Holly Inocents Hospital, Lebanon, Kansas. 2015

-¿Qué ha pasado? -Preguntó Sam nada más llegar a la salita en la que se encontraba su hermano.

-Iba muy rápido para llegar a la casa y a unos críos se les escapó el balón. Y por esquivarlo le he dado a él.

-¿Está bien?

-No lo sé, aún no ha salido nadie. Te lo juro, no sé de dónde coño salió.

-Bueno, no te preocupes, Dean, seguro que no es nada -iba a añadir algo más cuando Castiel apareció de la nada.

-Joder, Cas -se quejó Dean-.¡Te tengo dicho que no hagas eso!

-Hay que proteger a ese chico.

-¿Qué... -empezó Sam.

-Ese chico que has atropeyado es alguien muy importante.

-¿Importante en qué sentido?

-Importante en el sentido de que le están buscando tanto ángeles como demonios.

-Pero, ¿por qué?

-Digamos que es hijo de alguien muy importante y que ya no está con nosotros.

-Tranquilo, Cas -comentó Dean sarcásticamente-. No hace falta que nos aclares mucho más, ya podemos nosotros solos deducir el resto.

-No creo que podáis -respondió el ángel-. Pero eso es todo lo que puedo deciros por el momento. Tenéis que hablar con el hermano del chico. Él os dirá todo lo que sabe, después tendréis que llevároslo con vosotros al búnquer, ahí estará a salvo.

Dean iba a preguntar algo más cuando vio que salía la médica que había estado atendiendo al niño. Se acercó a ella y preguntó por el estado del muchacho.

-¿Es usted familiar suyo?

-Sí, es mi hermano pequeño.

-Afortunadamente no ha sido un golpe lo bastante fuerte como para causarle grandes daños. Sin embargo, creo que va a tener que estar una buena temporada reposando la pierna. Le hemos tenido que enyesársela, ya que tenía una rotura en la tibia, nada que el tiempo no cure. Por lo demás está perfectamente, algún que otro moratón, pero nada más. Ha tenido mucha suerte.

-¿Está despierto?

-Sí, puede pasar si quiere -contestó ella antes de marcharse.

-Yo puedo curarle -comentó Cas mientras se metían los tres en la habitación. Una vez dentro, Cas se acercó al chico y se sentó en la cama.

-Vaya, ¿quién ha llamado al inspector Gadget? -preguntó el chico mirándole fijamente con la cabeza ligeramente ladeada.

-¿Quién? -preguntó Cas. A lo que el niño se le quedó mirando con cara rara.

-Nada, déjalo. ¿A quién de vosotros tres debo darle las gracias por tener una pierna rota?

-Lo siento, sé que no tengo escusas y que el dártelas no te va a curar la pierna, pero la verdad es que no sé de dónde saliste. Esquivé a unos críos que estaban con una balón y entonces apareciste ahí.

-Sí, claro, soy omnipotente y tengo el poder de aparecer en los sitios, ¿no te jode?

-No, no lo eres -aseguró Castiel.

-En serio, ¿tú sabes lo que significa la palabra sarcasmo?

-Yo...

-Cas, déjalo -le cortó Sam-. No tienes que contestar, es una pregunta retórica.

-Tú, atropellagente. Pásame el móvil, anda.

-¿Por tener un poquito de educación no te mueres?

-No, pero por un atropeyo puede. Mira, dejalo, ¿vale? Tengo que avisar a mi hermano. Crucé así porque había discutido con él y me marché de mala leche de casa. No es agradable tener de repente recuerdos de otra vida o lo que sea, pedirle explicaciones a tu hermano pequeño, actualmente mayor, y que te conteste con vanalidades. Tranquilos, sé quienes sois, el que no tengo ni idea de quién es, es el de la gabardina de Colombo.

-¿Cómo es que sabes quiénes somos?

-¿En serio? -el chico alzó los ojos con impaciencia y, tras murmurar algo en italiano, comenzó a contar todo lo que sabía-. Tú eres Dean Winchester, el gigante es tu hermano pequeño Sam. Sois cazadores para seguir con el trabajo familiar. Vuestra madre era Mary Winchester barra Campbell y bla bla bla. ¿Sigo?

-Y -demandó Dean enfadado-, ¿quién diablos eres tú?

El chico le miró directamente a los ojos y le dijo muy seriamente:

-El chico que has atropeyado.

-¿Quieres acabar con la otra pierna rota?

-¿Se supone que eso me tiene que dar miedo? -le respondió el muchacho, después resopló y, tras rebirar los ojos, sonrió de medio lado antes de continuar- Me llamo Damon Salvatore, tengo 15 años, o al menos se supone que tengo 15 años, ya que realmente nací el 24 de enero de 1479.

-¿Qué coño...?

-Dean, no hay tiempo. Tenemos que sacarle de aquí.

-Bien, cúrale y le llevamos con su hermano.


Capbell Castle, Glasgow, Escocia, 1488

Nathaniel Campbell estaba en su estudio escribiendo una carta a su primo cuando oyó el estruendo y acto seguido la voz de su nieto mayor riñendo al pequeño. Dejó todo encima de la mesa sin preocuparse siquiera de dejar la pluma en su base y salió por la puerta en dirección a la sala en la que sus nietos jugaban.

Como se había imaginado, Damon reñía a Stefan. Al juzgar por el desastre del suelo, Stefan debía de haber tirado el almuerzo al suelo.

-¿Qué -le preguntó al mayor- ha ocurrido?

El niño se giró hacia él y, mirándole fijamente a los ojos, le dijo:

-Nada, abuelo. A Stefan se ha tropezado y ha tirado la fuente al suelo.

-Y, ¿por eso le riñes? Seguro que ha sido un accidente, ¿verdad, Stefan? -Damon, ante eso, se sonrojó ligeramente y se le oscurecieron más aún si cabe sus hermosos ojos negros, señal de que mentía. En cuanto al pequeño, estaba triste y avergonzado, algo grave debía de haber ocurrido para que Damon se hubiese enfadado con su hermano de esa manera, y encima que tuviese el valor de mentirle-. Bien, volveré a repetir la pregunta, y esta vez quiero la verdad, ¿de acuerdo? -ambos niños agacharon la cabeza, el nayor cruzó los brazos por la espalda y apretó la mandíbula, el pequeño dejó escapar unos gruesos lagrimones. Nathaniel no sabía lo que ocurría cuando los biños estaban con sus padre, pero estaba claro que nada bueno. Esos niños preferían mentir a decir la verdad por miedo, auténtico miedo?-. No tenéis nada que temer, muchachos. Sólo contadme la verdad, ¿sí?

El pequeño no pudo más y terminó confesándose, aunque lo hizo en italiano, a lo que su hermano respondió dándole un codazo en las costillas.

-Damon -le reprendió él-, deja a tu hermano que me lo cuente.

-Pero... -una simple mirada suya valió para que el niño cayase y agachase la cabeza-. Si, signore.

No le gustaba tener que ser tan duro con él, Damon sólo quería proteger a su hermano, no sabía qué creeía el niño que pasaría en cuanto él supiese la verdad, pero, sólo con ver sus gestos y todas las veces que interrumpía a su hermano, le servía para hacerse una idea de lo mal que lo pasaban en Florencia.

-Stefan, cielo, cuéntamelo, pero en inglés, por favor.

-Es que yo... -el niño miró a su hermano suplicante a lo que el mayor reaccionó pasando un brazo por los hombros del niño y abranzándolo. Damon adoraba a su hermano, era más que evidente que ese muchacho con apenas nueve años haría cualquier cosa por él. Nathaniel ya creía que iba a recibir otra mentira cuando el mayor respiró profundamente y le dijo mientras miraba a su hermanito:

-Stefan creía que sería buena idea ponerle a Eric a la doncella en la bandeja.

-¿Eric? ¿Quién es Eric?

Ante eso Damon volvió a enrojecer y a agachar la cabeza.

-Es un ratoncito que encontramos ayer en los aposentos de Stefan. Se levantó por la noche y vino a los míos diciendo que había oído arañazos en las paredes. Fui con él y encontramos al ratoncito correteando por su cama. Lo atrapé y lo guardamos en una caja. Stefan le puso ese nombre.

-¿Arañazos en las paredes? ¿Notasteis si hacía mucho frío?

-Aquí siempre hace mucho frío, abuelo -le contestó Damon.

-Ya, claro. Pero, ¿más frío que otros días?

-Sí -respondió el pequeño-, se veía el aire al respirar.

-No se veía, tonto. Eso era el vaho, pasa cuando afuera el aire está muy frío, al expulsar el aire caliente se forma el vaho.

-¿Tú de dónde sacas esas cosas, Damon?

-¿No es así, abuelo? -preguntó a su vez el niño.

-Sí, claro que es así. Pero, ¿quién te lo ha dicho?

-Nadie, pero es lógico. Si mi cuerpo por dentro está caliente es lógico que se vea el aire si fuera hace mucho frío, ¿no?