Mala reputación
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Bella POV
Yo no me consideraba una chica mala o perversa, sólo algo realista y juguetona. La vida me había enseñado que sólo tenemos una oportunidad para vivir y de eso depende todo, el antes y el después no importa porque es el presente el que vale.
Después de mi casual encuentro con Edward Cullen fui al apartamento, ya que, supuestamente, Kate y Garrett tenían algo importante que decirme.
Caminé a paso lento, pensando en los labios del plástico Edward… eran tan adictivos, siempre provocando y tentando, pero no era más que eso. Con un chico como Edward siempre era sólo eso, besos y sexo, aunque a la segunda no había llegado y no estaba segura de si valdría la pena llegar.
Dejé de pensar en él, porque así era mejor, no involucrarse, mantener las distancias, y no lo pensaba en forma física, sino en la sentimental. Siempre me había considerado una chica feliz, completa, no me hacía falta que alguien profesara amor por mí para sentirme mejor.
Unos minutos después me encontraba en el sofá del apartamento, junto a Kate y Garrett, quienes no dejaban de besuquearse. Sentía como si su baba me salpicara cada vez que se besaban.
—Espero que me necesiten para algo más importante que hacer un trío en la sala —espeté alzando una ceja.
— ¡Ja, ja, ja!, que graciosa, Bella. No, no era para hacer un trío, aunque sabes que cuando quieras, cariño.
Me levanté para irme, quería dormir y ellos sólo querían fastidiarme.
—Cuando estén listos para hablar, estaré durmiendo.
—Bella —llamó Garrett, me giré y esperé a que continuara, digamos que los días que tenía resaca no era conocida por mi simpatía—, necesito que me acompañes a una cena.
Me volví a sentar en el sofá y lo miré extrañada.
— ¿Por qué no te acompaña Kate? Tengo resaca —dije como excusa. La verdad no quería salir, al otro día tenía trabajo y sólo quería dormir todo lo que quedaba del día.
—Tengo una cita con un proveedor en el trabajo y es a la hora de la cena —musitó Kate en lugar de Garrett.
—Pero tengo resaca —me quejé.
—Bella no seas ñoña.
—No es ser ñoña, Kate, sólo quiero dormir todo el día.
—Eres realmente irritante cuando tienes resaca… Es un gran favor para Garrett, ¿sí? Por favor. —¿Cómo le podía negar algo a ella cuando me miraba tan tiernamente y luego veía con esa cara de boba enamorada a Garrett?
Suspiré resignada y dije:
—Está bien, ¿de qué se trata?
—Es una cena en casa de unos viejos amigos. Sus padres son amigos antiguos de mis padres, estudié con ellos desde la escuela hasta el final de la secundaria. Cuando me fui a Londres perdimos el contacto, hasta que ayer llamó mi madre y me avisó que ellos están viviendo aquí y Esme, su madre, quería invitarme a cenar.
—Sí, está bien, lo entiendo, reunión familiar y todo eso… Lo que no entiendo es en qué parte de la historia entro yo —espeté sin entender.
—Sólo quiero que me acompañes y los conozcan, espero y anhelo que ellos vuelvan a mi vida y ustedes son mi única familia aquí. Así que me parece bien que se familiaricen con ellos, sé que te agradarán mucho. —Bueno, estos, definitivamente, no eran mis planes para este día, pero con las palabras cursis y tontas de Garrett no me quedaba más remedio.
Rodé los ojos de mala gana.
—Iré… no es lo que tenía planeado para hoy, pero cambiaré mis planes.
Kate brincó de las piernas de Garrett a las mías.
—Gracias, nena.
—De nada. Esto hace que me debas una grande, señorita. Ahora… ¿será que puedo ir a dormir? —pregunté de manera solemne.
Ella se levantó de mis piernas y asintió frenéticamente, me reí y miré a Garrett.
— ¿A qué hora es? ¿Qué ropa debo llevar?
—Tranquila, Bella… es una cena informal, así que con un vestido sencillo quedarás perfecta. Te recogeré a las seis.
Asentí estando de acuerdo y me fui a mi habitación, dejando a los tórtolos. Me tiré en la cama y mis ojos parecían desearlo con fuerza, porque se cerraron de manera inmediata.
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El día de hoy no había sido para nada productivo. El encuentro con Mister Plástico sólo me había dejado excitada y estresada. Odio contenerme de tener algo que quiero y sí quería a Edward Cullen, en mi cama o sofá, piso, pared, donde fuera, pero entre mis piernas, lo que era algo fácil de hacer viendo que él quería lo mismo. Lo complicado era que me resultaba jodidamente excitante y divertido burlarme de él y negarle algo que, probablemente, jamás le negaron.
Me levanté algunas horas antes de que Garrett viniera a recogerme. Miré mi computadora con inquietud y me decidí a investigar un poco sobre algo que me interesaba y, ese algo, tenía nombre y apellido: Edward Cullen. Tecleé y esperé los resultados, que fueron muchos. Hice clic en el primero y había mucho contenido sobre él.
Edward Cullen con tan sólo 26 años se ha convertido en uno de los más famosos y prometedores cirujanos plásticos del país. Trabaja en la clínica de su padre y se ha abierto paso, rápidamente, en el mundo estético.
Seguí bajando, porque decía muchas cosas y debía irme a bañar. Garrett no tardaba.
Bla, bla, bla, bla… hasta que llegué a la parte importante: el chisme.
Tiene una reputación de mujeriego. Se le ha emparejado con muchas personas famosas, actrices, pacientes y con las chicas más ricas de la cuidad, pero jamás se ha confirmado o negado ninguna relación. La respuesta de Edward en una entrevista, cuando se le preguntó sobre el tema, fue: "Estoy muy joven para comprometerme en una relación, creo que la vida es muy corta para pretender amar a alguien por siempre, si puedes pasar tu tiempo conociendo a muchas personas". Cuando se le preguntó si su relación con Vitoria Wesley era una relación abierta y liberal, él se mantuvo sin comentarios.
Al parecer Edward Cullen es un chico de muchas facetas, así como de muchas chicas. Pero cuando eres uno de los hombres más ricos y cotizados de la ciudad no te puedes privar para una sola mujer y, al parecer, Edward cree lo mismo.
Al terminar de leer la información sonreí feliz. Edward podía ser un juguete muy divertido o demasiado peligroso, dependiendo de cómo lo mirara. Podíamos ser iguales en cómo nos tomábamos nuestras relaciones, pero digamos que, para mí, los polos iguales no se complementan, sólo se complican, ya que, ser como yo era no era nada fácil.
Apagué la computadora y la dejé en la cama.
Me fui a dar un baño y, en el proceso, después de investigar tanto sobre él y tener su sabor todavía en mi boca, me sentía sensible, deseosa y excitada. Salí de la tina antes de que lo que pasó la otra noche y esta mañana hiciera que empezaran a surgir recuerdos que no me ayudarían en nada. Yo no era de esas chicas que se masturbaban o jugaban con un vibrador de plástico, ¿para qué hacerlo si hay tantas pollas ricas y disponibles por ahí?
Me coloqué un vestido negro, sencillo, sólo unos dedos encima de las rodillas y acentuando mis pechos. Me puse unos tacones azul metálico de gamuza, que me encantaban, solté mi cabello y me maquillé lo mínimo. Coloqué algo de perfume por aquí y por allá, y en sólo unos minutos más ya estaba lista. Salí a la sala y, en una mesa al lado del sofá, había una nota.
Me iba a despedir antes de irme, pero estabas profundamente dormida y tenía prisa. Pásala genial esta noche y después me das el reporte completo. ¡Compórtate, perra!
Con amor, Kate.
Rodé los ojos, como si no supiera comportarme, debería recordarle que ella era la loca y lunática en esta hermosa amistad. El timbre sonó y supe que debía ser Garrett, así que me apresuré a abrirle.
—Hola, hermosa —saludó.
—Hola, guapo y sexy hombre.
—Sí eres tonta —comentó.
—Y tú sexy, bebé —dije batiendo mis pestañas, no pudimos evitar reírnos.
Tomé mi abrigo para poder irnos, supuse que Kate le había avisado que se fue porque no me preguntó si seguía en casa.
—Cuéntame, ¿qué tal es esta familia? —pregunté cuando ya estábamos en camino.
—Son excelentes, los Cullen son una familia genial, los…
— ¿Los Cullen? —pregunté extrañada, tal vez había escuchado mal.
—Sí, los Cullen, ¿acaso los conoces? —Pensé en contarle a Garrett sobre la otra noche, pero si era tan amigo de ellos no me parecía lo más indicado, al menos no en este momento.
—No —mentí con descaro, evitando verlo directamente—, sólo creo haber escuchado ese apellido antes.
—Bueno… Como te decía, los conozco desde que era un niño. Esme y Carlisle son personas cariñosas y cálidas, sé que te encantarán, al igual que los chicos. Ellos son unos idiotas la mayoría del tiempo, pero ese es parte del encanto. —Yo sólo sonreí, asintiendo a lo que me decía.
Esto era, sencillamente, algo muy extraño y no podía ser una simple coincidencia, recuerdo que cuando investigué leí el nombre de su padre y decía muy claro Carlisle, en definitiva esta no era una coincidencia.
Unos minutos después estábamos afuera de una casa extraordinariamente hermosa y elegante, que me dejó sin palabras. Ellos sí que tenían dinero, sólo esperaba y rezaba que no fueran unos estirados.
Garrett me sonrió antes de tocar la puerta. Respiré relajándome, esto no podía ser malo, sólo conocería a la familia del chico con el que me restregué esta mañana, nada más y nada menos.
Una hermosa y sonriente mujer abrió la puerta inmediatamente. Quise sonreír y no sabía por qué si apenas la conocía, pero esa sonrisa, sí esa sonrisa, la había visto en los labios de otra persona.
—No lo puedo creer… Oh, mi pequeño Garrett, cuánto tiempo. —Ella lo abrazó como una madre abraza a su hijo, me sentí un poquito rara y me hizo extrañar a mis padres.
—Sí, ha pasado mucho tiempo, tía Esme —comentó Garrett besando su mejilla
—Qué descortés soy —dijo ella, mirándome—. Soy Esme, un gusto.
—Soy Bella, y el gusto es mío —respondí con una sonrisa sincera en mi rostro.
—Esme esta es mi hermosa Bella, la mejor amiga de mi novia y como una hermana para mí —explicó Garrett con sinceridad.
—Bueno, si eres familia de Garrett eres más que bienvenida en mi familia. Pero pasen, no nos quedemos aquí.
Entramos a la casa de Esme, que era la más hermosa y exquisita casa que había visto en mi vida; la decoración era sublime y ligera, con rosas hermosas en cada esquina, impregnando un olor divino en el ambiente.
—Hermosa casa, Esme.
—Gracias, querida, me tomó años dejarla como quería, pero valió la pena el resultado.
Caminamos un poco más, mientras yo seguía observando todo a mi alrededor.
—Carlisle —llamó Esme cuando estábamos en la sala.
Un hombre rubio, alto, con ojos azul claro y sonrisa amigable, apareció en la sala.
¿Es que todos los Cullen son extremadamente hermosos o qué?, pensé.
—Tío Carlisle.
—Garrett ya eres un hombre, ha pasado tanto tiempo. ¿Cómo sigue tu madre? —preguntó dándole un abrazo.
Garrett agachó la cabeza y sonrió con pena. Su padre había muerto hace dos años, fue algo muy duro, pero por suerte siempre tuvo el apoyo de su madre, de Kate y el mío, no fueron tiempos fáciles pero supimos ayudarlo a salir adelante.
—Lo lleva bien, tanto como podría hacerlo —respondió sincero.
Carlisle asintió con pena y nos dedicó una sonrisa.
—Tío te presento a Bella, es mi amiga, casi mi hermana.
—Un gusto, Bella —dijo el hermoso hombre tomando mi mano. Suspiré para mí, sin poder evitarlo.
—El gusto es mío, señor Cullen.
—No, por favor, no me digas señor, me haces sentir demasiado mayor —dijo entre risas—, dime sólo Carlisle.
—Está bien, Carlisle.
Al terminar de presentarnos, Esme nos avisó que los chicos, es decir, sus hijos, no tardarían en llegar. Salí un momento afuera, vi un hermoso jardín, así que me acerqué para verlo, seguida por Garrett.
— ¿Y qué tal hasta ahora? —preguntó. No me giré a verle, sólo me quedé observando las flores.
—Son personas muy amables y cálidas, me agradan.
— ¿En serio? —preguntó alegre.
—Sí, sexy baby, me agradan —dije girándome y encarándolo.
—Me alegra mucho saberlo, verás que amarás a los chicos también.
Bueno eso lo ponía en duda, pero no le diría eso a Garrett.
—Espero que sí.
—Garrett, Bella, los chicos llegaron —Esme nos llamó y yo suspiré pesadamente, la función estaba por comenzar.
Garrett se adelantó para entrar a la casa, yo me quedé un poco atrás, dejando que él saludara, golpeara y tontera con Edward y, suponía, que el otro era su hermano, aunque no se parecían en nada; el otro chico era mucho más grande y con una sonrisa casi congelada en su boca. Carraspeé cuando había pasado un tiempo y los tres voltearon a verme.
Él me miraba y yo no podía evitar hacer lo mismo, se veía tan… ¿cómo decirlo de una manera decente?: comestible, follable y mucho más. Me mordí el labio y, sin que nadie se diera cuenta, junté un poco mis piernas.
Garrett me presentó a Emmett, ese era el nombre del chico enorme, que se me hizo familiar. Él tomó mi mano presentándose y, al decirme hermosa, me guiñó el ojo, entonces todo tuvo sentido, él era el chico de la discoteca, al que le di el teléfono de Edward, él lo sabía y yo también, pero ninguno de los dos dijo nada y era lo mejor.
Cuando tocó el turno de que me presentara a Edward todo fue tan sexy, cómo él me miraba, cómo tomó mi mano y la apretó suavemente, y yo dije su nombre con un toque sexy, todo eso hizo estragos en mí, lo quería en ese momento con muchas ganas.
Nos sentamos en la mesa y Edward preguntó por alguien, un demonio o algo así. No entendía hasta que una chica llegó y le contestó, supongo que ella era la pequeña demonio.
—Qué bueno que te preocupes por mí —dijo risueña y alegre, llegando al comedor. A su lado se encontraba un chico rubio de ojos azules y cabello rubio, este era el chico que había visto esa noche, al parecer, había conocido parte de esta familia antes que ellos a mí.
Una hermosa niña con cabello negro, ojos azules y enorme sonrisa, salió de la nada y se abalanzó sobre Edward diciéndole tío. Era tan hermoso como Edward la trataba, parecían tener su propio mundo. Al menos ya sabía que sí había una mujer en su vida a la que él amaba, porque el amor que tenía por ella era obvio, sus ojos lo delataban.
—Alice, Jasper, les presento a Garrett, un amigo de la infancia, y Bella, su mejor amiga —presentó Emmett.
—Un gusto, Alice. —Le di la mano—. Un gusto, Jasper. —Y a él también le di la mano, lo que de igual manera hizo Garrett
—Me encantan tus zapatos, son hermosos —comentó Alice.
—Lo sé, un regalo de mi mejor amiga que apreciaré siempre —musité apreciando mis hermosos zapatos.
Alice llamó a su bebé, que se llamaba Sofi, para que se sentara a comer. Ella le dio un beso a Edward en la mejilla y se fue al lado de su mamá y su papá, pero antes saludó a Emmett lanzándole un beso, que él le devolvió.
En la mesa se planteó una amena conversación acerca de a qué me dedicaba y a qué se dedicaba Alice, lo que hizo que me enterara de que trabajaba para Edward y yo supuse que no sería fácil, así que lo pregunté:
— ¿Es un buen jefe?
Ella se quedó pensando durante un momento, por lo que los demás no pudieron evitar reír. Ella empezó a decir todo lo que hacía por él; me quedé bastante sorprendida y me sentí algo identificada, porque cuando yo empecé con James también era así, sólo que yo no lo hacía por gusto, sino porque me quería ganar a ese estúpido idiota para que me subiera de puesto.
Edward se quejó diciendo que no era tan exigente y haciendo un puchero. En el proceso lo estaba mirando de reojo y no pude evitar morder mi labio, porque quería desesperadamente morder el suyo.
—Sí que es un jefe difícil —comenté graciosa.
A lo que él respondió:
—No, no lo soy, sólo me gusta que las cosas salgan como quiero.
Su tono me indicaba que no sólo estaba hablando de su trabajo o su rol como jefe, algo en su tono me indicó que él, por lo general, era el jefe en la cama, el macho alfa y dominador. Eso estaba mal, por un lado, porque a mí no me gustaba ser dominaba y, por el otro, estaba bien porque sería muy divertido tratar de dominarlo.
Emmett y Edward comenzaron una pelea divertida, esta familia era muy rara. Me gustaba cómo se trataban, sabía que sus palabras no eran realmente para lastimar, sino para divertirse entre ellos, muy parecido a lo que hacíamos Kate y yo.
Estaba sonriendo y riendo con las diversas conversaciones que se planteaban en la mesa, cuando sentí una mano subiendo en mi pierna. Sabía con exactitud de quién era esa mano, que subía lentamente y me estaba matando. Tenía que concentrarme mucho para responder las preguntas que me hacían.
—Bella, ¿y tus padres viven aquí contigo? —preguntó Carlisle.
—No, mis padres viven en pequeño pueblo llamado Forks, tienen una vida tranquila.
—Sí, la vida de la ciudad puede ser estresante —musitó Esme—, por eso vivimos algo más alejado de todo el alboroto, aunque no mucho por el trabajo de Carlisle y no me quiero alejar de mis niños.
—La verdad es que Emmett no puede vivir sin su mami cerca —dijo Jasper.
—Oh, vamos, la pequeña muñeca de porcelana dice eso porque mamá está más pendiente de él que de nosotros, no reclames tanta atención —musitó Emmett.
Me reí.
—Emmett, al parecer le tienes apodos a todos. ¿Cuál es el tuyo?
—Tal vez el gran idiota —espetó Jasper.
—O el más sexy bombón —comentó él alzando las cejas y luego siguió—: Bella, ¿a qué club sueles salir? —preguntó con un indicio de broma en sus ojos. Él sabía que yo sabía que él sabía de esa noche.
—Bueno, Emmett, me gusta uno muy bueno que abrieron oficialmente anoche. ¿Has oído hablar de Éxtasis, creo que se llama?
Él se rió y dijo:
—Sí, me han dicho que es bueno, aunque hay muchas chicas locas ahí.
—Sí, tan locas que no tienes idea —musité.
Edward seguía subiendo su mano por mi pierna hasta llevarla al interior de mis muslos y apretar suavemente ahí. Mordí mi labio y separé un poco más las piernas, esto no era lo ideal, además de ser peligroso, pero había algo muy divertido en hacerlo.
—Podemos decirle a Kate que planee una salida con todos, ella es buena en eso —dije más para mí que para los demás.
— ¿Quién es Kate? —preguntó Alice.
—La novia del bobo de Garrett —musité sacándole la lengua cuando me vio—, y mi mejor amiga. Está trabajando, por eso no vino —expliqué.
— ¡Qué bien!, deseo conocerla —espetó Alice con entusiasmo—. ¿Desde hace cuánto la conoces?
—Desde que éramos unas niñas y ahora vivimos justas.
—Que bien, en esta ciudad es algo difícil conocer buenas amigas —comentó algo triste.
—Puedes reunirte con nosotras —propuse, porque, la verdad, me agradaba mucho Alice.
—Sería genial, gracias.
Esme nos invitó a salir al jardín, ya que, la cena había terminado. Todos se levantaron y caminaron afuera, entre charlas me disponía a hacer lo mismo cuando Edward se acercó a mí.
—Ve al baño que está arriba, espérame ahí —susurró en mi oído.
Levanté una ceja y le pregunté por qué debería hacer eso, a lo que él me contestó con lo evidente e inevitable: yo también lo deseaba.
Sonrió con cinismo y pensé en mandarlo al demonio, pero estuve de acuerdo y me disculpé para ir al baño.
Estaba en el baño mirándome en el espejo y respirando con dificultad. Quería tener a Edward, pero no así, ni ahora. ¿Cómo daba marcha atrás?, ¿cómo le demostraba a él que no sería una más de las simples chicas?, ¿que yo era más deseable, buena y excitante?, ¿cómo volvía a Edward Cullen adicto a mí?
Me reí y le mandé un mensaje a Garrett diciéndole que le dijera a Alice que necesitaba hablar con ella, sabía que se intrigaría y que, en pocos minutos, me buscaría; porque, seamos sinceros, si le das a un niño un juguete cuando lo quiere o pide, se aburrirá rápido y será como con los otros juguetes: insignificantes. Pero si le das un incentivo y lo dejas deseando más, se obsesionarán y lo querrán con tanta fuerza que harán cualquier cosa por conseguirlo. Yo era ese tipo de mujeres, me gustaba ser adictiva, me entretenía llegar a ver hasta dónde era capaz de llegar por mí.
Edward tocó la puerta y lo dejé pasar. Lo siguiente que sucedió fue confuso, excitante y para nada lo que esperaba. Yo quería dejar a Edward con las ganas, no a mí también. Éramos besos, peleas de palabras y gemidos que no lograba controlar, él quería tener el control, pero así él me llevara a lugares lujuriosos y excitantes, la que tenía el poder era yo; y lo dejé muy claro, tomando su polla con fuerza y sin vergüenza, acercándola a mi entrada.
Tenía que parar, lo sabía, sino esto se saldría de control, pero eran tantas emociones… Esa pelea por el control me excitó más de lo que creía posible y sus dedos largos y firmes en mi interior no mejoraban las cosas.
Estaba por rendirme, por dejarlo entrar en mí y hacer estragos con mi cuerpo, pero la pequeña Sofía tocó la puerta, llamando a su tío. Por un momento nos quedamos quietos, controlando nuestras respiraciones.
Alice también estaba detrás de la puerta, preguntó por mí y no pude evitar sonreír. Esta, definitivamente, no era la manera en la que quería que me encontrara, pero ella fue la alarma y advertencia de que debía detenerme. Por un momento, Edward había nublado mi mente, pero ahora sabía que esto no podía volver a suceder.
Le hice una señal a Edward poniendo mi dedo en sus labios para que guardara silencio, me acerqué a su oído y susurré:
—Dile que te sientes mal del estómago o algo así y que no me has visto.
Él asintió, separándose de mí.
—Alice creo que la comida de mamá me cayó mal —dijo Edward, mientras nos colocábamos la ropa en silencio.
— ¡Qué mal!, tendré que ver qué le colocó, no quiero que Sofía se enferme —comentó ella con cierta alarma en su voz—. ¿Has visto a Bella? —preguntó nuevamente.
Edward me miró con diversión y yo le devolví la mirada con advertencia. Él negó con la cabeza, tranquilizándome.
—No, ¿qué Bella?
—Bella, la chica que vino con Garrett, es hermosa, ¿cómo no pudiste ver? —musitó Alice.
—No lo sé, es muy simple —dijo Edward ganándose un golpe en el brazo, por lo que siseó.
—Veo que te sientes muy mal, te dejaré. —Alice había malinterpretado el siseo de Edward, lo que nos resultó muy bien—. Vamos, Sofía, tío Edward bajará en un momento.
Ya estábamos vestidos y ahora esto era algo raro. Él se acercó y yo me alejé, alzó una ceja en forma de pregunta.
—Esto —dije señalándonos— estuvo algo fuera de control y no volverá a pasar.
— ¿Estás segura de eso? —preguntó dando pasos hacia mí.
—Muy segura.
Él se acercó tanto que sus manos quedaron a cada lado de mi cuerpo, con sus labios casi tocando los míos. Él no acortó esa distancia y yo tampoco lo hice.
—No me gusta la manera que me dejas a medias siempre —susurró bajito, casi tocando mis labios cada vez que hablaba.
Rodé los ojos.
—Pensé que te encantaba, como un incentivo.
—Oh… Bella —ronroneó—, estás jugando con fuego.
— ¿Y eso es malo? —pregunté ahora mirando directamente sus ojos.
Me mordió el labio inferior sólo un poquito antes de volver a su posición de casi rozarlos.
—Depende.
— ¿De qué?
—De que te puedes quemar. —Coloqué mi mano en su abdomen, empujándolo hasta alejarnos de la puerta, pero permaneciendo unidos.
—Tal vez —jadeé—, sólo tal vez, me quiera quemar. —Mordí su labio con fuerza y, sin dejarlo intensificar el beso, me alejé completamente, abriendo la puerta y saliendo rápido.
Miré a cada lado del pasillo para asegurarme que nadie me había visto salir del baño. Bajé las escaleras con total normalidad y, sin prisa, llegué al jardín donde todos los chicos estaban sentados en unas hermosas sillas que daban al jardín, pero sin estar en él. Era sumamente hermosa la manera en que esta casa estaba construida.
—Bella, ¿dónde estabas? Alice te estaba buscando —preguntó Garrett inspeccionándome de pies a cabeza.
—Estaba haciendo algunas llamada a… James… ya sabes, mañana tengo trabajo. —Entrecerró sus ojos hacia mí.
Él sabía que había hecho algo y, al final, como todo en mi vida, tendría que contárselo y no sabía cómo iba a reaccionar.
—Bella, te estaba buscando —llamó Alice a mis espaldas con su pequeña niña.
—Hola, nena —saludé a Sofía.
—Eres mu linda —comentó ella.
—Y tú eres hermosa y adorable —dije con sinceridad—. Lo siento, Alice, estaba haciendo algunas llamadas de trabajo —me excusé mintiendo.
—Ya tenemos que irnos —anunció Jasper, tomando a Sofía en sus brazos.
—Bella, Garrett, un gusto conocerlos —comentó Alice y Jasper asintió mostrando su acuerdo.
—El gusto fue mío.
Nos despedimos y Alice pidió que la despidieran de Edward, quien se sentía tan mal que aún estaba en el baño. Me pregunté qué estaría haciendo y aguanté las ganas de reír.
Alice y Jasper se fueron con la pequeña Sofía despidiéndose de sus abuelos, como llamaba a Carlisle y Esme. Ellos también se disculparon, pero estaban cansados; se despidieron de nosotros y Esme dijo que iría a ver cómo seguía Edward. La alenté para que lo hiciera, diciéndole que la salud era lo más importante.
Sólo quedamos Emmett, Garrett y yo.
Mi teléfono sonó, lo saqué de mi cartera y vi el mensaje que me había llegado, mientras Emmett y Garrett se ponían al corriente.
Un pequeño grito salió de mi garganta, lo que hizo que los chicos voltearan a verme.
—Bella, ¿qué pasó? —preguntó Garrett preocupado.
—No sabes quién volvió a Estados Unidos, a esta ciudad, más específicamente —dije extasiada.
—Bueno… ya que no puedo leer la mente diría que no, no sé quién.
—Pasaré tu sarcasmo por alto y te diré es… Travis, él está aquí.
La emoción en mi voz era evidente.
— ¿Quién es Travis? —preguntó Emmett algo intrigado. Mi hermanito rodó los ojos con cansancio, sabía lo que iba a decir.
—Bueno, es el…
—Hola chicos —saludó Edward mientras se unía a nosotros.
Él y Emmett compartieron una mirada silenciosa y Emmett sonrió.
—Edward, Alice nos dijo que te sentías mal… creo que al bebé le hace falta el cuidado de mamá.
No pude evitar reírme y él me miró.
— ¿De qué estaban hablando? —dijo evitando los comentarios de su hermano.
—El novio de Bella vuelve al país —musitó Garrett y lo miré mal.
—No es mi novio.
—Pero se comporta como tal —comentó él, sin ganas.
Sabía que Garrett odiaba a Travis, pero en ese momento no me importaba.
—Deberíamos salir todos alguna vez y conocer a tu novio —dijo Edward. Su voz estaba cargada de algo parecido a los celos, aunque inmediatamente deseché la idea, él no tenía por qué tener celos, era algo ilógico. Además no me interesaba cómo él se sintiera, Travis volvía y eso me ponía las cosas con Edward mucho más complicadas, porque Edward era sólo un chico con el que me estaba compenetrando más de lo esperado, mientras que Travis… él era ardiente, un chico marcado con tatuajes y actitud relajada, el tipo de chico por el cual rompes las reglas.
Hola chicas, gracias a todas por su apoyo, comentarios y alertas.
