Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.

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Rompiendo una Promesa

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Las chicas buenas van al cielo,

las malas a donde ellas quieran.

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— ¿Qué diablos fue eso, Bella? preguntó Garrett cuando estábamos en el estacionamiento de nuestro apartamento.

Lo había visto contenerse desde que salimos de la casa de los Cullen, pensé que dejaría pasar las cosas, no que le afectarían, al menos no de esta manera. Sí, sabía que probablemente no debí hacer eso con Edward, sobre todo por Garrett, porque ellos eran amigos y lo menos que quería era complicar las cosas.

—No es para tanto, Garrett, además no sabía que él era tu amigo. Bufé restándole importancia.

— ¿No es para tanto, Bella? —exclamó molesto—. Mira, no me meto en tu vida aunque sabes lo que pienso sobre ella.

Lo miré mal, ¿qué demonios quería decir con eso?

—Quiero decir que te acuestas con quien quieres y luego los botas; y está bien, es tu problema. Pero estábamos en casa de los mejores amigos de mis padres, prácticamente me crié con ellos y los irrespetaste dijo entrando al ascensor, lo seguí.

Cerré los ojos con fuerza para luego abrirlos y mirarlo.

Lo siento, ¿está bien? No debí hacerlo, fue irrespetuoso y de mal gusto, de verdad lo siento.

—Bella, yo te adoro, eres como mi hermana y de verdad quiero que mis amigos y tú se lleven bien y eso no pasará si pasa algo con Edward y terminan mal, alguien saldrá herido comentó.

—No es como si nos fuéramos a enamorar musité.

Él levantó una ceja.

Eso crees ahora.

—Apenas nos conocemos, es decir, lo conocí ayer en la noche… Y viene Travis dije como si eso lo arreglara todo.

—Oh... cierto, viene Travis, con él se solucionará todo. Bufó.

—No entiendo por qué lo odias, él no tiene problemas contigo.

—Bella, él es ese típico chico… —Llegamos a la puerta del apartamento y seguía sin entender el punto de esta conversación.

— ¿Qué típico chico?

—Ya sabes el chico con postura relajada y actitud de chico malo que se cree el más interesante, pero tan sólo es un idiota explicó. Entré al apartamento, tiré mi abrigo en el mueble y me giré para verlo.

—Mira, lo prometo, ¿está bien? Prometo no acostarme con Edward o hacer nada para dañar su relación, pero, simplemente, no me alejaré de Travis por lo que tú pienses de él. El tono de mi voz se había subido un poco.

— ¿Sabes, Bella? Haz lo que quieras, es tu vida, tu problema.

—No sé por qué te comportas como un idiota. Sí, lo que hice no estuvo bien, pero ya, hasta ahí… no sé cuál es tu puto problema repliqué obstinada.

—Olvídalo espetó.

— ¿Qué está pasando aquí? preguntó Kate al salir en pijama de su habitación.

—Nada respondí—, sólo que tu novio se comporta como un idiota.

Sin dejar que Garrett dijera nada más o Kate pidiera explicaciones, caminé hasta mi habitación y cerré la puerta con un golpe fuerte, pasándole el seguro.

Me tiré a la cama boca abajo. No tenía ganas de cambiarme o levantarme de ahí, sólo quería quedarme un rato acostada, descansando de todo esto.

Nunca había discutido con Garrett, siempre llagábamos a acuerdos o eran conversaciones civilizadas, pero hoy no sabía qué le pasaba, joder, no tenía ni puta idea de qué bicho le picó para que se comportara así. Además del evidente odio que tenía hacia Travis, nunca se habían llevado bien, pero ahora esto era llegar al extremo.

—Bella llamó Kate a la puerta.

—Déjame en paz, no quiero hablar contesté.

—Vamos, Bella, yo...

—Kate, en serio, hablaremos mañana, hoy no... Sólo necesito dormir.

Ella pareció entender, porque no volvió a llamarme después de eso.

Me levanté sin ganas, coloqué el agua a temperatura tibia en la tina y me metí. Mi teléfono había quedado a un lado, encima de una mesita mientras se escuchaba una música suave de fondo.

Cerré los ojos y descansé la cabeza en la tina, relajándome con la esencia de fresa y uva que había puesto en el agua. No quería pensar en esa noche, en nada, en realidad, pero mi cuerpo reaccionaba diferente el recordaba los dedos de Edward, sus besos, esa lengua… sí, esa lengua que podía llevar a la locura a cualquiera. Respiré profundo.

Se lo prometiste, Bella, le prometiste a Garrett que no te acostarías con Edward…

Lo sabía, mi mente estaba al tanto, pero mi cuerpo… Bueno, él tenía otros planes, él no se quería olvidar de eso, sólo quería dejarse llevar un poco.

Yo no era de las chicas que se contenían, si quería algo lo obtenía, pero esta vez estaba la amistad de Garrett y hasta Kate en medio y jamás arriesgaría eso por un acostón con alguien que no valía la pena.

Mi teléfono sonó, resoplé. Se suponía que estaría relajada, ¿quién quería joderme más la noche?

Lo tomé sin ver el identificador.

— ¿Quién es? —pregunté.

—Veo que no estás de humor, tal vez debería llamarte después. —Su risa escandalosa me hizo reír.

—Tú siempre tan perceptivo, Travis —comenté.

Él se echó a reír.

—Claro, cariño, te conozco lo suficiente como para saberlo.

Travis Colton era, sin duda, el chico más relajado, divertido y, digamos, uno de los más sexys con los que había estado. Lo conocía desde que Kate se fue de Forks, cuando me sentía algo sola, no era una chica tímida y tenía muchos amigos, pero no se sentía igual hasta que llegó Travis. A mis padres no les gustaba, sobre todo por todo lo que decían de él, además los tatuajes y que se la pasara en moto no mejoraba las cosas. Pero, contra todo pronóstico, nos hicimos amigos desde ese momento hasta ahora; fueron muchos momentos, demasiada historia.

—No, no estoy de mal humor, sólo ha sido un largo día. —Me acomodé más en la tina, masajeando con mi mano libre mis piernas y relajándome.

—Que mal que no estoy para relajarte —musitó.

Me mordí el labio y reí.

—Sí, está del asco.

—Pero pronto lo estaré.

—Sí, me llegó tu mensaje, me alegra que te dignes a volver —dije sin interés, pero muy emocionada por su regreso.

—Fuiste tú la que me pidió que me fuera, ¿lo recuerdas? —recalcó.

—Y tú sabes perfectamente la razón por lo cual lo hice.

— ¿Para qué pensar en eso? —exclamó—, nadie recuerda los orgasmos pasados sólo los presentes y anhela los futuros.

Me carcajeé.

—Contigo todo es sexo, ¿verdad?

—No lo niego, por eso nos llevamos tan bien, Bella, porque tú eres igual a mí —respondió.

Torcí el gesto.

—No somos iguales y lo sabes.

—Claro que no, yo soy mejor. —Rió.

—Eres un idiota. ¿Cuándo vienes a visitarme? —pregunté.

— ¿Ansiosa por verme? —musitó con gracia.

—Sabes que las ansias yo siempre las calmo.

—Iré en dos semanas, a más tardar. Ahora estoy en Los Angeles terminando unos negocios, luego iré a visitarte, tal vez podemos divertirnos —dijo sin apuro.

Travis y yo teníamos algo así como un trato: si uno llegaba donde estaba el otro y este tenía una relación, lo que nunca pasaba con nosotros dos, entonces esa persona no podía meterse en esa relación; pero si no teníamos nada serio, ahí sí. Por lo general destruíamos nuestros cuerpos de tanto sexo cada vez que nos juntábamos.

Éramos muy diferentes en nuestra manera de pensar sobre la vida, familia o amigos, pero en cuanto a las relaciones y el sexo éramos bastante parecidos, cero complicaciones, sexo duro, dominado por mí… todo tan fácil y sencillo, exceptuando la última vez, claro está.

—Bella, ¿sigues ahí? —preguntó Travis sacándome de mis pensamientos.

—Sí, sólo que estoy tan relajada. —Un pequeño jadeo salió de mis labios.

—Mmmm, Bella... me haces muy difícil el no ir en este momento y follarte hasta cansarme.

Yo también lo deseaba y era por una simple razón, en estos últimos días mi fuego no se había apagado, no había tenido sexo y con los últimos acontecimientos con cierto sujeto sólo me había quedado excitada y ansiosa, a lo cual no estaba acostumbrada. Y Travis… él se dejaba llevar por mí, yo era la dueña de la cama y de su cuerpo en ese momento.

—Bueno, tienes que apurarte, hay muchos en la fila —espeté como si nada.

— ¿Alguien importante?

—Es importante cuando está entre mis piernas, del resto sabes que no.

—Eso no responde mi pregunta —dijo más impetuoso.

—No, Travis, nadie importante.

—Sexy, me tengo que ir.

—Estás en una fiesta —afirmé.

—Sí, una muy buena fiesta, sólo quería que supieras que pronto estaré por ahí.

—Está bien, nos vemos después.

Al despedirnos colgué y volví a relajarme en la tina, el agua se empezaba a poner fría pero no me quería salir, estaba tan cómoda y relajada. Cerré los ojos y dejé que mi mente se llenara de imágenes de todo lo que había vivido con Travis. Muchos no nos podían comprender, pero él y yo éramos algo raro e inexplicable, nuestra amistad era fácil porque nos acostamos sin complicarnos y, fuera de eso, éramos grandes amigos, aunque él casi lo arruinó todo el verano pasado.

Salí de la tina resignada, envuelta en una toalla. Sequé mi cabello porque al otro día me tocaba trabajar. Por suerte había terminado de revisar y clasificar el manuscrito que me había dejado James, el que era una total mierda, es decir, había mejores argumentos que una típica chica adolescente enamorada del chico malo prohibido por su familia; ni siquiera la trama estaba bien realizada, no sabía con quién era la junta, pero con James se podía esperar cualquier cosa.

Después de arreglar mi cabello, dejé la ropa del otro día lista: una falda tubo azul eléctrico, con una camisa de vestir algo escotada negra y unos tacones de encaje azul con negro. Ahora sólo tocaba descansar para luego comenzar un nuevo día.

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—Joder —me quejé cuando la alarma comenzó a sonar.

¿Hacía cuántos minutos me dormí? Por Dios, hacía horas que me había dormido y parecían minutos. Apagué la alarma y me froté los ojos, estaba tan cálido entre mis sábanas, no quería levantarme, pero el deber llamaba a la puerta con agua fría en las manos.

Me levanté de un salto. ¡Bien, Bella, es un nuevo día, tal vez consigas un orgasmo al menos! ¿Es mucho pedir?

Después del baño, arreglar mi cabello, luchar hasta meterme en esa entubada falda y terminarme de vestir, me maquillé sólo un poco y ya estaba lista. James solía decir que nuestra apariencia era quien nos definía, que un libro sin una buena portada era dudoso que atraiga a un buen lector; en parte estaba de acuerdo, el físico importaba, dependía del ojo de quién lo mirara, la cosa era que, desde la primera vez que casi me gritó lo poco sexy que me veía en el trabajo, me esforzaba para que eso no se volviera a repetir.

Salí de mi habitación con el bolso en mi mano. Se podía decir que estaba huyendo, pero la verdad era que no me apetecía tener una charla con Garrett después de anoche, y si veía a Kate sabía que tenía que darle explicaciones, nos contábamos todo porque no había nada que ella no supiera de mí, al igual que no había nada que yo no supiera de ella, pero no quería que se sintiera dividida entre su novio y su mejor amiga. Esto era sólo una estúpida pelea, en unos días lo dejaríamos atrás y todo volvería a la normalidad, a nuestra normalidad.

Salí caminando sigilosamente hacia la cocina, sólo tenía que tomar mis llaves que estaban en el mesón y salir sin tener una charla matutina; al menos ese era el plan.

—No servirías para ser una puta, lo silencioso no te queda —espetó Kate parada en la puerta de su habitación con los brazos cruzados por encima de su pecho. Carraspeé.

—Hola.

—Nada de hola, Bella. ¿Qué está pasando?

Sabía que no saldría de ahí sin, al menos, dejarla feliz con mi versión de los hechos, así que le indiqué que se sentara y empecé a contarle todo. No era mucho, sólo lo que sucedió con Edward esa noche, la cena y cuando me di cuenta de que Garrett los conocía. Ella me reprochó el no habérselo dicho, a lo que sólo pude asentir porque sabía que tenía razón. Llegué a la parte del baño y como casi follamos en ese momento, lo que también me recriminó.

—Bella no importa que él sea amigo de Garrett, porque, por lo que me cuentas de Edward, es tan alérgico a las relaciones y el amor como tú, pero —dijo haciendo una pausa— es la casa de sus, prácticamente, tíos. Garrett los adora, me habla tanto de ellos, de cómo los admira y lo entiendo en un punto, en lo que respecta a lo mal que fue que lo hicieras en su casa. Aunque, por otro lado, sobre lo de Travis, se portó como un idiota, él sabe que, por alguna razón, pareces ligada a él y nosotros no tenemos derecho a alejarlos y tampoco es lo que queremos.

—Mira, Kate, su amistad es muy importante para mí, tanto como la tuya, no quiero que esto se salga de contexto. Edward es sólo un chico con quien me quería acostar, jugar un poco, no es para tanto —afirmé alzando los hombros, no era importante.

—Tú no tienes que dejar de ver a quién se te dé la gana. Déjame y tengo una conversación con el idiota de mi novio, verás que todo se arregla.

—Siempre sabes qué hacer amiga —dije mientras la abrazaba.

Después de nuestra charla me despedí, no quería llegar tarde al trabajo. Por suerte, y gracias a la información que me dio Kate, supe que Garrett no estaba en casa, lo peor sería que hubiese escuchado nuestra conversación; dudaba que los detalles de lo que pasó le hicieran algún bien.

Tomé mi auto y me dirigí a la editorial, no había mucho tráfico, por lo que en menos de una hora ya estaba en el ascensor, lista para ir a la oficina de James.

Respiré profundo, mi cara era profesional, al igual que mi postura.

Toqué en el despacho de James antes de ir a mi cubículo.

—Pase.

Entré. Él estaba, como siempre, concentrado en su computadora y muchos papeles a su alrededor. James era, probablemente, uno de los editores más prestigiosos del país, por eso me aguantaba toda la mierda que caía sobre mí. Él era el mejor y quería trabajar con el mejor, aunque a veces se comportaba como un idiota.

—Isabella. —Rodé los ojos, odiaba que me llamaran así.

—James —saludé mientras me sentaba en la silla frente a él.

—Mi querida Isabella —exclamó—, hoy tenemos mucho trabajo.

Y sí que lo tuvimos, pasamos el día revisando el manuscrito que traje, le dije sin rodeos que no era lo que él buscaba; el argumento y la temática no eran buenos, demasiado cliché y tal vez algunos funcionaban, pero en este era un caso perdido. Él escuchó mis puntos, y decidimos que no era el momento de arriesgarse con algo tan básico.

Lo bueno de trabajar con James, aunque fuera un dolor de culo algunas veces, era que él era un profesional, no arrogante, él escuchaba, había debates, no era como esos jefes que dicen: ok, yo soy tu jefe, cállate que no eres nadie y sólo yo sé lo que hago; él no era así y eso era bueno en este trabajo.

Después de hablar sobre el manuscrito nos tocaba una junta, tuvimos que pedir comida en la oficina porque nos quedaba poco tiempo para repasar todo lo que haríamos. Se trataba de un nuevo libro que promocionar, yo debía hacer citas, programar eventos y todo cuanto a James se le ocurriera.

Él tenía 39 años, casi entraba a los cuarentas, cosa que siempre le recordaba. Tenía tres ex esposas, dos hijos de una, uno de la otra y de la última tenía dos más; es decir cinco hijos, de los cuales se quejaba cada día. Él decía que lo mejor de la vida era divertirse, luchar por la libertad y felicidad; solía decir que el día que encontrara a una mujer que lo enamorara sin decir ni una palabra ese día se casaría con ella y no sentiría el matrimonio como una prisión o un castigo, sólo el siguiente paso para ser feliz; aunque, después de tres esposas, dudaba que llegara la que le hiciera sentir eso.

Estaba cansada después de tantas citas, pedidos de organización y planes. Ya hacía más de tres horas que James se había marchado a otras reuniones, dejándome con mucho trabajo, demasiado. Puse la cabeza en la mesa de mi cubículo y me lamenté.

—Cariño, ¿estás bien? —Alcé la vista y negué—. James, ese bastardo —se quejó Angela dándome una sonrisa.

Asentí en respuesta porque estaba muy cansada para explicar que, aunque odiaba a James por dejarme tanto trabajo, también lo agradecía; eso hacía que cada día me delegara más responsabilidades y eso me ayudaba a aprender mucho.

— ¿Quieres un café? Iré por algo de comer con las chicas.

Angela era una chica excepcional y muy buena amiga, las dos entramos a trabajar al mismo tiempo en la empresa y fue un alivio conocer a alguien tan comprensivo como ella.

—Te lo agradecería mucho, temo que me queda trabajo por hacer.

Ella asintió, se despidió y yo volví a mi trabajo, en el cual moriría el día de hoy.

Después de innumerables llamadas y correos enviados, el café de Angela tomado y casi al borde de la locura, había terminado mi horario laboral. Los días como hoy sólo me quedaba algo de tiempo para llegar a la casa, dormir hasta la cena, cenar y volver a dormir. Kate en esos días me llamaba osita invernando porque sólo dormía y comía.

Me despedí de Angela quedando en salir a tomar algo otro día, porque no daba para más, ya eran las seis de la tarde. Me subí al auto y me dirigía a casa cuando mi teléfono empezó a sonar, lo puse en alta voz y respondí.

—Hola, gatita. —Sonreí, sabía quién era.

—Hola, bomba sexy, ¿cómo estás?

—Con un problemita y quería ver si podías recogerme. —Quedé algo asombrada, Rosalie pocas veces necesitaba ayuda y menos en lo que se refiere a trasporte.

— ¿Qué sucede, Rosie?

—Estoy en la clínica.

— ¿Qué pasó? ¿Estás bien? —pregunté alarmada.

—Sí, cariño, tranquila —dijo ella con suavidad—. Estoy en la clínica estética.

— ¿Qué le has hecho a tu cuerpo? —casi grité.

Rosalie tenía un cuerpo espectacular, enormes senos y buenas curvas. Antes era rubia y la hacía ver superficial, pero cambió su cabello a un castaño oscuro que la hacía ver más sexy y con esos ojos azules era una bomba, por eso el apodo de bomba sexy.

Nos conocíamos desde hace dos años, era mi mejor amiga al igual que Kate, era genial contar con ellas.

—Nada, Bella, sólo vine a acompañar a una amiga que se quiere hacer los senos para demostrarle a su esposo, o ex, lo que se perdió, es una historia larga. Lo que sí sé es que aquí hay unos doctores, Dios, que pecaditos del cielo. —No pude aguantar la risa, por eso éramos tan buenas amigas, más parecidas imposible.

—Está bien, eso lo entiendo… Pero, ¿por qué necesitas que te busque? Algunos de esos sexys doctores podría hacerlo —comenté.

—Es que debo quedarme en tu casa.

—Sigo sin entender, ¿podrías ser más clara? —espeté.

—Bueno... mis padres llegaron a casa y me están volviendo loca. Mamá no deja de decir que debería estar casada y con hijos, y mi padre sólo fuma su pipa llenando mi apartamento de nicotina. Mamá no sabe que fumo, y el olor me provoca hacerlo pero no puedo, entonces papá empieza a quejarse y decir: bebé, has hecho bien, los hombres ahora no sirven; y mamá empieza a discutir. Con sinceridad, si sigo con ellos me volveré loca —explicó algo acelerada.

Los padres de Rosie eran muy distintos. Su padre un hombre recio y realista. Su madre una mujer soñadora y muy familiar, de esas que quieren nietos y boda. Y, claramente, Rosalie no era una chica complaciente en ese sentido.

— ¿Y qué les has dicho para tu escapada?

—Que debía hacer un viaje de emergencia por mi trabajo. Mi madre estaba histérica, pero debía escapar.

—Sabes que mi casa es tu casa —dije con sinceridad.

—Lo sé, cariño, gracias.

— ¿En qué clínica estás? —pregunté exhalando. Tener a Rosalie en casa significaba cero descanso, pero no me importaba, tenerla cerca siempre era bueno y divertido.

Cullen Plastic, ¿la conoces? —Sonreí irónica.

—Sí, nos vemos en un rato —avisé antes de colgar.

¿Qué probabilidades había? Es decir, en serio, ¿qué probabilidades había de que Edward trabajara precisamente en esa clínica y que estuviera a esta hora? Sacudí mi cabeza negando, no, eso sería tener muy mala suerte de mi parte.

Busqué en mi GPS la dirección, ya que no la sabía. No estaba muy lejos así que me puse en marcha.

Conduje por las calles de Nueva York, había un tráfico horrible, pero luego de media hora logré llegar. Estacioné, arreglé mi ropa y salí de mi auto, dirigiéndome adentro de ese lugar.

Al entrar, me encontré con un lugar hermoso, profesional, blanco y con tonos masculinos y pasteles, era asombroso. Había una sala de espera, en el folleto y guía que daban al entrar, mencionaba la cafetería, la sala quirúrgica, cuántos pisos había, qué había en cada piso y algunos de los doctores plásticos principales, en los cuales estaba el plástico Cullen. En la foto tenía una sonrisa sensual que hacía que, inmediatamente, quisieras que fuera tu médico y esos ojos verdes…

Bella, me llamé, contrólate, lo prometiste, así que contrólate.

—Cariño. —Escuché a lo lejos, me acerqué y saludé a mi loca amiga.

—Hola, Rosie, ¿estás lista para irnos? —pregunté.

—Sí, sólo déjame despedirme y nos vamos.

Me quedé en la sala de espera, pero quería comer algo, así que pregunté dónde era la cafetería y, sin perderme, llegué rápido. Estaba comprando algunas golosinas cuando escuché que alguien hablaba a mi espalda.

—No pensé verte en este lugar, ¿vienes a hacerte algunos arreglos? —Me giré y Edward plástico Cullen en persona estaba frente a mí.

—Tampoco esperaba verte… Y no lo creo, ya que, aquí meten plástico y sacan cerebro, por lo que no creo que vaya conmigo.

Él sonrió.

— ¿Qué haces aquí, Bella?

—Acompaño a una amiga.

Caminé a unas de las mesas de la cafetería y me senté, él me siguió e hizo lo mismo.

Edward tenía una camisa de vestir blanca con rayas azules, sus brazos se veían musculosos y sexys. Tuve que reprimir mi urgencia por ver qué tan bien se veía sin ella, mordí mi labio y lo miré fijo.

—Debo irme, me están esperando —comenté volviendo a la cordura.

Él se acercó, poniendo sus codos en la mesa e inclinando su cuerpo.

— ¿Segura que tienes que irte? —El tono de su voz era una clara invitación.

Quería quitarme esta sensación electrizante que sentía cada vez que veía esa sonrisa presumida en su rostro, suponía que se hacía más tentador ahora que no lo podía tener.

—Sí, estoy segura —musité con seguridad. Me levanté, tomé mi cartera y las golosinas.

Él se apresuró a taparme el paso.

— ¿Qué haces, Edward? —pregunté.

— ¿Te gustaría ver mi oficina? —ronroneó en un susurro.

Lo prometiste, Bella, me recordé. Joder, pero necesitaba sexo.

—Está bien, pero sólo un momento, me están esperando —dije sintiéndome algo culpable.

Él me hizo seguirlo. En el camino muchas chicas botaban la baba por él, doctoras, pacientes y asistentes. Sí que tenía famita este chico.

Cuando llegamos a su oficina, estaba su escritorio, una enorme ventana trasparente, suponía que polarizada, de esas que puedes ver pero no te ven. Las paredes pintadas de blanco, negro y azul, la decoración era elegante, con una gran alfombra. En general muy profesional.

—Bella…

—Edward —interrumpí—, antes de que digas nada creo que debes tener algo en claro.

—Tú dirás —dijo parándose frente a mí.

Carraspeé y lo miré fijo. Él no me intimidaba y se lo tenía que dejar claro.

—Seamos amigos.

Él se acercó, puso sus manos en mi cintura y me empujó hacia la pared, hasta que mi espalda quedó contra ella.

—Eso es lo que somos —murmuró.

Pegó su cuerpo al mío y fue subiendo sus manos por los costados de mi cuerpo. Jadeé cuando apretó mis senos contra su pecho.

—Sabes lo que quiero decir.

—Todavía no lo entiendo, ¿puedes explicármelo? —musitó.

Yo tenía mis manos en su cuello, lo acerqué de golpe. La tensión sexual se sentía en el aire, jadeamos teniendo los labios cerca pero sin tocarlos.

—Vamos, Edward, no somos adolescentes —dije jadeando—. El vamos a mi oficina, veamos una película en mi casa, ven y te mostraré algo en mi habitación, esos son sólo códigos que terminan en...

—Sexo —completó él, a lo que yo asentí tomando su cabello con fuerza y él reafirmando sus manos en los costados.

Una parte de mí estaba deseosa de que simplemente me quitara la ropa y terminara con todo esto. Mi centro lo pedía, lo exigía, quería placer, pero no podía tenerlo con él, era lo mejor, lo sabía, pero era algo difícil poner mis prioridades en orden en este momento.

Tomé el borde de su cuello y fui bajando hasta tomar el primer botón de su camisa, lo desprendí de un golpe. Nos miramos, jadeamos… La situación se estaba excediendo, lo sabía, pero no podía pararla. Desprendí otro botón, él buscó el cierre de mi falda.

—Bella...

—Sh… calla —susurré.

—Podemos ser amigos, Bella —mencionó él—, pero eso significa que no haría esto —dijo mientras tomaba cada lado del borde de mi falda y lo bajaba lentamente.

La soltó y ella cayó al suelo, desprendí otro botón de su camisa.

—Tampoco podré hacer esto.

Alzó mis piernas sacándolas de mi falda y enredándolas alrededor de su cintura y volvió a estamparme contra la pared. Yo reí jadeando en su boca. Aún él no me había besado y yo no había dado mi brazo a torcer, con una mano tomaba su cuello con fuerza y con la otra iba rompiendo su camisa botón a botón. Se acercó a mi cuello y clavó sus dientes con lentitud, lo que me hizo gemir y arquear la espalda.

Me llevó a un sillón que había al fondo de su oficina. Él se sentó y yo quedé encima de él con mis piernas a cada lado de las suyas.

—O hacer esto —siguió diciendo mientras subía las manos a los bordes de mi camisa y la desprendía. Gemí, acerqué su boca a la mía y la mordí.

—Terminemos con esto —jadeé. Él quería sexo, pues tendríamos sexo y terminaríamos con esto de una vez por todas.

Se podía ver a las personas desde la ventana y eso hacía que todo fuera más sexy y excitante, saber que ellos no podían ver lo que estaba sucediendo, como él besaba mi cuello y yo me aferraba a sus brazos.

Terminé de quitar su camisa por encima de su cabeza y él me quitó la mía. Estaba en ropa interior encima de Edward plástico Cullen… Oh Dios, ¿cómo terminé así? Él puso su espalda contra el sofá y yo mordí mi labio.

— ¿Quieres ser sólo mi amiga? —mencionó enfatizando el final de la oración—. Entonces bájate, vístete y vete, si quieres algo más sabes lo que tienes que hacer.

Alcé una ceja, me aferré a sus hombros y me incliné despacio, hasta que mi boca quedó en su oído.

—Creo que tú y yo nos entenderemos muy bien de ahora en adelante —ronroneé y mordí el lóbulo de su oreja.

Él jadeó y se aferró a mi cuerpo, subiendo lentamente sus manos por mi espalda, la arqueé y fui besando su cuello hasta llegar a su boca. Tomé su cabello jalándolo con fuerza, él gimió y tomó mi trasero con la misma fuerza que había aplicado en su cabello.

Esta era una de las cosas que me excitaba de Edward, en el poco tiempo de conocerlo, no importa cuánta fuerza pusiera en tratar de dominarle, sabía que nunca lo haría, de la misma manera que él jamás podría hacerlo conmigo; y ese juego de intentarlo era divertido y excitante.

Lo besé, dejando que mi lengua jugara con la suya. Húmedas caricias, fuertes jadeos y gemidos llenaban ese espacio con su aroma.

Edward tenía un cuerpo realmente increíble, abdominales definidos, brazos fuertes y musculosos y esa v que tenía… me preguntaba qué tan bueno era lo que había al final de ese camino.

Me quise levantar, pero él agarró mi trasero y lo arrastró de nuevo encima de él, lo que nos hizo gemir a ambos. La fricción había sido tan increíble, él estaba duro y yo algo deseosa, así que era el momento. Me reí y lo volví a intentar después de darle un beso largo, húmedo y lento, haciendo que gimiéramos por tanta excitación.

Me levanté enfrente de él, tomé mis bragas y nos miramos. Sí, él y yo nos entenderíamos muy bien después de esto.


Hola chicas! les deseo una feliz navidad y un año lleno de bendiciones. Bueno que pasara en el siguiente capitulo... sera que estarán juntos al fin, eso tendrán que esperar para leerlo.

PD: nos leemos en un siguiente capitulo, un beso a todas y gracias por su apoyo.