A dos semanas para una boda.
Yo
¡Salgamos a hacer algo! No sé, comer helado o ver una peli, ¿Ustedes se vieron la última que salió de Pato-Tective?
2:16 p.m.
Grenda
Sólo pude ver el principio.
2:17 p.m.
Candy
En un rato la pasarán en el parque, pusieron una pantalla gigante y todo, podemos ir a comer antes de que empiece.
2:17 p.m.
Grenda
¡Sí, yo quiero!
2:18 p.m.
Yo
¡Veámonos en 30 frente a la casa de Candy! Queda más cerca de la heladería.
2:18 p.m.
Candy
Las espero.
2:19 p.m.
¡Pasar la tarde con las mejores amigas que puedes tener! Realmente, Gravity Falls era el mejor lugar para estar.
La castaña había estado mensajeándose con las chicas boca arriba y con la cabeza fuera de la cama, ¿Cómo es que no se le iba la sangre a la cabeza? Lo que logra la costumbre. Se levantó y dejó el teléfono sobre las sábanas, debía bañarse antes de ir al encuentro con las chicas para estar fresca el resto de la tarde que estaría con ellas. Entró al baño, retiró las prendas que llevaba puestas y entró a la ducha.
…
— ¿Despedida de soltero?
—Sí, ya sabes, hacemos como una fiesta sólo de chicos, nada de chicas, sólo hombres siendo hombres. —Elevó las cejas y lo golpeó levemente con el codo en el brazo.
—Bueno, eso sería divertido Dipper -Rió-, pero realmente no sé si sea necesario...
—Bah, invitaremos a los del grupo de Wendy, ya sabes: Nate, Lee y Thompson.
— ¿Y Robbie?
—Ah... Sí, también ese... —Formó una línea con sus labios y soltó un suspiro.
5 años, Dipper. Realmente eres rencoroso.
Soos rió al verlo así y posó su mano en el hombro del menor. — Ya, chico, ¿Cuándo haremos eso?
—La noche antes de tu día.
— ¡Soos! —Se oyó el grito del anciano jefe a distancia, esa manera de exclamar el nombre del joven no indicaba alegría—, ¡El escusado me escupe agua otra vez!
La imagen de Stanley bañado en agua del WC retumbó en sus mentes y las risas se volvieron inevitables.
— ¡Voy señor! —Respondió Soos luego de calmar su risa y se retiró para cumplir su trabajo.
—Oh Dios... —Dipper se recostó del sillón aún riendo, pero se detuvo cuando su mente comenzó a maquinar. —... Espera, eso sólo pasa con el baño de Stan, ¿Verdad? —Habló consigo mismo esperando una respuesta de su propia persona, de su razonamiento, mas obtuvo una que realmente no ansiaba.
Escuchó un agudo grito proveniente del piso superior.
Mabel.
Se levantó y corrió por las escaleras hasta llegar al cuarto y casi chocar con la puerta, la abrió y buscó con la mirada.
— ¡Mabe..!
La vio, se sonrojó. Recibió un grito y el golpe de un pantalón suyo en la cara.
Entró en razón y salió cerrando la puerta a su espalda, recostándose de ella y tapando su avergonzado rostro con el antebrazo.
Mabel poco después de entrar a ducharse comenzó a escuchar ruidos provenientes del retrete, cerró la regadera y se asomó con cuidado por la cortina para ver qué pasaba. Temblaba un poco y la tapa del tanque se movía; tragó saliva y con el valor que necesitar para enfrentar a un escusado que se mueve y hace ruidos de burbujeo se acercó, tomó la tapa del tanque por la orilla con la punta de los dedos y suavemente la subió, siendo sorprendida por un chorro de agua que el objeto de cerámica le propinó.
Gritó e iba tapando -o eso trataba- con las manos el agua que era lanzada hacia ella. Qué asquerosa experiencia. Salió corriendo del baño y cerró la puerta, había dejado su toalla dentro así que pensó en buscar otra en el armario, al acercarse escuchó su nombre y volteó.
Ambos hermanos se veían a los ojos, sonrojados.
Dipper, por unos, segundos no fueron sus ojos lo que vio.
— ¡Salte, mierda! —La gemela se tapó con la puerta del armario y le lanzó un pantalón que era de él a la cara.
La había visto desnuda.
A los pocos minutos, Soos subió y se encontró con un Dipper sentado en el último escalón.
— ¿Qué tienes, amigo?
—N-Nada... Mejor ve a arreglar nuestro baño también. —Le sonrió e hizo un ademán para que se alejara.
—En eso estoy. —Y luego de hacer una pose militar, tocó a la puerta de la habitación— ¿Se puede entrar?
La puerta fue abierta por la Pines que se hallaba del otro lado que asintió a la pregunta. Estaba casi totalmente seca y tenía una toalla lila que le cubría el cuerpo.
Esperó sentada en su cama a que el mayor terminara de arreglar el baño, viendo de reojo a Dipper que aún estaba sentado en la escalera. Infló sus mejillas, se preguntaba qué estaría pasando por la mente de su hermano.
—Ya está listo, pequeña —le notificó el mayor saliendo del baño, no había tardado mucho, a lo mucho unos 10 minutos. —Estas cosas ya han pasado antes, la cabaña es vieja después de todo.
—Gracias, Soos.
—No agradezcas; ahora, iré por un sándwich. —Le desordenó el cabello y recibió una risa de respuesta a su acción, para luego retirarse del lugar.
Mabel volvió a la ducha para bañarse, ya estaba perdiendo tiempo para ir con sus amigas y no quería llegar tarde por lo que intentó apresurarse.
Salió del baño con ropa interior puesta pero aun así traía el paño para cubrirse, y encontró a su hermano acostado en su cama viendo al techo. Nuevamente, se preguntó qué estaría pasando por su cabeza.
—Lo siento... te escuché gritar y quise venir a ayudarte —Suspira—, no pensé que...
—Ya, tranquilo. —Sonrió y caminó al armario para buscar la ropa que se pondría. —Sólo fue un accidente. —Tomó y se colocó un suéter celeste con estampado de galletas de chocolate y un cintillo del mismo color, unas medias blancas, una falda de dos capas de bolados y zapatillas marrones claro, un par de sarcillos de galletas como los de su suéter y agregó a sus muñecas varias pulseras de colores en tonos pasteles como el resto de sus prendas. Tonalidades pasteles para un pastelito. Se dirigió al espejo de cuerpo completo y se vio sonriente, arreglando su extenso cabello.
El impacto de una almohada le impidió continuar.
— ¡Dipp! —Se dio la vuelta y recogió lo que había desordenado más su cabello, lanzándola de regreso entre la risa de ambos.
Dipper la atrapó con las manos. — ¿Vas a salir?
—Iré con las chicas a ver una película —habló antes de pintarse con un delicado brillo los labios.
— ¿Me traes algo?
—Si me das dinero. Además, nada te cuesta salir a comprarte algo; siempre estás afuera ¿Y no puedes comprarte nada por ti mismo?
—Hoy tengo ganas de quedarme aquí, seguro que por esa película abrirán algunas tiendas con cosas interesantes.
—Y esa debería ser una motivación para que salgas hoy.
— ¡Pero habrá mucha gente! Sabes lo mucho que me disgusta sentirme atrapado por muchas personas. —El castaño se levantó y se acercó a su hermana por la espalda, tomándola de los cachetes y jugueteando con ellos—. Anda, un regalito para tu hermano favorito, ¿Sí? —Con sus manos hizo que su cabeza se moviera de manera que asintiera y estiró la comisura de sus labios para formarle una sonrisa.
—No. —Retiró las manos de su gemelo de su cara y volteó a verle —Y ya voy tarde, así que no queda tiempo para que intentes convencerme.
Éste se giró levantando una pierna y con su rostro apuntando al techo, soltando un largo suspiro lleno de resignación. —Bien, te daré dinero y me traes algo, ¿Vale? —Buscó en su billetera 100 dólares y se los ofreció, moviéndolo de un lado a otro.
— ¿Lo que sea? —Preguntó antes de atrapar el billete, acercando su mano con cautela y mirándolo con los ojos entrecerrados.
—Confío en ti.
— ¡Yay! —Lo tomó y lo guardó en uno de los bolsillos del suéter que llevaba puesto. —Y si sobra... ¿Puedo gastarlo?
—No.
— ¡Anda! Un regalito para tu hermana favorita, ¿Sí? —Sonrió posando sus dedos índices respectivamente en sus mejillas, ¿Quién podría resistirse a esa carita?
Echó su cabeza hacia atrás e infló sus mejillas por un momento mientras lo meditaba. —... Bien.
Convencerlo con sus propias palabras, qué buenas tácticas, Mabel.
— ¡Gracias BroBro! —Lo abrazó y le dio un rápido beso en la mejilla, dejando una casi imperceptible marca de su brillo labial—. Te veo luego. —Le sacó la lengua, movió sus dedos en forma de despedida y salió cerrando la puerta de la habitación a su espalda.
Él le respondió con una sonrisa y de igual forma se despidió con un movimiento de manos. Al momento en que su hermana se retiró de la escena y dejó de oír sus pasos al bajar la escalera, se tiró sobre la cama de ella y se tapó la cara con la almohada de funda rosa, para luego soltar un grito de enojo que el cojín no merecía recibir.
No se movió por un extenso rato, al contrario, dejó que el olor del perfume de frutillas que despedía la almohada se filtrara por sus fosas nasales. Era un aroma suave, relajante, delicioso, exquisito de sentir en todo aspecto; así como quien siempre lo portaba.
