Casualidades

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POV Edward

Esto sólo me pasaba a mí… ¿cómo es que quedé en el baño, casi desnudo y sin teléfono, por una chica que creí estaba derretida por mí? Pero, en cambio, me robó y me dejó duro como una roca, ¡joder!

Casi me arranqué el cabello de un tirón mientras caminaba de un lado a otro… Lo peor no fue quedarme sin ropa, celular y en ridículo, ¡no!, lo peor fue que quería tener a esa morena bella que bailaba jodidamente bien y besaba delicioso, la quería… ¡y demasiado! Al menos por esa noche.

— ¿Hay alguien ahí? —Enseguida me alarmé, porque no quería, ni en sueños, que me descubrieran así, de esa manera tan poco profesional. Era un importante y reconocido cirujano, y esto se vería muy mal.

— ¿Quién es? —pregunté con voz profesional.

—Tu salvador… ahora abre la jodida puerta —dijo el idiota de mi hermano.

Me acerqué a la puerta y giré la manilla con dolor, porque, conociendo a Emmett, esto me lo sacaría en cara toda mi vida. Abrí y me alejé mientras él entraba. Sin siquiera esperar, me miró de arriba a abajo y se echó a reír.

—Hermano, definitivamente, el exhibicionismos no te queda —murmuró Emmett casi ahogándose en risas.

— ¿Puedes dejar de joderme la vida?

—Creo que ya te la jodieron. Edwin —musitó como si eso fuese un chiste privado.

—Ja ja ja… ¡qué gracioso!, ¿se puede saber cómo sabías que estaba aquí? —pregunté con un humor de mierda.

—Bueno… una hermosa morena me dio esto —dijo enseñándome el celular, alcé una ceja extrañado. Así que no es una ladrona del todo, pensé.

— ¿Y mi ropa?

—Eso no lo sé —respondió casi aguantando la risa.

Respiré profundo y decidí que no me tomaría esto tan a pecho, que lo tomaría como una mala broma de una chica desconocida y ya.

—Emmett necesito que vayas a mi auto y me traigas un traje Armani que tengo en el maletero —pedí de manera seria, aunque en mi posición no se vería de esa manera.

— ¿Perdón?, ¿qué me pediste? —preguntó él doblando los brazos sobre su pecho y colocando esa sonrisa infantil en sus labios.

—Que, por favor, me busques ropa —dije entre dientes.

— ¿Por qué debería de hacerlo, hermanito? ¿En qué me beneficiaría ayudarte?

Respiré hondo para no estrangularlo. Emmett no hacía nada porque sí, siempre buscaba la forma de joderte. Pero en esta posición no tenía muchas opciones, así que me di por vencido.

—Porque esto dañaría mi reputación, porque esto haría que te debiera un favor y porque soy tu hermano menor… ¡así que hazlo!

—Mmm… lo de la reputación no me interesa en realidad, ya que, de por sí la prensa cree que eres un mujeriego, lo que es verdad. —Sonrió con gusto y siguió dándome el discurso mientras yo estaba ahí, en calzones y con un humor de asesino en serie—. Lo del favor, me gusta que Edward Cullen, el capullo toca culos más grande de esta ciudad, me deba un favor… es, definitivamente, algo bueno.

Me tendió el celular y, antes de salir, se echó a reír. Negué y, sin poder evitarlo, también me reí.

Emmett era mi hermano mayor sólo por un año, mi madre Esme nos había tenido de manera seguida porque el doctor creía que, después de Emmett, no podría tener hijos y llegué yo, algo que él me recordaba siempre, decía que era el no planeado de la familia, lo que, obvio, tomaba como broma. Mi madre y mi padre siempre nos habían tratado de la misma manera y criado con los mismos valores, éramos muy parecidos en muchos aspectos y completamente diferentes en otros.

Di vuelas un rato por la habitación, parándome y sentándome, enojándome y riéndome cada vez que recordaba lo que había pasado. Aunque pensarlo causaba en mí un problemita que era mejor ni mencionar… ¡Dios!, esa morena sí que sabía moverse, como me hubiese gustado ver cómo se movía en otros aspectos, saben a lo que me refiero.

Depuse de un rato, que a mi parecer fue eterno, Emmett llegó con un traje muy elegante que unas horas antes había recogido de la tintorería, por suerte, porque definitivamente esta noche terminaría de una manera muy bochornosa si no lo hubiera tenido a mano.

Unos minutos más tarde, salí de lo que parecía un baño privado de no sé quien. Pensé en quedarme un rato más y tratar de enmendar la noche, pero simplemente no tenía ánimos para eso. Le envié un mensaje a Emmett diciéndole que después de lo sucedido me iría a casa, lo que él tomó como broma, como de costumbre, pero no le presté mucha atención, ya que, sabía que esto no lo dejaría en un largo tiempo.

Salí del club a toda prisa, no tenía ánimos para las chicas que me comían con la mirada, ni tanpoco a los inversionistas interesados que sólo entraban a estos clubs para encontrar chicas fáciles de la mitad de su edad. Esperé que me entregaran mi hermoso volvo negro y me fui a casa.

Hace dos horas que llegué a mi apartamento y, por más que lo intentaba, no podía conciliar el sueño. Tenía clavado en mí un perfume suave, dulce pero no demasiado y con un toque de fresa, supuse que era de la hermosa morena con quien bailé, me besé y casi follé esta noche. No podía dejar de pensar en ella, no era por el hecho de que era calienta, si no también que me sorprendía que, en mis 26 años de edad, ninguna mujer me había rechazado, ni siquiera en mi adolescencia, y ahora venía esta mujer y me hacía pasar por eso. Además, pensar en esta noche no ayudaba a que mis pelotas azules controlaran sus ganas de liberación. Estaba pensando en llamar a una de las chicas disponibles, esas que no necesitan sentimientos ni compromisos para follar y a la mañana siguiente pueden irse sin crear un drama por ello, ese tipo de chicas eran perfectas para una noche.

Decidí dejar de pensar tonterías e irme a la cama. Di varias vueltas en ella como por una hora hasta que el cansancio pudo más que mis pensamientos y me quedé profundamente dormido.

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—Joder —dije con voz ronca, había dejado las cortinas abiertas así que toda la luz del resplandeciente domingo iluminaba mi habitación, dándome directamente a la cara. Parpadeé un par de veces, rodé sobre la cama e intenté de nuevo conciliar el sueño, lo que, por desgracia, no funcionó. Di un largo suspiro y terminé por levantarme.

Me paré en frente del gran ventanal que tenía en mi apartamento, de verdad lo amaba, porque se podía ver con mucha claridad Central Park a tan poca distancia. Me encantaba mi apartamento, tuve que utilizar mis más grandes arsenales de seducción para que la vendedora, quien tenía muchos interesados en él, me lo diera a mí, pero no me arrepentía. Tenía la mejor vista posible, una cocina y sala de estar impresionantes, seguidos de un comedor muy acorde con mi estilo relajado y, lo que más me gustaba, mi enorme habitaron, que era un muy buen lugar para impresionar a las chicas, aunque la mayoría, por no decir la totalidad, ya estaban impresionadas por quien era o sólo con mi físico, así que esto era sólo algo más para añadir a la lista.

Me di una ducha larga, relajando mi cuerpo. Como tenía un poco de resaca, me coloqué ropa cómoda y me dirigí a buscar mi auto. La cafetería que solía visitar estaba a unas pocas cuadras, cerca de Central Park, un maravilloso lugar para relajarme y tomar una buena taza de café y unas donas.

No había tráfico, así que llegué en tan sólo unos minutos, estacioné y me fui a comprar mi café caliente. Como siempre, estaba Tanya atendiendo, una rubia con senos enormes operados por mis gloriosas manos y tenía la misma sonrisa de tómame, a la que ya estaba acostumbrado. El sexo con ella no era malo, pero tampoco nada del otro mundo, aunque había veces que su boca era una jodida y maravillosa succionadora.

—Hola Edward, tiempo sin verte —comentó ella mostrándome sus senos con un descaro impresionante.

Negué con la cabeza colocando mi mejor sonrisa torcida.

—Sabes, Tanya, que el trabajo me tiene muy ocupado —dije mirando sus senos con el mismo descaro que ella me los mostraba.

—Sí… tu trabajo es tan estresante y duro —replicó con sarcasmo, esmerándose en sobresaltar su voz en la última parte mientras sus ojos se fijaban por un segundo en mi entrepierna.

—Sí, muy duro, tal vez necesite algo que me relaje —murmuré lamiéndome un poco el labio inferior.

Tanya empezó a acalorarse un poco, hasta que alguien detrás de ella carraspeó y ella se enderezó rápidamente, dando por terminada nuestra breve conversación.

Tanya sabía muy bien por qué nuestros breves encuentros habían terminado, por qué ella no era quien me relajaba desde hacía mucho tiempo, tiempo que jamás volvería. Odiaba repetir una vez que todo había terminado, se preguntarán por qué terminamos… por decirlo de alguna manera, ella empezó a decir palabras como te extraño, cariño, te necesito, hasta que una vez me preguntó si la amaba. Hasta ahí llegó todo, yo todavía no estaba para compromisos y, de alguna manera, dudaba que alguna vez estuviera listo para atarme a alguien, pero eso era otro asunto.

Cuando ya tenía mi café y dos donas en mis manos, me senté casi en la última mesa del pequeño café. Me levanté para buscar otra dona, cuando escuché un golpe seco contra la mesa que estaba casi al lado de la mía… Al parecer era una chica, así que fui a ver si se había hecho daño, ya que la había escuchado maldecir. Ella estaba debajo de la mesa, lo sabía porque su teléfono seguía encima de ella.

Le pregunté si se sentía bien, a lo que ella sólo respondió saliendo de debajo de la mesa… Su cara era un absoluto poema cuando me vio, no parecía sorprendía, sino algo mortificada, lo que me hizo descifrar que ella ya me había visto y por eso se había escondido. Cuando vio mi sonrisa arrogante, ella posó en los suyos una sonrisa de superioridad, casi más arrogante que la mía. Doblé mis brazos sobre mi pecho.

—Mira con quién me vine a encontrar... la desconocida ladrona de anoche —comenté.

Sonreí con ganas y ella sólo me dio una respuesta sarcástica de lo imbécil que le parecía y que estaba equivocado o algo así, pero no le presté mucha atención, ya que, no podía negar que, tenía un cuerpo muy follable que me distraía.

Sonreí negando con la cabeza antes de mencionarle que jamás me olvidaría de ese trasero, lo que en realidad era muy cierto. Todavía recordaba mis manos ahí, apretándolo contra mi dureza y, en ese momento, tan sólo quería repetir eso y hacerle callar ese humor sarcástico e irónico que tenía.

Ella se acercó a mí, colocando un dedo en mi abdomen, debajo de donde estaban mis brazos doblados. Musitó un irónico comentario sobre el plástico y mi cerebro, lo que quería decir que ella sabía quién era yo y eso me ponía las cosas más fáciles, o al menos eso pensaba.

Nos quedamos mirando y los segundos no parecían pasar, ella me miraba con la misma hambre con que yo la miraba a ella. No sabía qué demonios me pasaba, yo no solía estar más interesado en las chicas que ellas en mí, pero esta morena tenía la piel tan pálida de un crema delicioso que me provocaba comer, al igual que sus labios… esos labios que ya había probado estaban ahí, igual de carnosos y deliciosos. ¿Y qué decir de sus ojos? Esas esmeraldas verdes que me miraban intensamente mientras nuestras respiraciones se aceleraban.

—Soy Edward Cullen —le recordé de manera seductora.

—Lo sé —mencionó la chica dramáticamente, rodando los ojos con expresión algo mortificada—, pensé que ya habíamos superado la etapa de los nombres.

—Tal vez lo hubiéramos hecho si me hubieras dicho tu nombre.

Lo pensó un momento antes de responder.

—Soy Bella.

—Un gusto, Bella.

Seguimos ahí, mirándonos, mientras el pequeño café iba quedando solo, como todo domingo.

—Bueno… me tengo que ir —musitó ella con una sonrisa.

—Pero si no hemos terminado —dije acercándome más a ella, hasta el punto que la encerré en su pequeño rincón de la mesa contra la ventana que daba al exterior. Me acerqué hasta casi rozar nuestros labios, pero ella apartó su rostro.

—Hey… quédate quieto, Edward Cullen.

Sonreí por el tono dramático con el que dijo mi nombre.

—No parecías pensar eso anoche —repliqué, acercándome más. La quería para quitarme esas ganas de enterrarme dentro de ella, una y otra vez.

—Anoche fue anoche y hoy es un nuevo día. —Sus palabras eran pronunciadas con una calma extraordinaria, mucho más calmada de lo que seguro estaría mi voz.

— ¿Y hoy no quieres besarme? —pregunté sonriendo al mirar como su respiración dejaba su tranquilada por algo más agitado y acercaba sus caderas a las mías.

Se acercó y sólo picó sus labios con los míos, nada comparado con lo de la otra noche.

Sonreímos, ella ya tenía sus manos en mis caderas mientras yo las coloqué a cada lado de su cuerpo.

—Sé que lo puedes hacer mejor —musité con una evidente urgencia en mi voz.

—La cosa es que en este momento no hay nada que me inspire a hacerlo mejor. —Negué rápidamente con la cabeza y me reí.

—Tú siempre tienes una respuesta ácida para todo, ¿no es así?

Bella no respondió, sólo seguía ahí, sonriendo, pero esta vez sus mejillas estaban coloradas, su respiración subía y bajaba lentamente, formando una armonía sensual en su pecho. Entreabrió sus labios, para luego morder lentamente su labio inferior. No pude resistirlo más, así que coloqué una de mis manos en su cuello, acerqué su boca, a la fuerza, a la mía y la besé. Ella estaba renuente al principio, pero cuando mordió mi labio inferior sin ninguna delicadeza, supe que ella y yo estábamos en la misma página.

Éramos sólo jadeos lentos y silenciosos, probablemente muchas de las personas detrás de la ventana veían el espectáculo y no me importó, porque sólo sentía… sentía como ella succionaba mis labios y yo hacía lo mismo con los suyos, como su lengua tocaba delicadamente la mía, pero también bruscamente me acercaba más a ella, sólo sentía y escuchaba su respiración, sus jadeos bajos y acelerados.

Su teléfono empezó a vibrar y sonar en la mesa, retuve sus caderas para que no se moviera.

—Edward —susurró ella al separarse un poco de mis labios.

—No, déjalo sonar. —Jadeé por falta de aire.

—Ya, para, tengo que… ah… —Bella no podía terminar su frase porque mordí su cuello y ella gimió.

Sabía que no era el lugar correcto y, por Dios, ni siquiera conocía a esta chica, yo no solía hacer esto. Era un mujeriego, para qué negarlo, pero jamás lo hacía a la luz del día y procuraba hacerlo con chicas conocidas de mi entorno, de confianza, las que sabía que no harían un espectáculo por haberse enamorado o algo así. Pero ella no se me estaba doblegando y eso me estaba gustando, y mucho.

Bella se separó bruscamente de mí, tomó su teléfono y se sentó, dejándome ahí, con mi frente contra la ventana, respirando con agitación y con un grave problema entre las piernas. Negué rápidamente con la cabeza y me senté al frente de ella.

—Hola, sí… Lo sé, Kate, no… Bueno, iré en un momento, eres bastante molesta, ¿lo sabes? —Bella sonreía sin mirarme mientras respondía su llamada.

Su sonrisa no era esa sonrisa sexy y sarcástica que me dedicó desde que me vio, no, esta era una sonrisa fresca, sincera, de esas que sólo compartes con tus amigos y tu familia, de esas que te hacen sonreír de vuelta. Y lo hice, sonreí por ella, por su sonrisa. Luego pensé lo patético que me vería y cambié a una expresión más distante y arrogante.

—Bueno, Edward Cullen, me tengo que ir… Muy interesante mañana, pero tengo cosas que hacer —explicó tomando sus cosas y parándose a mi lado.

—Puedes darme tu número, para cambiar esta mañana interesante por una noche divertida —propuse, colocando mi sonrisa torcida que sabía que a las chicas les encantaba.

Bella se acercó a mí, hasta tener sus labios casi contra los míos y, sin siquiera tocarlos, me respondió:

—Ni que tuvieras tanta suerte. —Se separó de mí y se marchó, la miré desde la ventana, todavía algo anonadado.

No tomó un coche, así que supuse vivía cerca o no tenía uno, lo cual dudaba. No la seguí porque mi orgullo no me dejó, la verdad jamás había sido rechazado por una chica, así que no sabía qué hacer en esta situación. Dejé que se marchara, tratando de olvidarla, porque definitivamente era mejor, sin ánimos de ofender a nadie, yo era el que jugaba con las mujeres, no ellas conmigo.

Esperé un momento a que mi problema bajara, pagué mi cuenta a Tanya, que me dejó nuevamente su número en mi recibo, y me fui a mi departamento, con el sabor de esa chica todavía en mi boca. Cuando llegué reproduje los mensajes en la contestadota.

Hola hermanito, espero que tu resaca no sea tan grande como la mía. Papá y mamá nos quieren en casa para la cena, no faltes otra vez, sabes cómo se pone mamá, así que deja de ser tan marica y trae tu trasero esta noche.

Rodé los ojos y me tiré en la cama para seguir escuchando los mensajes.

Claro que iría esta noche, mamá siempre quiso mantenernos cerca de casa, no la culpaba, esa es la tarea de una madre, tratar de estar toda la vida con sus hijos.

Cuando crecimos, Emmett se graduó y comenzó a trabajar de abogado, sí Emmett era abogado, uno bueno aunque un dolor de culo la mayoría del tiempo; yo me hice cirujano plástico, así que no teníamos un trabajo en común para vivir en la misma ciudad. Yo decidí quedarme aquí en New York y Emmett se mudó a Filadelfia, no estaba tan lejos pero nos impedía coincidir en las cenas familiares, así que yo dejé de ir tan seguido a casa, igual que Emmett. Pero después mamá enfermó y nos comprometimos a estar más cerca. Emmett consiguió un buffet donde trabajar aquí en New York y yo intentaba ir a cada cena que ella preparaba, pero la mayoría del tiempo no deseaba ir, por no decir siempre. Amaba a mi madre, pero odiaba que me presionara por el tiempo de relación que tengo con cada persona que salgo o que me preguntara cada segundo cuándo me casaría y sentaría cabeza.

Emmett, por el contrario, aunque amaba las fiestas y acostarse con cada chica que le gustaba, era más enamoradizo, sus aventuras terminaban en relaciones de meses que le costaba terminar. Él sí estaba loco por encontrar una chica con la cual sentar cabeza o algo así, no se cuál era el afán, al fin y al cabo, es como estar en prisión, pero con mejor comida y alguien que te presiona y te estresa por todo… Pero allá él y sus locos planes de una familia feliz, yo estaba bien como estaba, tenía todo cuanto podía pedir y querer, ¿para qué complicarme?

Edward soy Alice. Lo sé, lo menos que quieres un domingo es que tu asistente te llame para recordarte el trabajo, pero tienes dos citas para mañana. Y tu madre me ha llamado, ella requiere tu presencia hoy en la noche, una cena nada formal, sólo te lo comunico.

Alice, una enana fenomenal, era mi asistente y, diría, mi única amiga, ya que, aunque era una mujer hermosa y divertida, jamás la vería con más ojos que los de un hermano. Primero porque su esposo era mi mejor amigo y segundo ella era como una pequeña niña berrinchuda. La conozco desde que empecé a trabajar y hemos pasado muchas cosas juntos, ella adoraba a mi hermano y, por lo general, estaba en las cenas que preparaba mi madre, porque mis padres la amaban. Ella no tiene padres, así que siempre ha pertenecido a nuestra familia, lo que siempre nos ha hecho felices desde que la conocimos.

Los mensajes siguientes eran de chicas con las que ya había pasado la página, que no significaban nada, así que apagué la contestadota sin terminar de leer todos los mensajes.

Finalmente, sin darme cuenta, me quedé dormido en un sueño profundo, hasta que mi teléfono comenzó a sonar.

—Hola —respondí todavía medio dormido.

—Edward, llegarás tarde… Mueve tu culo y arréglate, pasaré por ti en una hora. —La voz de Emmett retumbó en mis oídos, tuve que apartar el teléfono de mi oreja por los gritos de ese idiota.

—Puedes calmarte, ya me arreglo —musité colocando mi cabeza de nuevo en la almohada.

—Edward —gritó— sé que volverás a dormir. Mamá te está esperando, hay una sorpresa que tiene que darnos o algo así, no me importan tus excusas… Llegaré en media hora y quiero tu trasero limpio, lindo y reluciente para esta noche, ¿estamos?

Mi hermano pocas veces hablaba en serio y una de esas veces era cuando mi madre tenía sorpresas, porque a él lo emocionaban, aunque a mí me causaban un serio dolor de cabeza.

—Sí, Emmett, tranquilízate… Me bañaré y estaré listo para cuando me vengas a buscar, ¿feliz? —pregunté levantándome de la cama y haciendo una caminata hacia el baño.

—Muy feliz, pequeña cenicienta, pasaré en media hora, recuérdalo. —Colgó y yo dejé el teléfono a un lado para irme a bañar.

Mientras tomaba mi baño no dejaba de pensar en esa chica, me irritaba y a la vez entretenía tanto que fuera tan… digamos, irónica, irritante y sexy. Esos ojos verdes no salían de mi mente y esos labios, Dios, esos labios podían ser la perdición para cualquier hombre, la forma en que se mordía el labio y como acerqué sus caderas a mi cuerpo…

Quería sacármela de la cabeza, de verdad lo quería. Tal vez eso sólo era producto de mis días de abstinencia, tenía una semana sin acostarme con ninguna mujer y eso era un nuevo récord. Podía llamar a Tanya o a Jane, pero ellas eran el tipo de chica que quería algo, promesas, nombres de lo que estaba sucediendo, ilusiones, palabras de amor y eso no estaba en mí… Podía ser un mujeriego, idiota y cabrón, pero siempre era sincero y ellas sabían qué esperar de mí.

Salí de la ducha porque un problemita bastante serio estaba creciendo entre mis piernas y Emmett llegaría pronto, no quería que me encontrara como un precoz adolescente masturbándome por una insignificante chica, no, ¡definitivamente no! Eso le daría material de por vida para torturarme.

Me quité la toalla que tenía en la cadera, caminé hacia mi armario y me puse un pantalón de mezclilla, una camisa a rayas azul, alzando las mangas hasta mis codos, y mis zapatos. Por más que lo intenté mi cabello era un caso perdido, así que sólo pasé mi mano por él y ya estaba listo, justo a tiempo porque el timbre sonó y sabía exactamente quién era.

—Hola, campanita.

—Hola, Emmett —saludé sin ánimos. Mi hermano era muy insoportable, ya estaba tan acostumbrado a todos y cada uno de los apodos que él tenía para mí, que para qué gastar saliva haciéndole caso.

— ¿Qué hacías? —preguntó—. Tengo media hora tocando el timbre.

—Sólo tocaste una vez —mencioné.

—Está bien, si te estabas masturbando eso es algo normal, explorar tu cuerpo y todo eso —dijo cayendo de lleno en el sofá—, pero podías haberme avisado, no quería interrumpir tu hora de amemos a Eddie.

Rodé los ojos y murmuré:

—Me asusta un poco el tiempo que pasas pensando en mi vida sexual.

—Para eso están los hermanos, aunque tu vida sexual ha estado algo deprimente últimamente, ¿no es así, pequeño Eddie?

—Emmett deja de llamarme así, sabes que me molesta, y además mi vida sexual es mi problema, no tuyo. Nos vamos en este momento o te sacaré de mi casa a golpes y no iré a ninguna parte —dije algo irritado.

—Tú sí que eres estresante, deberías tomarte un calmante, tú y yo sabemos que terminarías muy malherido si tratas de sacarme de aquí. Pero ya es tarde y mamá nos espera, después terminaremos esta conversación. —Se levantó del sofá y salimos del apartamento hacia casa de nuestros padres.

Llegamos muy rápido porque Emmett estaba conduciendo como un loco y yo estaba un tanto distraído, así que no le presté mucha atención al tiempo que trascurrió. La casa de mamá no estaba muy lejos de la ciudad, ya que, por el trabajo de Carlisle, mi padre, siempre era necesario ir y venir y se les hacía imposible vivir alejados. Además, a mamá le encantaba estar cerca de nosotros y visitarnos cuando quería.

—Oh… mis niños han llegado. —Mamá le dio un beso a Emmett y otro a mí, nos invitó a pasar. Esme era una mujer hermosa, con el cabello bronce y ojos entre verde y chocolate, una combinación extraña pero preciosa.

—Mi Edward… estás tan delgado, mi pobre bebé… ¿estás comiendo bien? —Emmett no podía evitar reírse y, sin que mamá se diera cuenta, le saqué el dedo.

—Sí, mamá, estoy comiendo bien, aunque cuando Emmett se queda en casa abarca toda mi comida —comenté, ahora riendo yo.

—Hijos, han llegado. —Carlisle, mi padre, era un hombre alto, rubio, con ojos vedes y mirada cálida, al igual que mi madre. Él era uno de los seres que más admiraba en mi vida, tanto a nivel personal como profesional.

—Hola papá. —Emmett se abalanzó sobre él y casi le parte los huesos con el abrazo que le dio, nuestra familia era muy expresiva, amorosa, con ellos era con los únicos que de verdad podía decir que experimentaba cada día la palabra amor.

Papá tosió para que Emmett lo soltase.

—Lo siento —se disculpó mi hermano.

Después de saludarnos, caminamos hacia el comedor que estaba decorado con hermosas rosas, velas y con una vista al jardín increíble. Esme había diseñado esta casa a su gusto y había quedado impresionante. Ella era nuestra diseñadora personal, decoró el apartamento de Emmett y el mío, nuestras oficinas y cualquier espacio que requería su ayuda, aun sin pedirla.

—Mamá ¿hay más invitados? —pregunté al ver la mesa puesta.

—Oh, sí, casi se me olvidaba, estoy tan distraída —dijo caminando hacia el jardín.

Ella salió y llamó a alguien.

—Edward, Emmett, sé que se deben acordar de Garrett. —Esme apareció con mi mejor amigo de la infancia a un lado, seguía tan sonriente como siempre, me acerqué y lo saludé.

—Cuántos años sin verte, sigues igualito, idiota. —Me abrazó y sonrió.

—Sí, muchos años, pequeña sabandija, y Emmett no has perdido tu encanto, Bella durmiente. —Sí, éramos unos locos con apodos ridículos, pero tantos años en la secundaria había sacado lo más idiota de nosotros.

—Sabes que jamás perderé mi encanto —murmuró mi hermano, flexionando sus músculos. Éramos puras risas hasta que alguien carraspeó a nuestras espaldas.

Los tres nos giramos en esa dirección y lo que vi no era posible, de ninguna manera podía tener tan buena o mala suerte, todo al mismo tiempo.

—Chicos les presento a mi hermosa Bella. —Suspiré y la miré riendo, esto sólo me pasaba a mí.

—Hermosa dama, es un placer. —Mi hermano besó su mano y se inclinó como un caballero, le guiñó un ojo como si se conocieran o algo así.

—No te creas nada de lo que diga Emmett, es un idiota —musitó Garrett. Ellos empezaron a golpearse, mientras Bella y yo nos veíamos. Ella tenía un hermoso vestido negro, tacones azules y el cabello suelto, se estaba mordiendo el labio y esa era una clara invitación, era yo el que debía estarlo mordiéndolo.

Después de que Garret terminó su pelea con Emmett, nos presentó sin saber que ya nos conocíamos.

—Bella él es Edward, mi mejor amigo de la secundaria y un idiota la mayoría del tiempo.

—Mucho gusto, Edward —dijo ella y, no sé si fue mi imaginación o en verdad dijo mi nombre con un toque sexy que hizo que una corriente eléctrica llegara directamente a una parte específica de mi anatomía.

—El gusto es mío. —Le sonreí seductoramente, procurando que ninguno de los chicos nos viera.

Nuestras manos se tocaron en nuestro saludo, la apreté suavemente y luego la solté. Había una especie de electricidad, pero Garrett había presentado a Bella como suya, si eran novios o tenían una relación, ella era de esas que tenían novio y se besaban con desconocidos… No me parecía ese tipo de chicas, pero con ellas nunca se sabía.

Mi madre nos invitó a sentarnos, ella se sentó a mi lado derecho y a su lado estaba Garrett. Ellos se sonrieron y algo en mi interior se contrajo, si esta chica resultaba ser una cualquiera no dudaría en decírselo a Garrett. Emmett estaba sentado al frente de Garrett y mamá y papá en la cabecera de cada lado de la mesa.

—Mamá, ¿y la pequeña demonio? —pregunté para distraerme. Tener a Bella ahí, a mi lado, me estaba enloqueciendo. Además, estar respirando ese olor a fresas que ella llevaba en la piel no mejoraba la situación.

—Que bueno que te preocupes por mí —dijo Alice antes de que mi madre me respondiera. Jasper estaba a su lado junto a lo más hermoso que podía existir: Sofía, mi pequeña nena. Ella era la hija de Jasper y Alice, tenía cuatro años, era inteligente, muy despierta y enérgica. Yo era su padrino y la quería como si fuera mi sobrina, por eso soy su tío Edwa, porque aún no lo sabe pronunciar bien. Ella corrió hacia mí al instante que me vio, yo la recibí con los brazos abiertos.

— ¿Cómo está la niña más bella del mundo? —pregunté besando su cabeza y sentándola en mi regazo.

—Mu bien, tío Edwa, mami me llevó a un zoogico.

—Se dice zoológico —la corregí con dulzura.

—Bueno… el zoogico fue supe, ¿po qué no fuiste, tío Edwa? —preguntó haciendo un puchero. Me partía el corazón, era tan linda. Los dos estábamos en una burbuja mientras presentaban a Alice y Jasper con Garrett y Bella.

—Ven, cariño, vamos a comer —llamó su madre. Sofi me dio un besito en la mejilla y se fue a sentar en las piernas de su mamá. Saludé a Jasper y, después de todas las presentaciones, la cena estuvo servida y lista para comer.

— ¿Y, Bella, a qué te dedicas? —Respiré profundo, sonriendo para mis adentros, agradeciéndole a Alice en silencio.

Ella carraspeó, limpió su boca y respondió:

—Ahora trabajo como asistente de editor en una compañía de libros en la ciudad.

—Eso es fabuloso.

— ¿Y tú a qué te dedicas? —preguntó ella.

—Trabajo con Edward, soy su asistente.

Bella, por primera vez, volteó a verme, sonrió con ironía.

— ¿Es un buen jefe? —dijo.

—Bueno… —Miré a Alice con advertencia y todos en la mesa rieron—. Soy su recepcionista, casi ama de casa, estoy pendiente de sus citas para almorzar, cenar, su cabello, salidas con chicas… Digamos que soy su esposa de trabajo. —Al terminar con su discurso, Bella y los demás no podían parar de reír.

—No soy tan exigente —dije evidentemente molesto.

—Claro que sí, casi me pongo celoso con todo lo que Alice hace para ti, pero como eres muy feo para ella no me preocupo —comentó Jasper, yo rodé los ojos.

—Sí que es un jefe difícil —musitó Bella.

—No, no lo soy, sólo me gusta que las cosas salgan como quiero.

—Mi hermanito es toda una princesa consentida. —A veces sólo quería matar al idiota de mi hermano.

—Cállate, Emmett.

—Sólo dije la verdad.

—Ya, niños, cálmense y comamos el postre, lo preparé yo misma… espero les guste —dijo mi mamá sonriendo.

Ya no podía soportarlo más, así que subí mi mano por la pierna de Bella, desde su rodilla hasta su muslo. Estaba atento a todas las conversaciones en la mesa, nadie parecía prestar atención a lo que hacía, ella sonreía y respondía a todo lo que mi padre o alguno de los chicos preguntaban, yo sólo asentía y me concentraba en seguir subiendo.

Apreté un poco mi mano en el interior de su muslo, esperando un momento a ver si ella se alejaba, pero, al contrario, separó más las piernas y se mordió el labio, mientras le contaba a Emmett de un fabuloso club en la ciudad. Ella y Emmett planearon una salida con la novia, sí, novia de Garrett, que resultó ser la mejor amiga de Bella y con la cual vivían. Fui un idiota al pensar que ella era novia de Garrett y lo estaba traicionando o, al menos, pensar en esa posibilidad, pero con ese misterio resuelto nada me impedía tener algo de diversión.

—Espero que la cena y el postre les haya gustado, podemos ir al jardín, es una noche preciosa.

Todos se levantaron y dieron vuelta para ir al jardín, pero yo me acerqué a ella y, casi susurrando, le dije:

—Ve al baño que está arriba, espérame ahí.

— ¿Y por qué debería hacerlo? —preguntó.

—Porque sé que también lo deseas —respondí con seguridad. Que no me detuviera era una clara señal de que ella también lo quería.

Bella sonrió cínicamente y pensé que me diría que no y me mandaría al demonio, pero ella asintió y se disculpó para ir al baño.

Mamá y papá acompañaron a los demás al jardín para seguir charlando, todos estaban encantados con el regreso de Garrett, ya que, al menos mis padres, Emmett y yo llevábamos años sin verlo, desde que salimos de secundaria y él se mudó a Londres por un tiempo. Era como reunirnos de nuevo y con Jasper estábamos completos.

Me disculpé para atender una llamada del trabajo, sobre una paciente. Cuando los perdí de vista, subí las escaleras y toqué la puerta del baño, donde se suponía debía estar Bella.

— ¿Quién es? —preguntó cuando toqué.

—No sé, Bella, ¿quién quieres que sea?

Ella abrió la puerta, se mordió el labio y se alejó, mientras yo entraba y le colocaba seguro a la puerta.

—Fue una enorme sorpresa verte aquí —espeté.

—Me pregunto por qué.

—No esperaba que conocieras a Garrett, pensé que…

Ella se acercó hasta quedar a un paso de mí.

— ¿Qué pensaste?

—Que eran algo más que amigos —confesé, acercándome y colocando mis manos a cada lado de su cadera. Besé su cuello y lo mordí un poco, haciendo que ella jadeara.

Se carcajeó un poco, haciendo que me apretara más contra ella.

— ¿Celoso, Cullen?

—Ni que tuvieras tanta suerte, Bella. —Reí.

Se sentía una tensión abrumadora, asfixiante, sólo quería tomarla ahí, sin pensar en nada, ni nadie. Ella me estaba volviendo loco y eso no era algo bueno, definitivamente, nadie había nublado mi menta así nunca y la sensación era algo nuevo, y no sabía cómo manejarla.

—Creo que ya debemos bajar, nos están esperando —dijo tratando de alejarse de mí. La dejé pero, en cuanto tocó el pomo de la puerta, volví a tomar sus caderas y pegarlas a las mías.

—No te vayas, tenemos asuntos que resolver.

—Alguien está ansioso… ¿no te dieron tu dulce el día de hoy?

¿Por qué nunca podía callar esa boca ácida que tenía?

—No, tal vez tú podrías dármelo —dije bajando mis manos de su cadera hasta el final de su vestido y subiéndolo lentamente.

No podía dejar de besar su cuello, ella tenía su espalda pegada en mi pecho y su trasero presionando mi polla, haciendo que se endureciera y gimiera por la fricción.

—Hey, tranquilo… —Mis manos se presionaron en su piel, no quería alejarme, pero lo hice.

Ella se giró y pude ver el deseo en sus ojos, ella no podía negar que quería esto tanto como yo. Sabía que no era el lugar o tiempo ideal, pero cómo frenar algo que estaba conteniéndome para no hacer.

—No tenemos mucho tiempo —expliqué.

—Tenemos el tiempo suficiente —espetó ella mientras iba subiendo su vestido lentamente por su cuerpo. Su ropa interior era azul de encaje y combinaba de maravilla con su piel pálida.

— ¿Te gusta lo que ves, pequeño Eddie?

Oh… ella no debió llamarme así. Tomé el vestido de sus manos, lo tiré a un lado y la empujé contra la puerta, pendiente de no hacerle daño, pero lo suficientemente fuerte como para probar mi punto.

—No me llames así —dije mientras buscaba sus labios y los mordía con descaro.

— ¿Por qué? ¿No te gusta, pequeño Eddie? —murmuró jadeando.

Tomé su cabello con fuerza

—No, no me gusta. —Puse mis labios en su cuello, me encantaba hacerlo, y hundí mis dientes en su piel, mordiéndola a mi gusto.

—Ah… Edward —gimió.

Sonreí contra su cuello, me encantaba cómo sonaba mi nombre en sus labios.

—Así es como tienes que llamarme, porque ese nombre es el que vas a gritar cuando me hunda una y otra vez en ti. —Quitando mis manos de su cabello, me fui a su espalda, quitando la única cosa que me impedía tocar sus hermosos senos.

Bella tiró de mi cabello cuando quité su brasier y tomé sus seños con mis manos. Se sentían tan perfectos, únicos y cálidos. Mientras los tocaba y pellizcaba sus pezones, ella gemía, así que tuve que poner mis labios en los suyos.

—Sh… debes guardar silencio —dije masajeando sus senos—, porque sino nos descubrirán y eso no es algo que tú quieres, ¿verdad?

Ella no me respondió, así que pellizqué un pezón para que me respondiera.

—Haré silencio —fue todo lo que dijo antes de empezar a besarnos como locos. Ella mordía mis labios con tanta sensualidad, jalándome hacia ella, haciendo que la fricción entre nuestras pierna fuera mayor.

—Separa las piernas. —Bella lo hizo y yo me ubiqué entre ellas.

—Demasiada ropa —musitó, quitando los botones de mi camisa.

No podía soportar tanto tiempo alejado de su piel, no podía perder la oportunidad de pegar sus peques a mi pecho, así que me saqué la camisa por arriba de la cabeza mientras ella desabotonaba mis pantalones y estos caían hasta mis pies.

—Esto también se va —dijo tomando el elástico de mi bóxer y bajándolo lentamente.

Nos estábamos tardando mucho, lo sabía, pero en ese momento ella nubló mi mente. Tener mis manos en sus pechos, ella las suyas en mi abdomen, poder besarla y comérmela como quería… eso me nubló y no me interesó ni el lugar, ni el tiempo, o quién nos podía descubrir.

Sus manos apretaban mis bíceps. Dejé una mano acariciando su pecho, mientras la otra la llevaba a sus bragas, las bajé con una mano, dejándola completamente desnuda ante mí.

No éramos más que piel expuesta, jadeos, gemidos… y eso que aún no había entrado en ella, no había sentido la calidez de entrar y salir y oírla gemir por mí. Apenas rocé mis dedos con su clítoris cuando ella soltó un gemido alto.

—Bella, ¿qué te dije de hacer silencio? —advertí. Mi voz era ronca, jadeaba y me costaba contenerme.

Ella jadeó un poco antes de responder:

—Lo siento, pero…

No pudo terminar la frase porque presioné un poco más mi mano en su clítoris y ella contuvo un gemido.

— ¿Pero qué, hermosa?

—Tenemos que terminar con esto ya —dijo demandante, tomando mi polla en sus manos.

Sumergí un dedo dentro de ella, los dos jadeamos. La besé, succionando sus labios. Ella mordiendo los míos, empezó a acariciarme y, mientras una de mis manos trabajaba en su seno, la otra salía y entraba en ella.

Metí varios dedos, entrando y saliendo de ella. Bella hundió sus uñas en mi bíceps, y la otra bombeaba mi polla con una intensidad increíble. Me encantaba y me enloquecía al mismo tiempo.

—Creo que tenemos que aclarar quién tiene el control aquí —dije, mis dedos entrando en ella con más rapidez.

Gimió y, auque sus ojos estaban fuertemente cerrados, se las ingenió para tomar mi polla con fuerza, llevándola a su entrada y decirme con esa sonrisa ácida que siempre me daba:

—Sí, creo que tenemos que mantener eso en claro —lo dijo con mucha advertencia en su voz jadeante y a punto de gemir, pero con tanta intensidad que, en vez de enojarme, me éxito más.

Por lo general yo era el dominante y el que decía cómo y cuándo sucederían las cosas, pero me estaba dando cuenta que con ella no sería así. Bella no era para nada una sumisa y eso me gustaba, esa fiereza y pelea por el control era algo nuevo y excitante.

Estaba a punto de entrar en ella cuando…

—Tío Edwa, ¿estás jugando al escondite?

Bella y yo nos quedamos congelados, nuestros jadeos se convirtieron en respiraciones pesadas y eso sólo podía empeorar.

—Edward, ¿has visto a Bella?, necesito hablar con ella y Sofía requiere usar el baño. —Alice y Sofía estaban detrás de esa puerta en la que Bella estaba recostada, desnuda, con mi polla tocando su clítoris y a nada de entrar en ella.

Nos miramos. Ella tenía una sonrisa algo cínica. Me vi en sus ojos y mi cara estaba llena de pánico, esto de ninguna manera terminaría bien.


hola chicas, lo se me he tardado mucho pero sucedieron muchas cosas que impidieron que siguiera con la historia, pero aquí estoy y prometo actualizar mucho mas seguido, el siguiente capitulo esta con mi beta y en menos de dos semanas vuelvo a actualizar. espero les guste y opinen que les pareció.