Los niños están haciendo un espectáculo con la cometa roja porque no creo que se vean cometas tan a menudo ni sea un juguete tan popular. Además está Francia, que reconoció a una de las vendedoras de comida y pidió un poco de pan y leche para ellos, y... En realidad están mejor cuidados de lo que parece. Britania grita como loca con muchas dificultades para buscar a los niños.

—¡Ahí! —grita de repente. El romano tira de las riendas ahogando a los caballos mirando a donde le señala y no debe ver nada porque lo que le señala es la cometa.

—¿Ahí dónde? —pregunta mirando a todas partes

—¡Ahí! ¡La cometa!

—La... —igual galopa hacia ahí a toda velocidad.

—Eso rojo... Es un juguete.

—No los había visto nunca por aquí ¿Crees que estarán mirando?

—England lo hace... —explica la británica

—¿Mirar? —pregunta mientras ya llegan y... ¿porque sigue desnudo, maldita sea?

—No, ¡los hace! Y no te vas a poner... ¿Algo? Bloody hell

—¿Algo de qué? —detiene la biga secamente, tirando fuerte de las riendas y baja corriendo apartando a la gente a codazos. En cuanto ve a Francia en el centro del círculo corre hasta él levantándole en brazos en vilo.

Britania se sonroja por todos los presentes al verle correr hasta ahí desnudo.

—Ahh! Papa! —Francia tiene la desfachatez de sonreírle contento.

—Por todos los dioses, Franciae —le revisa de arriba abajo, le abraza con mucha fuerza y le da un montón de besos, haciéndose bolita alrededor suyo, sintiendo como si le hubieran arrancado una parte de sí mismo y acabara de recuperarla, con el corazón volviéndole a su sitio. Se ríe de alivio y de adrenalina.

Francia se ríe con él, inocente, sin entender que haya pasado nada malo.

—Papaaaa... Jijiji, ¿has venido a ver nuestra cometa?

—No se te ocurra volver a darme un susto como este —le aprisiona contra si con la respiración agitada.

Inglaterra, que ha dejado la cometa a Francia y NO estaba merodeando a la gente para saquearles, estaba reconociendo la ciudad, en concreto las partes de ciudad que los presentes guardan en sus bolsillos. Aparece junto a su madre como si nada.

—¿Susto? Papa me aplastas... —susurra Francia sintiendo demasiado aplauso.

—Oh. England! —levanta una ceja Britania.

—¿Estás bien? —pregunta Roma, le separa un poco y le mira.

—¿Ya vamos a ver los barcos? —pregunta el inglés ilusionado—. ¿Por qué Rome está desnudo?

—Oui... Estábamos volando el cometa —explica Francia poniéndole las manos en las mejillas.

—¿No te has hecho daño? ¿Te has asustado?

—Hubo un incendio en la casa —comenta Britania mirando al niño de reojo—. Rome estaba preocupado, no sé si veremos los barcos. ¿No le han dicho a nadie que vendríamos? ¡Te he dicho ya que cuando desaparezcas me avises!

—¿Daño? ¿Con que? —Francia parpadea.

—¡Con el fuego!

—Fuego… Cual fu... Ohhhhhhhh! —cara absoluta de culpabilillo cambiando la expresión.

—Es que no sabía dónde estabas y todas esas personas nos siguen a todas partes, no quería que me siguieran —Inglaterra se encoge de hombros.

—Pues yo tampoco sabía a dónde estabas, te busqué por todos lados. Hubo un incendio...

—Pero no me pasa nada, soy muy listo —le sonríe.

—Franciae? —los ojos caramelo le miran entrecerrándose.

—Q-Quid? —balbucea el francés sin mirarle.

—Eso pensé, pero has asustado a todo el mundo —murmura Britania y le mira de reojo—. Extraño que haya habido un incendio...

—¿A qué viene esa cara? —insiste Roma.

—Yo no sé —Inglaterra se encoge de hombros.

—A nada... —susurra el francesito que aún necesita más práctica para mentirle a su padre en concreto.

Britania mira a Inglaterra con los ojos entrecerrados porque en general, si hay fuego descontrolado suele estar en algún modo involucrado.

—Mérida dice que querías salir de la casa sin ella y ahora estás aquí... sin ella.

—Es que... A Angleterre no le gusta... —susurra Francia revolviéndose.

—Vamos a casa a hablar de esto con calma —decide el romano, poniéndose de pie.

Inglaterra mira a su madre sin decir nada porque la diferencia entre ser el mayor de cuarto o el menor de cuatro hermanos implica esta serie de... picardías.

—A casa a hablar... Papa, pero ¿no íbamos a los barcos? —pregunta Francia vacilando un poco.

—Ya veremos —le toma de la mano y se pasa la mano por el pelo, sintiéndose desnudo por primera vez desde que se ha despertado. Francia tiene un escalofrío reconociendo el tono de su padre.

Britania mira de reojo al inglés, frunce un poco el ceño. Roma se acerca a ella, porque aún tiene su túnica.

—Has encontrado algo importante en las demás perso... —se calla ella sonrojándose un poco por lo que estaba diciendo.

—A-ave —vacila un poco, sonrojadito y carraspea recordando en mitad de qué les han interrumpido y notándolo ahora que la mira y ya pasó todo.

Britania, que está abrazando la ropa del romano y ya ha superado un poco todo lo que pasa, aún medio en shock con todo, mira a Francia de reojo.

—¿Todo bien?

—Me devuelves mi... ehm... por favor —pide Roma tendiendo la mano

—Tu... —parpadea, traga saliva, levanta una ceja y le mira de arriba a abajo. Se sonroja más y cae en la cuenta, dándole la túnica.

—Gracias —le guiña un ojo, poniéndosela al notar que le ha metido un repaso.

—¡No debiste venir desnudo! ¿Ves? ¡No pasó nada y sólo estaban jugando! —ella le riñe un poco torpemente.

—¿Y dejarte sin espectáculo? —le coquetea tomando a Francia en brazos y yendo hacia la biga. Britania se sonroja más tomando a Inglaterra de la mano y jaloneándolo un poco para seguir al romano.

—Papa... —llama Francia a Roma en cuanto se suben a la biga, abrazándole de la pierna.

—Sic? —le mira serio. El pequeño baja un poco la cabeza y le abraza más la pierna.

—No te enfades —susurra.

—Hablaremos en la domus.

—¿Estás más tranquilo? No que me... Preocupara ni nada —aclara ella cargando al inglés para subirlo a la biga y subiéndose junto a él.

—Sic, estoy más tranquilo. Gracias por no... Preocuparte ni nada —la atrae un poco hacia sí con un brazo, sonriendo un poco.

—Eso es... Y nada de gracias, yo te odio —se deja abrazar un poco. Él se ríe, mucho más tranquilo en realidad y se nota por la forma de conducir de paseo.

Francia mira al inglesito con cara de angustia y le busca agarrarle la mano sin soltar la pierna de su padre. El pequeño se deja tomar de la mano, bastante tranquilo, en realidad.

—Papa va a regañarme —asegura el francés en un susurrito.

—Why?

—Me ha dicho que habláremos en la casa... Eso siempre es horrible.

Los ojos verdes le miran un poco desconsolado y le aprieta la mano. El galo se siente mejor con el apretón aunque no demasiado porque Roma enfadado es temible.

Lo siento, Francia, Inglaterra aún no tiene edad para esconderte en casa, darte un beso y decirte que le caes muy mal. Bueno, que le caes mal sí que te lo puede decir.

—Quiero decirte que así como que muy impresionada... No me has dejado –anuncia Britania sonriendo malignilla.

—Eh? —la mira de reojo.

—Dijiste que me impresionarías... Y los incendios no me impresionan en realidad —murmura sonrojándose un poquito.

—Con la naumaquia, el incendio no estaba previsto... ya que la otra cosa impresionante no pude terminarla.

—Eso me di... Cuenta —susurra escondiéndosele en el cuello. Roma se ríe—. Quizás deberías dejar que tus niños salieran más a menudo... Los míos lo hacen y son fuertes y autosuficientes —le mira de reojo.

—Non, non... esto no es el bosque... —niega con la cabeza.

—¿Qué puede pasarle? Sólo es una ciudad. Créeme que en el bosque hay lobos

—Cosas mucho peores que en el bosque, créeme. Aquí no hay lobos, pero hay personas y un taimado es mucho peor que cualquier lobo. Roban a los niños y les obligan a trabajar todo el día como esclavos, golpeándoles con látigos y si desobedecen y no sirven, les hacen salir a la arena a batirse a muerte contra fieras y gladiadores.

—¿Alguien se atrevería a hacer todo eso con el hijo del grandiiiisimo impeeeerio romaaaano? —un poco en burla.

—Alguien que no supiera quien es, sin duda —le da un beso en la mejilla y los caballos casi atropellan a alguien, mira a Francia de reojo a ver si está escuchando—. Alguien que lo supiera haría cosas aún peores.

Francia sí que está escuchando le abraza con más fuerza apretando la mano del inglés que está un poquito acojonado también con esa historia, prefiriendo a los lobos.

—¿Cosas peores? Mmm... Yo haría cosas peores, no me extraña. Seguro sacaría alguien una buena cantidad de dinero.

—Habría cosas mucho más interesantes que yo podría hacerte a ti en pago —mano en el culo.

—Quitamelamanodeahiahiahoramismo.

Más risas y la sube un poco.

—Saliste desnudo por toda la ciudad —susurra la británica cayendo en la cuenta

—Oh, sí... y no me viste apagar el incendio, tarde un rato en que se me bajara... el ánimo.

Ella le mira de reojo la zona y aprieta os ojos.

—Noooo! Shutup!

Más risas romanas cuando por fin llegan a la casa de nuevo. Francia tieeeeeemblaaaaaa e Inglaterra entrecruza los dedos con él, echándosele un poco encima, nervioso

—Papa... —susurra el francés mirándole con cierta imploración.

—Voy a pedirte, Britania, que me des unos minutos para hablar muy seriamente con mi hijo —pide ante eso. Britania asiente pensando que irá a asearse y a ponerse algo de SU ropa. No trae ni zapatos además ni ropa interior. Se sonroja con la idea.

—¡YO HICE EL FUEGO! —confiesa Inglaterra para que no riñan al francés y le aprieta más fuerte la mano, nervioso.

Francia le mira desconsolado aun pero sonríe un poquito... Pensando que es la cosa MÁS ROMÁNICA QUE HARÁ ALGUIEN POR ÉL.

—Fuimos los dos... —susurra Francia prácticamente echándose le encima para abrazarle, empezando a llorar desde ya.

Roma mira a Britania con cara de circunstancias y se pasa una mano por el pelo. Britania aprieta los ojos porque ya lo temía... ¡Que maldita necesidad había de confesarlo!

—Franciae, vamos —pide el romano igual, con voz suave y mesurada. Francia no suelta a Inglaterra mirando a su padre aún desconsolado.

—England... —sisea Britania IRRITADA. Inglaterra se mete un SUSTO y también se abraza más a Francia.

—Franciae no quiero tener que repetírtelo.

—Papaaaa... —solloza Francia.

—Papa, ni papa, venga —señala hacia las habitaciones. El galo le da un dramático beso a Inglaterra en la mejilla.

—Merci, Mon petit lapin... —susurra. Inglaterra se sonroja de muerte sin esperárselo, porque además su madre está ahí, soltándole como si le quemara.

—Franciae! —grita Roma enojado para que corra ya con él.

Francia se tambalea sin esperárselo y como está en el drama está a punto de que se le rompa el corazón cuando su padre grita y es ESE grito enfadado que le pone los pelos de punta, sale corriendo a toda velocidad hacia su él, aterrorizado.

Van al cuarto en silencio mientras Roma piensa que al menos, la ventaja es que con Inglaterra aprende justo esas cosas importantes para sobrevivir en el mundo, que por más que lo intente... No aprende con él ni con España. Sólo salió a jugar, tiene más esclavos que nadie, toda la ciudad lo conoce y saben lo importante que es protegerle... Y está aprendiendo estrategia y juegos de niñO pero...

—Desobedecer ordenes, ponerte en peligro, a ti mismo y a tus hermanos, destruir tus cosas, no pensar en las consecuencias... —empieza y mira a Francia duramente, muy decepcionado.

Él se abraza a su conejito y solloza en silencio

—¿En qué estabas pensando? Toda la ciudad te conoce y sabes cuantos enemigos tenemos, ¿qué crees que habría pasado si alguien te lleva? ¿Crees que te habrían tratado bien? ¿Sabes que hacen con los chicos cuando los hacen prisioneros?

El pequeño niega con la cabeza suavemente... No sé a cuál de las preguntas, sin dejar de llorar como Magdalena y sin mirar a su padre.

—Seguramente te hubieran hecho mucho mucho daño, te hubieran cortado los dedos y me los habrían mandado para que yo fuera a por ti.

El francés palidece mirándose las manos por un segundo y temblando un poco.

—Yo... Yo sólo quería jugar con... Angleterre... —susurra entre sollocitos.

—Nunca te he prohibido eso, pero tienes que ser un chico listo... necesito que lo seas —se sienta a su lado y le toma en brazos—. Eres muy importante para mí y te quiero mucho y si alguien te lleva yo... no sé lo que haría —le abraza—. Solo pensar que pudieran hacerte daño...

El francés se le abraza con fuerza (sin soltar al conejito) llorándole mucho más ruidosa y dramáticamente encima.

—Necesito que aprendas esto, es muy muy importante. Tú no eres un chico cualquiera, hay mucha gente mala que sabe que puede hacerme mucho daño a mí a través de ti, por eso tienes que protegerte. Mérida y los demás están para ayudarte y protegerte, ¿lo entiendes? No quiero que nunca más vuelvas a hacer algo así.

Otros sollocitos más, aunque más tranquilos.

—No quiero que te hagan daño...

—Oh, pues lo harían y mucho... y no solo a mí. Seguro me pedirían mucho dinero o cosas parecidas y yo tendría que dárselo... dinero para otras cosas, para otra gente, para la comida de los soldados o para los enfermos... ¿y sabes qué pasaría? Que entonces los enfermos morirían y los soldados no querrían trabajar y nadie nos protegería —el dramático.

Francia le mira desconsolado.

—¿Todo eso... Por ir al mercado... Sin Mérida?

—Sic, cariño mío, cuando tienes tanto poder, cualquier pequeña acción puede conllevar un declive si no se toma con sabiduría.

El galo se sorbe los mocos, impresionado. Luego cierra los ojos y se le recarga encima.

—Que es decli... Decli...

—Declive, un desastre, que todo vaya mal —le explica abrazándole más y acunándole un poco—. Y El fuego... aun no puedo creerlo. ¿En qué pensabas? ¿Qué hubiera pasado si arde toda la casa? ¿Si nadie puede sacar a Veneciano y Romano?

—Pero Angleterre me dijo que sería pequeño y que no quemaría la casa —se defiende—, sólo era para distraerlos.

—Franciae...—aprieta los ojos—. ¿Qué os digo siempre a ti y a Hispaniae cuando cocinamos? ¿No os he repetido un millón de veces que seáis MUY cuidadosos con el fuego, que en cualquier momento se puede volver incontrolable?

—Pero Angleterre... —¡es muy listo y sabe lo que hace! Piensa para sí, gracias a dios.

—Angliterra es un niño pequeño y no sabe lo que hace... y no están aquí ni sus hermanos, ni sus cosas, Franciae, que ocurre con las cosas que se quemaron, ¿eh?

—No sé... —susurra sin saber siquiera lo que se quemó.

—Ah, ¿no lo sabes? Pues que se han perdido. Destruido. Reducido a cenizas, pasto de las llamas. ¿A ti te gusta que se pierdan tus cosas?

Francia solloza otra vez.

—Ese es el problema que tenéis tú y tú hermano, no le dais valor a las cosas, pensáis que si se pierden, papa vendrá y comprará o hará otras nuevas.

Francia le abraza con más fuerza... Y es que ni siquiera había pensado que habría cosas que se perdieran. Roma suspira y se le enternece el corazón abrazándole con fuerza, cerrando los ojos.

—¿Vas a... —traga saliva—, castigar a Mérida? —pregunta repentinamente.

—Sic, porque a pesar de todo era su deber estar por ti... pero también me parece que tú mereces un castigo.

El castigo de Mérida que tanto le preocupaba se le olvida por completo. Palidece y abre los ojos como platos, mirándole.

—¿Y-Yo? —por un instante se imagina siendo azotado. Roma le mira fijamente.

—Sic.

Le salen unas lágrimas enoooormes, una de cada ojo mientras le mira desconsolado y tiembla un poquito.

—No me importa cuánto llores. Vas a ir a tu cuarto y vas a elegir la mitad de tu ropa y la mitad de tus juguetes para ti y la otra mitad se la vamos a dar a los niños pobres para las fiestas.

El pequeño abre la boca IMPRESIONADO y te lo digo de una vez... Prefiere los azotes.

—Q-Quid?

—Tal como lo has oído. Es importante que aprendas a apreciar lo que tienes. Además hay mucha ropa que ya no te cabe y muchos juguetes que ya no usas —no te preocupes, ahora dice la mitad y luego va a ser solo una décima parte.

—¡P-Pero son MIS cosas! Y es mi ropa y... Son MÍAS. Y la ropa que no me cabe sirve para otras cosas... ¡Como para... Angleterre!

—Se la mandaremos a Angliterra entonces.

—Pero papa... —vacila porque... Es que son SUS cosas.

—Aja?

—Son mis cosas... —lloriquea.

—Oh, sic, ya lo sé, ese es justo el punto, son tus cosas y con ello vas a aprender a valorarlas.

—Son mías, no puedo regalarlas! —niega con la cabeza.

—¿Por qué no?

Francia hace un esfuerzo por pensar en algo convincente.

—Si las regalo será como... Si no me importaran —resuelve al final, mirándole.

—Non, si las regalas será como si te importaran cosas mucho más importantes —le pasa una mano por el pelo y le limpia un poco la cara—. Tus cosas son muy valiosas, pero no hay nada más valioso que las personas. Es lo que se conoce como caridad. Darles a personas menos favorecidas las cosas que te importan y te gustan, porque esas personas y su felicidad, te importan más.

—¿Por eso dices que se las dé a Angleterre?

—No exactamente, son cosas diferentes. Cuando seas grande y tú y tus hermanos me ayudéis a llevar nuestro imperio, verás que es tan importante ser fuerte como ser bondadoso y nuestras gentes tienen que saber que las amamos y protegemos y todo lo que hacemos es por ellos, así ellos se sienten cómodos y nos aman de vuelta.

—¿Tú regalas la mitad de tu ropa a la gente?

—El gobierno tiene un presupuesto para caridad y ayudas a las personas dentro de los presupuestos de estado, pero si quieres que lo haga contigo, podemos hacerlo todos —le sonríe. Francia parpadea.

—Es que...

—Además, si se las damos a Angliterra, él va a pensar en ti cuando se las ponga y si vaciamos un poco el armario podemos llenarlo de nuevo con cosas nuevas —le guiña un ojo.

Francia parpadea dos veces y sonríe un poco relajándose y abrazando de nuevo a su padre del cuello. El romano le abraza de vuelta riéndose. El niño piensa en que cosas bonitas le regalará al inglés, riendo.

xoXOXox

Inglaterra le mira marcharse y traga saliva sin atreverse a girarse a su madre.

—What were you thinking? —pregunta siseando otra vez, en ese tono que raya en el absoluto enfado y la completa histeria.

—I... —susurra bajando la cabeza.

—¡Y confesar!

—Es que... —susurra sonrojándose un poco, rascándose una pierna con el empeine del pie contrario y jugando con el borde de la capa nerviosamente con las manos.

—What?! ¡Es el enemigo!

—Pero France me ha dicho que su dad le iba a regañar...

—¡Le va a regañar igual y yo a ti por tonto! ¿¡Y que hacías incendiando la casa?!

Baja la cabeza otra vez mirándose los pies e hinchando los mofletes.

—Respóndeme ¿Que hemos dicho de los incendios?

—Iba a destruir la casa porque es el enemigo —el niño, tonto, no es... y cobarde lo que se dice cobarde tampoco. Britania le medio fulmina aunque le hace gracia la respuesta.

—Esa ni yo te la creo. Como si no supieras montar un incendio.

—Es que tiene esa señora fea que nos seguía a todas partes y me iba a regañar y no quería darme una túnica verde, pero sí me la dio y luego me limpió toda la cara y me levantó del suelo y yo no quería y luego le di un golpe en la cabeza con una espada de madera y no quería que viniera con nosotros.

—England tienes que ser menos bestia! —mira quién demonios lo dice

—¡Pero si no ha sido bestia! ¡Era un fuego pequeño y aquí hay muchas personas para ayudar a apagarlo! —se defiende.

—Pues no se hizo tan pequeño... había más gente en la casa y por más que Rome sea el enemigo hay que ser un poco más cuidadosos, en concreto con no incriminarte —se pasa una mano por el pelo y es que ni le impresiona tanto que causen un incendio sus hijos, ni le parece tan grave lo que pasó.

—Pero es que France... —sigue, con la boca pequeña, dibujando círculos con el pie en el suelo. Ella se cruza de brazos y le mira fijamente sonrojándose un poco porque en el fondo bien que sabe lo que ocurre.

—Yes? —aun así, presiona malignamente.

—Es que su dad le iba a regañar... —la mira. Britania le sostiene la mirada unos instantes y luego cambia el tono a uno bastante más suave, con todo y todo.

—¿Y a nosotros qué nos importa que le regañe?

—Pues... —se lo piensa y se sonroja un poco porque todo lo que se le ocurre es que es su amigo y no quiere que no le quiera.

—Vamos a que me cambie —murmura benevolentemente porque con todo, en el fondo, secretamente... no está de tan mal humor. Inglaterra corretea tras ella.

¿Estás loca, Britania? ¿Vas a llevarlo al cuarto que compartes con Roma? Vale... allá tú y tu mala cabeza. Britania camina por los pasillos sin pensar demasiado, por lo visto.

—Lo que pasa es que France es un tonto, porque tiene muchos muchos muñecos y le he quitado uno y no se ha dado cuenta, pero no sabe hacer nada y quería enseñarle las kities porque no se piense que yo soy un niño tonto como él porque yo no tengo tantos muñecos, pero no lo necesito y tiene una casita secreta en un árbol que sí es un poco bonita porque las ramas la tapan y puedes ver a los enemigos y cuando vaya a casa me haré una igual pero no la llenaré de muñecos tontos —le explica Inglaterra mientras andan.

Britania hace los ojos en blanco y camina al lado del inglés, escuchándole y pensando que realmente... Francia le gusta tal como a ella... NO le gusta Roma, claro está, ni un poquito. De hecho le gusta... menos... o... como sea. Sacude la cabeza entrando al cuarto que compartió anoche con Roma... cuarto que tiene miel por ahí y por allá y la cama deshecha y... es realmente vergonzoso.

—Y... —mira el cuarto entrando y se acerca al bote de miel, metiendo la mano dentro y sentándose en la cama a comérsela, moviendo los pies que le cuelgan—. Y tienen mieles de flores y les dicen a las abejas a que flores tienen que ir pero yo le he dicho que eso no se puede porque las abejas no hacen caso pero él dice que sí y por eso es un tonto pero me ha dado pan blanquito como el del mercado que compras cuando viene Scotland.

Britania parpadea un poco... en shock porque el bote de miel... y su uso previo... y el niño... y el bote de miel... y el niño...

—Bájate de ahí... Límpiate en las sábanas y...

—Y dice que puede hacer un pan diferente todos los días y yo no le creo pero va a venir conmigo cuando sea grande en mi barco y... ¿Este es el cuarto de Rome? —mira todos los regalitos y juguetes que tiene él por ahí.

—Ehm... Es... No. Es el cuarto de... Visitas. Baja de ahí y párate aquí a mi lado —busca por ahí a ver si encuentra sus cosas.

—¿Las cosas de quién son? —pregunta bajándose de la cama y empezando a tocar los objetos con la mano llena de miel. Egipto te va a matar si se entera.

—Las mías, England... ¡Busca el cofre que traje, necesito mi ropa! —indica ceeeeero preocupada en el concepto "Inglaterra toca todo con manos pringosas", mientras rebusca por ahí y allá, incluido debajo de la cama. Se mete al armario.

—¡Mira que cosa más bonita!

—¿Qué cosa? —pregunta Britania mirando al inglés de reojo, cerrando la puerta.

Le muestra un gato verde de jade, egipcio.

—Ohhh... Es de esa ARPÍA —ya desde entonces no se agradan—. Debe ser valioso...

—¿Una arpía? —pregunta mirando la figura.

—Una mujer insoportable... Quizás lo note si nos lo llevamos. ¿No hay uno más pequeño?

—Es muy bonito —insiste porque a Inglaterra siempre le han gustado las cosas egipcias.

—Mmmm... Es estilizado... ¿No ves mi ropa? —ya te ha dejado de poner atención... ¡Es el momento del hurto!

—A mí me gusta... quizás pueda dibujar uno igual —le da la vuelta y se lo embolsilla. Encuentra un plato griego con una escena sexual dibujada—. OH! ¡Mira qué raro es esto! ¿Qué están haciendo?

—¿Que están haciendo dónde? —pregunta pasando a su lado para ir a la puerta a buscar a alguna esclava o a alguien que le diga de sus cosas. Le mira de reojo.

Le muestra el plato, ella lo mira... Abre la boca, se sonroja un montón y se lo arranca de las manos.

—Naaada! —aprieta los ojos.

—Ah! —levanta las cejas, dejándole que se lo quite.

—Deja de toquetearlo todo así... Ve a buscarme una esclava, venga —le da unos empujoncitos, aún sonrojada.

—¿Cuándo te pusiste el pijama dónde estaba? —pregunta.

—¿E-El... El pija... Pijama?

—La ropa de dormir —la mira.

—Es que... Tome pr-prestado —súper sonrojada—. Uno porque... No encontraba mi baúl.

—Ah... —mira alrededor buscando el baúl.

—Por eso quiero a la esclava, England.

—¡Mira! ¡Una piel de oso! —corre hacia ella. Britania hace los ojos en blanco pero sonríe porque en el fondo incluso a ella el inglesito le parece mono.

—No rompas nada... —pide abriendo la puerta y sacando la cabeza al pasillo. El pequeño la estira hasta que le cae en la cabeza y empieza a hacer gruñidos de oso.

Britania no le hace mucho caso, niña idiota... Mira el niñito tan mono que tienes y no le haces caso. Ve a una esclava a lo lejos quien le indica... No sé si Roma dio alguna instrucción concreta, pero está en el cuarto, seguramente a los pies de la cama bajo las sábanas.

Britania la bruta... No debe tener tanta cobija en casa tan voluminosa. Vuelve sonrojada diciéndose a su misma "eres una bruta" y levantando las ridículas cobijas para el calor que hace.

—Grrrr! —sigue Inglaterra y se ríe—. A los osos les gusta la mieeel! —se acerca al bote comiéndosela con las manos y la piel por encima. Va a llenar todo de miel y puede que Roma quiera matarlo.

Britania al fin saca su túnica y su ropa interior poniéndosela rápidamente mientras Inglaterra esta distraído con la miel y el oso, escondiéndose un poco con la perspectiva. Cuando termina se acerca a Inglaterra sintiéndose más cómoda.

—A ver, England... Basta, espera... Mira cómo has dejado pegajoso esto —le levanta la piel de oso de encima.

—Aah! —protesta levantando las manos cuando se la quita. Britania le sonríe muy levemente y le hace un gesto para que salga de debajo del oso.

El inglés lo hace, mirándola correteando y sonríe. Britania cerca la piel a la sábana quitándole la mayor cantidad de miel que puede con un poco de saliva. La levanta para ponerla donde estaba cuando golpean a la puerta.

—Yes? —pregunta y luego se sonroja al notar que está actuando como si fuera su casa.

—¿Estás visible? —pregunta Roma a través de la puerta.

—¡Claro que estoy visible! —chilla culpabilita aún por el asunto del oso.

—Qué pena —entra sonriendo. Ella le sonríe un poquito y se sonroja—. ¿Te gusta? —pregunta al ver que está trasteando con la piel.

—Ehh... es un oso, no es fea la piel —carraspea—, ¿tú la cazaste?

—Non —se acerca a ella, que se le planta enfrente, tapándole la piel.

—¿Azotaste al niño, entonces?

—Oh, azotes... —sonríe de lado y la abraza—. ¿Eso te parecería sexy y masculino?

—W-What? —balbucea empujándole del pecho porque además bien que sabe que está Inglaterra por ahí. Se sonroja—. No! No me interesa que... no!

Inglaterra ha ido a ver si Francia ha venido, que lo ha hecho detrás de su padre, más tranquilo y está buscando a Inglaterra, claro está. Aunque está en el drama de su ropa... pero es menos ya que el inglés va a pensar en él y van a comprarle más ropa.

—¿No te interesa? —besito en la mejilla—. ¿Y por qué me preguntas?

Y cuando el inglés nota que sí ha venido, corre a esconderse de él para que no le dé otro beso.

—Pues... ¡ibas a regañar a tu hijo! ¿A qué... —le empuja para que le suelte alejándose del beso—, has venido?

—Voy a darte una poca de ropa... —canturrea Francia hacia el inglés.

—Ya terminé de darle fuerte —le azota suavemente el culo a ella.

—¡No quiero! —se esconde el inglesito en las faldas de su madre—. ¿Por qué?

Britania pega un salto con el azotito, abre los ojos como platos y le mira sonrojáaada, sin enterarse bien de Inglaterra. Roma se ríe aprovechando el saltito para abrazarla de nuevo.

—¿Por qué no quieres? Son bonitos y te quedan mejor a ti que a mí como este que traes —asegura Francia.

—Rome! —protesta ella sonrojadita—, como se te ocurra darme otra de esas...

Inglaterra se mira a sí mismo y se sonroja un poco, escondiéndose más.

—¿Qué harás? —palmadita y magreo, ella se devuelve con un golpe más fuerte en el pecho.

—Bloody demons! Stop!

Roma se ríe y la suelta pasándose una mano por el pelo. Britania se pasa las dos manos por el pelo mirándole de arriba a abajo otra vez sin poder evitarlo, nerviosita.

—Ehm... b-bueno... —vacila.

—¿Qué dices, mum, llevamos a los monstruos a la Naumaquia o están castigados? —pregunta Roma poniendo la mano en la cabeza de Francia.

Ella se sonroja con que le llame "mum" y como lo dice, pero a la vez sonríe un poquito de lado, porque es que con todo y todo... al menos por un rato, sigue de buen humor de estar aquí y que le haga caso a ella y esas cosas.

—¿A la... naumaquia? ¡Oh, lo de los barcos!

—Sic, la lucha naval —le sonríe. Francia mira a su padre con ojitos desconcolado.

—Pero papa... ¡ya me castigaste!

—Quizás puedas dejar al tuyo... England no está del todo castigado —responde Britania inclinando un poco la cabeza.

—Oh, no sería justo castigar a uno y al otro no —niega con la cabeza. Britania mira a Inglaterra de reojo a ver qué tan interesado parece en el tema. Francia mira otra vez a Inglaterra escondido y de nuevo a su padre.

—¡Pero Angleterre quería irrrr! ¡Y va a gustarle! Y... Y... le voy a dar de mi ropaaaa —se le abraza a la pierna.

Inglaterra mira a su madre y le sonríe porque no quiere que le castigue

—Mmmm... Está claro que lo que no puedes es impresionarme —asegura la pelirroja sonriendo satisfecha porque al final es una victoria.

—Bien, no hay castigo entonces —Roma se agacha hacia Inglaterra.

—What? ¡No! Es un castigo... ¡tú lo has dicho y bien merecido! —asegura Britania levantando las cejas.

—Pero es que tu pequeño ha hecho algo que me ha gustado mucho...

Francia levanta las cejas y mira a Inglaterra. Ya sonríe desde el momento en que dijo que no hay castigo.

—Ah... yes? What?

Inglaterra mira a Roma aun medio escondido y este le tiende la mano. Francia le pone una mano a Roma en el hombro acercándose a él y dándole un beso en la mejilla antes de mirar al británico y llamarle, sonriendo.

El inglesito aprieta las faldas de Britania inseguro. Roma abraza a Francia de la cintura atrayéndole hacia si y Britania frunce el ceño un poquito poniéndole a Inglaterra la mano en la cabeza.

—A pesar de que hayas intentado prender fuego a mi casa, cosa que está mal —frunce el ceño mirándole, Inglaterra se esconde un poco más.

—¿Qué fue lo que te "gustó"? —pregunta Britania con el ceño fruncidillo aun con la mano en la cabeza del inglés. Francia abraza a su padre, mira a Britania y le sonríe también

—Este monstruo de aquí es mi hijo —le explica como si no lo supiera—. Y le quiero un montón... y debido a ello, todas las personas que le quieren me agradan. Sigue así, muchacho, pero no le metas en líos demasiado peligrosos —le guiña un ojo.

Francia sonríe más y Britania frunce el ceño levantando a Inglaterra en un revuelo, entendiendo eso de manera demasiado directa. El inglesito se sonroja de muerte escondiéndose en su madre.

—Shite, Rome... nadie quiere a nadie aquí —protesta la chica abrazando al inglés y dejando que se esconda, con el ceño fruncido, sorprendentemente empática (sí, esto es lo que hace el buen humor...)

—Vengaaa, no es algo malo —se pone de pie sonriendo. Francia se le cuelga para que le levante, riéndose poquito, sonrojadito (cosa rara), llevándose un dedo índice a la boca y recargándosele encima a su padre, mirando al inglés.

Roma le levanta igual, riéndose y se acerca a Britania.

—Además, eso es mentira, sí hay alguien que quiere a alguien aquí —asegura el romano.

—Yo a England, ciertamente... —responde ella dando un pasito atrás

—Y yo —responde Roma mientras Inglaterra se abraza más fuerte mirando hacia el lado contrario a donde están, escondido.

—¿Tú a England? —pregunta Britania abrazando al Inglés un poco territorial, no sin razón, querida... no sin razón.

—Yo quiero a Angleterre...

—Yo a ti. Y a Angliterra... y mi hijo también, ¿lo ves? En realidad todos le queremos a tu chico

Britania se sonroja un montón con esto, escondiéndose un poco en Inglaterra... y es que va a salir corrieeendoooo.

—Waaaaah —ese es Inglaterra en un susurrito porque Francia ha dicho que le quiere.

—Shutupppppp! —chilla Britania en un rugido medio ahogado un segundo antes de que Inglaterra haga "waaah" apretando los ojos y de verdad haciendo grandes esfuerzos por no largarse

—Vale, vale —se ríe levantando la mano con la que no sujeta a Francia en señal de rendición—. ¿Has visto que la bruja no aguanta ni una? —le pregunta a su hijo

—¡No me llames bruja! —protesta Britania de inmediato. Es que además le dice bruja de tal manera que... le gusta.

—Brujaaa —se ríe.

—¿Por qué le llamas bruja?

—Porque ES una bruja —explica Roma a Francia.

—¿Cómo que es una bruja? —es que a Francia le va a costar decenas de años... y va a seguir sin estar seguro.

—A ver... ¿qué sabes tú que es una bruja? —le pregunta Roma mientras manda a un par de esclavos a que les preparen el carro.

—Mmmm... pueeeees... así como...

—¿Así como muy sexys? —pregunta Roma para ayudar, mirando a Britania de reojo. Francia mira a Britania, le mete una repasada de arriba a abajo, se ríe un poco y le cierra el ojo.

—Sic

—¡Bien! Un punto de bruja a favor —le da un beso a su hijo.

—¡Oyeeeee! Por todos los... —bufido sonrojadito—. ¿Que los entrenas?

—¿Yo? Non, aprenden solos —le guiña el ojo muy parecido a Francia... o más bien Francia lo hace muy parecido a él. Britania aprieta los ojos exasperada.

—¿Qué significa que eres sexy? —pregunta Inglaterra en un susurrito cuando ya les traen el carro. Esas preguntaaaaas!

—Signi... Significa que... Es... Rome es un idiota

—¿Es que puedes hacer magia? Yo también soy sexy entonces —asegura.

—No... Eso es Bruja. Tú eres un brujo.

—Non, muchacho, significa que tu mamá es bonita, pero de una manera especial. Seguro tú también serás muy sexy como ella cuando crezcas —explica el romano mientras se sube al carro. Inglaterra levanta las cejas y luego mira a su madre a ver si es bonita.

—Angleterre es sexy... —suelta Francia. Como no, Roma se ríe e Inglaterra se esconde otra vez

—Shut up a los dos! —Britania sale detrás de los esclavos y se suben todos al carro.


El draaaaaaama latino de Francia y Roma en comparación a la preocupación de Britania, no sobre el fuego, si no sobre confesar. Así crecieron luego los niños.