Capítulo BETEADO Por Flor Carrizo, Beta de Élite fanfiction

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Villa las complicadas

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Salimos tomados de la mano con la pequeña Sofía, aún no podía pensar en lo sucedido sin poder contener la sonrisa. Al principio estaba de mal humor, desde que había terminado con Victoria era un constante suplicio verla, siempre quería nuevas cirugías y sabía que de un modo enfermizo se las hacía para estar más cerca de mí; eso hasta que me negué a seguir con su juego y remití sus cirugías plásticas a uno de mis colegas, de esa manera tal vez se acabaría su obsesión y me dejaría en paz. Igualmente eso se lo atribuía a mi nueva novia, que había marcado de manera magistral su territorio.

Eso era lo que no entendía de Bella, ella no quería estar conmigo por estar con ese chico Travis, pero aun así me miraba con deseo, nos besábamos cada vez que podíamos y cada uno sin admitirlo marcaba un territorio que no le pertenecía. No podía negar que era un juego divertido, pero me confundía un poco, aunque eso no se lo diría a ella.

Entramos a la pequeña heladería a la que solía llevarla siempre que venía de visita.

—Hola, Sofía.

—Hola, Lulu, tito y tita vinieron a comer helado —exclamó emocionada, la dueña se llamaba Lucía, pero ella le había apodado Lulu… ¿y quién le quitaba algo de la cabeza a esa hermosa niña?

—¿Tienes una tía? —preguntó ella mirando con extrañeza a Bella.

—No —negó rápidamente Sofi—. Tita es la novia de tito Edwar.

Lucía alzó una ceja y me miró. Sí, ella y yo habíamos tenido algo muy espontaneo y bastante rápido en mi carro, pero ¿quién me podía culpar?, estaba bastante buena y el momento se dio. Además fue hace mucho tiempo, algo así como cinco meses.

—¿Podemos comer ese helado? —interrumpió Bella mirando a Lucía de arriba abajo, yo sonreí y negué. Me despedí de Lucía quien no dejaba de mirar entre Bella, Sofía y yo; conociendo a la castaña no tardaría en decir algo, así que era mejor evitar problemas.

Senté a Sofía en el asiento frente a un pequeño parque que había dentro de la heladería y yo me senté al lado de Bella.

—Tito, ¿pudo ir, porfis? —pidió con cara angelical mirando el parque.

—Es puedo, ¿no te vas a comer el helado?

—Edward —me reprendió Bella—. Deja ir a la niña, después del helado estará llena, así juega, se cansa y cuando se coma el helado nos vamos.

La miré y sonreí, me gustó más de lo pensado, tanto la plática como el momento. Negué y quité la cara de tonto que seguro tenía.

—Está bien. —Ambas aplaudieron y rieron—. Pero un ratito y cuando te comas el helado nos vamos, ¿entendido? —Ella asintió y no tardó en salir corriendo al parque.

—¿Tú quieres comerte el helado, ahora? —le pregunté a Bella.

—Ya no sé si quiera comerlo.

—¿Y eso por qué? —pregunté sorprendido.

—Bueno… es que me da algo de miedo que tu noviecita escupa lo que me voy a comer —respondió irónica y mirando a donde se servía el helado.

—Por dios, Bella, no seas así, confundes…

—¿Qué confundo? —dijo interrumpiéndome—. ¿Te acostaste con ella sí o no?

—Bella, eso no quiere decir que…

—¿Lo hicieron sí o no? —presionó mirándome con esos ojos de agente 007 que le sacarían la verdad hasta al peor asesino.

—Sí, lo hicimos, pero…

—Pero nada, ¿ves lo que digo? Ahora confío menos.

Acaricié su mejilla.

—Deja los celos, mujer… Sí nos acostamos, pero fue hace meses. Además ella jamás le haría algo así a alguien que viniera con Sofía, son un negocio respetable, así que por favor.

—Primero que todo no son celos, es… precaución y segundo está bien, te creo. Comeré de chocolate.

Me levanté y fui a pedir uno para Bella y otro para mí.

—No sabía que tenías novia, Edward —inquirió Lucía mientras servía.

—Las vueltas de la vida —respondí sin querer dar detalles.

—El soltero más cotizado está tomado, qué revuelo harán el harén de seguidoras que tienes. —El sarcasmo y la malicia de su voz no me pasaron desapercibidos, ella aún tenía esperanzas de tener algo conmigo y no la culpaba, pero odiaba las escenitas de celos y los juegos de palabras; aunque al parecer era sólo con alguien que no fuera Bella.

Tomé los helados servidos.

—¿Qué te puedo decir, Lucía? Hacía falta alguien como ella para hacerme sentar cabeza —dije mirando a Bella y alejándome.

Le entregué su helado y me senté a su lado.

—¿A tu novio no le molesta que estés aquí? —pregunté tanteando el tema.

Ella me miró y rodó los ojos.

—Sabes que no era mi novio y él se fue.

—¿Se fue? —espeté con más interés.

—Sí. Se terminó lo que teníamos y se fue a trabajar a España. ¿Tenemos que seguir hablando de esto?

—No, no tenemos que seguir hablando de esto —dije respetando su privacidad, así como ella lo había hecho una vez conmigo; aunque no pude evitar sentir un alivio por dentro y traté, en la medida que pude, de ocultar mi cara de idiota feliz.

—¿Y la rubia oxigenada que estaba en la clínica es tu nueva conquista? —Pude intuir el desprecio con que la nombró.

—No, ni lo pienses, me hiciste un favor al sacármela de encima —admití con sinceridad.

Me acerqué hasta que mis labios quedaron en su cuello y susurré contra él:

—Tú estás sola, yo estoy solo… podemos repetir.

—Edward —replicó quejándose pero no se alejó—, le estamos dando le impresión equivocada a la niña.

—La que dijo que era mi novia fuiste tú, cariño. —Besé su cuello y ella se alejó.

—No va a pasar, Edward, yo te dije no es sólo por Travis, tú y yo estamos mejor como amigos.

—Pero, Bella…

—Bella nada. Me gustas, pero no quiero nada con nadie ahora, así que deja la tocadera y besadera que entre tú y yo —dijo y nos señaló a ambos— no pasará nada.

No puedo negar que mi ego se vio afectado ya que ninguna mujer me había dicho que no, sobre todo porque no sólo mi ego el que se sentía mal, era algo más, un sentimiento de frustración que no había sentido con ninguna mujer. Frustración, esa era la palabra adecuada, Bella me hacía sentir eso constantemente, como cuando corres en un sueño y sabes que puedes hacerlo pero aun así no puedes.

—Lo entiendo —dije regresando a mi helado.

Bella y yo no hablamos por unos minutos, ambos sólo comíamos y mirábamos a Sofi hasta que la llamé para que se comiera su helado.

—Edward —llamó Bella cuando estábamos saliendo.

—Dime, Bella.

—No te pongas distante o raro conmigo. —Suspiró y se acercó para darme un beso en la mejilla—. Créeme, es lo mejor, quiero que sigas en mi vida y ser amigos es la única manera.

No le respondí, sólo asentí y tomé de la mano a Sofi para volver caminando a la clínica, lo cual hicimos en silencio por ambos pero con muchas preguntas por parte de Sofía; quien siempre tenía curiosidad por algo, el tema de ese día eran los gatos y cuanto quería uno. Ella me pidió a mí que le regalara uno, pero no quise prometer nada; Alice no soportaba a los animales, decía que no tenía tiempo y le daba miedo porque ella aún estaba muy pequeña.

—Pero, tito, quelo un gato lindo y gondo y pecioso.

¿Cómo decirle que no a esa niña con sus coletas tan lindas, esas mejillas rosaditas y gordas; además de ese tono dulce con el que pedía las cosas?

—No te prometo nada, Sofi, pero hablaré con tu mamá, ¿está bien?

Ella no paraba de brincar y reír, lo que hizo sonreír a Bella.

—Gracias, tito. —Saltó a mis brazos y la tomé para llevarla cargada—. Te quelo.

—Yo te quiero más. —La besé en la cabeza y ella se acostó en mi hombro.

—Eres el tío más consentidor que he conocido —comentó Bella a mi lado.

—Lo sé, pero ella es mi adoración.

—Me cuesta asimilarlo, la verdad.

—¿Qué? —pregunté sin entender—. ¿Que la quiera?

—No, no me sorprende que la quieras, si yo lo hago y hace nada que la conozco; pero no te veía como un futuro papá.

Puse cara de horror.

—Que me guste Sofía no quiere decir que me vea siendo papá.

—Eso dices ahora, pero como te comportas con ella te aseguro que serás papá. Tú, el mujeriego más grande del mundo, siendo papá, ¿quién lo diría? —dijo sarcásticamente sin poder evitar reír.

Me encogí de hombros.

—Si será como esta pequeña no puedo negar que no lo pensaría, aunque evita comentarlo enfrente de mi madre; ella probablemente enloquezca y quiera buscarme una esposa en este mismo instante.

—Tranquilo, tu secreto está a salvo conmigo.

—Eso espero. ¿Tú quieres ser mamá? —pregunté ya que estábamos en el tema.

—No —dijo sin pensar.

—Tal vez eso dices ahora, pero después…

—No, Edward, yo no quiero; ni ahora ni nunca —me impresionó su afirmación tan contundente.

—¿Por qué? Si se puede saber.

—Algunas personas nacieron para ser madres, esposas y todo eso; yo simplemente no nací para eso, es bastante simple.

No indagué en el tema, pero sin duda era algo que me causaba curiosidad. En el camino traté de tomar su mano, pero ella se alejó. Bella me confundía, era tan rara; un minuto se pegaba a mí como si le perteneciera y al otro era la plaga y ácido, porque ni se me acercaba. Definitivamente se necesitaba un libro para comprenderla.

Llegamos a la clínica y la niña estaba dormida, así que se la entregué a Alice.

—Tenemos que hablar —le dije con seriedad mirando a Sofi.

—¿Es sobre el gato? —espetó con voz lastimera.

Asentí tratando de no reír, ambos odiábamos decirle que no, pero al final era su decisión o la de Jasper y a él no le tocaba lo mejor en el tema.

—Yo me tengo que ir —dijo Bella a modo de despedida.

—¿Tan temprano? —pregunté.

—Sí, es que tengo que hablar con Garrett y aún me queda trabajo por hacer. Alice, salimos otro día. —Le dio un beso en la mejilla y otro a Sofi quien estaba en los brazos de Alice.

—Lo siento de verdad, Bella, otro día planifico mejor, ¿sí?

—Despreocúpate. Edward, nos vemos. —Se acercó y besó mi mejilla, traté de prolongar la despedida pero ella ágilmente se separó y se fue.

—¿Qué le hiciste? —preguntó Alice señalándome con el dedo y con expresión de interrogatorio.

Me encogí de hombros.

—Ustedes, el pueblo femenino, está infectado de algo llamado Villa las complicadas, a ver si solucionan eso. —Me di vuelta escuchando como resoplaba y entré a mi oficina.

Bella no sólo era complicada, también frustrante y lo peor era que eso no le quitaba lo sexy y hermosa que era. Si estuviera Emmett hablaría con él, sabía que me diría que dejara de ser tan princesita marica y me buscara a alguien diferente a ella; pero a esas alturas Bella no sólo era un reto para mí, también algo más, aunque no sabía qué.

Busque en mi teléfono algún número de mis casuales amantes, necesitaba quitarme las ganas que tenía y todo el estrés; pero mientras buscaba a alguien noté que todas eran tan repetitivas y estaba cansado de salir con ellas, aunque que me quitaran el estrés. Por eso me quedé hasta tarde en el trabajo, me despedí de Alice cuando salió y fui casi el último en irse. Conduje por un rato hasta que me rendí, esa no era mi noche para irme de fiesta por lo que tomé el camino a mi apartamento.

Llegué, me di un baño y pedí algo de comer para tomarme una cerveza mientras miraba un partido que pasaron al medio día y gravé para no perdérmelo.

Me quedé en el sofá mirando televisión, después de comer y el partido, pasé y pasé canales hasta que llegué a mi paquete porno; sí, tenía un paquete porno y nadie me podía juzgar porque eso a todos los hombres les gustaba aunque no lo admitieran. Cerré los ojos por un momento y no pude detenerme al pensar en Bella, escuchaba los gemidos en el televisor y sentí como me endurecía. La imagen de ella la noche que pasamos juntos no mejoró las cosas, aún podía recordar su sabor, su olor, esos movimientos que me volvieron loco.

Demonios, Edward,¿qué te pasa? Hay tantas mujeres, me recriminé aunque ya era muy tarde…

Mi mano, como si de la de un adolescente calenturiento se tratara, hizo su recorrido hasta mi pene y en cuanto me apreté un poco siseé pensando que era Bella quien lo hacía, como esa noche en la que sus manos jugaron tanto sin parar y de manera tan deliciosa.

Me toqué de arriba a abajo pensando en ella. En otras circunstancias pensaría que era patético de mi parte hacer eso si tenía una lista interminable de chicas que lo harían por mí, pero ya era tarde y no podía ni quería detenerme.

No tardé en venirme rápido, entre los jadeos y gemidos del televisor, el bombear de arriba abajo, la imagen de Bella en mi cabeza y las ganas que tenía desde temprano. Me vine rápido y fuerte y jadeé el nombre de ella cuando lo hice, derramando todo sobre mi estómago. Respiré profundo tratando de calmarme, busqué algo para limpiar el desastre y luego apagué el televisor para irme a dormir.

Sabía lo que me diría mi hermano: Edward, estás pasando de princesa a mariposa y la de colores. Pensar en eso me hizo reír, estaba de mal en peor.

Veía el punto de Bella, si fuéramos más que amigos era seguro que muchas cosas cambiarían y me sería imposible verla sólo como una amiga; pero ese era el problema, esa barrera ya la habíamos pasado y no había marcha atrás. Además no entendía lo complicado, ambos éramos adultos y teníamos las mismas ganas de pasarla rico de nuevo, pero ¿cómo convencerla de lo contrario?

Me acosté pensando en la idea de hacerla cambiar de opinión, al menos para una vez más, eso era lo único que yo quería o al menos eso me decía repetidamente.

La alarma sonó y yo me estiré en la cama. Estaba, como todas las mañanas, duro como una roca. Mi pene y yo tendríamos una larga conversación en la ducha, tenía que controlarse al menos hasta que una hermosa y sexy morena de ojos verdes y delicadas manos nos hiciera el favor.

Aún en el departamento llamé a la clínica.

—Alice, ¿tengo algo importante el día de hoy? —pregunté tomándome el café y leyendo el periódico.

No, Edward, sólo algunas citas sin importancia que podrías pasarle a Zach y papeleo, eso es todo.

—Mmmm… bueno, cancela todo lo que tenga que hacer, pasaré el día en casa de mis padres y luego iré al gimnasio. —No quería ir al trabajo, necesitaba ver a mi madre antes de que me tachara de ingrato y mal hijo, ya que Emmett no estaba; y debía hablar con mi padre sobre negocios, además me servía el día para despejarme.

Está bien, cualquier cosa yo te aviso. Saluda a Esme y Carlisle de mi parte.

—Sí, nos vemos luego. —Terminé la llamada, bebí mi café y salí del departamento.

Conduje a casa de mis padres relajado. Amaba mi trabajo, pero a veces la mejor manera de despejarme era olvidarme de todo e ir donde la única mujer que no me hacía la vida complicada.

—Carlisle —gritó mi madre al abrir la puerta—, mira que linda sorpresa.

—Hola, mamá —la saludé con un beso en la mejilla.

—Hola, querido, ¿y esta grata sorpresa?

—Lo dices como si nunca te visitara. —Me puse la mano en el corazón e hice un puchero.

—No seas dramático… —Acarició mi mejilla—. Sabes a lo que me refiero, siempre avisas y por lo general es tu hermano quien te trae casi arrastrando.

Me reí de manera sarcástica.

—Muy graciosa, mamá, me haces quedar como un mal hijo y no es nada malo que yo venga a visitar a mi madre sin la presencia del hada madrina de mi hermano.

—¿Has hablado con él? —preguntó cuando entramos en la sala donde estaba mi papá leyendo el periódico.

—Hablamos hace dos días, la está pasando bien, ya saben cómo es.

—Hola, hijo —saludó mi papá dándome un abrazo.

—Papá, ¿cómo has estado? ¿Viste el juego de ayer? Estuvo increíble.

—No, de hecho lo veré hoy; tu mamá y yo tuvimos que ir a una cena y me lo perdí, pero tu mamá fue muy amable de recordar grabarlo.

—Si quieres podemos verlo en este momento, así lo comentamos.

Mi papá me miró algo sorprendido, como si le estuviera diciendo que la luna era verde.

—Me parece ideal verlo en este momento.

Aunque me intrigó su asombro en parte lo entendí. Desde pequeño mi papá y yo solíamos hacer eso con mi hermano en cada partido, comentarlo y verlo juntos; hacía algún tiempo esa tradición había quedado en muy pocas veces y casi siempre era Emmett quien las planificaba; no porque no tuviera tiempo o no me gustara ver a mis padres, era porque siempre que pasaba a saludar surgía el tema más tedioso de mi día.

—Edward, en la cena nos encontramos con la hija de los Robinson, Samara, que chica tan linda y educada; pregunto por ti. —Rodé los ojos y miré a mi papá, quien suspiró.

Ese era el tema por el cual no los visitaba tan a menudo desde hacía un tiempo. Mi mamá estaba realmente convencida de que la hija de uno de los amigos de papá era mi alma gemela, me la había tratado de presentar hacía años pero la situación o mis ganas de escapar no habían dado oportunidad. Ella creía que con esa chica yo sentaría cabeza y dejaría de ser tan mujeriego, yo aún no conocía a esa tal Samara y ya me daba un frío en la columna cada vez que la nombraba. Si fuera por mi mamá ya estaría organizando la boda y mirando nombres de bebés. Sin duda algo perdida estaba mi madre si pensaba que una chica rica me iba a hacer cambiar, aunque no le quitaba sus ilusiones y siempre le decía.

—Que bien, mamá, salúdalos y será otro día que la conozca. —Le sonreí fingiendo tanto como pude.

Mi papá carraspeó.

—Ya déjalo, Esme, él sabrá si conocerla o no, ¿podrías prepararnos uno de esos jugos de frutas tan ricos que tú haces?

—Ya regreso… —La escuché refunfuñar y negué con la cabeza.

—Gracias por la ayuda.

—De nada, hijo, pero con cuidado que sabes que tu mamá no te dejará en paz hasta que la conozcas —advirtió mi papá tratando de no reír.

Pasamos la mañana y parte del mediodía mirando el partido y hablando, mientras mamá nos daba a probar esas ricas cosas que ella preparaba; aunque a pesar de estar de un lado a otro siguió insistiendo con lo de conocer a esa mujer. Traté de evitar el tema tanto como pude, porque por nada del mundo le diría que planeara algo; la conocía y mi mamá podía ser toda una acosadora cuando se lo proponía. Ella me habló de dejar mi inmadurez y las mujeres que no me llevarían a ningún lado, que ya tenía edad para casarme; mientras escuchaba como mi papá le decía que me dejara en paz. Todo un lindo drama para el día, aunque sabía que ella lo hacía porque no podía evitar preocuparse por mí.

Al finalizar el partido le pedí a mi papá hablar de negocios, así que subimos a su despacho.

—¿Cómo la soportas? Amo a mi madre, pero sinceramente me enloquece algunas veces —comenté medio en broma cuando cerré la puerta.

—Respeta que es tu madre —me reprendió en tono serio, pero luego suspiró—. Es cuestión de práctica —terminó de decir riendo—, además a mí no es a quien quiere prácticamente casar con alguien que no conoce.

—Papá… —me quejé—. Hazla desistir, cada vez que vengo me monta una cacería. Me siento en la inquisición, casi en la silla eléctrica.

—Hablaré con ella, pero sabes cómo es… ¿De qué negocios querías hablar o sólo querías escapar?

—Un poco de ambas —admití.

Hablamos de la administración de la clínica y la ampliación que quería hacerle, aunque era mía mi papá estaba muy involucrado en el manejo del dinero, al igual que mi mamá con las operaciones pro bono y recaudaciones de fondos; por lo que procuraba comentarle todo lo que pasaba y sobre todo si eran decisiones importantes.

—Estás hablando de invertir una gran cantidad de dinero para ampliar.

—Lo sé, papá, pero para mí es una buena inversión… Podríamos tener más residentes, médicos especialistas, ampliar no sólo en cirugía plástica, sino en otros campos —dije planteando esa idea que tenía hace un tiempo en mi cabeza.

—Hablaré con varios inversionistas, presentaré una propuesta básica… El dinero lo tienes, Edward, pero la idea sería que no inviertas todo tu capital en un proyecto a futuro; siempre es mejor buscar personas que contribuyan con la idea sin que el proyecto deje de ser tuyo.

—¿Pero te parece buena idea?

Él pareció meditarlo durante un momento.

—Me gusta mucho, sólo que debes ir con pies de plomo mientras busco inversionistas… sé de tu fama Edward.

—Pero…

—Pero nada, trata de no hacer ningún escándalo con ninguna mujer, no le des a la prensa historias verdaderas. Puede que tú pienses que eso no afecta en los negocios, pero sí lo hace.

—Lo haré —prometí tanto a él, como a mí mismo.

Después de quedar con mi papá en lo de buscar inversionistas y plantearle mejor la idea, me fui a despedir de mi madre, aún tenía camino que recorrer y quería ir al gimnasio. Casi no salí vivo de la casa con la presión de mi mamá en que conociera a la hija de los Robinson, tuve prácticamente que huir.

Pasé horas ejercitándome, tantas horas como los días que pasaron en los cuales Bella y yo no nos habíamos visto y no por mí, ya que había visitado a Garrett y ella nunca estaba y cuando sí estaba tenía mucho trabajo. Sabía lo que estaba haciendo y decidí seguirle el juego, así que simplemente me alejé. Por suerte o castigo, mi hermano había regresado, habían adelantado su regreso por algo importante que Garrett tenía que decirnos y para lo que había planificado algo para esa noche.

Le di el día libre a Alice, quien tenía algo importante que hacer. Salí de la clínica y como terminé de arreglarme temprano pasé por casa de Emmett para buscarlo e irnos juntos. Rosalie, por su parte, estaba con las chicas.

—Campanita —saludó Emmett al verme.

—Hola, Hulk desteñido, ¿estás listo? —Pasé y fui por una cerveza a la nevera.

—Pasa, estás en tu casa, sírvete lo que quieras —comentó sarcástico.

—Como si no hicieras lo mismo en mi apartamento —repliqué risueño sentándome en el sofá.

—Aún no decido qué camisa ponerme, dame un momento.

—Emmett no es para que te tardes como si fueras una chica, escoge cualquier camisa.

—¿Estás en tus días?, que sensibilidad. ¿Cuál es tu apuro?, aún falta una hora —preguntó entrecerrando los ojos en mi dirección y cruzándose de brazos.

Me encogí de hombros.

—Es mejor ser puntuales.

—Yo creo que esa puntualidad tiene cabello moreno y ojos verdes, ¿o me equivoco?

—No digas estupideces, no tiene que ver con Bella.

—¿Quién dijo que estaba hablando de Bella? —espetó con malicia, yo rodé los ojos, sabía que había dicho más de lo debido pero ya estaba hecho y nada le sacaría eso a mi hermano de la cabeza.

—Déjalo ya, Emmett —espeté con esperanza de que se olvidara del tema.

Mi hermano regresó con una camisa diferente

—No lo dejaré, es una muy buena oportunidad para torturarte… Así que vamos, cuéntame… ¿qué pasa con Bella?

¿Para qué negarlo y, sobre todo, por qué ocultárselo Emmett? Él conocía cada uno de mis enredos amorosos y no sólo porque me torturara hasta sacarme algo, también era porque cuando quería resolver algo él era el que mejor me conocía; sabía que quería lo mejor para mí y era abogado, así que decírselo era algo que siempre terminaba por hacer.

En un resumen bastante corto le conté a mi hermano sobre las cosas que habían pasado con Bella, sin entrar en detalles sórdidos, sólo lo relevante. Le comenté lo frustrado que ella me hacía sentir y, sobre todo, lo complicada que ella parecía ser. En todo eso Emmett mostraba su cara profesional, más como abogado que como mi hermano; cuando terminé busqué otra cerveza, esa vez él también buscó una y ambos nos sentamos en el sofá.

—Entonces… ¿qué piensas? —pregunté cuando pasaron algunos minutos de mucho silencio.

Él parecía tratar de contener la sonrisa.

—¿En verdad quieres que te lo diga?

—Claro, idiota, sino no te lo estuviera contando.

—Bueno… —Carraspeó y le dio un trago enorme a su cerveza—. Estás jodido —dijo al final.

—¿A qué te refieres?

—Si no estás enamorado de esa chica, estás a punto.

Lo miré como si estuviera loco, me levanté y tomé mi cabello entre mis manos

—¡Estás loco! Me gusta, ¿para qué negarlo? ¿A quién no podría gustarle? —alegué con ímpetu—. Pero eso no quiere decir que me esté enamorando, sabes que no soy de ese tipo.

—Yo sólo te digo lo que veo y tú jamás habías actuado así, celoso, nervioso y ansioso por alguien; por lo que eso significa que te importa mucho Bella, deberías pensar si es de esta manera. —Negué con la cabeza y traté de reír, pero no pude. Mi hermano, la persona que pensé se burlaría de mí y me diría que probablemente sólo deseaba una follada, me decía que yo, Edward mujeriego empedernido, me estaba enamorando de alguien y lo decía en un tono bastante serio.

Resoplé y metí mis manos en los bolsillos

—Estás loco.

—Lo que digas, hermanito, sé por qué te lo digo y esto sin duda será muy divertido de ver. —Se levantó y señaló la puerta, así que simplemente asentí y lo seguí, ya era hora de irnos.

En el camino no paraba de dar vueltas a las palabras de Emmett, pero después de un momento no pude seguir y sólo traté de olvidarlo. Como era mi plan inicial, ignoraría a Bella, la trataría como sólo una amiga más; ella quería eso de mí, así que eso le daría. Y sí, también era esa parte de mi ego que aún se sentía herido.

Llegamos y subimos hasta su departamento, lo principal de la noche era la reunión con Garrett y de la cual no tenía idea de qué quería decirnos, pero parecía ser importante.

Cuando entramos de inmediato Rose corrió a subirse encima de mi hermano, no podía negar que hacían una buena pareja. Ella me agradaba mucho y mi hermano parecía feliz. Me alejé de ellos y me encontré con Jasper a quien saludé y pregunté por Sofi, quien lo estaba torturando con lo de querer un gato; en realidad lo compadecí.

Pude ver a Bella en el fondo de la sala, ella me miró y sonrió, yo sólo le dediqué media sonrisa y dejé de mirarla. Hablé un poco con Jasper y luego con Alice.

—Hola, Edward —dijo la castaña a mi lado.

—Hola, Bella —respondí.

—¿Estás bien? —me preguntó, ya que seguía sin mirarla.

—Sí, perfecto, ¿y tú?

Ella permaneció en silencio durante un momento, para luego decir:

—Bien.

La vi alejarse después de resoplar a mi lado. Ella estaba hermosa, con una camiseta negra, su cabello en una coleta alta y unos pantalones apretados que marcaban ese maravilloso trasero que tenía. Se me hacía agua la boca, pero en el acuerdo infantil entre mi ego y yo decidimos no demostrar algo diferente a la indiferencia.

Platiqué un momento con Jasper, Alice, Emmett y Rosalie; de vez en cuanto miraba a Bella cuando ella no me veía. Ella parecía molesta y aunque quería mantener la distancia, también quería saber el porqué de su enojo.

—¿Saben qué es lo que hablará con nosotros Garrett? Por cierto… ¿dónde están él y Kate? —preguntó Rosalie.

—No tengo idea, sólo me dijo que tenía algo importante que decirnos a todos —respondió Bella, encogiéndose de hombros.

Me disculpé y fui a buscar una cerveza fría, al girarme en la concina me encontré con ella, quien tenía el ceño fruncido y una mirada inquietante.

—¿Qué te pasa?

—¿A qué te refieres? —pregunté sin entender.

—Estás raro… ¿es por lo de hace días? Te dije que no quería que te enojaras por….

—Bella, tranquila… no estoy molesto, sólo hago lo que me pediste —respondí con naturalidad.

—¿Y qué se supone que es eso?

Me acerqué a ella hasta quedar a centímetros

—Ser tu amigo —susurré.

—Edward, esto no era lo que yo…

—¿Tú qué? —pregunté risueño—. Bella, sólo estoy haciendo lo que tú pediste. —Acaricié su mejilla y acerqué mi nariz a la suya, la vi cerrar los ojos y como sus mejillas adquirieron un rosado hermoso. Coloqué mis labios cerca de los suyos, pero sin tocarlos la deseaba tanto que mi entrepierna comenzó a doler y lo único que podía pensar era en acabar con esa distancia. Respiré profundo y susurré bajito sólo para que ella escuchara—: Soy tu amigo, nada más que eso.

Me alejé con mi cerveza en mano y mi ego disfrutó un poco su mirada descolocada y confundida. Sin mirarla dos veces regresé a la sala donde Garrett ya había llegado. Bella quería sólo un amigo, así que eso tendría y aún no sabía cuánto le costaría ese deseo, aunque también podía apostar que para mí no sería nada fácil mantenerme de esa manera.