—Tienes que irte —murmura Britania en automático.

—Oh, ¿Por?

—Pues porque... Ya...

—¿Ya empiezas a enamorarte de mí y te pone nerviosa?

—WHAAAAAAAA?! —empujón, pataleo, grito.

Roma acaba con la cabeza en el agua, muerto de risa otra vez. Britania nada hacia el borde de la piscina estirándose para intentar tomar su vestido.

Roma se acerca, mano en el culo aparentemente "empujándola inocentemente", pero ese movimiento de dedos obvio no se puede llamar inocente en NINGÚN caso.

Ella se da la vuelta con un paff a la cara directo en automático que le deja la mejilla rojaa.

Britania le mira satisfecha, mientras Roma se ríe y sale también de la piscina.

La pelirroja se cubre lo más aprisa posible, empapando la capa y tomando el vestido y sus interiores con la mano. El latino toma una toalla y se seca tranquilamente, sin cubrirse especialmente, pero alargando el proceso mirándola solo para ponerla nerviosa.

Ella termina histérica poniéndose la ropa aún medio mojada, de espaldas a él, roja como camarón.

—Por cierto, dicen por ahí que tienes a los norteños a pan y agua... —comenta como si nada mientras se viste, aun mirándola.

—Eh? —le mira sin saber de qué habla

—Ya sabes, en... raciocinio —señala con la cabeza el lugar exacto donde acaba de pasar lo que seguramente para Britania NO ha pasado. Abre los ojos verdes como platos y se sonroja.

—No sé de qué me estás hablando, pero cualquier idiotez que te hayan dicho, no es verdad.

—Hablo de sexo, con ellos, Germaniae y el otro del casco de cuernos.

—¡NO ES VERDAD NADA DE LO QUE TE HAN DICHO DE NADA DE SEXO CON NADIE! ¡NI SÍ NI NO!

—Sí, sí —asiente—. Justo eso dicen, que les has cortado el grifo.

—Cortarles nada, no hubo grifo, nunca, ¡JAMÁS!

—¿Perdona? ¿Dices que tu primera vez fue conmigo? —sonríe divertido, yendo hacia la puerta del vestuario.

—¡NOOO! ¡No he dicho eso! Shut up!

Roma se ríe abriendo la puerta y ahí se encuentra a Inglaterra discutiendo con Plinio en un bucle para que lo deje entrar.

—Mum! —la llama cuando la ve.

—Deja de estar levantando falsos y de estar hablando de mi vida perso... ENGLAND!

—Ave! —saluda Roma al pequeño, que le mira de reojo y le pasa por el lado yendo a por su madre. Britania le mira sonrojada y sorprendida porque se había olvidado un poco de él.

—¿Dónde está Franciae? —pregunta Roma al notar que no le sigue.

—Mum, France es un tonto y solo llora y me he peleado con él... —susurra Inglaterra. Britania frunce el ceño.

—¿Por qué te has peleado con él? —pregunta, porque todo lo demás es perfectamente habitual.

—Porque es un tonto y le odio. Y una de estas mujeres no me ha dejado pegarle más.

—Oh... Pegarle —Britania mira a Roma de reojo un segundo—, bueno... Juegos de niños. ¿Estás bien?

—Yes, pero ya no quiero que me moleste más —responde y Roma aprieta los ojos con todo eso.

—Id yendo al triclinium y pedid comida, voy a buscar a mi hijo —les pide a los británicos.

—¿Ir a dónde? —pregunta Britania al inglés una vez que Roma se ha ido, el pequeño se encoge de hombros.

Después de interrogar a los esclavos, Roma llega con Francia, que sigue hecho bolita en su cama, abrazando a su piedra.

—Oh... ma puer... ¿qué ha pasado? —pregunta Roma acercándose a la cama y sentándose en ella, acercando al pequeño hacia si para acunarlo.

—Waaaaaa!

—Anda, anda —lo abraza y lo reconforta.

Francia llora amargamente dejando que le abrace.

—Venga, ya está, ya pasó —le acuna y le acaricia el pelo.

Francia se acurruca en su padre cerrando los ojos y sollozando, más o menos en la actitud que tendría si el mundo fuera a terminar mañana (En cuanto a niveles de drama).

—Anda... cuéntame qué ha pasado —pide suavemente sin dejar de acariciarle y abrazarle.

—Papa... Me ha dicho que soy un tonto y un cobarde... Y... —susurra callándose porque eso no es lo que más le preocupa.

—Bueno... tú sabes que eso no es verdad, solo te lo dice porque le pones nervioso, no tienes que creerle.

—Creo que no quiere estar aquí de verdad... —susurra abrazándole muy fuerte.

—¿Por qué piensas eso? —le separa un poco, mirándole y limpiándole las lágrimas de los ojos. El pequeño no le mira a los ojos.

—No quiso ponerse ropa, ni quiso mi dibujo que hiciste... —una lagrimota le rueda por la mejilla—, y se fue cuando le dije que me gusta y... Me pega y ya no me quiere.

Roma le acaricia la cara y sonríe un poco de lado, limpiándole la nariz.

—Yo sólo quería que viniera —susurra.

—A mí me parece que llevaba una túnica de Hispaniae y... creo que le asustaste cuando le dijiste que te gusta.

—Le dije que me había asustado yo porque se fue y me llamo... —hipo—, me llamo tonto y cobarde y... —hipo—, yo le quiero mucho papaaa

—Ya está, ya pasó... venga —le abraza un poco más—. No llores más, tu padre es mayor que tú y no te creas que se salva de los golpes y los insultos.

Francia le abraza haciéndose más bolita aún contra él.

—Pero a ti si te quieren —susurra.

—Y a ti también, mi vida, más que a mí, por lo que sé —sonríe. El francesito se separa un poco y le mira limpiándose la cara con una mano.

—¿Cómo sabes?

—Ah... porque tu padre es muy listo y los padres siempre lo saben todo de sus hijos —sonríe y le toca la nariz.

—Y yo como puedo saberlo... —le mira con curiosidad—, yo... Si sé que me quiere aunque me dice que me odia y que soy un tonto porque le da vergüenza... —hipo—, pero... Pero hay veces que...

Roma suspira.

—... dice cosas muy feas —concluye.

—Sí de verdad, de verdad, él dejara de quererte y pensara que eres un tonto, te trataría como tal, es decir... sin hablarte apenas y haciéndolo de manera distante. Pero no lo hace —sonríe y le acaricia la cabeza—. Britannia me ha contado algunas veces que no quiere que te acerques a él porque luego se pasa el tiempo hablando de ti.

Francia sonríe un poquito con esto.

—¿Y qué cosas dice?

—Eso no lo sé, pero supongo que si es como su madre... muchas cosas feas.

—¿Pero lo que importa es que las diga y no se olvide?

—Exactamente —asiente sonriendo—. Eres un chico muy listo.

—Pero yo quiero que me diga cosas bonitas

—Yo lo sé... todos lo querríamos —se ríe un poquito, el pequeño frunce el ceño y sonríe un poco.

—Yo voy a lograr que me diga cosas bonitas algún día —dos mil años más tarde..."¡Eres un idiota!"

—Es lo mínimo que espero de ti —sonríe y le acaricia la cara. Francia mira a su padre y sonríe más.

—Y vas a estar orgulloso de mí —asegura y le abraza sonriendo, más tranquilo.

—Ya estoy orgulloso de ti —asegura.

—¿Aunque no pueda cargar la espada?

—No tientes tu suerte, mocoso —le hace cosquillas.

—Waaaaaa! Non, nooooon, papa noooon! —risas.

—Non, quid? —se le pega la risa mientras sigue haciéndole un poco.

—¡Cosquillas noooon! —chillido varonil patentado de Francia y Roma acaba muerto de risa con la cabeza sobre su estómago con el niño medio ahogado de risa de buen humor otra vez.

Cuando finalmente se tranquilizan un poco, aún con un poco de hipo ahora por la risa, Francia mira a su padre con las dos manos en sus mejillas. Roma le sonríe.

—Papa... Ahora que Angleterre está aquí... ¿Puedes dibujarlo para mí?

—Oh... sí, supongo que sí, si se deja —se lo piensa.

—No va a dejarse —se ríe—, pero tú puedes dibujarle igual.

—Bueno, ya veremos. Venga, ahora vamos a buscarles antes de que destruyan la casa.

Francia asiente y se levanta sobre la cama paseándose una mano por el pelo tratando de aplacárselo.

—¿Me veo bien?

—Ven —hace un gesto para levantarle y se lo lleva fuera, pidiendo a los esclavos que le laven la cara, le peinen un poco y le pongan un poco de agua de flores porque se está portando bien.

A Francia le brillan los ojos dejándose hacer para que quede muy guapo (Y parezca una niña...).

No hombre que es agua de flores de su padre, porque ya es un hombrecito... y además, nada da más seguridad que oler bien.

Así que un rato más tarde Francia vuelve a tener actitud del rey del mundo mientras entra de la mano de su padre al triclinium.

xoOXOox

Britania sale de la puerta del baño junto con Inglaterra, escurriéndose el pelo aún y arreglándose el vestido

—Mum, estas personas raras no me dejaban entrar —acusa Inglaterra. "GRACIAS A DIOS", piensa Britania tomando al niño del cuello mirando con desprecio a los esclavos.

—La gente es rara aquí, debes tener cuidado. Échales un maleficio... seguramente se asustarán —propone.

—Bien —sonríe asintiendo y la mira—. ¿Por qué estás toda mojada?

—Porque... —vacila un poco—, ehm... tomé un muy breve y desagradable baño.

—Pero si nos bañamos en casa antes que viniéramos.

—Lo sé, pero... —vacila tratando de encontrarse una excusa—, le lancé barro a Rome para que me dejara en paz y me ensucié toda, así que tuve que volver a bañarme —sonrojo al por mayor, por cierto.

—Oh —asiente con esa explicación.

—¿Tú qué hiciste mientras tanto? —caaaambio de tema.

—Pero no has ido al río —la mira porque ellos se bañan en el río... y muy rara vez, trayendo agua a la casa—. Me dio un peachi, que es como una manzana, pero muy rara y no me gustó y luego me llevó a su cuarto donde tiene muchas cosas, pero son feas y Spain no está y luego quería lavar mi capa así que no le dejé porque es un tonto y no sabe.

—No, no he ido al río. Hay una poza de agua aquí adentro, agua caliente —explica ella y frunce el ceño—, que es horrible y tiene cosas raras y feas pintadas en la pared... ¿qué clase de cosas feas tiene en su cuarto?

—Palos y piedras que se llevó de casa y muñecos y muchas, muchas túnicas y vestidos de niña y dibujos feos.

—No te lleves nada si va a notar su ausencia —advierte Britania que conoce perfectamente bien al niño y sabe, perfectamente bien, lo que quiere decir con algunos de esos "feos", le mira bien—. ¿Y esa cosa extraña que traes puesta? ¿Qué hiciste con tu capa?

—La escondí para que no la laven...

—Pues no sé qué pareces con esa cosa blanca tan corta. Es fea, como todo por aquí. Supongo que tendremos que soportarlo —protesta también por eso dando la vuelta en un pasillo mirándolo todo sin tener IDEA de a dónde van.

—Es que hace mucho calor —se mira a sí mismo.

—Y no estabas en el cuarto con el agua caliente —murmura despeinándole un poco—. ¿Por qué has peleado con France?

—Porque es tonto.

—Bueno, siempre es tonto, pero no siempre peleas con él, ni siquiera cuando está en casa —claaaro, Britania, seguro... se lleva bien con él.

—Pues... —hace la boca pequeña y se sonroja bajando la cabeza porque le da vergüenza.

—¿Qué cosa desagradable hizo que te puso nervioso?

—Es un tonto —se sonroja más.

—Sí que lo es, todos aquí lo son —absoluta convicción. Él suspira, calmándose un poco.

—¿A dónde vamos?

—Al tree clinum... supongo que está afuera.

—Ah, ¡he visto arboles raros de eso antes!

—Ohh! Perfecto, llévame ahí England, veremos si realmente la fruta que producen es buena comida; sinceramente me parece bastante deficiente que Rome nos alimente con esto... y además que le pida a esa gentuza (esclavos) que nos bajen la comida, ni que no pudiéramos nosotros bajar comida de un árbol.

Inglaterra se sitúa un poco y hace a su madre andar hasta el patio.

Britania le sigue mirándolo todo hasta salir al patio... y es ahí donde hay unas esculturas muy monas de mujeres y hombres desnudos.

La pelirroja levanta las cejas nada más salir, abriendo un poco la boca y deteniéndose frente a una escultura que es IMPOSIBLE pensar que no está hecha con Roma como modelo...

—Oh... —susurra Inglaterra a su lado que no se había parado a mirar y se ríe tapándose la boca.

Ella levanta una mano y le cubre los ojos a su hijo, sonrojándose más.

—Se le ve la pilila —susurra el niño y se sigue riendo.

—¡No se le ve nada! —mirándoselo con ojos desorbitados y pensando que (agárrense fuerte), quizás la estatua no le haga justicia (cosa que es mentira, Germania está completamente iracundo con la idea).

—Pero si la he visto —se ríe e intenta quitarse las manos de la cara.

—¡No has visto nada! —chilla mirándola ella con ridícula atención pero dejando que Inglaterra se suelte porque habitualmente lo peor que se le puede hacer es detenerlo para que no lo haga.

El pequeño se suelta y se queda mirando otra a su lado de una mujer, con los pecho más grandes que su madre a quien sí ha visto desnuda.

—Ala...

Britania sigue revisando a pseudo copia de Romita hasta que escucha a Inglaterra, mira la escultura y frunce el ceño un poco al verle los pechos... sonrojándose. (Ok, vamos a establecer algo, Britania vive sonrojada en Roma)

—Están todos desnudos... —susurra el inglés un poquito incomodillo también.

—Sí que están todos desnudos... no entiendo la falta de decencia, al menos podrían vestirlos un poco —susurra mirándole la cara a la mujer de la estatua tratando de reconocerla (y el culo de la estatua varonil de reojo... como quien no quiere la cosa)

—¡Indecentes! —chilla el inglés apoyando a su madre, hay también una esculturita de Francia y España desnuditos de cuando eran un poco más pequeños.

Britania por supuesto ni lo nota, aun realmente interesada en la escultura de Roma (dios mío con la traumada) Cuando Inglaterra les nota, toma a su madre de la falda apretándosela y tirando fuerte y sonrojándose un poquito mirándolas con curiosidad.

Britania da un saltito y mira al inglés, luego mira lo que él mira levantando las cejas.

—Oh... los dos de Rome. Qué desagradable... ¿querrías una así tuya afuera de la casa para que todos te vieran?

—WHAT? —el inglés se sonroja tres veces más mirándola. Britania se ríe un poco con esto, mirándole—. No! NO MUM NOOO! —suplica. Britania le sonríe y le revuelve un poco el pelo.

—¿Por qué no? —pregunta tomándole en brazos y levantándole de manera extraña.

El pequeño se le esconde en el cuello y suplica "pleasepleaseplease" en un susurro. Britania se ríe otra vez.

—¿Es que tú quieres una tuya? —pregunta suavecito.

—Noooo! —protesta abrazándole un poco—. Estoy jugando, England... ni loca pondría algo así en casa. ¡Mira esto!

Levanta la cabecita un poco. Otra más, ahora de una mujer con un velo encima, que sinceramente es bastante impresionante.

—Oh... —vuelve a susurrar suavecito. Britania se acerca y toca el velo en la cara de la mujer suavemente, porque casi parece que es real.

La mujer se para de puntas para intentar verlo mejor, abriendo la boca tan impresionada como Inglaterra, que estira la mano para tocarle donde llegue.

Britania le deja, casi sintiendo que de repente va a moverse. En ese momento, un esclavo cruza el patio e Inglaterra se asusta, escondiéndose es su madre.

La pelirroja se asusta un poco también, sentándose en el suelo y haciéndose bolita con Inglaterra sentado en el abdomen. Les cubre a ambos con su capa.

—No me gustan estas cosas.

—Me ponen nervioso tantas personas raras en esta casa...

—A mí también —confiesa en un extraño momento de vulnerabilidad.

—France dice que nos llevará a ver los barcos... que los tienen en una piscina —susurra porque eso le ha llamado la atención.

—Yo no vi barcos —comenta pensando en la piscina en la que estaban hace un rato—. Rome me ha dicho que iremos a ver la magia que hacen aquí.

Inglaterra levanta las cejas.

—¡Pero si no tienen!

—Yo le he dicho lo mismo y me dijo que era una magia distinta a la nuestra... —sonríe de lado mirándole a la cara—. ¡Iluso!

Inglaterra se ríe.

—No tienen idea de lo que es la magia —le sonríe.

—Son tontoooooooos —se ríe más.

—Y nosotros somos mucho más listos que ellos —sonríe contenta—, nada que nos enseñe va a impresionarnos.

Él asiente sonriendo muy convencido, ella choca su frente con la del inglés que cierra los ojos, contento, porque esos son los cariñitos que le hace su madre. Britania se relaja un poco, porque esta es la manera de conectar con su hijo, cerrando los ojos y sintiéndose otra vez en casa.

Una pequeña manita se posa en la cabeza de Britania con suma suavidad y ella levanta la cara, mira la mano y pega un salto asustada. Inglaterra se tensa al notar que ella se tensa, asustándose también.

—*Insertar grosería en celta*, niño! —protesta ella frunciendo el ceño y mirando al niño rubito ojiazul que tiene enfrente. Roma se acerca a ellos riendo.

Francia sonríe mirando a Inglaterra, que le mira y se sonroja un poquito, porque han peleado y se ha ido corriendo.

—Te encontré —susurra el pequeño francesito, ignorando a Britania que sigue protestando, levantándose y bajando al inglés.

—No estaba escondido —susurra Inglaterra. Francia se mira las manos.

—Pero no estaban en el triclinum.

—Debe ser que les han gustado nuestras esculturas —comenta Roma tan tranquilo.

—¿Te gusta la mía? —Francia le sonríe a Inglaterra.

—No! —chilla él y se echa un poco para atrás volviendo a medio esconderse, sonrojadito.

—La hizo Helena. Tuvimos que posar por muuuucho tiempo, días y días! Pero quedo bonita ¿no?

Inglaterra niega. Francia sonríe igual.

—Venga, vayamos adentro —decide Roma poniendo una mano en la cabeza de Francia y luego mira a Britania de reojo.

Ella se yergue a toda su altura intentando parecer más alta, sonrojándose porque aún no está preparada para verle de nuevo, así que no le mira a la cara.

—No te apures por las esculturas, tienes aquí a los modelos que siempre son igual de interesantes de ver.

—Nosedequehablas son feas, todas.

—Apuesto que puedes hacer tú una mejor.

La británica le mira de reojo y frunce el ceño.

—¿Eso que tiene que ver?, son feas iguales...

—Por eso, tú podrías hacer una bonita. Podría posar para ti, desnudo...

—Nooooo! No! —aprieta los ojos—. Ya bastante tenemos con esta —suelta sin pensar al pasar al lado de la obvia.

—Ah... ¿lo has notado? Que buen ojo tienes —sonríe.

—No he notado nada —giro y PAF, golpe en el brazo. Risas—. Ya quisieras verte así de bien.

—Pensaba que la escultura era fea.

—¡ES FEA! ¡HORRIBLE!

Roma se ríe otra vez. Britania hace los ojos en blanco y se le acerca un poquito, sutilmente, mientras caminan.

Él la toma de los hombros y la abraza hacia sí AUTOMÁTICAMENTE. Ella se tensa por ser tan rápido que lo ha entendido. Si le consuela, no creo que haya pasado siquiera por su cerebro, es como una respuesta automática.

Britania... Agárrense todos... No le pega. Sólo le empuja y Roma ignora el empujón, por supuesto, controlando a los pequeños de reojo.

—¿Entonces no tenéis hambre?

Francia le ofrece la mano a Inglaterra mirando a su padre.

—¡Yo sí tengo!

Britania carraspea mirando a Roma de reojo.

—Pues hay que cenar deprisa porque vamos a ir a un sitio ahora después de ello.

Inglaterra que nota que no le hacen mucho caso, toma la mano de Francia suavemente.

—A la magia esa que has dicho, es cierto —murmura perfectamente enterada de a dónde van, teniendo bastante curiosidad.

El romano la mira y sonríe, dándole un beso en la mejilla aprovechando que la tiene abrazada, porque le ha escuchado. Ella se echa para atrás sonrojadita.

—¿A qué magia vamos a ir, papa? —pregunta Francia sonriéndole a Inglaterra de reojo.

—A consultar al oráculo. Y vais a consultarlo los tres, si queréis, así que id pensando que vais a preguntarle.

—OHHH! ¿¡En serio?! —preguntas pasan por la cabeza de Francia, el 90% relacionadas con Inglaterra

—¿Qué es un culoculo? —pregunta Inglaterra suavecito que no se ha enterado muy bien.

—Sí, Franciae, ya eres todo un hombrecito —Roma le guiña un ojo. Francia sonríe muy orgulloso sin podérselo creer, paseándose una mano por el pelo y pensando ¡lo que va a decir España cuando se entere! Sonríe mucho y le aprieta la mano a Inglaterra.

—Oráculo —responde sonriendo.

—Oracle —le imita.

—Es el lugar en donde vas, preguntas algo, lo que sea, y los dioses te lo responden

Levanta las grandes cejas.

—¡Lo que sea! Generalmente les preguntas del futuro o qué hacer en las guerras, por ejemplo.

—¿Preguntas como qué? —pregunta Britania a Roma, nada convencida.

—Preguntas de todo tipo, aunque mejor no tientes a los dioses y sé positiva, por ejemplo, ¿voy a tener esta noche una apasionada y ardiente sesión de...?

—¡Callateeeee! —golpe ahora sí, apretando los ojos.

—Aunque ya te puedo responder yo a eso sin necesidad del oráculo —risas.

—Yes, la respuesta es NO.

—Yes la respuesta es... ¿no?

—Eh? ¡No! ¡La respuesta es no! ¡No absoluto! Hagas lo que hagas. ¡NO!

—Bueno, tú no eres una sibila —sentencia sonriendo y soltándola, sentándose en un reclinatorio cuando llegan.

—¿Ya sabes que le vas a preguntar? —pregunta Francia al inglés tirando de él hasta el reclinatorio que suele usar con España.

—Yo soy una... Yo hago magia. Y lo sé —se sienta a su lado cruzándose de brazos.

—No... ¿Qué vas a preguntar tú? —pregunta Inglaterra, que no se ha imaginado aun del todo cómo funciona el asunto, porque además no se fía.

—Bruja... —le susurra al oído Roma, echándosele un poco encima para ir a tomar el pedazo de pan más alejado de la fuente.

—No sé... ¡Algo bonito e importante! —Francia sonríe mirándole con ojitos otra vez.

—¡No me llames bruja así! —protesta ella mirándole de reojo y sonrojándose tensa con la cercanía otra vez.

Inglaterra se queda pensándolo porque querría preguntarle sobre el futuro en general.

—Quizás le pregunte sobre mis barcos —sonríe.

—Bruuuuuja —susurra Roma otra vez.

—Oh... ¿Tus barcos? ¿De verdad? No vas a preguntarle algo más bonito como... ¿De qué tamaño va a ser nuestro reino?

—¡Deja de decirlo así además! —se sonroja.

—¿Para qué? Si tú reinas en la tierra y yo en el mar, el reino será del tamaño del mundo —responde Inglaterra sin pillar del todo el trasfondo del asunto.

—Te pasas la vida tratando que todos te respeten y te consideren como a una y ¿cuándo te lo digo yo no te gusta?

—¡Y vamos a estar juntos siempre! —Francia metiendo la idea poco a poco como siempre, sonriendo.

—Pues es que tú lo dices de cierta manera que... De esa forma que hace que... —protesta ella tomando un trozo de pan y mordiéndolo—, parece así como... Así.

—¿Cómo? Si tú estarás en la tierra y yo en el mar —Inglaterra se ríe un poco.

—¿Así como así? —pregunta Roma divertido.

—¡Porque sólo es un reino! Y estaremos juntos —le mete un trozo de cordero a la boca.

—Sí, así como así... ¡Como tú lo dices!

Inglaterra se atraganta porque no se lo esperaba. Francia sonríe.

—Entonces te llamaré... novia —susurra el romano.

—¿Te gusta? —pregunta el francés sonriendo y dándole un beso en la mejilla.

—Noooo! No! No soy tu novia!

—Noooo! NO! —chilla a la vez que su madre, separándose de Francia y limpiándose la mejilla.

Roma se ríe. Francia también, mirando a su padre y a Britania.

—Son tan monos los dos —sentencia el francés comiendo un poco de carne también.

—Bruja, llámame bruja mejor —protesta Britania.

—Brujita —responde Roma guiñándole un ojo con complicidad a su hijo al notar que le mira.

—NOOO! No! Brujita no! —protesta ella atragantándose. Roma se ríe otra vez y casi se ahoga con el vino.

Inglaterra come mirando a Francia de reojo, tenso (pero comiéndose hasta los platos, si le dejan, para variar).

—¿Tú que le vas a preguntar al oráculo papa? —pregunta Francia que quiere ideas, notando que comen mucho ambos pero sin decir nada

—Mmm... —Roma se lo piensa unos segundos porque no planeaba consultar nada ya que no tiene ninguna duda ahora pero...— Creo que preguntaré como debo hacer para llegar al corazón de mi amor.

Britania le mira de reojo sin estar segura de a quién se refiere

—Esa es una pregunta estúpida —declara la pelirroja.

—¿Por qué?

—¡Porque lo es! ¿Qué pretendes que te diga?

—Pues que me aconseje sobre qué debo hacer, claro —sonríe

—¿Para qué? —ceño fruncido

—¡Para lograrlo! —exclama y se ríe.

—¡Como si no supieras siempre que guarrada hacer!

—Ah... ¿Insinúas que no necesito preguntarlo porque ya estoy en tu corazón? —sonríe entrecerrando los ojos y le acaricia la cara suavemente.

—NOOOO! ¡No hablaba de mí, idiota!

—Pero yo sí —guiño.

—UGh! ¡Cállate! ¡No hay nada que nadie te pueda decir! Yo te odio.

—Bueno, eso ya lo veremos... ¿Qué vas a preguntar tú, Franciae?

—Yo voy a preguntar algo bonito... —mira a Inglaterra de reojo.

—Tienes que pensarte muy bien lo que vas a preguntar o el Oráculo podría darte una respuesta extraña.

—¿Extraña? —inclina la cabeza, atento.

—El futuro es complicado, los designios de los dioses misteriosos y aunque el destino de los hombres está escrito, una pregunta mal formulada puede conducir a una respuesta errónea que te lleve por un camino desaconsejable.

Francia parpadea un par de veces.

—¿No puedo preguntar lo que sea?

—Sí, pero debes preguntarlo con cuidado.

—Mmmm... Voy a pensar lo que quiero preguntar entonces —frunce el ceño, comiendo pan distraídamente y mirando a Inglaterra de reojo.

—¿Tú ya lo has pensado? —le pregunta a Inglaterra y él se cohíbe un poco.

—Dice que quiere preguntar algo de los barcos, yo le dije que mejor preguntara algo más bonito.

—Quizás deba preguntar qué tan fuerte y valiente será en el futuro —propone el romano.

—¡Va a decirle que mucho, OBVIO!

Inglaterra se sonroja un poquito, sin contestar.

—¡Va a ser el más grande y fuerte de todos! —Francia sonríe mirándole.

El inglés se incomoda un poco mirándole de reojo, sonrojándose más, sin notarlo, sonriendo leeevemente.

—¡Y va a estar conmigo siempre que yo también voy a ser grande y fuerte y más guapo que NADIE!

—Bien, muchacho, no sé qué habrán designado para tú destino los dioses, pero si dudan de algo seguro pueden hablar con mi hijo que lo tiene todo decidido y organizado —se ríe Roma para Inglaterra.

—¡Exactamente!

Inglaterra se revuelve con esas cosas.

—Franciae... tienes que ir con cuidado —le advierte el romano.

—¿Cuidado de qué? —le mira otra vez—. ¡No dije nada!

—Hubo una vez un hombre, peleado con su vecino —empieza a contarle—. Fue a consultar el oráculo sobre cómo arreglar la disputa en su favor y este le dijo que la razón era del vecino y si no lo aceptaba pronto caería en pesar. Nada contento con esta respuesta, el hombre fue a preguntar a todos los oráculos y todos le decían lo mismo hasta que encontró uno que no.

Britania le mira atentamente, frunciendo un poquito el ceño

—¿Y qué pasó? —pregunta Francia interesado también—. ¿Puedes ir a muchos y te dirán cosas distintas? ¿No dices que el futuro ya está escrito? —agrega.

—Se puso muy contento con ello y le llevó a su casa para que le ayudara, donde encontró que su vecino, pensando que él había huido de su casa sin aclarar la discusión, había hecho un desastre comiéndose sus ganados y cosechas, amando a su esposa y quedándose con sus hijos como habían predicho los oráculos que sucedería. Todos, salvo el último, que era un impostor.

Inglaterra se queda con la boca abierta con el cuento.

—¡Esa historia es muy fea! —protesta Francia en un susurro

—Esta magia es una tontería, no les creas nada —advierte Britania a su hijo un poco nerviosa.

—Esa historia explica que aunque no te guste lo que te diga el oráculo, tienes que acatarlo y hacer con ello lo mejor posible. Puesto que si el hombre se hubiera quedado en su casa desde el principio aceptando la situación hubiera pagado un precio mucho menor que retando a los dioses contra un destino desafortunado —explica Roma. Inglaterra mira a su madre.

—Aun así...no es mi interés retar a tus dioses —murmura la británica mirando a Roma—. Haremos preguntas simples.

—¿Qué vas a preguntar tú? —le pregunta a ella, sonriendo.

—Pero yo quiero hacer una pregunta y estoy seguro de que me va a gustar la respuesta —asegura Francia.

—Algo simple que ya sepa... Como "¿cuál es la manera más dolorosa de matar a Rome?"

—¿Para qué vas a preguntar algo que ya sabes?

—No confió en tus dioses —sentencia—. Puedo preguntarles si debo perdonarte la vida en este viaje o no ¿Debo comerme sus huevos cocidos o crudos? —pregunta tratando de ser bestia e intimidante.

—Eso te lo contesto yo. Crudos y sin usar los dientes, con suavidad —sonrisa y levantamiento de cejas repetido.

Ella abre los ojos como platos, y le da un golpe en el pecho con el codo (tooodos lo esperábamos menos tú, querida mía).

—Shutup! No digas esas... nunca, NUNCA haría eso, jamás, ¡hablaba de cortártelos!

Roma se ríe, por supuesto.

—Quizás sea mejor preguntarle de las cosechas o del invierno... o cualquier cosa que no tenga que ver contigo.

—Pues... tú fuiste quien lo dijo, para ser que dices tanto que no te gustan, los tienes en la boca a menudo, no sé qué va a pensar tu hijo de ti.

—Mi hijo no va a pensar NADA de mí, yo nunca he tenido nada de eso en la boca ni lo tendría —se gira a Inglaterra sonrojada—. ¡Yo le odio y cualquier tipo de guarrada que escuches respecto a él, es mentira!

—¿Guarrada? —pregunta Inglaterra que no lo estaba entendiendo como tal. Francia, que tampoco lo estaba entendiendo como tal, levanta las cejas tratando de buscarle el doble sentido.

—Yes, el guarro es él —acusa a Roma—, que solo piensa en esas cosas.

—Pues tú fuiste quien menciono los huevos —se defiende el romano.

—¿Los huevos son guarros? Pero si te gustan mucho, en casa comemos todos los días para desayunar —Inglaterra diciendo bizarreces de doble sentido pensando en las gallinas y provocando la risa de Roma. Britania mira a Inglaterra y se sonroja, dándole un golpe a Roma.

—No hablo de ESOS... es decir, sí hablo de esos... hablo de que... crudos…

—Claro, muchacho... y seguro tu madre come aún más de esos cuando vienen invitados a casa, a que sí —no sé si se le entienda al hablar de la risa.

Inglaterra frunce el ceño al notar a su madre, pensando que el romano la está molestando a propósito con algo que no entiende.

—Pues yes —responde creyendo que se burla porque tienen pocas gallinas, porque antes ha visto de refilón las que hay en la casa—. Pero solo si el invitado le gusta, si es un tonto, no.

Britania frunce el ceño notando que el idiota de Roma está jugando al doble sentido con su, SU niño, haciéndole quedar como un tonto.

—¡No le escuches! —ordena a Inglaterra frunciendo el ceño hacia Roma, sonrojada.

—Vale, vale, paz... —trata de calmarles el latino aun medio muerto de risa.

—Y yo no sé qué crees que hago yo cada vez que va alguien a mi casa, pero SIN DUDA, no es lo que tu asquerosa mente piensa —se sonroja un poco porque habitualmente si va Germania o incluso Escandinavia... bueno...

—Oh... lo sé, créeme, lo sé —sonríe.

—¿¡Qué es lo que sabes?!

—Por la manera en la que estas cuando voy yo o como estabas cuando llegaste aquí... sé cuanta acción es que tienes.

(Va a matarlo. No le extraña a nadie. Si la consuela, ningún juez la condenaría).

Britania abre la boca... y los ojos... y empieza a salirle fuego de ellos y de la nariz, y vapor de las orejas, y Roma va a estar cacareando como gallo el resto de la tarde, me parece, además de llevarse un vaso de vino directo a los ojos, junto con una hogaza de pan, un pinchazo de tenedorcillo y diez minutos seguidos de groserías gritadas a la cara.

Roma acaba escondiéndose tras su plato y luego tras el reclinatorio, intentando no reírse y fallando con ello.

—¡Eres un idiota! —termina por gritar la británica haciéndose bolita en el reclinatorio, cubriéndose con la capa, completamente sonrojada.

—Venga... —concilia Roma acercándose aun temerosillo, Inglaterra la mira desconsolado.

Francia se muerde el labio y le aprieta la mano al inglés.

—Papa va a arreglarlo —susurra hacia el inglés, que intenta soltarse e ir con ella—. Espera, espera... deja que papa lo arregle —pide Francia en un susurro.

—Brujita? Venga, no pasa nada, solo son mis celos los que hablan. En realidad sé esas cosas por Germaniae...

—Peoraundejadehablardeesascosasconlagente!YnomellamesbrujitayesresunidiotaconlosCELOScomopuedesTUtenercelosidiota!

—¡Pues no puedo! —se defiende riendo un poquito, tontamente—. Es que siempre he pensado que si alguna vez me dejarais... los tres juntos... —Roma, al filo del peligro, ella le salta encima intentando ahorcarle.

—Aaaah! —se cae hacia atrás porque no se lo esperaba.

Francia levanta las cejas porque TAMPOCO se lo esperaba mientras Britania sacude al romano del cuello con mucha más fuerza de la que aparenta tener, gritando cosas extrañas en celta.

Roma la sostiene de las muñecas con fuerza para evitar los mayores daños, como la muerte y trata de dejarla inmovilizada. Inglaterra se pone de pie de un salto y trata de lanzarle un maleficio al romano.

—Non, non! ¿¡Qué haces?! —Francia intenta detener al inglesito, abrazándole por encima de los brazos para que no pueda moverlos.

Britania se mueve y se defiende con uñas y dientes a lo BESTIA pero bueno, Roma es más fuerte que ella. Así que al cabo de un rato, consigue más o menos tenerla inmovilizada contra el suelo, con una mejilla sangrándole.

La británica aun le mira con el ceño fruncido y la respiración agitada.

—Calma, por favor —pide sonriéndole y aprieta los ojos esperando el escupitajo. Dicho y hecho, pese a que está de espaldas al suelo, confía en sus habilidades, así que ahí tienes, Romita.

—You bastard! —ruge como leona. El moreno sacude un poco la cabeza porque no puede limpiarse y vuelve a sonreír.

—De acuerdo, de acuerdo, lo siento... no estoy intentando molestarte, de verdad —la mira.

La británica le mira con el ceño fruncido y la respiración agitada, pero... hala... no escupe otra vez.

—No te voy a decir que me arrepiento, porque pienso eso de verdad, pero bueno, puede ser solo una fantasía mía —intenta ver qué pasa si sostiene sus manos con menos fuerza.

—¡Deja de tener fantasías así! ¡No me metas en tus guarradas! —se sonroja apretando los ojos.

—Pero es que tú me gustas, no puedo evitarlo...

Ella se sonroja más apretando más los ojos.

—Dejadedeciresascosas —especialmente cuando me tienes agarrada de manos y pies y no puedo irme corriendo.

—Está bien, está bien, solo me estaba defendiendo —la suelta un poco más, pero no sale de encima suyo.

—¿Defendiéndote de qué? Eres un bruto, un idiota y crees que puedes decir lo que sea y... tú a mí no me gustas, ni tú ni tu casa ni nada tuyo!

—Me defendía de ti, solo estaba jugando. Aunque yo no te guste, no puedo evitar lo que siento por ti —sonríe. A Britania se le acelera el corazón con esta última parte mirándole a los ojos bastante menos agresiva.

—Yo también estaba jugando, para el caso... voy a jugar a romperte los dedos.

Roma se ríe un poco.

—¡Ves cómo eres tonto!

Él se acerca y le da un beso en la frente. Ella se sonroja apretando los ojos otra vez.

La mira unos instantes intensamente. Abre los ojos verdes al sentir la mirada y al verlos el de ojos pardos le sonríe un poco.

La británica e sonroja más mirándole a un ojo, luego a otro y luego la sonrisa. El latino se acerca a ella leeeentamente con claras intenciones.

Abre más los ojos verdes poniéndose más nerviosa pero sin moverse como histérica. Tiembla un poco pero él la besa con suavidad.

Lo que hace que ella levante las cejas sorprendida, porque está aún sobrerevolucionada y no esperaba nada tan... delicado. Cierra los ojos un instante más tarde entreabriendo los labios y Roma profundiza el beso.

Inglaterra les mira con la boca abierta. Francia sonríe mirando al inglés de reojo, mientras que Britania hace que le suelte del todo una mano y la lleva al cuello del romano atrayéndole hacia ella.

Roma le acaricia la cara sin prisa e Inglaterra sigue mirándoles sin entender un pimiento. Britania hasta levanta una piernecita y le abraza un poco de la cintura

—¡Se están dando un beso! —semi chilla el inglés en un susurro, sin poder creerlo.

—Si! —Francia abraza al inglesito, que está tan impactado que ni le echa.

Britania hasta suelta un gemidito. Y tras un poquito, cuanto siente que hay suficiente, Roma hace ademán de separarse con la misma suavidad con la que se ha acercado.

La británica, digna madre de Inglaterra, se le va un poquito al frente. Al sentirlo, Roma sonríe y se vuelve a por ella, porque no va a dejarla insaciada.

Francia da unos cuantos saltitos ilusionado señalándoles y entonces es cuando Inglaterra nota que le abraza y se sonroja empujándole un poquito.

—¡Miraleeees! ¿Ves? ¡Son tan monos! ¿Crees que hagan un abrazo especial? —susurra Francia emocionado. Britania FINALMENTE cierra los ojos y deja caer la cabeza en el suelo.

—What? —chilla Inglaterra que en otro momento hubiera dicho que no, pero ahora no sabe.

—Shhh... ¡Un abrazo especial! Mira... —tira de su mano para esconderles detrás del triclinium e Inglaterra se va tras él, claro.

Roma la mira sonriendo de lado. Ella entreabre los ojos y le mira a la cara, antes de sonreír un poco también, de lado, medio maligna, levantando una mano y aparentemente acariciándole la mejilla... en realidad le está limpiando la sangre.

—¿Cómo esperas que no me enamore de ti? —susurra dejándose.

Britania abre los ojos como platos y le mira fijamente. Él sonríe y le da un beso rápido en los labios antes de levantarse.

La chica se queda acostada en el suelo unos cuantos segundos, sonrojada, sin dejar de mirarle. El romano le sonríe y le tiende la mano para ayudarla a levantarse.

Ella se levanta idiotamente tomándole de la mano y mirándole bastaaaaaante embobada

—Tu maman es muy bonita —susurra Francia escondido detrás del triclinium.

Roma tira de ella con fuerza expresamente para que se caiga sobre él, abrazándola.

—Mum... —la llama Inglaterra que aún está flipando.

Britania, que sonríe y se deja abrazar, flipa al escuchar al inglés, girando la cabeza hacia el lugar de donde viene la voz, aun con una mano en su pecho. Inglaterra sale de detrás del triclinium aun con la boca un poquito abierta.

Como es evidente, lo que sigue a continuación es Britania empujando al romano con fuerza para separarse junto con un iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiih porque se había olvidado que estaba ahí.

—Venga, vámonos —se ríe Roma habiéndola soltado.

Britania le sostiene la mirada a Inglaterra un par de segundo, diciéndole más cosas con ello de las que podría decirle de cualquier otra forma, antes de tragar saliva y desviar la mirada sonrojada.

Inglaterra la mira y decide no preguntarle ahora en voz alta, con esa mirada, pero sigue sin entender nada.


Pasarse todo el tiempo queriendo abrazar a Inglaterra es normal... alguien va a culpar a Francia?