Capítulo BETEADO Por mi querida Beta Flor Carrizo.
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Idiota y Tonta
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Llegamos al departamento de Edward de milagro, en el auto no dejábamos de besarnos y tocarnos. Estábamos en el ascensor, yo tenía mis manos en su cabello jalándolo hacia mí, mordiendo sus labios sin dejarnos respirar.
Él jadeó.
—Este ascensor se está tardando mucho —susurró contra mis labios metiendo sus manos por debajo de mi vestido.
—Edward —gemí.
Si no llegábamos rápido terminaríamos haciéndolo en el ascensor, por suerte se detuvo indicando que habíamos llegado.
—¿Puedes abrir la puerta? —pregunté entre risas besando su cuello, ya que él no podía encontrar la llave.
—Muy graciosa, déjame concentrarme y lo haré.
—¿Tienes que concéntrate para esto? —bromeé tocando sus abdominales—. Qué triste que no puedas hacer dos cosas al mismo tiempo.
Entrecerró sus ojos, abrió la puerta y me tomó de las caderas para enredar mis piernas en su cuerpo. Grité cuando tomó mi trasero con fuerza, rozándome con su muy dura erección.
—Te enseñaré las cosas que puedo hacer.
—Enséñame —murmuré mordiendo su labio.
La noche no sólo fue buena, él estaba ansioso y yo deseosa. Lo sentía en todo mi cuerpo, entrando y saliendo mientras gemíamos y nos besábamos sin parar. Edward tenía algo irresistible, tan sexual y dueño de sí mismo; él no intentaba dominarme, pero terminaba haciéndolo y cada vez que lo hacía yo quería más y más. No me saciaba de él y no sabía si era bueno o malo, lo que sí sabía era que no quería que estuviera con nadie más. Yo no era muy buena con todo eso de la exclusividad, pero había algo en mí que enloquecía cada vez que él salía con otras mujeres.
Sabía que probablemente todos estuvieran molestos, pero no me sentía mal, sobre todo si la que estaba molesta era la idiota pulpo que no le quería quitar las manos de encima.
Me quedé profundamente dormida después de la tercera ronda, estaba cansada y algo adolorida, lo que me encantaba. Dormía plácidamente, pegada a él, sintiendo todo su cuerpo cerca del mío.
Me gustaba mucho Edward, incluso más de lo que quería admitir, pero iríamos de a poco. Nos gustaba estar juntos, así que disfrutaríamos el momento, ya había caído al abismo y sólo flotaba en la inmensidad de él, sin preguntarme qué tan cerca estaba la caída o qué tan dura sería.
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Edward POV
Desperté dando un bostezo enorme, abrí los ojos lentamente y me los froté con una mano, la otra la tenía alrededor de Bella, quien estaba desnuda pegada a mi costado con sus pechos firmes y pezones duros. Maldije, esa mujer me volvería loco, la noche anterior había sido buena y decir eso era quedarse corto. Al principio sí pensé en darle celos a Bella con Samara, quería que ella sintiera esa desagradable sensación que me invadía cada vez que ella salía con un nuevo idiota, pero cuando ella se fue de la mesa y la vi mal no pude resistir y tuve que ver cómo estaba. Cuando me pidió irme no lo pensé dos veces, aunque eso significara que mi madre quisiera matarme y la chica estuviera decepcionada.
Aunque no quería levantarme sabía que si me quedaba en la cama tendríamos otra ronda de sexo y, aunque me encantaba y no lo cambiaría por nada, quería más de ella que su cuerpo, quería conocer lo que le gustaba y eso no lo conseguiría en la cama, por más que lo deseara. Bella era más que sólo una noche, éramos amigos y mucho más, deberíamos conocernos como tal. Yo sabía muy poco de su familia o trabajo y lo que alcanzaba a saber era porque otros me lo habían dicho o yo lo había descubierto atando cabos, pero quería que ella compartiera cosas conmigo porque así lo deseaba.
Me levanté, fui a darme un baño y luego pasé a la cocina, prepararía algo de desayunar y luego iríamos por un café y algunas otras cosas.
—Realmente huele rico —dijo Bella llegando y abrazándome por detrás.
—Preparé algo rico para ti.
—Ya veo, muy rico —mencionó mordiendo mi espalda.
—Bella —me quejé, pero ella volvió a hacerlo—. En serio, me dejarás un morado.
—¿Eso es un problema? —preguntó en broma mientras yo me giraba y la miraba de arriba abajo, con sus mejillas sonrojadas, su cabello en una coleta despeinada y mi camisa—. ¿Tu novia se dará cuenta de que has estado conmigo?
—Sí, se pondrá muy molesta.
Me golpeó el hombro y yo maldije.
—Qué gracioso.
—Tú tan celosa me excitas tanto. —Le di un lametón a su labio inferior y lo mordí.
Tomó mi trasero y lo apretó hasta acercarnos lo suficiente como para sentir sus pechos contra el mío.
—Muy celosa.
—Mmm… celosa y medio desnuda, ¿qué más se puede pedir?
Le dio un beso a mi pecho desnudo y sonrió.
—Vamos a comer —dije tomando su mano.
Comimos tocino, huevos revueltos, pan tostado y un jugo de naranja. Nos sentamos en el sofá, sus piernas encima de las mías, mirando la televisión. Ella reía de algo que estaban diciendo y yo, en realidad, no estaba prestando mucha atención, su sonrisa y la familiaridad entre nosotros dos era tan genuina y potente que toda mi atención estaba puesta en ella.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—¿A qué te refieres? —dije saliendo de mi letargo.
—Me miras muy fijamente —espetó en medio de una sonrisa, puso su cabeza de lado y entrecerró los ojos—. ¿Qué tienes en mente?
—Nada. Sólo… —Respiré profundamente—. Sólo me preguntaba qué querías hacer hoy.
—No sé, sorpréndeme.
Dejó el plato, se subió encima de mí como un monito, abrazándome y colocando su mejilla en mi pecho.
—Un colega me dio algunos boletos para el juego de hoy, ¿vamos? —pregunté haciéndole cariños en su espalda.
—Sí, vamos. —Se subió aún más en mí, besando todo mi pecho en el proceso, acarició mis mejillas y buscó mis labios, los lamió para después besar mi cuello. Subí automáticamente mis caderas y rocé su entrepierna con mi erección.
—Bella, detente —pedí sin mucha voluntad.
—Ahorita… —Se volvió a rozar y la detuve, respiré entrecortadamente y tomé sus caderas con algo de fuerza.
Ella se rió como niña pequeña, haciendo un puchero. Tomé su mentón y la acerqué a mí para morder su labio.
—Vamos o no saldremos de aquí.
Como sabía que tenía razón, me dio un sonoro beso y se levantó para ir a darse un baño. Yo me alejé lo más que pude de su presencia hasta estar vestidos o perdería toda mi resistencia y terminaríamos haciéndolo en la sala o en el ascensor. Como ya me había dado un baño, fui a buscar mi ropa, un pantalón, zapatos deportivos y un suéter gris que decía Yankees en negro, quienes jugarían contra Boston.
—Estoy lista —avisó Bella saliendo de la habitación.
Tenía un suéter mío negro, uno muy parecido al que yo llevaba, que también decía Yankees, sí ese era mi equipo favorito, siendo de Nueva York, así que tenía varios. Su cabello estaba suelto y hermoso. La detallé completamente, por lo general no solía hacerlo, pero con Bella me interesaba por las cosas más pequeñas.
—¿Estoy bien? —preguntó mirándose—. Tomé un suéter tuyo, me gusta y encontré el pantalón de la última vez que vine, creo que lo dejé, una chica siempre trae muchas cosas en su cartera.
Me acerqué y acomodé su cabello detrás de su oreja.
—Estás hermosa, no me importa que uses mi ropa, te queda mejor a ti. ¿Dejaste el pantalón porque sabías que volverías?
—Lo suponía —dijo encogiéndose de hombros y restándole importancia.
—Mmm… lo suponías —susurré sin creerle, la besé y tomé de la mano para irnos.
Conduje con los pies de Bella encima de mis piernas, no me molestaría manejar así siempre. Ella era juguetona, no dejaba de reír o cambiar las emisoras, cantaba a todo pulmón cuando sonaba una canción que le gustaba. Ella era simplemente ella todo el tiempo y eso era lo que más me gustaba.
Llegamos, tomé mi gorra y me la puse, agarré su mano y entramos al estadio, estaba repleto, esperaba que fuese un buen juego.
—A mi papá le encantaría —comentó mientras encontrábamos nuestros asientos.
—¿Le gustan los Yankees?
Ella rió.
—No, para nada. Fue lo primero que me advirtió cuando vine a vivir aquí, que no me dejara encantar, según él, por los malos jugadores.
Bufé.
—Tú papá no sabe lo que es un buen juego.
—Jamás digas eso delante de él, te mataría.
—Prometo que no lo diré, lo menos que quisiera es que tu papá me odie —aseguré mirando como ella se encogía de hombros.
Ambos sabíamos que mis palabras implicaban querer conocer a sus padres y debería ser algo normal, no era como si quisiera proponerle matrimonio en ese momento, pero ella conocía a casi toda mi familia, los más importantes, por lo que no debería sorprenderle que quisiera conocer a la suya, aunque con Bella nunca se sabía.
El juego empezó y nosotros hablamos un poco de su comida favorita, que era la pizza, su profesión y platicamos de cosas que yo ya sabía, pero quería que ella me las dijera. Me encantaba conocer a Bella, me encantaba saber más de ella, como el pueblo donde había nacido, lo loca que creía que era su madre, muy parecida a ella al parecer, también me contó que era hija única y un par de cosas más.
Estábamos mirando el partido cuando empezaron con los corazones y la pantalla del amor y, como era de suponer, aparecimos nosotros dos.
Ella sonrió y me señaló con el dedo.
—Ven, cielo, sabes que los quieres.
La besé, aunque el beso fue más intenso de lo pensado y la audiencia se emocionó.
—Bien, creo que logramos nuestro cometido —comenté contra sus labios.
—Si ellas al menos supieran lo mojada que me ponen tus besos, ese sí sería un espectáculo.
Bella me guiñó un ojo y regresó a su asiento pidiendo una bebida a un chico que pasaba. Ella sí sabía cómo descolocarme. Después de eso sólo podía pensar en sus pechos casi desnudos debajo de mi ropa y ese pantalón que resaltaba tanto su respingón trasero. Ella se sentó encima de mí después de un rato y, aunque parecía prestarle atención al juego, se rozaba cada cierto tiempo contra mi entrepierna, enloqueciéndome. Yo suspiraba, miraba el juego y acariciaba su cadera, metiendo la mano por debajo del suéter.
Cuando el juego estaba por la mitad decidimos irnos, estaba por llover y cuando eso pasaba el tráfico era horrible. Además quería pasar a comprar algunos dulces para Sofía en una tienda que le gustaba mucho.
—¿Dónde vamos? —preguntó cuando subimos al auto.
—Quiero comprar algunos dulces para Sofía.
—¿Y para mí?—dijo haciendo puchero.
La ignoré.
—No —dije finalmente con indiferencia.
Ella empezó a quejarse y pellizcarme.
—Bella —me quejé gruñendo.
—Quiero dulces. —Me besó sonoramente en la mejilla y mordió mi barbilla.
Me reí sin poder evitarlo.
—Compórtate, niña mala.
—Mmm… ¿No quieres que sea mala?
Su tono era provocativo, me miró y mordió su labio. Me estacioné frente a la dulcería y nos quitamos el cinturón, en cuanto lo hice puse mis manos en ella atrayéndola hacia mí y mordiendo sus labios.
—Has sido mala toda esta mañana y me encanta tanto que me cuesta controlarme.
—Grrr… —hizo como un tigre—. Qué sexy eres —murmuró en broma.
—Tonta.
Me besó.
—Idiota.
Nos bajamos y ella tomó mi mano automáticamente, lo que me gustó. Por lo general yo tomaba la iniciativa y no me importaba, pero era bueno que ella empezara a tener más participación. Entramos y saludé a la chica que estaba en caja, solía venir mucho con Sofía y ya la conocía. Bella apretó más nuestras manos, marcando territorio, me encantaban sus celos y, sobre todo, que siempre quisiera ocultarlos, terca y necia como de costubre.
—¿Qué quiere comer, mi nena mala? —pregunté abrazándola por detrás.
Frente a nosotros había una gran variedades de dulces, sonreí, Sofí solía volverse loca cada vez que veníamos, tenía que controlarla porque su mamá me mataría si sabía que solía darle tantos dulces.
Bella escogió algunos, se comió otros y me daba de comer siempre que así lo quería.
—¿Te llevarás toda la tienda? —pregunté bromeando.
Se encogió de hombros.
—Son ricos, me encanta lo dulce.
—¿Si? —pregunté, la giré y lamí un trocito de chocolate que tenía en el labio—. Es muy rico.
—Compórtate.
—No quiero en realidad. —Suspiré—. No puedo contigo.
—No sé si tomarlo como algo adorable o muy sucio —bromeó, se puso de puntillas y acarició su nariz con la mía—. Podemos ir al departamento.
—¿Tienes algo en mente? —pregunté metiendo las manos por debajo del suéter.
—Edward —espetó mirando a nuestro alrededor.
—¿Te importa?
—¿Qué?
—Si nos ven… —La miré fijamente, sin dejar de acariciar su abdomen.
Se encogió de hombros.
—La verdad, no.
Reí.
—Y después dices que yo soy el sucio.
Me golpeó en el hombro juguetonamente.
—Vamos, tengo algunos planes en mente.
Nos dirigimos a pagar y la cajera me saludó y preguntó por Sofi, luego nos dio nuestros dulces. Al salir Bella me miró entrecerrando los ojos y dijo:
—Si quieres le pides el número.
—¿A quién?
Rodó los ojos.
—A la cajera.
Me reí a carcajadas.
—Eres tan celosa.
—Claro que no.
—Mi nena celosa —dije con coqueteo, besando su cuello y haciendo mucho ruido en el proceso.
—Déjame —gritó—, me haces cosquillas.
—Mmm, que rico.
Se alejó riendo.
—Idiota
—Tonta —espeté.
Nos subimos al auto y ella, otra vez, subió sus pies a mis piernas, parecía ser una de sus poses características al estar conmigo y se sentía muy cómodo y natural. Por lo general estar juntos se nos daba bien. Ella empezó a comerse unos dulces, cerró los ojos y suspiró recostando su cuerpo mientras tarareaba una canción. Había empezado a llover y, aunque la mañana había pasado rápido, había sido un muy buen día divertido, sensual y hasta romántico, por decirlo de alguna manera. Me alegraba que fuese Bella con quien lo compartía.
Llegamos al departamento y al parecer algo estaba mal con el garaje.
—Bella, tendremos que correr —dije mirando la lluvia afuera—. ¿O esperamos?
—Es sólo un poco de agua —respondió y salió del auto.
Me esperó empapándose en la lluvia y yo la seguí porque al parecer eso era lo que de un tiempo para acá hacía, seguirla sin remedio. Llegamos al departamento empapados y riéndonos.
—Mira —dije señalándola—. Estás mojada.
Ella rió.
—Lo sé.
Me acerqué a ella, la besé y metí las manos debajo de su suéter.
—Lo mejor es quitarte la ropa mojada.
—Sí, yo creo que… —Buscó el borde de mi suéter y lo alzó para quitármelo—. Yo creo que debemos hacerlo para no enfermarnos.
Estábamos mojados, hechos un desastre y aun así ella se veía hermosa, radiante. Quité el suéter y busqué quitarle el sujetador, ambos quedamos con el torso desnudo. Nos acercamos hasta que sus duros y fríos pezones tocaron mi piel.
—Edward —jadeó y alzó la vista a mis ojos.
Toqué el costado de sus senos, adorando su reacción a mi tacto, como suspiró tomando aire y su cuerpo se erizó.
Me quité los zapatos y ella hizo lo mismo, sin dejar de mirarnos. Era una electricidad tan grande, un abismo gigante en el cual ambos estábamos cayendo. Sin pensar en nada más que en ese momento, quería hacerla mía, marcarla, pero no porque fuese mi propiedad, era algo más, quería que cada parte de su cuerpo recordara el mío.
Sonreí.
—Me encanta tu cuerpo —susurré buscando sus labios.
—Y a mí el tuyo —respondió enseguida.
Busqué el borde de su pantalón y lo bajé junto a sus bragas, y ella no tardó en hacer lo mismo conmigo. Ambos desnudos respirábamos con dificultad, había algo en el momento que hacía que fuera más que sexual, se sentía la intimidad, una que no había sentido con ninguna otra, incluso no lo había sentido con ella hasta ese momento.
—Te deseo —jadeó.
La tomé por el trasero y ella me rodeó con sus piernas, besé su cuello y ella acarició mis hombros mientras se arqueaba para darme más acceso a su cuerpo.
—Edward…
Gemí mordiendo su labio, me encantaba como sonaba mi nombre en sus labios con esa expresión de placer y deseo.
La acosté en la cama y me subí encima de ella, estaba ansioso, nunca había deseado tanto estar dentro de alguien. Ella abrió las piernas dándome un pase libre, nos besamos y sentí sus manos acariciar mi espalda, pasar sus uñas por toda ella haciéndome jadear. La miré a los ojos, abrí un poco más sus piernas, bajé una de mis manos y toqué su clítoris.
—Oh, Dios —jadeó.
Mordió su labio y alzó las caderas.
—Shhh, yo me encargo, cariño.
No hacía falta mucha preparación, ella estaba muy mojada y yo realmente excitado, lo único en lo que pensaba era en estar dentro de ella, en hacerla sentir mía, escucharla pedir más y gritar mi nombre al final; por lo que de una sola estocada entre en ella.
—Mírame —pedí cuando estaba en ella hasta el final.
Bella abrió los ojos y jadeó, nos miramos y presioné mis brazos a cada lado de su cara. Salí de ella y volví a entrar.
—Mmmm —gimió.
—Vamos a hacer esto duro pero lento —advertí sin dejar de mirarla, haciendo que ella enredara sus piernas a mi alrededor. Quería ver cada una de sus expresiones hasta que no pudiéramos más.
Salí y entré en ella con una estocada, así lo hice un par de veces más.
Bella cerró los ojos y se quejó.
—Mmm… Oh…
—No dejes de mirarme.
Mordí su labio hasta casi lastimarla y entré en ella otra vez. Bella me miraba con dificultad, tensaba sus piernas, jadeaba y buscaba besar y morder mis labios para desahogar su deseo.
Jadeé y maldije cuando sus uñas presionaron mi espalda, bajando sin piedad.
—Te sientes tan bien, tan cremosa, húmeda… Me… —Jadeé entrando en ella—. Me cuesta concentrarme.
Ella tomó mis mejillas, besó mis labios y jadeó en mi boca.
—No te concentres, déjate llevar.
—Bella —gemí.
—Hazme tuya, Edward.
Subió sus caderas para acoplarse con mis embestidas.
—No te detengas —pidió.
Las embestidas empezaron a acelerarse, no podía concentrarme. Sus jadeos y gemidos, ella mirándome fijamente mientras su boca hacia una o perfecta, tomando aire y mordiendo su labio para luego morderlo yo.
—Dame más—pidió.
Aceleré el ritmo.
—Nena —jadeé sintiendo como sus paredes presionaban mi erección que estaba a punto de explotar.
—Mmm… ¡Oh, Dios!
Luchaba por no cerrar los ojos y dejarme llevar por el momento, no podía perderme su cara de placer, era una de las mejores cosas que había visto en mi vida.
—Vente conmigo.
—Edward, sigue.
—Vamos, nena, dámelo —pedí besándola y gimiendo en su boca.
No apartó los ojos de mí, jadeando.
—Mi hombre, tan duro, tan sexy… ¡Ahhh! Tan mío…
—Tuyo —susurré en sus labios.
Una de sus manos se quedó en mi mejilla y la otra viajó hasta su clítoris donde se concentraban mis estocadas y eso fue todo lo que necesité.
—Dámelo, amor.
Al escucharme, sus paredes me apretaron hasta casi exprimirme. Ella gritó y se aferró a mi espalda, yo sin poder resistir más me dejé llevar siguiéndola sin alternativa, llenándola. Se sentía celestial. Busqué sus pechos y los besé, le di un par de lametones y fui subiendo hasta su cuello y después sus labios.
—Eso fue… —jadeó dejando las palabras a la mitad.
—Lo sé —respondí.
Sentí que mi peso sería mucho para ella, así que intenté quitarme, pero ella no quiso.
—Quédate unos segundos más dentro de mí —pidió.
Yo sin quejarme me quedé encima de ella, aunque aún recargaba gran parte de mi peso en mis brazos. Nos besamos, ella acarició mi cabello y me dio un par de picos en la boca.
—Estás hermosa —murmuré acariciando mi nariz con la suya.
—Estoy hecha un desastre.
Me reí.
—Estamos hechos un desastre.
—No —espetó mordió mi barbilla—, tú pareces un modelo de revista.
—Y tú una chica porno —dije bromeando.
—Idiota.
—Mmm… Un poco.
—Vamos, sabes que quieres decirlo —me alentó.
—¿Qué cosa?
Rió.
—Edward, dilo.
—Tonta —susurré en sus labios, ella sonrió y yo también lo hice—. Mi tonta, mi nena… —Besé sus mejillas y subí hasta su oído—. Mi amor.
Era un momento realmente íntimo, sólo ella y yo compartiendo nuestros cuerpos, yo aún dentro de ella, sintiendo como sus paredes me apretaban un poco. Podía sentir su cuerpo en toda su totalidad y me encantaba, era mi mujer y tenía todo lo que me gustaba y más.
Salí de ella y la vi quejarse.
—Hey… —Tomé su rostro—. ¿Te hice daño?
—No, yo sólo…
—Bella —espeté revisándola—, dime la verdad.
—No —gritó—. Estoy bien, sólo que me gusta tenerme dentro de mí.
—Y a mí estarlo —comenté más calmado.
—Ven. —Tomó mi mano y se acostó, yo hice lo mismo y me puse detrás de ella, abrazándola—. Vamos a dormir un rato.
Puse mi cara en su cuello, aspirando su olor.
—¿No quieres ir a limpiarte? Si quieres yo…
—No —musitó enseguida—. Me gusta sentirme resbalosa y húmeda por ti.
—Mmm, qué sucia.
—Lo aprendí de ti —respondió pegándose más a mi cuerpo.
No tardé en sentir como su cuerpo se iba relajando, pensé que estaba dormida así que susurré en su oído:
—Nunca había dormido con nadie de esta manera, me alegro de que seas la primera, mi amor.
Me acurruqué contra su cuerpo. Tal vez mi hermano tenía razón y si no estaba enamorado de ella estaba a punto de caer en ese abismo y, por primera vez en mi vida, no quería salir corriendo porque los momentos con ella no sólo eran buenos, sino que se convertían en algo que nunca quería terminar.
¿Qué tan malo podría ser querer vivir esos momentos todos los días con ella, hacerla mi mujer oficialmente?
Claro, si Bella con su carácter bipolar lo aceptaba.
Hola mis gatubelas preciosas! Espero esten pasando una navidad increíblemente hermosa, mis mejores deseos y bendiciones para cada una de ustedes. Como pueden ver un capitulo nuevo que espero les encantará, dejenme sus opiniones, criticas, deseos y todo lo que se les ocurra.
P.D. Gracias a mi hermosa beta Flor por otro año conmigo ella es super colaboradora y una excelente beta, al igual que les agradezco a cada una de ustedes por un año mas conmigo, mis locuras, retrasos y todo lo que paso por traerles un capitulo. Les deseo un nuevo año lleno de buenas bendiciones y en el cual espero sigan conmigo XOXO
