—Vamos a ponerte algo bonito de ropa para que impresiones a tu maman y a mi papa —sonríe un poco, levantándose y ofreciéndole una mano al inglés para ayudarle—. Mientras te puedo contar de los barcos que vamos a ver.
El británico le toma de la mano más tranquilo ahora, levantándose.
—Vamos a ponerte túnica y toga, como todo un gran señor, ¿vale? Como papa... una toga muy bonita —sonríe apretándole la mano—, y creo que papa y tú maman están ocupados haciendo abrazos especiales, así que podemos mientras tanto salir al patio de las estatuas a que las veas, siempre gustan mucho y es divertido jugar ahí a las escondidas.
—Pero una que no sea de niña... —se desata un poco la capa porque no está pensando.
—Nooo, no va a ser de niña. MI papa no es una niña y yo no tengo ropa de niña, lo que pasa es que a ti te parece siempre que lo es porque tú eres tonto y no sabes —remueve un poco la ropa y le da una de las suyas blancas y largas porque ya le conoce. Una de esas que no está tan nueva... sí, de hecho, justamente esa que sí es de gala pero tiene una pequeña mancha.
Te la va a destrozar. Sí y así su padre tendrá que comprarle otra... además de las nuevas y la nueva no tendrá esa mancha que tanto odia.
—¡No soy tonto! —vuelve a cerrarse la capa—. Y no es verde y sí es de niña.
—¡No es verde! Es blanca... todas son blancas —ojos en blanco—, y lo verde va a ser la toga.
—Mmmm... —vacila no tan convencido. Francia saca una de las túnicas cortas.
—¿O prefieres ponerte esta? No lleva NADA abajo más que los interiores —explica.
—¡No me voy a quitar los pantalones! —sentencia sonrojadito.
—Con este largo si puedes sin que nadie te vea nada, mira —se levanta un poco la túnica a que se le vean las sandalias y las piernas.
Inglaterra le mira los pies y las piernas.
—Tú no llevas...
—Con este calor, claro que no llevo pantalones —no preguntes más, Inglaterra.
—Yo no me voy a quitar los míos... y nadie va a lavar mi capa —repite.
—Bueno, no te los quites hasta que te dé calor. Ahora quítate lo demás —pide poniendo la túnica en su cama y yendo por la toga, trayendo una muy bonita verde que le gusta mucho esa sí... y que seguro se la va a destrozar igual pero... es Inglaterra.
El británico vacila un poco mirando la túnica, Francia le "ignora", porque si no lo hace va a cohibirse más, perro le mira de reojo, eso sí, "buscando la toga"
Inglaterra se quita la capa dejándola sobre la cama y toca la túnica con dos dedos.
La túnica es suaaaave y debe oler a flores porque por más puerco que sea Francia, alguien le lava la ropa.
El británico le mira de reojo para confirmar que no le mira. Francia parece estar muy interesado en meter la cabeza en el baúl.
Inglaterra se quita la suya por la cabeza de manera un poco bestia casi rompiéndola sin desatarla, quedando con el pecho descubierto y la tela medio enredada en sus brazos y cabeza. Francia saca la cabeza y se gira a mirarle y le BRILLAN los ojos.
—Ohh... —susurra muy quedito.
El inglés pelea acabando de quitarse su túnica con un sonido de tela rompiéndose, sacudiendo la cabeza y Francia, que le conoce perfecto, sonríe de lado mirándole atentamente, haga lo que haga es incapaz de girarse para evitar el draaaama que hará el inglesito que le mira, nervioso y cuando le ve mirándole se asusta tomando su capa y cubriéndose.
—¡Pero si traes pantalones! ¡No exageres! —protesta Francia.
—¡Pues no me mires!
—¡Pues estas aquí! Yo... ¡No te estoy mirando! —se defiende, mirándole de arriba a abajo.
—¡Sí me miras!
—¡Pues es que me gusta mirarte!
—¡Pues a mí no me gusta!
—¿¡Por qué no?!
—¡Porque me... eres un tonto!
—¡Solo te miro! ¡Y no me llames tonto!
—Tontotontotontotonto
—¡Cállate! ¡No me llames tonto! —insiste.
—TONTOTONTOTONTOOOO
Francia se cruza de brazos y le mira con el ceño fruncido.
—Tú eres más tonto porque no sabes ni vestirte.
—¡Tú eres tonto porque lo eres!
—¡Deja de llamarme tonto! ¡No hice nada tonto solo te presté ropa! —protesta.
—Pues igual lo eres.
Francia hace los ojos en blanco y extiende la toga hacia él.
—Cuando dejes de actuar como un niño pequeño y te pongas tu túnica y toga, me avisas para que puedas ir a ver las cosas maravillosas que hay en la casa.
Inglaterra le mira con la boca abierta. El francesito sonríe de lado, porque le ha costado bastante perfeccionar la imitación de un adulto pero al parecer lo consiguió hacer bien. Cierra los ojos y levanta la nariz.
—¡Yo no soy un niño pequeño! —protesta porque le jode muuucho porque sí es y se ve más pequeño que Francia y España y sus hermanos y todo el mundo le trata como el pequeño tonto.
—Demuéstrame que no lo eres —le reta Francia levantando las cejas.
Inglaterra le mira fijamente, se le acerca y le empuja con fuerza. Francia... EVIDENTEMENTE, se cae de sentón, abriendo los ojos completamente sorprendido con la caída.
El inglés se cruza de brazos y le mira con la barbilla levantada. La reacción inmediata es hacer ojitos desconsolados y un puchero, ojos azules medio llenos de lágrimas.
—Auu... —susurra rodando un poco porque le ha dolido, más el susto que el sentón aunque se ha pegado. Se gira un poco y se lleva la mano al culo para sobarse.
—Ves? Soy más fuerte que tú.
—¡Eres un bestia! —protesta llevándose la mano a los ojos para limpiarse, sollocito—, ¡Empujar a la gente no es portarse como gente grande!
—Te demuestro que soy más fuerte que tú... además, tú qué sabrás —pataditas—. My mum siempre empuja a todos y les echa, sobre todo cuando son tontos y molestos como tú.
—Non... non! ¡Esperaaa! —protesta desde el suelo tratando de quitarse para que no le pegue, sin demasiado éxito—. ¡Deja de pegarme!
Le mira de brazos cruzados, dejando de darle patadas.
—¡Tú estás en mi casa y yo te estoy prestando ropa para que estés más cómodo! ¡No es justo que me patees! —protesta fastidiado porque al parecer hoy todo el santo mundo está empeñado en demostrar como él es el más débil de todos.
Inglaterra pone los ojos en blanco. Francia se levanta del suelo mirándole con desconfianza y frunciendo el ceño un poquito.
—¡Si fueras mi amigo no me pegarías!
—Tú eres un tonto y lo mereces —copia exacta de su madre.
—Tú eres... tú eres... ¡tú eres más tonto! ¡Y no mereces que te preste ropa!
—¡Igual no quiero tu ropa de niña!
—¡No es de niña! —pega con el pie en el suelo otra vez con los ojos medio lagrimosos (dios mío, Francia)
Inglaterra sonríe mirándole. El francés le saca la lengua, así que levanta las cejas y se la saca de vuelta.
—¡Eres un bestia!
—¡Y tú un pesado!
—No soy un pesado ¡no hice nada! —protesta
—Sí lo eres —insiste yendo a mirar por el cuarto y notando ahora sí las cosas como los palos y las piedras, sin estar seguro de reconocerlas del todo.
—¡Sólo te presté ropa! Que si no te quieres poner no te pongas, te verás ridículo con tu capa y sin ropa abajo —murmura yendo hacia la puerta.
—Mi capa no es ridícula —sigue mirando el cuarto tomando un muñeco entre las manos.
—Aquí lo es, no hace frío —abre la puerta y saca la cabeza pidiéndole a Mérida que les diga a los demás que ahora irán a la cocina a ver los HORNOS que si no están prendidos van a tener que prender ahora.
Mérida asiente para Francia suavemente mientras Inglaterra lo toca todo con curiosidad.
Francia vuelve al cuarto acercándose al inglés y sonriendo al ver que está mirando sus cosas, porque de verdad le hace mucha ilusión que venga.
—Esta piedra es de tu casa... y este muñequito se parece a ti, mira... —se lo señala—, y esto lo dibujamos entre Espagne y yo, es de cuando fuimos a ver a Germaniae, son sus hijos Suisse, Austriae, Prusiae y Germaniae bebé. Y esta es una hoja seca de tu casa y...
Inglaterra le mira de reojo escuchando lo que le dice con atención.
—Aquí está escrito mi nombre, lo hizo papa junto con este dibujo de aquí —le sonríe—, ¿lo quieres? Te lo regalo —es un dibujito de Francia.
—Eres... tú —se sonroja un poquito. Francia asiente tomando el pergamino. Se lo extiende.
—Puedes hacer tú un dibujito de ti y dejármelo a cambio —propone.
—Yo... —Inglaterra mira el dibujo pensando que se ve muy bi... feo. Muy feo, porque es realista... el dibujo y Francia es feo en la realidad. Y él no puede hacer un dibujo así de bonito de nada.
El francés sonríe con los ojos brillantes solo con la idea.
—No —niega con la cabeza.
—Ohh... —desilusión—, ¿por?
Inglaterra niega con la cabeza, reacio a admitirlo. Francia vacila mirándole tratando de pensar por qué no quiere, se muerde el labio.
—Te vas a ver muy bonito en cualquier dibujo, a mí me gustas —ofrece.
El inglés le mira y se sonroja terriblemente con eso con la boca un poco abierta. Francia se muerde un poquito el labio y se sonroja levemente. Se ríe un poquito nervioso y le extiende el pergamino al inglés.
—¡NO LO QUIERO! —chilla súper nervioso.
—Ohh... —levanta las cejas—. ¿Por?
El británico le empuja otra vez y sale corriendo. Caída al suelo oooooooootra vez, Francia ya debe estar acostumbrado.
—Non! NON! Espera, ¡no te vayas! —protesta dejando caer el dibujo al suelo e intentando salir corriendo detrás de él—, ¡ESPERAAA!
Inglaterra busca a su madre desesperadamente.
—¡Deténganlo! ¡Deténganlo! —grita Francia a la desesperada también, porque sabe perfectamente bien que si interrumpe a su padre va a regañarle. Y lo intentan, de verdad, amo Francia, pero el lapin no se ganó el sobrenombre nada más por que sí.
Francia les riñe a TODOS conforme va a pasando a su lado, por no poder detener a Inglaterra, ¡BOLA DE INÚTILES!
Inglaterra acaba, después de unas cuantas vueltas por la casa (y perderse) metido en el cuarto de España... para que no lo encuentren... se pone una de las túnicas del español, escondiendo su capa y sus cosas en el armario... y ahora parece el angelito británico.
Y Francia se pasa la siguiente hora buscándole, riñendo a todo el mundo en su camino... Oh, sí, un niño pequeño e indefenso, casi matando a todo el que se encuentra a su paso. (Esto es más o menos el resumen de la vida entera de Francia).
Al cabo de un rato, el inglés consigue colarse otra vez en cuarto de Francia y robar el dibujo... y un muñeco. Buscando secretos (y ese es más o menos el resumen de la vida de Inglaterra).
El problema con los secretos de Francia es que realmente no tiene muchos, las cosas que más quieren y que más le gustan están ahí, afuera, a la vista de todos.
Lo siento, Inglaterra insiste... Así que revuelve el armario y bajo la cama y busca alguna tabla suelta del suelo (aunque es de cerámica, no de madera, así que busca baldosas) o en las paredes o en algún sitio de manera frustrantemente infructuosa.
Debe encontrar... hmm... es que... nada sexual porque si ha pasado algo se lo ha ido a decir a todo el mundo (PAPA PAPA TUVE UN SUEÑO HÚMEDO Y AMANECÍ MOJADO!... además es pequeño aún). Nada de comida... es que no creo siquiera que tenga guardado vino o algo así, porque no es el modus operandi de ninguno de los dos (España o él).
Inglaterra encuentra escondido en un pañuelo un anillo de plata trenzada que ya le mostró una vez hablándole sobre los nudos celtas que simbolizan las cosas que no se desatan. Lo roba solo para que vea que aunque no se desatan, se pierden.
Francia lo va a buscar por los siguientes... mil años hasta que seguramente siendo grande, fuerte y poderoso se hará uno de oro.
Finalmente y antes de que desvalije el resto de la casa, Mérida oye ruidos dentro del cuarto, entreabre un poco la puerta con cuidado y al ver al ahora angelito británico, la cierra de nuevo yendo corriendo a por Francia quien, cansado de recorrer TODA la casa, vuelve a su cuarto con el ceño fruncido tratando de ver si Mérida tenía razón.
—¡¿Dónde estabas?! —reclama levemente aliviado al ver que está aquí y no ha salido de casa, que era lo que le daba más miedo.
Y ahí sigue rebuscando hasta que oye la voz del francés y pega un BOTE mirándole con cara de culpable.
—¡Llevo mucho rato buscándote! —inclina la cabeza y se acerca a él.
Inglaterra se sonroja dando un pasito atrás. Francia sonríe un poco.
—Estás sonrojado, ¿qué estabas haciendo? —Pregunta mirándole de arriba a abajo y levantando las cejas—. Traes ropa de Espagne… mal puesta.
El inglesito se mira a sí mismo y se sonroja más porque no lleva pantalones, porque es un disfraz para que le confundieran y no le atraparan... y es una túnica de jugar, así que es bastante corta.
—Yo no quería asustarte y que te fueras corriendo —confiesa Francia porque en realidad NUNCA quiere asustarle lo suficiente para que se vaya corriendo y detesta pasarse horas buscándole. El británico le vuelve a mirar a los ojos.
—No me asusté —miente.
—Yo sí.
—Tú eres un tonto, cobarde y débil.
Francia frunce el ceño y sume la cabeza en los hombros, porque no se lo esperaba.
—No me llames cobarde y débil, no soy cobarde y débil —replica y se le vuelven a llenar los ojos de lágrimas, especialmente picado con esto porque es la segunda vez en el día...
—¡Lo eres! ¡Y tonto también!
—¡No lo soy! ¡Si fuera tan cobarde y tan débil no seguiría viniendo contigo después de cada vez que eres un idiota y me pegas!
—¡No soy un idiota!
—¡Sí que lo eres! ¡Me empujas y me tiras, eso es idiota!
—¡Eso no es idiota! ¡Tú eres débil y tonto y te caes!
—¡NO ES MI CULPA SER MÁS PEQUEÑO Y DELGADO! —chilla, harto de este tema, acercándose al inglés con el ceño fruncido. Inglaterra frunce el ceño porque de hecho, él es más pequeño y delgado.
—¡Tú eres un bestia que no sabe cómo portarse conmigo!
—Siempre dices eso para que no te pegue porque sabes que soy más fuerte que tú, pero me da lo mismo —se cruza de brazos.
—No eres más fuerte que yo —a Francia se le acaba de ir la olla.
—¡Claro que lo soy!
—¡No! —empujón que Inglaterra debe sentir como una suave brisa en la piel. Se aguanta porque además lo veía venir y se ríe con burla, lo cual no ayuda en lo absoluto a la tranquilidad de Francia, quién le vuelve a empujar con más fuerza está vez
Inglaterra echa un pie atrás para tener más equilibrio y se vuelve a aguantar riéndose. Francia aprieta los puños, frustrado.
—ARGH! —grita un segundo antes de echársele encima (yo le he dicho que no lo haga) intentando atacarle y rasguñarle o como sea.
Inglaterra se cae esta vez y se devuelve también con uñas y dientes.
Todos sabemos cómo termina esto. Francia termina debajo de Inglaterra gritando un poco, pero creo que esta vez debe estar sorprendentemente sin llorar como niña pequeña.
En cuanto Francia grita, Mérida tiene a bien de entrar a ver qué ocurre, mientras Inglaterra está sentado sobre él, sujetándole las manos sobre la cabeza
El galo grita algo en la línea de "yanotequiero"
Inglaterra le escupe en la cara y Mérida levanta al niño de las axilas. Este patalea tratando de soltarse. Francia patalea también consiguiendo (ya que alguien está deteniéndole un poco) meterle un par de buenas patadas al inglés en las piernas.
El británico sigue pataleando y chillando para que le suelten mientras Mérida lo levanta en alto.
—No debería estarse peleando, amo Franciae, no creo que a su padre le haga ninguna gracia...
—¡NOMEIMPORTA! ¡YA NO TE QUIERO! —chilla Francia desde el suelo antes de hacerse bolita y finalmente ponerse a llorar.
—¡Medalomismo! —chilla Inglaterra mordiendo a Mérida y saltando antes de salir corriendo.
Francia se abraza las piernas y solloza en silencio pensando que todo esto es HORRIBLE y que él no quiere ser un cobarde porque su padre va a avergonzarse, pero a la vez sabiendo que pegarle al invitado es una pésima idea y que seguro su padre va a regañarle igual... pero especialmente le escuece haberse peleado con Inglaterra mientras está aquí, porque para él el que viniera Inglaterra era lo MEJOR que podía pasar NUNCA y... las cosas no solo no iban bien, sino que seguro ahora se irían para siempre.
Mérida, que conoce a Francia, se acerca un poco a él y le acaricia la cabeza y la espalda, haciéndole gestos para que se deje abrazar. Él le deja, acurrucándose en ella y llorando amaaaargamente.
—Venga, no llore... ¿qué ha pasado?
—Yanomequiereyyonosoyuncobarde... —susurra.
Ella se incomoda un poco mirando afuera, sin saber que decir, pero sigue abrazándole.
—Ve... y búscale, no dejes que se escape —pide suavemente levantando la vista y mirándole con los ojos llenos de lágrimas. Ella asiente levantándose.
Francia hace varios ejercicios de respiración en el suelo, limpiándose la cara y tranquilizándose a sí mismo en cuanto la chica se levanta.
Y ella se va a buscar al inglés, que ahora sí que debe haber encontrado a su madre.
xoOXOox
Britania empuja al romano tratando que la suelte, súper sonrojada, recién entrando a la casa. Roma cede soltándola un poquito, riéndose de buen humor y mirándola de reojo. Ella se arregla el vestido y se cierra la capa (otra...)
—¿Quieres un poco de vino? ¿Cómo estás? ¿Cómo ha ido el viaje? —batería de preguntas con risa idiota incluida.
—Noquieronadahorribleelviajeyestabamejorantesdevenir —respuesta buscando la jarra de vino igual para beber de ella.
—Oh —se ríe—. Debes estar cansada, pero me alegro que hayas pasado a saludar en tu viaje... ¿A dónde vas? ¿Cuántos días te quedas?
Ella se sonroja más refunfuñando algo por lo bajo, sin mirarle.
—Estoy contento de que estés aquí —sonríe sinceramente y la toma otra vez del hombro.
—Yo no estoy para nada contenta... no queríamos venir —ratifica
—Pero ahora ya estás aquí —la aprieta contra sí y bebe un poco de vino.
—Deja de aplastarme contra ti, ya te he dicho que no es que quisiera venir ni nada... es detestable venir, de hecho.
—¿Qué te parece tan detestable? Mi casa es muy bonita y siempre está abierta para recibirte a ti y los tuyos.
—Tu casa definitivamente es TODO menos bonita, es horrenda —cara de absoluto asco.
—Creo que nunca has visto mi parte favorita de ella —entrecierra los ojos y sonríe de lado. Britania se sonroja pensando EVIDENTEMENTE en su cuarto/cama/equivalente.
—¡No vas a llevarme ahí!
—¿Quieres que te la muestre? —Ofrece haciendo un gesto con la mano—. ¿Por qué no?
—¡No! Te conozco bien y se perfectamente bien cuáles son tus negras intenciones.
—¿Negras intenciones? ¿En qué estás pensando? —sonrisa burlona.
Triple sonrojo de la pelirroja acompañado de un golpe en el pecho. Risas del moreno y se lleva una mano al pecho donde le ha golpeado.
—Lo que sea que estés pensando, la respuesta es NO.
—Vale, vale, entonces te llevaré a ver la balnea, es para relajarse, pero ninguna negra intención —concede.
Ella le mira de reojo y no se mueve
—¿Quieres probar eso? —pregunta aparentemente inocente.
—¿Probar qué?
—La balnea —sonrisa.
La británica parpadea porque no sabe qué es eso pero no quiere... admitirlo.
—Seguramente no te gustará, pero si no lo pruebas no podrás quejarte a gusto.
—¿¡Cómo me invitas a algo que sabes que no va a gustarme!?
—Porque eso dices cada vez que en realidad te gusta algo.
—¡Ohhh! ¡No! ¡Sabes perfectamente bien que eso no es verdad! —le señala con un dedo.
—¿Entonces admites que cabe la posibilidad que te invite a algo que te guste?
—Pues... —se sonroja, carraspea—, la posibilidad existe, solo que tú eres incapaz de poder hacer algo que me guste.
—¿Ves? —se ríe—. Vamos a ver si cambia mi suerte con esto —la guía un poco.
Los ojos verdes le miran de reojo y se deja guiar, admi... no. Mirando con desagrado TODO, ninguna admiración.
—¿A dónde exactamente es que vamos?
—A la balnea, hay una especie de ritual que me gusta seguir ahí ¿querrás acompañarme?
—Sigo sin saber qué es eso —se deja llevar mirándole de reojo.
—Entonces no te estropearé la sorpresa —sonríe.
—Decididamente no confío en ti ni en tus sorpresas... que sepas de una buena vez que yo te voy a arrancar a mordidas los dedos de los pies como no me guste tu sorpresa.
—Uh! ¿Los dedos de los pies a mordiscos? Eso sería casi algo bueno, ¿qué pasó con tu odio y crueldad?
—¡Eso es odio y crueldad! ¡Voy a... violarte con una daga! —Britannia... ¿en qué, en QUÉ estás pensando?
—¿Violarme? ¿Eso quieres? —ese... tono.
—¡Nooo! —chillido, golpe, empujón. Más risas.
—¿Ves cómo te estás ablandando? —abre la puerta para dejarla entrar a un cuarto con mosaicos y unos bancos de madera con unas telas por encima.
—¡No me estoy ablandando! ¡Violarte con una daga no es ablandarme!
—Acabas de decir que no quieres —se encoge de hombros sentándose y empezando a quitarse las sandalias. Britania deja de mirar a Roma y levanta las cejas al notar el cuarto en el que están, dando vueltas sobre sí misma.
—¿Qué sitio es este? —pregunta frunciendo el ceño.
—Se usa como vestuario y como trepidarium —explica, en otro momento estarían desvistiéndole tres esclavos, pero eso suele hacer a Britania callarse y desconcentrarse demasiado.
—Trepiqué?
—La sala de masajes. ¿Ves? —le señala los bancos de madera—. Ahí.
Britania se cruza de brazos mirando hacia donde le dice antes de fruncir el ceño otra vez.
—¿Y este lugar es tu favorito? El... vestuario —apretando su capa y pensando que además hace un calor INFERNAL aquí.
—Non —risas—. Aunque los masajes me gustan mucho, aquí te preparas para ir al caldarium, ese es mi lugar favorito —se quita la otra sandalia—. ¿Sabes qué es un masaje?
—Pff... Claro —no tiene idea.
—Oh, ¿quieres que te dé uno? —se ofrece.
Britania vacila... y se sonroja un poco sin saber por qué desviando la mirada.
—No —responde porque a falta de poder asegurar las cosas... siempre es mejor negarse.
—Quizás prefieras dármelo tú a mí... seguramente no sabes hacerlo muy bien, pero...—se encoge de hombros.
—¡Claro que se hacerlo perfectamente bien! —pica como SIEEEEEEEMPRE
—Oh, veámoslo —sonrisa retadora, poniéndose de pie.
—No, ¡claro que no! Lo que no QUIERO es darte un mas... uno de esos.
Roma se ríe.
—Vale, vale —se quita la toga. Ella le mira y da un pasito atrás, tragando saliva, preocupadilla.
—¿Qué haces?
—Desvestirme, claro... deberías hacer lo mismo.
—What? —pregunta en celta, pero como no hablamos celta y se oye más tsundere en inglés...
—Claro, o se te mojará la ropa —se quita la túnica, sonriendo.
—Nononono! ¿¡Qué haces?! —protesta ella dando otros dos pasos hacia atrás, con los ojos abiertos como platos
—Desvestirme —le guiña un ojo poniéndose las manos en las calzas—. No quiero mojar mi ropa.
—Nooo! —se le van los ojos mirándole de arriba a abajo—. NOO! ¡No te desvistas! No quiero... Rome! ¡Has dicho que sin negras intenciones! —aprieta los ojos sonrojaaaaaaaaaada e histérica, dando otros dos pasos atrás hasta chocar con pared.
—Mira —abre la puerta que da a la piscina de agua caliente y Britania levanta las cejas porque nunca ha visto una piscina... deja tú de agua caliente.
Hay que decir que esta está decorada con mosaicos de motivos de sirenas ligeras de ropa, Neptuno... y esas gracias. Britania sigue abriendo la boca mirando el agua, ignoremos a los mosaicos aun. Roma se quita las calzas y se mete al agua tranquilamente mirándola de reojo.
Ni en un millón de años Britania se va a meter ahí sola. Se asoma un poquito, eso sí, abrazándose a su capa, sonrojada como una manzana, notando el ambiente caliente y humedito. Mira a Roma de reojo, que se hunde y se pasa las manos por el pelo.
—Venga, ¿no vas a meterte al agua? —pregunta con la voz distorsionada por la resonancia.
Britania lo mira con MUCHA atención, porque además, Roma... brillante y reluciente por estar mojado... es... Él sonríe y nada hasta el borde en dos brazadas, apoyándose con los codos. Le hace un gesto con la mano para que se meta. Ella da un pasito atrás.
—Venga, cálmate... Es agua caliente. Te sentará bien después del viaje, estarás más descansada.
—¡Estoy calmada! Y... ¡no voy a meterme ahí contigo desnudo! —ojos como platos, planchada contra la pared (otra vez).
Él se ríe y niega con la cabeza, echándose un poco hacia atrás nadando de espalda.
—¡Eres un indecente! —protesta dando un pasito hacia la piscina para ver si le puede ver ALGO.
—No lo había pensado hasta que tú lo has dicho —miente.
—¡Claro que lo habías pensado! Como si no te conociera —se cruza de brazos y le mira con absoluta desaprobación, frunciendo el ceño.
—En cualquier caso, cuanto más tardes en venir, tendremos más ganas y menos tiempo para dedicar a ello.
La pelirroja le mira con la boca absolutamente abierta.
—No tengo IDEA de qué hablas —¿no que sabías perfecto? Él deja de nadar y la mira.
—De tomar un baño, claro —risas.
—Eres un idiota, nodebivenirvoya... dondesea —se gira hacia la puerta.
—Oh, vengaaaa —protesta y nada acercándose al borde.
Ella se detiene, girándose a mirarle con los brazos cruzados y cara de "ni creas que es tan simple". Él da un salto saliendo del agua... sin cubrirse ni un poco, por supuesto.
La británica entra en pánico mirándole por un instante el área en cuestión abriendo los ojos como platos, dando un paso atrás y vacilando. El romano sonríe y se sonroja un poquito, acercándose a ella.
Pasito atrás otra vez, se gira para no mirarle, abrazándose la túnica y apretando los ojos verdes.
—Podrías cubrirte con ALGO... ¿con las manos al menos?
—Si no la miras, no necesito cubrirme —responde tranquilamente.
—¡Sí que necesitas cubrirte sea como sea!
—No tengo toallas, préstame tu capa y me cubriré con ella.
—No te voy a... —le mira de reojo, se sonroja más, aprieta los ojos—. Vas a mojarme la capa.
—Es posible —se mira a sí mismo. Ella le mira de reojo y le da un golpe en el pecho.
—¡Deja de mirarte!
Le toma la mano en un revuelo pero la chica tira de ella intentando que la suelte y lo hace. Ella levanta las cejas cuando ve que le ha soltado porque no se lo esperaba.
—Está bien —suspira y se cubre con su mano, con los dedos abiertos, sin tapar demasiado—. Diles a los esclavos, te llevarán donde han dejado tus cosas en mi cuarto o con tu hijo.
Ella levanta las cejas porque eso MENOS se lo esperaba, sonrojándose un montonal. Él le sostiene la mirada. La británica traga saliva y frunce el ceño desviando la mirada.
—Bien —susurra menos enfadada de lo que quisiera.
—O... —empieza suavemente y levanta la mano de nuevo para tomarle la suya con delicadeza.
Britania aprieta los ojos con eso, con el corazón acelerado, odiándole un poco con este jueguito.
—Puedes prestarme tu mano y así no mojaré tanto tu capa —la lleva hasta sus regiones vitales para que sea ella quien las cubra.
—¡Eres un idiota! —vacila un poco antes de fruncir el ceño y tomarle de las amigas del asunto con cierta... Intensidad.
El romano aprieta un poco las rodillas y se le acelera el corazón... traga saliva y le toma de los cordones que sujetan la capa.
—¿Y si los arranco? ¿Eh? —sisea sin hacerle caso a los cordones ni a la capa, con el corazón acelerado.
—Preferiría que no lo hicieras, sinceramente —desanuda los cordones dejando que la capa se caiga.
Debajo de la capa debe verse todo lo que trae Britannia que sirve para defenderse a ella y a un niño pequeño por los campos del señor... Una daga delgada y corta, una larga, un arco con flechas, diversos botecitos con pociones y veneno.
—¿Preferirías? Pídelo...
—Por favor, no lo hagas —pide mirándola a los ojos, sonriendo de lado y desabrochándole el carcaj. Ella sonríe de lado sin hacerle mucho caso a lo otro que hace
—¿Por favor, Britain, qué...?
Se le echa un poquito encima acercándose a su oído, dejando el carcaj en el suelo y desanudando el cinto con las dagas y los venenos.
—Por favor, amor mío, se amable con mi querida verga —susurra.
Britania aprieta los ojos con la palabra tan conocida y familiar, y conforme aprieta los ojos aprieta un poquito la mano, sonrojándose. Roma cambia el peso de pie con un escalofrío y va a por el vestido de la británica.
—Detesto esa palabra —sisea.
—¿Y cuál es la que te gusta? —le pasa la nariz por el cuello abriéndole el vestido. Ella tiene un escalofrío con los ojos apretados aún.
—Ninguna que digas tú —aprieta un poco más la mano.
—Polla... —pone las manos bajo el vestido—. Pene... —se lo baja por los hombros, acariciándole los brazos—. Falo...
—¡Esas palabras son peores! —aprieta los ojos y le tapa la boca.
Él se ríe y le acaricia los pechos, bajando las manos hasta su ropa interior. Abre los ojos verdes cayendo en la cuenta de lo que está haciendo y entrando un poco en pánico por un momento vacilando en quitar la mano de ahí.
Momento perfecto para que las calzas de la británica se desanuden y caigan dramáticamente al suelo y ella entre más en pánico, levanta la mano con la que le tapaba la boca y le tapa los ojos.
Roma sonríe y le acaricia las ingles. Britania da un saltito, haciéndose para atrás.
Entonces el romano la toma en un revuelo, levantándola del suelo y salta al agua con ella en brazos. Riéndose, claro... y llenándosele la boca de agua como siempre... no sé cómo es que nadie trata de matarlo ahogándole, es lo más fácil.
Britania grita un poco, y le suelta, y siente que van a desplumarla como pollo. Tose un poco, además y sale del agua haciendo el típico sonido de "ihhhhhh" de falta de aire, que en esta ocasión es más de sorpresa.
Roma sale también muerto de risa y la mira, hundiéndose hasta la nariz y acechándola como un cocodrilo, sonriendo bajo el agua.
—No… no, no, no, no... ¡Aléjate de mí! —se hunde otra vez sacando solo la cabeza, sonrojada pero ahora si ya no sabemos la causa.
Ni caso, acorralándola contra una esquina.
—¡Aléjate! ¡Aléjatenotemeacerques! Rome! —histeria, le echa una poca de agua encima.
Se ríe apretando los ojos hasta estar a un palmo de su cara, buscándole los labios.
—Te odio, ¿lo sabes? Eres imposible —susurra tratando de empujarle no con mucho ahínco.
—Yo te quiero —la besa. Britania le responde, porque la realidad es que quería un beso desde que se bajó del carro.
Entonces, Britania prepárate para que los dedos de Romita estén haciendo maravillas durante el beso antes de que te des cuenta.
Entre esto y el agua caliente, pánico de... sus deditos ahí... vamos a llamarle pánico, le clava las uñas en el pecho y los hombros en cuanto los siente ahí.
Nada que un romano grande y fuerte no pueda soportar, obligándola a levantar una pierna y profundizando el beso. Ya a estas alturas, pues... qué va a hacer más allá de levantar la pierna y besarle con un montonal de ganas
Ganas que se van a ver adecuadamente correspondidas en todos los aspectos... así que unos quince minutos más tarde... Es posible que los gritos de Britania pudieran conducir a Inglaterra al lugar de los hechos pero igual los esclavos no le van a dejar entrar.
Roma se separa de la pelirroja aun con todo un poco palpitante, abrazándola.
—Oh, dioses... —susurra ella cerrando los ojos. Él sonríe y la besa en el cuello regularizando su respiración.
—Puedes llamarme amor, no hace falta ir a tanto...
La pelirroja le escupe en la cara, un poco de agua, un poco de baba, flotando un poco en el agua, sonriendo de lado.
—Si fueras un dios serías un dios pésimo.
—No era eso lo que gritabas hace un segundo —se ríe.
—Cielos... creo que podría quedarme dormida —o morirme, para el caso, porque es muy muy complejo tener a Britania taaaaaaaaaan relajada... entre el agua caliente y las cosas que hace Roma con la mano y las cosas que hace Roma con otras partes...
—Ah, no puedes, voy a llevarte a un sitio luego —beso en la mejilla.
Ella entreabre los ojos y le mira pasándole un dedo por el pecho y las costillas por debajo del agua. Él sonríe, jugando con su pelo a su espalda.
—¿A dónde vas a llevarme? —pregunta suavemente.
—A un lugar que te va a gustar mucho, quiero que veas la magia que hacemos aquí.
La británica levanta las dos manos y se las pasa por el pelo haciéndole unos picos con los rizos mojados, parpadeando leeentameeeente.
—Tú no sabes hacer magia... —susurra y sonríe de lado. Él sigue sonriendo idiotamente, dejáaaandose.
—Yo no, pero sí la mujer a quien vamos a ver.
Britania levanta las cejas y se humedece los labios, acercándose a el para besarle. Roma cierra los ojos y le devuelve el beso hasta que ella se separa lentamente y sonríe de lado.
—¿Insinúas que vas a llevarme a ver a alguien que haga magia?
—¿No te da curiosidad? —sonríe también.
—Es que no creo que la haga —le mira a los ojos.
—¿Por qué no? —inclina la cabeza.
—No hay mucha magia por aquí —dedo en los labios, se los acaricia.
Saca un poquito la lengua entrecerrando los ojos pardos, ella le deja, lo que es el puto après le.
—No es la magia que tú haces —le captura el dedo con los labios, sonriendo. La pelirroja sonríe también.
—No es magia entonces —responde, aun así picada con la curiosidad.
—Claro que lo es —saca la lengua y le lame el dedo obscenamente.
—Es lo que tu di... —le mira con los ojitos desorbitados, así que lo hace aún peor, fingiendo gemir un poco, al ver su cara.
Britania le pone las dos manos en la cara sonrojándose y apretando los ojos. Roma se ríe un poco y la abraza más.
—Eres un idiota —protesta dejándose abrazar, un poquito más tensa ahora... realmente poquito.
Él le besa la mejilla y luego la comisura de los labios. Y ella le besa los labios porque la impaciencia se hereda.
Roma le devuelve el beso con esa tranquilidad... Britania suspira después de un poco, empujando al romano para separarse del beso.
Apuestas en esta historia para ver qué británico lo tiene peor? XD
