«Uhg, bájale dos, no creas que voy a andar con una... Niñata. Ándate mejor a jugar con tu hermanito, tengo mejores cosas que hacer. »
En ocasiones las palabras duelen, otras es la persona quien las dice lo que causa el dolor. Causa agonía cuando ambas se juntan.
Ahí estaba ella, con 15 años llorando en su habitación por haber sido rechazada frente a una atenta multitud de estudiantes por uno de los chicos más populares del instituto. Sinónimos de chico popular: Masculino deseado por miles de chicas, envidiado por otros miles de hombres; mejor calificación en deportes, otra materia es inexistente en su subconsciente; patán en general. En su cabeza hacían eco sus vocablos, las risas de los presentes en ese momento, y los inútiles intentos de su gemelo por animarla.
—Además, ese chico es todo un patán, en serio. —Ella estaba sentada en su cama cubriéndose la cara con las piernas, mientras él estaba parado a un lado del colchón cerca suyo. — ¡Él se lo pierde!, ¿A cuántos no tendrás arrastrando a tus pies? Eres muy guapa Mabel, he visto cómo otr-
—Dipper —Interrumpió con una quebrada voz, que luchaba por no ahogarse en las lágrimas.
—... ¿Sí? —Se sentó a un lado de la cama, viéndola.
— ¿Es... tan difícil?
No recibió respuesta de parte del chico. Él sólo la miraba ladeando la cabeza con confusión. Su llanto se había detenido, y alzó levemente su cristalizada mirada por sobre sus rodillas, sin ver nada en específico.
— ¿Realmente es tan difícil saber... Lo que necesita una chica?, ¿Tu hermana?, ¿Tu gemela? —Lo vio a los ojos antes de continuar— ¿Tu otra mitad?
Al castaño se le hizo un nudo en la garganta. Su boca se sintió seca, raspaba la lengua contra sus dientes.
Dos corazones empezaron a acelerar su ritmo, danzaban en emociones, y ellos no lo notaban.
—... Mabel... Yo...
—Aquí, ahora. No necesito saber lo que puedo ser para otros chicos... —Contenía las ganas de volver a romper en llanto—... Te necesito a ti.
Hay que ser tan inocentes, tan faltos de experiencia, para no notarlo.
Dipper se quedó perplejo por algunos segundos, en su mente parecieron horas. La situación hizo parecer que fueran horas. Se acercó y se recostó a su lado en la cama, apoyando su espalda en la pared, la abrazó y la acercó a su pecho dejándola recostarse en él. —Siempre estaré para ti, Mabel, aun cuando no me necesites.
Las lágrimas se volvieron a apoderar de sus ojos, aferrándose con sus manos a la camisa de su hermano que se humedecía por su llorar. Sentía el pecho y los brazos de su gemelo calientes, sentía su propia cara arder.
Sentirse mal se siente tan bien.
La tenue luz de la tarde se colaba por la cortina, y en los pocos rayos de sol que se adentraban a la habitación se podían ver con exactitud las partículas de polvo que flotaban por el mundo. El sonido de la agitada respiración de Mabel retumbó en la habitación por un rato hasta que se calmó. El silencio hizo presencia y se apoderó del lugar, menos de ellos. Escuchaban con detenimiento sus respiraciones, sus latidos, sus emociones, pero eran sordos a su significado.
¿Cuánto tardarían en estar así?, ¿15, 30, 45 minutos? Fueron tantas horas, tantos años, fue un momento tan eterno. A ambos les hubiera gustado que fuera eterno.
La castaña se levantó quedando arrodillada en la cama, se giró para estar frente a su hermano y lo abrazó. Él correspondió y con una suave sonrisa.
— ¿Estás mejor?
—Mucho mejor.
Al separarse, ella le sacó la lengua guiñando un ojo, el chico se rió y la empujó de la cara para luego levantarse de la cama.
— ¡Qué malo eres! —Exclamó riendo de igual forma.
—Soy la maldad encarnada en tu gemelo, ¡Buah! —Se abalanzó sobre ella y comenzó a hacerle cosquillas en el estómago, mientras su hermana intentaba quitárselo de encima lanzándole patadas.
— ¡No!, ¡Dipper, basta! —Cerró sus ojos con fuerza, la haría llorar nuevamente, pero de las risas que le causaba.
Luego de unos segundos él cedió a la petición y la dejó, apoyó sus manos a los lados de la cabeza de Mabel quedando sobre ella.
—Ya pues, no puedo hacerte sufrir más por hoy.
Luego de que la chica calmara sus risas, abrió los ojos viendo hacia arriba encontrando en frente el rostro de su hermano. Se sorprendió un poco. Se sonrojó.
Recibió un beso en su mejilla.
Dipper se apartó y le avisó que iría por algo de merienda a la cocina para que comieran, Mabel asintió sonriente y lo vio hasta salir de la habitación. Posó su mano suavemente por la mejilla donde había recibido el beso y la paseó hasta sus labios.
¿En qué estás empezando a pensar, Mabel?, ¿Qué empiezas a sentir?
¿Qué empiezan a sentir?
Tan sólo hace dos años. Tan sólo dos años para que un impuro sentimiento creciera.
Tan sólo dos años para que uno de los dos lo aceptara.
Esa noche Dipper volvió a salir con Gianira, Mabel se quedó arriba en su habitación pensando en lo que había pasado esa mañana, en lo que había empezado a desear desde hace dos años.
Estaba celosa. No quería aceptarlo, pero era muy consiente de cómo se sentían los celos.
—Ay, Pato, esto está tan mal.
Se echó hacia atrás en su cama, viendo el techo, y el cerdito se acercó a su lado para recostarse sobre uno de sus brazos.
A Dipper nunca le había ido bien con ninguna de las chicas que le gustaba, y aunque le daba mucha pena por él por lo mal que se ponía, otra parte de ella se alegraba porque ella seguía siendo su única chica, la única que le podía sacar las mejores sonrisas en los peores momentos, la única que lo entendía.
La única que, a pesar de que él saliera con otra, lo apoyaría.
