—England parece estarlo pasando realmente bien.

Inglaterra está EXTASIADO animando a los barcos, chillando con Francia, dando saltos como loco y explicándole una historia sobre cómo serán los barcos que tendrán cuando sean grandes en los que los dos irán hasta el borde del mundo y volverán y correrán un millón de aventuras juntos.

Ok, creo que Francia... hoy, casi dos milenios más tarde, sigue recordando este día como uno de los mejores de su vida.

—Solo por eso, ha merecido la pena —asegura Roma sonriendo con ternura viéndolos a los dos.

Ya que Francia salta a su lado, le escucha todo, le mira con ojitos de corazón y realmente lo pasa bien imaginando el millón de aventuras que tendrán juntos. Porque además, Inglaterra se deja aún tocar mucho más que de costumbre de lo feliz que está.

—Thank you —susurra Britania con sinceridad.

—Ah, no me agradezcas, vas a estar oyendo hablar de esto por años —se ríe Roma pensando que él también, seguro. Britania se ríe un poco haciendo los ojos en blanco y mirando a Roma, notando que el César se ha puesto a tontear un poco con una esclava (Oh, sí, Roma no es el único idiota. Italianos...).

—Lo de impresionarme solo ha sido para quedar bien con tu... César ese.

—No te preocupes, planeo pasar al plan B igual te impresiones o no con batalla.

—Plan... B? —lo ha olvidado.

—Seguir donde lo dejamos esta mañana, aunque prefieras los caballos sajones —le guiña el ojo.

—Mañana volvemos a casa —advierte de repente sorprendiéndose incluso un poco a sí misma. Se llama diminuto instinto de conservación. Roma levanta las cejas.

—¿Ya?

—Yes.

—Oh —entrecierra los ojos y sonríe de lado—. Me esforzaré entonces el tiempo que me queda —la toma de la muñeca con la que no sostiene la cerveza y estira para que se caiga sobre él, que está tumbado en el reclinatorio. Ella se cae... claro que se cae. Sonrojada además por el asunto del esfuerzo.

—Rome!

Beso.

Ella parpadea echando la cabeza hacia atrás y sonrojándose más, claro está. Está aquí el bloody cesar! Y los... ok, vale los niños no cuentan.

Roma la va a buscar hasta que la besa. No será la primera ni la última que finalmente se deja besar, frunciendo el ceño y empujándole un poco en principio... solo en principio.

Así que luuuuucha con ella hasta que cede... pues ahí tienen a Britania ahora, besuqueando a Roma en su reclinatorio. Le besa hasta que empiezan a salir chispitas a su alrededor.

Roma se separa de ella porque... ejem, no sé si alguien se ha enterado, pero antes le han dejado a medias y ejem... no es tan fácil... y... bueno el caso es que como sigan... ehm... que el Cesar no tiene por qué ver tan claro como es que Roma trabaja.

Supervisión directa, peor que una auditoria. Britania se humedece los labios, resopla un poco y trata de ir tras él cuando...

—Mum!

Un segundo... Dos segundos. Empuja con FUERZA al romano pero ella es la acostada sobre él así que lo que consigue es caerse ella de espalda.

—Mum, estabas dando un beso a Rome —Inglaterra se acerca sin creerlo.

—Nooooo! —chilla ella y el pequeño parpadea dos veces mirándola con sus grandes y acusadores ojos verdes—. No, no... England, estaba... Es que él es un imbécil and... —se levanta, sacudiéndose la ropa.

—Uuuuuh —susurra Roma burlón. Britania no podría estar más sonrojada. Mira a Inglaterra.

—But... —Inglaterra mira a Roma, que le guiña un ojo.

—No es... No es lo que crees.

Vuelve a mirar a su madre cuando Roma la abraza y le susurra "es peor" al oído.

—No, Shut up! —se sacude, empujando a Roma—. I hate him!

Roma se ríe separándose y mirando al César. Britania bufa mirando al César también, de reojito, roja, histérica y tratando de calmarse.

—Te explicaré... Luego.

—Hay unos barcos que me gustan y France y yo hemos dicho que tendremos uno como ese pero más grande y con una vela más.

—Sic! ¡Y vamos a recorrer juntos el mundo entero cuando seamos grandes! —Francia brinca y abraza al inglés, baja el tono de voz—. ¿Puedo darte un beso yo?

—No! —chilla Inglaterra sonrojándose y tratando de apartarle. Britania se pasa la mano por el pelo.

—Bloody hell... —protesta en un susurro, apretando los ojos—, esto es TÚ culpa.

—¿Por qué nooooo? —protesta Francia dando saltitos. Roma está hablando con el Cesar sin hacerle caso ahora.

—¡Porque no! ¡Suéltame! —mano en la cara para apartarle.

Britania se sienta en un reclinatorio mirando a Inglaterra de reojo, intentando tranquilizarse y recordando lo que le ha dicho Roma sobre el francés pensando que se casará con su niño.

—No me... Auuu! ¡Pero si me abrazabas hace rato! Vamos a ver los barcos —propone el francés.

—¡No te abrazo! ¡Tonto! —le empuja más y le da una patadita antes de irse corriendo de nuevo al borde para verlos.

Francia irremediablemente se cae al suelo, como cada vez, más aún a esta edad y le mira un poco desconsolado con el corazón un poco roto porque además le ha llamado tonto. Inglaterra le mira sonriendo maligno desde la barandilla.

—No soy tonto y no me tires —protesta con los ojos un poco aguados a punto de echarse a llorar.

—¡Eres un tonto! —le saca la lengua y se ríe.

—¡No soy tonto! ¡Deja de llamarme así! —protesta sin saber porque hace NADA de tiempo le estaba abrazando y haciendo planes para recorrer el mundo y ahora le empuja y le tira al suelo... Llamándole tonto.

—TONTOTONTOTONTOTONTO

—¡Cállate! —se levanta con algunas dificultades, más herido del orgullo que de otra cosa. Le mira con los ojos acuosos—. ¡Estábamos jugando!

—¡Pues me da igual! ¡No me callo!

—¿Por qué? —pregunta mirándole.

—No me da la gana.

—¿Por qué estás enfadado si no hice nada? —pregunta suavemente dando un pasito hacia él.

—Porque eres un tonto.

—¡No soy un tonto! —insiste.

—¡Sí que lo eres! tontotontotonto.

—¡No soy TONTO! —da un golpe en el suelo con el pie, cada vez más lejos de las lágrimas, aunque tiene los ojos humeditos y está frunciendo un poquito el ceño—. Deja de llamarme tonto.

—¡NO! tontotontotontotonto —además es que al inglés le hace gracia que se enfade.

—¡Deja de llamarme tonto! ¡Tú eres más tonto! —al fin se defiende verbalmente.

—¡Yo no soy tonto! ¡Tú eres más tonto que tonto!

—¡No! ¡Tú eres el más tonto! ¡Cállate!

—¡No! ¡Cállate tú que eres más tonto primero! —se le acerca.

—¡No soy más tonto primero! ¡Tú eres el más tonto de todos los tontos!

—¡Tú eres el más tonto de todos los tontos del mundo! —le empuja.

El francés se cae de sentón otra vez y entonces Roma nota lo que está pasando, acercándose a Francia corriendo.

—¡No me hagas así! ¡Eres un tonto y te odio! —protesta Francia un par de segundos después de caer sentado con los ojos llorosos otra vez. Inglaterra se queda congelado cuando le dice que le odia, mientras Roma lo levanta.

—¡Yo no le hice nada! —chilla Francia temblando un poco y abrazando a su padre sin entender que pasa... ¿Cómo podía ser tan lindo y mono y luego tan cruel y malo?

—Ya, ya, no pasa nada —le acaricia la espalda y le acuna—. ¿Por qué discutíais?

Britania levanta al inglés del suelo también, percatándose ahora mismo del conflicto por estar embobada viendo los barcos.

—¡Pues me da igual, yo te odio también y nunca vas a venir en mi barco! —chilla el inglés demasiado tarde como siempre, ya en brazos de su madre. Francia se paraliza con eso... Y solloza escondiéndose en el cuello de su padre.

—¡Pues ya no te quiero! —suelta entre llanto con el corazón roto como siempre.

—¡Ehh! ¿Qué ha pasado? —pregunta Britania descolocada.

—Anda, anda, caaaalma —Roma abraza a Francia más fuerte.

—¡Que es un tonto más tonto! —asegura Inglaterra y solloza una vez sorbiéndose los mocos—. Y no me gusta.

—¿Porqueyanomequiereeee? —pregunta el francesito sollozando amargamente.

—¿Pero que le hiciste? —pregunta Britania.

—Venga... sí que te quiere, no lo dice de verdad —asegura su padre.

—Dice que soy tonto... Y dejo de quererme de repente y... Y... Waaaaa —Francia chiiiilla

—¡Yo no hice nada! ¡No me gusta! —sigue Inglaterra con el ceño fruncido y se sorbe los mocos otra vez.

—Ya sé que no te gusta... Aunque creo que le gustas tú a él —Britania le da unos golpecitos en la espalda.

—Venga... ya hemos hablado esto, que te dice que eres tonto porque le da vergüenza y ¿qué tenemos que hacer cuando eso pasa? —pregunta Roma con suavidad.

—¡No me gusta! —vuelve a chillar—. ¡No quiero ir en barco con él!

—Pero me dijo que iría en barco conmigooo y ahora... Ahora... Miraaaa... Yo no le hice nada —lágrimas amaaaaargas, temblando más aún

—Ehh, eh, no vas a ir a ningún lado con él si no quieres. Puedes negarte y pegarle si quieres, es débil —asegura Britania haciendo los ojos en blanco.

—Bueno, bueno, hombre, ya veremos de aquí a que tenga un barco, falta mucho aun —sigue consolando el romano.

—Yo lo hice, le empujé y se cayó —explica Inglaterra.

—Pero hace rato me quería mucho... —susurra Francia con voz suave, completamente desolado—. Dile que no deje de quererme, papa...

—Y se puso a llorar. Tú eres más fuerte que él, si no te gusta no pasa nada —consuela Britania acercándose al balcón. Inglaterra se siente mejor y se vuelve a ver los barcos.

—Una persona no deja de querer así de fácil. ¿Tú has dejado de querer a alguien así de fácil alguna vez? Solo te lo dice para hacerte daño, no lo creas —sigue Roma.

—Pero yo no le hice nada... —al francés le da hipo mientras niega con la cabeza suavecito—, yo sólo quería jugar con él y abrazarlo y... ¿Por qué es malo conmigo?

—Venga, venga —le limpia la cara con cuidado—. Ya verás cómo en un rato se olvida, además ha estado todo el tiempo abrazándote mientras veíais la batalla.

—Mira ese barco tan grande de allá —Britania señala uno—. ¿Quieres uno así?

Inglaterra asiente sonriendo un poquito.

—Sic... Y le he dado muchos... Hic... besos —Francia sonríe un poquito, aunque aún esta desolado en el drama. (Pues no se ha enterado, porque se entera de uno solo y sales volando...seguro fue en los temblores o en la histeria de los barcos... Y han sido besos así como en la cabeza y así.)

—Tú y tus hermanos van a tener MUCHOS como ese, tantos a que van a hundir todos los de Rome —sigue Britania.

—Yes! ¡Pero yo tendré los más grandes y fuertes de todos! —exclama Inglaterra.

—Yes... Y vas a conquistarlo todo y vas a... Casarte con quien quieras —le mira ella de reojo

—¿Casarme? —la mira porque ese concepto es nuevo. La británica se encoge de hombros pensando en lo que ha dicho Roma.

—Yes, cuando seas grande, si quieres... Podrás casarte con alguien, con quien TÚ quieras.

—¿Cómo es casarse?

—Pues... Es hacer una pareja y tener niños —¿cómo te metiste en este lío, Britania?

—Pero tú tienes niños y... ¿tú tienes una pareja casarsa?

Ella se sonroja.

—Yo tengo hijos... Pero no estoy con nadie... —susurra.

—¿Entonces cómo es?

—Es estar con alguien para... Siempre. O por mucho tiempo al menos.

—¿Y por qué tú no lo estás?

Ella se revuelve un poquito sonrojadita.

—No... Estoy porque yo soy fuerte y no necesito a nadie.

—¡Entonces yo me casarme tampoco!

—No, no... Es... —aprieta los ojos —, debe... Supongo que sería bueno que te casarás.

—Pero yo soy fuerte y no necesito a nadie.

—Mmmm —lo sienta en el borde del balcón y lo mira a los ojos—. Lo que tienes es que ser feliz. Sólo o acompañado.

—Yo soy feliz —sonríe convencido de ello.

Ella sonríe porque con todo y todas las dificultades, los peligros y las carencias que tienen... el hecho de sea feliz la tranquiliza. Le revuelve un poco el pelo.

—Ah! —protesta riéndose.

—Aunque...

La mira, sonríendo.

—También necesitas amigos y gente, así que no tires y pegues todo el tiempo a la gente... Sólo a veces.

Inglaterra baja la cabeza regañado

—Porque luego también dicen cosas feas...

—Pero él quería darme un beso —susurra—. Y no quiero.

—Yes... Well, a veces quieren esas cosas... —se sonroja—. Y uno les da besos para... Pues... Porque si no son más molestos aún —susurra sin mirarle.

—What? ¡Pero yo no quiero darle un beso!

—Yo tampoco quería, pero fue una medida... Preventiva. Como destripar a los conejos, que no es lo más agradable pero se tiene que hacer para poder comerlos.

Inglaterra mira a Francia por encima del hombro de su madre, él ya está un poco más tranquilo hablando con su padre, aún abrazado a su cuello. El inglesito se esconde en su madre casi enseguida, sonrojadito.

—No quiero darle un beso —repite en un susurro.

—No se lo des si no quieres. Yo tampoco quería dárselo a Rome.

La mira a los ojos y sonríe más tranquilo con eso.

—Pero puedes jugar con él aún...

—¿Y si me quiere dar un beso otra vez?

—¿Pues qué crees que puedas hacer?

—¡Le empujo!

—Podrías decirle que no pero si es como su padre, Yes... Será mejor.

—¿Tú le empujas cuando quiere darte un beso?

—Yes. Y le pego —traga saliva.

Inglaterra sonríe.

—Aunque si llora mucho no le pegues tan fuerte —sonríe maligna bajándole al suelo.

—Es tonto y débil.

Ella pone los ojos en blanco y sonríe.

—Aunque también parece ser bueno contigo y quererte... Aprovecha eso.

Inglaterra se sonroja un poco sin saber que hacer a eso.

—Anda, ve a jugar.

El pequeño británico foreveralone traga saliva y se va a ver el final de los barcos él solo.

—Angleterre ya no está con su maman... —susurra Francia bastante pendiente de él, aun abrazando a su padre.

—¿Quieres ir con él? —pregunta Roma.

—¿Y si me pega?

El romano suspira y sonríe.

—¿Recuerdas que siempre te digo que tienes que ser fuerte?

—S-Sic... Pero...

—¿Aja?

—¿Y si me pega?

—A veces el amor duele y él tiene que entender lo que sucede, no te dejes golpear.

—¿Cómo no me voy a dejar golpear?

—Pidiéndoselo, no dejando que te afecte, golpeándole de vuelta... hay muchas maneras.

—Pero es que no me gusta que me pegue... Pero yo quiero que me quiera y ser su amigo.

—Tienes que descubrir que más cosas le gustan, mira como cuando estaba viendo los barcos que tú dijiste que le gustaban no te pegaba y sí era tu amigo.

Francia asiente un poquito, más tranquilo.

—Quiero ir con él... —sonríe un poco.

—A ver... —le levanta la barbilla, le quita los mocos, le limpia los ojos, le peina un poco y le sonríe—. Ahora. El más guapo —le guiña un ojo.

Se ríe peinándose él un poco también y acomodándose la ropa.

—Si me pega, me rescatas... —advierte dándole un beso.

—Claro —se ríe. En cuanto lo pone en el suelo, corre hacia el inglés, sonriendo.

—Angleterreeeee! —le llama llegando a su lado.

Este le mira de reojo un momento incomodillo y Francia vacila un instante también, temerosillo.

Es que su mamá le ha dicho que él le quiere y aún no sabe qué hacer con eso.

—A-Ave...

—Ya no quiero que seas un tonto y me pidas besos… y te dejaré subir en mi barco.

—No soy un tonto —insiste necio en eso y desvía la mirada—, y los besos...

—Si me los pides eres un tonto.

—Si no me los das también lo eres —susurra muy suavemente balanceándose en sus pies. Piensa que en realidad hace rato se los dio sin pedírselos y funciono bien—. Mmm ¿y si no te los pido?

—Entonces somos amigos —pensando que se va a acabar ese asunto... le sonríe y le da la mano. Aaaaay, Inglaterra.

Francia le abraza, él se paraliza y cuando el galo lo nota le suelta rápido para que no se enfade, pero le cierra un ojo como su padre.

—¿Qué viste de los barcos? —pregunta de puntas en el borde del balcón para verlo todo.

Inglaterra le mira de reojito unos instantes y luego empieza a explicarle que barco derribo cual y los que han muerto y como los sicilianos ya tienen la victoria en el bolsillo.

Francia sonríe consiguiendo tomarle la mano y sí, Inglaterra, lo que va a pasar ahora es que de aquí al fin de los tiempos va a darte besos sin pedírtelos. Este, este es el maldito momento exacto... en que arruinas un poco tus nervios. ¡En que el inglés queda maldito para siempre!

Roma mira a Britania de reojo que no sabe del todo que pensar al respecto, está sonrojadita y le mira de vuelta.

—Son adorables, es como ver como hubiéramos sido tú y yo si nos hubiéramos conocido de pequeños —valora Roma

—¿Yo te hubiera tirado a ti de un empujón cada vez que fueras un tonto y tú irías corriendo y chilloneando a los brazos del... César?

—Nah, me hubiera abrazado a ti para que cayeras conmigo

—¡No es verdad! ¡Te hubiera empujado más fuerte!

—Los dos al agua —niega riéndose. Ella se ríe también sin poder evitarlo, apretando los ojos.

—Pues buscaría la forma de... Ahogarte.

—No creo que pudieras, yo nado muy bien —y te ríes hasta bajo el agua, acéptalo.

—Yo nado mejor que tú, de eso no hay duda alguna

—¿Y eso qué? No solo con eso se puede ahogarme

—Te haría reír bajo el agua.

—¡Oh! ¡Mi único punto débil! —se ríe igual.

—¡No es el único!

—¿No? ¿Cuál más tengo?

—Tantos que no puedo ni contarlos —coquetea.

—Pero podrás nombrar algunos —susurra acercándose a ella, entrecerrando un poco los ojos.

—Sex... Es una de tus debilidades —se sonroja otra vez volviendo a olvidarse de sus alrededores.

—Orgullosamente —se acerca más.

—Eres un pervertido —protesta dando un pasito atrás.

—Eh! —protesta y se ríe, ella se ríe un poco con el intentamos darle un golpecito en la cabeza.

—WOOOOOH! —grita de repente Inglaterra levantando sus bracitos porque acaba de pegarse fuego un barco sentenciando el final de la batalla. El resplandor anaranjado se le refleja peligrosamente en los ojos ya desde tan tierna edad.

Francia levanta las cejas con el fuego y se esconde un poco detrás de Inglaterra... Britania se gira a mirar al inglés con el grito, algo descolocada.

Puede que el fuego sea un poco más fuerte debido a la influencia mágica del pequeño británico, más potente ahora que aún es un niño. Lleva un brazo hacia atrás protectoramente para Francia sin darse cuenta, aun viendo el barco con la boca entreabierta, hipnotizado. Roma también se gira a mirarlos.

—Vaya llamaradas, se han pasado un poco con combustible hoy —comenta y mira al Cesar de reojo, que está de acuerdo. Britania sonríe un poco, atraída levemente por el fuego... Y mira a Inglaterra sintiendo la magia y su influencia en ello.

—Es England.

—Quid?

—El que lo hace.

—¿Hacer qué?—la mira.

—El fuego. Le gusta... Es muy bueno para prenderlo

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Que esto... ¿No lo sientes?

—¿Tú amor por mí? —se ríe porque obviamente no siente nada.

—What? No! —le da un golpecito en el pecho y él se ríe más—. La magia.

—Siento la magia de tu seducción...

—¡Ninguna magia de mi seducción!

Roma se ríe de nuevo.

—La magia de mi niño. Un día te hundirá tus barcos... Te acordarás de mí.

—Me acuerdo de ti con otras cosas mejores

—¿Como cuáles?

—Como cuando esté solo pensando en ti en mi cama, acordándome de mi pelirroja favorita

—Nooo! —chilla un poco y él se ríe oootra vez—. Mejor te acordarás de otras cosas como de las veces que te llamo idiota.

—Puedo recordar ambas a la vez, eso lo hará más real.

—Shut up!

Maaaaaás risas.

—Vamos a... ¿Qué vamos a hacer acabando esto?

—Lo que quieras. ¿Un paseo romántico por la ciudad? O… —cejas cejas, porque sigue con ganas.

—Un paseo por tu tonta ciudad, yes

—A orillas del Tevere al atardecer...

—Podríamos subir a un barco...

C—Los británicos nunca tenéis bastante de barcos

—Pues en un río...

—Veré lo que se puede hacer. Llévate a los niños y esperadme en la salida —besito rápido.

Britania de sonroja un poco con el besito quedándose medió atolondrada y Roma se va... despedirse del Cesar y a hacer sus gracias y magias secretas para conseguir un barco. Todo sea para enamorar a Britania. Cuando salen, ella está cargando a Francia en un brazo y a Inglaterra en el otro, un poco temerosa por la cantidad de gente y de ruido que hay aquí.

—¿Dónde está el dad de France? —pregunta Inglaterra cuando nota que no está.

—No lo sé. Me ha dicho que le esperemos aquí los tres.

Francia tan tranquilo le pone una mano a Britania en la mejilla.

—¿Se ha ido para siempre y ahora France tiene que venir a casa con nosotros? —Inglaterra, escucha lo que te dicen, no te montes dramas.

—Quoi? Non, papa no se va a ir para siempre.

—Yo creo que sí. Te ha dejado con mum porque ya no te quiere como my dad me dejó cuando era muy pequeño.

—Papa sí que me quiere. Verdad maman Britania?

—¡Que tonto! Se dice "mum" no vas a poder ser uno de mis brothers si no sabes hablar bien la lengua.

Francia mira a Britania con esos grandes ojos azules llenos de esperanza tan infinitamente parecidos a los ojos de su madre. Britania mira al galo y traga saliva sintiendo una tremenda nostalgia por Galia por primera vez en este viaje, porque la verdad es que no le había hecho mucho caso al niño realmente.

—Pero no tienes que ponerte triste porque no necesitas un dad para nada, es mejor tener una mum —sigue Inglaterra tan convencido.

—Te pareces mucho a tu madre, France —susurra Britania. Francia, que iba a responder la Inglaterra que a él le gustaría tener mamá y papá, se queda mirando a Britania con ojos muy abiertos.

—¿A qué sí, mum? —sigue el pequeño británico sin siquiera esperar respuesta—. Pero tienes que ser el hermano pequeño porque eres el último que ha llegado y yo ya no soy más el hermano pequeño. Pero no puedes dormir en mi cama... —se lo piensa, porque no quiere que se haga más amigo de sus hermanos, pero es que siempre le está tocando—. Pero sí en mi cuarto, te haremos otra cama. ¡Pero no puedes mirar mis cosas ni mis dibujos! ¡Ni robar mis tesoros! Y no puedes dar besos, ni buscar en mis secretos, ni llorar...

—¿Cómo sabes que me parezco a mi maman? —susurra Francia.

—Y no puedes decir todo el tiempo que la comida es asquerosa ni que no te gusta, ni puedes invitar a venir a Spain porque es un tonto y ya no es tu brother. Y no te puedes hacer amigo de mis brothers pero no se puede jugar a ninguna cosa de desnudarse ni puedes espiarme en el baño —normas de convivencia para ser todo un gentleman, por Inglaterra. Volumen Uno.

Britania vuelve a tragar saliva porque Francia es la absoluta viva imagen de su madre y la echa mucho, MUCHÍSIMO de menos... Más de lo que quisiera. Lo aprieta contra si.

—¿Sabes? Quizás si deberías venir a vivir con nosotros.

—Y no puedes... no puedes espiarme, en general, todo lo de espionaje está prohibido o te... llenaremos el pelo de barro. Aunque llores y... —Inglatera se calla cuando su madre dice eso—. Pero bueno, será poquito barro y del que no tiene cacas ni cosas verdes —negocia él solo.

—¿A... A vivir con ustedes? —Francia inclina la cabeza... Y Britania toma una decisión repentina y bastante tonta... Que es empezar a caminar entre la gente lejos de ahí.

—Yes.

—Ah, ¿vamos a robarnos a France? —pregunta Inglaterra... ¿no que hace un momento lo habían trágicamente abandonado a su suerte?

—Vamos a llevar a France a casa, con nosotros... Que es donde siempre debió estar —Britania empieza a correr. Francia se le abraza.

Inglaterra se le abraza también y sonríe porque... Francia es muy molesto y siempre le toca y llora y no sabe jugar pero... es el único que parece que no le odia todo el tiempo y a quien él le puede.

—Pero papa...? ¿Por qué nos vamos? No... No sabe el que vamos a irnos, ¿o si? Y mi casa... Y Espagne…

—No... Sé. No sé por qué. Pero tu madre... — Britania realmente no sabe por qué corre... Ni a dónde. Inglaterra, que a veces es un cabrón sin saberlo, estira la mano tomando la de Francia y sonriéndole porque le hace gracia que vaya a casa con ellos.

El francesito deja de mirar a Britania y se gira al inglés, aún sin entender nada y con muchas preguntas. ¿Cómo iban a ir a casa de Britania? ¿Por qué corrían? No podía ni pasársele por la cabeza que su padre ya no le quisiera... Parpadea cuando Inglaterra le aprieta la mano y se la aprieta de vuelta olvidándose momentáneamente de todas sus preguntas.

Britania aprieta a los dos niños contra sí abriéndose paso entre la multitud, sin querer detenerse a pensar que robarse a Francia en Roma es casi imposible o en cuál será la reacción de Roma al notar lo que está haciendo... Solo siente en el aire a Galia y se concentra en su instinto que la llama a correr desesperadamente entre la gente.

Inglaterra no sabe a dónde van, pero no la detiene porque su mamá no se pierde nunca y confía en ella, aunque sabe que su carro y sus cosas están en casa de Francia, así que deben ir ahí.

—¿Por qué corres? —pregunta Francia a quien todo esto aún le parece muy raro.

Si tan solo... Britania conociera mejor esta ciudad. Si tan solo se hubieran subido al barco, por ejemplo... O si supiera dónde estaba la cuadriga de Roma. De hecho... Si tan solo pudiera ver bien el cielo y el horizonte podría saber si está corriendo hacia el lado correcto. Pero no puede ver nada aquí, porque hay demasiada gente y demasiado movimiento y... Se detiene unos instantes dando vueltas sobre sí misma empezando a asustarse al notar que de verdad no dar si está corriendo hacia dónde debe.

—Y no podemos llevarnos tanta ropa ni tantos juguetes porque en casa no hay mucho espacio, pero una poca sí y... —Inglaterra sigue a su rollo, se detiene cuando ella lo hace sin saber qué pasa. Y ahí, abrazada a Francia y a Inglaterra, se descubre a sí misma deseando que sea Roma el que venga... Y la arregle... Y la abrace... Y le diga que todo va a estar bien y que no tiene que huir.

—What's up, mum?

—There is no place to hide... —susurra con la respiración agitada, aun dando vueltas sobre sí misma.

—To hide? —pregunta sin entender

—¿Nos estamos escondiendo de papa? Va a ponerse triste y enfadarse mucho, no le gusta este juego —explica Francia preocupado y la voz y el tono no sirven para que Britania deje de acordarse de Galia.

—Pero no tenemos que escondernos, si es él el que se ha ido —sigue Inglaterra, inocente, porque no le parece que esto tenga sentido.

—No sé qué estoy haciendo —confiesa con el corazón a punto de salírsele, pensando ahora en volver y tampoco sabiendo cómo.

—Estamos yendo a casa, con France, hay que ir a su casa por sus cosas —explica Inglaterra sin entender qué pasa, preocupado por ella.

—¿A dónde fue papa? ¿Qué te dijo? No se despidió de mí —dice Francia a la vez.

—Porque ya no te quiere, pero no pasa nada, el mío hizo lo mismo —insiste Inglaterra.

—Papa si me quiere —asegura el francesito oyéndole al fin porque hace rato estaba demasiado idiotizado en escuchar a Britania decirle sobre su madre.

—Tu padre nos quiere mucho a todos... —susurra Britania muy segura de ello.

—No, por eso se ha ido, pero ahora tendrás una mum.

—Yo tengo muchas mamans... Pero solo una es la mía. Ella me está mirando desde el cielo, sentada al lado de los dioses.

—¡Pues ahora tendrás una que está aquí!

—Pero yo tengo un papa.

—Pero no lo necesitas.

—Si lo necesito, es mi papa...

—Yo nunca he necesitado un dad.

—Mi papa puede ser tu papa.

—No, porque se ha ido

—¡Pero va a volver!

—¿Cómo estás seguro?

—Porque seguro se fue a hablar con el cesar o algo así, ¿por qué iba a irse? —pregunta Francia y luego mira a Britania—. ¿Verdad maman Britania, que papa no se fue para siempre? Aunque no sé por qué quieres llevarme a tu casa.

Inglaterra pone los ojos en blanco porque ya se lo ha explicaaaado. Britania deja de dar vueltas al volver a notar la mirada de Francia con esos ojos tan parecidos a los de su madre.

—Tu padre fue por un barco —susurra la británica como explicación—. Galia... tu madre...no sé por qué estoy corriendo, Galia.

—¿Y si mejor se vienen ustedes a vivir aquí con nosotros? Tú puedes traerte todas tus cosas y a tus hermanos también —se gira a Inglaterra y le sonríe, aun bien pescado de su mano.

Inglaterra niega y arruga la nariz

—Es más bonito aquí... Y hay muchas cosas nuevas y modernas y limpias. Está además el circo y la Naumaquia y mis hermanos y a papá le gustara mucho que vivan aquí, ¡yo lo sé! —insiste Francia mirándoles a los dos.

Britania da un par de pasos atrás recargándose en una pared y escurriéndose al suelo para hacerse bolita porque está asustada con todo y los dos niños pesan y no sabe ni dónde está ni como irse ni como volver.

—No, esta ciudad es fea y huele raro y no hay magia —Inglaterra niega con la cabeza sentándose junto a su madre donde ve a Francia, por extraño que parezca, Britania sigue abrazando un poco a Francia, mirando a Inglaterra hablar.

—No es fea ni huele raro... es una ciudad muy bonita con muchos palacios y cosas impresionantes.

—Sí que lo es, no hay ni un bosque ni conejos.

—Hay un mercado —apunta el francés (para la frustración de su padre, si le oyera).

—¿Cómo encontramos a tu padre? —pregunta Britania un poco decepcionada de sí misma ya que no ha conseguido siquiera llegar a intentar escaparse con Francia en serio. Pero solo quería... volver con él, a que la abrazara y la besara y le dijera que todo iba a estar bien. Se sonroja de su propia idea.

—Los mercados son una caca.

—No son una caca... son bonitos y elegantes y tienen mucha gente y se puede comprar todo.

—Yo no quiero comprar nada.

—Sí quieres, querrás cuando vayamos juntos al mercado —explica Francia y vuelve a mirar a Britania porque parece muy asustada aún—. ¿Qué le pasa a tu maman?

Inglaterra mira a Britania porque no se había ni dado cuenta que le pasaba algo. Francia la abraza del cuello y se le recarga encima que es lo único que se le ocurre hacer para consolarla.

—What is wrong? —pregunta Inglaterra poniéndose de pie.

—Nothing. I'm fine... I'm fine —asegura... más para sí que para los dos niños, sintiendo casi el cálido abrazo de Galia en el de su niño. ¿Qué demonios le ocurría? Había visto varias veces a este niño, siempre le observaba tratando de no prestarle demasiada atención y de pensar que era el hijo de ROMA. De hecho llevaba todo este viaje mirándole corretear por ahí con su hijo... pero repentinamente había sentido a Galia AHÍ... y por alguna razón había tenido el impulso de alejarle de todo y protegerle.

—¿Por qué estamos aquí sentados?—pregunta el inglés mirando alrededor.

—Porque... —vacila cerrando los ojos y sintiéndose idiota... una mujer tonta y aterrorizada. Esa no era ella habitualmente, era culpa de Roma... o de Galia. Quizás esta vez era en parte culpa de ella.

El pequeño se vuelve a ella con sus ojotes verdes. Ella le mira algo angustiada... porque en general, nunca proyectaba miedo hacia él... su niño pequeño. Era habitualmente el mayor de sus hijos el que era capaz de notar sus miedos y calmarlos... no Inglaterra.

Se sube un poco a su regazo, su madre le mira hacer sin querer aún hacer traslucir su miedo a estos dos pequeños niños.

—Haces cosas raras —se sienta y la mira.

—I know...

—¿Y si nos vamos a casa de France? —propone.

—Rome... no sabe dónde estamos. Él iba a buscar un barco... quizás deberíamos ir a donde le vimos la última vez.

—Seguro nos está buscando —asiente Francia y se separa un poco de abrazar a Britania—. Pero encontrar a papa no es difícil casi nunca... siempre hay alguien que le conoce o que le ha visto, o que nos conoce... o nos ha visto.

—¿Nos hemos perdido? —pregunta el inglesito, preocupado.

—Un poco... —admite Britania mientras Francia intenta soltarse del todo de su abrazo.

—Noo... es casi imposible perdernos aquí. Yo lo arreglo, de verdad... mira, ven.

Inglaterra mira a Francia, que les toma a ambos de las manos, uno de cada lado y espera a que se levanten. Britania baja a Inglaterra al suelo para hacerlo. El inglés se deja y les mira.

Francia tira de ellos empezando a preguntarle a cualquiera que les mire o se deje si han visto a Roma, su padre hasta que encuentra a alguien que reconoce.

Le informa que ella es su mamá Britania y que se ha perdido porque se fue corriendo porque se asustó y que estaban viendo la naumaquia y que... no encuentran a su padre. El hombre, que es uno de los tenderos del mercado a los que le compran habitualmente le indica donde está el coliseo.

Francia le sonríe y le agradece muy educadamente girándose a Britania y levantando las manos para que le cargue porque ya se ha cansado de ser útil. Inglaterra se suelta y... ve algo que le llama la atención, yendo a por ello sin decir nada.

Britania levanta a Francia del suelo controlando a Inglaterra con la mirada... le sigue unos cuantos pasos. Inglaterra se agacha y encuentra a un perrito en una tienda.

—England?

Él se levanta y se gira a su madre corriendo a tomarse de sus faldas

—¿Qué viste? —pregunta curiosa asomándose.

—A puppy.

—Oh... ¿está perdido?

Inglaterra se encoge de hombros, ella le pone una mano en la cabeza como siempre, acariciándole un poco con suavidad y calmándose ella misma con ese gesto.

—A verlo... —se acerca un poco más notando que es un cachorrito. Inglaterra se suelta de Britania y se acerca al perrito otra vez

—Awww! Es un perritooo! —Francia sonríe, pero no hace el más mínimo esfuerzo por bajarse ni ir acercarse... menos aún tocarlo.

Britania se agacha un poco y le hace un cariño al perro en la cabeza, sonriendo. Inglaterra lo levanta de debajo de las patas de delante, el perrito salta e intenta lamerle la cara, moviendo la cola.

Inglaterra aparta la cara riendo.

—Mira que lindo es... quiere lamerte —Britania se ríe también. El británico lo abraza riéndose... y alguien en la tienda sale y le llama.

Britania lo nota y le toca a Inglaterra de nuevo la cabeza. Él le mira sin soltar al perrito porque es muy mono

Britania se sonroja un poco porque... no sabe hablar latín y sinceramente no tiene ningún interés en intentarlo.

—Tenemos que irnos, England. Hay que encontrar a Rome.

Y ahí se va perrito en brazos, la chica que lo ha llamado se va detrás, deteniendo a Inglaterra del hombro. Britania frunce un poco el ceño al ver que la chica sí que les sigue, mirándola de reojo.

—Apresúrate... —le susurra e Inglaterra se suelta de ella, echando a correr... con la chica detrás. Britania levanta las cejas... y se echa a correr atrás de ellos dos (o debería decir tres, contando al perrito).

—Englaaaand!

Que corre más deprisa cruzando las calles y entre las piernas de la gente. Bien, y ahora si se van a perder TODOS.

Roma va a tener mucha MUCHA suerte y se va a topar con Inglaterra corriendo hacia él. Así que lo detiene levantándole en alto. Cuando la chica los alcanza, le cuenta que el cachorrito es suyo e Inglaterra hace un DRAMA cuando se lo quitan, pataleando, chillando, llorando y mordiendo a Roma, golpeándole mientras él le pide disculpas a la chica.

Britania mientras tanto tiene el segundo ataque de pánico del día, este aún PEOR, porque ha perdido a Inglaterra. Una cosa es perderlo en la montaña y otra PEOR es aquí.

Roma intenta calmarlo como puede pero no es fácil calmar a un británico.

Britania sigue cargando a Francia... y es que se le va a caer el brazo para mañana en la mañana, seguramente no podrá moverlo. Aun así sigue haciendo gala del nombre de GRITANIA, vociferando el nombre de Inglaterra.

Roma acaba intentando preguntar a la chica entre los lloros y pataleos del inglés si ha visto a una chica pelirroja con un niño rubio y ella más o menos le indica, es que SEGURO media Roma la ha visto, si parece una bruja loca histérica que se ha parado de pie encima de cualquier superficie medio elevada a gritar "ENGLAAAAAAND" hasta quedarse medio afónica. Así que Roma va hacia ahí peleando con Inglaterra

La ve encima de una carreta, con Francia en brazos, gritando con voz ronca mientras Francia la abraza, cansado y lloroso, porque se ha asustado de verdad cuando la ha visto a ella HISTÉRICA.

—Britaniae! —grita Roma cuando la ve, la nombrada le mira y casi se cae cuando ve que viene con Inglaterra... no suelta a Francia porque es Galita dos. Roma se acerca a ella también, es que es un desastre de histeria y algunos mocos, no diremos que no...

—England! Se perdió England! —le grita empujando a algunas personas al pasar a su lado, abriéndose paso para llegar a Roma.

—Quid quid? —pregunta el romano e Inglaterra consigue soltarse en un despiste y correr hacia ella.

—England! Se ha perdi... ENGLAND!

El inglés le abraza las piernas todo desconsolado porque le han quitado al cachorrito. Britania medio se le cae encima, hincándose en el suelo y abrazándole con el brazo con el que no está abrazando a Francia, quien no ha dejado de estirar los brazos hacia Roma en cuanto le ha visto.

Roma se acerca y levanta a Francia en el momento en que nota el gesto.

—¿Qué ha pasado, qué hacéis aquí? —pregunta. Francia se le abraza con fuerza porque se ha asustado mucho de perder a Inglaterra... pero más aún de que Britania estuviera llorando histérica como niña pequeña. Le llora un poco al cuello a su padre.

—No te me vuelvas a escapar NUNCA, England, NUNCA! —grita/riñe/llora Britania dándole besos (cosa rara) a su niño y a la vez medio sacudiéndole y abrazándole.

—Shhh, shhh, ya pasó —conforta Roma a Francia acunándole y acariciándole la espalda—. Papá está aquí, papá está aquí.

—¡No me he escapado! —protesta Inglaterra intentando escapar un poco de los besos porque él no se ha sentido en peligro real. Britania aprieta a Inglaterra contra ella sin dejar que se escape, en uno de esos abrazos que ahorcan Bueno, eso si la deja porque Roma ha sido malo y le ha quitado su cachorro

—...ania me... su casa... terra... no querías... —lloriquea Francia sin que Roma entienda nada.

Pues no sé si la deja o no, pero ella lo intenta, sin oír nada respecto a Roma siendo malo y quitado el cachorro. Cada quien a su bola.

—¿Estas bien? —pregunta Britania después de intentar luchar para darle un abrazo, tomándole de los hombros

—No! Rome es un tonto!

—No lo es... te encontró! —debe ser la primera vez que dice que no lo es

—No estaba perdido, me quitó mi cachorro... —le mira con rencor y piensa "Y a France"

—¡Llevo toda la tarde BUSCÁNDOTE y GRITANDO para encontrarte por todos lados! ¡Y había muchísima gente! ¡Y ruido! ¡Y no te encontraba!

Inglaterra mira a su madre de nuevo porque hace eso muchas veces en casa, en el bosque y nunca pasa nada, aunque antes Roma les ha asustado un poco cuando se han ido al mercado con todo eso que podían hacerles si les atrapaban, pero nadie le ha atrapado, se hubiera escapado de la chica del perrito si Roma no le hubiera detenido.

—Pero si estaba ahí mismo, no seas muchidramática —responde sin estar seguro de cuál es la palabra adecuada que usa Escocia con esto pero imitándole.

—¡No estabas ahí mismo! ¡Y no me llames así!

—Sí estaba —ojos en blanco.

—¡No me hagas esas caras tampoco!

Inglaterra hace ñañaña y saca la lengua, burlón.

—England! ¡Estás castigado!

—¡NO ME IMPORTA!

—¡Si que te importa! —protesta Britania levantándose.

Inglaterra la fulmina, frustrado y con el ceño fruncido Britania suspira mirándole también de vuelta. Le hace un cariño en la mejilla, del que él se aparta sin dejar de fruncir el ceño.

—Me asusté mucho...

—Eres una tonta —se cruza de brazos y gira la cara, con los mofletes hinchados

—No me llames tonta.

—Pues lo eres. Tú y Rome y todos.

—¿Y yo qué te hice?

—¡Enfadarte y castigarme!

—Tú te burlaste de mí y me sacaste la lengua. Ya sabes qué pasa cuando me sacas la lengua.

Vuelve a sacarla.

—England! ¡No seas grosero!

Se ríe y la saca más.

—Englaaaand! No la saques! —protesta.. y empieza a sonreír con la risa del inglesito. Ese es tu probleeeema.

La saca más haciendo bleeeeeeeeeeeeh y ella la saca de vuelta haciendo igualito...

El pequeño lo hace más poniéndose de puntillas, sonriendo un poco. Ella se ríe más y lo levanta del suelo. El inglés se deja y lo hace más, aprovechando estar más cerca, cada vez riendo más y sacando menos lengua. Ella le hace una pedorreta, riéndose por completo.

Roma se acerca con Francia en brazos a ver qué pasa. Britania lo nota y le sonríe un poquito, sintiéndose al fin más relajada. Se le recarga un poco encima.

—¿Qué hacéis?

—England se porta mal —le explica Britania riendo.

—Ella es una tonta. ¡Y tú eres más tonto! —protesta Inglaterra y se deja caer sobre Britania para escondérsele un poco en el cuello. Britania se ríe negando con la cabeza y repegándose un poco más en Roma para que le abrace.

Roma lo hace con naturalidad, cambiando a Francia de brazo. Britania levanta la vista y le mira. Se sonroja un poco pero estira el cuello levemente y le da un besito en la mejilla. Roma levanta las cejas y se ríe.


Y hasta aquí. Esperamos que os haya gustado.(Preferimos ahorrarnos a todos la parte dramática de la despedida)

Gracias en especial a Holly, Josita, Kayla, Magdulillo, Mokachina y Vicky Lau por sus reviews... y a ti por leer!