Un cielo ardiente cual chispas de una pequeña fogata se apreciaba esa tarde, el sol se disponía a descansar cubriéndose tras los árboles, tras las montañas, para dar permiso a la menguante luna de hacer presencia. El primer atardecer de estas vacaciones, ¿Qué mejor para terminar tan grandioso día?
Los gemelos jugaban una partida de canasta, su tío Stan tomaba una de las frías gaseosas que habían subido al techo y apostaba, con total seguridad, a que sería su sobrina quien ganaría. Dipper no lo aceptada, estaba decidido en ser el vencedor a toda costa; no podía darse por vencido habiendo dinero de por medio.
La chica ganó.
El viejo soltó una gran carcajada.
—Te dieron una paliza, chico —comentó con clara burla, en lo que tomaba otro sorbo de la bebida que sostenía en su mano.
—Oh, vamos ¡Es obvio que hizo trampa! —Sentenció, haciendo un ademán para señalarla con exageración—, ¡Mírala! Se nota en sus ojos. — Se cruzó de brazos, viendo a su hermana con los ojos entrecerrados mientras ella sonreía.
— ¡No-oh! Te gané de manera justa y limpia. —Se mostró victoriosa, sacando el pecho y elevando el rostro como podía hacer toda una ganadora.
Hizo trampa. Un anciano la ayudó. ¿Por qué otra razón un estafador como lo es Stan habría apostado por ella con tanta certeza?
Estiró el brazo mostrando la palma de la mano —Ahora paga, Dopper.
El chico sacó 25 dólares de su bolsillo, que era la cantidad acordada para quien ganara, entregándoselos aún con resentimiento por perder. Luego de una tediosa pero rápida celebración por parte de Mabel, ambos se recostaron de la espalda del otro y tomaron una gaseosa cada uno. El sol se había ocultado casi por completo, aún había algo de claridad por el horizonte y las nubes variaban de su típica coloración blanquecina. Se podían escuchar las respiraciones de los tres por la calma del lugar, del momento, del relajante anochecer.
Dipper se dio cuenta de lo tarde que era... Lo tarde que era... ¿Tarde para qué?.. Miró el reloj de su muñeca, marcaba las 6:48 p.m. Lo recordó.
Se levantó de prisa, causando que Mabel casi cayera de espaldas y se diera un golpe en la cabeza por no haber sido advertida de su repentina acción. —No, no, no, no, no, ¡Voy a llegar tarde! —Exclamaba con preocupación al retirarse del lugar; Stan le advirtió que tuviera cuidado al bajar, el primer día con los chicos ahí y lo que menos quería era tener que ir a un hospital por unos huesos rotos. Mabel lo miró extrañada.
¿Tarde para qué?, ¿A dónde iría sin ella, sin decirle siquiera?
— ¡Ey, Dippy! —Se levantó y apresuró el paso para alcanzarlo — ¿A dónde vas tan apurado? —Preguntó, sin obtener respuesta—. ¡Dipper!
Lo siguió hasta llegar al interior de la habitación en la que dormían, al entrar, lo buscó con la mirada pero no lo vio por ningún lado. Escuchó un ruido del baño. Suponiendo que era él, lo esperó sentada en la orilla de la cama del chico, mientras este formando un apurado alboroto en donde se encontraba. Puedo afirmarte que se cayó dos veces.
Qué tonto puede llegar a ser.
Luego de siete minutos de espera en los que una hermana impaciente se preguntaba que hacía, salió.
— ¿Y?, ¿Qué tal me veo? —Preguntó con una sonrisa algo nerviosa; llevaba puesto un suéter negro con un logo de Blink-182 que se pegaba a su formado cuerpo -aun algo flacucho, pero la madurez tampoco lo había olvidado-, unos jeans que se rasgaban por las rodillas y se arrugaban por los tobillos, zapatillas Vans y una cadena de plata que iba de su bolsillo delantero al trasero. Sí, era sencillo, y eso lo hacía lucir guapo.
Ella siempre lo veía guapo.
—Uh, rawr. —Hizo un movimiento de manos imitando a un felino junto al sonido. — ¿A dónde va mi hermanito?
Antes de responder, rascó su nuca con notable nerviosismo, común en él cuando se trataba de mujeres. La mayor de los gemelos intuyó la razón.
—Bueno... ¿Recuerdas a Gianira? Con la que hablaba en la laptop en casa. Hace dos meses se mudó aquí, y hoy... —Rió algo atontado, dejando apreciar en sus mejillas un leve rubor—... Acordamos una cita.
Mientras hablaba había desviado la mirada un poco, lo cual no le permitió darse cuenta de la sonrisa de oreja a oreja que posaba su hermana.
—Oh. My. God. — Pronunció pausadamente, remarcando cada palabra. Saltó corriendo de la cama a abrazarlo, riendo. — ¡Tendrás una novia! —Se separó el abrazo y lo tomó de los hombros— ¡Tienes una novia! Estoy tan orgullosa de ti. —En cualquier momento le saldrían lágrimas por lo brillosos que se le notaban los ojos.
— ¿Qué?.. No somos... Yo... — Fue interrumpido por un dedo en sus labios. Mabel le sonrió.
— ¿No ibas tarde, tonto?
Suspiró y devolvió aquella hermosa sonrisa. — Gracias, tonta.
En lo que restó de la noche, el menor de los hermanos se la pasó fuera de casa con una chica; Mabel, Pato y Stan vieron una película en la sala. El anciano en el sillón, la adolescente con un puerco sobre ella en el suelo.
Mabel ignoró algunas escenas del filme, no porque quisiera o la misma le disgustara, al contrario, el tema de los dinosaurios en un parque temático y que luego todo se saliera de control le había gustado a pesar de ser algo predecible; mas no podía evitar distraerse con tortuosas interrogantes a sí misma. ¿A Dipper le iba bien con esa chica?, ¿Se volverán novios? ¡Eso sería grandioso!.. ¿Cierto?, ¿Se podría llevar bien con ella?, ¿Podrían salir todos juntos a divertirse?, ¿Dipper se estará divirtiendo?
¿Dipper se estará divirtiendo, sin ella?
