—¿Vamos a donde los barcos entonces? —pregunta Britania.

—Sic, sería una pena que no probara al menos de impresionarte un poco más.

—¿Impresionarme... MÁS? Si no me has impresionado.

—Pero que mentirosa... ¿es que voy a tener que recordarte lo de ayer noche?

Britania casi se cae del carro de la estupefacción, por soltarse un segundito, sonrojada como manzana.

—Shut your bloody trap! —o sea cállate. Adivina qué hace... oh, sí, tan original, se ríe.

—Yo vi lo de ayer noche y no la impresionó nada —ayuda Inglaterra. (Caaaaaaaada vez consigue hacer el mejor comentario de la tarde)

—¡Yo vi que si le impresionó! ¡Seguro fue un abrazo especiaaaaal! —suelta Francia tan contento.

—WHAAAAT?! —Britania es multiinfartica también al parecer.

—¡No es verdad! no le impresionó estaba muy tranquila y muy quieta y en casa lo hace mejor —sigue el inglés mientras Roma casi se ahoga de la risa.

—But what on... what are you talking about! —Britania mirando a Inglaterra con los ojos desorbitados.

—De... ayer noche, con la bruja leyendo el futuro —explica él, inocente.

—Ohhh! —Britania se sonrooooja otra veeeez, mortalmeeente—. Englaaand!

—¡Yo hablo del abrazo especial que hicieron! —exclama Francia.

—What? —pregunta sin entender y mira a Francia, que se ríe y Britania aprieta los ojos.

—¡No hicimos nada de nada!

—¿Ves? esa es otra cosa que hacen las brujas, piensan todo el tiempo en esas cosas —le explica Roma a Francia.

—¡No estoy pensando en ninguna cosa!

—Es lo que hacen los adultos que se quieren —explica Francia.

—My mum no quiere a tu dad, siempre dice que tu dad es tonto —el estirado inglés.

—¡Claro que sí le quiere! ¿Verdad, papa? Aunque diga que non...

Roma le hace un guiño a su hijo, pero no responde nada.

—¡Claro que no lo quiere! ¿Verdad, mum? ¡Díselo!

—¡Claro que no le quiero, yo le ooooodio! —pasióoooon. Inglaterra mira a Francia y sonríe con cara de "veeeees?"

—Pero noo... Papa, explícale a Angleterre!

—Será por eso que dicen que del amor al odio solo hay un paso —responde Roma en plan "lalala" sonriendo.

—¿Cómo que un paso? —pregunta Francia aunque sonríe porque eso de alguna manera suena como esperanzador.

—Eso es lo que dicen que en realidad, es como un círculo —explica levantando los dedos—. Aquí está el amor desmedido y la pasión, entonces vas alejándote y alejándote —dibuja un semicírculo—. Hasta la indiferencia, que está en el lado opuesto y luego cada vez más cerca del odio que está justo aquí —vuelve a dibujar la otra mitad del círculo hasta el primer dedo—. Están tan cerca uno de otro que fácilmente uno se convierte en el otro si no vas con cuidado.

—Ohhhh... entonces lo peor que puede pasar es que esté aquí —Francia señala el lado opuesto del semicírculo en la parte de la indiferencia y Roma... estás grabando con fuego eso en la mente de Francia.

—Eso mismo —le toca la nariz.

—Siempre que te odie estará cerca de... quererte —susurra el francesito y se gira a mirar a Inglaterra. Esto mismo va a ser su consuelo infinito por muchas muchas noches en la vida.

—Exacto, eso si acaso me odiara y no lo dijera solo porque le da mucha vergüenza —explica mirando a la británica que estaba realmente sorprendida hasta que la mira y salta.

—¡Nooo! nononono! Yo te odio porque... noooo! ES que... no! Estas todo malentendiendo mal —balbucea ordenando todas las palabras mal disponiéndose a bajarse bestiamente del carro en movimiento.

Roma se mueeeere de la risa

—Me eres completamente indiferente —asegura al fin consiguiendo ordenarlo.

—¿Qué tan indiferente?

—¡Completamente! ¡ABSOLUTAMENTE! Más indiferente que ese hombre que camina ahí... o esa mujer.

Roma la mira a los ojos pone los dedos uno en el amor y otro en la indiferencia y empieza a mover el de la indiferencia hacia el amor a medida que habla, sonriendo burlón

—¡No! ¡Hablo de indiferencia completa y absoluta!

Lo va moviendo cada vez más cerca y ella le separa las dos manos de un manotazo

—¡Indiferencia! ¡total y absoluta!

Se ríe más y le captura la mano con la que no carga a Inglaterra.

—Odi... no, ¡indiferencia completa!

Roma estira la mano hasta su boca y le da un beso. Ella se sonroja mirándole a los ojos. Hija mía, se te ve la no indiferencia a doscientos mil kilómetros. El romano le sostiene la mirada y sonríe seductoramente.

—Indiferencia...

Entoncea le acaricia los dedos con el pulgar

—I-Indiferencia...

Finalmente le guiña un ojo.

—Tú a mí también me gustas.

—¡No me... fustas... gustasgustas!

Y Roma se muere de la risa otra vez

—Shut up! —histeriquita, le empuja un poco, escondiéndose en Inglaterra, quien la deja, sin entender demasiado y les saca la lengua a Francia y a Roma.

—Él me quiere... —se ríe un poco Francia acurrucándose en su padre y el carro se detiene.

—Venga, dejémosles descansar un rato —Roma se baja del carro tomando a Francia en brazos, quien le abraza y le da un beso preguntándole si sabe cómo está España.

Mientras Britania se baja a toda velocidad, con el inglés en brazos, sonrojáaaada, alejándose un poco del carro con rumbo desconocido y ya empieza Roma a encontrar a gente a la que saludar junto con Francia, que si hay uno que no conoce Roma, lo conoce él. Además como casi no les gusta la social... Britania se recarga en la pared unos instantes separando un poco a Inglaterra.

—Are you ok, lad?

Él la mira.

—Hay un montón de personas —aprieta la ropa en sus puñitos.

—I know... no creas que no me pone nerviosa a mí también —asegura en un susurro.

—¿Por qué hay tanta gente?

—Porque es una ciudad grande y... no tengo idea de donde salen yo tampoco —confiesa mirando a su alrededor—. No te me separes, esto no es el bosque.

—No me gustan... —la abraza asustado con lo que Roma ha explicado antes. Ella le abraza de vuelta y le acaricia un poco la espalda, más cariñosa que de costumbre, asustadilla también, susurrando unas palabras entre dientes para poner un encantamiento de protección a ambos.

Al final, el romano vuelve a por ella y la abraza.

—I am fine, I am fine —asegura la chica intentando separarle un poco, pero en realidad bastante tranquila cuando aparece.

—Ya lo sé, pero me gusta abrazarte —la molesta un poco, sonriendo.

—Hay demasiada gente aquí —murmura mirando a su alrededor, desconfiadamente.

—Nah, no demasiada, pero ahora vamos a mi palco, estaremos más tranquilos ahí. Ha venido el Cesar, así que se buena —beso en la mejilla, ella le da un codazo en el pecho.

—Debería matarle... —murmura caminando a su lado, aun acariciándole un poco la espalda al inglés.

—No te separes, que hay mucha gente y si te pierdes no te van a dejar subir —pide un poco más serio, porque en realidad es una excusa para magrearla—. Y no le digas eso a mi jefe.

—¿Por qué no?

—Recuerda que aun tienes que compensarme por el incendio que ha provocado tu hijo.

—No tengo ningún interés de hacer nada con tu jefe —asegura.

—Oh, lo tienes, créeme. Puedes comportarte como una perfecta señorita y fingir que estás encantada de estar aquí y no me odias por un rato o puedes compensarme en la cama, tú elijes.

Francia por su parte intenta de alguna manera cualquiera tocar a Inglaterra u llamar su atención, pero no es un buen momento, Inglaterra está cagado de miedo con la mayor cantidad de gente que ha visto en su vida, pensando que deben ser más o menos TODAS las personas del mundo, seguro en algún lugar están hasta sus hermanos. Ya solo con eso está impresionado.

—What? Yo no voy a comportarme como una de tus... Putas.

—Por los dioses, eso espero, nunca llevaría a una puta en presencia del Cesar.

La pelirroja le FULMINA arrugando la nariz en desaprobación con esa declaración.

—Escucha —la detiene frente a las puertas del palco, dejando a Francia en el suelo—. Hijo, llévate a Angliterra dentro, ahora entramos nosotros —pide haciendo un gesto para que ella deje al pequeño en el suelo.

Britania vacila sin querer dejar ir sólo a Inglaterra.

—No le pasará nada, va con Franciae y los esclavos —asegura Roma para calmarla. Inglaterra tampoco está muy seguro de querer soltar a su madre.

—Has dicho que no deben ir solos... —susurra, aún así baja al inglés y le mira.

—No deben ir solos por los pasillos, en el palco están a salvo.

Inglaterra se suelta a regañadientes, asustado y mira a Francia.

—No vayas más lejos de donde no pueda oírte o verte —le pide de todos modos irguiéndose otra vez. Francia le sonríe y le tiende la mano.

—Ven, adentro hay guardias que nos protegen y comida —asiente con seguridad.

Inglaterra se la toma con las dos manos, temblando como una hoja y cuando se meten y ve TODAS las gradas oyendo a la gente y la PISCINA que es como un lago se le abraza a Francia como ya va a querer que lo haga más adelante.

Francia sonríe inevitablemente abrazándole de vuelta y acariciándole la espalda también.

Roma toma a Britania de los hombros, aparta la mirada y se pasa una mano por el pelo antes de mirarla fijamente de nuevo, nervioso.

—What? —pregunta ella extrañada.

—Escucha, esto es... esto es importante. No te lo pediría si no lo fuera, pero necesito que me hagas un favor grande. Te prometo que cuando nos marchemos todo volverá a la normalidad y si lo haces bien prometo olvidar el asunto del incendio porque quedaré en deuda contigo.

—¿Hacer qué? ¿Lo que has dicho del... César?

—Sic. Él es... es la persona más poderosa de todo el imperio y del mundo, me atrevería a decir. Es mi superior. Tú nunca me has visto actuar con un superior, pero eso implica que yo no estoy al mando y debo acatar sus órdenes. Lo que hago contigo, todo esto, cuesta dinero y si él no está conforme puede ordenarme que pare. ¿Entiendes?

—¿Tu superior? —levanta las cejas porque a pesar de todo, Britania es una zona bastante poco civilizada aún y a pesar de que hay algunos dirigentes en los pueblos británicos ella aún no siente esta opresión de un humano.

—Exacto. Mi superior, la persona que manda y dirige el imperio.

Ella parpadea porque hasta este momento, en su esquema mental, NADIE era más poderoso que Roma en sí.

—Pero es... Un humano, un mortal —asegura con una oleadita de temor.

El romano sonríe un poco y la británica traga saliva.

—Sic, es un humano, un mortal. He tenido varios, reyes, luego la república donde el poder era de varios y ahora en el imperio vuelve a ser uno solo. Algunos son más listos que otros y algunos más sensatos, pero así es como funciona.

—No me gusta... —frunce el ceño pensando en su propia situación. Su pueblo la gobierna y modifica sus acciones, pero no es lo mismo que UNO.

—No te pongas nerviosa, es normal... nosotros somos el pueblo y el pueblo necesita un dirigente que tome las decisiones, esa persona es, en mi caso, el Cesar.

—¿Y qué quieres que haga? —frunce el ceño.

—No es muy difícil y no te lo pediría si no supiera que puedes hacerlo. Mantente lo más respetuosa y diplomática que puedas, eso significa, no te pongas histérica, no insultes, ni pegues, ni chilles, ni escupas a nadie y mucho menos a él. ¿Vale? Seguramente te hará algunas preguntas sobre qué piensas de mí y de la ciudad y el imperio... intenta... bueno, no seas muy dura, por favor —la mira un poco implorante.

—¿Decirle que pienso de ti y del... Imperio? ¿A él? —levanta las cejas.

—Sic —sonríe un poco, nervioso.

Britania vacila un instante y le mira a los ojos. Él le sostiene la mirada.

—No se sí pueda no ponerme histérica...

El romano se ríe con eso.

—La buena noticia es que yo también voy a portarme mejor que de costumbre, así que te será más fácil sin que te moleste —le acaricia un poco la mejilla con el pulgar.

—No tenemos que entrar ahí, en realidad —ofrece.

Roma se acerca a ella y le da un beso en los labios, uno largo y profundo. Britania cierra los ojos y se lo devuelve levantando una mano y acariciándole la mejilla

El romano se calma al sentir que se lo devuelve, hundiéndole la mano en el pelo de la nuca.

Es extraño como funciona Britania, pero siempre los tsunderes tienen esto de ser más dulces cuando ven a la pareja un poco débil.

Roma se separa con suavidad al cabo de un poco y ella se relame un poco.

—Lo harás bien y si necesitas motivación, piensa que estaré en deuda contigo tras esto —asegura frente con frente.

—Sin duda nada de todo esto me impresiona —asegura sonriendo malignilla.

—Espera a ver dentro —la toma de la cintura y le abre la puerta galantemente.

La pelirroja camina sonrojándose con la mano en la cintura, dándole un codazo inevitable pero conteniéndose de empujarle. Mira de reojo a Roma una vez más antes de girarse a mirar el palco completo sin saber que esperar.

El palco es grande y hay bastante gente, la mayoría son esclavos en las paredes en el centro hay un reclinatorio con un hombre de mediana edad que habla con alguien, a su lado hay una mesa con una bandeja de frutas y bebidas... y otros reclinatorios al fondo se ve la piscina y las gradas. Los dos niños están cerca de la barandilla mirándolo todo. Inglaterra estrangulando a Francia prácticamente pero al ser un espacio grande, con un toldo y cortinas para disminuir el ruido, no es tan agobiante.

Britania parpadea mirando a los esclavos y guardias, tranquilizándose al notar que Inglaterra está ahí también. Mira la piscina al fondo, sin terminar por entender que es agua lo que hay ahí, un poco por la perspectiva, un poco porque es increíble, un mucho porque está nerviosa. ¿Había la idiota sureña de pelos negros y mirada penetrante tenido que pasar por esto en algún momento? Seguro lo había hecho mucho mejor. Frunce el ceño hacia el hombre del centro y traga saliva.

Roma la mira de reojo y le sonríe un poco apretándola contra si para confortarla, esperando a que el hombre deje de hablar, pero como cosa rara, no hace nada obsceno como un gesto o bajar la mano para tocarle el culo, solo la dirige con suavidad hasta acercarse a él, lo que facilita la labor de la británica... Quien camina a su lado con seguridad, pese a todo, aunque se siente un poco estúpida de sentirse nerviosa por la presencia de un humano ROMANO.

—Ave, Cesar —sonríe y le tiende la otra mano al hombre.

—Ah! Ave, Romae —sonríe el hombre levantándose con un poco de esfuerzo y le devuelve el saludo con la mano.

—¿Cómo se encuentra? —pregunta con suavidad y el hombre asiente para indicarle que todo está bien—. Quería presentarle a... —mira a Britania de reojo—. Mi pareja, la reina de las tribus en las islas que hay al norte de las Galias, Britania.

Britania frunce el ceño un poco asqueada con el tono de Roma y su aparente abnegación hacia este individuo. Le mira con cara de asco por sólo un instante hasta que Roma dice lo de la pareja... Se sonroja un montón y mira al moreno con los labios semi abiertos, a punto de chillar, negarlo, darle un puntapié en las bolas al César o irse a esconder a algún rinconcito.

—Es un placer conocerla, mi dama —asiente el Cesar—. Creo que las descripciones no hacen justicia a su belleza —(todos los latinos son iguales) mira a Roma de reojo, que se sonroja un poco, nervioso, porque además, de haber sabido que estaría él aquí, se hubiera arreglado un poco más.

Britania parpadea volviendo su atención al César, con pleno interés ahora de chillarle a él. Se recompone, pensando que sea lo que sea lo último que le conviene demostrar es que es débil o tonta, fácilmente invadible. Traga saliva y con un sobreesfuerzo se controla. Ambos la miran esperando que diga algo.

—Salud —saluda irguiéndose a toda su altura, tratando de definir cómo comportarse.

—Me parece que está un poco impresionada con todo esto y se ha quedado sin palabras —explica Roma riendo un poco, suavemente.

—Es diferente a lo que hay en casa —asegura ella, mirando de reojo hacia la arena, levantando las cejas al notar lo que ve, girando más la cara para mirar unos segundos con atención ahora sí. Parpadea un par de veces incrédula al notar que es agua. Se humedece los labios fli pan do—. N-No... —vuelve la mirada al César y se intenta enfocar en la diplomacia como ha dicho Roma—. No esperaba conocerle al venir aquí.

—¿Es diferente? ¿En qué aspecto? —pregunta el César con curiosidad, sentándose de nuevo y haciendo un gesto para invitarla a sentarse en el otro reclinatorio, Roma la suelta tomando una copa de vino y pidiendo que otra la cambien por cerveza para ella.

—El agua nos rodea a nosotros y no nosotros a ella, para empezar —suelta sentándose un poco/bastante tensa y sintiéndose idiota con el comentario.

Tras parpadear un instante, el César considera eso una broma y se ríe. Roma se sienta junto a ella a una distancia cómoda en la que él cree que no se tiene porqué sentir acosada.

Britania sonríe un poquito, porque era una broma en efecto, sintiéndose mejor cuando Roma se sienta a su lado, especialmente con el hecho del no acoso.

—He pedido cerveza para ti, ahora te la traerán —susurra y le da un beso suave en el hombro antes de separarse de nuevo.

—¿Así que acierto al pensar que nunca ha visto una batalla naval? —pregunta el César.

—T-Thank... —sonrojo con el beso y le sale con alguna dificultad—. You —termina la frase y se vuelve al César frunciendo el ceño. Roma se humedece los labios tomando un poco de su vino.

—No he tenido la suerte —un poco sarcástica.

—¿Y conoce la batalla entre las tropas Sicilianas y las de Rodas? —pregunta el César mirando a Roma de reojo, que sonríe de lado de una forma un poco rara, levantando la copa hacia el hombre.

—No, no conozco esa batalla —responde ella mirándole de reojo y pensando—. ¿Eso es Rome contra Helena? —vacila un poco—. Rome no ha tenido a bien intentar impresionarme con ella.

—Ahora lo haremos —responde el romano—. Me reservo de contarte el final.

—Pero alguna cosa de la ciudad conocerá —pregunta el cesar.

—En realidad, si lo pasan aquí me lo imagino —asegura ella entre dientes, sonriendo levemente para Roma—. ¿De esta ciudad? Yes, bueno, conozco... —vacila otra vez sintiéndose idiota—. Una buena parte a caballo, la casa de Rome, a la sibila...

—¿Y le gusta? —sigue preguntado, Roma se tensa un poco con esa pregunta, haciéndole un cariño suave en el brazo, desde donde las perspectiva impide al cesar que lo vea. Britania se sonroja y se revuelve con esa pregunta.

—Digamos que... Me parece... —vacila buscando palabras que hagan que más o menos suenen bien—, un lugar amplio y con muchas cosas, mucha gente...

Roma tiene que esconderse para que no se note que se está muriendo de risa.

—Cierto, muchas cosas y mucha gente, esta es una ciudad grande y rica —el cesar a su rollo.

—... Es, bueno, la casa es grande y tiene algunas cosas que podrían... Parecerme... agradables...—ella sigue intentando encontrar palabras más o menos decentes y ALGO que quisiera alabar, se calla sonrojada cuando el cesar habla otra vez y mira a Roma de reojo que tiene la cara escondida en ella, temblando de la risa.

—¿Ah, sí? ¿Cuáles cosas son esas?

La pelirroja frunce un poco el ceño y le da un codacito al romano, bufando ahora con esta pregunta. Roma traga saliva haciendo un esfuerzo por recomponerse, aun con cara de pffff, carraspea.

—Pues... Ehm... Algunos de los caballos, eso es, los caballos me parece que están muy bien cuidados y les brilla el pelo —asegura distraidilla con Roma y sus risas.

—Los... ¿caballos? —el cesar flipa con esa respuesta mientras le ofrecen la cerveza a la británica y Roma bebe vino mirando a los niños porque como se gire a ella se va a morir de risa otra vez.

—Yes... Well —carraspeito torpe—, son fuertes y... briosos —se sonroja ella misma empezando a pensar que no habla del todo de los caballos. Aprieta los ojos de nuevo.

—Pffff —Roma vuelve a esconderse tapándose la boca para no escupir el vino. Britania le da un pisotón inevitable, lo más discreta que puede

—Auuuu —susurra mientras se ríe e Inglaterra la llama a gritos dando saltos aun abrazado a Francia porque ya se ha calmado de la gente y acaba de percatarse que está ahí.

—Ehm... —a Britania el inglés le viene como caído del cielo—, tengo que... My son is calling me —se levanta.

Roma carraspea y la mira de arriba abajo, aun sonriendo, se vuelve al César para discutir algún asunto de estado. Francia le sonríe a Britania ENCANTADO con los abrazos de Inglaterra.

—Mum! ¡Mira qué grande es todo esto! ¡Y France dice que van a salir aquí los barcos más grandes! —salta emocionadísimo.

—Es... —en el fondo ella está igual de nerviosita y emocionada en realidad. Se queda sin habla al ver la piscina enooooorme y no puede creer que vayan a traer aquí a unos barcos.

No solo eso, de repente, de debajo de ellos, se abren las compuertas de los astilleros y empieza a salir uno de los barcos. Inglaterra se arrapa a Francia y Britania se agarra del borde del balcón, con la boca abierta casi hasta el suelo.

—¡¿Ya viste?! ¡Ahí vienen! Mira, Angleterre —Francia es FELIZ.

Es que en si inglesito está sin habla, pero seguro debes poder sentirle temblar, sin quitarle la vista de encima a los barcos MÁS GRANDES del mundo mundial y la gente más fuerte del universo.

Francia creo que mira 90% al inglés, 10% el espectáculo.

Inglaterra, cada vez que sale otro barco o alguien grita o hay un sonido fuerte, se agarra más fuerte de él y se le esconde un poco por un momento antes de volver a sacar la cabeza para verlo TODO a la vez.

Britania... Es que está en shoooock también sin poder creerse lo que ve, prensada al borde aún, temblando y haciendo "ohhhhh" y "aaaah" apropiadamente. En un momento se gira un poco buscando claramente a Roma con la mirada.

Roma está hablando con el César distraídamente del asunto por ahora hasta que nota su mirada, le sonríe y levanta la copa hacia ella en señal de brindis. Ella se sonroja un poco, hace un leve gesto con la cabeza y se vuelve a la piscina.

—England... ¡Mira eso! —le señala entusiasmada cuando ve descolgarse a gente entre un barco y el otro.

Roma se excusa con el César, se levanta y se acerca a ella abrazándola por la espalda y dándole un beso en el cuello, bajo la oreja.

—¿Te gusta?

—Se van a mataaaar —chilla Inglaterra con la cabeza sobre el pecho de Francia para esconderse, apretando los ojos y luego abriendo uno para mirar igual.

Britania está demasiado impresionada y azorada como para quitarle... Ejem... en realidad incluso de recarga un poco en él (porque secretamente quería que viniera).

—Oh! Look at that! —suelta ella como respuesta hacia Roma señalándole algo, temblando un poco aún de la emoción y dando unos saltitos. Francia le acaricia un poco el pelo a Inglaterra y sonríe.

—Mira... —Roma apoya la barbilla en su hombro—. Estos son los nuestros, los sicilianos y de ese lado, salen los helenos de Rodas —le explica, señalándolos—. En cuanto acaben de montarlos vendrán aquí a saludarnos.

—¿A saludarnos? Es... Increíble —sigue embobada mirando todos los barcos e incluso tomando partido desde YA a favor... De Roma.

—Sic y luego empezará por fin la batalla —la acaricia un poco con la barba y mira a los niños—. ¿Todo bien? —le pregunta a Francia, quien genuinamente tiene los dos ojos en forma de corazón y la sonrisa de mayor felicidad que ha tenido en su VIDA. Abraza a Inglaterra con fuerza y asiente a su padre MUY convencido. Roma sonríe complacido con eso volviéndose a mirar los barcos.

—¿Cómo es que has metido estos barcos aquí? ¡Y... Están flotando de verdad en el agua! —Britania está flipando aún.

—Sic —se ríe—. Antes lo hacíamos en los lagos, pero no se veía muy bien y la gente tenía que desplazarse mucho, hasta que se nos ocurrió inundar un anfiteatro.

—¿Pero de dónde has sacado el agua? —le mira y nota que está muy muy cerca sobre su hombro. Se separa un poco, nerviosita.

—Pues del río, ¿de dónde voy a sacarla?

—No, no... But... ¡Es que traer TANTA hasta aquí! ¡Están FLOTANDO los barcos!

—Es brujería —le susurra al oído sonriendo. Ella tiene un escalofrío porque... Roma consigue esas cosas.

—No es verdad...

—Ah, non? —le mordisquea un poco el lóbulo de la oreja.

—No has dicho que... ¿No harías nada de esto? —pregunta tensándose un poco, empujándole levemente (sin demasiada fuerza...)

—Esto no lo ve el cesar. Lo has hecho muy bien hasta ahora, por cierto. Gracias —asegura sinceramente.

—Yes, ya imagino yo... Hablando de caballos —sarcasmo evidente—. ¿Qué es lo que entiende ese hombre por... "pareja"?

—Creo que todos sabemos que no hablabas de los caballos —se ríe.

—¡Sí hablaba de caballos! —le empuja un poco más con la mano en el pecho, sonrojada—. Y no me has contestado.

—¿Qué entiende por parejaaa? —finge pensárselo sin dejarla que se separe—. Entiende que nos acostamos juntos, tenemos sexo salvaje maravilloso y estamos enamorados.

—WHAT?! —chillido histérico antes de llevarse a sí misma una mano a la boca y apretar los ojos.

Roma se muere de la risa abrazándola más fuerte porque lo ha dicho expresamente para molestarla.

—You bastard! —protesta ella escondiéndosele en el cuello.

—Es lo bueno de esa palabra, puede significar eso o puede significar que solo eres la persona que ha tenido la mala suerte de estar en el lugar adecuado en el momento oportuno y por tanto, tener que acompañarme. Pero a mí me gusta más el otro significado.

—¿Y qué demonios es lo que va a pensar... él?

—Pues él me conoce... así que ¿tú que pensarías si te presentara a alguien de esa forma?

—Que es cualquiera de tus veinte mil putas... —responde volviendo a esconderse en su cuello, roja como tomate—. Quizás podrías aclararle que no es lo que cree, que yo te odio.

—Ya te he dicho que a las putas no las traigo a estas cosas.

—Hablo de la idiota del sur.

—Egiptooo —canturrea sonriendo.

—Shut up —golpe en el abdomen. Menos llamativo y más doloroso, sin dejar de esconderse en su cuello—. Yo no tengo NADA contigo, no como esa vieja resbalosa.

—Ouch! —se queda sin aire con el golpe—. Créeme que prefiero como lo haces tú.

—Yo no hago NADA.

—Ella es súper aduladora del César... y en cambio tú me haces más caso a mí que a él.

La británica se separa un poco y le mira sin entender.

—¿Ella viene aquí y... Le hace caso a ÉL? —cara de ABSOLUTO asco.

—Eso mismo —asiente. Britania arruga la nariz, mira al César y luego le mira a él otra vez.

—¿Por qué hace eso?

—Porque el César es más poderoso —sonríe.

—El César no puede ser más poderoso —niega con la cabeza—. Egypt es idiota.

Él se ríe y la abraza. Britania sonríe un poco y le abraza de vuelta asomándose a ver el asunto de los barcos de todos modos porque sigue impresionada con eso. Cuando los barcos helenos empiezan a acercarse, el César se levanta y se acerca al borde del balcón.

Francia se quita un poco del borde para darle espacio con cierta solemnidad (y sin soltar al inglés).

—Mira, los barcos saludan al César —le explica en el oído. Inglaterra se aboca sin soltar a Francia con la boca abierta.

Britania en cambio lo mira entre extrañada y desconfiada, mirando a Roma de reojo tratando de entender como este... hombre... puede ser más poderoso que ÉL. Se aprieta un poquito contra él mientras los hombres levantan las manos y entonan el archiconocido "Ave, Cesar. Morituri te salutant"

—Esto es... absurdo —susurra Britania hacia Roma.

—¿Por?

—Como lo saludan así...

—¿Y cómo quieres que le saluden?

—¡Pues es que van a morir!

—Exacto.

—Esta gente está loca.

—¿Eso crees? —se ríe Roma.

—Totalmente.

—¿Por qué?

—¡Pues hasta parecen felices por morir!

—No tienen más remedio...

—Más remedio que estar felices. ¿Y me llamas a mi bárbara? —le mira con el ceño fruncidillo. Él se ríe con eso otra vez—. ¡Lo digo en serio! —mira otra vez a los barcos, sin dejar de flipar y estar impresionada en realidad pese a lo tétrico del asunto.

—Es, por supuesto, mucho más complicado de lo que parece.

—Ya me dirás, que los que se matan aquí no son cualquiera y seguro son criminales o... —se calla al pensar que sean ladrones, frunciendo el ceño.

—¿Te extrañaría?

—No... —admite

—También hay prisioneros, mira —señala a algunos rubios—. Esos son del norte.

Britania levanta las cejas viendo en efecto al grupo que indica. Busca algún pelirrojo por ahí que pueda ser de sus tierras.

—Como tu hijo, de grande.

—¿Perdóname? ¿Cómo que como mi hijo de grande? Mi hijo de grande NUNCA va a estar en uno de tus circos —responde repentinamente tensa. El romano le da un beso en la mejilla porque de nuevo quería solo molestarla.

—Ah, non?

—¡Claro que no! ¡Mi hijo es libre! —responde aungustiadilla—, y siempre va a serlo... el que no esté de acuerdo tendrá que pasar por encima de mi cadáver.

—¿Qué le ves mejor, ahí? —señala al César.

—¡No! No va a ser un ridículo César. Pero mis hijos van a ser los dueños del mundo algún día, eso te lo aseguro —le pica un poco el pecho—. Junto conmigo. Solo espera que crezcan, son los más listos de todos.

—Quizás no un César, pero si quiere dominar el mundo va a tener que sentarse ahí algún día.

—Ahí? No, my dear... va a sentarse a dominar el mundo desde casa —asegura sin querer pensar demasiado en el hecho de que entonces algún día un mortal va a tener más poder que ella o sus hijos.

—No se puede dominar el mundo sin salir de casa nunca... aunque dominar aquí por lo visto, no le va a costar demasiado —señala a Francia.

—Saldrá en unos barcos y... —lo mira con Francia y hace los ojos en blanco—, no sé quién domine a quién.

—Son muy monos...

—O muy idiotas. England se pasa una semana hablando de él toodo el tiempo cuando le ve. Y el resto habla de él solo la mitad del tiempo...

Roma se ríe de buena gana. Britania hace los ojos en blanco y se ríe un poco también.

Mientras Francia sigue abrazado a Inglaterra señalándole cosas y contándole... algo, medio imaginación medio realidad al respecto de cómo fue esa batalla. Hay un chico rubio y uno pelirrojo en la historia.

—Franciae está completamente convencido que cuando sean grandes van a casarse y a estar juntos para siempre. Lo tiene todo planeado.

Britania levanta las cejas y le mira un poco sorprendida con esto. Parpadea mirándoles.

—Wh-what? —pregunta medio en serio medio "estas de broma".

—Y ni se te ocurra insinuarle a él que no es en serio, se enfadará mucho contigo.

—Pero si son unos... niños. Y... —se sonroja un poco.

—Uy... te aconsejo que tampoco uses es argumento si quieres escapar de su ira.

—Pero es que como va a saber ahora mismo... además esas cosas no funcionan así... —insiste

—Bueno... —le mira—. ¿A qué edad te enamoraste tú por primera vez? Yo no debía ser mucho mayor...

Las abundantes cejas de Britania se levantan hasta el techo del palco.

—Whaaaat?

—Quid?

—¡No es verdad! Yo no era tan pe... ¡yo nunca he estado enamorada de ti!

Roma se ríe y la abraaaaaza.

—¡Eres un idiota! —protesta y le empuja un poquito apretando los ojos—. Tu césar ese te habla.

El romano suspira y se va con él, aunque sabe que es mentira, suponiendo que requiere un poco de aire. Britania levanta las cejas porque en realidad se lo ha inventado. Le detiene del brazo y le mira a los ojos. Él le guiña uno.

—Yo sí he estado enamorado de ti, me enamoro cada vez que me miras —¡Roma es tan asquerosamente peligroso!

Los ojos verdes parpadean, descolocada un instante y luego se sonroja un montonal soltándole el brazo y dando un paso atrás con los ojos como platos. Él le sonríe otra vez y se sonroja un poquito.

—Shut up! —susurra dándole la espalda y llevándose las dos manos a la cara

Roma se pasa una mano por el pelo riendo en silencio y se vuelve con el César para darle espacio. Britania se relaja un poco cuando ve que se ha ido con el César, buscando la copa de cerveza que le han dado un rato antes. Vacila porque está cerca de ellos, claro, pero pone su mejor cara de seriedad y se acerca a ella tratando de ignorarlos.

Una tan desafortunada frase del cesar como "¿Qué me dice, mi dama, está disfrutando de los placeres que Roma ofrece?" la detiene, ella se queda completamente PETRIFICADA con la mano estirada hacia su copa y la boca abierta.

—W...

El romano aprieta los ojos sabiendo que ella ha malinterpretado, aguantando para no mirarla.

—Ex... excuse me? —pregunta ella con un ojo saltándole, roja ROJA, pero bueno Romita no se puede decir que no esté intentando ser diplomática.

—Me refiero al espectáculo —señala los barcos. Britania se sonroja un montóoooooooooooon y hace un sobreesfuerzo por no mirar a Roma.

—Ahh... b-bos l-larcos... —balbucea nerviosisima—, barcos, barcos. Yes, son impresionantes.

Roma levanta las cejas y sí la mira ahora sonriendo con suficiencia. Britania parpadea, porque... joder, ¡es que es que todo es culpa del bloody cesar! Roma sigue con su sonrisita y toma un poco más de vino.

—Sin duda, una victoria excelsa de Roma —sigue el César.

—Hablo de... los barcos. Es decir, no es que... lo que digo es que el concepto —mira a Roma de reojo y bufa.

El César asiente, pero Roma no deja de sonreírse.

—Oh, come on! —protesta Britania para Roma, frunciendo el ceño. Él se ríe.

El cesar los mira uno y a otro sin entender. Britania se cruza de brazos.

—No es lo que crees.

—Lo que ocurre, mi César, es que esta mañana, mientras... montábamos a caballo, que es la actividad favorita de la señora, como se ha visto antes, me ha retado a que la impresionara —explica Roma sin dejar de mirar a Britania.

El color de Britania aumenta conforme Roma habla.

—Oh, me alegro que hayáis salido airosos del reto, Romae —sonríe el Cesar.

—En realidad no es que esté en lo absoluto impresionada es que... —balbucea Britania.

—Así que montar a caballo... —cambia de tema el César a uno que no es mucho mejor para Britania, quien se termina su cerveza de un trago y le extiende la copa a Roma.

—Quiero otra —murmura sonrojada—. Yes, montar a caballo es una actividad interesante —agrega para el Cesar, empezando a llegar a ese punto que en Inglaterra llamaríamos punk.

Roma se vuelve a los esclavos para que sirvan otra cerveza y el César le pregunta que con frecuencia monta y cuál es su caballo predilecto. Vale, vale... no hemos llegado a ese punto aun. Britania paralizada se humedece los labios otra vez, revolviéndose.

—Ehm... con alguna frecuencia —piensa que hablas de caballos, piensa que hablas de caballos—, mi preferido es uno que tengo en casa, grande y rubio.

—Ah, ese lo he montado yo también alguna vez. Es sajón, una bestia indomable —ROMAAAA!

—You are kidding me? —chilla Britania histeriquita y sonrojada.

—Non, ¿acaso es mentira?

—Es... no es... no... argh! —bufa —. Shut up I h... —se detiene a sí misma.

—Caaalma, no digo que tu semental no tenga potencial, pero es evidente que necesita mucha instrucción antes de estar a la altura de los del sur —se humedece los labios.

Las orejas de Britania están a punto de la combustión perro le sostiene la mirada.

—¿O no? —sonrisita, mientras se la sostiene también.

—El sajón es más grande que los del sur y me parece que una de sus gracias es que no tiene tanta —traga saliva sin creerse que esté haciendo esto—. Instrucción.

—Oh, bueno, contra gustos. Es bien sabido que los bárbaros valoran la fuerza bruta por encima de la habilidad y la resistencia —cierra los ojos y se encoge de hombros, picado en realidad. Britania se ríe y Roma la fulmina un poco sin poder evitar sonreír también a pesar de todo.

La chica se muerde el labio negando con la cabeza. Roma, el idiota de Roma, era quien siempre terminaba por conseguir relajarla hasta el punto de hacer este tipo de bromas. Hace los ojos en blanco sonriendito.


Me gusta mucho este capítulo, no sé si es muy historicamente correcto, seguro no mucho, pero investigamos bastante de los romanos y la naumaquia para escribirlo... y eso siempre es divertido.