—Es que simplemente si se dieran cuenta; la serie se ha tornado tan asombrosa conforme a cada capítulo y los misterios a los que Pato-Tective se enfrenta te dejan con un suspenso que no cualquier serie logra.
— ¡Lo sé! Realmente, no puedo creer que haya gente que no lo note. —Suspiró una chica vestida en prendas de tonalidades pastel antes de lamer su paleta de fresa con chocolate.
— ¡Entonces no habrá mucha gente en el parque! —Exclamó, animada, la más corpulenta del grupo de chicas.
— Sí, es un buen punto Grenda. —Sonrió la pelinegra, acomodando sus lentes.
Qué fácil es hablar antes de tiempo.
Caminaban en dirección al parque mientras terminaban de devorar los helados que habían comprado minutos antes e intercambiaban palabras, no hacía mucho calor pues el día había permanecido fresco desde la mañana, pero eso no quitaba las ganas de darse el gusto de ese frío dulce.
Al llegar donde se realizaría el evento de la película, se encontraron con la sorpresa de que había mucha gente y pocos lugares.
— ¡Miren chicas!, ¡Por allá hay un lugar! —Señaló Mabel a un punto verde de grama que aún no se encontraba ocupado.
— ¡Vamos antes de que nos lo quiten! —Comenzó a correr una de ellas para ser seguida por la castaña y la pelinegra.
El apuro y las ansias parecían haber cegado por un segundo a nuestra colorida chica, pues no se percató de que por un lado se acercaba un chico distraído que saludaba a alguien en una dirección distinta. Chocaron. Ambos cayeron al suelo.
Se quejaban del dolor al impactar contra el césped, pero junto a sus quejidos Mabel exclamaba varios «¡Lo lamento!».
—Descuida, esto fue culpa mía también. — El chico fue el primero en levantarse, y le ofreció su mano para ayudarla a que también se pusiera de pie.
Ésta vio la mano frente suyo y la aceptó, levantándose así y con la otra mano limpiando la grama que habría quedado pegada a su falda. —Gracias... —Elevó su rostro al agradecerle, sonrojándose al instante que en el que se encontró con su mirada.
Una rápida descripción:
Ojos verdes.
Cabello teñido en celeste.
Su suéter verde se pegaba a su cuerpo.
— ¿Estás... bien?
—Ah... ¡Sí! Muy bien, muy bien. —Se soltó rápidamente del agarre de su mano y se rascó el cuello, estaba nerviosa y el otro lo notaba—. Eh... Soy Mabel, por cierto...
El chico soltó un suspiro con gracia. —Y yo Nereo. Un gusto entonces, Mabel. —Hizo una leve reverencia con la cabeza antes de retomar el camino a su lugar antes de que empezara la película. —Hasta luego. —Se despidió al alejarse.
—Sí... hasta luego... —Rió torpemente mientras lo veía retirarse, hasta que una voz femenina la hizo volver a entrar en razón.
— ¡Mabel!, ¿Vas a venir? —Gritó la más grande del trío de amigas.
— ¡Ya voy chicas! —Volvió a tomar su camino para sentarse junto a Grenda y Candy, tenían una gran bolsa de palomitas que habían comprado en lo que Mabel llegaba y un refresco para cada una.
La pantalla comenzó a tomar color, múltiples «Shh» se escucharon por el parque para que no se hiciera ruido y todos pudieran disfrutar de las siguientes dos horas de película que presenciarían.
…
Para cuando la película terminó, el color azabache se había adueñado del cielo con una púrpura degradación por donde el sol se ocultaba. El parque no parecía el mismo lugar luego de que tanta gente se retirara.
— ¡Y cuando la bomba explotó y salvó a la bebé!, ¡No pensé que lo lograría! —Exclamaba una Grenda con notorio asombro, elevando los brazos para resaltar sus palabras.
— ¡Obvio que lo iba a lograr!, ¡Es el gran Pato-Tective! —Refutó la castaña.
—En efecto, fue muy genial. Sí que valió la pena.
Todas reían e intercambiaban observaciones de la película mientras caminaban por las calles del pequeño poblado, Mabel ya tenía ganas de volver a casa y contarles a los dos chicos con los que vivía cómo había estado el filme. Sin embargo sentía, que algo se le olvidaba. Intentó hacer memoria.
Los dos chicos con los que estaba viviendo...
¡Dipper! Él le había pedido que le llevara algo de regreso, ¿Le compraba alguna chuche? Debía aprovechar que por la calle en la que estaban habían varias tiendas.
—Ey, chicas —Detuvo su caminar—, si quieren pueden irse sin mí, yo debo hacer algo antes.
—Oh, de acuerdo Mabel.
— ¡Nos vemos otro día! Hay que ver otra película.
—Sí, estaré revisando la cartelera hasta que aparezca una que se vea genial —señaló la de lentes.
Mabel rió, asintiendo con la cabeza. —De acuerdo, me avisan. ¡Chao!
Se despidieron con un movimiento de manos en lo que las veía retirarse. Se giró sobre sus talones y buscó con la mirada entre las tiendas pensando qué podría llevarle a su hermano.
Mueblería, panadería, zapatería, heladería, algunas otras cosas que terminaban en «"ría"» ¿Qué podía comprarle que fuera de su agrado? Tampoco quería llegar sin darle nada.
Se dio cuenta de que su espalda era iluminada por una luz amarillenta, volteó para encontrarse con otra tienda que no recordaba haber visto antes.
— ¿Joyería?.. A ver qué puedo encontrar aquí, después de todo si quedaba dinero podía comprarme algo. —Sonrió y abrió la puerta, el sonido de una campanilla anunció su llegada.
— ¿En qué puedo ayudarla, señorita? —Preguntó una amable señora, parecía de una edad mayor, más de 50 años quizá.
—Oh, bueno... sólo ando de paso, quería ver qué hay por aquí.
—Vea con confianza, entonces.
Le sonrió como respuesta y exploró a pasos y miradas el local, la mayoría de cosas que encontraba eran collares y joyas preciosas, muy caras a su parecer. Excentricidad por aquí, cosas que ni con su vida le alcanzaría pagar por allá.
Caminó hasta llegar cerca de la sección de brazaletes, estaba junto al mostrador y vio con cuidado cada uno de ellos; repentinamente se detuvo. Elevó la mirada. Dos pequeñas cadenas plateadas colgaban una junto a la otra, un poco apartadas del resto, sólo rodeadas por espacios vacíos de pulseras que ya habrían comprado. Parecían llamarla a gritos sin siquiera hacer ruido. Qué oxímoron tan acertado.
— ¿Algo te llama la atención?
Mabel volteó a ver a la señora, se volvió al par de cadenas y las tomó para luego acercarse a la anciana y ponerlas en frente suyo, sobre el mostrador.
—Sí, estas cadenas...
— ¡Oh! Esas vienen con dijes, espera que los busco para que puedas encogerlos. —Se agachó y, haciendo a un lado un par de cosas, tomó una pequeña caja negra. Volvió a su postura normal y se la ofreció, abriéndola con cuidado.
La castaña examinó los pequeños adornos plateados, tomando al instante ocho de ellos: Dos libros, dos estrellas fugaces, dos pinos y dos corazones; uno de cada uno para cada brazalete.
—Te ayudaré a colocarlos.
Ambas colocaron cuatro dijes en cada cadena. La joven iba a sacar el dinero que su gemelo le prestó, al tenerlo en sus manos en el interior de su bolsillo pensó lo estúpido que eso sería, quería que esto fuera un lindo detalle. Soltó el billete y sacó su propio dinero.
— ¿Cuánto cuestan?
La señora de cabellera blanca tomó la mano libre de la menor y colocó en ella ambas cadenas, e hizo que cerrara sus dedos.
—Déjalo como una... cortesía, dulzura.
— ¿Qué? Pero en serio quiero pagar por ellas. —Reclamó, algo extrañada.
—Niña, puedo notar que es para algo especial. Para alguien especial, siendo más precisa. —Sus palabras descolocaban aún más a la castaña.
Se sonrojó. ¿Era tan obvio?, ¿Era tan obvio para esa anciana algo que para ni ella misma lo era?
—Cuéntame jovencita, quién es esa persona especial.
—En realidad... Es para mi hermano. Mi gemelo. —Se rascó la nuca algo nerviosa.
—Ya veo... Mejor deja de verlo como hermano, eso te limita. —Le guiñó el ojo.
¿Qué estaba diciendo esa señora? La dejaba consternada.
—Sí, eh... Bueno... —Se alejaba caminando de espaldas, fingiendo una sonrisa —G-Gracias por los... Las cadenas gratis... Eso... —Chocó con la puerta riendo torpemente, la abrió —Adiós. —Y salió. Corrió rápido a la esquina de la calle y se detuvo porque un auto iba a cruzar, posó sus manos en sus caderas y suspiró. —Eso fue... Incómodo. —Levantó la mano en donde tenía los brazaletes, una delicada sonrisa sustituyó su incomodidad, tomó uno de ellos y se lo colocó tapándolo con la manga del suéter y volvió a tomar el camino a la cabaña.
…
Subió las escaleras sin que la notaran, su hermano y tío abuelo estaban en la cocina para cenar así que se apresuró. Buscó donde ponerle la cadena a Dipper para que se sorprendiera al verla, pensó en dejarla bajo su almohada o simplemente dejársela en la mesa, pero no quería que fuera tan obvio; abrió el closet que ambos compartían y vio sus pantalones. ¡Eso es! Cuando su hermano revise sus bolsillos lo encontrará allí y se preguntará qué es eso, la castaña le mostrará que ella también tiene una y él se alegrará y todo será súper lindo. En la mente de Mabel parece que todo es súper lindo, hasta podía ver brillos en la añorada escena.
Colocó la cadena dentro de uno de sus pantalones, cerró el closet dejando todo en su lugar y bajó a la cocina.
—Llegas a tiempo niña, ya llegaron las hamburguesas —dijo un feliz Stan, al que le acababan de entregar una bolsa con sus órdenes.
— ¡Genial! —Se apresuró a sentarse junto a su hermano.
Ambos sonrieron mostrando sus dientes, formaron puños con sus manos y comenzaron a golpear la mesa gritando al unísono «¡Queremos comer!» repetidas veces.
Stan rió y repartió las hamburguesas —Disfruten —pronunció antes de propinarle una mordida a la suya, que lo dejó con el alrededor de la boca manchado en salsa.
Dipper tomó su hamburguesa y, antes de comer, golpeó con el hombro a su hermana que ya se estaba devorando la suya.
—Ey, ¿Qué me trajiste?
— ¿Uh? Nada. —Sacó el billete que le había dado y se lo devolvió— No vi nada que pudiera gustarte. —Respondió con una bien fingida indiferencia.
La cena continuó con Mabel contándoles cómo estuvo la película y colocando expresiones graciosas para acompañar su relato. Luego de terminar, Stan se quedó en la sala y los gemelos se quedaron en el cuarto distrayéndose con la lectura o jugando con Pato, respectivamente.
Dipper fue el primero en quedarse dormido, a Mabel le costó un poco más por una sencilla razón: No dejaba de pensar en lo que le había dicho aquella anciana. ¿Acaso ella se dio cuenta de lo que sentía?, ¿Lo sabía?, ¿A qué se refería con que dejara de verlo como hermano?, ¿La limitaba en qué?
¿La limitaba en ser algo más?
