sólo voy a decirte la verdad, Zanahorias; Mi verdad — contestó a su vez Nick — Me ofendiste. No. Ofender es poco a comparación de cómo me hiciste sentir aquel día en la comisaría. Me heriste, Judy… Y es gracioso, ¿sabes? Eres mi mejor amiga y creo que actualmente eres el mamífero que más me ha hecho sentir mal en la última década.

—Nick, yo…

—Shhht. No me interrumpas, Zanahorías. Aún no termino— se adelantó él — Sí, me sentí herido. Aún no puedo creer que pienses que mi posición como depredador me obligua a cuidarte como lo hago. Es que, después de todo lo que hemos vivido juntos, después de todo lo que has hecho por mi, ¿Aún crees que estoy a tu lado por alguna clase de diversión o reputación?

"— Más furioso me puso que decidieras ir a seguir a Guideon Gray tú sola. Sin pensar si quiera en llamarme. Sí, estaba molesto y necesitaba mi espacio, pero ¿no son para eso lo que están los amigos?, ¿para apoyarse sin importar lo que pase? …. ¡Pero nooooo! La oficial Judy Hopps prefirió escuchar a su orgullo e ir ella sola, arriesgando su vida de la forma más colosalmente estúpida — Nick hizo una pausa para suspirar, su pata soltó la de Judy, sólo para volver a tomar su rostro, acariciando el mismo con una delicadeza desconocida por él y por la coneja — Ojalá lo supieras, Hopps. Ojalá te hicieras una idea de cómo me sentí cuando te vi inconsciente entre las llamas. Sólo de ese modo sabrías porque mi insistencia ridícula por cuidarte.

Judy perdió el aliento en ese instante; — Entonces… la sombra, el que me sacó de allí…

— Fui yo. Y no fue fácil. Yo… por un momento creí que te había perdido para siempre — algo en la voz y en el rostro de Nick se quebró durante varios segundos. El recuerdo no era sencillo de digerir ya de por sí. Mucho menos lo era admitirlo en voz alta. Carraspeó, tratando de recuperar su tono de voz; — Y es por todo eso que he decidido darte un ultimátum. El que te hará entender una vez y por todas la verdad.

—¿Un ultimátum? — cuestionó Judy. A estas alturas y con tantas emociones impregnadas en su estómago, simplemente ya no sabía que esperar.

— Así es, así que pon mucha atención. No pienso repetirlo — advirtió Nick. Acercándose al rostro de la coneja, quien lo miraba estupefacta — Cierra los ojos — pidió, provocando que ella solamente arqueara las cejas — ¿Confías en mi o no?

Vaya, ¿Y todavía se dignaba a preguntar?

En respuesta, Judy obedeció ciegamente, sin saber realmente que esperar.

Entonces, un fuerte escalofrío se apoderó de ella. Erizando cada simple hebra de su pelaje. Justo en el momento en que el aliento de Nick rozó contra una de sus orejas; — Te quiero, Zanahorias — murmuró. Su voz sonó suave y tersa — No, creo que esa no es la verdad completa. Ni siquiera suena tan bien. ¿Qué tal esto?; Te amo, Judy Hopps. Espero que estés satisfecha. Tu sacas al zorro cursi que hay en mi.

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Por un momento, todo comenzó a tener sentido. Para Judy, para ambos.

Sus palabras la tomaron por sorpresa. A decir verdad, la coneja jamás había sentido tanta conmoción y tanto regocijo en su vida. Aún así, era como si ella hubiese esperado esas palabras por tanto y sin que se hubiese dado cuenta. Como si hubiese estado buscando por mucho tiempo una pieza vital y faltante en un rompecabezas.

Y ahora la había encontrado. No hacía falta nada más.

—Bueno, no te quedes con esa cara. Di algo — agregó Nick, quien no pudo evitar tragar seco ante el mutismo de la coneja.

No obtuvo respuesta. No al menos una hablada. A cambio de ello, e ignorando cualquier prescripción médica y los previos intentos del zorro por mantenerla quieta; la coneja se lanzó sobre él. Se abrazó de su cuello con fuerza de elefante y capturó sus labios antes de que él pudiese decir otra cosa.

Besar a Nick Wilde fue como beber de un manantial después de haber vivido una vida vagando en el desierto. Judy no se había dado cuenta de cuánto había ansiado un momento como ese hasta que tuvo el valor para reclamarlo.

La revelación le pegó de golpe. Siempre quiso besarlo. Desde que lo conoció suprimió ese deseo oculto de hacerlo. Ignorante si quiera de su existencia… Besar a Nick cuando charlaban en la oficina, besar a Nick cuando miraban alguna película, besar a Nick cuando este la abrazaba de imprevisto, besar a Nick para callarlo cuando discutían… Besar a Nick, besar a Nick.

Todos estos años ignorando aquella voz interior que le gritaba: "Torpe coneja. ¡Tú amas a ese zorro! Entiéndelo ya" ¿Por qué siempre eran las situaciones difíciles y las tragedias las que sacaban la verdad de nosotros?

Y era gracioso que fuese él animal menos emocional el que terminara por confesar sus sentimientos. Judy definitivamente había fallado como coneja. Pero valía la pena. Sobre todo si podía seguir viendo los ojos relucientes de Nick después de besarlo. Una y otra vez.

— Pero qué atrevida — canturreó él con una sonrisa más que satisfecha — ¿Todos los conejos son así?

— Nop. Sólo yo — Judy sonrió con simpleza, robando un pequeño beso más para lo que sería su innumerable colección de momentos.

— Eres insaciable, Zanahorias— discutió él, incapaz de dejar el juego allí. Más que listo para iniciar uno nuevo con ella… Uno que sin duda alguna sería mucho más divertido que el de "Qué animal es más astuto"

—¿Eso te molesta? — Judy susurró en la oreja ajena, provocando que esta se tensara repentinamente.

— No, me encanta —dijo el zorro antes de subirse a la cama de hospital y atacar a su querida presa de una forma que, sin duda alguna... no estaría permitida en un hospital.

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— "The Firefox of Zootopia" Es una broma, ¿verdad?

Judy dejó el periódico en la mesa para tomar un sorbo a su taza de café. Hizo una mueca posteriormente, buscando el recipiente de azúcar; — Es muuuuucho pedir que algún día recuerdes ponerle azúcar a mi café — se quejó, recibiendo el azucarero de manos del mismo Nick, sonriendo con aires orgullosos.

— Esa no es manera de hablarle a tu héroe y salvador, preciosa — infirió él sentándose a su lado.

— Oh, Dios. ¡Déjalo ya, quieres! — rogó Judy con las orejas bajas y el rostro avergonzado. Desde que ella había salido del hospital, Nick no hacía otra cosa más que presumir y recordarle el incidente y él salvándole la vida como un chantaje.

¡Vaya que si le recordara a él las veces que ella le salvó la vida!

Zorro ególatra.

Hubiese seguido con sus malos pensamientos internos y ganas de ahorcarlo, sino fuera por uno de sus furtivos besos, de esos que te dejan en blanco de la nada.

— Jamás, Zanahorias. Jamás.

Judy puso los ojos en blanco, balanceándose a un lado para recargarse en el pecho de Nick. Aún le quedaban unos cuantos días de incapacidad restantes. Perfectos para gozarlos como un perezoso. Mejor aún ahora que el zorro prácticamente se había mudado a su departamento.

— A veces quiero golpearte — murmuró, acurrucándose en él mientras Nick la envolvía en brazos.

— ¿En serio? Yo ahora mismo quiero comerte — Judy tuvo que fruncir los labios para no emitir sonido alguno en el momento en que sintió una pequeña mordida en una de sus orejas.

—Eres un pervertido.

— Contigo siempre, Zanahorias

La coneja sonrió. De hecho ambos lo hicieron. Pues todo en aquel instante era correcto. Tal y como ellos lo querían y lo soñaban.

Si bien, era cierto que los detalles de su nueva y repentina relación aún se los reservaban para ellos mismos, tampoco le temían al futuro ni a cualquier cosa que pudiese desencadenarse una vez sacaran la noticia a la luz.

Una zorro y una coneja. Extraño, sí. Imposible… no del todo. El dúo era experto saliéndose de la línea y rompiendo cualquier clase de paradigma. Esto sólo sería un escalón más para llegar a la cima.

Después de todo…

— Oye, Zanahorias. ¿Me amas?

— Sabes que sí, torpe zorro.

…En Zootopia todos pueden ser lo que deseen.

FIN.

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Nota de la Autora:

Y colorín colorado…

Antes que nada quiero agradecerles a todos ustedes, quienes hicieron esta historia posible. Estoy muy contenta y agradecida con todos los comentarios que me dejaron. ¡GRACIAS!

Disfruté muchísimo escribir esta pequeñita historia. Más de lo que me esperaba, en realidad. Tengo la esperanza de volver a escribir sobre esta maravillosa película de Walt Disney que me robó el corazón.

Sin más… me despido. No sin antes hacerles una cordial invitación a leer algunos otros de mis fics.

Y… ¿Ya dije gracias? ¡Lo vuelvo a repetir! ¡Graciaaaaas!

Marianne E.