Beteado por Flor Carrizo, betas FFAD.
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Parte de mi vida
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POV Bella
La felicidad en la vida no es tan compleja como muchos piensan, ni tan inalcanzable como otros creen, para mí ser feliz era pasar la tarde comiendo helado en compañía de Kate, Garrett o Rosalie, y también podía ser ir a una discoteca y bailar hasta cansarme, lo que haría esta noche.
Esta noche teníamos una salida planificada, al parecer iría Edward, al que no veía desde hace semanas. Según Alice tenía muchas cirugías que atender. Claro, las tetas pagan muchas cuentas, pensé.
Estaba mirando un juego de fútbol cuando mi teléfono comenzó a sonar, vi el identificador y se trataba de James. Pedí por favor que no fuera para trabajar hoy, eso sólo arruinaría mi fin de semana.
—Hola, James.
—Mi Isabella querida… —Rodé los ojos, algo me iba a pedir, él nunca solía ser tan amable—. Necesito un gran favor.
Lo sabía.
—¿Qué necesitas, James? —pregunté sin mucho ánimo.
—Sé que es tu fin de semana libre, pero Ángela está enferma, no confío en Jessica y tú eres la única disponible para terminar de corregir el capítulo de la novela de Frank, la que te dije que me parecía iba a ser algo grande. —Quería decirle que no, en realidad quería hacerlo, pero era bueno que James empezara a delegarme trabajos más importantes, eso significaba estar más cerca de un ascenso.
Resoplé y masajeé mi frente.
—¿A qué hora me necesitas?
—Lo más adecuado sería ahora mismo, para poder terminarlo esta misma noche.
Genial, pensé, mi noche acaba de arruinarse.
—Estaré en una hora en lo oficina, haré todo lo posible para terminarlo antes de medianoche —dije levantándome del sofá y caminando a mi habitación. Por suerte ninguno de los chicos estaba en casa, sabía que tratarían de persuadirme para salir en la noche.
—Está bien, aquí te estaré esperando. —Cortó la llamada y eso fue todo para que un día de trabajo más comenzara.
Suspiré y amarré mi cabello para darme un baño y alistarme.
Ya estaba lista cuando escuché la puerta de entrada abrirse, di una mirada al espejo y aprobé mi look, tenía una falda en tubo color piel y una camisa algo escotada negra, con unos hermosos tacones. Había recogido mi cabello en una coleta alta con algunos cabellos por fuera, poco maquillaje y un rico perfume de uvas.
Salí a la sala encontrándome con Kate y Garrett.
—¿Para dónde vas tan elegante? —preguntó mi amiga.
Fruncí el ceño y carraspeé antes de responder.
—Me toca trabajar.
—¿En serio?, pero es tu día libre, sólo dile que no puedes ir —refunfuñó Kate.
No pude evitar reírme.
—Es mi trabajo, además aunque es mi día libre eso me ayudará a subir de puesto.
Ellos sabían lo que yo quería lograr y, aunque me apoyaban, también les disgustaba que yo trabajara tanto, pero a mí me gustaba mi trabajo y ese era un plan a futuro que esperaba lograr.
—Es su trabajo, Kate, déjala en paz.
Mi amiga resopló y rodó los ojos ante las palabras de Garrett.
—Bueno, me voy, James me debe estar esperando.
—Lo odio —espetó ella cuando me despedí.
—Yo también.
—¿Entonces no irás esta noche? —preguntó Garrett cuando ya estaba por salir.
Lo pensé por un momento antes de responderle, aún no sabía qué tan largo sería el capítulo o qué era lo que debía cambiarle, por lo que no tenía idea de cuánto me tardaría.
—No lo sé, depende de a qué hora termine. Yo les aviso. —Él asintió y Kate me miró con cara de borreguito, sabía que quería que fuera y yo también quería ir. Les lancé un beso y me fui.
No había mucho tráfico, así que no me tardé mucho tiempo en llegar. La empresa estaba casi desolada, al único que vi fue a Eric en la impresora y a Jessica atendiendo el teléfono, ella me saludó con una mirada desdeñosa, pero como siempre no le presté mucha atención, ella era así, ¿qué se le podía hacer?
Fui hasta la oficina de James y él ya me esperaba en la puerta con el manuscrito en mano, para nada ansioso.
—Hola, Isabella.
—Hola, James, como ves, aquí me tienes.
—Gracias, querida, no sabes cuánto te lo agradezco.
—Al menos espero valga la pena —dije para mí.
Después de tener el trabajo en mano, me fui a mi cubículo. James sólo me dijo que estaría en su oficina para cualquier cosa que necesitara, sólo suspiré y me puse manos a la obra.
Pasaron varias horas entre corregir y cambiar algunas cosas sin sentido, aunque en sí la historia era bastante buena, no tan cliché como algunas cosas que me tocaba corregir.
Iba por mi segunda taza de café, cuando mi teléfono sonó.
—Hola.
—¿Cómo que no vas a ir?
—Rose, ¿podrías evitar gritar? —reprendí mientras me reía, era imposible que ella fuera delicada.
—Eso no importa… —bufó quitándole importancia—. Sólo dime porqué Kate me acaba de decir que no irás esta noche.
—Estoy trabajando, James me necesitó a última hora. Tal vez vaya, aún no sé cuándo terminaré de trabajar —expliqué.
La escuché maldecir, raro en ella.
—Está bien, espero puedas venir, quiero ver de nuevo las chispas entre el señor silicona y tú.
—Por favor, ¿cuándo dejarás eso? —repliqué rodando los ojos aunque ella no podía verme.
Rosalie tenía una idea fija en la cabeza, ella pensaba que Edward y yo hacíamos la pareja perfecta, lo que me parecía una completa estupidez, más polos opuestos no podíamos ser. Además, él era demasiado muñequito de torta arrogante para mí, así que ella debía descartar la idea de que algún día estaríamos juntos porque no pasaría.
—Sabes que jamás, así que no te resistas, sabes que ahí hay algo.
—Sí, claro, como digas. Debo volver a lo que estoy haciendo, te aviso si voy. —Corté la llamada antes de que ella empezara de nuevo con su discurso de como ella y Emmett eran el uno para el otro.
Me alegraba su relación con Emmett, ella era feliz, él era un buen chico y, por alguna razón, se complementaban, pero no significaba que yo quisiera lo mismo. ¿Si era feliz para qué complicar las cosas?
Ya eran las ocho cuando estaba por terminar, me dolían los ojos, la espalda me estaba matando y tenía hambre aunque ya había comido.
Puse la cabeza contra la mesa de mi cubículo y me quejé en un lamento.
—No parece que estés muy cómoda, ¿quieres ayuda?
Alcé la vista y se me quitó el aliento, era él… no lo podía creer.
—Vamos —dijo abriendo los brazos—, dame un abrazo, sé que me extrañaste.
Me levanté y lo abracé, no podía creer que después de meses lo volvía a ver y se sentía exactamente igual que antes de su partida.
Lo abracé con fuerza, tenía ese mismo perfume, fuerte y estresante, que me gustaba tanto. Al separarme de nuestro abrazo, lo golpeé.
—Auch… ¿por qué fue eso, Bella? —se quejó haciendo una mueca.
—¿Por qué no me avisaste que venías?
—Quería darte una sorpresa.
Sonreí y negué con la cabeza.
—Por cierto, ¿qué haces trabajando un fin de semana? —preguntó mirando la soledad de los pasillos.
—Tu tío me dio una tarea extra por ser niña buena —dije con gracia.
Él se acercó sonriendo y me acorraló contra mi escritorio, puso sus manos en mi espalda.
—¿Tú una niña buena? —susurró cerca de mis labios—. ¿Desde cuándo?
—Siempre lo he sido —bufé.
—Mmm, claro.
Terminó de pegar sus labios a los míos y empezamos a besarnos, sus labios eran tan suaves como siempre, al igual que lo tibio de su lengua. Tomé su cuello con fuerza y lo pegué más a mí, la diferencia de besar a Travis y Edward era que Travis era más calmado, se dejaba llevar por mis pasos, mientras que Edward no seguía ninguno de mis pasos, sólo hacía lo que le diera la gana, con él siempre era una lucha.
Me separé de Travis y él me miró preguntándome por qué me había detenido, y yo sólo podía pensar qué hacía comparando a Travis con Edward.
—Debo terminar esto —dije señalando el manuscrito—, tengo una salida con los chicos a la cual quiero ir pero…
—Si me invitas puedo sacarte de aquí —propuso.
—¿Desde cuándo pides permiso para seguirme?
Él rodó los ojos.
—Vamos, haré que te deje salir. —Él tomó mis manos para ir a la oficina de su tío.
Al principio, cuando me enteré de que él era su tío, no sabía si alejarme o no de él porque, bueno, no tenía idea de que un familiar suyo tuviera una empresa como esta; además jamás me había gustado mezclar la amistad con el trabajo, jamás resulta bien, pero Travis era relajado y jamás se estresaba cuando yo decidía alejarme o algo así.
Él tocó la puerta y James indicó que pasara, seguro suponiendo que se trataba de mí.
—Isabe….
Él se quedó a la mitad cuando lo vio. Travis, por lo que me había contado, no era muy apegado a la familia de su madre, pero con James parecía llevarse bien porque él no lo juzgaba por su aspecto, ni se metía con qué hacía o no con su vida.
—Travis —saludó acercándose a él y dándole un abrazo—, ¿por qué no me avisaste que venías?
Él se encogió de hombros.
—Se me pasó, además quería darle una sorpresa a Bella.
—Ya veo… —Él me miró y sonrió.
Sabía lo que pensaba James porque una vez lo había mencionado: serías perfecta para mi sobrino. Yo sólo le respondí que hasta una manzana sin ojos era perfecta para Travis si tenía un agujero, a lo que él sonrió dejando el tema atrás.
—Sólo quería ver si Bella ya podía irse, tenemos un lugar al cual ir. —Miré a Travis con reproche, no quería que James pensara que sólo dejaba mi trabajo por irme con él.
—Sí, claro, ella ya puede irse.
—Pero, James…
—Nada, Isabella, tú ya hiciste mucho trabajo para tu día libre, eres joven… Ve con mi sobrino y diviértanse, y evita que se meta en problemas —remarcó esa última palabra.
Yo lo miré graciosa.
—Como si eso fuera posible.
Travis me miró y me dio un toquecito en la cadera, yo sólo lo observé diciendo que era verdad.
Después de entregarle el trabajo a James nos despedimos y él se metió en el auto para conducir, yo sólo le pasé las llaves, esta dinámica ya era normal en nosotros.
Estaba conduciendo y yo mirando por la ventana cuando él dijo:
—Te extrañé.
—Me alegra que estés de vuelta. —Fue lo que pude responder y él lo aceptó, porque sabía hasta qué punto podía dar de mí.
—¿Y adónde vamos?
—Primero a mi departamento, debo cambiarme.
Él puso una de sus manos en mi pierna.
—A mí me parece que te ves bien.
—Vamos a una discoteca no creo que este sea el look adecuado, además —dije y puse mi mano en su mano y la quité— me gusta estar despampanante cuando voy a salir.
El camino fue silencioso pero no incómodo, sabía que teníamos muchas cosas de las cuales hablar pero no sería esta noche, sólo nos divertiríamos y disfrutaríamos de la compañía del otro, aunque no sabía cómo tomaría mi compañía Garrett y los demás.
Cuando llegamos al departamento, abrí la puerta y lo que pude sentir en inmediato al cerrarla fueron sus manos en mis caderas y pegándome a su cuerpo. Jadeé cuando lo hizo.
—Hey, contrólate.
—¿Por qué? —espetó acercándose a mis labios.
Metí mis manos por sus cabellos y lo atraje hacia mí. Una parte de mí quería que él me besara por instinto, por querer que me pegara a la pared… no sé qué demonios era lo que quería.
—Le prometí a Garrett que no pasaría nada aquí, además ya los chicos deben estar en el lugar y me debo ir a arreglar —expliqué de manera algo atropellada alejándome de él y caminando a mi habitación—. Puedes tomar lo que quieras mientras me cambio —le grité desde mi habitación.
—¿Y si quiero tomarte a ti? —Le escuché responder.
No le respondí, sólo me dispuse a darme un baño rápido y cambiarme.
Podía escuchar el televisor mientras me vestía, me puse un hermoso vestido de encaje azul eléctrico muy corto, con mis tacones preferidos negros, solté mi cabello y me coloqué un maquillaje nocturno no muy sobrecargado. Rocié en mi cuerpo un perfume dulzón de fresa y ya estaba más que lista.
—Ya estoy lista —avisé mirando desde la puerta.
Él se me quedó mirando y se mordió el labio.
—Decir que te ves hermosa, sexy, comible y follable no sería suficiente.
Me reí acercándome a él.
—Gracias por los halagos.
—De nada, cariño. —Se levantó y apagó el televisor.
—Vamos, es hora de irnos.
Estuvimos hablando de dónde se quedaría, un hotel muy bonito cerca de mi trabajo. Me dijo que había visto a mi padre antes de venir y que, como siempre, este lo saludó de manera casta y sin humor, lo que era muy normal en Charlie. No había visto a mi hermano en persona, pero sabía que estaba bien y que a las voces era muy feliz. Eso me hizo sonreír, los extrañaba y saber que estaban bien me hacía sentir mucho mejor.
Llegamos a la disco y no tardamos mucho en entrar, caminamos buscando a los chicos. Yo no quería avisarles que estaba por llegar, la sorpresa sería mejor, sobre todo no quería omitir lo obvio: que Travis venía conmigo.
A lo lejos y sin poder perderle de vista, visualicé a Emmett, y cómo no, si él era gigante.
Me acerqué a ellos cuando los escuché hablar de James, diciendo que era un idiota, a lo que acoté con sarcasmo que era un bastardo.
Saludé a las chicas y los chicos, y cuando tocó la aparición de Travis pude ver que Garrett no lo tomó de la mejor manera. Rosalie sólo se reía, ella conocía a Travis y le caía bien.
—Hola —Garrett saludó a Travis.
—Hola —refunfuñó este. A veces Garrett se podía parecer mucho a mi padre, por eso se llevaba tan bien con él.
Travis saludó a Kate y Rosalie, la cual me miró alzando las cejas mirando a Travis y a Edward. Yo sólo la ignoré, le presenté a los chicos y pronto nos sentamos. Yo quedé al lado de Travis y Edward.
Jasper y Alice no podrían venir porque tenían una cena familiar con la familia de Jasper y se llevaron a la linda Sofía con ellos.
Hubo un momento, mientras escuchaba una de las historias de Emmett, que sentí la mano de Edward en mi muslo. Lo miré y él apartó la mano haciendo una mueca.
—Iré a buscar un trago —avisé levantándome.
—Te acompaño —dijo Rosalie.
Fuimos hasta la barra y no esperó hasta detenernos para empezar.
—¿Viste, es decir, has visto eso? —preguntó de manera exagerada.
—¿Qué? —espeté con fastidio—, ¿qué es lo que debía ver?
—Primero deja esa actitud de no quiero que me digas nada, porque sabes que eso no pasará. Te pregunto si viste como Travis casi te pegaba a tu cuerpo y Edward estaba como celoso. —Terminamos sentadas y con un trago en la mano.
—Edward no está celoso —bufé.
—Yo creo que sí —afirmó—, tenía esa mirada de alguien está tocando a mi chica.
Rodé los ojos.
—Oh, Bella, tú nunca estás indecisa… y ahora parece que lo estás.
Miré a donde estaban los chicos y, de la casualidad, Edward hablaba amenamente con Travis.
—Cuando estaba besando a Travis, bueno… yo…
—¿Tú qué? —apresuró ansiosa.
—Pensé en Edward.
Rosalie casi se ahogó con su Martini.
—¿Es en serio?
—Tan en serio como que quiero besar a Edward en este momento.
—Oh… —exclamó mirando a donde él se encontraba.
—Hablando del rey de Roma…
Cuando le iba a preguntar a qué se refería, lo sentí a mi espalda.
—Rosalie, ¿me dejas tener unas palabras con Bella?
Ella me miró y yo asentí, no lo podía evitar y tampoco era algo que quería hacer.
—Sí, claro, nos vemos ahora.
—¿Qué pasa, galán, no has encontrado conquista? —pregunté en broma.
Él sonrió.
—Conquistas tengo muchas.
—Gracias a Dios no eres para nada arrogante.
Él se sentó a mi lado y pidió una cerveza.
—Tu noviecito es un buen tipo —comentó mirándome fijo, no desvié la mirada, sólo lo observé con más intensidad.
—Travis no es mi novio —aclaré restándole importancia.
—¿Entonces qué es?
—¿Para qué quieres saberlo?
—Soy curioso.
No me creía eso, pero tampoco me importaban cuáles eran sus intenciones al preguntar eso.
Una canción de Rihanna llamada Skin empezó a sonar con un ritmo tan suave y sexy que, al vernos, no hubo que decir mucho, porque los dos teníamos el mismo pensamiento.
—Vamos a bailar —dijo tomando mi mano y llevándome a la pista.
—¿Tú jamás pides permiso, verdad?
—¿Para qué hacerlo?, si sé que tú también lo quieres. —Estaba a punto de decirle lo arrogante e idiota que era, cuando sentí como me pegaba a su cuerpo.
Él bajó sus manos hasta mi trasero, apretándolo disimuladamente.
—Te ves muy sexy —susurró en mi oído.
—Tú también.
Aunque quisiera negarlo sí lo había detallado cuando llegué, tenía un suéter gris que marcaba cada musculo de su pecho y brazos, su cabello apuntaba para todos lados como una invitación clara para poner las manos en él.
Nos estuvimos rozando al ritmo de la música, él no había hecho más movimientos que tocar mi trasero y besar esporádicamente mi cuello. Yo sólo metí mis manos en su cabello y, al pasar los minutos, la música, el alcohol y los movimientos, bastaron para casi hacerme jadear.
Nos quedamos mirando y nuestros labios estaban a muy escasa distancia. Podía sentir lo tenso de sus músculos, el olor a perfume masculino fuerte, casi adictivito, que todo su cuerpo destilaba. Jamás, aunque lo intentaría y sería mentira, podría decir que Edward no era atractivo, de hecho, él era muy sexy, imponente, divertido y juguetón; y aunque no lo conocía muy a fondo, por decirlo de alguna manera, también presentía que era muy buen amigo, aunque estábamos como en un punto intermedio que no me dejaba comprobar eso.
De una menara mala y perversa, yo hacía los sonidos orgásmicos de la canción cerca de sus labios, pero sin tocarlos.
—Deja de hacer eso —dijo Edward con voz ronca.
—¿Por qué, no te gusta?
—Sabes que me estás provocando, deja de hacerlo o haré algo al respecto. —Lo miré desafiante, él en realidad no me estaba dando una advertencia.
—No me retes —advertí.
—Entonces no me pongas a prueba.
Estaba por besarlo y hacerlo callar, cuando él esquivó mis labios, lo miré entre sorprendida e indignada y él sólo susurró:
—Espero pases una buena noche con tu cita.
Besó mi mejilla y se separó de mí, dejándome algo boca abierta en medio de la pista de baile. Resoplé con furia, ¿quién se creía para déjame así? Era un idiota. Sacudí mi cabeza y lo dejé pasar porque no era como si me afectara que él se alejara de mí.
La noche, como cosa inevitable, siguió pasando. Rosalie y Emmett no se despegaron ni un segundo, desde tomarse algo hasta ir a bailar, por lo que no pudimos seguir hablando. Garrett y Kate se apartaron un poco y eso se debía a Travis, que no dejaba de contarme cosas de su viaje y su visita a Forks, a lo que, aunque traté, no le presté mucha atención, ya que por alguna razón estaba mirando en otra dirección.
Edward, por su parte, se fue a la barra y ahí pasó la noche hablando con una rubia, a la que parecía que se le iban a explotar los senos. Suponía que se trataba de alguna de sus pacientes, una que se había follado; no era que me disgustara o estuviera celosa, sólo no me gustaba que me dejaran colgada, menos por una rubia plástica como ella.
—Hey, tierra llamando a Bella. —Travis chasqueó sus dedos delante de mi cara, devolviéndome a la realidad.
Lo miré forzando una sonrisa.
—¿Qué pasa? —pregunté, ya que su cara parecía un signo de interrogación.
—Eso debería preguntártelo a ti.
—¿Por qué? —dije sin entender.
—¿Pasa algo contigo y ese chico Edward? —preguntó de manera directa y le respondí de la misma manera porque no quería mentirle y nuestra amistad era buena por la honestidad en la que se basaba.
—No, no pasa nada con él.
—Vamos —espetó de manera cínica—, no soy idiota, vi el toqueteo cuando te sentaste a su lado, en la pista prácticamente se iban a comer y miras en su dirección desde que llegó esa rubia a hacerle compañía; por lo que diría no has prestado mucha atención a lo que te he dicho… sí, eso lo resume todo. Definitivamente pasa o pasó algo entre ustedes dos. —Suspiré, bueno, por lo que veía, Travis seguía siendo tan perceptivo como siempre, además de conocerme tan bien.
—Nos besamos —confesé—, fue un par de veces antes de saber que era amigo antiguo de Garrett.
—Uh… —se quejó—, supongo que Garrett dijo algo pronto.
Rodé los ojos, estaba siendo gracioso.
—No seas idiota, además Garrett no quiere involucrar las cosas.
—¿Qué cosas?
—Ya sabes, no quiere que al final terminé mal y la amistad se separé —expliqué sin quererle dar mucha importancia.
—Creo que ya eres lo bastante grande para tomar tus propias decisiones, entiendo por qué no le agrado… —Lo miré alzando la ceja, él sólo hizo un gento sin importancia—, pero no significa que tenga control sobre las personas con quien sales o quieres salir.
—No es eso —repliqué, porque no quería que él pensara que Garrett me manipulaba o algo así, él sólo quería lo mejor para mí y la mayoría del tiempo tenía razón—. Es lo mejor, sabes cómo terminan mis relaciones —dije haciendo comillas en la palabra—, y la verdad no quiero arruinar el grupo. La amistad con Edward y su hermano, que ahora sale con Rosalie, es decir…
—Es decir que ya está muy metido en tu vida.
Lo miré tratando de entender qué quería decir con eso, pero no quise tampoco indagar en el tema.
—Él es parte de mi vida porque es así.
No tenía que explicarme ante él, una cosa era contarle las cosas, tener confianza, otra era darle explicaciones. Travis sabía que eso no ocurriría, no conmigo, no era esa clase de chica.
—Si tú lo dices.
Miré de nuevo a donde se encontraba Edward, quien ahora tomaba la cintura de la barbie descerebrada, mientras ella no paraba de reír. No entendía cómo alguien como él, un profesional casi interesante, podía perder su tiempo con alguien como ella por sexo. Muchos hombres soportan lo que sea, pensé.
Travis tomó mi barbilla haciendo que lo mirara de manera fija, sus ojos estaban ardiendo.
—No estoy dispuesto a compartirte —me habló con una voz ronca, imponente, con una firmeza y seguridad que jamás había sentido en él. Se me erizó el cuerpo y, de manera automática, me acerqué y le di un casto y suave beso.
—Lo sé —fue lo único que pude responder a su afirmación. Yo no tenía a ningún otro hombre en mi vida y sabía que con Edward nada pasaría, pero igual no me gustaba prometer o asegurar cosas de las cuales no estaba completamente segura.
Él asintió y se disculpó para ir al baño, yo lo dejé ir y me quedé ahí un rato. Después alisé mi vestido y decidí que ya era momento de regresar a casa, la noche no había sido como la había pensado, estaba cansada del día de trabajo y sólo quería recostarme un rato y dormir hasta pasado mañana.
Fui a buscar a los chicos, pero no los encontré, así que le mandé un mensaje a Rosalie y otro a Kate diciéndole que me iría con Travis a su hotel, que volvería el lunes después del trabajo.
Al que sí vi fue a Edward, quien repentinamente se había quedado solo. Me encaminé hacia él para despedirme.
—Hola —dijo cuando llegué a su lado.
—Adiós.
—Ya te vas —afirmó en vez de preguntar.
—Sí, estoy cansada.
—Adiós —contestó sin más, volviendo a su trago e ignorándome. ¿Quién demonios se creía este idiota?
Estaba por tirarle el trago encima, cuando una voz aguda y desesperante llegó a nuestro lado.
—Siento la tardanza, el baño estaba abarrotado. ¿En qué estábamos?
—En que necesito un trago. —Ella me miró pero yo volteé para mirar a Edward, él entrecerró los ojos.
—¿Qué quieres?
—Tequila —respondí.
Nos miramos con intensidad, él seguro preguntándose qué demonios estaba haciendo y yo retándolo a que me corriera por quedarse con ella. Teníamos una batalla de miradas a la que ninguno de los dos quería desistir.
—¿Y tú quién eres? —preguntó la rubia, recordándome que ella existía y que, por alguna razón, seguía ahí, lo que hizo que sin ganas apartara la vista de Edward.
La miré con una sonrisa falsa e irónica, no la conocía, tampoco quería hacerlo porque tenía algo que me caía mal, y seguro era todo ese plástico que parecía ser.
Puse la mano en el hombro de Edward de manera cariñosa y confianzuda, con la otra tomé el billete que él tenía para pagar por mi trago y lo sostuve en la mano.
—Soy amiga de Edward, tú debes ser la camarera… Tráeme un tequila, por favor —dije entregándole el billete. Ella lo tomó sin entender y yo le di la espalda, dejándola confundida y me quedé mirándolo a él, que tenía una sonrisa divertida bailando en sus labios.
Escuché un chillido de indignación y unos tacones alejándose, sonreí de manera triunfal.
Edward tomó mis caderas y me colocó entre sus piernas, de repente estaba otra vez de buen humor, no sabía qué demonios le pasaba esta noche.
—Si quieres tenerme no necesitas alejar de manera tan grosera a las mujeres que me rodean —comentó burlón, haciendo caricias en mis piernas.
Arqueé mi cuerpo hasta quedar con mi cara muy cerca a la suya.
—Esa no es una mujer, porque una mujer —susurré bajo, sólo para que él me escuchara— no es la que te hace pasar un buen rato, es la que te hace desear más, la que te vuelve loco tanto que estar fuera de ella es inconcebible, casi doloroso, a la cual puedes morder y lamer cada parte de su cuerpo sin miedo porque sabes que todo en ella es natural y tuyo, porque ella quiso dártelo y no porque lleva tu marca registrada.
Pude escuchar como él jadeaba y su respiración se hizo más acelerada, tratando de acercarme más a él, lo que le impedí separándome de sus piernas.
—Así es una mujer de verdad con la que deberías estar esta noche, espero logres conseguirla… —Puse mis labios en su odio—. Y, por cierto, si quisiera tenerte sólo para mí simplemente te tendría. —Le di un beso mojado en el cuello y me separé de él.
El tequila que Edward había pedido para mí llegó, lo tomé y se lo ofrecí.
—Nos vemos después, pasa una buena noche.
Di media vuelta, meneé mis caderas de manera sensual y fui a buscar a Travis, teníamos que irnos y ya, porque si esta noche no lograba tener sexo sentía que en algún momento iba a explotar.
La cosa se estaba poniendo picante.
Quiero agradecerle a todas las personas que dejan un reviews no saben lo importante que es, eso me da mas confianza a la hora de subir cada capitulo y seguir con la historia. Le agradezco especialmente a mi beta flor, ella siempre se preocupa por cada capitulo ,es una lectora activa y ocurrente y gracias a ella puedo subir el capitulo con la confianza de que lo entenderán y no se espantaran por lo errores.
