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Capítulo BETEADO Por Julie De Sousa una maravillosa persona que me ayudo y mi querida Flor Carrizo quien es Beta de Élite fanfiction

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Una situación algo incómoda

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Definitivamente, no sabía qué le sucedía a Edward o por qué tenía esa actitud y, sobre todo, no entendía qué hacíamos todos reunidos en el apartamento sin Garrett y Kate; quienes, al parecer, nos tenían una gran sorpresa.

Cuando estaba cansada de esperar y del hecho de que el señor plástico me ignorara, la puerta se abrió.

—Hola a todos, sentimos el retraso —dijo Kate al entrar sonriendo de la mano del idiota de su novio.

—Ya era hora… ¿Qué sucede? —pregunté, reuniéndome con los demás en la sala.

—Bien, pasa lo siguiente… —Garrett tomó la mano de Kate, la miró y ambos sonrieron. Era bastante raro todo su comportamiento y ya empezaba a confundirme. Él tomó un respiro y continuó—: Hace mucho que estoy con esta hermosa mujer y queríamos decirle a las personas más importantes en nuestra vida que estamos listos para estar juntos… —Se miraron de nuevo antes de gritar—: ¡ESTAMOS COMPROMETIDOS!

Yo… eso era lo menos que me esperaba, me hubiese resultado menos sorprendente si decían que iban a separarse, que hacer eso. Mi cara debió ser un poema porque Kate me miró con preocupación.

Di un vistazo a las personas a mí alrededor para saber sus reacciones. Emmett casi se ahogó con su cerveza, Rosalie y Alice empezaron a gritar como locas, mientras que Jasper y Edward sólo sonreían.

Estaba sorprendida con su noticia, pero no dejaba de estar feliz por Kate. A pesar de que yo no creyera en el matrimonio lo único que deseaba para ella era felicidad, y si firmar un pedazo de papel la hacía feliz, entonces bien por ambos.

—¡Felicidades a ambos! —dije, dándole un sonoro beso en la mejilla a Garrett y un enorme y fuerte abrazo a ella.

—¿Estás bien con esto? Sé que a ti te parece una estupidez, pero…

—¡No seas tonta! ¡Estoy feliz por ambos! Y sí me parece una estupidez. —Ella rodó los ojos y yo reí—. Pero los apoyo en todo.

Ella aplaudió feliz, luego dijo:

—¡Genial, porque serás una de las damas!

—¡Oh por Dios, Kate! —exclamé lamentándome—. ¡No puedes hacerme eso! Me niego.

—Vamos, será fantástico. Prepararás la despedida de soltera, además las otras damas serán Rose y Alice… ¿Quieren? —preguntó, mirándolas a ambas, quienes no tuvieron que pensarlo mucho para aceptar.

—¡Estoy tan feliz, claro que seré dama! —respondió Rose.

—Gracias por pedirlo, sería un honor —dijo Alice.

—¡Bella! —cantaron las tres.

—¿Por qué demonios tengo amigas tan estresantes? —me pregunté en voz alta, miré sus caras de venados deslumbrados, resoplé y asentí—. Lo haré, pero si crees que usaré un horrible vestido color mostaza para que tú luzcas mejor ese día dejaré todo y te asesinaré, ¿lo entiendes?

—Bella, tú me conoces. Mi boda será hermosa y jamás vestiría a mis damas de honor de manera horrible.

Dejé a las chicas planearlo todo ya que ellas realmente estaban enloqueciendo contodos los detalles de la boda. Me acerqué a Garrett, quien hablaba con Emmett en ese momento.

—Serás un hombre casado y amarrado —dijo Emmett bromeando.

—No corras tan rápido, que Rose no está lejos de quererlo —me burlé llegando a su lado.

—Bella, no se lo menciones ni en broma. Amo a mi Rose, pero... ¿un altar, matrimonio? —Hizo cara de asco e ingirió un gran sorbo de cerveza.

No pude evitar reír y palmear su hombro.

—Mi querido amigo, yo no tengo que decirle nada, esta boda ya inició el proceso de convertirla en una novia loca.

Su cara de espanto sólo me hizo reír más. Emmett fue en busca de Rose quien no hacía más que ignorarlo, teniendo en mente la boda a planificar. Yo me quedé a solas con Garrett que se veía realmente feliz, con sus ojos puestos en su futura esposa.

—Te casarás —musité, mirándolo a los ojos.

—Me casaré —respondió.

—¿Estás seguro? —pregunté y él me miró sin entender el porqué de mi pregunta—. No me malinterpretes, puede que sea una cínica con respecto a todo esto, pero no es por eso que lo pregunto. Sé que amas a Kate y me alegro mucho por ustedes, sólo quiero saber si estás feliz con esta decisión.

Él se acercó y pasó su brazo por mi hombro abrazándome y susurrando bajo:

—Gracias por preocuparte, pero todo lo que siempre quise en mi vida fue a Kate y todo lo que quiero y necesito ahora y siempre es a ella. —Ambos miramos en su dirección—. Puede que ella no lo diga mucho, pero es una romántica empedernida y esta boda será más para ella de lo que podemos entender.

Finalmente, él se giró hacia mí, haciendo que lo mirara.

—Bella, esto es más que firmar un papel diciéndole al mundo que nos pertenecemos, es una promesa de que a pesar de las cosas que pasen hicimos votos por una razón, la cual nunca debemos olvidar. Sé que esto no es algo que te guste o tal vez no lo entiendas, pero por favor apoya a Kate en todo esto, porque…

—Garrett… —espeté con voz ligera—. Los amo a ambos, son mi familia. Mi apoyo no tienes que pedirlo, siempre estaré para ustedes.

Carraspeó, como si estuviera deshaciendo un nudo en su garganta.

—Gracias.

—Oh, vamos, señor sensibilidad, deja el sentimentalismo y vamos a brindar.

—Tienes razón, ¡hay que brindar! —dijo en alto.

Buscaron una botella de champán y algunas copas, reuniéndonos todos.

—¡Quiero brindar por mi bella prometida! —Garrett miraba a mi amiga como si fuera lo único que existiera en la sala, así como si fuera su sol. Y sí, por un pequeño momento, sólo segundos, sentí un tirón en mi estómago; no era envidia aunque empezaba a sentir que tal vez, en una pequeña medida, deseaba ese amor que ellos se tenían. Rápidamente negué y rechacé esa idea.

Después de algunas palabras de los presentes, cada uno se bebió su copa y brindamos por la felicidad de los futuros esposos. Después de mi tercera copa, fui a sentarme en el sofá donde casualmente estaba Edward. No sabía si era porque no había comido o algo más, pero con esas tres copas ya estaba algo desorientada.

—Así que a partir de ahora me ignorarás... Muy maduro, Edward, ¿o debo llamarte señor Cullen? —espeté con ironía.

—No seas absurda, Bella —replicó.

—No estoy siendo absurda, tú eres el absurdo que se comporta de esta manera.

—¿De qué comportamiento hablas, Bella? Eres mi amiga, eso no significa que deba estar pegado a ti todo el tiempo. —Su voz era tan distante y despreocupada que me hizo poner de mal humor. Sabía por qué estaba haciendo todo eso, yo había herido su ego y él quería hacer lo mismo, dejándome como una dramática exagerada y algo desesperada.

—¡Puedes irte al infierno! —escupí las palabras.

—Bella, no…

—¿Sabes, Edward?, lo entiendo, herí tu preciado ego al no querer acostarme contigo; pero no por eso debes ser este idiota que está frente a mí. Yo no soy una de esas estúpidas con las que te acostaste y ahora esperas tratar mal para mantener su interés. Sigue así y mejor te alejas de mí, porque conmigo esa táctica no funciona.

Él maldijo en voz baja y miró al televisor delante de él, lo que hizo que me enojara aún más; porque no sólo me ignoraba, también lo hacía intencionalmente cuando le estaba hablando.

Resoplé, tratando de calmarme. Estaba por levantarme cuando lo sentí girarse en mi dirección y tomarme del cuello con tanta rapidez que quedé a centímetros de su rostro, sintiendo su aliento; pero alejada por la fuerza de su mano reteniéndome.

—Me enloqueces, lo sabes, ¿verdad? —preguntó con su voz ronca, muy diferente a la que tenía hace un momento.

Rodé los ojos.

—Edward, no entiendo…

—Ese es el problema, tú no lo entiendes y yo tampoco.

En ese momento sí que estaba confundida, no entendía para nada su actitud.

En medio de mi confusión, miré sus labios entreabiertos, y, por un momento, olvidé que estábamos a mitad de la sala a la vista de todos, con nuestros rostros tan cerca uno del otro... Sentía como si estuviera fuera de mi cuerpo, mirando la escena que ambos ofrecíamos, la cual era ardiente, asfixiante y tan cargada de energía… Esa energía que constantemente sentía cuando estaba con Edward. Miré su barba de pocos días, alcé mis ojos a los suyos y observé sus pupilas, perdiéndome en ellas y me sentí caer tan profundo y rápido, que aparté la mirada, cerré los ojos y jadeé.

—Creo que tal vez sí lo entiendes y no te importa…

Abrí los ojos y él se alejó de mí, levantándose y dejándome sola, jadeante y aún más confundida, porque no entendía del todo lo que él trataba de decirme.

Emmett y Edward se despidieron porque tenían que ir a visitar a sus padres, al igual que Alice y Jasper, quienes irían a buscar a Sofí en casa de sus abuelos. Rose prefirió quedarse para seguir hablando de la boda con Kate, lo que sería un verdadero suplicio para mí.

—¡Adiós, chicos! —me despedí desde la cocina, porque no quería ir y ver la estúpida cara de Edward y su manera de confundirme.

Cuando se fueron sólo quedamos en casa Garrett, Kate, Rose, quien no dejaba de parlotear, y yo. Rodé los ojos y me concentré en poner las copas a lavar, mientras me preparaba un emparedado porque tenía algo de hambre. Buscaba la lechuga cuando escuché los pasos de alguien, levanté la mirada y vi a Garrett, quien me miraba con ojos de niño abandonado.

—¿Qué quieres?

—Nada. ¿No puedo venir a saludar a mi adorable y querida hermanita? —Entrecerré los ojos, estaba usando ese tono dulcificado que ya conocía.

—Aja y te creo. ¿Me dirás o tengo que usar la amenaza? —pregunté con un cuchillo en mano y una sonrisa siniestra.

Alzó las manos en defensa.

—Primero baja el arma, loca Bella, y segundo tal vez quiero uno o dos emparedados porque tengo algo de hambre.

—¿Por qué no le dices a Kate que te lo prepare? —murmuré en broma, sabía exactamente por qué no se lo pedía.

—Sabes que preferiría hacerlos yo mismo, Kate es… —susurró bajito, para que no lo escuchara— algo peligrosa con cualquier alimento.

Me reí sin poder evitarlo, mientras él me hacía señas para que hiciera silencio. Era una historia un poco graciosa y algo rara de Kate, cuando recién se mudó con Garrett y yo aún no había llegado a su vida, intentó preparar la cena para él, algo sencillo. Lo que pasó fue que terminó echando pimienta donde iba la sal y usó maní, lo que terminó enviando a su novio al hospital, ya que es alérgico y ella lo sabía, pero pensó que cocinado no le haría daño. En resumen, él jamás volvió a comer comida preparada por ella.

—No sé cómo harás cuando te cases con ella, tendrás que arriesgarte a morir —me burlé mientras seguía preparando mi emparedado.

—Cocinaré yo o viviremos de comida a domicilio, además te tendremos a ti y…

—¡Garrett! —espeté deteniéndolo. —Sabes que yo no viviré con ustedes cuando se casen.

—Bella, pero esta es tu casa. Kate y yo no pretendemos que tú…

—Ustedes necesitan su espacio y yo no puedo quedarme aquí. Sabes que a menos que obtenga el ascenso a editora, no es algo que puedo costearme actualmente.

Él estaba por decir algo, pero lo detuve.

—No te atrevas de ofrecerme dinero, porque te golpearé. Es algo que resolveré, no te preocupes.

Él suspiró y negó un par de veces con la cabeza.

—Esto es algo que después discutiremos, no creas que permitiré que pases por necesidades y créeme que Kate tampoco querrá eso.

—Garrett…

—Bella, tienes que aprender a aceptar que somos tu familia, pase lo que pase. El que Kate y yo nos casemos no cambiará eso, ¿está bien? —preguntó serio, a lo que tuve que asentir como niña buena. Odiaba y amaba los momentos en que se comportaba como un hermano mayor, protector y fastidioso.

Después tomó un respiro y miró la comida que había hecho.

—¿Esos son míos?

—¿Tú qué crees? —Sonrió como niño en Navidad y tomó dos emparedados, buscando un refresco en la nevera y, al pasar por mi lado, mordió uno.

—Mmm, que rico… —murmuró con la boca llena—. ¡Te quiero, eres la mejor!

Yo sólo me encogí de hombros y regresé a prepararme uno para mí, en cuanto él salió de la cocina. Tenía en cuenta las palabras de Garrett y me encantaba que se preocupara por mí, pero yo sabía desde hace mucho que ellos necesitaban su espacio, tener momentos de pareja, que tal vez no tenían por mí. Aunque básicamente yo nunca estaba cuando ellos querían vivir sus momentos, igual interfería, era algo que llevaba pensando algún tiempo y la única razón por la cual aún no me había mudado era el dinero, yo no podía pagar sola el apartamento y me negaba rotundamente a pedirles dinero a mis padres. Esa sería una razón más para que mi madre quisiera que yo regresara y preferiría vivir en el sofá de algún amigo que volver a Forks. Sólo me quedaba buscar un apartamento económico que estuviera en mi presupuesto y no tan lejos de mi trabajo, lo que no estaría fácil; vivía en el centro de New York y eso no era muy compatible con encontrar algo económico. Estaría difícil, por no decir imposible, sobre todo porque no quería algo compartido; yo también creía que era hora de avanzar y eso lo haría viviendo sola, era un buen comienzo.

—¿Por qué tan pensativa? —dijo Kate, sacándome de mis pensamientos.

—Nada, sólo estoy preparándome algo de comer. ¿Cómo va lo de la boda? —traté de desviar el foco de mí, pero ella me conocía muy bien.

—¿Tú y Edward…? —dejó la pregunta a la mitad.

Alcé mis hombros y le di un mordisco a mi emparedado.

—¿Qué con nosotros?

—Parecían indecentes.

—Lo normal.

—Bella… —replicó resoplando.

—¿Qué, Kate?, pregunta lo que quieres preguntar.

—Dime qué pasa entre ustedes, porque tú eres una dama y él…

—¿Qué es él? —espeté, entrecerrando los ojos en su dirección.

—Garrett le pidió ser uno de los padrinos.

—Kate… —lamenté, mirándola mal.

—¡No fui yo! —respondió a la defensiva—. Fue idea de Garrett, además... ¿qué esperabas?, es uno de sus mejores amigos.

—Claro, ¡eso es genial!

—Así que…

—¡Eres estresante! —exclamé, pero me rendí porque sabía que ella no me dejaría en paz.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó Rose, llegando al lado de Kate.

¡Qué bien!,llegó Rose. Ya no tengo salida, pensé en un lamento.

—Bella estaba a punto de contar las noticias recientes con Edward.

—Mi vida no es el programa de las seis —repliqué disgustada o al menos aparentando estarlo.

—No te hagas la difícil y cuéntalo todo —pidió Rose, con su voz mandona.

—La verdad no sé qué quieren saber sobre él y yo, quedamos como amigos. Pero la última vez creo que herí su precioso ego, así que ahora se comporta como un idiota que prácticamente me ignora y después me dice que no lo entiendo. Eso es todo el noticiero que tengo hoy, ¿felices? —dije tomando mi comida, un refresco y preparándome para irme a mi habitación.

—¡Espera! —Rose puso sus manos en alto, deteniéndome—. Espera un momento, ¿cómo es eso de que no lo entiendes?

—No lo sé, Edward es raro. No trato de entenderlo, sobre todo no ahora.

—Tal vez si dejaras de ser tan complicada —espetó Kate.

—¿Yo? —repliqué enseguida—. Le estoy dando todo lo que un hombre quiere después de acostarse con alguien, una amistad con total normalidad, si él es tan sensible como para querer algo más no es mi problema.

—Bueno, ella tiene un punto —acotó Rose.

Asentí en dirección a Kate tomando algo de refresco y dando otro mordisco a mi comida.

—Aunque debes admitir —prosiguió Rose— que Edward es el tipo de hombre con el cual debes repetir, ¿no es así?

Quise decir que no, pero era imposible y tampoco era algo que quería negar; así que confesé:

—¿Cómo no querría repetir con él? —dije, como si fuese algo estúpido—. Él es inteligente y gracioso, siendo estúpidamente irónico también, tiene un cuerpo de catálogo y huele rico siempre. Además, que es tan adorable con Sofí, que quieres besarlo cada vez que le dice princesa o la consiente. Besa rico sin ser exigente y hace las cosas con tanto dominio, es tan suave que te hace suspirar y… —Suspiré recordando nuestra noche juntos y, por cierto, creo que me había desviado del punto inicial de la conversación.

—Aww... —corearon ambas, regresándome a la realidad.

—Olvídenlo —musité a la defensiva —, es sólo un chico.

—¡El chico que te hace suspirar! —Miré mal a Kate, quien no quitaba la sonrisa de te lo dije de su boca.

—¡Admítelo! —exigió Rosalie—. Edward te atrae más de lo que quieres admitir.

Ambas asintieron y me dieron la mirada esa que dice estás jodida y lo sabemos. Odiaba esa mirada, sobre todo cuando no era yo quien la tenía.

—Ustedes dos —dije señalándolas—, pueden irse al infierno. —Tomé mi refresco, le di un mordisco a mi emparedado e hice una caminata dramática hasta mi habitación. Las escuché reír, pero no me detuve hasta que estuve segura.

Me senté en la cama, tomé mi computadora y busqué algunas cosas del trabajo mientras comía. Cuando terminé, entré un rato en mi Facebook e Instagram, tenía algunos comentarios y notificaciones, al igual que una invitación de amistad de Edward en ambos. Miré pensativa la pantalla y una sonrisa malévola apareció en mi rostro, si él quería ignorarme yo también lo haría y no sólo en mis redes sociales. Así que rechacé ambas invitaciones, pensando que si él quería jugar yo también lo haría.

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Era lunes y habían pasado al menos dos semanas desde la reunión espontanea de compromiso en casa. Todas las damas y Kate habíamos estado como locas buscando vestidos, trajes, el sitio ideal, la música, el pastel y todo lo que una novia quiere en su boda; sobre todo porque era en tres meses, lo cual me sorprendió. Con todo el entusiasmo por la boda, yo pensaba que mi adorada amiga se tomaría al menos un año para planearla, pero cuando le pregunté su respuesta fue muy clara:

—Quiero ser su esposa, sin tanto drama por boda y mesas, familia, sin nada de eso, sólo ser su esposa —respondió con una enorme sonrisa.

—¿Y qué piensa Garrett de la boda apresurada?

—A él solo le importa ser mi esposo y compartirlo con ustedes. Además de que lo único que le importa que esté en la boda es el licor y eso él mismo lo conseguirá. Será algo sencillo, sólo nosotros, nuestros amigos y pocos familiares, al final lo importante es la luna de miel. —Su emoción era palpable, además de que para Kate el sentido familiar era más importante que las cosas materiales.

—Por cierto, no han mencionado dónde será la luna de miel.

—Será en —dejó el suspenso, hasta estallar y decir—: ¡Venecia!

Abrí la boca de par en par.

—¡Oh Dios! ¿En serio?

—Sí, lo sé, es tan… no lo sé, inesperado. Él sabe que me encanta, Venecia es tan romántica y se lo había mencionado, pero no sabía que iríamos hasta que me dio la sorpresa.

Ella estaba realmente feliz, no podía evitar tener una sonrisa en el rostro la mayoría del tiempo. Aunque la boda le estaba sacando algunas ojeras, Rose, Alice y yo la ayudábamos en todo lo que podíamos.

Sus padres, al igual que la mamá de Garrett, estaban muy entusiasmados con la boda. Siempre habían adorado a su yerno y eso sin duda era algo que se esperaban.

La mayoría de las cosas estaban listas, pero faltaba lo más importante: nuestros vestidos, el traje de los padrinos, el vestido de Kate y el lugar; es decir, lo esencial para que fuese una boda.

Ese día tenía que ir al centro comercial, porque me tocaba ir a recoger los trajes de los padrinos y aprobar los vestidos de las damas. Al menos no lo haría sola, Ian me acompañaría, era un nuevo chico con quien estaba saliendo y al cual Edward al parecer odiaba. Sólo recordar el pasado fin de semana me hacía reír, aunque la última parte de la noche era algo que evitaba recordar.

Bella, ¿estás lista?—gritó Kate, desde su habitación.

Estábamos por salir con los demás, pero íbamos atrasadas porque Katey yo habíamos llegado tarde del trabajo.

¡Ya voy, sólo dame un minuto! —Terminé de arreglarme con un vestido sencillo, suelto y color cereza. Iríamos a comer en un lugar algo elegante.

Por suerte llegamos justo a tiempo y ya los chicos estaban en la mesa. Me gustaba el lugar, era muy sencillo pero elegante y tenía esa aura clásica. El restaurante tenía una barra y un lugar al fondo para bailar música lenta.

Cuando llegamos,Kate fue a saludar a su prometido, como si no lo viera todos los días, mientras yo me encontraba con Ian. A él lo había conocido hacía un mes en la empresa, ya que era un nuevo editor que venía de visita, aunque recién le aceptaba una invitación para nuestra segunda salida. Todo iba bien, era relajado y, lo mejor, él tenía el tiempo contado para estar en el país, ya que trabajaba en Londres y no se podía quedar por mucho tiempo, lo que hacía las cosas extremadamente sencillas y claras.

Hola,Belladijo en saludo, dándome un beso.

Hola, guapo.

Ian sin duda era atractivo, alto, cabello negro, sonrisa pícara, unos hermosos ojos azules y ese tipo de humor que sin duda hacía que te dieran ganas de ser su amigo. En cuanto lo conocieron las chicas lo adoraron, incluso Kate y los chicos se llevaban muy bien con él. Al único que no había conocido era a Edward, quien estaría esa noche en la cena.

Estaba hablando con Alice sobre Sofí y su nuevo gato, cuando él llegó, sonriente y sarcástico como siempre. Saludó a Emmett y Garrett, para luego darle un beso a Rose y Kate; cuando llegó al lado de Alice y Jasper me miró para luego darle un vistazo a Ian.

Carraspeé antes de decir.

Edward, él es Ian, un amigo.

Un amigo repitió él y sonrió cínico, antes de darle la mano.

Todos se quedaron paralizados cuando ambos se saludaron, para luego sentarnos; Ian a mi lado y Edward enfrente de mí.

La noche fue no fue para nada aburrida. Cada vez que Ian me decía algo al oído, Edward resoplaba o maldecía por lo bajo,pero mi nuevo amigo parecía no percatarse de la situación y, si lo hacía, no le prestaba atención, seguía platicando con todos mientras comíamos y bebíamos algo de vino. La situación se me hacía tan cómica, por un lado Edward no paraba de mirarlo mal, maldecir y resoplar; además de que Rose parecía estar observando un partido de ping-pong, mirando entre Edward, Ian y yo. Los demás parecían ignorar la situación, aunque yo creía que lo hacían sólo para no involucrase, lo que estaba bien para mí.

Cuando terminamos de comer me disculpé para ir al tocador, Kate enseguida me siguió y la única razón por la que Rose no se le unió fue porque estaba bailando con Emmett, aunque sí nos dio una mirada de pequeña chismosa.

Lavé mis manos, quedándome a solas con Kate en los lavados, la miré por el espejo, ambas nos dimos una mirada y empezamos a reír, sin poderlo evitar.

La cara de Edward es demasiado cómica, eres realmente mala —acusó.

No soy mala me defendí—, yo no sabía que él estaría aquí, aunque he de confesar que lo suponía, pero no pensé que reaccionaría así.

Son celos.

Me burlé:

No creo eso, es su ego herido por la primera chica que le dice que no, sólo eso.

Si tú lo dices

Salimos del tocador, yo fui a buscar otra copa y Kate fue a hablar con Alice. Iba caminando ysentí como alguien me tomaba de la cintura.

Ianme quejé, aunque sabía perfectamente que era Edward, por una extraña y molesta razón sabía cuando era él quien me tocaba.

No soy tu Ian—replicó Edward con molestia—, pero si quieres voy y lo busco para ti.Negó con la cabeza y me dio la espalda para irse.

Ven aquí.Lo tomé de la mano—. Vamos a bailar.

No lo dejé responder,y poco después ya estábamos balanceándonos en una lenta y melosa canción.

¿Por qué me haces esto, Bella?—preguntó, llevando su mano hasta mi espalda y acercándome más a él.

¿Qué es lo que te hago?

Lo sabes.

No te entiendo—susurré, pegando mi mejilla a la suya—. De verdad no lo hago. Dejamos claro esto, Edward,¿cuál es tu confusión?

Lo sé, pero…

¿Pero qué? —Subí mi mano hasta su cuello, tomando su desordenado cabello entre mis manos ysintiendo como él me apretaba más a su pecho. Alcé la vista y nuestros ojos se encontraron.

Es esto, ¿lo sientes? —preguntó en un susurro—. Me confunde, nena, y no es algo que quiero, pero pasa.

Lo sentía, con un demonio que lo hacía, esa manera tan asfixiante que tenía el estar con él; como si los demás desaparecieran y estuviéramos sólo los dos, balanceándonos al compás de una música de fondo que nos pertenecía. Y de nuevo me sentí caer profundo y tan rápido, temiendo tanto el llegar al final de esa caída, que parecía no tener fin y me negaba a dejarme caer, no podía, simplemente no podía.

Aparté la vista, toqué su mejilla y evité mirarlo.

Edward, sólo fuiste una noche de sexo, ahora eres mi amigo, acepta eso o esto no podrá funcionar.

Él intentó acariciarme pero me alejé, separándome completamente de su lado. Regresé a la mesa, me acerqué a Ian y le pedí irnos. Nos despedimos de todosantes de que Edward se nos uniera, estaba huyendo de él y de toda su confusión.

—¿Bella? —llamó Ian, chasqueando sus dedos enfrente de mí.

—Lo siento, ¿me decías? —pregunté algo desconcertada.

—Te pregunté dónde tenías que recoger la ropa.

—Lo siento, estaba pensando en algo de la boda —mentí, para no dar explicaciones. Al final él asintió porque realmente no era como si tuviésemos una relación muy estrecha, éramos amigos pero nos conocíamos desde hacía muy poco y aún no tenía la confianza de contarle mis cosas y tampoco quería tenerla.

Pasamos buscando las cosas y pedimos el envío, cuando revisé cada cosa. Llegarían a casa de Kate en unas horas, suponía que ella estaría allí para cuando eso pasara, porque yo tenía algo que hacer en el trabajo.

Estaba comiendo una dona cuando él limpió con sus labios un resto de chocolate en mi mejilla. ¿Cómo había llegado chocolate allí?, no tenía idea. Por lo general no me gustaban las salidas de comida y dulces en otros rostros limpiados con besos, se me hacían muy de parejas; pero con la situación de su inminente partida no era algo que me preocupaba.

—¡Bella! —Me giré encontrándome con Esme, quien tenía varias bolsas en sus manos.

—¡Hola, Esme, que sorpresa! —Le di un beso, saludándola.

—Tiempo sin verte. ¿Cómo están Kate y Garrett con todo lo de la boda?

—Muy ocupados, aunque quieren algo sencillo por lo que lo hace más fácil. Ahora lo único que falta es el lugar, no encuentran algo lo suficientemente íntimo y cercano.

—Si quieren pueden hacerlo en casa, el jardín es grande. Pueden poner tiendas y todo lo necesario —ofreció cálidamente.

—¡Eso estaría genial! ¿Segura que no hay problema?, será un desorden y…

—¡No, para nada! —dijo enseguida—. Está a la orden, les ayudaré con la decoración, conozco a un excelente chef. Todo estaría preparado, Garrett es de la familia y Kate es una chica tan adorable.

—Hablaré con ellos y tendrás una respuesta lo más rápido posible. Seguro estarán encantados, gracias.

—De nada y estamos siendo muy groseras —señaló Esme, mirando a Ian—. Mucho gusto, soy Esme —se presentó, dándole la mano.

—Ian, un gusto.

—El gusto es mío. —Me miró con complicidad y sonrió—.Tengo que irme, Carlisle me espera para el almuerzo. Fue un placer verte, Bella, habla con Kate y te comunicas conmigo.

—También fue un gusto, Esme, por favor saluda a Carlisle de mi parte.

—Lo haré, odiará no haberte visto a ti y a tu novio —dijo antes de darme un beso e irse. Ni Ian ni yo la corregimos porqué no nos importó su pequeña confusión.

Seguimos nuestro camino, ambos teníamos trabajo así que nos fuimos a la editorial. Además tendría que llegar antes a casa para hablar con Kate sobre la propuesta de Esme.

Kate estuvo encantada, ella misma llamó a Esme para darle las gracias y la mujer estuvo feliz de que se hiciera la ceremonia en su casa. Y ya que Kate no había tenido la oportunidad de ver el jardín y todo el espacio, Esme nos invitó el domingo al mediodía.

Llegamos a su casa una hora antes del almuerzo, Esme nos esperaba con limonada y algunos panecillos. Eso hizo que extrañara a mi mamá, quien era igual de dulce y hospitalaria; aunque un poco loca, lo que me recordaba que tenía que llamarla. Hacía ya unas semanas que no sabía de ella o de papá y eso era algo raro.

Estábamos mirando el jardín, con el cual Kate estaba encantada, cuando Esme me pidió ir a buscar a Edward para almorzar. No había visto o hablado con Edward desde la vez pasada en el restaurante con Ian y toda la confusión, pero ya que yo era poco tímida y me tomaba las cosas muy relajadamente, fui a buscarlo haciendo como si lo de ese día no hubiese pasado.

Estaba al lado de la piscina, donde él estaba nadando, me quedé mirando como extendía sus brazos en el agua y se perdía en ella una y otra vez. No podía negar que me parecía excitante verlo nadar, su cuerpo desnudo de la cintura para arriba me hacía recordar cuando tuve mis manos en su ancha y torneada espalda. Definitivamente, Edward era un hombre con el cual se tenía que repetir, pero luego recordaba su confusión y todo ese abismo y prefería no hacerlo.

—¿Bella? —preguntó confundido cuando se detuvo al borde de la piscina, al lado de mis pies.

—Sí, ¿quién más? —respondí, como si nada.

Él sonrió.

—No puedes dejar el sarcasmo, ¿verdad? ¿Qué haces por aquí?

—Tu mamá ofreció su casa para la boda de Kate, así que ella vino a verla y ahora ella me envió a buscarte porque está listo el almuerzo —expliqué, encogiéndome de hombros y mirando sus músculos flexionados con total descaro.

—Deja de mirarme así, voy a gastarme.

—Como si te importara —espeté riendo.

—El agua está muy agradable, métete conmigo —ofreció, con una sonrisa ladeada.

—Supongo que lo está, pero no traje ropa y tu mamá nos espera, así que sal.

—Que mandona… —musitó rodando los ojos—. Está bien, ayúdame a salir —pidió inocentemente.

Debí saber lo que intentaría, pero estaba tan concentrada en sus músculos y el agua en su cuerpo, que me descoloqué; así que en un abrir y cerrar de ojos él me jaló a su cuerpo y, sin poder evitarlo, terminé en el agua. Salí a la superficie buscando aire y él estaba a un lado riendo a carcajadas.

—¡Eres un idiota! —grité, tratando de golpearlo—. ¡Estás loco!

—Estoy jodidamente loco —respondió, tomando mis manos que trataban de golpearlo.

—¡Edward, déjame salir!

—No.

—¡Edward! —repliqué furiosa—. ¡Deja tus juegos!

Él se acercó, hasta pegar mi espalda contra la piscina y tenerme presionada, soltó mis manos y metió las suyas dentro de mi cabello y mi cuello.

—Nena, estoy loco, enloquece conmigo —susurró, antes de atacar mis labios.

Debí alejarme, lo sabía, pero por qué lo haría. Así que me perdí en sus besos, en la manera en que lo sentía endurecerse bajo el agua cuando lo rodeé con mis piernas o cuando tomé su cabello mojado, acercándolo más a mí.

Y lo quise, quise ese momento de perdición que sentí cuando Edward estuvo dentro de mí... me gustaba y tal vez más de lo que yo quería admitir. A pesar de su confusión y de mis ganas de alejarme, los momentos en los que su piel tocaba la mía no podía pensar con claridad, todo me parecía difuso e indiferente.

Su mano encontró el camino entre mis piernas y, cuando menos me lo esperaba, estaba entrando en mi, sacándome un gemido desgarrador.

—Oh, Dios —jadeé en sus labios, quería enloquecer con él una y otra vez; aunque después eso me hiciera caer aún más a su lado.

Quería pedirle que entrara en mí, que ambos nos perdiéramos juntos, sentirlo entrar una y otra vez. Nos miramos y me dejé llevar un momento por el abismo, pidiendo en un grito silencioso el caer con él, sin importarme el final. Pero en ese instante escuchamos un grito en nuestra dirección.

—¡Edward! —Ambos miramos en la dirección y vimos a Esme, quien nos miraba con asombro a ambos y no parecía nada feliz. ¿Y cómo iba a estarlo? El día anterior me había visto besándome con alguien, quien creía era mi novio, y en ese momento me encontraba con su hijo, que casi me lo hacía en la piscina. Esa, sin duda, no sería una situación fácil de manejar.


Ellos y sus momentos incómodos... Hola espero estén bien y que el capitulo les gustara, gracias a Julie quien es una lectora de mis historias que me ayudo mientras mi beta estaba de vacaciones y ha Flor que corrigió el capitulo por que ella quería que estuviera perfecto. Nos leemos pronto, gracias por leerme, seguir conmigo y todos sus hermosos comentarios.