Capítulo BETEADO Por mi querida Beta Flor Carrizo.
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Algodón de azúcar
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Edward POV
Desperté e, igual que la mañana anterior, tenía el cuerpo de Bella junto al mío, específicamente su espalda pegada a mí. Le di un par de besos, no podía negar que me gustaría despertar así siempre y quería quedarme todo el día en la cama o pasarlo con ella como lo habíamos hecho con anterioridad, pero ambos teníamos deberes. Yo tenía consulta y algunas cosas que hacer en la clínica y seguro Bella tenía trabajos pendientes.
Me bajé de la cama sin moverme mucho para no despertarla aún, fui al baño y me estiré un poco. Mirándome en el espejo me di cuenta de que estaba algo desaliñado, así que rápidamente me rasuré y entré a darme un baño. Cuando terminé, sequé mi cabello, lo desordené un poco y me coloqué la toalla alrededor de la cintura para ir a la habitación.
—Buenos días —saludó Bella, despeinada, con voz ronca y desnuda, desde la cama.
—Muy buenos días. —Sonreí mirándola con descaro—. ¿Te desperté?
—No, sólo dejé de sentir tu calor y me desperté.
Me senté en la cama y ella de inmediato se subió a mi regazo, reposando su cabeza en mi hombro.
—Tengo sueño —murmuró como niña pequeña.
—Vamos —susurré acariciando su espalda desnuda—, no seas floja.
—Mmm… —se quejó besando mi cuello hasta subir a mi barbilla y morderla—. Te rasuraste.
—Sí, estaba algo desaliñado.
—Me gusta —comentó acariciando mis mejillas—, aunque desaliñado también te ves bien.
—Es bueno saberlo.
Hizo un puchero.
—Cinco minutos más en la cama.
Trató de echarme hacia tras para acostarme, pero la retuve. Sabía que si se lo permitía no saldríamos de esa cama por horas y me gustaría mucho eso pero tenía compromisos que no podía aplazar.
—No, nena, nada de eso, tenemos trabajo.
—Lo sé.
—Entonces al baño.
—Sólo necesito despertarme un poco —musitó rozándose contra mi entrepierna.
—Bella…
—Mmm…
—No hagas eso —pedí. Ella estaba desnuda, lo único que nos separaba era la toalla en mi cintura, era mucho a que decirle que no.
—Pero, Edward…
—Nada de pucheros —advertí mordiendo su labio y acariciando su nariz—. Quiero, no sabes cuánto, pero ya voy tarde; tengo pacientes y ambos sabemos que si empezamos tardaremos en terminar, ¿verdad?
Ella asintió, besó mi cuello y después fue a darse un baño. En cuanto desapareció tras la puerta, maldije, quería no tener que ir a trabajar. Sacudí mi cabeza y me levanté a buscar mi ropa.
Me vestí casual, camisa de vestir, pantalones correctos y buenos zapatos. Peiné mi cabello hasta que me rendí, su desorden era muy normal. Algo de colonia y ya estaba listo, así que fui a ver la prensa en mi tablet. Mientras lo hacía, me bebí algo de jugo, ya que no me daba tiempo de comer, así que lo haría cuando llegara al trabajo.
—Debo ir a casa —dijo Bella sacándome de mi concentración.
—Está bien.
—¿Puedes llamar a un taxi? —preguntó mirando su ropa de ayer, si ella se llevaba mi suéter yo no me quejaría.
—Ni siquiera lo pienses —bufé levantándome y llegando a su lado.
—Pero vas tarde, yo aún tengo tiempo, así que…
—No me discutas —espeté—. Te llevaré a tu departamento y luego iré al trabajo.
—Pero…
—Bella —exclamé endureciendo mi voz, no quería que ella saliera de mi casa sintiéndose una cualquiera o como todas las chicas a las que había echado sutilmente a la mañana siguiente, no me importaba si llegaba tarde, ella era más importante. Y no pude evitar que esos pensamientos me sorprendieran un poco.
Ella sonrió, se puso de puntillas y me besó.
—¿Sabes lo sexy que te ves enojado y autoritario? —preguntó en broma.
—Obvio que lo sé —respondí con sarcasmo.
Me golpeó y yo maldije.
—Bella.
—Edward —respondió juguetonamente.
—Definitivamente no puedo contigo. Vamos, de verdad se me hace tarde y todo es culpa de ese trasero —dije dándole una nalgada.
—Bruto —se quejó.
—Niña grosera.
Bajamos del departamento tomados de la mano. Ese, sin duda, sería un día largo, sobre todo porque sabía que esa noche ella no se quedaría conmigo, lo que haría todo aún más estresante y el día un poco más tedioso.
—Recuerda hablar con Alice sobre llevar a Sofía al zoológico mañana —me recordó cuando íbamos en el auto camino a su casa.
—Cierto, lo recordaré y le preguntaré, aunque no creo que diga que no.
Acaricié sus piernas encima de las mías y suspiré. Sí que estaba mal, me estaba costando más de lo que imaginaba pensar en pasar todo el día y toda la noche sin ella.
—¿Qué pasa? —preguntó cuando ya estábamos por llegar.
—Pienso que mi cama te extrañará mucho.
Ella sonrió.
—Yo también la extrañaré.
No dijo nada de querer quedarse otra vez y yo no la presioné, no quería apresurarme. Me gustaba Bella, pero debíamos ir lento, de nada servía apresurar todo para que después se convirtiera en algo insostenible, como la mayoría de mis pocas relaciones duraderas.
—Gracias por traerme.
—De nada, nena.
Me dio un beso y mordió mi labio.
—Pórtate bien, estaremos hablando y mañana nos vemos, ¿sí?
—De acuerdo, cuídate. Te escribiré después.
Se bajó del auto y, contoneando su hermoso trasero, se fue. Antes de entrar, se giró y me lanzó un beso. Yo negué con la cabeza y sonreí, largándome inmediatamente porque subiría con ella si me quedaba allí.
Me dirigí a mi trabajo, ese sería un largo día y sólo debía esperar a lo que me tenía que decir Alice con respecto a mi madre, definitivamente debí quedarme en la cama con Bella.
Llegué a la clínica y Alice enseguida me siguió a mi oficina.
—Buenos días, Edward.
—Buenos días, Alice —respondí con una gran sonrisa.
—Te veo feliz —comentó escondiendo su sonrisa. Alice, a diferencia de Emmett, era muy discreta, ella nunca saltaba a decir lo primero que le venía a la mente o te acosaba con preguntas, por eso le tenía tanta confianza y, a veces, terminaba contándole las cosas antes que a algunos de mis amigos, solíamos ir a almorzar cuando salíamos del trabajo y ella tenía a Sofi.
—Un poco.
Alzó una ceja y suspiró
—Tienes algo de trabajo, una cirugía a las dos, algunas revisiones antes y papeleo, mucho papeleo.
—Odio hacer el papeleo —me quejé sentándome en mi escritorio.
—Lo sé, pero no queda de otra.
—Vamos, puedes decírmelo.
—¿Qué? —preguntó dudosa.
—Lo que pasó en la cena y lo que todos dijeron, estoy listo para la bomba.
—Edward, sabes que no quisiera ser indiscreta.
Alcé una ceja.
—Eres de la familia, Alice, y si no me lo dices tú lo hará mi hermano y sabes que preferiría escucharlo de ti, ya que dejas las bromas de lado.
—Bueno… ¿por dónde empezar? —Se sentó y colocó los papeles en el escritorio—. Tu mamá está realmente molesta.
—Era de suponer.
—Sí, pero no sólo contigo, está muy molesta con Bella y avergonzada con Samara.
Rodé los ojos.
—Sé que no debe estar contenta, pero no es para tanto, ¿o sí?
—Edward, dejaste plantada a la chica que tu mamá invitó para conocerte y con la cual estabas coqueteando… No me hagas esa cara —advirtió cuando estaba por negar—. La única razón por la cual lo hiciste fue para darle celos a Bella y funcionó, ya que se fueron juntos.
Me encogí de hombros.
—Mi mamá se calmará, la llamaré después. ¿Y los demás?
—Ya sabes, tu hermano no paraba de hacer comentarios fuera de lugar, Garrett estaba muy avergonzado y los demás sólo comimos y pasamos la velada lo más rápido posible.
—Diría que me arrepiento, pero…
—No es así —completó ella por mí.
Negué y sonreí, había pasado un buen día con Bella, no podía quejarme.
Ella suspiró.
—Volveré a mi trabajo, deberías llamar a Esme.
—Lo haré y… ¿Alice? —la detuve antes de que se fuera.
—Sí, dime.
—Mañana Bella y yo queremos llevar a Sofía al zoológico.
—Lo sé, Sofía no deja de preguntarme cuándo ira con su tito y tita al zoológico —comentó con gracia.
—Entonces no tienes problema.
Ella me miró fijamente.
—¿Cuándo he tenido algún problema en que te lleves a mi hija?
—Gracias.
—De nada, le preparé todas las cosas.
—Pasaré por ella en la mañana, te estaré escribiendo para que la prepares.
Alice asintió y me dejó solo en mi oficina. No tenía mucho tiempo para pensar en nada más que trabajo, por lo que me puse manos a la obra y empecé con el papeleo, era lo mejor, después haría las revisiones y tendría la cirugía.
Comprendía que mi mamá estuviera molesta porque sí me había comportado como todo un idiota con esa chica, pero ambos sabíamos que no me interesaba y sólo había aceptado tener esa cena con ella por la insistencia de Esme y para darle celos a Bella, aunque igual no era para tanto. Me gustaba Bella y mi mamá tendría que aceptarlo. Sabía que después del incidente en la piscina, que yo mismo había provocado, Esme no estaba muy contenta con mi relación con Bella, pero mi madre nunca estaba contenta con mis relaciones o con el tipo de chica con el que solía salir, aunque estaba claro que Bella no era como las demás.
Después de al menos tres horas de papeleo ya no podía con el hambre que tenía, ya que me había olvidado completamente de desayunar, solía pasarme cuando me concentraba y sumergía en mi trabajo. Estaba por llamar a Alice cuando alguien tocó mi puerta.
—Adelante —respondí.
—No has comido, se supone el doctor eres tú —me regañó entrando sigilosamente a mi oficina.
—¿Qué haces aquí?
Se encogió de hombros.
—Mi jefe no me necesitaba, sólo me envió mucho trabajo para hacer en casa, por lo que pensé en pasar y almorzar contigo.
—Me parece una idea maravillosa.
Bella sonrió y enseguida se subió a mi regazo, estaba hermosa con ropa de trabajo, falda en tubo, tacones y una camisa con un ligero escote. Me dieron tantas ganas de cerrarlo como de abrirlo.
—Hueles rico —comentó suspirando en mi cuello.
—Tú también.
—¿Tienes mucho trabajo hoy? —preguntó.
—Un poco, nena, además de una cirugía.
—No debí venir. —Levantó la vista y me miró esperando mi respuesta.
—Me encanta que vinieras, aún tengo tiempo de almorzar.
—Bien. —Me besó—. Iré a preguntarle a Alice si quiere almorzar con nosotros.
No tardó mucho afuera, rápidamente apareció por la puerta haciendo una mueca.
—Dijo que ya comió, así que tú eres el único que al parecer no ha comido, muy mal.
—Me concentré mucho en el trabajo —me excusé encogiéndome de hombros. Ella negó con la cabeza.
Alice nos pidió el almuerzo y comimos en la oficina, tenerla de esa manera sin que yo se lo hubiese pedido, sólo porque le nacía estar conmigo, fue algo que no había experimentado antes. Bella me estaba abriendo y exponiéndome a nuevas y gratas experiencias que me hacían ser menos cínico en cuanto a las relaciones y, sobre todo, cambiaba el contexto que tenía sobre muchas cosas.
—¿Qué te dijo Alice de la cena?
—Todo fue algo incómodo después de nuestra escapada.
—Tu mamá no debe estar feliz —comentó mirándome y esperando que le dijera lo que sabía.
Hice un ademan quitándole importancia.
—Ella está bien.
—Edward…
—Bella, no te preocupes, ¿sí? No es como si mi mamá controlara mis relaciones.
—Pero antes le agradaba —dijo haciendo una carita triste.
—No te estreses —murmuré sonriendo, tratando de tranquilizarla.
Terminamos de comer, nos limpiamos y fuimos a cepillarnos los dientes al baño de mi oficina. Ella me sonrió en el espejo y le di un beso lleno de pasta dental.
—Asqueroso —se quejó riendo.
—Divina, incluso con pasta de dientes.
Rodó los ojos, me golpeó con sus caderas y siguió cepillándose. Cuando terminamos y regresamos a la oficina, sabía que ya era hora de que se fuera y no quería. Sí, definitivamente, me estaba dando cuenta de lo jodido que estaba.
—Tengo que irme —anunció.
—Lo sé.
—Nos veremos mañana —aseguró—. ¿Pasarás por Sofi?
—Sí, ya hablé con Alice y ella la arreglará para cuando llegue. Pasaré por ella y luego por ti.
—No hace falta, yo puedo llegar primero y después…
—Nada de eso —espeté inmediatamente—. Yo pasaré por ti.
—Bien, gracias.
Me senté y ella se sentó en mis piernas, colocando su cara en mi cuello. Lo acarició y besó, y luego hizo un puchero.
La besé y suspiré.
—Debo ir a las revisiones.
—Y yo tengo trabajo que me espera.
—¿No puedes quedarte hoy conmigo? —pregunté sin querer parecer desesperado.
Negó con la cabeza.
—Tengo mucho trabajo y mañana pasaré el día con ustedes. Además supongo que me quedaré contigo.
—Eso me gustaría.
—Nos vemos mañana. —Me dio un beso y mordió mis labios.
La tomé de la cintura y no dejé que se levantara.
—¡Edward! —Rió—. Déjame.
—No, quédate, estás muy deseable. Es más… —Tomé los botones de su camisa y se la abotoné hasta el cuello.
—Déjame —espetó sonriendo—. Eres tan tonto.
—Es la verdad, ¿qué haces vestida así? Otros hombres te verán.
—Sabes que tengo que mantenerlos interesados —musitó coqueta.
—Ah, sí, está bien.
Recosté mi espalda en la silla alejándome de ella.
—Edward… —Buscó mis costillas apretándome hasta que dolió.
—Maldición, Bella.
—No seas un idiota —reprochó.
La tomé de la barbilla y la jalé hacia mí.
—Mía —gruñí.
Bella bajó la cabeza y se apartó de mí.
—Tengo que irme, deja de ser tan celoso. —Me dio un beso, pero el ambiente había cambiado un poco.
—Bella, yo…
—Nos vemos después, hablaremos por mensajes mientras tanto. —Me dio un último beso y se fue.
Tal vez había sido un poco posesivo, pero en realidad en un 50 % había sido en broma, pero con Bella nunca sabía cómo reaccionar o actuar, porque a veces sentía que todo era en broma o un juego, incluso el estar juntos.
Ya no quería darle más vueltas al asunto, así que regresé al trabajo.
Después de un par de horas, decidí que era un buen día para ir a tomarme unas cervezas con mi hermano, él podía ser un completo idiota sarcástico la mayoría del tiempo, pero era el único de mi familia con el que podía ser idiota y sincero al mismo. Justo antes de irme le recordé a Alice lo de Sofía y ella me dijo que no lo olvidaría, que incluso Sofi no dejaría que lo olvidara porque estaba realmente emocionada.
Llegué al departamento de mi hermano media hora después, esperaba que Rose no estuviera, y no era porque no me agradara, de hecho era la primera novia de mi hermano que me parecía adecuada para él, además de que era muy buena amiga de Bella; pero quería pasar un rato con mi hermano. Aún no había llamado a casa porque sabía lo que diría mamá y estaba atrasándolo lo más posible, aunque no sería infinito, conociendo a mi madre si no la llamaba iría a mi apartamento y me castigaría como a un niño pequeño.
—¿Tienes hermanitis? —preguntó Emmett cuando abrió la puerta.
—Si quieres me voy.
Rodó los ojos.
—No seas sensible, hermano, pasa.
—¿Y Rose? —pregunté.
—Despreocúpate, está en casa de sus padres.
Pasé y tomé la cerveza que me ofrecía.
—¿Cómo va eso de vivir con alguien? —pregunté sentándome en el sofá.
—Bien —dijo sentándose a mi lado—, diría que más que bien, es nuevo.
—¿Y eso es bueno o malo?
—Supongo que como todo al principio es bueno y divertido, después vendrá todo sobre la convivencia, pero sabes que yo soy todo menos complicado.
Reí.
—Sí, eso lo sé.
—Llevamos las cosas lo mejor posible, aunque no puedo mentir, me encanta que ella esté por aquí sin ropa todas las mañanas —comentó alzando las cejas.
Me reí a carcajadas.
—Tú eres un idiota, no sé cómo Rose te soporta.
—A veces la vuelvo loca. —Se encogió de hombros—. Pero supongo que es parte del todo.
Miré el televisor, donde estaban pasando un juego de béisbol y se me hizo imposible no pensar en Bella, sonreí y maldije.
—Creo que estoy muy jodido —solté de repente.
—¿Pasa algo, hermano? —preguntó Emmett con un poco de preocupación en su voz.
—Creo que estoy enamorándome de Bella.
Emmett rió.
—Eso ya es un cuento viejo.
Lo miré.
—¿Qué quieres decir?
—Se sabía desde un principio que ustedes dos terminarían juntos, aunque se mataran en el proceso.
—No sé, es completamente estresante, no puedo dejar de pensar en ella —expliqué y tome un trago grande de mi cerveza—, y soy más celoso de lo que he sido nunca y todo es ella de un tiempo para acá.
Emmett me dio una palmada en la espalda.
—Hermano, eso se llama amor, ¿has hablado con ella?
—Bella es demasiado relajada con las relaciones, es como una versión mía pero en mujer y llevada al máximo.
—Deberías hablar con ella, tal vez se sienta igual y tú estás haciendo el papel de idiota miedoso.
Reí.
—Gracias por el apoyo —reproché en broma.
—Sólo digo que ustedes deberían aclarar todo. Si quieres salir con ella entonces hazlo, no te compliques tanto.
—Nunca pensé que te pediría consejos de pareja a ti.
Él le dio un trago a su cerveza y sonrió.
—Yo tampoco, hermano, al parecer estamos madurando.
—¡Qué horror! —espeté.
—Lo sé.
—Aunque mamá estaría orgullosa.
—En este momento lo dudo —comentó.
—¿Por qué? —pregunté, aunque sabía por dónde iba.
—A ella antes le agradaba Bella, pero después pensó que salía con un chico y te vio a ti casi hacérselo en la piscina, así que ya no le agrada del todo. —Suspiró y me miró mientras seguía hablando—: Traté de hablar con ella y decirle que Bella era una buena chica y mi amiga, pero no quiso escuchar, está muy molesta, así que deberías llamarla.
—Todos siguen diciendo eso.
—Entonces deberías hacer caso.
—No entiendo por qué mamá se complica tanto. Además de que pase lo que pase quiero estar con Bella y nadie cambiará eso.
—No sé, hermano, yo sólo te digo lo que sé.
Estuve un rato más con Emmett, nos bebimos un par de cervezas más hasta que me detuve porque tenía que conducir. Él me ofreció quedarme en su casa, pero Rosalie llegaría pronto y no quería importunar en su nido de amor; además de que a la mañana siguiente tenía la salida con Bella y Sofi, por lo que sería mejor regresar a casa.
Cuando llegué me dieron ganas de escribirle a Bella, pero no lo hice, la había presionado un poco en el almuerzo y a veces la distancia era lo mejor. Al día siguiente pasaríamos todo el día y la noche juntos, le daría espacio, tanto ella como yo lo necesitamos así podríamos aclarar nuestras ideas.
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Mi teléfono sonó y tenía un ligero dolor de cabeza, pero lo tomé y miré en el identificador que era Bella.
—Hola, hermosa —saludé con voz ronca.
—¿Dónde estás, Edward? Pensé que vendrías por Sofi.
Miré la hora y maldije, era una hora más tarde de la hora a la que se suponía pasaría por ellas.
—Lo siento, anoche bebí un poco, pasaré por ustedes ahora…
—Olvídalo, ya yo estoy en casa de Alice recogiendo a la niña. Si es que quieres venir estaremos en el zoológico —dijo cortando la llamada, sin darme tiempo de decir nada más y dejando en claro lo molesta que estaba.
Me levanté de un tirón y fui a darme un baño, lo mejor sería si llegaba al zoológico lo más pronto posible.
Miré mi teléfono después de darme una ducha, tenía tres mensajes de mi mamá y uno específicamente decía que vendría a darme una reprimenda como siguiera ignorándola; por lo que, aunque iba tarde, me vestí con rapidez y la llamé antes de salir del departamento.
—Edward, pensé estabas desaparecido. —Suspiré, ella sí que estaba molesta si usaba el sarcasmo como arma.
—Mamá, sé que no estás muy contenta con lo que hice, pero ¿podrías tranquilizarte?
—¿Que me tranquilice? —preguntó con un tono que dejaba en claro que no estaba para nada tranquila.
—¿Por qué, específicamente, estás molesta?
—Porque yo lo primero que te enseñé es a ser un caballero y dejas plantada a esa pobre chica, que estaba realmente incómoda cuando saliste huyendo con Isabella —dijo su nombre casi con recelo, lo que no me gustó—. Quien por cierto al parecer no tiene ni una pizca de decencia.
—No hables así de ella —espeté tratando de no subir mi voz.
—Y para colmo la defiendes, Edward.
—Mamá —la detuve de inmediato—, sabes que te amo y aprecio tus opiniones y consejos más que nada en este mundo, pero Bella es… ella es… —Aunque quería decirlo, pensé en hablar primero con Bella y no arruinarlo, así que dije—: Bella es una buena mujer y la quiero en mi vida.
—Pero, Edward, Samara…
—Mamá, sabes que ella no me gusta, la única razón por la que salí con ella fue por tu insistencia.
—Y para darle celos a Bella —aseguró leyendo mi mente como siempre.
—Sí, un poco. Sé que estuvo mal, pero no medí las consecuencias.
La escuché suspirar.
—Respeto tus decisiones, sólo debes saber que Bella no me agrada para ti, aunque espero que tomes una buena decisión.
—Te amo, mamá, es lo que hago.
—Eso espero, Edward. Nos vemos el día que decidas visitar a tus padres.
Reí.
—Pasaré este fin de semana para comer con ustedes.
Me quede más tranquilo después de la plática con mamá, aunque estaba seguro de que ella seguiría con el tema y aún querría que saliera con esa chica, porque cuando a Esme se le metía algo en la cabeza era sumamente difícil deshacerse de ello. Pero ya me tenía que ir y no tenía tiempo para pensar en las próximas emboscadas de mi madre, por lo que tomé las llaves del auto y salí.
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Bella, ¿dónde están?
Edward
Le envié el mensaje en cuanto llegué, esperaba que no estuviera tan molesta y que sobre todo aún quisiera pasar la noche conmigo.
Estamos viendo a las jirafas.
Bella.
Luego de leer su respuesta, me apresuré y en menos de cinco minutos las encontré. Sofía estaba encantada en los brazos de Bella, dándole de comer a la jirafa. Ella se giró me dedicó una sonrisa y yo me acerqué, al menos no parecía molesta.
—Lo siento —dije al llegar.
—Descuida —respondió quitándole importancia y regresando su atención a Sofi.
—Tito, las jirafas son tan graciosas.
Se rió y estiró las manos hacia mí para que la cargara, Bella se acercó y la puso en mis manos.
—¿Cómo está la puerquita más hermosa del mundo? —pregunté haciéndole cosquillas mientras besaba sus cachetotes.
—Tito, no soy una puerquita —espetó.
—Yo creo que sí.
Jugué un poco con ella hasta que pidió ir a ver a los monos, la bajé y le pedí que no corriera y que se mantuviera cerca. Ella tomó los dulces que le dio Bella y caminó delante de nosotros.
—¿Estás enojada? —le pregunté, ya que no tomaba mi mano y aunque tenía una sonrisa en su rostro sabía que había algo más.
—No, ¿por qué lo estaría?
—Vamos, Bella, si queremos que esto funcione debes ser honesta.
Ella se detuvo, Sofía estaba saludando a los monos y haciéndoles caras raras.
—Sabías que hoy tenías que pasar por nosotras, sé que tuvo que estar divertida tu salida de anoche, pero…
—¿Crees que después de pasar el día contigo me fui a un bar a buscar mujeres? —pregunté con algo de ironía.
—Dijiste que saliste y…
—Fui a casa de Emmett después del trabajo para hablar con mi hermano y beberme un par de cervezas.
—Ah… Yo pensé…
—Eres una idiota. —Tomé sus mejillas y la besé.
Ella suspiró.
—Aquí el idiota eres tú, al parecer yo sólo soy una boba bipolar.
—Sí, definitivamente estás de clínica.
Bella me dio un golpecito en el abdomen y sonrió, no quería seguir con el tema y al parecer ella tampoco, así que sólo lo dejamos pasar.
—Tito, quiero un algodón de azúcar.
—Después puedo comprártelo o te llenarás sólo con dulces.
—Tito…
—Sí, Edward, yo también quiero uno. —Ambas hicieron pucheros, una derretía mi corazón y la otra… bueno, esa ya era otra historia.
Así que fui a comprarles el algodón de azúcar, pedí uno azul y el otro rosado, los pagué y regresé con ellas.
Sofía corrió hacia mí emocionada.
—Gracias, tito —dijo dando saltitos.
Me agaché y se lo di.
—Te sentarás en esta banqueta y te lo comerás hasta donde puedas, ¿está bien?
—Sí. —Me dio un besito en la mejilla y fue hacia la banqueta donde le había indicado, había un par de niños comiendo helado y no tardó en empezar a reír con ellos, sabía que se llenaría y su madre me mataría, pero la dejaría tranquila.
—¿Y el mío? —preguntó Bella llegando a mi lado.
—Te lo daré con una condición.
Sonrió coqueta.
—¿Y cuál será esa condición? Espero que sea decente, señor Cullen.
—Será tan decente que te sorprenderás.
—Entonces usted dirá.
Ella robó un poco de algodón antes de que se lo apartara.
—Bella —exclamé—, compórtate.
—Dime, Edward, me pones ansiosa.
Yo también lo estaba, con mi mano libre tomé su mejilla y la acerqué a mí.
—Te lo daré si…
—Aja —susurró sintiendo como acariciaba su cuello.
—Si aceptas ser mi novia.
Ella pareció soltar todo el aire que estaba conteniendo, se apartó un poco de mí y, para qué mentir, me sentí algo rechazado.
—No te estoy pidiendo matrimonio, Bella, sólo que ambos queremos que sea exclusivo y nos gusta pasar tiempo juntos, además de que tenemos muy buena química. Sé que es algo cliché eso de pedirte que seas mi novia, pero no encontraba otra manera de hacerlo… Digamos que no suelo hacer esto muy seguido.
Me sentía completamente idiota al dar ese discurso, ella sólo estaba muy estática con los ojos muy abiertos y algo sorprendidos.
—Edward, yo…
—No tienes que decir mucho, Bella, sólo di si quieres que estemos juntos o no.
Hola gatubelas hermosas! espero el capitulo les encantara mucho, estuvo listo hace unos días por lo cual pido disculpa pero no había tenido tiempo de subirlo.
Estos dos capítulos que he subido han sido muy especiales para mi porque no solo los he escrito con toda mi inspiración, si no también con varios aspectos personales que hicieron la escritura un poco mas sencilla y a la vez complicada lo cual fue muy divertido.
P.D: Como siempre agradezco mucho a mi beta Flor ella es simplemente única y a todas ustedes por seguir conmigo a pesar de todo.
