Francia toma a Inglaterra de los hombros.
—Vamos... ¿ya pensaste en tu pregunta? —pregunta sonriendo de oreja a oreja.
El inglesito niega con la cabeza andando hacia donde le dirigen, detrás de Roma.
—¿Estás bien? —sigue Francia, él asiente.
Britania sigue sonrojada mirando al suelo, porque todo esto es complejo de explicar especialmente cuando Inglaterra NUNCA ve estas cosas. Roma la toma de los hombros con un brazo y ella se tensa un poco mirándole de reojo.
—Esto no debía pasar —murmura bastante avergonzada
—¿Qué es lo que te preocupa? —la mira de reojo.
—Va a pensar que... va a... tener una idea equivocada, yo te odio —se gira con Inglaterra—. ¡LE ODIO!
—Shhh —el romano le pone los dedos suavemente sobre los labios, la suelta y se acerca al inglés, que ha levantado las cejas cuando su madre ha dicho eso.
Francia, que sigue caminando con las manos en los hombros del inglesito, mira a su padre sonriendo.
El pequeño mira a Roma, que le hace un gesto para que se acerque a él. Mira a su madre. Britania frunce el ceño sin saber qué va a hacer.
—Ven, ven conmigo —hace otro gesto—. Tenéis un carro con dos caballos, verdad? ¿Alguna vez has tomado las riendas?
Britania le sonríe a Inglaterra.
—Yes. Y lo hago muy bien —levanta la barbilla y se cruza de brazos.
—Y con los caballos casi desbocados —agrega Britania haciendo los ojos en blanco—. No sé qué te hacía pensar que no las habría agarrado. England es todo un hombre.
—Oh, así que lo haces muy bien... ¿cuantos caballos a la vez? —pregunta Roma ignorando a Britania.
—Uno, pero algunas veces dos cuando llevamos mucha carga —responde el pequeño orgulloso.
—Así que dos con mucha carga... bien, veamos que tal lo haces con cuatro con poca carga —propone el romano y le tiende la mano. El inglesito vuelve a mirar a su madre.
Britania frunce el ceño y empuja un poco a Roma para tomarle la mano ella. Él la mira.
—Vas a necesitar más de cuatro caballos para impresionarnos —indica ella levantando la nariz.
—El que espero que nos impresione es él —responde el romano sonriendo de lado.
—England tampoco se impresiona con cuatro caballitos, ¿verdad? —mira al inglés.
—True! —tan seguro, así que Roma se acerca a él y le toma en brazos... no sin cierto nerviosismo por parte del pequeño. Francia sonríe acercándose a Britania y tomándole de la mano, sonriendo.
—Eres muy bonita... —susurra con su voz de "seductor", sonriendo mientras Roma sube al inglés a la cuadriga que ya han preparado los esclavos, sosteniéndole de la cintura y le explica cómo manejar a los caballos, un poquito.
Francia hace un gesto a Britania para que suba a la cuadriga antes que él, de manera terriblemente pomposa, pero terrible e impresionantemente caballerosa, como si repentinamente se hubiera convertido en un hombre más adulto.
—¿Te gusta nuestra casa? —pregunta el francés a la chica, que ha subido mirando al niño con el ceño fruncido y flipando un poco. Roma echa una mirada controlando que estén todos antes de dejar a Inglaterra ponerse en marcha.
—Franciae, agárrate fuerte —le recuerda no por nada, alguna vez han tenido que recoger a Francia que estaba sentado en el carro de fruta que estaba estacionado detrás de la cuadriga.
—Claro, papa. Britannia, agárrate fuerte tú también —pide con esa voz bastante copia de la de su padre.
Roma sonríe al oírle, porque le hace mucha gracia cuando hace eso y deja a Inglaterra llevar las riendas, sosteniéndole de la cintura y el culo para que llegue a la altura. Él da un golpe seco demasiado fuerte así que salen un poco despedidos pocos segundos más tarde, Roma anima al inglés a ir más deprisa mientras este grita y se ríe como loco con la velocidad
Y Francia, que estaba aún en su pose de señorito repipi, termina abrazado a las piernas de Britania, con los ojos cerrados gritando "waaaaaaaaaaaaaaaaaaa"
—Englaaaaaaaand! —riñe la británica agarrándose con fuera de donde puede.
—¡No hagas caso, más rápido! —grita Roma—. ¡Lo haces muy bien! —y ya te contaré a quien le va a hacer caso... aunque la voz de Britania dé miedo (seguramente lo hace de manera menos bestia que el propio romano).
Francia, que odia ir en carro cuando maneja su padre, lo odia igual cuando conduce Inglaterra apretando los ojos y abrazado cada vez más a las piernas de Britania.
Pero el inglés es bastante hábil para no llevarse nada por delante... lo cual no es tan fácil. Insisto, seguro Inglaterra lo hace "mejor" que el propio romano... aun así, Britania le riñe todo el camino gritándole que más lento, que con cuidado con el niño, riñe a Roma por arengarle, les riñe a los dos por gritar...
Hasta que finalmente frenan bruscamente haciendo a los caballos levantar las patas delanteras. Los dos excitados y muertos de risa con la velocidad (y un poco las riñas de Britania).
Francia sigue sin soltarle de las piernas con los ojos cerrados gritando un poco el grito infinito "Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa..."
Roma deja a Inglaterra que está especialmente sonriente y saltarín junto a Francia, quien, nada tonto suelta a Britania y abraza a Inglaterra
—¿Viste como lleve a los caballos? ¿Lo viste? ¡Casi atropellamos ese carrito pero gire al final! ¡Y luego casi chocamos con esa esquina pero no! ¡Y luego! —le cuenta al francés dando saltitos, abrazándole un poco también.
—Sí, sí vi... lo llevas mejor que papa, de hecho, nadie ha salido volando —susurra el francés sonriendo un poco porque le abraza y mirándole, contento de que esté contento.
Roma mira a Britania sonriendo traviesamente, ella se baja del carro algo mareada (es el segundo que se baja en esas circunstancias, Germania fue el primero, Britania la segunda... Roma los va matando poco a poco así)
—Esta es una PÉSIMA cosa que enseñarle al niño, ¡pésima! —cual si ella no lo hubiera hecho igual, solo que ella no tiene una cuadriga. Roma se baja el último indicándoles a donde tienen que ir dando a los esclavos para que se ocupen de los caballos.
—Al menos así no piensa en las que le has enseñado tú —le susurra él de vuelta mientras Inglaterra sigue contándole a Francia.
—Y puedo reñirle hasta la eternidad por correr así por el bosque —asiente ella recargándose en el romano.
—Dos pájaros de un tiro —vuelve a abrazarla con naturalidad. Francia mira atentamente al inglés contarle toda la historia (porque él no ha visto nada por estar abrazado a las piernas de Britania).
—Aun así fue un viaje terrible —le deja abrazarle un poco, solo revolviéndose para que le suelte.
—Era para que no tuvieras tiempo de pensar en nada que preguntarle al oráculo fuera de los asuntos con mis huevos —se ríe. Britania se sonroja.
—¿Por qué no querías que tuviera tiempo para pensar?
—Porque esas cosas las preguntas sin pensar y siempre te sonrojas... estás muy guapa cuando te sonrojas.
—Deja de decirme esas cosas —golpecito en el pecho, mucho menos bestia que las otras veces, desvía la mirada y se sonroja.
Él le da un beso en la mejilla entrando por la puerta de la casa de la sibila, que es como han sido toda la vida las casas de los adivinos, oscuras y llenas de telas por todas partes, así como cachivaches variados.
A Britania le gusta la casa, mirando todo con las cejas levantadas, algo impresionada. Inglaterra por fin se queda callado al entrar dentro, impresionado, escondiendo a Francia un poquito tras de sí, por si algo malo pasa.
Francia se deja consentir, como siempre, abrazando un poco al inglés, porque a él le gustan las cosas más luminosas y limpias, mirando los cristales en las paredes y las pieles, con un escalofrío.
Roma se acerca a la sibila saludándola, es una mujer muy alta de piel clara, con todo el pelo y el cuerpo cubierto con telas, tiene los ojos cerrados todo el tiempo y habla con él diciéndole con voz suave que esperaba su visita.
Britania vacila un poco, temerosilla, sin ver magia a su alrededor pero considerando que el lugar tiene algo muy extraño.
Inglaterra agarra con fuerza la túnica de Francia detrás suyo mirando a la mujer de los ojos cerrados, nervioso. Ella comenta al romano que aún no ha solucionado su problema y su destino cada vez es más inevitable y así seguirá mientras no haga lo que tiene que hacer, de manera profunda y él se sonroja un poco, carraspeando incómodo.
Francia escucha eso con atención y creo que mucho más adelante, cuando su padre desaparezca, lo recordará y se preguntará toda su vida si a qué se refería la sibila. Por ahora, no está tan preocupado en realidad, sino embobado viendo a la mujer, abrazando a Inglaterra porque está asustado.
—Britanniae, puers —les llama a los tres después de pagarle—. Ella es el oráculo que resolverá vuestras dudas —les explica.
Britania la mira con desconfianza aún, tratando de encontrar la parte extraña en ella, sin mirar halos ni cosas mágicas a su alrededor. En silencio, solo moviendo los labios, ya le ha echado dos o tres encantos suaves, y se ha protegido a ella y al inglés con un par de hechizos. Se pone más nerviosa aun cuando ve que Roma se sonroja e incómoda un poquito, pensando si esta mujer será capaz de saber sobre los sentimientos que NO tiene hacia el romano. Traga saliva.
La sibila se vuelve a los tres sabiendo donde están, con los ojos cerrados y hace un gesto que de alguna manera lleva a pensar que les invita a sentarse, aunque no dice palabra alguna.
Francia mira a su padre de reojo y tira del inglés para sentarse, haciéndose bolita a su lado, sin dejar de abrazarle. Inglaterra que está igual de asustado tira de Francia hecho bolita también para que se acerque a su madre.
Britania hace un leve carraspeo, levantando la barbilla y mirando a la sibila un poco retadora.
—No debéis temer... los dioses no os han traído al mundo para dañaros, tenéis un destino que cumplir en su plan y con el corazón y la mente abiertas yo os ayudaré a conocerlo —susurra la sibila suavemente y aun así se oye perfectamente claro—. Dejadme saber vuestras preocupaciones.
—Pre... —carraspea la británica—. Preocupaciones.
La sibila se vuelve a ella y aun sin abrir los ojos, consigue dar la sensación como si la estuviera atravesando con una intensa mirada. Britania se echa un poco hacia atrás, rozando unas telas que están atrás de ella y que le hacen dar un saltito del susto. Traga saliva y vuelve a levantar la nariz. Roma la mira de reojo y le toma la mano con suavidad.
—¿Cómo vas a resolver lo que me preocupa si no sabes nada de mí? —pregunta la chica frunciendo un poco el ceño, dándose aires de valentía
—Solo tú, mujer del norte, tienes las riendas para acometer tu destino. Soy una guía que te ayudará a interpretar los designios divinos —vuelve a hablar en ese mismo tono de voz suave, casi sin entonación.
Britania la mira un poco escéptica (de todos, la escéptica es ella...)
—Veo campos verdes —empieza la Sibila levantando la cabeza y aspirando un poco por la nariz—. Veo tres... no, cuatro niños. Dos pelirrojos, uno moreno y otro rubio. Solo uno de ellos está contigo. Veo un hombre... No... Dos. Veo una mujer... fallecida. Mi pesar —baja un poco la cabeza hacia ella.
Britania parpadea dos veces tensándose más con esto y mirando a Roma de reojo sin saber si él le ha dicho esto. Aun así, lo de la mujer fallecida... piensa en Galia en automático y se humedece los labios.
Roma mira a la sibila escuchándola atentamente (si será cotilla) apretándole la mano a Britania un poquito e Inglaterra la escucha pensando que los niños deben ser él y sus hermanos, abriendo la boca como un pez.
—¿Hay alguien en quien pueda confiar? —pregunta la británica de repente, con voz bastante segura, el ceño fruncido y la boca seca.
—Sí —responde la sibila tras unos instantes.
Britania se vuelve a humedecer los labios, mirando a Roma por solo un instante, deseando que no estuviera aquí. Se muerde el labio y parpadea inclinando la cabeza, porque no está convencida (ni lo ha estado nunca) de que sea así.
—¿Cómo puedo saber? —susurra.
—El miedo nubla a menudo las percepciones de los hombres, pero la prudencia conserva a los sabios en la senda de la vida.
Britania parpadea tratando de entender qué quiere decir eso. Inglaterra parpadea igual y mira a Francia a ver si él ha entendido algo.
Francia abre la boca impresionado (sin haber entendido un pimiento pero eso suena muy bien, así como complicado), y mira a su padre de reojo que le mira también cuando le nota y le sonríe para que esté tranquilo.
Britania se revuelve un poco más, pensando y frunciendo un poquito el ceño.
—¿Cómo puedo NO confiar? —pregunta igual de rebuscada refiriéndose a no confiar en el romano en quien confía aunque a veces no quiera y se niegue por completo a hacerlo.
—¿Por qué ibas a no confiar? —pregunta Roma que no está seguro de qué está hablando.
—Tu corazón es bueno y tu carácter fuerte, pero el árbol que se mantiene rígido se rompe con la tormenta mientras la hierba se dobla y vive ante el temporal.
Britania levanta las cejas con eso y se sonroja.
—Oh... —susurra vacilando un poco y tragando saliva.
Roma la mira de reojo sin haber entendido del todo ese asunto, lo cual, hay que decirlo, le frustra un poco. Tan mono... gracias a dios. Britania sí que entiende un poco revolviéndose y mirando a Inglaterra para que sea él el que pregunte ahora.
—England.
Inglaterra levanta las cejas volviéndose a su madre y aun a esta edad, es mucho pelo en movimiento. Mira al oráculo asustado, aun sin ser capaz de hablar demasiado.
La mujer se gira hacia él lentamente, lo cual le acojona aún más
—Joven marinero —susurra la sibila.
Inglaterra abre los ojos como platos con el asunto del marinero, mirándola fijamente, agarrándose con fuerza de la túnica de Francia. (Lo siento, es que aún está un poco impresionado y le cuesta hablar en esas circunstancias)
—¿V-Voy a... Voy a tener... un b-barco? —pregunta tan suavemente que no sé ni si Francia le habrá oído. El francés mira al inglés de reojo y le trata de sonreír, temblando un poco también, acariciándole la espalda.
—Habrá un día en que el poder pueda medirse con barcos... ese día, serás muy poderoso.
—¿Como un rey? —pregunta ilusionado, un poquito más alto.
—El poder tiene dos filos. Los azares de la vida te permitirán conocer ambos filos de la navaja.
Los ojos verdes parpadean sin entender un pimiento de eso
—Ten cuidado, sé cuidadoso y medido y conseguirás grandes cosas —susurra la pitonisa. Él la mira y luego baja la cabeza pensando un segundo, se revuelve un poco y la vuelve a mirar.
Ella no deja de hacer como si le mirara aunque no le mire.
—My big brothers me van a querer un día? —pregunta suavemente haciéndose más bolita, sin mirarla. Vale, hasta Roma tiene ahora la necesidad de ir y abrazar al pobre pequeño. (Claro que las ganas de Roma de abrazar a alguien no significan nada, ha tenido ganas de abrazar hasta a Suiza)
—La rivalidad entre hermanos es difícil y peligrosa, pero veo paz y armonía en el futuro —susurra la pitonisa. El pequeño se relaja un poco con eso, sonriendo levemente y se vuelve a Francia para que pregunte él.
Francia le da un beso al pequeño inglesito en la frente, dándole un abrazo. Inglaterra se sonroja con esto y trata de empujarle un poco
—Yo quiero saber... —empieza Francia con seguridad y luego mira a su padre de reojo, vacilando un poco.
La sibila se vuelve a él con su expresión serena y Roma le guiña un ojo para que pregunte sin miedo
—Quiero saber si Angleterre y yo... —vacila, replanteándose la pregunta con temorcito—. Cómo hacer para que Angleterre siempre no me ignore.
—Whaaaat? —Inglaterra mira a Francia sonrojándose y empujándole un poco más.
—¿Qué? —pregunta Francia mirando a Inglaterra y levantando las cejas
—¿¡Por qué preguntas sobre mí?! ¡Eres un tonto! ¡No se vale!
—¡No estoy preguntando sobre ti! ¡Estoy preguntando sobre mí!
—Incluso de la más pequeña semilla puede brotar el más alto de los árboles cuando las condiciones son favorables y los cuidados continuos.
Francia parpadea mirando a su padre. Él le mira y le sonríe pensando que seguramente esta será una de las cosas que discutirán cuando vayan los dos a buscar a España.
—¿Eso significa que siempre vamos a querernos? —se aventura Francia.
—¡NO! —chilla Inglaterra sonrojado.
—Hay más formas de amar que personas en el mundo —responde la sibila.
Francia levanta las cejas con esto volviendo a mirar a su padre que se ríe un poco en plan facepalm y le asiente del estilo "sí, lo hablaremos, no te preocupes".
Inglaterra escucha a la sibila medio avergonzado, medio "no quiero saberlo" medio "CUENTA LO QUE SABES AHORA!"
—Yo le quiero mucho y voy a quererle siempre —abrazo al inglés, sonriendo.
—Noooo! —le empuja otra vez, muy nervioso, intentando meterse bajo la capa de su madre.
—La más suave brisa puede desgastar una montaña con el tiempo suficiente —responde el oráculo. Francia mira a su padre porque no tiene NI IDEA de nada de todo esto. Sonríe igual porque no suena mal.
—Gracias —zanja el tema Roma, porque considera que ya habrá suficientes cosas que explicarle a Francia e Inglaterra ya está lo bastante histérico. Ella hace un gesto suave de asentimiento.
Britania mira a la mujer con el ceño fruncido y cosa rara se levanta y levanta al inglés en brazos que la abraza aún muy nervioso.
—Los guerreros escuchan a su espada, los luchadores a su corazón —le recuerda la sibila a Roma en resumen a la pregunta que no le ha hecho y este vuelve a ponerse nervioso haciendo un gesto a Francia para que se le acerque y le de la mano.
—¿Qué quiere decir eso? Tú no preguntaste...—Francia mira al romano dándole la mano y mirando a la sibila de reojo
—Es verdad, pero ella me conoce y siempre dice esas cosas, a veces sin que le preguntes —le explica saliendo del lugar.
—¿Y qué quieren decir? ¿Tú eres un guerrero o un luchador? —Francia el fastidioso como siempre.
—Yo creo que... un poco las dos cosas —le sonríe sinceramente.
—Papa... no entendí nada de lo que dijo ella, pero no parecía nada feo.
—A mí tampoco me lo pareció —le acaricia un poco la cabeza mientras les traen la cuadriga.
Francia estira las manos para que le cargue y lo hace.
—¿Estás cansado?
—No... ¿Vas a hacer abrazo especial con maman Britannia? —sonrisita maligna.
—Sí —le besa la frente y se ríe tontamente—. Pero tú tienes que quedarte en tu cama con Angliterra.
Se muerde el labio y sonríe.
—Ojalá se dejara hacer abrazo especial... quizás quiera contarme una historia, cuenta las más bonitas que hay —sonríe ilusionado.
—Me parece que el plan de la historia te dará mejores resultados, ya tendrás tiempo de darle todos los abrazos especiales que quieras cuando seáis un poquito más grandes.
—¿Si? —sonríe contento—, voy a darle todos los abrazos especiales del mundo, TODOS! —le abraza.
Roma se ríe abrazándole de vuelta con fuerza.
—Te amo, papa —susurra el francesito en latín
—Y yo a ti, mi vida... Mira, vamos a hacer un cosa primero —le susurra cuando traen la cuadriga—. Britania —la llama.
Britania, que creo que esta pensativa por completo con todo lo que ha dicho la sibila, le mira un poco distraída.
—Mi amor, ¿puedes sostener a mi hijo mientras llevo las riendas? —le pasa a Francia e Inglaterra se hace un poco más bolita tratando de huir.
Francia abraza a Britania con naturalidad, sonriendo un poquito y ella se paraliza levantando las cejas sin poder decir nada más que... "Va-vale"
Roma la toma de la cintura con un brazo, atrayéndola hacia si arriando a los caballos con la otra mano.
Francia levanta una manita y se la pone a Inglaterra encima, acurrucando se en el cuello de Britania y cerrando los ojos, abrazándole fuerte.
Inglaterra intenta separarse y que se la quite de encima.
Britania, que tiene a un niño de cada lado, no le queda más que recargarse en el romano y medio agarrarse como puede del carro, confiando en que él le detenga con fuerza.
Francia ignora al inglés, apretándole la túnica con el puñito.
Por supuesto, Roma lo hace, para eso le ha dado a Francia expresamente mientras cabalgan por las calles de la ciudad, menos concurridas y más silenciosas a esta hora de la noche.
Así que entre una cosa y otra, Roma no corre tanto esta vez, en un momento dado que nota a Francia quedarse dormidito, mientras Inglaterra pelea de nuevo, acerca a la británica contra si para darle al niño un beso en la cabeza.
Francia se acurruca más en la británica, sin soltar al inglés, eso sí, mientras ella se sonroja un poco con la cercanía de Roma y con los niños y... Otra que repentinamente siente exceso de contacto. Aun así, le frota un poco la espalda al inglés al notar que está demasiado tenso, atrayéndole hacia sí y empezando a tararear una canción antigua bretón que suele usar con él cuando está asustado.
A Inglaterra le cambia la respiración, calmándose poco a poco, empezando a cerrar los ojos y Roma sonríe al oírla cantar.
Ella sigue, tarareando no con mala voz, tranquilizándose ella misma con la canción y recargándose máaaaas aún en Roma. Cuando este se aprende el ritmo, la tararea con ella suavemente, porque cantar le gusta mucho, atrayéndola hacia si conduciendo con solo una mano.
Ella levanta las cejas cuando le oye, sin dejar de cantar, echando un poquito la cabeza atrás y sonriendo levemente. Le acerca los labios al cuello y le roza por un instante, sin que sea un beso realmente, pero para ser Britania...
Roma levanta las cejas y se sonroja un poquito apretándola contra sí y acariciándole con la mano que tiene en la cadera sin dejar de cantar.
Ella se tensa con esto un poco, pero el momento y las circunstancias hacen que siga la canción, variando un poco la letra y el ritmo para que él pueda imitarla y no le cuesta mucho seguirla, riendo un poco de buen humor hasta que por fin detiene la cuadriga al entrar a su casa.
Britania se separa del romano, mirando a Francia de reojo, que la tiene bien abrazada. Aprieta los ojos un seguro y se baja del carro, ayudada por Roma.
Inglaterra está bastante dormido, junto con Francia, claro. Roma pasa la cuadriga a los esclavos y toma a Britania de los hombros.
—Vamos, les arroparemos —le susurra para no despertarles, acariciándoles un poco el pelo a los dos.
Britania asiente con los brazos un poco dormidos, pensando por un instante que esta escena es ridículamente... Familiar. Se incomoda un poquito dejando que el romano le guíe (Pues anda que los dos cantando una nana).
Roma la guía hasta el cuarto de Francia, abre la cama y saca la ropa de dormir del francés y luego otra para Inglaterra.
Cuando llegan al cuarto Britania arruga un poco la nariz pensando que ella dejaría a Inglaterra vestido. Se agacha sobre la cama para dejarles ahí.
Inglaterra se revuelve un poco y no tarda en girar y ñac, abraza a Francia, susurrando algo sobre la sibila.
El romano sonríe al verles, así que deja la ropa de noche y se acerca a ellos, quitándoles las sandalias y los cinturones que les ciñen las túnicas en la cintura, les tapa un poco y les da un beso en la frente a cada uno.
Francia abraza al inglés en una posición increíblemente parecida a la que ocupan actualmente, sonriendo un poco, completamente relajado. Entreabre los ojos con el zarandeo, eso sí y se despide de su padre y de la británica en un susurro.
Roma mira a Britania por si quiere darle un beso al inglés ella mira al pequeño y murmura un encantamiento protector para él, que es su manera amigable de despedirse en la noche, antes de acariciarle un poco el pie.
Inglaterra balbucea algo indefinido, dormidito y el romano se acerca a la británica sonriendo que tiene esa sensación terrible en el estómago que no se puede evitar tener en las noches al ser el invitado de Roma que dice... SEEÉ LO QUE VAAA A PASAAAR.
—Tenemos unos niños preciosos —se ríe tontamente.
—Son... pequeños, yes —susurra sonrojándose porque ella estaba pensando... ehm... en lo otro y este está pensando en los niños. Mira a Inglaterra y sonríe.
—Son pequeños y muy monos, ¿has visto como se abrazan? —se sigue riendo como tonto.
Britania levanta las cejas un poco, sorprendida en alguna medida con Inglaterra que no suele ser el mayor portento de cariñosidad que hay. Sonríe un poco inclinando la cabeza.
—Más le vale a tu hijo ser mejor que tú —protesta.
—Mi hijo es cien veces mejor que yo y mil veces más listo —la besa en la mejilla tomándola de los hombros y se la lleva del cuarto.
—¿Cien veces mejor que tú y mil veces más listo? —le mira de reojo sonriendo y haciendo los ojos en blanco—. Entonces es tonto y poco hábil.
—Non, ese soy yo —se ríe.
—¡Vaya, por primera vez hablando con sensatez! —levanta las cejas.
—Será tu influencia —le guiña un ojo y ella se sonroja un poquito.
—¡Otro comentario sensato! Estás en una racha.
—Aprovecharemos entonces, eres preciosa y tus ojos me hipnotizan —sonríe mirándola fijamente con los ojos un poco entrecerrados.
La británica se sonroja más abriendo los ojos más de lo normal y parpadeando.
—Eso no es sensato —chillonea un poco. Roma se ríe.
—Que poquito ha durado entonces, será por eso que nunca hago nada a derechas según tú —la guía por la casa hasta su cuarto.
—¡Tu solo dices tonterías! —sigue caminando, mirándole a él un 98% del tiempo y a por donde van el otro 2%.
—Tonterías, tonterías, tonterías —se ríe y le acerca la nariz a su cara, acariciándola un poco.
—¿Ves? —se echa un poquito para atrás, tensita, notando a los esclavos en la puerta del cuarto y... notando el cuarto en términos generales, como un lugar grande con muchas cosas... pero Roma capta su atención casi por completo en estos momentos. Le empuja un poco.
Le da un besito en la mandíbula, jugando antes de que le empuje y se ríe de nuevo dejándola entrar, saludando a los esclavos antes de cerrar la puerta tras ellos. Britania frunce el ceño mirando a su alrededor.
—Veamos, ¿de qué te vas a quejar primero? —se le acerca por la espalda y la abraza de los hombros.
—Todo esto es una cosa... horrible. Tienes una habitación enorme y... la sombra y la luz —Britania con líos para ser capaz de quejarse de algo. Él le besa tras la oreja suavemente.
—La luz es mejor al mediodía, cuando hay luz —se ríe un poquito. Escalofrío de la chica.
—Pues es horrible... ¿y qué son todas estas cosas que tienes aquí?
—Regalitos —sonríe mientras sigue besándola en el cuello—. A ver cuando me das uno tuyo.
—¿Regalitos? —le mira de reojo, pero él no contesta, en vez de ello sigue con lo que hace con la boca—. Mmmm... Rome —entrecierra los ojos y se muerde el labio empezando a perderse un poco y tratando de no hacerlo—. ¿Regalitos de quién?
—De gente... que cree que hago bien las cosas y los merezco.
—Pues... ¡Claro que no los mereces! ¡Eres un idiota! —mira otra vez alrededor.
—Me encanta cuando me dices cosas bonitas —le da un lametazo.
La pelirroja aprieta los ojos dejando de pensar un segundo antes de volver a acordarse de lo que estaba pensando.
—Regalo... ¿regalos de quién?
—Ya te lo he dichooo —canturrea y sorbe con los labios.
—¿Ya me lo has dicho? ¿Qué me has dicho? —inclina la cabeza
—De quiénes son...
Britania inclina aún más la cabeza y cierra los ojos.
—¿De quiénes son qué? —ok, alguien no tiene idea de lo que está diciendo
—De quienes son... —sonríe malignamente—. Las pecas más sexys.
—¿Mi-Mia... Ehh? —susurra mirándole de reojo y sonrojándose.
—Esta de aquí me gusta especialmente —susurra y le da un beso en una. Ella se sonroja más.
—No digas... cosas —susurra.
—Y esta también —le besa en otra—. Y esta... —otra más—. Tienes un montón... vamos a contarlas.
—¡Nooo! ¡No! Rome, no seas pesado —sonrojadita le empuja de la manera menos efectiva posible.
—Oh, sí, me da igual cuanto protestes —se da la vuelta y se le pone de enfrente.
—Es lo que veo... —aprieta los ojos y le pone las dos manos en el abdomen, a una distancia prudencial.
Él sonríe y empieza a desanudarle la capa, pero ella se la detiene del cuello soltándole el abdomen
—¿O es que tienes algunas en algún lugar... especial? —susurra en tono sugerente, yendo a por el vestido.
—¿Algunas? —como se nota, no tiene ni idea de qué habla.
—Pecas... como todas las que tienes aquí —le besa bajo el ojo.
—¡No tengo pecas! —se lleva las dos manos a la cara
—También tienes aquí —le besa el dorso de las manos y la abraza de la cintura.
—Nooo! ¡No tengo! —chilla cubriéndose, sonrojada.
—Claro que sí, las estoy viendo y planeo besártelas todas —le abre el vestido del cuello y le besa alguna en las clavículas.
—Nooo! No! Yo voy a dormirme ya a mi cuarto —protesta empujándole un poco la cabeza.
Roma se separa un poco y suspira, sonriendo levemente. Ella le mira a los ojos con las dos manos en su pelo. Se sonroja.
Él le sonríe.
—Estás en tu cuarto.
—Este es tú cuarto y en ningún momento acepté compartir cuarto contigo —susurra.
—En el momento en el que te presentaste para aceptar mi hospitalidad, aceptaste lo que yo disponga —sonríe.
—¡Perdona! Si dispones que duerma con los burros...
—Entonces te lo cambio. Duermes conmigo y te enseño a hacer algo —propone.
—¿A hacer qué? —pregunta sin poder evitarlo con cierta curiosidad.
—A dominar —sonríe.
—¿A dominar? —levanta las cejas porque mal mal no suena.
—Sí, a dominar y someter a un hombre... —susurra mirándola intensamente.
Más levantamiento de cejas sonrojándose un poco pero DEFINITIVAMENTE ha llamado su atención.
—No creerás que las mujeres no pueden hacerlo, ¿verdad? —sonríe de lado y se le acerca un poco—. En realidad es incluso más fácil para vosotras.
—No lo es, los hombres son más fuertes —susurra y se sonroja porque eso en concreto no sabe hacerlo en lo absoluto y como no sabe hacerlo (y además le da vergüenza), termina por conseguir lo que sí sabe hacer, que es que termine alguien medio violado (nadie sabe si ella o el interfecto) y luego echarles de la cama.
—La mujeres sois más retorcidas y más listas, tú eres especialmente lista, además —le acaricia un poco la mejilla—. Y no hay forma en que un hombre pueda esconder si lo haces bien o no.
La chica se humedece los labios y se le recarga encima, en el pecho, escondiéndose de su mirada pero escuchándole atentamente, porque aunque le da un montón de vergüenza, lo que dice le interesa. (Sonríe un poco con eso de que es especialmente lista)
—Yo puedo dominar a quien sea —asegura.
—Y por si fuera poco, los hombres suelen necesitar mucho menos estímulo que las mujeres, así que no hace falta esforzarse tanto... —le acaricia el pelo—. Con las formas adecuadas, podrías hasta dominarme a mí —susurra.
—¿Hasta dominarte a ti? Yo te domino a ti —asegura tratando de convencerse a sí misma de que es así, claro que es así, siempre ha sido así... !
—Aún más —se ríe un poco con esa respuesta. La británica le da un golpecito pero no demasiado fuerte, mirándole un poco de reojo y sonrojándose.
—No estoy segura de que puedas decirme algo que no sepa... —murmura.
—Veamos... lo primero es que te convenzas de lo que vas a hacer, que quieres, que tienes ganas y que está bien. En este caso queda claro que es solamente para aprender —sonríe.
—Claro, porque yo no quiero nada contigo —asegura ella más contenta de que lo tenga tan claro.
—Entonces, como va a ser como tú quieras, tú eres quien manda. Necesitas que yo reaccione primero, porque además eso me deja en un lugar más vulnerable, humillante y ridículo, mientras tú tienes el control —explica y la toma de la mano, llevándosela a sus regiones vitales—. Lo cual es absurdamente fácil —la hace mover los dedos de manera adecuada, dejándose llevar.
Ella se sonroja, tensando la mano y haciendo movimientos un poco erráticos, nerviosa. Traga saliva apretando los ojos sin quererle mirar, pero a la vez curiosa porque no es de todos los días que alguien la deje hacer esto. Vacila queriendo como siempre que venga a fundirle el cerebro, pero se da un poco de valor, pensando en las cosas que podría querer. Inclina la cabeza.
—¿Puedo hacer lo que quiera? —pregunta suavemente
—Prá... prácticamente —responde un poco más nervioso, tragando saliva y con la cabeza no tan en su sitio. La pelirroja se lo piensa un instante y vacila antes de apretar los ojos.
—Qui-Quítate todo.
—Te... será más fácil hacerlo que pedírmelo —responde igualmente empezando a desanudarse el cinturón.
—No hables... —ordena empujándole de los hombros hasta acostarle en la cama. Él sonríe dejándose caer y quitándose la túnica por la cabeza, mirándola como para comérsela
—No! no! ¡Cierra los ojos! —protesta.
Roma traga saliva y lo hace. Britania le mira de arriba a abajo, temblando un poco y le sale un chorrito de sangre de la nariz.
—No te muevas, ni te toques, ni hagas nada...
Él vacila un poco, nervioso, intentando no moverse y abre un poco un ojo espiándola.
—¡No me espíes! —susurra y es que en realidad lo único que ha hecho es cruzarse de brazos y mirarle completo con excesiva atención, humedeciéndose los labios.
Vuelve a cerrar los ojos y se quita las calzas lanzándolas por ahí.
—¡Deja de moverte! —protesta buscando un trapo por ahí buscando taparle los ojos.
—No es tan fácil —responde tumbándose y esperando, riendo un poquito.
—Pues eso no me importa, yo soy la que manda, ¿no?
—Sí... sí —sonríe echando la cabeza un poco atrás y se pasa las manos por el pelo, poniéndoselas tras la nuca por que no se puede estar quieto.
Britania con su normal delicadeza (es decir, con ninguna), le amarra un trapo en los ojos con bastante fuerza quitándole las manos de detrás de la nuca de un manazo cada una hincada detrás de su cabeza.
—Oh... pensé que te gustaría ver la cara que pongo por ti —la deja igual, levantando un poco la cabeza para que pueda atárselo
—¡No me gusta eso!
—Es verdad, lo siento —se ríe y se pone las manos sobre el pecho, pasándoselas por el pelo.
—¡Tampoco te toques!
—Es difícil si no lo haces tú... —quita las manos, poniéndolas a ambos lados de su cuerpo.
—No es nada difícil, solo acuéstate ahí —le mira otra vez con los brazos cruzados, viéndole el asuntillo más o menos feliz, quiero asumir
Roma arquea un poco la espalda y respira profundamente. Britania se muerde el labio, sonrojándose sola con lo que quería hacer, vacilando un poco y parándose encima de la cama para tener una mejor visibilidad. Se tapa la cara dando unas vueltecitas y tomando valor antes de volverle a mirar, porque además se ve BIEN ahí acostado medio feliz, respirando.
—Mírate cómo estás... —suelta en tono de burlilla, más avergonzada ella que Roma, seguro.
—No puedo, me tapaste los ojos —saca la lengua y se relame los labios, sonriendo. La pelirroja le da una patadita en el costado porque no era esa la respuesta esperada
—Eh, eh! —protesta un poco levantando las manos hacia el lugar de donde ha venido la patadita. Britania la bestia se detiene, vacilando un poco y volviendo a sentarse a su lado, mirándole y sonrojándose de nuevo.
—Hay un problema con aprender esto.
—¿Cuál? —la busca con la mano.
—No te muevas —manazo.
Roma suspira y sonríe, apartando la mano.
—Si yo te domino y hago que hagas cosas... luego vas a saber que... bueno, vas a acusarme de que yo quería y yo no quiero —aclara rápidamente.
—Pues creía que habíamos quedado en que solo era por el aprendizaje...
—Claro que solo es por eso, hablo de... luego, con otras... —se sonroja—, olvídalo. Sea como sea voy a demostrar que tú si quieres.
—Yo sí quiero —le manda un beso.
—¡No digas esas cosas! —protesta poniéndole una mano en el abdomen y lentamente empezando a bajar hasta la zona de peligro. No creo tener que explicar el nivel de sonrojo.
El romano vuelve a arquear la espalda dejándola hacer, reaccionando más solamente con ello. Ella se muerde el labio y vacila.
—Si te mueves una vez más vas a arrepentirte —susurra apretando los ojos y poniéndole una mano en la zona en cuestión—. Y cuando hablo de moverte, hablo de quitar las manos de encima de la cama.
—Tocarte me... uaah... —le tiemblan las piernas sin acabar la frase, porque es bastante muy sensible y más cuando no se detiene a sí mismo. Se agarra de las sábanas
Ella hace un par de movimientos TORPES con la mano, haciéndose bolita porque le da muuuuucha vergüenza y es algo que NUNCA ha hecho.
—L-Lo haces mmmm... —dobla un poco las rodillas, moviendo la cabeza de lado a lado, porque aun torpe, al romano no hace falta casi ni tocarle para hacerle reaccionar—. Muy bien.
—S-Shut up! —protesta vacilando un poco mirándole el asunto con bastante curiosidad, arrugando un poco la nariz antes de mirarle a la cara.
Roma está sonrojado, mordiéndose un poco el labio con el corazón acelerado. Britania hace unos cuantos movimientos más, con lo que parece ser que le gusta, sintiéndose infinitamente pervertida y avergonzada, pero no por eso sin seguirse moviendo poniéndole un dedo en la punta y midiendo las aguas para no exagerar.
El romano abre la boca como un pez como si le faltara aire, con la respiración temblorosa, arqueando la espalda y moviendo las piernas. En un esfuerzo para no meter sus manos en el asunto, apretando los ojos bajo la venda.
Britania creo que va a desangrarse porque nunca había notado lo fantástico que puede ser esto, porque nunca había hecho esto... puede que Escandinavia y Germania sufran la tortura en el futuro... o al menos lo intente.
Roma, siguiendo los movimientos con las caderas para generar más o menos fricción más o menos deprisa, aprieta los dientes aspirando entre ellos y da algunos golpes con un pie en el colchón, con el corazón desbocado.
—P-para... p-p-para... —pide muy suavemente temblando.
Britania, que lo que quería era parar justamente en ese momento que ella misma ha vivido a manos del romano, que es cuando ella piensa "si paras, te asesino", levanta las cejas y hace un par de movimientos más antes de pararse quitando la mano.
Roma suelta un par de insultos de esos profundos cagándose en los muertos de más gente de la que debería y las madres de un centenar no invitados y se lleva las manos a los ojos por encima de las vendas, pero consigue aguantarse.
—D-Deja... deja que… respire... o acabara la fiesta antes... de tiempo —susurra como si hubiera corrido una maratón o dos. Ella le mira y sonríe con todas las majaderías que le escucha decir.
—¿El gran imperio romano no puede aguantarse? —pregunta con sorna.
—No mucho... más, mi amor —sonríe y se humedece los labios que tiene resecos de la respiración—. Ahora... tú. Siéntate... sobre mis caderas y muévete como gustes.
Britania levanta las cejas y se sonroja de muerte pensando en la idea.
—W-What?!
—No pienses... tú eres quién domina, hazlo como tú quieras, yo te sigo en vez de obligarte.
—¡No hables! —chilla nerviosa, aunque agradece las instrucciones, vacilando un poco antes de quitarse los interiores de debajo del vestido—. Esto... esto es solo por aprender, ¿eh? No te olvides de eso —murmura mientras tanto, pensando que esa teoría no se sostiene.
—Lo sé, lo sé... créeme que mi situación es bastante más patética y sin embargo casi siento morir del placer... —responde recuperando el aliento, esta vacilación va a ayudar a que aguante un poco más.
—No es más patética porque mi situación no es patética, el patético eres tú... —presiona subiéndose un poco la falda e hincándose encima del romano, sin poder creer que vaya a hacer esto. ESTO... es mucho más complejo cuando no hay besos y caricias y esas cosas para fundirle el cerebro, pero sabe perfecto que si le besa, se va a perder en él y no va a... concretar el experimento.
Roma se acomoda bajo ella apretando los dientes porque aun así está casi apunto y acaba con las manos en sus muslos de manera automática.
Ehm... Britania le pone una mano en la boca y aprieta los ojos, dándole un manazo suave en la mano que puso en su muslo, empezando a moverse, intentando no hacer ninguno sonido ELLA.
Roma saca la lengua y la lame siguiendo sus movimientos suavemente, quita las manos de sus muslos para ir a por sus pechos, NECESITANDO tocarla.
Francia entiende, Francia entiende... eso de la NECESIDAD IMPERIOSA de tocar. FRANCIALAMADREQUETEPARIOVUELVETEALAPUTACAMA
Britania le quita las manos de sus pechos una vez, pero al segundo movimiento se le olvida echando la cabeza hacia atrás, porque esta posición la gracia que tiene es que ella puede moverse como QUIERE y como mejor LE parece, al ritmo que QUIERE, sin que le importe un pimiento lo que opine el otro.
(Escandinavia, Germania... vean su futuro reflejado en este momento. A Escandinavia en cambio de la perspectiva de sequía le parece PEEFECTO. De hecho porque no se va a enterar, si no, Roma está invitado a toda la cerveza que pueda beber)
(Britania dice que ni se emocione tanto, que... no está segura en este momento de pensar en otras... regiones)
Tras lo que son unos cuantos muy pocos minutos, que aun así requieren toda la habilidad del romano, acaba por terminar con un buen BUEN insulto.
Britania que creo que ya está pegando gritillos ahogados desde hace unos cuantos segundos, se mueve un poco más antes de echar la cabeza atrás y llevarse las manos a la cara
Roma tiembla, esperando a ver si acaba o no por unos segundos más antes de decidir qué hacer... igual no tiene mucha sangre en el cerebro, no le pidáis demasiado.
Finalmente, después de moverse unos instantes más Britania termina de manera evidente un par de veces (odio a Roma, lo odio, por qué coño... asdfajsdfñl! lo odio), echándose encima del romano y dándole un BUEN beso en los labios
Que es lo que habría hecho él si no, así que se lo devuelve abrazándola con brazos y piernas, como si ni hubiera mañana con aun toda esa necesidad de tocarla.
Y Britania sonríe, notando esa necesidad que de una u otra manera no deja de gustarle bastante, tratando de besarle lo mejor que puede para concluir el derretimiento de cerebro (ella termina con el cerebro derretido, no sé él...)
El problema o ventaja de él es que su cerebro está... bueno, ahí abajo. Y efectivamente hemos podido ver todos como no solo se lo derretía. En fin, el caso es, ¿cerebro? ¿Qué cerebro?
Poco a poco los besos van a dejar de ser tan sexuales y necesitados para volverse más suaves y dulces.
Y ella, como siempre, terminara dándole besos también más dulces, con los ojitos entrecerrados, haciéndole cariñitos en la cara y diciéndole que lo... Aprecia.
Y aun con todo, el que diga que los británicos no son adorables... miente.
