Capítulo beteado por Flor Carrizo, Beta de Élite Fanfiction
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Amigos sin sexo
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Edward me invitó a pasar pidiendo mi chaqueta, la cual le di mientras lo seguía. Su apartamento era realmente impresionante, muy espacioso con gran iluminación, tenía ese toque elegante, estirado y relajado que reflejaba muy bien su personalidad.
—¿Quieres algo de tomar? —preguntó, yo me hice a un lado para mirarlo. Él tenía el ceño fruncido pero parecía más relajado y menos sorprendido de que yo estuviera aquí.
Caminé hacia él y negué con la cabeza.
—No quiero beber nada, gracias.
—¿Qué haces aquí, Bella?
—Ya te lo he dicho, estaba preocupada y te comportaste como un idiota cuando te llamé —dije cruzando los brazos por encima de mi pecho haciendo una mueca.
—Lo siento, sólo quería estar solo. —Se veía realmente afligido al decirlo.
Relajé mi postura y tomé su cara entre mis manos, tenía marcas bajo los ojos, los cuales parecían cansados.
—Estás disculpado, ahora dime… ¿ya comiste? —Él trató evitar mi mirada pero no lo dejé.
—La última vez que comí fue esta mañana, un café creo.
Acaricié su pecho desnudo; miré sus pies descalzos siguiendo el camino de los pantalones que llegaban a su cadera, donde empezaba la V que daba al camino feliz. Cuando alcé la vista, él me miraba con algo de malicia en los ojos, sonreí ante eso; quería que volviera mi Edward arrogante, juguetón, ese que me gustaba, no me agradaba verlo tan decaído.
—¿Qué te parece… —dije y toqué mis labios con los suyos— si… —continué y él colocó sus manos en mi cadera acercándome más a él— te preparo algo rico de comer?
—Te quedarás esta noche —susurró contra mis labios, no preguntándolo sino afirmando que así sería.
Asentí sin pensarlo, Kate tenía razón si quería estar con él por qué no sólo lo estaba, no era como si pasara más allá de eso y yo quería estar con Edward en ese momento sólo para hablar, besarlo y lo que sea que pasara.
—Aunque me encantaría que me cocinaras algo rico —respondió sacándome de mis pensamientos—, es muy tarde para ponerte hacer eso. Ordena algo, en la nevera están los números de comida que más uso.
Le di unos besitos en el cuello y me separé de él.
—Pediré ensalada, algo de pollo, papas y algunas cosas más. —Fui a la nevera y marqué el número.
Al terminar de pedir la comida me giré a verlo y él estaba recostado en la pared con las manos en los bolsillos del pantalón; parecía estar relajado, pero podía ver en su mirada que aún estaba tenso.
Él me miró y extendió su mano hacia mí, la tomé y lo seguí. Caminamos hasta el sofá, él se sentó y yo lo seguí, sentándome a su lado.
—¿Quieres hablar de eso? —le pregunté abrazándome a él.
Sentí como acariciaba mi espalda con la mano que me estaba rodeando.
—No, lo siento.
Alcé mi vista.
—No lo sientes, todo está bien.
—No pensé que te preocuparías tanto por mí, en realidad me sorprende —dijo medio avergonzado.
—Créeme que también me sorprende a mí…
Yo me separé de su cuerpo un momento, luego subí mis piernas a cada lado, subiéndome a su regazo. Lo miré a los ojos, debía ser honesta con él, esa era nuestra diferencia, la honestidad nos iba bien.
—No hay que fingir que es diferente, hay una atracción muy grande y asfixiante entre nosotros dos y, además de eso, somos amigos, yo me preocupo por mis amigos.
—Esto es nuevo y raro, ¿sabes lo que quiero decir? —Edward pasó sus manos por mi espalda acariciándola.
—Lo sé, somos dos personas que tienen problemas con los compromisos y, aunque nos gustamos, no queremos que nada cambie, porque sabemos que cambiarían las cosas… Lo entendemos, así que… —murmuré y jadeé un poco en cuando él tomó mis caderas y me acercó más a él, rozando su regazo— no cambiará nada a menos que nosotros querramos.
Luego de mi afirmación me miró fijamente a los ojos.
—Es frustrante algunas veces.
—¿Qué? —pregunté sin entender.
—Esto… —Indicó señalando nuestros cuerpos unidos—. Lo físico que no se da y lo emocional que dejamos atrás.
Suspiré y tomé su cabello entre mis manos, jalándolo hacia mí; podía sentir nuestra intensidad junta como un inmenso y desatado torbellino.
Mi cuerpo se estremeció cuando Edward me besó y mordió el labio de manera lenta pero firme, fui acariciando su mandíbula al igual que el cuello hasta llegar a sus hombros, a los cuales me aferré.
—¿Por qué no probamos con un terreno más conocido? —dije sugerentemente rozándome contra él.
Lo escuché reír, su pecho tembló cuando lo hizo y yo besé la comisura de sus labios.
—Eres extraña y muy peculiar, es una razón por la cual me gustas.
Acaricié mi nariz con la suya
—Tú eres raro y juguetón, se podría decir que me gustas un poco —susurré arrugando la nariz.
Ya estaba, era tan sencillo como decirnos lo que ya los dos sabíamos, nos gustábamos, no era ningún secreto, pero eso no era una gran revelación, las cosas seguirían igual a pesar de lo que pasara.
Edward me quitó el gorro, fue acariciando mi espalda y buscó los bordes de mi camisa; me miró antes de subirla.
Subí mis manos hasta su cuello, lo apreté contra mí con rudeza, pegando sus labios a los míos. Nos besamos con intensidad, acariciando nuestras lenguas en una batalla tan deliciosa que ninguno de los dos quería terminar, pero al final tuvimos que separarnos para tomar aire.
—No —jadeé en sus labios—, no te detengas.
Miré su sonrisa ladeada y también sus ojos llenos de fuego y lujuria.
Edward me quitó mi camiseta de un tirón, subiéndola por mi cabeza. Todo mi cuerpo se erizó, habíamos retrasado tanto ese momento y finalmente había llegado. Cuando me quedé en sujetador, busqué sus labios y él colocó sus manos en mis senos, por encima de mi sujetador, tocando mis pezones lentamente, haciendo que arqueara mi espalda, exponiéndome más a él.
Podía sentir su erección marcada en sus pantalones, me rocé contra ella y lo escuché gemir.
—No debiste hacer eso —gruñó con sexualidad, se levantó del sofá llevándome con él, enredé mis piernas alrededor de su cintura.
En el camino la parte de arriba de mi lencería desapareció, dejando a un Edward maravillado con mis senos.
—¿Ves algo que te guste? —jadeé en su oído.
Edward me respondió mordiendo uno de mis pezones y pellizcando el otro.
—Oh, Dios —gemí por las sensaciones que eso provocaba en mí.
Llegamos a su habitación y él me dejó en la cama con las piernas abiertas. Me sonrió y se dispuso a quitarme los zapatos, las medias y fue subiendo hasta la bragueta de mi pantalón. Besó mi abdomen mientras me lo quitaba y yo alcé mi trasero para que pudiera hacerlo rápido. Por alguna razón me sentía ansiosa, como nunca antes me había sentido al tener sexo.
—Abre las piernas para mí, Bella.
Hice lo que me pidió sin pensarlo, él tenía esa voz que irradiaba calor, sexualidad, deseo…
Él se quitó el pantalón, quedando completamente desnudo, no me sorprendió para nada saber que no tenía ropa interior. Miró el interior de mis muslos y se relamió los labios, para luego pasar uno de sus largos y sensuales dedos por encima de mi clítoris, tan despacio que me tuve que contener para no cerrar las piernas a su alrededor. Mis ojos se mantuvieron a duras penas abiertos, mirando la maravilla que era su cuerpo, esa torneada V que daba al camino del final feliz, el cual no estaba nada mal.
—Edward… —jadeé con voz temblorosa, mientras él seguía moviendo su dedo.
Alejó su mano de mí, haciendo que yo resoplara; luego me indicó que me subiera más en la cama y él me siguió, quedando encima de mí y abriendo mis piernas.
—Bella, la pasaremos tan bien esta noche —dijo antes de, con una mano, volver a jugar con mi clítoris y con la otra torturar mi pezón, apretando mi seno y besándolo.
Yo me deshice de sus manos y me acomodé debajo de su cuerpo, sintiendo como cada músculo se contraía, deseando que él se apresurara en entrar en mí; pero a la vez disfrutando la dulce tortura que sufría. Mis manos estaban desesperadas, tocando su cabello, aferrándose en sus hombros.
—Edward —pedí a gritos cuando sentía ese nudo delicioso que se estaba formando en mi vientre.
Él alzó la vista y se acercó buscando mis labios, lo hizo entre mis jadeos, succionando mis labios, jugando con mi lengua, mordiendo tanto de mi boca como se permitía.
—¿Qué es lo que quieres, Bella? Dímelo.
Arqueé mi espalda, lo quería tan adentro de mí, follándome como nunca, pero mi orgullo no quería decirlo y él me pedía que se lo dijera porque lo sabía.
—Dilo —exigió con voz juguetona, haciendo énfasis al apretar mi clítoris e introducir un dedo dentro de mí.
—Sólo hazlo, Edward.
Mi voz era ronca, deseosa e impaciente, temblaba haciendo que su dedo se moviera tan lentamente adentro y fuera.
Edward sonrió y besó mi cuello lentamente, mordiendo mi hombro ante lo que no pude evitar gemir; sentí como todo mi cuerpo se estremecía.
—Sólo tienes que decirlo —susurró en mi oído.
—Fóllame duro, rápido, ahora mismo —demandé pasando mis uñas por su espalda, aferrándolo más a mi cuerpo. Lo dije y me rendí, pero por su gruñido en mi oído me atrevía a afirmar que mis palabras habían tenido el efecto que quería.
Se posicionó entre mis piernas, colocando sus manos a cada lado de mi rostro. Con su cara a centímetros de la mía, los dos jadeamos cuanto me penetró de manera rápida, de una sola embestida, haciendo que mi espalda se arqueara. Me sentía tan llena por él, sintiendo su aliento cerca de mis labios y su cuerpo tocando cada parte de mi piel.
Con una mano, me aferré a su espalda mientras la otra apretaba su trasero, clavando mis uñas, indicándole que se moviera. Él lo hizo sin pensar. Sus movimientos eran rápidos, duros y decididos; rodeé sus caderas con mis piernas para darle mejor acceso, lo que fue muy placentero. Lo podía sentir tan adentro de mí que no lo creía posible.
—Más rápido.
—Te daré lo que me pidas, hermosa.
Sus embestidas se hicieron más rápidas, casi frenéticas, podía sentir como esa sensación abrazadora se formaba en mi vientre, estaba cerca, tan cerca que podía sentir cómo me contraía a su alrededor.
—¿Estás cerca? —preguntó jadeando en mis labios.
—Sí, Edward, no… —Me aferré a su cabello, jalándolo tan duro como me era posible—. No te detengas.
—Eres tan sexy y no sabes… Dios… —Jadeó mordiéndose el labio—. Me pones mucho con estos hermosos senos rebotando para mí.
Él apresuró el ritmo, bajó una de sus manos y la colocó en nuestros cuerpos unidos, acariciándome para apresurar mi orgasmo.
—Ah… sigue, no te detengas —exigí, sintiendo que todo me abrumaba. Su esencia mezclada con la mía, al igual que su piel rozando cada parte de mi cuerpo, esos gemidos en mi boca que me estaban volviendo loca, sintiendo como entraba y salía de mí de una dolorosa y excitante manera; ya no podía más.
No hizo falta mucho para sentir como el orgasmo me golpeaba de una manera abrazadora. Me aferré a Edward, apretándome a su alrededor. Él gruñó y jadeó, pude sentir cómo con unas estocadas más él se corría, ambos jadeábamos.
Edward besó mi cuello, mis senos, mis hombros, acarició con su nariz mis mejillas y buscó mis labios para devorarlos, mientras aún estaba dentro de mí y con su peso encima del mío.
Puso su frente contra la mía y exhaló al salir de mí.
—Oh… —susurré contra sus labios.
—¿Estás bien? —me preguntó con una sonrisa.
—Más que bien —respondí con sinceridad.
Edward se acostó boca arriba, llevándome con él. Quedé encima de su cuerpo, besé su pecho y jugueteé con el poco vello que tenía a mi alcance. Pasamos un rato en silencio, acariciándonos y besando nuestros labios hasta que parecían estar hinchados. Me pude dar cuenta de que ese era el tiempo más largo que habíamos permanecido juntos en silencio, lo que fue muy gratificante porque el silencio fue muy cómodo.
—Mmmm —gemí cuando Edward besó mi cuello, fue descendiendo por mi hombro y lo mordió.
—Supongo que eso significa que te gustó —comentó gracioso.
—Bueno, Edward Cullen —dije de manera dramática, giré mi cabeza para verlo y sonreí—, si mis gemidos anteriores no demostraron eso temo que eres muy lento para entender.
Edward me tomó de manera rápida, haciéndome quedar debajo de su musculoso y algo sudado cuerpo, mientras yo soltaba un pequeño grito por la sorpresa.
—Claro que me di cuenta, ladrona engreída… Y creo que, en cuanto a lo de lento, te demostré que no es así, sólo me pregunto si después de tanto juego cubrió tus expectativas.
Vi en sus ojos un brillo juguetón y muy típico en él, lo que me gustó mucho porque cuando llegué no lo tenía. Alcé mi mano y la pasé por su cabello.
—Me ha parecido maravilloso. —Alcancé sus labios y nos besamos por un buen rato—. Y sí, ya tengo muy claro que no eres precisamente lento.
—Si fue tan maravilloso deberíamos repetir… —insinuó tomando mis manos y colocándolas por encima de mi cabeza, mientras sus labios besaban mi cuello hasta llegar a mis pechos.
—Edward —jadeé—, tengo hambre.
Él alzo la vista un momento, me dedicó una sonrisa torcida y susurró contra mi pezón:
—Yo también, no sabes cuánta… —Y empezó a devorarlo, lo que hizo que yo arqueara mi espalda para su encuentro.
El timbre sonó justo cuando estaba por rendirme a la segunda ronda.
Lo escuché resoplar, lo que me hizo sonreír. Edward se subió hasta llegar a mi lado, soltó mis manos que llevé hasta su cuello acariciándolo.
—Tengo hambre —dije haciendo puchero, él tomó mi labio sobresaliente y lo mordió suavemente.
—Bien, vamos a comer —replicó malhumorado. Lo aparté y me levanté de la cama, antes de darle tiempo de colocarse los pantalones ya yo me había puesto su camisa abotonándola sólo con dos botones, me levanté estirándome un poco.
—Iré a buscar la comida. —Él me miro y negó.
—No vas a ir así a ninguna parte —afirmó viendo que sólo llevaba su camisa puesta.
Alcé una ceja desafiante.
—No me digas qué hacer —repliqué juguetona, preparándome para correr. Él vio eso en mis ojos y se levantó desnudo, miré su entrepierna y me mordí el labio.
—No hagas eso. —Buscó sus pantalones sin dejar de mirarme.
—Ya te lo dije, Edward, no me digas qué hacer. —En cuando pronuncié la última palabra, salí corriendo de la habitación.
—Bella. —Lo escuché gritar, pero yo sólo me reía y corría hacia la puerta.
Llegué agitada, lo más seguro sonrojada y con el cabello de recién follada.
—Hola —saludé al chico que estaba entregando la comida.
—Yo… eh… aquí… —Señaló la comida mientras tartamudeaba y me miraba de arriaba a bajo, tenía las mejillas sonrojadas, debía de tener unos 17 años.
—Gracias. —Tomé la comida, no sabía si tenía que pagarle o Edward lo hacía después, así que grité llamándolo.
—¿Qué pasa? —preguntó el llegando a mi lado. Él chico al verlo retrocedió un paso y Edward pareció malinterpretarlo, porque me rodeó la cintura con una mano mientras con la otra tomaba la comida de mis manos—. ¿Pasa algo? —me susurró en el oído, me quise reír, los hombres y su territorio.
—No pasa nada —dije para tranquilizarlo—, sólo que no sé si tú le pagas ahorita o después. —Me encogí de hombros mirando al chico con una mirada de disculpa.
—Aquí está —dijo Edward pasándole un billete—, quédate con el cambio.
El repartidor se quedó un momento sin moverse, entonces reaccionó y miró mis piernas descubiertas.
Escuché como Edward resoplaba y se tensaba a mi espalda.
—¿Se te perdió algún carrito de juguete por ese camino?
—Gracias —dije antes de deshacerme del abrazo de Edward y entrar en el apartamento negando con la cabeza.
Luego de un momento escuché como él cerraba la puerta.
—¿Por qué tenías que ser tan grosero?
—Él te miraba como si quisiera comerte.
—Bueno, que bien, me siento alagada —comenté bromeando.
El camino para pararse enfrente de mí, tomando los dos botones de su camisa y desabotonándolos.
—Has ilusionado a ese pobre chico, ahora seguro que siempre que pida algo lo vea en mi puerta.
—Tú sabes dónde vivo, puedes enviarlo ahí —lo dije en forma de juego aunque Edward pareció tomarlo en serio, porque me tomó de las caberas pegándome a él y, con la otra mano, presionando mi nuca para acercarme más.
Se acercó hasta besarme con ferocidad, mordiendo mis labios y jugando con mi lengua; acariciaba mi piel desnuda debajo de su camisa, lo que hacía que mi cuerpo se erizara. Yo tocaba su duro y tonificado cuerpo, al terminar de besarnos ambos estábamos jadeando.
—Deja los celos, Cullen, que él sólo es un niño comparado contigo. —Mi voz era burlona, pero sólo lo había dicho para subirle un poco el ego.
De un momento a otro, él tomó mi trasero subiéndome y haciendo que enredara mis piernas a su alrededor.
—No son celos, no seas tan engreída, Swan. —Me dio un toquecito en la nariz con la suya y me dio un beso.
Edward y yo estábamos sentados en el sofá frente a la televisión, mientras comíamos la rica comida que había pedido. Me gustó mucho verlo comer, sabía que lo que había pasado aún le estaba afectando, pero él parecía estar mejor y era por mí, lo que sí agrandaba un poco mi ego y me hacía sentir mejor con el hecho de haber venido.
—Odio los programas de canto, no me parecen muy reales.
Lo miré sin gracia.
—El que tú no tengas talento para cantar no significa que otros tampoco. —Ya habíamos terminado de comer y estábamos recogiendo las cosas.
—Tú no sabes si tengo talento o no, mi madre dice que soy muy bueno.
—Claro y una madre jamás le mentiría a un hijo. —Ambos nos miramos y sonreímos, se sentía natural el hecho de bromear sobre cualquier cosa estando medio desnudos y sin sentirnos incómodos.
—Por cierto, ¿cómo conseguiste mi dirección? —preguntó cuando terminamos de limpiar y regresábamos al sofá.
—Tu hermano me dijo, al parecer él y Rosalie habían planeado una cita secreta para nosotros dos —comenté evadiendo el hecho de que Travis también iba a estar en esa cita. Edward frunció el ceño, me tomó de la cintura y me subió arriba de su regazo.
—Creo que la cita salió muy bien. —Él tomó mi cabello atrayéndome hacia su cuerpo, besó mi cuello y fue subiendo por mi mandíbula hasta llegar a mis mejillas y labios.
—Sabes que esto será todo lo que pasará entre nosotros, ¿verdad? —Lo sentí tensarse, no quería arruinar el momento pero lo mejor era si ambos teníamos claro lo que estaba pasando.
—Me gusto tener sexo contigo.
—A mí también, créeme que sí, pero… —Suspiré, me acomodé entre sus piernas, lo miré y tomé su cabello entre mis manos, me gustaba acariciarlo—. Me gusta lo simple que es, pero no siempre será así y no quiero que cambie nuestra relación. Fue buen sexo, pero lo mejor es que sigamos como antes, siendo amigos, sólo amigos.
—¿Amigos sin sexo? —preguntó jugueteando con el espacio entre mis senos.
Me acerqué más a él para morder sus labios.
—Amigos sin sexo.
—Entonces aprovechemos esta noche.
Yo sólo sonreí y asentí, rozándome contra su regazo, donde algo estaba comenzando a despertar.
Pasamos toda la noche teniendo tanto sexo como pudimos, jadeando, gimiendo, conociendo nuestros cuerpos; al final terminamos exhaustos.
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Estaba durmiendo abrazada a Edward, al parecer le gustaba abrazar después del sexo y no podía negar que me gustaba su cuerpo desnudo pegado al mío.
Entreabrí los ojos cuando la luz comenzó a filtrarse por las ventanas. Me retorcí en el abrazo de Edward, separándome un poco de él. Me giré para mirar cómo se acostaba boca abajo, murmurando cosas sin sentido. Sonreí de lado, me acerqué y rocé mi nariz por su espalda, llenándome de su aroma mezclado con el mío, admirando su ancha y ejercitada musculatura. Me encantó estremecerme contra su cuerpo debajo y encima de él, me encantó jadear en sus labios pidiendo más y que él me diera más. Pero, como todo, tiene un fin, así que le di un beso, acaricié su cabello despeinado y me levanté.
Recogí mi ropa de forma silenciosa, no quería despertarlo. Me vestí de la misma manera, ya tendría tiempo de bañarme en casa donde me esperaba un exhaustivo interrogatorio por, al menos, una de mis amigas.
Cuando estuve lista, o al menos algo decente, suspiré mirándolo parada a un lado de la cama. Le di un beso en la mejilla, él se removió un poco pero no se despertó. Alcé un poco la sábana que lo cubría para tener un último recuerdo de su glorioso trasero, y al verlo me dieron ganas de morderlo, pero sabiendo que eso lo despertaría, preferí no hacerlo. Me separé de él y después de una última mirada me fui.
Después de subirme al taxi e indicarle la dirección, le envié un mensaje de texto.
No quería despertarte y me tenía que ir.Gracias por el maravilloso sexo, nos vemos.
PD: no actúes raro cuando nos veamos, somos los mismos, que nada cambie.Un beso
Bella.
Llegué a casa cansada, con ganas de darme un baño y dormir un poco. Subí en el ascensor y cuando abrí la puerta esperaba que al menos me dieran tiempo de acostarme en el sofá antes de empezar con las preguntas.
—Hola —grité al llegar, aunque no hubo respuesta.
Me acerqué a la habitación de Kate y toqué, como nadie me respondió la abrí y no hubo novedad, así que supuse que habían salido. Miré la sala y suspiré feliz, al menos tendría un tiempo para mí.
Sin prisa caminé hasta mi habitación, tiré las cosas, mi cartera y partes de mi ropa, por el suelo, dirigiéndome al baño; donde preparé la tina con esencia de vainilla. Quería relajarme después de lo que pasó anoche, por lo que cuando la tina estuvo a una buena temperatura y yo ya estaba completamente desnuda, me metí suspirando cuando el agua caliente tocaba alguna de mis partes sensibles.
—Esto era lo único que me faltaba —dije en voz alta al estar completamente cómoda en el agua. Después de la noche con Edward mi cuerpo estaba algo resentido, sobre todo una parte en específico; aunque no podía quejarme, él me había hecho pasar una noche magnífica, nunca pensé que tener sexo con él sería tan gratificante.
Después de un rato tratando de mantener mi mente en blanco, una inquietante pregunta surgió en mi cabeza: ¿y ahora qué? Sabía que no tendría ninguna relación con Edward, estaba hablando en serio cuando dije que sólo seríamos amigos sin sexo, que eso que tanto me había gustado no volvería a ocurrir; pero aun no sabía cómo iba a ser y eso era lo que me inquietaba.
También había algo más, y ese algo era Travis; no era justo que si yo me acostaba con Edward él no lo supiera, yo siempre había sido lo más sincera posible en mis relaciones, aunque sentía que en ese momento ese no era el caso.
Salí cuando el agua empezó a tornarse fría, me envolví una toalla en el cabello y otra en el cuerpo, aunque quería dormir tenía que hacer algo antes y era algo que no podía esperar; por lo que me sequé el cabello lo mejor que pude, busqué en el armario ropa cómoda y casual: zapatos, camiseta y un pantalón. Me hice una coleta desordenada en el cabello, busqué algo para salir aunque antes de hacerlo le dejé una nota en la nevera a Kate, ya que mi teléfono estaba muerto y no me daba tiempo de cargarlo.
Bajé, tomé un taxi y le indiqué la dirección al chófer.
Cuando llegué a su apartamento, suspiré resignada, odiaba tener que hacer eso pero me parecía lo correcto. Sin pensarlo mucho, sólo caminé decidida hasta su puerta. Al abrir pude ver su cara de sorpresa y también algo de entendimiento, él lo sabía porque nos conocíamos lo suficiente como para reconocer cuando las cosas no eran iguales.
—Hola, Travis —saludé cuando él me dejó entrar.
—Hola, Bella, supongo que vienes por tu auto.
—Por eso y también porque tenemos que hablar. —Pude ver como su cara se contraía.
—Temía que dijeras eso, pero sí, supongo que tenemos que hacerlo.
Él me condujo hasta el sofá donde nos sentamos.
—Yo tenía que decirte esto porque no me parece justo y…
—Dormiste con él —afirmó mirándome fijamente, le devolví la mirada con la misma intensidad, no hizo falta que le respondiera para que él lo supiera—. Lo esperaba, ustedes tienen algo que se parece a lo que tú y yo teníamos al principio, esa intensidad y electricidad que es difícil de ocultar.
—No me parece justo que yo haga lo que quiera hacer con Edward y tú estés esperando por mí.
Travis tomó una de mis manos entre las suyas.
—Soy un adulto que sabe quién eres, eres una persona libre que deja todo muy claro para no herir a nadie y si yo quise seguir con esto fue mi decisión, siendo consciente de lo que podía pasar.
—¿Entonces qué sigue? —le pregunté sin tener idea de si era mejor olvidar lo que había pasado con Edward y seguir o sólo dejarlo hasta aquí.
—¿Quieres que me vaya?
Lo miré sin comprender su pregunta.
—¿Qué quieres decir?
—Si quieres que terminemos puedo irme seguiremos siendo amigos, pero esa será tu decisión. —Me sentí un poco mal por sus palabras, era como si estuviera poniendo su estabilidad y lugar de residencia en mis manos, a mi disposición, lo cual no tenía por qué ser así.
—No lo digas como si yo te utilizara y manejara tu vida, quedarte o irte siempre será tu decisión y lo sabes —aclaré para que él no tuviera dudas de ello.
—Yo soy arcilla en tus manos. —Fruncí el ceño y apreté nuestras manos unidas—. Siempre he querido más, Bella, tú y yo lo sabemos, pero eres una mujer que sabe lo que quiere y una relación estable y seria no lo es y lo respeto y acepto, pero siempre he preferido estar de esta manera prescindible en tu vida, que simplemente no estar.
Resoplé frustrada, odiaba no saber qué decisión tomar, sentía que nada de mis sentimientos eran justos para él, pero tampoco quería sacarlo de mi vida.
Él debió ver la duda en mis ojos porque tomó mi cara entre sus manos.
—Repito… ¿quieres que me vaya?
Miré sus claros y cristalinos ojos haciendo que muchas preguntas se dispararan en mi cabeza: ¿Podíamos volver a ser los mismos? ¿Qué era lo que en un inicio me había atraído de Travis? ¿En realidad lo quería fuera de mi vida? Muchas preguntas y pocas respuestas, pero sí tuve algo claro: él me seguía importando, a pesar de lo que había pasado con Edward, yo seguía sintiendo que Travis podía ser ese retorno a mi normalidad en términos de relación. Lo de Edward podía quedar en el pasado y seguir mi vida como siempre la había llevado.
—No, no quieres que te vayas —respondí con seguridad, tal vez aún podíamos rescatar eso que nos unió en un principio.
Él se acercó y besó mi mejilla y, sin querer admitirlo, me sentí aliviada. Apenas anoche estaba besando a Edward, podía ser una persona liberal y de mente abierta, pero había cosas que hasta alguien como yo no sobrepasaba. Al dejar las cosas claras, me despedí y, contra lo que pensaba, él no me presionó para que me quedara, suponía que ambos teníamos muchas cosas que pensar y también necesitábamos un espacio en el cual poder hacerlo.
Conduje hasta el apartamento con el firme pensamiento de que lo que había hecho era lo mejor, sólo debía seguir como antes, pensando en mi carrera, salir con las chicas y disfrutar mi vida, sin tantos pensamientos enredados que no venían al caso. Puse algo de música en la radio y seguí conduciendo, deseando llegar pronto a casa para poder dormir.
Al entrar no escuché nada, como cuando llegué en la mañana, tal vez Kate y Garrett no volverían. Caminé hasta la contestadora, que tenía varios mensajes, el primero era de mi madre.
—Bella, sé que tu padre es un cascarrabias con el cual no quieres hablar, lo entiendo… —dijo y escuché un gruñido de fondo, ese debía ser mi padre al lado del teléfono—, pero al menos esperaba que te comunicaras más conmigo. Quiero nuevos detalles de tu vida en la gran manzana, te extrañamos mucho. Te envió un beso, al igual que tu papá.
Sonreí, amaba los mensajes de mi mamá, eran tan alocados siempre. Ella era un espíritu libre y rebelde que amaba con todo su ser a mi padre y a mí, yo tenía mucho de ella en lo personal, aunque en lo profesional me parecía más a papá.
Marqué el número de casa y esperé.
—Casa de los Swan —respondió mi madre al segundo tono.
—Hola, mamá.
—Oh, cariño, hace tanto que no sabía de ti, estaba preocupada. —Rodé los ojos, hacía sólo algunos días habíamos hablado.
—Mamá, no seas exagerada que hace poco hablamos, ahora dime, ¿cómo están tú y papá?
—Tu papá está bien, atrapó a los malos y, bueno, sabes que aquí por malos quiere decir el señor Cooper tratando de llevarse más dulces de la tienda en su silla de ruedas o la señora Steven invadiendo el jardín de su vecina por tener mejores calabazas. —Reí imaginándome la escena, ellos vivían en un lugar que las pequeñas cosas siempre eran los grandes acontecimientos—. Y yo estoy bien, aunque estaría mejor si estuvieras aquí ayudándome a divertirme un poco. Aquí a veces es realmente aburrido.
Resoplé, amaba a mi madre y la extraña mucho, pero ni loca regresaba a vivir a Forks, tal vez si aún vivieran en Florida y yo nunca hubiera conocido mi actual ciudad podría acostumbrarme a un trabajo simple y tener un pensamiento más básico de la vida y la diversión; pero la realidad no era esa. Yo tenía todas esas ganas de tener el trabajo de editora en jefe y poder en un momento dado mudarme a un apartamento yo sola; no era que no me gustara vivir con Kate y Garrett, pero sabía que llegaría un momento en el que ellos querrían casarse, tener más intimidad, lo que no estaba mal, era algo que con el tiempo al fin y al cabo pasaría y si no había pasado hasta ahora era porque mi sueldo no era suficiente para pagar algo como mi apartamento, sobre todo por el lugar donde estaba.
—Me alegra mucho que papá esté bien y sabes que te extraño, mamá, mucho, pero mi vida está aquí, esto es muy diferente a todo lo que conocía antes de salir de Forks.
—Lo sé, hija, y lo siento, no quiero presionarte ni nada por el estilo; sólo quiero saber qué has hecho.
Le conté a mi madre sobre mi trabajo, mis amigos, cuando conocí a la familia Cullen, lo que le emocionó mucho, sobre todo cuando le describí su casa y lo simpáticos y atractivos que eran todos en esa familia. Pero también evité entrar en detalle con respecto a Edward, me limité a incluirlo como un amigo más de Garrett. Al final le comenté algunas cosas poco relevantes para que ella tuviera tanta información como quería.
—Me da mucho gusto que tu vida vaya bien, tenía mucho miedo cuando te fuiste a esa ciudad tan movida y grande, pero sabía que tú lo lograrías. —Un nudo pequeño se formó en mi garganta, a pesar de que ella no estuvo de acuerdo siempre me apoyó sin importar nada.
—Gracias, mamá.
—Tengo que irme, hoy debo ayudar en un proyecto de ciencia en la escuela. Te amo, hija, cuídate y sigue rompiendo corazones.
—Está bien, hablaremos después. Dile a papá que lo amo y que deje que ser tan malhumorado, que le afectara al corazón. Un beso.
Cuando la llamada terminó, suspiré feliz. Me gustaba hablar con mi madre, ella eran tan alocada como yo, aunque un poco menos y eso nos hacía llevarnos muy bien.
Me serví una pizza que estaba en el microondas, la cual aparentemente estaba en buen estado, tomé una cerveza y me acosté en el sofá. Esa era una buena tarde de domingo, lo menos que haría el día de hoy era volver a salir de la casa; por lo que me quedé mirando Friends en la televisión con todo mi cuerpo abarcando el sofá, mientras comía algunas golosinas.
—Miren quién está aquí, la súper chica si llego a tener un problema al menos ya sé a quién acudir —dijo burlona Rosalie, quien acababa de llegar junto a Kate.
Miré en su dirección, me acomodé en el sofá antes de responderle.
—Ja ja ja… me da tanta gracia.
—Oh, vamos, no seas amargada, anoche parecías más que dispuesta. Por cierto… ¿qué pasó anoche exactamente? —preguntó llegando a mi lado y sentándose.
—¿Podrías dejarme en paz? —Sabía que eso era imposible, si ella quería saber algo me lo sacaría a golpes si fuera necesario.
—No hasta que nos digas qué pasó con míster plástico, es decir, Edward.
Kate llegó sentándose al otro lado, dejándome en el medio. Las dos me miraron con intensidad, sólo pude rodar los ojos, fruncir el ceño y resoplar. ¿De qué me quejaba?, sabía que eso iba a pasar y si fuese al revés yo haría lo mismo.
Les conté todo, obviando los detalles más íntimos, ellas parecían bastante interesadas en lo que les decía, sobre todo, cuando describía el trasero de Edward.
—Estás siendo bastante evasiva con su encuentro, ¿a qué se deberá?
Esa vez fue Kate quien presionó.
—No es que esté siendo evasiva, sólo que son cosas privadas —repliqué queriendo dejar el tema atrás.
Escuché como Rosalie resoplaba.
—Esto sí que debe ser muy malo o muy bueno, tú jamás dices son cosas privadas, no a nosotras.
—Ella tiene un punto —afirmó Kate.
—¿Qué quieren que les diga? Fue genial, mucho más de lo que había pensado; pero ya quedó atrás, me quité las ganas que le tenía, por lo que el tema está cerrado. —Me levanté del sofá y fui a buscar una cerveza a la cocina, iba a necesitar algo más fuerte para poder soportarlas.
Escuché como me seguían y suspiré resignada, iría para rato.
—Nada del tema está cerrado, no comprendo algo… ¿por qué demonios fuiste a ver a Travis? —preguntó Kate colocando las manos encima de la isla de la cocina.
—Él debía saber que podía salir de mi vida si así lo quería, no soy una ninfómana o una chica a la que le guste jugar con los hombres. Fui clara con él porque es lo que se merecía, al igual que le dejé las cosas muy claras a Edward.
Rose se colocó delante de mí con los brazos cruzados en el pecho.
—Entonces… ¿volverás con Travis como si nada hubiese pasado y a Edward lo dejarás atrás?
Asentí sin decir nada que pudiera hacer que ellas sacaran más conjeturas.
—Eres una idiota—soltó Rosalie, parecía exasperada.
—No entiendo por qué ustedes hacen gran cosa de esto, todo volverá a la normalidad entre Travis y yo, al igual que lo hará con Edward.
—No sé a qué normalidad te refieres, tú y Edward jamás han sido amigos normales; y si en realidad piensas que las cosas entre Travis y tu serán iguales apoyo a Rosalie eres una idiota.
—Saben que no importa, son mis decisiones, es mi vida y haré lo que yo quiera hacer —dije con firmeza.
—Cariño, es tu vida y no queremos meternos en tus decisiones; sólo tratamos de descubrir qué es lo que ocurre en tu alocada cabeza. —El tono de Kate era dulce, aunque la mirada de Rosalie era irónica, ya estaba cansada de esto.
—Me iré a dormir, dejen el tema, acepten el hecho de que lo de Edward quedó en el pasado, es lo mejor para ambos.
Me fui a mi habitación sin dejarlas decirme nada más, sabía que ellas eran así y yo también lo era, pero había un punto en el que yo tomaba una decisión sin retorno y había llegado allí.
Sólo fue tocar la almohada para quedarme profundamente dormida, soñé con algodones de azúcar, un oso que hablaba y un Edward bañado en chocolate; fue algo raro y me desperté con hambre.
Froté mis ojos y bostecé, tanteé la cama para buscar mi teléfono que estaba por algún lugar, esperaba que no fuese bajo la cama, ya que ese era el mundo de las cosas perdidas. Cuando al fin lo encontré y vi que era de noche, casi la hora de la cena, salí de mi habitación frotándome los ojos con una sola media puesta y a medio vestir.
—La Bella durmiente ha despertado —anunció Garrett, quien al parecer estaba en la sala.
Gruñí en su dirección.
—Y, al parecer, sin buen humor —acotó él riendo.
Sin siquiera mirarlo, le saqué el dedo medio y me fui a la cocina, donde por suerte había comida que habían comprado; sin que yo cocinara ellos gastaban mucho dinero en comida a domicilio, a menos que quisieran quemar todo con el arte culinario de Kate.
Me serví la comida y fui a sentarme con Garrett.
—¿Y las chicas? —le pregunté mientras comía y él miraba un partido de hockey.
—Kate está durmiendo, mañana tiene que entregar un portafolio para la empresa, y Rose fue al cine con Emmett. Me comentaron que estabas algo molesta. —Miré las arrugas en su frente, lo conocía bastante como para saber que, aunque quisiera pasar por indiferente, había algo rondando en su cabeza.
—Vamos, dime lo que tienes que decirme.
—No sé a qué te refieres —mintió sin resultado.
—Te conozco, Garrett, quieres preguntarme algo y no sabes cómo hacerlo, así que te libraré de tu tortura. Ahora dímelo.
—¿Qué estás pensando, Bella? —Evité rodar los ojos para no ser descortés, pero ya con las chicas tenía mucho para que ahora él también insistiera en lo mismo—. Yo no voy a insistir ni presionar —aclaró al ver la mueca que hice—, entiendo si no quieres salir con Edward, lo que no comprendo es qué haces aún con Travis.
—Diré esto sólo una vez más y espero que el tema quede cerrado. —Traté de suavizar mi tono al decirlo, pero igual tenía cierto toque de reproche—. Edward sigue siendo mi amigo, las cosas entre nosotros son iguales; pero me gusta Travis, con él todo es más sencillo, por lo que lo intentaremos y seguiremos adelante y si no funciona, son cosas que pasan. La verdad, quisiera que dejaran todo esto atrás; sé que no entienden mis decisiones, pero al menos espero que las respeten.
—Ven acá… —dijo abriendo sus brazos, me acerqué más a él y lo abracé—. Queremos que seas feliz, eso es todo.
—Soy feliz, los tengo a ustedes, un buen trabajo, sexo sin complicaciones y ser feliz de esta manera hace que no quiera que nada cambie.
Lo escuché suspirar y abrazarme con más fuerza.
—Si eres feliz nosotros somos felices y apoyamos tus decisiones, sabes que es así, sólo que las chicas son más aprensivas, deberías saberlo, tú algunas veces también lo eres.
Asentí contra su pecho, quedando un rato en la misma posición. Siempre daba gracias por tener a Garrett en mi vida, él era como el hermano mayor que nunca tuve, siempre preocupado por mí y mi felicidad, sin presionarme pero diciéndome las cosas que necesitaba escuchar.
Nos quedamos mirando el partido hasta que se hizo algo tarde y él se fue a dormir, yo busqué algo de trabajo pendiente que tenía y me coloqué a hacerlo; había dormido mucho y en ese momento no tenía sueño.
Mi teléfono sonó por lo que dejé de revisar mi trabajo.
No sé por qué siempre escapas de mí,¿será porque quieres hacerlo o debes hacerlo? Eres una mala chica.
PD:Tranquila, Bella, sólo lo fue sexo, tú y yo seguimos siendo los mismos, queriendo las mismas cosas.
Edward.
Respondí de inmediato el mensaje.
Me alegra que ambos estemos en la misma sintonía.Ahora, con eso claro,¿qué haces?
Bella.
Estoy mirando algunos casos que tengo mañana y tú.
Edward.
Aproveché el momento para bromear un poco con él.
Bueno, señor silicona, tal vez yo no coloqué implantes o salve vidas, pero también estoy revisando algo de trabajo pendiente.
Bella.
Muy graciosa, engreída, y sí, tal vez mañana me toque colocar unos enormes senos que después tendré el gusto de probar, no seas celosa.
Edward.
Me reí con ganas al recibir su mensaje. Sí, claro, Edward, yo estoy celosa de que puedas besar un par de siliconas, sigue soñando, pensé antes de responder.
¿Ahora quién es el engreído?¿Celos yo de ti?, sigue soñando, Cullen. Me parece genial que coloques senos falsos, aunque ambos sabemos que nada es mejor que lo natural y original.
Bella.
No comentaré nada sobre eso porque temo que mis palabras sean mi condena.Te escribí para ver cómo estabas e invitarte a una reunión que haré en mi apartamento, es sólo para divertirnos un poco con amigos del trabajo. Ya le comenté a Garrett y me dijo que él y Kate vendrán, al igual mi hermano junto a Rosalie. Sólo quedas tú.
Edward.
Qué raro que Garrett no me comentara nada, aunque con nuestra conversación tal vez se le pasó y como dormí la mayoría del día no tuve tiempo de ponerme al corriente de las nuevas noticias. Lo pensé durante unos minutos en los que tenía el teléfono en mano, esperando escribir. Después de un momento, me decidí; iría, claro, ¿por qué no hacerlo?
Claro que iré, sobre todo si es algo divertido. ¿Puedo llevar a alguien?
Bella.
Suspiré sonoramente antes de escribir las últimas palabras
Pasaron al menos 20 minutos antes que la respuesta llegara, ya estaba por desistir de su respuesta cuando ella llegó.
Puedes llevar a quien quieras.Buenas noches, Bella.
Edward.
Sentí su mensaje frío y algo distante, no me gustó pero lo dejé pasar.
Gracias por invitarme. Buenas noches, Edward.
Bella.
No esperaba su respuesta y no la tuve, no quise sacar conjeturas de esa conversación, por lo que dejé de pensar en ella. Estuve una hora más adelantando trabajo y después de que me sentí algo cansada me fui a la cama.
.
.
Me levanté temprano sonriendo con ánimo, me había levantado feliz, al parecer, lo que me hizo sentir muy bien. Me vestí con mi ropa habitual de trabajo, con algunos colores vivos y resaltantes, una falda color piel y una camisa de vestir corta y colorida, al igual que mis tacones. Me maquillé con tonos suaves y me dejé el cabello suelto. Salí de mi habitación cuando ya estaba lista.
—Hola, ¿no les parece que hoy está haciendo un hermoso día? —comenté al ver a mis dos hermosos compañeros de apartamento en la cocina.
—Creo que se intoxicó con algo —insinuó Kate al verme tan feliz.
—No es eso, sólo me siento feliz.
—Bien por ti —dijo Garrett.
—Me tengo que ir, comeré de camino al trabajo. Los quiero, besos —me despedí con rapidez dejándolos con expresión sorprendida.
Al menos esa semana la pasé de la misma manera, por alguna razón me sentía contenta. Había visitado a Travis, habíamos hablado; aunque, para ser sincera conmigo misma, había algo de incomodidad cuando estábamos solos. Esa semana no nos habíamos besado, apenas tocado, lo que no era normal en nosotros. Por otra parte, el trabajo me había consumido mucho tiempo, llegaba a casa cansada por lo que lo único que me provocaba era dormir. Al menos habíamos quedado de acuerdo en que él viniera a la fiesta de Edward conmigo, lo que a las chicas no les pareció una muy buena idea pero se tuvieron que aguantar.
Ese día llegaría algo tarde, por lo que después del trabajo me iría a cambiar a la casa y Travis me buscaría para irnos en su auto a la fiesta, donde ya las chicas estarían.
—Bella, ¿estás lista? —preguntó Travis cuando llegó por mí.
—Dame un minuto.
Me miré en el espejo, me había vestido con ropa sencilla y casual, era en su apartamento, ¿qué tan elegante podía ser? Me había colocado un pantalón negro pegado al cuerpo, con una camiseta blanca de encaje que me llegaba hasta el ombligo; arriba de eso me coloqué una camiseta grande de cuadros y me subí las mangas; sólo faltaban los zapatos, algo de maquillaje y una coleta con unos cabellos sueltos.
—Ya estoy lista —anuncié tomando mi teléfono, algo de dinero y saliendo de mi habitación.
—Bien, vámonos.
El camino de por sí fue estresante, él no hablaba y yo me limitaba a mirar por la ventana. La radio sonaba con una canción melosa que sólo alteraba mis nervios, si no llegábamos rápido terminaría por golpearlo a él y a la estúpida radio.
—Por fin —susurré para mí cuando él se estacionó, no esperó mucho para salir del auto—. ¿Todo está bien? —le pregunté a Travis cuando estábamos en el ascensor, el silencio me estaba matando.
Él se giró para verme, me sonrió, pero esa no parecía ser una sonrisa genuina.
—Todo está bien —respondió tomando mi mano, que entrelacé a la suya, dudando de que las cosas realmente estuvieran bien; pero ya íbamos a llegar al departamento de Edward, no era el momento de sacar conjeturas sin saber a base de qué lo hacía.
Toqué varias veces, se escuchaba la música, plática y algunas risas; esperaba que esa noche mejorara.
—Hola, Bella —saludó alegre Alice al abrir la puerta.
—Hola, estás tan linda, hace semanas que no te veo —respondí cuando entré.
—Lo siento, el trabajo, el matrimonio y una hija… todo me deja muy poco tiempo, pero aquí estamos. Ven, aquí están las chicas. —Caminamos hasta donde estaban Kate y Rosalie, quienes al verme de la mano con Travis hicieron una mueca. Las miré con recelo y al menos trataron de disimular.
—Hola, chicas.
—Hola, nena, Travis —saludó Rosalie.
—Hola —respondió él, se giró hacia mí y besó mi mejilla—. Iré a buscar algo de beber.
Asentí y lo vi caminar por el departamento en el mismo en el que había estado hace solo una semana. Pensar en eso trajo recuerdos, muchos recuerdos de esa noche.
—Bella, pareces algo sonrojada —comentó Kate, haciéndose la graciosa. Ella me conocía muy bien.
—Hace mucho calor —repliqué con una sonrisa.
—Sí, claro… Voy a ver si Emmett sabe dónde están las buenas bebidas en esta casa —dijo Rosalie.
Me volteé para ver a donde iba y ahí estaba junto a Emmett, Edward, quien al verme me guiñó el ojo. Le habría sacado la lengua, pero se giró para hablar con una chica a la que tomó de la cintura, pegándola a su cuerpo.
Por alguna razón no reconocida para mí, eso me puso inquieta. Tal vez porque no dejaba de pensar en estar en su departamento, el mismo donde grité su nombre, rogué por más, gemí por más… Tal vez eso de dejarlo atrás no sería tan fácil como pensaba, al igual que poner a Travis y a Edward en la misma habitación después de lo que había pasado, definitivamente no estaba pensando las cosas muy bien que digamos.
Hola chicas, como ya verán el momento de Edward y Bella llego aunque no de manera fácil como piensa bella.
Gracias a todas las chicas que dejan sus reviews no saben lo importante que es para mi saber su opinión. Hasta el próximo capitulo!
