Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
www facebook com /groups /betasffadiction
.
.
Simplemente un juego
.
Edward me miraba como esperando que terminara de quitarme la ropa y le diera lo que él tanto quería y sí, en un punto, yo también; pero, ¿qué se esperaría después de esto? Sabía que no habría problemas del corazón o algo así, pero todo era más complicado, cuando le dabas rienda suelta a algo que deseabas se puede volver adictivo, problemática, conflictivo… por lo que las opciones estaban en la mesa y escogí la que creí mejor.
Subí mis bragas, arreglé mi brasier y di media vuelta.
—¿Qué haces? —preguntó.
Tomé mi camisa blanca del suelo y me giré para verlo mientras me la ponía o medio lo hacía, ya que los botones estaban hechos pedazos.
Su mirada estaba incrédula, suponía que nadie le había dicho nunca que no al rico y guapo Edward Cullen, pero siempre había una excepción.
—Tú me distes opciones y yo tomé la que sé será la mejor —respondí caminando hacia mi falda y tomándola del suelo.
—Bella…
—Mira, Edward —empecé a decir mientras me colocaba mi falda y trataba de poner toda la ropa en su lugar—, seamos amigos, no compliquemos las cosas. Es lo mejor para ambos.
—No es como si estuviéramos enamorados, es sólo sexo —dijo riendo y rodando los ojos.
—Lo sé, pero nos veremos muy seguido por Garrett y tu hermano me agrada, así que es mejor dejar las cosas claras desde ahora —expliqué.
—¿Segura? —preguntó mientras se levantaba del sofá y tomaba su camisa del suelo.
—Muy segura —respondí.
—Mira lo que has hecho —se quejó entre risas, señalando su camisa.
—Tú hiciste lo mismo —espeté mirando mi camisa y riendo con él.
—Mi hermano quiere quedar para ir a tomarnos algo.
—Sí, me parece bien. Dame tu número para mantenernos en contacto —comenté.
Le di mi número porque en esos momentos no tenía mi celular encima, y terminé de acomodarme para no salir como la recién follada de Míster Plástico. Ya lista y con las cosas claras, ya no tenía nada más que hacer y estaba segura de que Rosalie me estaba buscando como loca, ya que no tenía ni idea del tiempo que había pasado.
—Tengo que irme —musité—, pero nos veremos.
Edward se acercó, su camisa estaba rota y no pude evitar morderme el labio al ver su tonificado y apetitoso abdomen.
—Tendrás que dejar de verme así si vamos a ser amigos.
Sus palabras me sacaron de mi deliciosa vista, que no pudiera comerme ese dulce no quería decir que la vista fuera mala.
—¿Por qué? —pregunté sensual, ¿qué podía decir?, me gustaba jugar.
—Porque, entonces, dejaré pasar todo esto de la abstinencia y haré que nos divirtamos mucho.
—Eres muy fanfarrón, ¿sabes?
—Y tú muy juguetona.
Alcé mis hombros, él estaba medio sentado en su escritorio. Me acerqué a él, quedando entre sus piernas, estaba tan excitada, desde hacía días lo estaba, y sólo quería seguir y divertirnos, pero lo había prometido, ya había trazado la línea, ahora sólo había que seguirla… seríamos amigos y en cuanto llegara Travis me quitaría todo esta frustración sexual con desbordante e intenso sexo y, al final de todo, las cosas se calmarían y esa ganas de tirarme sobre Edward pasarían.
—Es sólo sexo —murmuró.
Coloqué mis manos en su cabello, me acerqué a su boca hasta lamer sus labios.
—Sí, es sólo sexo, el cual…
Mordí su labio inferior, acercándolo a mí. Sus labios tomaron los míos en un beso lento y mojado, él intentó tomar mi trasero de nuevo, pero se lo impedí reteniendo sus manos. Tenía que salir de allí, por Rosalie, Garrett y mi salud física, porque si seguíamos así esto no terminaría como lo esperado.
—…no te daré a ti —terminé de decir en cuanto me separaba de él y caminaba hacia la puerta. Limpié mi boca antes de girarme y decir—. Espero verte pronto. —Abrí la puerta y me fui.
Ni siquiera quise ver a su secretaria porque no quería miradas raras. Caminé hasta donde, con anterioridad, me había encontrado con Rosalie. Ella estaba sentada, alzó la vista cuando aparecí a su lado.
—¿Dónde estabas?, pensé que me habías dejado abandonada.
—Lo siento, sólo pasé a saludar a un amigo —comenté como si nada, pero ella me conocía tan bien que, de inmediato, lo notó.
—Tu camisa está rota, la falda algo torcida y tu maquillaje un poco corrido… Isabella, ¿qué pasó? Cuéntame ya. —Sonreí y, como con Kate, sabía que tenía que hacer: confesar.
Rosalie y yo salimos de ahí, entre plática le conté todo, tal como se lo había contado a Kate, incluyendo nuestra charla en su oficina. Ella no hacía más que decir: Perra,¿cómo te atreves a no presentármelo?¿Qué demonios pasa con Garrett? Debiste acostarte con él, si está tan bueno como dices… y muchas cosas más que sólo me hacían reír.
Llegamos al apartamento una hora después, el tráfico estaba horrible y estaba atrasando un poco el proceso de hablar con Garrett, no quería un enfrentamiento como el pasado otra vez, sobre todo con Rosalie en casa.
Ella se llevaba muy bien con Garrett, pero para defenderme se volvía una versión aterradora de ella misma, lo que adoraba la mayoría del tiempo, pero las confrontaciones no eran lo mío. Además, ya no había nada por lo que discutir.
Entramos a casa, Kate y Garrett estaban en el sofá mirando la televisión.
—Miren a quien me he encontrado por ahí —grité cuando los vi.
Rosalie salió de atrás de mí y batió sus manos al aire.
—Hola, mis locos enamorados.
—Perra loca, parece tanto tiempo sin verte —dijo Kate mientras caminaba a donde nos encontrábamos y abrazaba a Rosalie.
—Vine de visita por un tiempo, si no les molesta.
—Sabes que esta es tu casa, siempre eres bienvenida —afirmó Garrett, haciendo lo mismo que Kate y abrazándola.
—Hola, cariño.
—Me alegra que no les moleste porque no sabía qué más hacer —exclamó Rosie de forma dramática, rodé los ojos.
Fui a la cocina para tomar algo de agua y dejar que se pusieran al corriente. Sentía un aire de incomodidad por parte de Garrett, no me gustaba, me parecía que se estaba tomando las cosas muy a pecho. Sí, lo que hice estuvo mal, pero ni siquiera tuvimos sexo. Todo me parecía muy fuera de lugar, su comportamiento y tendría que golpearlo si seguía así. Me serví un poco de agua.
—Hola, muñeca —saludó Garrett a mi espalda. Me giré y lo vi haciendo una mueca.
—Hola, guapo.
—Lo siento, me comporté como un idiota.
—Un verdadero idiota —espeté.
—Ven aquí —dijo abriendo sus brazos para mí, fui hacia él y lo abracé.
—Siento lo que hice en casa de tus tíos, no estuvo bien y también…
—Sh, tranquila, lo entiendo… exageré.
—¿Entonces? —pregunté algo confusa.
—Aún sigo sin querer que salgas con alguno de mis amigos, pero es tu decisión. —Lo miré con cariño. Mi hermanito tan protector, sólo no quería que nada nos separara y lo comprendía.
—Tranquilo, hablé con Edward. —Su cara se alarmó, aunque trató de disimularlo.
—Edward… tú y él…
—No —negué con rapidez—, él y yo nos encontramos hoy cuando fui a buscar a Rosalie, quedamos en ser amigos, sólo eso, y estuvo de acuerdo, así que no tienes de qué preocuparte.
Sí, había maquillado las cosas un poco, pero él no tenía que saber los detalles de nuestro acuerdo, Edward y yo ya habíamos dejado todo claro, con Garrett todo se había arreglado y la paz había vuelto, así que, ¿para qué complicar las cosas? De ahora en adelante, no más drama, sólo diversión. Lo único que debía hacer era mantenerme al margen, normal, mi relación de amistad con Edward y todo sería mejor, sólo había más integrantes de nuestro grupo.
—Con respecto a Travis… —murmuró.
—Garrett… —advertí.
—Tranquila, lo trataré de manera civilizada, aunque sabes que aquí no se puede quedar.
No podía pedir más, su relación siempre iba a ser conflictiva aunque seguía sin saber por qué, pero así era Travis, nunca se quedaba aquí a menos estuviera completamente segura de que Garrett no llegaría y, aun así, no me gustaba, se sentía como si tuviera que mentirle cuando él llegara a casa, por lo que teníamos nuestros encuentros fuera del lugar donde Garrett estuviera cerca.
—Garrett, si quieres serme infiel, al menos espera que salga de casa —comentó Kate en broma cuando llegó a la cocina. Me separé de él y le saqué la lengua a mi amiga
—Sabes que él es mío, siempre lo ha sido —dije de manera melosa, a lo que todos rieron.
El resto del día nos las pasamos hablando. Rosalie nos contó cómo su madre la volvía loca, Kate nos contó una historia muy graciosa del trabajo que nos hizo reír hasta llorar.
Luego, me di un baño, al igual que Rosie. Ella se iba a quedar a dormir conmigo, no me importaba, mi cama era enorme y no habría problema, lo malo sería cuando me despertara, ella era toda una gruñona cuando se la despertaba pero suponía que ese era su precio a pagar.
Después de estar cómodas, preparé la cena, en lo que ella me ayudó, ya que Kate no cocinaba para nada y Garrett iba por el mismo camino. Me preguntaba qué harían sin mí, probablemente quemar la casa y lo sabía porque casi pasaba.
—Garrett —llamé su atención cuando habíamos terminado de comer y estábamos mirando algo de televisión—, Edward me dijo que Emmett quiere salir con nosotros.
—¿Quién es Emmett? —preguntó Rosalie.
—Un amigo de Garrett, ahora amigo nuestro —expliqué.
—¿Está bueno? —Me reí al ver como Garrett rodaba los ojos.
—Todo con ustedes es sólo eso.
—Oh sí, Garrett, tus papás te hicieron por pedido a una cigüeña porque tú y Kate cuentan ovejas antes de dormir —recriminó Rosie.
—No digo eso, sólo digo que…
—¿Que eres un anticuado? —preguntó ella.
—Esto se está poniendo caliente, Kate, creo que debemos dejarlos solos —susurré mirando a mi amiga.
—Está bien, me rindo, ustedes son unas locas —gritó Garrett mientras caminaba a su habitación y se encerraba en ella.
—Y tú un viejo célibe —le respondió de vuelta Rosalie—. ¿Qué? —preguntó cuando la miramos—. Él sabe que lo amo.
Hablamos un poco más, hasta que ya no pude resistir, tenía sueño, por lo que las dejé a ellas dos hablando, me disculpé y me fui a dormir.
El día de hoy había sido agotador y todo lo que me faltaban, las reuniones estaban pautadas, pero quedaban muchas cosas por resolver y yo era la asistente de James, por lo que todo el peso de lo que podía salir mal recaía en mí. Pero igual estaba feliz, no era ese tipo de chica conformista, me gustaba tener lo mejor y esforzarme por ello, pero llegaba un punto en el cual debes poner tus prioridades de una manera práctica.
Mi prioridad, en este momento, era mi trabajo, conseguir mi ascenso, aprender todo cuanto pudiera de James y seguir avanzando, porque de lo demás lo tenía todo, ¿qué más podría pedir? Tenía una familia que me amaba tanto o más de lo que yo los quería a ellos, amigos que darían la vida por mí, de lo cual estaba segura, podía tener al chico que quisiera y cuando lo quisiera, no necesitaba más que eso, ¿qué más podría desear?
Después de dormir y soportar cada pataleo de Rosalie, porque ella no era muy buena compartiendo la cama, hice la rutina del día anterior: ducha, ropa, maquillaje y lista para un nuevo día de trabajo, en el cual tenía muchas cosas que hacer. Salí de la casa en silencio, Kate trabajaba más tarde, al igual que Garrett y Rosalie, no se levantaría hasta medio día, así que sin despedirme, me fui. Pasé primero por una cafetería, para tener reserva de cafeína y así no dormirme.
El día consistió en llevar papeles para que James los firmara, organizar juntas con distribuidores y todo lo relacionado con el lanzamiento del próximo libro. Estaba exhausta, me gustaba mi trabajo y, por lo general, sólo leía manuscritos desde casa o venía sólo medio día, pero en semanas como las últimas no salía de la empresa o tomaba un respiro, todo era prisa, trabajo y más cosas que hacer. Sabía que si lograba conseguir el puesto de editora sería más trabajo, pero estaría bajo mis reglas, podría cumplir el sueño de muchos sacando a la luz hermosas historias. Eso era lo que quería hacer y lucharía por ello, aunque días como estos sólo quisiera renunciar e irme al Caribe.
Mi celular vibró, por lo que revisé y tenía un mensaje.
Mi hermano quiere una noche de boliche,¿te apuntas?
Edward.
Sonreí. Sí, ¿por qué no? Pero, definitivamente, no esta noche, si mañana tenía que trabajar como hoy una noche de salida me dejaría muerta.
Está bien. Déjame le aviso a Garrett y te digo, aunque soy pésima jugando a eso.
Bella.
Nunca me había gustado el boliche porque, en realidad, apestaba en ese juego, pero de seguro los chicos se divertirían, por lo que no sería tan malo.
Jajaja, me preocuparía si me dijeras lo contrario, ya que,¿en qué deporte son buenas las mujeres?
Edward.
Él, definitivamente, no acababa de escribir eso.
Oh… tú no acabas de decir eso,¿qué demonios te hace pensar eso? Estás caminando por una línea muy delgada, Míster Plástico.
Bella.
¿Míster Plástico? Bonito apodo, me pregunto por qué será y supongo que, cuando salgamos, pondremos a prueba que tan buena eres.
Edward.
Rodé los ojos antes de responder.
Creo que el plástico en tu cerebro no te deja ver por qué el apodo, y dudo mucho que túllegues a ver qué tan buena soy en algo. Nos vemos esta noche, dile a tu hermano,Jasper y Alice si quieren ir.
Bella.
Media hora después, recibí su respuesta.
Nos vemos esta noche, tengo ganas de ver qué tan buena eres. Iré a pulir el plástico en mi cerebro.
Edward.
No le respondí, tenía trabajo y hablar con él era una pérdida de tiempo. Le mandé un mensaje a Garrett diciéndole de nuestra salida, estuvo de acuerdo al igual que Kate y Rosalie, sólo tenía que terminar de trabajaba, ir a casa y volver a salir.
—Isabella, ¿puedes venir a mi oficina? —Era James quien me llamaba. Alisé mi falda, arreglé mi camisa y me dirigí a su oficina.
Tenía un discurso largo y muy elaborado en el cual le pedía, casi suplicaba, a James que me diera la tarde libre o, al menos, el día de mañana poder llegar al medio día. Sabía que él era muy duro con el trabajo, sobre todo en días como estos, y lo entendía, sabía de su presión y de todo lo que tenía que hacer, pero me había matado trabajando y sólo quería una noche divertida sin preocupaciones laborales.
Entré a su oficina con una sonrisa forzada y profesional. Él estaba mirando documentos y tomando café, al entrar él alzó la vista y sonrió.
—Has trabajado duro, Isabella. —No lo preguntó, sólo lo dijo.
—Sí, señor —respondí, aunque no era una pregunta.
—Todo está listo, mañana partiré a Londres para hacer la presentación del libro y todo lo relacionado con su promoción. Me llevaré a Angela para que me asista, tú tendrás esta semana libre de la presión de estas cuatro paredes. Te dejaré dos manuscritos, al menos uno de ellos lo quiero listo, estudiado y desmenuzado, en todo el sentido de la palabra, no estarás aquí pero tendrás trabajo, a menos que quieres estar aquí. —Cuando James terminó de explicarme, me sentí feliz porque no tendría que dar mi largo y, digamos que en realidad, no muy elaborado discurso sobre lo cansada que estaba y el tiempo libre que quería.
—Me parece bien. Tendré esos manuscritos listos en cuanto llegues.
Él me dio un asentimiento mientras me indicaba que ya me podía retirar. Traté de ocultar mi emoción, tendría toda una semana libre del estrés de estar aquí metida, cuando lo único que me provocaba hacer era leer buenos manuscritos que se convertirían en buenos libros. Terminé mi trabajo emocionada y, en cuanto finalicé todo lo que tenía que hacer, y con los manuscritos en las manos, me fui a casa. Tendría una salida, la cual prometa ser divertida.
Llegué a casa después de un horrible y tedioso tráfico. Me encontré con Rosalie y Kate en el sofá, mirando la televisión.
—¿Saben?, si quieren ver porno pueden esperar a más tarde —comenté graciosa.
—¿Qué problema tiene a esta hora? Como si tú no lo hicieras —dijo Rosie.
Rodé los ojos y no respondí.
—¿Están listas para esta noche? —pregunté. Ellas me hicieron un lugar y me senté en el sofá con ellas.
—Sí, me muero por conocer a los amigos de Garrett —respondió Kate.
—Igual yo, me intriga ese muchacha Emmett, lo describes tan grandote que creo puede ser interesante, sabes que me gustan los paquetes grandes. —Nos reímos de su comentario.
—Sí, los paquetes grandes son tu especialidad. —Ella no hizo más que sonreír de manera inocente ante lo que dije.
—Por favor, Bella, yo soy una niña decente.
—Aja, y yo voy virgen al altar —me burlé.
—Además es el único que queda disponible, suponiendo que esté bueno y sea soltero, ya que los demás están tomados —lo dijo mirándome fijo.
—Sabes que hay otro que está libre, no sé por qué me miras así.
—Vamos, Bella, Kate ya sabe de tu casual —dijo haciendo comillas— encuentro con Edward, el sexy doctor.
Miré a Kate.
—¿Por qué no me lo dijiste? —reprendió.
—Se me olvidó y no es doctor, sólo coloca plástico en cerebros descerebrados, lo que no es una gran hazaña, si me dejas decirlo. —Kate rodó los ojos, Rosalie resopló.
—¿Es sexy? —preguntó mi rubia amiga.
Me mordí el labio y ella entendió.
—Uh, Bella caerá… Uh, Bella caerá —empezaron a cantar las dos parándose del sofá y haciendo un baile tonto.
Las miré burlona.
—No lo haría con Edward por nada del mundo y, si así fuera, yo tendría el control como siempre.
—Sí, Bella, tú siempre tienes el control, pero deduzco que Edward no es un hueso fácil de roer.
—Me encanta tu sarcasmo, Kate, y su baile es espectacular, pero debo alistarme para esta noche, deberían hacer lo mismo. —Me levanté del sofá, las miré mal y, me iba dirigir a mi habitación, cuando Rosalie gritó:
—No huyas de la verdad.
—Eres una perra —le respondí mirándola con gracia.
—Tú eres una perra —replicó.
Y al unísono las tres gritamos:
—¡Somos unas perras! —Nos reímos como locas.
Les saqué el dedo medio y me fui a mi habitación, que en las pocas horas que llevaba Rosalie aquí se había convertido en un completo desastre, vivir con ella era como vivir con un chico al que le gusta el fútbol, eructar y dejar todo lo que se ponía tirado en el lugar donde caía. Ni siquiera me molesté, porque la conocía, sabía que esto pasaría y, de una manera loca e incomprensible, me encantaba convivir con ella.
Me di un baño, me coloqué un paño alrededor del cuerpo y otro en la cabeza, estaba como una guerrera enfrente de mi clóset, no quería ir muy arreglada y pomposa, pero tampoco desaliñada y vagabunda, así que no tuve más remedio que recurrir a la ayuda.
—¡Rosalie, Kate! —grité.
Las dos aparecieron en mi puerta, vestidas de la misma manera que yo, las miré con ojitos de súplica.
—No sé qué ponerme.
—Esto será divertido —dijo Rosalie mientras miraba a Kate con complicidad, una aterradora complicidad.
—Bueno, empecemos —anunció Kate con la canción de Avicii, Wake Me Up, todo se volvió una locura.
Mis amigas buscaron todas sus opciones de vestir, lo que convirtió mi habitación en una desordenada y activa tienda de ropa, maquillaje y zapatos, muchos zapatos, bailando y divirtiéndonos, decidimos qué ponernos.
Rosalie optó por un short corto, una camiseta roja abierta atrás, desvistiendo toda su espalda, con un estampado al frente que decía Fuck You, unas converse negras con rojo; se maquilló resaltando sus labios y sólo peinó de forma natural, lista y preparada. Después, ayudó a Kate, quien tenía un pantalón a la cadera azul eléctrico, con una camiseta ancha de color blanco, que dejaba ver algo del vientre plano, al igual que Rosie, llevaba unas converse, ese tipo de zapatos eran lo mejor para estas salidas, así que yo también llevaría unos; Kate resaltó sus cachetes con un rosado coqueto y dejó liso su rubio cabello.
La puerta de mi habitación se abrió de par en par, mostrando a un perturbado Garrett.
—Hola.
—Hola, nene, nos estamos alistando, si quieres te unes —Kate invitó a su novio emocionada y dando una vuelta para que él la viera.
—Estás hermosa, bebé, pero prefiero mantenerme al margen. Las esperaré viendo el partido —anunció saliendo algo asustado.
—Tu novio cree que somos locas —musité.
Rosie asintió haciendo una mueca seria y casi de detective.
—Creo que está cerca de descubrir que estamos peor que eso.
Kate y yo asentimos sonriendo, ya que las chicas estaban listas, me tocaba a mí.
Después de tanto ver mi clóset, Kate eligió para mí un short corto, negro, con algo de encaje, una camiseta ancha con una calavera en la parte de atrás, la cual era en corte, por lo que quedaba mi espalda al descubierto. Resalté mis ojos con un tono negro, pero simple y sequé un poco mi cabello para controlarlo.
Con el maquillaje, la ropa, zapatos, perfumes y todo listo, estábamos de muerte y para matar. Salimos a encontrarnos con Garrett, dejando el desorden de habitación atrás.
—Querido —canté—, estamos listas.
Garrett nos miró.
—Están divinas y vamos tarde. Emmett y Edward, al igual que Jasper y Alice, nos esperan, así que caminando, mis niñas locas.
Como niñas buenas, lo seguimos. Iríamos en su auto, no había tráfico por lo que llegaríamos pronto.
Rosalie se la pasó todo el camino preguntando por Emmett, en lo que se intercambia con Kate quien, como no conocía a ninguno, preguntaba por todos, sobre todo Alice y Jasper, quienes eran de los que menos había escuchado hablar. Cuando le mencionaron a la bebé se puso tierna, sabía que Kate y Garrett querían algún día tener hijos, ellos sin duda lo lograrían, eso del matrimonio perfecto y la familia perfecta. No los envidiaba o les deseaba mal, sólo me preguntaba cómo una persona llegaría a tal punto de entregar su libertar y vida por alguien más, en lo personal me parecía inconcebible, pero ellos eran felices y eso era lo más importante.
Llegamos emocionadas. Garrett fue a estacionar y nosotras entramos, había música, chicas en patines sirviendo y, al final la pista de boliche, pedimos los zapatos requeridos para eso y esperamos a Garrett, cuando vi al gigante de Emmett entrar con Alice y Jasper.
—Hola, chicos —saludé. El enorme de Emmett me levantó del suelo en un abrazo que casi me deja sin aire.
—Hola, Bella, ¿qué tal?
Me tocó presentar a las chicas con ellos. Alice estaba encantada, decía que con la niña y la casa poco salía a divertirse, eso me hizo sentir algo de pena por ella. No me imaginaba haciendo lo mismo.
Para ser alguien muy divertido, Rosalie estaba algo ausente y eso no era normal en ella, ya que era la escandalosa del grupo.
La llamé aparte, excusándome con los demás.
—¿Qué pasa? —pregunté.
—Quiero comérmelo, Bella, es tan bello y grande, me encanta —chilló mirando en dirección a Emmett.
Reí.
—Bueno, hazlo, no creo que salga con nadie y, si lo hace, no importa.
—Creo que hoy probaré un lindo bomboncito —susurró alegre.
Garrett llegó y saludó a todos, estaba emocionado de que nos conociéramos y lo entendía, ninguno de nosotros tenía hermanos y después, cuando nos conocimos, todo cambió; era como tener alguien más en tu vida que te apoyara y que estuviera ahí para lo que sea. El estar todos le daba una familiar y cálida sensación de que aunque la familia no estaba cerca, tenías en quien apoyarte.
—¿Y Edward? —preguntó Garrett.
—Tuvo que quedarse en la clínica unas horas más, pero ya debe de estar por llegar —explicó Alice en el papel de asistente.
Los chicos se fueron a buscar algo de tomar para nosotras, lo que agradecimos mucho, así que las chicas nos quedamos juntas.
—Alice me encanta tu ropa —comentó Rosalie. Alice llevaba un pantalón negro una camiseta verde, un gorrito del mismo color de la camisa y unos hermosos tacones.
—Gracias Rosalie, también me encanta tu ropa, la de todas… y los tacones, bueno, salí de la oficina para acá —dijo como disculpa.
—¿Cómo está Sofí? —pregunté, la niña me había robado el corazón, era hermosa y muy lista.
—Está bien, Esme y Carlisle la están cuidando, ellos son prácticamente sus abuelos. Igual Jasper y yo tenemos que irnos temprano, tenemos trabajo y la niña…
—Eso debe ser difícil.
—Oh, aquí vamos —susurró Kate.
La miré y pregunté:
—¿Qué quieres decir con eso?
—Bella es alérgica a las relaciones y todo lo que tenga que ver con compromisos, así que un hijo, matrimonio y salir hasta temprano es como un castigo para ella —explicó mi amiga mirando a Alice, no lo negué porque era la verdad.
Alice me miró y yo sólo sonreí como respuesta.
—Para mí no, yo amo a mi esposo, tengo un buen trabajo y mi hija lo es todo para mí; no podría pedir una vida mejor —dijo Alice sonriendo. Yo no opiné porque diferiríamos en eso la felicidad marital.
—Bueno… Chicas, ¿estamos listos para jugar? —anunció Emmett.
Nosotras nos miramos y Rosie, quien era la mejor en esto, respondió con convicción:
—Nosotras estamos más que listas para eso grandote.
Alzó las cejas sensualmente y él se echó a reír, junto a los demás. Vi a Garrett dar un profundo suspiro, sólo le di una mirada para tranquilizarlo, a diferencia de mí, Rosie sí podía mantener una relación con sentimientos, sólo que casi todas terminaban mal.
Empezamos a jugar, éramos chicas contra chicos.
Lanzó Rosalie, derribando todos los pinos, hizo un baile sensual y miró a Emmett retándolo. Él tronó sus dedos, tomó una bola y la deslizó, tirando los pinos de la misma manera que Rosie, ellos se quedaron mirando y podría decir que todo se estaba calentando entre esos dos.
Después le tocó a Alice y Jasper. Alice lo hizo bien, sólo dejó uno de pie, mientras que Jasper los derribó todos. Lo gracioso fue cuando vino Kate, ella, al igual que yo, era pésima en eso. La bola se desviaba y no logró atinar ni a uno, lo que Garrett sí hizo, derribando todos.
Los chicos celebraban felices ya que nos estaban ganando por muchas chuzadas y como sólo quedaba yo para jugar, dudaba que fuera de mucha ayuda para mi equipo. Así que, con toda la dignidad, lo intenté y, miserablemente, fallé.
—Odio este estúpido juego —me quejé mientras los chicos mostraban algo de testosterona deportiva y las chicas se resignaban a que, en este juego, no teníamos mucha suerte.
—Es sólo un juego, relájate. —Escuché decir a alguien detrás de mí.
Me giré sabiendo con exactitud de quién se trataba.
—No me gusta perder —fue mi saludo.
—Hola, hermanito, al fin llegaste —saludó Emmett a Edward. Este les presentó a las chicas haciendo énfasis en Rosalie y mirándola con hambre, rodé los ojos, no por eso, sólo estaba de mal humor, odiaba perder y, sobre todo, el que llegara el arrogante y plástico de Edward a verlo.
—Tenía trabajo, pero ya estoy aquí, para ver como pierden.
Me alejé y me fui a buscar una bebida, estaba sedienta.
—¿Por qué tan molesta? —preguntó Edward a mi espalda, muy pegado a mí. Podía sentir su aliento en mi cuello.
Me mordí el labio.
—Te lo dije, no me gusta perder.
—¿En todo? —preguntó respirando más cerca de mí.
Me giré enfrentándolo.
—En todo me gusta ser la mejor.
—No puedes ser buena en todo.
—Se ve que no me conoces, ahora… ¿será que me puedes dar paso para seguir jugando?
—Creo que lo que hacías es intentarlo de mala manera —se burló de manera arrogante y superior.
—Y el concepto que tengas sobre eso me importa, ¿por qué? —pregunté obstinada.
—No te molestes.
—No estoy molesta —espeté.
—Parece.
—¿Podrías mover tu arrogante y enorme ego a un lado para poder pasar e irme con personas que me agraden? —dije sin ánimos de seguir hablando con él.
—Vamos, Bella, necesitas relajarte —comentó.
—¿Qué quieres, Edward?
—Hablar, Bella, eres mi amiga y los amigos hacen eso. —Su irónica respuesta sólo me hizo resoplar.
—Bueno, amigo, te digo que en este momento no tengo ganas de hablar contigo. —Lo aparté y me fui a reunir con los demás.
Jasper hablaba animadamente con Garrett, lo que también hacían Kate y Alice. A los que vi muy animados en un rincón fueron a Emmett y Rosalie. Vayan a un hotel, pensé.
—Por fin volvieron —dijo Garrett—, jugaremos de nuevo. Esta vez será en parejas, yo con Kate obvio.
—Voy con Jasper —anunció Alice mirando a su marido, quien asintió como un caballero.
Miré a Rosalie rogando que se diera cuenta de la desesperación por alejarme de Edward, ella debió notarlo porque colocó una sonrisa burlona en sus labios. La reté con una mirada.
—Vamos, grandote, tenemos que ganar —musitó, tomando la mano de Emmett, que aceptó encantado. La miré con odio, ella sólo me sacó la lengua.
—Eso nos deja a nosotros dos —comentó Edward.
—Sí, ¡qué divertido! —dije con sarcasmo.
Edward me miró sonriendo, dejé mi amargura atrás y sonreí.
—Está bien, señor Plástico, hagámoslo.
Él alzó una ceja.
—Sabes a lo que me refiero —rectifiqué.
—¿Estás segura? —preguntó coqueto.
Me reí.
—Vamos, Edward, eres demasiado presumido, arrogante y demasiado… tú, como para hacer eso.
—Sí, tal vez es eso, o que tú eres demasiado simple para mí.
—Bueno —susurré acercándome a él hasta llegar a su cuello y jadear en su odio—, eso es algo que tú jamás podrás saber. —Me aparté y, alegre, dije—: Es hora de jugar.
Todos se prepararon, tomaron una pista para cada grupo, el que tuviera más puntuación ganaba. Miré a Edward, como diciendo, si es por mí perdemos; así que, cuando me tocó tirar a mí, él se puso detrás de mí, mientras los demás estaban concentrados en sus juegos o hablaban con su pareja. Edward puso una mano en mi cadera y la otra en la mano que sostenía la bola de boliche, lista para derribar esos pinos.
—Ahora todo lo que tienes que hacer es lanzarla fuerte y dejar que ella se deslice, si lo haces bien se le hará fácil entrar —susurró lento y meloso en mi oído.
—¿Y cómo sabes que entrara tan fácilmente? —pregunté.
—Por qué está lista y tan lubricada para recibir…
Entendía el doble sentido de nuestra conversación y podía admitir que era excitante y divertido, así que me pegué más a su pecho, rozándome un poco con él. Lo escuché reír.
—Entonces metámosla —propuse.
Un gruñido bajo y ronco salió de su pecho, él me ayudó a lanzarla y cerré los ojos antes de que llegara al final, luego escuché como tumbó algunos y, cuando los abrí, había tumbado todos los pinos. Grité emocionada.
Empecé a hacer un ridículo baile diciendo:
—Lo hice, lo hice, la metí y los tumbe a todos, soy la mejor.
—Querrás decir que yo la metí —espetó Edward.
Lo miré y celebré con él, chocando la mano. Él aprovechó para acercarme y darme un abrazo, en el que mordió mi cuello y me apretó contra su pecho.
—Sí, creo que… tú la metiste.
—Es que soy muy bueno haciéndolo —murmuró bajo y sensual.
—Puede que esté equivocada y seas muy bueno haciéndolo… metiéndola.
Él jadeó un poco.
—Me refiero al juego —dije de manera inocente.
Estábamos en medio de la pista de juego y no me importa, nunca me importaba lo que pensaran los demás y este era un juego divertido que me estaba empezando a gustar, pero sabía que tenía que alejarme. Lo que menos quería era confundir las cosas de nuevo y la excitación, los juegos de palabras y la abstinencia, no ayudaban mucho.
—Bella —llamó alguien con rudeza, yo me separé de Edward porque pensé que era Garrett, pero, para mi sorpresa, era el fastidioso y estresante de Félix. Él tenía una mirada oscura y territorial, sabía lo que se avecinaba.
—Hola, Félix —saludé con cordialidad.
—¿Podemos hablar? —preguntó mirando a Edward de reojo—. Solos.
—Sólo un minuto, como ves estoy ocupada.
Me alejé de Edward, pero aún sentía su mirada en mi espalda.
—¿Qué quieres, Félix?
—¿Qué haces con él?, ¿por eso es que me dejaste, para tener otro juguete nuevo? —preguntó con rencor.
—Oh… bueno, primero no sabía que habíamos terminado porque jamás tuvimos nada serio, y si quiero tener otro juguete es mi problema, no tuyo.
Él se acercó, yo no me alejé, sólo me quedé ahí, haciéndole frente.
—Bella —murmuró en tono más calmado—, no hagas esto, todo puede volver a ser como antes, sólo dime qué hice mal.
—Pero yo no quiero lo de antes, y no se trata sobre si hiciste o no algo malo, soy yo… Ya esto —musité señalándonos— no funcionaba. —Odiaba que alguien rogara por estar con una persona, era denigrante y, por lo general, no valía la pena, si alguien no quería estar contigo, supéralo y sigue adelante.
—Isabella, yo estuve contigo casi tres años y siempre dices que no fue nada, pero tuvimos una relación, quieras enfrentarlo o no.
Tomé mi cabello con desesperación.
—Entonces, si soy tan incomprensible, ¿por qué esperas algo de mí que sabes jamás te daré?
—¿Por qué? Porque creo que estoy enamorado de ti —confesó bajando un poco la cabeza.
—Pero yo no, Félix, jamás sentí eso por ti y, sinceramente, nunca lo sentiré.
Podía parecer fría y dura, pero algo que me caracterizaba era que no me gustaba ser la buena que miente para que los demás se sientan mejor, prefería ser la mala que decía la verdad y afrontar las cosas una vez. Una vez que te conviertes en alguien de mi pasado, ahí te quedas, y Félix era ya parte de ese pasado.
Él tomó mi brazo con fuerza, me quejé un poco, su mirada era entre melancolía y resentimiento.
—Suéltame —pedí.
—¿Es por él, no?, ¿por el idiota con el que casi te desnudas en este lugar? ¿Quién demonios eres, Bella? —preguntó.
—Suéltame —esta vez no lo pedí, lo advertí.
—Es que… yo… yo no entiendo. Tú… tú me amabas, lo sé.
—¿Estás escuchando lo que dices y cómo lo dices? Oh, por favor, sigue hablando, tal vez con el tiempo digas algo que sea inteligente o al menos verdadero. Ahora suéltame —dije subiendo un poco el tono de mi voz.
—Creo que ella te dijo que la soltaras —afirmó Edward a mi espalda.
—No te metas, esto es entre Bella y yo.
—Y se volverá un asunto entre mis puños y tu cara si no la sueltas —amenazó Edward y Félix reafirmó su agarre.
Me estaba cansando de esto, me giré hacia Edward.
—Edward, no te necesito.
—Ya la escuchaste —replicó Félix.
—Y tú me escuchaste cuando te dije que te partiría la cara si no la sueltas, ¿verdad?
Como me cansé de esta estúpida pelea en la que parecía una muñeca a la mitad de un tsunami, miré a Félix, le sonreí y luego le di un golpe que le haría reconsiderar el tener hijos, ya que no le funcionaria en un tiempo. Él me soltó y se dobló, tocando su pene, cerciorándose que no se lo hubiera partido y porque el dolor que debía tener no era nada normal.
—La próxima vez que me toques, será peor. Supérame y acepta que lo nuestro se acabó.
Lo dejé retorciéndose de dolor. Me di vuelta, miré a Edward quien parecía algo sorprendido.
—Te daré un pequeño consejo, como amiga… No soy una dama en apuros, por lo que no trates de ser mi caballero en armadura, sé defenderme y no te necesito para luchar mis batallas, espero que te quede claro —expliqué con convicción. Era la hija de un jefe de policía, los chicos con los que pasaba mi tiempo en Forks me enseñaron a patear traseros y me alegraba por ello, no era débil y no necesitaba a nadie que quisiera hacerse el valiente por mí.
Resoplé, sonreí como si no hubiera pasado nada y me fui a buscar a los chicos quienes, por suerte, no habían visto el espectáculo, sobre todo Garrett, él era muy protector en ese sentido.
Empecé a caminar y, como no sentí sus pasos, me giré para ver a Edward. Con ironía rodé mis ojos.
—Vamos, tenemos que seguir con el juego. Por cierto, ¿dónde nos quedamos?
hola nenas, gracias a todas por sus comentarios me alegra mucho que amen mi historia tanto como yo lo hago. En el próximo capitulo tal vez llegue travis...
