Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.

www facebook com /groups /betasffadiction

.

.

Una desconcertante chica

.

Edward POV

Después de nuestro juego todos teníamos hambre, así que decidimos ir a comer algunas papas y hamburguesas. Jasper y Alice se disculparon porque al otro día tenían trabajo y debían buscar a Sofía en casa de mis padres, aunque me parecía una pérdida de tiempo. Mis padres amaban cuidar a ese pequeño angelito, a ellos les gustaba pasar las noches en familia lo cual no era malo pero no lo veía como algo normal, al menos para mí.

—Qué raro que no te has quejado, princesita —dijo Emmett mirándome con burla.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Bella.

—El refinado de mi hermanito sólo acostumbra a comer en lujosos restaurantes en los que dan comida para una hormiga y cuesta tanto como si comieran diez personas. —Rodé los ojos aunque sabía que Emmett no estaba siendo exagerado, las chicas con las que solía salir no eran grandes comelonas, por decirlo de alguna manera.

—Sólo de pensarlo me marea —murmuró Bella haciendo una voz chillona—. Oh Edward… ¿cuántas calorías tiene esto?, mejor tomo sólo agua y que no tenga calorías, sólo gas. Vamos, ponme más plástico, mis senos, mi culo y mis caderas operadas son insuficientes, y después de eso tendremos sexo suave, porque ninguna de las cosas operadas puedes tocarlas con fuerza. Oh, Edward, eres tan… comprensivo. —Al final de su falsa imitación de mis pacientes o citas todos se estaban riendo a carcajadas.

No sabía qué impresión tener de Bella, era tan loca pero centrada, una explosión masiva contenida en un gracioso recipiente. Al principio sólo me dije: vamos, Edward, sólo es una chica común con la cual puedes acostarte y jugar, pero luego me di cuenta que no era tan fácil, ella no era una tierna gatita, nada de eso, era más como una salvaje leona que no se dejaba dominar y eso me excitaba y mucho. La cuestión estaba en que ella no quería probar que tan bien funcionábamos juntos, no como una relación, eso jamás, era más como un estado físico que me quitara las ganas de ella. Pero cuando una chica dice no, es no, aunque siempre hay maneras de convencerlas, sólo debía encontrar ese punto débil en Bella.

—No es tan así —repliqué.

—¿Ah, no? ¿Y cómo es?, porque pensarlas a ellas comiendo una hamburguesa y siendo algo inteligentes me cuesta procesarlo —comentó Bella haciendo una mueca.

—Iré a buscar más servilletas.

Ellos empezaron a reír a mi espalda, no le di importancia y sólo fui por más servilletas. La chica que atendía se me quedó mirando, yo sólo alcé un poco la vista y le di una sonrisa torcida, la escuché suspirar y mi ego subió un poco. Esta noche debía llamar a alguien o sólo esperar que Tanya, como siempre, pidiera algo de Edward por una noche, porque con todo el jugueteo de Bella me estaba quedando duro siempre y eso no lo podía permitir.

—Hey, hombre —me dijo un chico llegando a mi lado.

—¿Sí?

—Esa chica, la de short corto y negro…

—Sí… ¿qué con ella? —pregunté, ya que el chico se refería a Bella.

—Sólo quiero saber si sale con alguno de su mesa, es que es preciosa, un bombón sexy, pero no quiero ser golpeado —dijo mirándola con hambre.

Tenía ganas de reír, Bella se comería a este hombre y sólo dejaría sus huesos, así que con naturalidad respondí:

—Ella tiene novio, es un loco mafioso, ya sabes cómo son las chicas lindas, terminan eligiendo al equivocado.

Mi cara de pena debió convencerlo, porque sus ganas de acercársele cambiaron a una mirada de me acabas de ahuyentar. No era algo malo lo que estaba haciendo, sólo era un bien común para ambos, Bella era mucho para ese chico que no le serviría para nada y ella era tan sexy que provocaba devorarla. Aunque yo no se lo admitiera, me gustaba la forma en que se movían sus caderas y como me las imaginaba moviendo encima o en cualquier posición en la que yo estuviera incluido, lo que era raro, porque por lo general salía con chicas operadas y exuberantes, que al lado de ellas Bella parecía sencilla.

—Gracias, amigo.

—De nada —dije sonriendo.

El chico se alejó y yo volví a la mesa con los chicos, estos estaban tan entretenidos que no se dieron cuenta de mi llegada.

—Entonces, Bella, ¿tienes esta semana libre? —preguntó Garrett.

—Ya sabes cómo es James, mitad ángel mitad dolor en el culo, pero al menos me dejó la semana libre de oficina, aunque no de trabajo —explicó haciendo una mueca de fastidio.

—No te quejes, Bella, tu trabajo es el más fácil de todos —comentó Kate.

—¿De qué trabajas? —pregunté.

Bella me explicó que trabajaba de asistente en una editorial y que quería llegar a ser editora en jefe, lo que me parecía extraño, ella era una chica tan activa, feliz, no le veía leyendo miles de manuscritos por mes, pero supongo que hay todo tipo de personas en este mundo.

Mi hermano, por otro lado, no dejaba de mirar y tocar a la amiga de Bella, Rosalie, casi se comían con la mirada, sabía que terminaría enamorado de esa chica, lo podía ver. Mi hermano era un romántico empedernido y siempre encontraba la manera de terminar enganchado con las chicas, pero ese era su problema, el malgastar su tiempo de esa manera.

Quería quedarme más tiempo, la plática, la comida y la compañía estaban entretenidas, pero al otro día tenía una operación de senos, mis preferidas, y debía llegar temprano y sobrio. Eso era lo malo de mi trabajo, la diversión a veces debía posponerse, pero era lo que se tenía que hacer, además todavía tenía horas para divertirme en el apartamento o en cualquier lugar donde estuviera una mujer que me diera lo que quería.

—Me debo ir —anuncié, todos me vieron y asintieron.

—Nosotros también debemos irnos, mañana nos toca trabajar —dijo Garrett, quien tomaba a su novia de la mano para marcharse. Le dio una mirada a Bella y esta asintió, ellos tenían una relación tan complementaria, era como si supieran lo que pensaba el otro antes de que lo dijera.

—Rosalie, ¿vienes con nosotros? —preguntó Bella con una sonrisa en el rostro.

—Ah… bueno.

—Iremos a hablar —respondió mi hermano por ella.

—Yo también quiero una plática de esas —comenté con gracia, él me miró mal pero los demás sólo se carcajearon. Alcé mis hombros con indiferencia para mi hermano, él buscó golpearme pero no lo dejé.

—Bueno, nos vamos —dijo Emmett tomando a Rosalie de la mano. Lo miré y alcé una ceja, él sólo alzó un poquito los hombros y me dijo con la mirada que ya estaba enganchado con esta chica, me parecía una buena persona y no estaba nada mal, así que… ¿por qué no?

—Fue un gusto, Edward —dijo Kate dándome un beso en la mejilla.

Después de despedirnos, ellos se fueron, yo sólo quería comprar unas papas adicionales para llevar y comerlas mientras conducía, ¿qué podía decir?, me encanta la comida chatarra y por lo general no la comía, la mayoría de las veces por mis citas, como les decía Emmett, lo que no era a ese extremo.

Antes de ordenarlas, sentí un golpecito en mi hombre. Me volteé para ver de quién se trataba y era Bella, tenía una sonrisilla en el rostro y esos ojos que pretendían ser inocente cuando no lo eran.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Quise despedirme de ti y decirte algo. —Salí de la fila para comprar para llevarla a un rincón y así me dijera lo que me tenía que decir.

—No tenías que regresar para despedirte —comenté—, y en cuanto a lo otro… ¿qué es eso que quieres decirme?

Mi postura, al igual que la suya, era relajada, pero había una tensión rara que siempre nos rodeaba cuando estábamos solos, lo que me gustaba, pero me dejaba con ganas y ella no me las quería quitar.

—Claro que debía volver a saludarte porque tenía que decirte que… —ella comenzó a hablar y puso un dedo en mi abdomen, se mordió el labio y me sonrió— si un chico te pregunta si tengo novio, tú le dices que no, en lugar de que es un mafioso y yo una chica loca.

Me reí con descaro.

—Esas no fueron mis palabras.

Ella me miró mal, pero no como si estuviera enojada más curiosa por alguna razón.

—No fueron exactamente mis palabras, para ser más claros, no te dije loca —aclaré.

—Oh… que alivio, eres un idiota —dijo con una sonrisa.

Me le acerqué y besé la comisura de sus labios, succionando un poco.

—Contrólate, Cullen —pidió alejándose un poco—, y deja esos celos, cariño.

—No eran celos.

—¿No? Porque en la casa de tus padres cundo pensaste otra cosa de Garrett y de mí me hizo dudar un poco. —El tono de su voz era de broma y burla.

Me estaba gustando esta dinámica que, al parecer, teníamos los dos, era como un juego constante, llevándonos a los límites, unos límites que en algún momento, de tanto forzarlos, se terminarían por traspasar.

—Eso no es lo que piensas, sólo era… curiosidad —dije sin darle importancia.

—Está bien, haré como que te creo. Nos vemos otro día —dije acercándose y dándome un beso cerca mi boca y succionando un poco.

Ella se giró para irse, pero yo la tomé de la cintura, pegando su espalda a mi pecho y mordiendo su cuello.

—Deja de morderme —se quejó en un gemido bajo y risueño.

Me estaba gustando mucho esa forma que ella tenía de quejarse cuando le hacía algo, era algo entre inocente y tímido, pero también peligroso y provocador, y no ayudaban esos pantaloncillos cortos que dejaban al descubierto sus increíbles piernas. Tal vez no estaba acostumbrado a fijarme en chicas como Bella, pero era un hombre y ella no estaba nada mal.

—¿Por qué?, si sé que te gusta —susurré cerca de su oreja, lamiendo un poco.

—Ya, Edward, para —jadeó un poquito cuando la acerqué más a mí, rozándome con ella—, hay niños aquí.

—Tranquila, nadie nos verá. —Me senté en una de las mesas cerca, la que estaba más escondida de todos, y la senté encima de mí.

—Siempre tan ansioso, pequeño Eddie. —La giré y mordí sus labios, ella se quejó alejándose.

La miré sin arrepentimiento.

—Sabes que odio que me digas así.

Nuestros labios quedaron cerca, rozándose. Más duro no podía estar en ese momento y apostaría con mi vida a que ella estaba igual de mojada. Bella tomó mi cabello con fuerza, no era el lugar adecuado pero no le presté atención a eso, no era precisamente con mi cerebro que estaba pensando

—Edward, hagamos algo —susurró todavía sin despegarse de mis labios.

—¿Qué propones?

—Vamos a respetar las reglas, seamos buenos amigos sin beneficios ni nada de eso, es lo mejor. Tú lo sabes, yo lo sé, es algo obvio.

Pensé que me propondría algo diferente pero entendí su punto, o al menos trataba de hacerlo. No entendía por qué se complicaba tanto con esto, sólo era sexo, Bella no era la típica chica que me pediría compromisos, ni se enredaría sólo por una noche de sexo, pero entendía que ella quería ser sólo mi amiga, sin sexo, y así sería.

—Está bien, nada de coqueteos o insinuaciones, sólo dos amigos —lo dije sin alejarme de sus labios, si ella quería hacerlo de esa manera, tendría que dar el primer paso.

Me le acerqué más hasta succionar sus labios.

—Edward —reprendió ella sonriendo.

—Sh… calla, que es el último, sólo para cerrar el trato —aclaré hundiendo mis dedos en su cadera.

Metí mi lengua en su boca, explorando sin prisa, de manera lenta y húmeda. Ella mordía y succionaba. En ese momento sólo quería subirla a horcajadas sobre mí y hacer una película que no sería calificación para niños.

Ella jadeó un poco en mi boca para no hacer ruido y eso fue el detonante para que se levantara y sonriera de forma pícara.

—Ya estamos claros, así que debo irme.

—Yo me quedaré un rato aquí —dije ocultando un abultado problema debajo de la mesa.

Ella ni siquiera intentó ocultar su risa y felicidad.

—Oh, Eddie, creo que deberías solucionar ese problema —murmuró señalando hacia mi entrepierna.

—¿Por qué no lo solucionas tú? —propuse, pero vi su cara de acabamos de hacer un trato, por lo que me controlé.

—No puedo, debo ir a solucionar problemas de gente que sí me interesa —comentó insinuando exactamente lo que pensaba.

Bella se dio media vuelta y se fue moviendo ese lindo trasero que tenía de manera sensual, sabía que lo hacía apropósito, por lo que no tuve más remedio que reírme y esperar a que mi problema se bajara un poco para poder irme.

Esa noche llamé a Irina. Lo bueno de Irina era que ella sólo llegaba, hacía su trabajo y se iba sin compromisos, sentimientos o palabras; ella había sido una de mis pacientes y ahora sólo mi desahogo para días como ese, en los que necesitaba una mano o boca, según las circunstancias.

La pasamos bien, ella era toda una niña buena en la cama y se dejaba guiar por mí y mi control sin poner resistencia o quejarse, al menos no de mala manera. Como al otro día tenía trabajo, ella se había ido en la madrugada; tan cansado y profundamente dormido estaba que no me había percatado, sólo me di cuenta en la mañana cuando desperté y encontré una nota que decía que la había pasado bien y que la llamara si quería repetirlo.

Con una sonrisa me bañé y alisté para irme a trabajar, a pesar de la buena noche que había pasado con Irina faltaba algo y no quería pensar qué era, porque sabía que eso no sucedería, así que descarté la idea y me dije que era algo estúpido de pensar y que sólo ella no había sido suficiente.

Estaba en el consultorio revisando algunos exámenes de pacientes ya operados y los futuros, cuando recibí una visita bastante inesperada, pero siempre bienvenida.

—Tío Eward —gritó Sofía corriendo a mis brazos en cuanto entré en el consultorio.

Cuando la tuve a mi lado la subí a mis piernas y empecé a repartirle besos.

—Mi pequeña muñequita, ¿qué haces aquí?

—Mi papi me tajo y dijo que mi tito estaba aquí, y estás aquí tito —dijo emocionada.

La abracé y empecé a hacerle costillas mientras ella decía que parara. Nunca me habían gustado los niños, la mayor parte porque nunca había tenido a uno el tiempo suficiente para conocerlo y que me cayera bien, además de que me parecía que siempre pedían algo o lloraban por algo y ese pensamiento me desesperaba. Pero eso hasta que nació Sofía, yo la vi su primer día en la incubadora, la cargué y estuve con ella a medida que iba creciendo, la amaba como si fuera mi propia hija, ella jamás era fastidiosa ni nada de eso, siempre estaba en ella esa inocencia y ternura que me encantaba.

—¿Qué te parece si tú, mi niña hermosa, y yo nos vamos a comer un rico helado? —le pregunté y ella abrió los ojos de par en par.

—¿En sedio, tito?

—Sí, mi princesa, vamos.

Me puse un abrigo porque estaba haciendo frío, y busqué a Alice para que le pusiera uno a ella porque no quería que se enfermara.

Alice ya me estaba esperando afuera con el abriguito de Sofía listo.

—Iremos a comer un helado. —Ella sonrió, como si ya fuera consciente de que lo haríamos.

Le colocó el abrigo rosa a Sofía y le dio un beso en la mejilla.

—Diviértete —susurró dándole un sonoro beso—. No le des mucho helado o golosinas por favor —pidió Alice.

—No te prometo nada, sabes que la princesa manda. —Le di un beso en la mejilla y me llevé a Sofía cargada hasta el auto.

Sofía y yo fuimos por un helado y algunas golosinas que ocultaríamos de su mamá, la llevé al parque y le dimos de comer a las palomas. Ella reía tanto y estaba tan feliz mientras jugaba, y se asustaba cuando alguna se le acercaba mucho.

—Tío —gritó asustada cuando una la estaba persiguiendo, la tomé en mis brazos y la alcé, lanzándola en el aire y haciéndola reír.

Pasamos la mitad del día así: paseando y ella contándome de su nueva profesora de piano. A ella le encantaba el piano, pero dijo que la maestra no le caía bien, que prefería que su tío Edward le enseñara. Le prometí que le daría unas clases cuando tuviera tiempo, pero que se tenía que portar bien con la profesora, como una niña buena.

—¿Lo prometes por la garrita? —pregunté con mi menique en alto y carita triste.

—Lo pometo, tío —respondió haciendo la garrita conmigo y dándome un besito arrugando su nariz de la manera más linda que podía existir.

Al terminar nuestro paseo volvimos a la clínica, ahí nos esperaba Jasper quien era el que pasaría a buscar a Sofía. No me quería despedir de ella, era maravilloso pasar el tiempo con esa princesa hermosa, pero era hora ya que yo tenía trabajo y ella debía ir a su clase de piano.

.

Después de ese día no pasé ni un segundo libre fuera del quirófano o la oficina y ya me estaba cansando de eso, por lo que organicé todo para tener al menos las tardes libres, no recibiría tantas citas como antes, ya que ni podía salir a beber con amigos. Lo que sí había hecho Emmett, quien estaba saliendo con la amiga de Bella, Rosalie, salían desde el mismo día que se había conocido. Ella, además se estaba quedando en su casa y ya sabía yo que eso se volvería algo permanente, porque mi hermano me llamaba todos los días para decirme lo grandiosa que era y que sería la madre de sus hijos, lo que me parecía algo exagerado, pero no se lo haría saber, Emmett era Emmett: un eterno enamorado.

Por lo que me había contado él había salido esos días con su nueva novia, Bella, Garrett, Kate y Alice, la cual no me había dicho nada. Había estado en algunos antros, regresado al boliche y hecho algunas reuniones en casa de Bella a las no había asistido por mi trabajo y algunas salidas clandestinas que me dejaban algo cansado, pero igual no me quería alejar de ellos, por lo que planeé con Emmett ir a una discoteca muy activa en el centro de Nueva York a lo que todos estuvieron de acuerdo.

Esperaba que esa noche pudiera encontrar una chica que me saciara en verdad, no es que no hubiera tenido fantástico sexo en esos días, todo lo contrario, pero había algo que hacía que siempre me quedara con ganas de más, jamás era suficiente. Había una parte de mí que quedaba insatisfecho y no era por cantidad de chicas, ya que en ese tiempo había hecho un muy buen trío con unas chicas que estaban, justamente, como me gustaban, pero aun después de esa increíble noche quería más.

Estaba en mi apartamento listo para salir, ya Emmett y su nueva novia me estaban esperando en la discoteca. Sólo me había puesto mi suéter gris y un pantalón negro, peiné mi cabello pero seguía rebelde como siempre.

La ciudad estaba activa y movida como siempre, de ahí el dicho de que nunca duerme porque, bueno, nunca lo hacía. Conduje hasta donde me reuniría con ellos, estacioné el auto y caminé hacia la entrada, estaba Paul de seguridad y la fila era infinita, pero yo era Edward Cullen.

—Edward, semanas sin verte —bromeó Paul ya que me pasaba muchas noches en ese lugar.

—El trabajo —respondí saludándolo y pasando por vip.

Al entrar no fue difícil encontrarlos, ya que mi hermano era un enorme chico.

—Hola, mariposita, al fin llegaste —saludó Emmett.

—Hola, Edward —dijo Rosalie dándome un abrazo.

Caminamos hasta donde estaba la mesa que ocuparíamos, el lugar era uno de mis preferidos: enormes barras donde tomar, mesas distribuidas en un espacio exclusivo, una enorme pista de baile, buena música y, si tenías ganas de comer algo, también estaba en lugar para comer.

—Hermanito casi ni te he visto —comentó Emmett cuando ya estábamos sentados con nuestro trago en mano.

Rosalie, como nosotros, pidió una cerveza y se sentó al lado de mi hermano. Lo mejor de estar con ellos era que no eran melosos entre sí y, por lo que me decía mi hermano, ella era su chica ideal: boca de camionera pero también de dama, le gustaba el fútbol y era ideal para comer pizza y cerveza al mirar un partido. Todavía no se la había presentado a nuestros padres porque decía que lo mejor sería dejar pasar un poco el tiempo, para conocerse más, porque conociendo a mamá lo primero que haría al ver la mirada de enamorado en mi hermano sería preguntar cuándo habría boda.

—¿Y dónde están los demás? —pregunté, ya que Garrett, Kate y Bella no habían llegado.

—Garrett y Kate están llegando, y Bella no se sabe si va a venir —respondió Rosalie mirando su teléfono, seguro el aviso de la llegada de los tórtolos.

Me desilusionó un poco que Bella no viniera, me gustaba sacarla de sus casillas y también el hecho de que podía robarle un beso cuando quisiera, porque esos labios tan dulces y jugosos eran una perdición para cualquiera, pero qué se podía hacer, tampoco era que desaprovecharía la noche.

—Voy a buscar una cerveza. —Me levanté y los dejé solos, ya se estaban empezando a poner cariñosos y, aunque estaban en todo su derecho, yo también necesitaba algo de cariño.

Cuando estaba pidiendo mi cerveza alguien tocó mi hombro, pensé que sería Bella porque era algo de ella, así que me volteé con una sonrisa pícara.

—Me alegra que estés feliz de verme. —Mi sonrisa decayó un poco, era Tanya la que estaba frente a mí, con un vestido tan pequeño que casi parecía una camisa y con un escote tan grande que parecía que sus senos en cualquier momento estallarían.

—Hola, Tanya.

—Edward, ¿qué haces por aquí? —preguntó acercándose más.

Oh, Tanya, jamás te rindes, pensé antes de responder:

—Estoy con mi hermano y unos amigos, ¿y tú?

—Yo vine a ver que puedo encontrar de bueno y te encontré a ti, ¿no te parece una extraña casualidad? —Sus coqueteos jamás se detenían, en otra oportunidad, o en realidad si no la conociera, no dudaría en llevarla al baño y darle algo de la diversión que vino a buscar, pero el hecho era que la conocía y sabía que ella, aunque al principio aceptara ser sólo amigos, después querría más, más tiempo, palabras, compromisos y, cuando se lo negara, se convertiría en una ex loca, de la que tendría que huir. Por lo que no, gracias, prefería mantener a mi amigo confinado antes de caer en sus garras.

—Sí, que casualidad. —Me tomé un trago—. Espero encuentres lo que buscas, nos vemos después. —Ella quiso decir algo, pero me fui tan rápido y la música estaba tan alta que no sé si lo dijo.

Llegué donde estaban los chicos, saludé a Garrett y Kate, los cuales acababan de llegar.

—Edward estabas desaparecido —comentó Garrett.

—El trabajo —expliqué—, además sabes que algunos gustos toman tiempo —dije insinuando mis salidas con chicas, él lo captó y rodó los ojos.

—¡Qué lástima que Bella no vendrá! —dijo Rosalie con pesar.

—Tiene que trabajar, ya James regresó de su viaje y ya sabes cómo es, si no esclaviza a Bella no está feliz. —Kate tomó su trago y refunfuñó con irritación, al menos ya conocía la razón por la cual no vendría.

—Estúpido idiota —espetó Rosalie mientras Emmett se reía.

—Sí, es un completo bastardo. —Todos miramos en la dirección dónde provenía la voz.

—Bella —gritaron Kate y Rosalie.

—Hola, chicas —saludó con una sonrisa, luego miró a mi hermano, a Garrett y a mí—, y chicos.

—¿Cómo lograste librarte de James? —preguntó Garrett.

—Con mi ayuda —respondió un chico que llegó y tomó a Bella de la cintura, pegándola a su cuerpo.

—Travis —resopló Garrett—, que gusto volver a verte.

Él ni siquiera quiso disimular el sarcasmo con el cual lo dijo, pude ver como Bella rodaba los ojos, Kate trató de tranquilizar con disimulo a Garrett y Rosalie lo miraba con burla, yo sólo me pregunté ¿quién era él?


Siento la demora, espero el capitulo les gustara vi en un reviews que querían un pov edward y como me gusta complacer se los traje.