Capítulo BETEADO Por mi querida Beta Flor Carrizo.
Beta de Élite fanfiction: www facebook com / grupos / elite. fanfiction
.
.
Escapa conmigo
.
Salimos de la piscina como niños atrapados en una travesura. Miré a Edward y estaba a punto de soltar una carcajada, pero se contuvo y yo hice lo mismo. Me sentía un poco mal por hacer eso con Esme cerca, sobre todo en su casa, y al parecer a ella tampoco le había agradado demasiado; pero había sido culpa de Edward, ese idiota que me tiró en la piscina.
—La comida está lista —anunció mirándonos a ambos—. Bella… —Se detuvo un momento y fingió una sonrisa—. Hay toallas al final del pasillo.
—Está bien, gracias. —Sabía que lo había dañado todo, Esme nunca me había sonreído sólo por ser educada.
—Edward, ven conmigo un momento.
Si esto hubiera ocurrido con mi mamá, seguro sería una anécdota con la que molestaría a mi papá, pero era porque ella era loca y probablemente sólo se hubiera disculpado por interrumpirnos y hasta nos hubiera dejado solos para seguir. Pero comprendía la sorpresa de Esme y, tal vez, su no muy esperada aceptación de lo ocurrido.
Cuando sólo quedamos Kate y yo, traté de evitar mirarla, sobre todo porque sabía lo que me diría. Fui a buscar una toalla y, para no caminar tanto, tomé la que debía ser de Edward.
Ahora tendré que irme medio mojada a la casa,¡genial!, pensé mientras me secaba.
—Bien… ¿me dirás ahora qué demonios estabas pensando? —preguntó Kate cuando se cansó de que la ignorara.
Me encogí de hombros.
—Él me tiró a la piscina.
—¿Y no pensaste que sería mejor salir antes de casi hacerlo en la casa de su madre? —Rodé los ojos, como si eso hubiese sido mi culpa.
—Sólo pasó, Kate, sabes que yo ni siquiera quería estar cerca de él.
Suspiró.
—Tú sí que estás loca, ambos lo están.
—Lo sé —dije sin poder evitar sonreír.
—Deberían estar juntos, porque no creo que nadie más que ustedes se puedan comprender.
Hice caso omiso a su comentario, sequé mi cabello y ropa lo mejor que pude y ambas entramos a la casa.
Sabía que en cuento Garrett se enterara de lo que había hecho le iba a dar un infarto, pero qué más podía hacer, ya estaba hecho y no era para tanto; al menos eso era lo que yo pensaba.
El almuerzo fue incómodo y esa palabra se quedaba corta. Esme no me miraba de la misma manera cálida y hasta cariñosa, Edward parecía estar al tanto de algo que yo me perdía, pero lo cierto era que no dejaba de sonreírme y tratar de tocarme por debajo de la mesa. Él, simplemente, a veces se comportaba como un adolecente y, en cierta manera, me gustaba un poco, porque era alocado como yo y no sabía si era así con todo el mundo o era una parte que sólo salía a relucir conmigo. Kate habló con Esme de la boda y encantada aceptó el lugar, sería algo sencillo por lo que el jardín sería ideal. Yo me mantuve distante de la conversación, porque sentía que no era el mejor momento para mis sinceras opiniones.
Cuando terminamos, Kate, al conocerme tan bien, nos despidió diciendo que teníamos trabajo que hacer; aunque la verdad lo hacía por mí. Nunca había estado tan incómoda y una vez me estresaba empezaba a decir cosas y hacer preguntas.
—Gracias por el almuerzo —dije al despedirme.
—De nada, Isabella —respondió Esme educadamente. Sí que lo había dañado y en grande.
Kate fue al auto y Esme entró a su casa, pero en cuanto estaba por irme sentí la mano de Edward jalarme.
—Tú y esa manía que tienes de tirarme hacia ti —repliqué alejándome lo más que pude de su cuerpo.
Él sonrió.
—Vamos, no me digas que el baño no estuvo delicioso.
—Serás idiota.
—Bella, no seas tan amargada, no fue para tanto. —Recostó su cuerpo en la puerta, por suerte tenía una camiseta, porque me costaba un poco ser tan indiferente con el cuándo estaba medio desnudo.
—Tu mamá me odia.
Él rodó los ojos y metió una de sus manos en mi cabello, acariciándolo.
—Mi mamá no odia a nadie, sólo la tomó por sorpresa; ya verás que se le pasa.
—Bien, te creeré. Ahora tengo que irme.
—¿Tienes que hacerlo? —preguntó con voz suave, acercándose.
—Sí, así que tienes que soltarme.
—Supongo que tengo que soltarte —dijo sin hacerlo y dándome un beso muy lento. Me dejé llevar un poco, hasta que sentí como pegaba mi espalda a la puerta. Sentía todos mis vellos erizados, me gustaría decir que era por mi inesperado baño, pero no podía mentirme; la verdad era él y su tonta manera de volver mi cuerpo loco e inestable.
—Estás loco, tu mamá nos verá.
Mordió mi labio inferior jalándolo hacia él.
—Ambos lo estamos, nena. —Acarició mi cadera, subiendo un poquito mi camisa.
—Me voy, nos vemos. —Tomé sus mejillas y lo besé un par de veces. Si me quedaba y él seguía tocándome de esa manera, lo más seguro era que Esme nos encontrara y en un peor momento.
En mi camino al auto, contoneé mis caderas y lo escuché maldecir. Estar con Edward siempre era divertido o abrumador y yo siempre prefería el lado divertido, en el que no tenía que pensar qué significaba cada pequeño momento que teníamos, por lo que sólo disfrutaba lo que nos pasaba cuando nos pasaba. Esperaba que él tuviera ese mismo pensamiento.
Cuando estuve en el auto, Kate y yo dejamos el tema atrás y quedamos en no decírselo a nadie, porque sabía lo que diría Garrett y lo menos que deseaba era hacer una tormenta en un vaso de agua. Edward podía tener razón, era la impresión de encontrarnos de esa manera, sólo eso.
Tenía mucho trabajo, por lo que en cuento llegué a casa me di un baño, quitándome el anterior, y empecé a trabajar.
Estaba algo cansada, amaba mi trabajo, pero no estaba llegando a nada. Quería ser editora en jefe, esa era la meta que perseguía hacía años, no había sido fácil llegar a trabajar con James y menos poder mantenerme con él. Ambos teníamos nuestras maneras de ser directos y sinceros, o tal vez era por eso que aún seguimos en el mismo barco.
Pasé la mayor parte del día trabajando, al día siguiente tenía una reunión con James y yo suponía que era para despedir a Ian, porque ya le tocaba regresar. Él me agradaba tanto, pero sin duda no podíamos ser amigos, porque la primera regla para ser mi amigo era nunca haberse acostado conmigo y eso ya había sucedido entre ambos. Lo mejor era decir adiós y sonreír por los buenos momentos.
Esa noche sólo comí algo de pizza congelada con Kate, mientras ella esperaba a su novio que estaba trabajando y luego me fui a dormir. El día siguiente, sin duda, sería un día difícil y lo mejor sería estar relajada.
—Bella —llamó alguien desde la puerta.
—Aja —traté de abrir los ojos pero estaba algo desorientada.
—Vas a llegar tarde al trabajo.
Me quejé sin entender qué me decía.
—Bella.
—¿Qué quieres, Garrett? —pregunté de mal humor.
Lo sentí acercarse hasta que se sentó en la cama, tenía tanto sueño no quería levantarme, lo único que quería en ese momento era una hora más de sueño y, tal vez, algo de sexo al despertar. Al pensar en eso la imagen de Edward llegó a mi cabeza, me quejé contra la almohada.
—Vamos, no seas malhumorada. —Metió sus manos bajo las sábanas y empezó a hacerme cosquillas.
—Detente —grité tratando de quitar sus manos de mi cuerpo.
—Te levantarás —amenazó, continuando con su tortura.
Lo golpeé para que se alejara.
—Sí, lo… ¡Detente!
—Eres tan agresiva —dijo levantándose.
—Tú eres cruel —espeté sonriendo.
Garrett me dio un beso en la frente.
—Nos iremos enseguida, Kate quiere ver algunas cosas de la boda, pero temí que te quedaras dormida.
—Gracias, estresante, nos vemos después.
Lo vi salir y suspiré. Me acosté otra vez, miré hacia arriba y volví a suspirar, quitando el cabello de mi cara. Por un momento pensé que tal vez tenía tiempo para algo de cariño a mí misma, pero cuando cerré los ojos pensé en el idiota plástico e infantil de Edward y aunque pensar en él me ponía realmente caliente, también hacía que extrañara más que sexo de él.
Me levanté, estiré y me decidí a dejar de pensar en tonterías e ir a trabajar. Me di un baño, cantando una canción de Rihanna, sin duda la adoraba, ella sí que sabía cómo hacer valer su lugar. Salí, me sequé y empecé a escoger mi ropa. Llevaría una falda tubo color gris, con un top negro al igual que los tacones de gamuza; me miré al espejo antes de continuar con mi preparación. Sequé mi cabello, lo recogí en una cola alta y, por último, apliqué algo de maquillaje a mi pálida cara. Después de unos toques finales estaba lista, quería estar hermosa ya que le diría adiós a Ian y siempre era mejor dejar la mejor impresión en los hombres; pero más que eso me gustaba experimentar un poco con la ropa cuando estaba así de feliz.
Pasé por un café y un emparedado antes de llegar a mi trabajo, porque sabía que las reuniones con James siempre eran largas y me daban muy poco tiempo para comer. Tamborileé mis dedos en el volante del auto, subí la radio a todo volumen y empecé a cantar.
Me gustaba mi vida, más allá de que mi trabajo me estaba cansando valía la pena el esfuerzo, tenía unos padres maravillosos y unos amigos tan locos como yo, sin duda me gustaba mucho. Yo era ese tipo de persona que disfrutaba las cosas que generalmente los demás no se daban cuenta, como el invierno y el otoño, porque eran mágicos para esa ciudad…
La idea de tener que mudarme y no encontrar un apartamento me preocupaba. Me gustaba donde vivía, no estaba lejos de mi trabajo, mis tiendas y restaurantes favoritos estaban cerca, al igual que donde vivían cada uno de los chicos, incluyendo a Edward.
—Bella, hoy estás divina —alagó Ian en cuanto estuve en mi piso.
—Y tú muy guapo. —Él era simplemente hermoso, con sus dulces ojos azules y su cabello negro, además de que siempre era encantador.
Sonrió y dijo en gracia:
—Vamos, deja de coquetearme, pensaré que quieres salir conmigo.
—Claro que sí, ¿quién no querría?
Le di un beso en la mejilla mientras él me abrazaba, hasta me hacía desear que se quedara, aunque no era lo más conveniente para ninguno.
—Vamos, que James nos espera. —Alisé mi falda y fuimos a la sala de juntas.
Llegamos a la sala de juntas y tomamos nuestras asientos, yo estaba al lado de Ian y del otro lado tenía a James, ya que era su asistente. Jessica me dio una mirada ácida en cuanto le pedí agua, no tenía sed, pero me encantaba molestarla un poco. Cuando James dio por iniciada la reunión, me sorprendió mucho el giro que tomó el tema por el cual estábamos ahí. Nos había reunido a los asistentes editores y algunos directivos, lo que era bastante extraño cuando se suponía que eso era la despedida de Ian.
—Bien —dijo James levantándose—, nos reunimos aquí por dos razones. La primera será la despedida de nuestro editor Ian. —Todos aplaudieron, incluyéndome. Él sonrió y frotó su barbilla, algo que hacía cuando estaba avergonzado.
—No luzcas como si no te encantara la atención —recriminé en broma para que sólo él me escuchara.
—Tengo que fingir humildad, ya sabes.
Sonreímos, porque sabía que era mentira. Él era humilde sin tener que fingirlo, quisiera poder fijarme en chicos como él o, al menos, creer que a la larga tal vez funcionaría. Ese tal vez era mi principal problema, ya que cuando algo parecía poder funcionar yo salía corriendo como si hubieran gritado fuego.
—Como estaba diciendo… —James carraspeó mirándonos a ambos, acomodé mi postura y escuché lo que estaba diciendo—. El tema principal de esta reunión es que en poco tiempo pretendo tomar menos responsabilidades, por lo que debo escoger otro editor en jefe para aligerar la carga.
Me quedé de piedra al escuchar eso, era algo que sin duda había esperado durante mucho tiempo, pero de eso a que sucediera de un día a otro me dejaba algo desorientada, aunque también muy entusiasmada.
—¿Ya tiene en mente quién será? —preguntó uno de los editores.
—Las únicas posibilidades son las tres asistentes que están aquí, porque son las que han durado más tiempo con nosotros y han aportado el trabajo suficiente para tomarlas en cuenta. —Miré a Sara y Carlie, con la primera había trabajado un par de veces, ella era realmente agradable; a la otra no la conocía, pero parecía no estar muy contenta con la idea de ser sólo una opción.
—¿Cuándo lo decidirás? —preguntó Ian.
—En algunas semanas cada uno dará su opinión, yo la estudiaré y así tendré una decisión.
El resto de la reunión pasó rápidamente, por momentos estaba consciente, pero en otros no. Estaba tan cerca de lograr mi sueño… Sin duda tenía que llamar a mi madre, ella estaría incluso más emocionada. Ayudé a James en todo lo que me pidió con la propuesta para una nueva exposición de libros y también hablaron sobre varios temas, a los que por más que lo intenté no pude prestar atención. Esperaba que me dieran el empleo, eso era lo que necesitaba para poder mudarme y sentir que valía la pena tanto esfuerzo.
Cuando salimos de la reunión estaba que saltaba de la alegría, quería decirles a los chicos, pero luego de pensarlo decidí que lo mejor era esperar hasta que fuera algo seguro y así tener algo real por lo que celebrar.
—Estás emocionada, ¿cierto? —afirmó Ian cuando estábamos bajando al estacionamiento.
Asentí sonriendo.
—Sí, lo estoy, esto es algo por lo que he trabajado mucho.
—Me alegro por ti, sé que lo conseguirás. Yo ahora debo irme, mi vuelo sale en un par de horas. —Lo rodeé con mis brazos.
—Fue muy bueno conocerte —dije con honestidad.
—Para mí también. Cuídate.
Le di un beso largo y lento, saboreé su boca, mordí sus labios, un buen último beso. Nos quedamos cerca, respirando entrecortadamente; acaricié su barbilla y sonreí, él también lo hizo. Nos separamos sin decir adiós, porque la vida da muchas vueltas.
—Deberías darle una oportunidad —murmuró acariciando mi mejilla.
—¿A quién?
—A ese chico Edward. —Rodé los ojos.
—De todos esperaba que tú pensaras diferente.
Rió y me dio un beso en la mejilla, separándose.
—Eres muy honesta y directa, eso es lo que más me gusta de ti, por lo que deberías ser un poco más honesta contigo misma.
Él se dio medio vuelta y se fue, lo despedí con la mano mientras su auto salía. Todos seguían diciendo eso constantemente, que tenía que darle una oportunidad a Edward, que éramos iguales y debíamos estar juntos; pero había algo en mí que no estaba seguro, que no sabía qué quería o cuándo lo quería. Estaba confundiéndome y no me gustaba.
Me fui a casa y, aunque traté, no puede parar de pensar en tantas cosas que tenía que hacer. Cuando llegué me encontré con Alice y Rosalie en el departamento.
—¿Qué hacen aquí? —pregunté.
—Kate necesitaba ayuda y como los chicos salieron decidimos juntarnos nosotras también —dijo Rose emocionada.
Me alegraba que estuvieran en casa, hacía un par de días que nos las veía y me hacían falta.
—Espero que tengamos tequila entonces.
—¿Mal día? —preguntó Alice.
Negué enseguida.
—Malo no, algo largo quizás.
—Al menos tendremos bebidas para pasar la noche —anunció Kate con una copa en la mano.
—Por eso es que las adoro, voy a ponerme algo cómodo.
Fui a mi habitación a ponerme algo cómodo, una camiseta y un short corto. Quité la coleta de mi cabello, lo peiné y dejé suelto, estaba lista. Antes de salir decidí llamar a mamá, tenía algunas semanas que no hablaba con ella y eso era extraño.
Marqué y esperé un momento.
—Estamos de pesca. Si eres Bella no te preocupes, estamos bien, llámanos en unos días. Si eres otra persona supongo que te volverás a comunicar. Somos Charlie y Renée. Besos.
No puede evitar reír, sólo mi madre dejaba un mensaje de esos y seguro lo había hecho sin la presencia de mi padre. Dejé un mensaje para que me avisaran cuando volvieran y regresé a la sala con las chicas.
Me serví un trago y me senté con ellas, que estaban decidiendo a quién iban a invitar a la boda, qué tan grade sería y todo eso. Estuvimos un rato bebiendo y hablando de la boda y surgió el tema de los chicos y su salida.
—Emmett me dijo que irían a beber algo.
—¿Quiénes fueron? —pregunté tratando de ocultar mi interés.
—¿Quieres saber quiénes fueron o preguntas si está Edward también? —inquirió Kate dándome una mirada.
Le devolví la mirada y bebí de mi copa sin responderle.
—Están Emmett, Jasper, Garrett… —dijo Rose y se quedó callada mirándome antes de reír y continuar—: Y sí, Edward también está.
—Ambas pueden irse al infierno.
—Vamos, Bella, no seas así —espetó Kate.
—Creo que a ella no le gustaba hablar de Edward a menos que estén en una piscina —comentó Alice, miré enseguida a Kate porque se suponía que era un secreto.
—Yo no dije nada.
—No fue ella —defendió Alice—. Ayer, después de que ustedes se fueron, fui a casa de Esme y ella me contó.
—¿Qué dijo? —pregunté aprensiva.
—Esme es relajada, se sorprendió, pero no creo que lo tomara para tanto.
—¡Qué grosera! ¿No podías esperar a estar en un hotel? —acusó Rose riendo sin parar.
Le tiré un cojín del sofá.
—No seas idiota, sólo pasó, ni siquiera llegamos a hacer nada. ¿Podemos cambiar de tema?
Por el bien de la noche ninguna volvió a hablar de Edward, charlamos de cosas de chicas, la boda de Kate y nuestros trabajos. Me gustaba nuestra noche de mujeres, sobre todo cuando el vino surgió efecto, estábamos risueñas y tontas. Siempre agradecía haber conocido a Rose y a Alice y que después de todo ese tiempo Kate siguiera siendo mi amiga, porque al final los amigos son la familia que escogemos y me encantaban mis elecciones; sabía que ellos darían la vida por mí y yo por ellos sin pensarlo.
Las chicas se quedaron en casa ya que ninguno de sus novios podía buscarlas y ni loca las dejaba conducir o ir ebrias en un taxi. Rose dormiría conmigo y Alice con Kate. Cuando llegara, Garrett tendría que dormir en el sofá, seguro podía soportarlo. Al día siguiente tenía trabajo y en mis planes no estaba tener resaca, así que me tomé una pastilla antes de irme a dormir.
La siguiente semana pasó sin contratiempos, el trabajo se había convertido en algo más difícil, James ponía todas las responsabilidades entre las tres asistentes y sabía que era para comprobar si podíamos trabajar bajo presión y, aunque era difícil, yo lo disfrutaba porque era algo que a la larga haría. En esa semana no había visto a los chicos, prácticamente sólo les decía hola y adiós a Kate y Garrett, porque tenía que salir temprano y cuando regresaba sólo quería dormir. Necesita unos días en una playa desierta con un guapo moreno que me aplicara bloqueador, pero eso, sin duda, no era algo que ocurriría pronto. Ya estábamos en fin de semana y, a pesar de que quería salir, mi cuerpo sólo pedía quedarnos en casa comiendo comida chatarra frente al televisor, aunque al parecer no era el plan del día.
—Bella, ¿qué haces? —preguntó Kate.
—¿A qué te refieres?
Estaba extendida en el sofá, con una camiseta y sin sostén, comiendo helado y mirando Comedy central. No quería levantarme y tampoco pensaba hacerlo, no podía tener mi día en la playa, pero eso era lo más cercano, lo que era bastante triste.
—Te lo dije hace días, hoy tenemos una cena en casa de Esme.
Me quejé y negué con la cabeza.
—No quiero ir.
—Bella, olvida lo que pasó.
—No es por eso, Kate, sabes que yo no me engancho con nada; pero tuve mucho trabajo, quiero descansar —repliqué subiendo un poco el tono de mi voz.
—Bien, si no quieres ir no lo hagas —espetó cruzando los brazos en su pecho y mirándome fijamente—. Hace días que no sé de ti, los chicos no te ven hace tiempo, hasta Sofí pregunta por ti. Sé que tienes mucho trabajo y eso es bueno, pero somos tu familia, nos preocupamos por ti.
Respiré hondo. Mi decisión de no decirles nada en ese momento parecía tonta, si ellos lo supieran seguro me comprenderían. Incluso Kate me diría que no fuera porque ella sabía que yo quería ese ascenso. Pero no quería emocionarlos para que luego no pasara nada y, además, ella tenían razón, hacía un tiempo que no compartía con ellos y eran la familia que tenía aquí, por lo que decidí ir y dejar de quejarme.
—Iré, deja esa cara de ogra que el nombre Fiona no te queda —dije en broma, le di el helado y fui a darme un baño y elegir qué me pondría.
Salí en cuanto estuve lista y los chicos me llamaron. Me había colocado un vestido negro sencillo que me llegaba un poco más arriba de las rodillas, unos tacones grises, al igual que el abrigo. Dejé mi cabello suelto y usé un simple maquillaje. Garrett manejó y la mayor parte del camino estuve callada, aunque después me uní a su conversación. No quería pasar una mala noche, sobre todo estando molesta, descansaría después.
Nos recibió Carlisle, quien me dio un abrazo cálido, seguramente él no sabía lo que había sucedido o no le importaba y eso me relajó un poco. En cuanto entré, una pequeña revoltosa llegó corriendo haciendo que la cargara.
—Tita Bella —gritó abrazándome.
—Hola, hermosa, estás más grande.
—No te había visto, tita —comentó algo triste.
Besé el tope de su cabeza.
—Lo siento, tenía mucho trabajo, pero prometo que esta semana te llevaré al zoológico.
—Zooosogico —gritó emocionada—. ¿Puede ir tito? —preguntó con sus ojitos dulces brillando.
Alcé la vista y me encontré con sus ojos verdes, como si sólo nombrarlo lo atrajera a mí. Sonreí y el hizo lo mismo, con esa sonrisa pícara y juguetona. Caminó hasta nosotras mientras yo le respondía a Sofi.
—Sí, tu tito puede ir.
—¿Qué planean ustedes dos? —dijo acusándonos.
—Iremos al zoológico esta semana, estás invitado.
—Tito Edwa, di que sí… Comeremos helado, ¿sí, po favo? —pidió Sofi con esa sonrisa que dominaba a Edward de pies a cabeza.
—Claro que iré. —La tomó de mis brazos besando sus enormes y rosados cachetes—. Ahora ve con mamá, quiere lavar tus manos antes de comer. —La bajó y ella corrió hacia su mamá.
—¿En serio irás?
—Claro, cualquier cosa por mis dos chicas. —No sabía si bromeaba o no, pero no quise escavar en eso.
Nos miramos y mi cuerpo se erizó, odiaba que él tuviese ese efecto en mí, sobre todo cuando él estaba tan guapo, con su estilo de doctor sexy, camisa y zapatos de vestir, su cabello peinado lo más que pudo y esos ojos verdes e intensos que lo acompañaban siempre.
—Edward, tu mamá llamó a todos a cenar.
Una chica que no había visto llegó, era muy hermosa, tenía el cabello rubio, los ojos entre verdes y azules, era algo más alta que yo y parecía agradable, seguro era una amiga de Alice.
—Sí, ya vamos. Te presento, esta es Bella. Bella, ella es Samara, una amiga de mi madre.
—No sólo de tu madre —comentó tomando el brazo de Edward y acariciándolo.
Oh, oh, pensé, porque me entraron unas ganas de arrancarle el brazo, pero respiré y sonreí porque sentir eso no era típico o normal en mí.
—Deberíamos ir a comer. Un gusto, Samara.
Les di la espalda, fui al comedor y saludé a quienes no había visto. Cuando fui a darle un abrazo a Esme, ella me lo devolvió, pero no la sentí igual que antes o como me lo había dado Carlisle, pero seguro estaba imaginando cosas. Nos sentamos y quedé frente a Edward, mientras él se sentó al lado de la señorita Pulpo, porque no dejaba de mover sus manos en Edward.
—Parece que tienes competencia —bromeó Rose a mi lado, rodé los ojos y me dediqué a comer.
La cena no fue tan relajada como pensé que sería, al menos no para mí. Sentía esa urgencia de quitar a esa estúpida chica de encima de Edward y lo peor era que él no hacía nada para evitarlo. Al parecer, Samara hacía tiempo quería conocer a Edward pero estaba fuera del país y hasta ese día Esme había podido concordar que se conocieran. Todo un cuento de hadas, pensé con asco. Ella estaba risueña, tocando a Edward y hablando con Esme como grandes amigas, hasta mis amigos parecían adorarla.
Cuando llegó la hora del postre ya no podía aguantar toda la situación; yo era una persona graciosa, amable y abierta a conocer a otras personas, pero me sentía excluida, como si no encajara. Me disculpé diciendo que no me sentía bien y que iría a caminar, me fui antes de que alguno de los chicos dijera algo. Caminé hasta la piscina, donde Edward me había tirado, y sentí que ya estaba bastante lejos del resto. Necesitaba refrescarme, así que me senté en el borde y metí los pies.
Desearía tener un cigarro, pensé. Estaba intentando dejar de fumar, pero tenía ansiedad y estaba de mal humor.
—¿Estás bien? —preguntó Edward llegando a mi lado.
—Sí —respondí de mala gana—. Ahora déjame sola.
—Bella, ¿qué te pasa?
Me levanté y le di la espalda.
—¿Te estás divirtiendo? Se ve que la nueva invitado es encantadora —dije sarcásticamente y de mal humor. Me quedé mirando el agua que estaba haciendo ondas y nos reflejaba a ambos.
—No sé qué demonios quieres de mí —casi gruñó, lo que hizo que me diera vuelta para enfrentarlo.
—¿Qué quieres decir? —pregunté.
—No estoy contigo, pero tampoco quieres que esté con otras. ¿Qué quieres de mí?
Mi pecho subía y bajaba por mi rápida respiración.
—Odio que ella te toque.
—Bella… —Él se acercó, metió ambas manos en mi cabello y me atrajo hacia su cuerpo—. Yo odio que estés con otros tipos, pero no estamos juntos.
—¿Te estabas divirtiendo con ella? —pregunté tomando su camisa y jalándola hacia mí.
—No más de lo que me divierto contigo.
Me alcé un poco y mordí su labio con fuerza.
—Es una zorra, la quiero lejos de ti.
—Estás celosa —afirmó.
—No lo estoy.
—Deja esta maldita actitud, nena —espetó tomando mi barbilla.
—¿Qué actitud? —repliqué a la defensiva.
—Esa de nunca estaría celosa de ti, nunca sentiría nada por ti… Deja eso. —Y él mordió mi labio hasta que dolió.
—Escapa conmigo —jadeé en su boca.
—¿Qué?
—Escapemos… —Besé su cuello y subí hasta su odio susurrando—. Necesitamos estar solos.
—Estás loca —dijo riendo mientras acariciaba su nariz con la mía.
Nos miramos y sonreímos, con una mano tomé la suya y con la otra me coloqué los tacones. Con rapidez corrimos hasta que estuvimos en su auto. Lo besé y casi me subí encima suyo, pero vi una sombra en una de las ventanas de su casa, tal vez se estaban preguntando por nosotros, así que él empezó a conducir. Yo sólo hacía caras bobas con la canción que estaba sonando, estiré mi mano y acaricié su cuello y donde terminaba su cabello.
Él manejó como un loco y, por suerte, no había tráfico. Respiré y cerré los ojos. Cuando estábamos por llegar, tenía todo el cabello desordenado por la brisa que entraba en el auto, mi vestido volaba hasta casi dejarme desnuda y él en cada semáforo tocaba mis piernas, tomaba mi cuello y me besaba intensamente, casi subiéndome a su regazo.
Bajamos del auto y nos besamos hasta llegar al ascensor, por suerte era tarde y, según Edward, nadie estaba muy activo a esa hora, y tampoco me importaba. Al demonio el mundo y esa estúpida chica, él estaba conmigo, tocándome como si todo se fuese a acabar de un momento a otro y eso me dio un aire fresco, una emoción absorbente y fui directo al abismo dejándome caer.
Mi cuerpo estaba pegado a una de las paredes del ascensor.
—Me encantan tus labios —jadeó Edward en mi boca.
—Y a mí me encanta que los beses. —Bajó sus manos por mi espalda hasta llegar a mi trasero y apretarme contra él, siseó desesperado y yo maldije. Se estaba tardando demasiado el ascensor y, si seguíamos así, no llegaríamos a su departamento.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron llegando a su piso, salimos a tropezones. Al estar en su puerta, él me puso contra ella y besó la separación entre mis senos, respiró profundamente besando mi cuello y haciendo que mis piernas se derritieran. Él buscó sus llaves, pero no encontraba la indicada.
Me reí sin poder evitarlo.
—Somos un desastre.
—Lo somos… —Besó mis mejillas.
Encontró la llave, entramos en su departamento y enseguida salté hacia él para que me tomara. Él agarró mis piernas y las entrelazó en su cintura, estaba tan duro y endemoniadamente sexy con su cabello despeinado por mis manos, su ropa arrugada y hecha un lío, al igual que la mía.
Llegamos a su habitación y Edward me bajó sin dejar de besarme. Me separé un poco mientras él me miraba, fui quitando botón a botón hasta que saqué su camisa, miré su abdomen pasando mi mano desde su pecho lentamente hasta la V en su cintura. Él siseó diciendo mi nombre.
—Sí… —jadeé—. Ese es el nombre que dirás hoy.
—Hoy y todas las veces, cariño.
Sonreí y seguí haciendo mi trabajo, abrí el botón de su pantalón y bajé el cierre; metí las manos dentro y los bajé con bóxer y todo, mordí mi labio.
—Bella, no hagas eso, no podré esperar más —advirtió quitando el labio de mi diente y mordiéndolo él, succionando lentamente, era tan excitante.
Gemí llevando mis manos a su espalda, la arañé un poco, lo que lo hizo jadear.
—No puedo más —se quejó con voz ronca—. Quítate la ropa.
Mientras él se sacaba los calcetines y zapatos, yo me quité los tacones. Luego miré mi ropa y a Edward, quería que él me desvistiera así desnudo y duro y él lo sabía.
Primero quitó cada tira de mi vestido para bajarlo lentamente, quedando a mis pies. Gimió mirando mi ropa interior, desabrochó el seguro de mi sostén, me lo quitó y con ambas manos masajeó mis senos. Jadeé cuando se llevó uno de mis pezones a su boca, mientras yo tomé su dura erección con una de mis manos y empecé a bombearla de arriba abajo
—Por favor, nena —pidió mientras lo tocaba.
—¿Por favor qué, cariño?
—Estoy a punto de explotar.
Sonreí con malicia, me encantaba Edward duro y Edward juguetón, tierno, dulce, mandón… me gustaban todos esos Edwards, sobre todo el de ese instante.
Lo empujé un poco hasta que estuvo acostado en la cama, me toqué un poco los pechos y luego bajé hasta tener mis bragas entre mis manos, dándole un espectáculo. Luego la bajé hasta quedar desnuda para él, quien echó su cabeza hacia atrás siseando y apretando sus ojos, tratando de concentrase para no explotar.
Me subí a la cama con mi cabello a un lado, jadeante y sonrojada.
—Eres hermosa —susurró Edward y metió una de sus manos en mi cuello, acercándome hasta su boca y la otra tocó entre mis muslos.
—Mmm, cariño… —me quejé.
—Súbete en mí, nena.
Abrí un poco más mis piernas y él se introdujo en mí, estaba húmeda y tan receptiva para él. Bajé lento, tan lento que ambos jadeamos.
—Así, Bella, lento… —gimió tomando mis senos en sus manos.
—Mmm, Edward.
Gruñó y tomó mis senos juntándolos y besando ambos, succionándolos. Verlo así me excitaba tanto que no quería que se detuviera, de hecho no deseaba salir de su cama. Arañé su espalda y seguí subiendo y bajando. Nuestras respiraciones cada vez se hacían más erráticas, perdiéndonos juntos, enloqueciendo.
—Nena —jadeó—, hazlo más rápido.
Busqué sus labios y los junté con los míos.
—Mío —gemí en su boca.
Nunca había reclamado a alguien, no me había preocupado en marcar mi territorio o asegurar mi lugar sobre todo, no mientras tenía sexo; pero tenía esa necesidad de dejar en claro que era mío, que el deseo y abismo que estábamos viviendo era sólo nuestro.
—Tuyo —afirmó haciéndome jadear.
Ambos estábamos excitados y húmedos, quería continuar así y seguir sin parar.
Edward me tomó de las caderas y me acostó en la cama.
—Nena, necesito hacerlo rápido.
—Házmelo duro, cariño —respondí.
No duramos mucho, sus embestidas me volvieron loca, tantos jadeos, gemidos y su lengua luchando con la mía no ayudaban a durar. No quería que él estuviera con nadie y se lo haría saber, porque ya estaba en el abismo, así que… ¿qué demonios? Que pasara lo que fuera con nuestra locura.
Hola nenas! espero les gustara el capitulo si es así dejen sugerencias, comentarios, maldiciones y todo eso que les provoco decir. Nos leemos en el próximo besos y abrazos para todas.
