Capítulo BETEADO Por mi querida Beta Flor Carrizo.
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Lo primero que pienso eres tú
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Me quedé petrificada, lo que menos me imaginaba era que Edward, el mujeriego más conocido de la ciudad, me pediría con tanto nerviosismo ser su novia. Aunque se había comportado tan dulce y mejor de lo que había esperado, por lo que no derivaría sorprenderme tanto. Pero, por otra parte, pensé que iríamos algo más lento.
—Bella —dijo llamando mi atención.
—Mmmm… Yo…
—Olvídalo. —Rió y negó con la cabeza un par de veces—. Deberíamos irnos, parece que lloverá y no quiero conducir así.
—Edward…
—Bella, no pasa nada, sólo vamos antes de que…
—¿Puedes dejarme hablar? —Alcé la voz atrayendo algunas miradas que ignoré. Me acerqué a él y tome su rostro entre mis manos—. Sí, quiero.
—No tienes que decir que sí, lo sabes, ¿verdad? —preguntó tratando de esquivar mi mirada.
—Edward… —Acaricié sus mejillas—. Estoy diciendo que sí porque quiero.
Él negó con la cabeza.
—No me convence —musitó con algo de gracia.
Sonreí y me alejé un poco de él.
—Te demostrare con la prueba más comprometida del mundo.
—Nos tatuaremos nuestros nombres —comentó en broma.
Rodeé los ojos.
—¿Puedes tomarnos una foto? —le pedí a una chica que pasaba.
—Bella, ¿qué haces?
—Ven. —Tomé su cara y lo besé.
Cuando ya habían pasado unos segundos, me aparté, le di las gracias a la chica y tomé el teléfono.
—¿Qué haces?
—Espera un momento.
—Bella, ya empiezas a asustarme. ¿Enloqueciste? —preguntó—. ¿Puedes decirme qué haces?
—Esto… —Le mostré el teléfono.
—¿Qué hago en tu Instagram?
—Simple —respondí alzando mis hombros—, subí una foto de nosotros con el pie de foto que dice con mi novio en el zoológico, ¿no es eso lo que hacen las parejas?
Él se rió.
—Estás loca.
—Un poco, pero al menos ya me crees.
—Lo hago, pero era en serio lo de irnos. —Se acercó y me dio un beso.
—Sofi, tenemos que irnos —llamó Edward.
—Tito, estaba jugando con mi nuevo amigo —replicó ella haciendo un puchero, se veía tan linda y tierna. Edward suspiro.
—Lo sé, cariño, pero va a llover y no quieres enfermarte.
—No. —Hizo un puchero aún más tierno y sabía que Edward estaba sufriendo al decirle que no, él era tan débil cuando se trataba de ella.
—Sofi, te prometo que vendremos pronto, muy pronto, y que jugarás con tu amigo, ¿está bien?
Ella asintió sonriendo.
—Sí, tita.
—Gracias por eso —dijo Edward cuando estábamos camino al auto. Sonreí.
—Eres tan débil cuando se trata de ella.
—La amo —respondió como la cosa más evidente y simple del mundo.
Evité mirarlo y sonreí a medias, ya que sus palabras me hicieron sentir algo tan cálido en el estómago que me desconcertó por un momento. Sabía que amaba a Sofía, pero el simplemente lo admitía como algo tan simple y fácil que… me confundía, porque Edward no era la persona que yo creí que era y eso era bueno. Él era genial y esa era una de las razones por las que le dije que sí sin estar segura de querer decirle que sí.
—Come estos dulces y no le digas a mamá que te di tanta azúcar hoy.
—Lo prometo, tito —dijo Sofi haciendo la garrita con él. Ella no tardó en quedarse profundamente dormida.
Iba algo despistada con mis propios pensamientos y Edward escuchaba suave música en la radio, no tardamos en llegar a casa de Alice a pesar de la enorme tormenta que se avecinaba, aunque en ese momento la lluvia era algo más ligera.
—Vamos, puerquita —murmuró Edward tomando a Sofi en sus brazos.
Bajé con ellos tomando las cosas de Sofía.
—Hola, Bella —saludó Jasper tomando las cosas que llevaba de su hija.
—¿La pasaron bien? —preguntó Alice tomando en brazos a su hija y susurrándole para que no se despertara.
—Estuvimos muy poco tiempo por la tormenta —respondió Edward.
—Bella, ¿quieres un café? —ofreció Alice.
—Sí, me encantaría.
Llevamos a Sofi a su cuarto y ella balbuceó algunas palabras pero se volvió a dormir. Sonreí y le di un beso en la mejilla, luego bajamos a la cocina.
—¿Cómo han estado las cosas?
Suspiré.
—Bien, supongo.
—Eso no suena para nada bien.
—No es eso… —Tomé la taza de café y le di un sorbo—. Edward me pidió que sea su novia.
Ella abrió los ojos dejando su taza a un lado.
—¿Edward Cullen? ¿El chico playboy que conozco desde hace años y si es fantástico con mi hija, pero a quien alejo de mis amigas, te pidió lo que creo ya no se suele pedir?
—Sí, creo que resumiendo eso fue lo que pasó.
—Bueno, al parecer fue un entretenido día en el zoológico.
Rodeé los ojos.
—Ni lo digas.
—Pero eso es bueno, ¿verdad? —preguntó dando algunos sorbos a su café esperando a mi respuesta.
—Sí, es sólo…
—¿Edward te gusta?
—Claro que me gusta y lo aprecio mucho pero… yo no sé si quiero ser su novia con todas las implicaciones.
—Bella —espetó Alice—, no es como si te estuviera pidiendo matrimonio.
Sonreí porque eso era lo mismo que había dicho él.
—Lo sé, es que he estado tanto tiempo sola sin querer a nadie o tener celos de ninguna persona y haciendo planes sólo para mi beneficio, que es algo nuevo.
—Supongo que le respondiste eso.
Me oculté detrás de mi taza.
—Bella…
—Le dije que sí.
—Pero…
—Lo sé, aún trato de resolverlo.
—Bella —llamó Edward desde la sala—, debemos irnos.
—Empezará a llover más fuerte. Hablaremos con una copa de vino algún día de mi caótica semana. Lo prometo. —Me despedí de Alice y de Jasper antes de irnos.
Subimos al auto casi corriendo ya que la lluvia empezaba a ser más fuerte.
—¿Estás bien? —preguntó él cuándo estábamos en el auto.
—Sí, sólo algo mojada —respondí sonriendo.
Puse mis pies encima de sus piernas, como de costumbre, y acaricié su antebrazo mientras lo miraba.
—¿Pasa algo?
—No, es que hoy fue un buen día.
Él sonrió en mi dirección y acarició mi pierna colocando su mano entre mis muslos.
—Sí, hoy fue un buen día.
—¿Puedes llevarme a casa? —pregunté para que no se desviara del camino.
—¿No te quedarás conmigo?
Evite mirarlo porque no quería mentirle.
—Le prometí a Kate que le ayudaría con algunas cosas, así que tengo que regresar.
—Está bien, tal vez en la semana podemos vernos.
—Sí, puedo pasar por tu departamento o trabajo, te avisaré.
Él asintió y siguió conduciendo. No quería mentirle, pero no era como si me fuera de fiesta, sólo necesitaba algo de tiempo alejada de él para aclarar algunas cosas.
—Envíame un mensaje o llámame cuando llegues a casa, ¿está bien? —pedí en cuando llegamos a mi departamento.
—Lo haré.
Lo acerqué a mí y lo besé, rápidamente me subí a horcajadas en sus piernas.
—Creo que te gusta estar encima de mí —musitó en broma.
Suspiré y susurré contra su cuello
—La verdad, me encanta.
Se rió y acarició mi espalda. En ese momento no entendía por qué estaba tan confundida, éramos nosotros, seguíamos siendo los mismos de esa mañana y del día anterior. No tenía por qué sentir ansiedad por su pregunta, tal vez lo que más me ponía así era la idea de haberle dicho que sí sin estar totalmente segura.
Busqué sus labios y lo besé mordiendo su labio inferior con fuerza.
—Bella —jadeó alzando un poco sus caderas.
Fui besándolo hasta llegar a su cuello y lo succioné mientras rozaba su entrepierna contra la mía.
—Oh Dios —gimió en mis labios. Me agarró con una mano del cuello para acercarme más a él, mientras con su otra mano se metía por debajo de mi camisa mojada.
—Debo subir.
—No subas —dijo sin dejar de besarme.
—Edward, alguien nos verá.
Él suspiró, buscó mis senos por debajo de mi camisa y los acarició.
—Maldición —exclamó con voz ronca y agitada.
—Lo siento —dije acariciando mi nariz con la suya—. Te prometo que te compensaré después.
—Si no fuera de día… —Apretó un poco mis senos para enfatizar—. Si sólo estuviéramos en el estacionamiento… ya no tendrías ropa.
—Lo sé.
Se recostó en el asiento y suspiró soltando una bocanada de aire.
—Voy a tener un gran problema al llegar a casa.
Me reí sin poder evitarlo.
—Te prometo que después te compensaré… —Besé sus labios y me bajé de su regazo. Sabía de su enorme problema ya que estaba encima de él, pero aunque deseaba a Edward algo en mi cabeza no me dejaba concentrarme por completo y sabía que él se daría cuenta.
—Nos vemos, nena.
—Nos vemos, cariño. —Besé sus labios y lo mordí duro.
—Rústica —se quejó.
Sonreí coqueta.
—Un poquito, tú debes saberlo mejor.
Subí con muy poco ánimo. La verdad me sentía muy mal, llegué a mi dulce hogar y recosté mi espalda a la puerta de la entrada. Cerré los ojos y suspiré.
—Al parecer no fue una buena salida —comentó Kate. Abrí los ojos y la tenía frente a mí en pijama con un bote de helado en la mano y muchas preguntas en sus ojos.
—Creo que necesitaré litros de eso para poder contarte.
Me tendió el helado y miró el sofá.
—Vamos, cuéntame.
Le resumí con algunos detalles lo ocurrido en el zoológico y cómo eso me hacía sentir. Ella esperó a que yo terminara y siguiera comiendo helado, para al final decir:
—Tú eres una idiota, definitivamente.
—¿Qué? —pregunté sin entender.
Ella resopló sonoramente.
—Edward es tan… ideal para ti.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Ustedes son el uno para el otro… Tan tercos, independientes y a la vez simplemente funcionan. No entiendo el estrés que le pones a esta situación, además del hecho de que si no estabas segura no debiste decirle que sí.
—Lo sé, Kate.
—Entonces… ¿por qué lo hiciste? —espetó.
—Yo… no sé…
—Es porque lo quieres en tu vida, pero aun así no tan en tu vida y eso es tan egoísta de tu parte.
—¿Crees que no lo sé? —repliqué alzando un poco la voz—. Odio mentirle, pero no quiero estar sin él. Sólo estoy confundida.
—Confundida —repitió como si no entendiera esa palabra—. Lo que tú quieres es estar libre, pero también con Edward y no puedes tener las dos cosas.
—Yo quiero estar con él, pero he estado tanto tiempo sola, sin darle explicaciones a nadie o sentir nada por ninguna persona.
—Eso se llama madurar y tener relaciones funcionales.
—Lo sé, Kate.
—Entonces no sé qué quieres.
—Yo tampoco —admití con sinceridad.
—Sabes que no quiero decirte qué hacer con tu vida, son tus decisiones… Pero Edward es una buena persona, tal vez una vez fue un mujeriego, pero si te pidió eso es porque quiere esforzarse por ti. —Me miró, tomó su helado y se levantó—. Tú deberías poner algo de esfuerzo también. —Besó mi cabeza y se fue a su habitación.
Me levanté para ir a darme un baño y despejarme un poco. Tal vez Kate tenía razón y sólo estaba perdiendo la cabeza por algo que no tenía sentido, sólo era su novia, todo seguía igual. Después de darme el baño, revisé mi teléfono y tenía un mensaje de él.
Acabo de llegar a casa. Mi cama dice que te extraña y, por cierto, mis pelotas azules también, aunque ellas están algo molestas.
Edward.
Me reí a carcajadas, todo seguía igual y eso me encantaba. Ese sería mi mantra para no enloquecer. No estaba segura de qué demonios pasaba conmigo y los compromisos, tal vez necesitaba ayuda psicológica.
Me alegro de que llegaras sano y salvo. Yo también la extraño y con respecto a ellas… supongo que por hoy puedes resolverlo.
Bella
Dejé el teléfono en la cama y me vestí. Tenía algo de trabajo acumulado y con el ascenso tan cerca no me podía dar ese lujo. Quería contarle a todos, pero mi madre siempre había dicho que si querías que algo te saliera bien no debías contarle a nadie a menos hasta que consiguieras lo que querías. Aún así me moría por decirle a Kate y Garrett, ellos habían compartido cada logro conmigo y era muy importante para mí su opinión.
Y también estaba Edward, que a pesar de mi estrés inicial por nuestra relación sentía la necesidad de hablar con él, de contarle las cosas buenas e incluso las malas que me pasaban en mi día y saber del suyo. Esa era una necesidad nueva, por lo general con los hombres que salía no les prestaba la suficiente atención para interesarme por su día o sus problemas, pero con él era distinto.
Revisé mi teléfono antes de ponerlo en silencio y empezar a trabajar.
Voy a darme un baño y me siento tan solo en este triste baño :(
Edward.
Sonreí sin poder evitarlo ante la carita triste al final del mensaje.
Es muy triste,¿por qué no envías una foto para que no te sientas tan solo?
Bella.
En menos de un minuto mi teléfono sonó. Al revisarlo me reí mucho. Edward estaba frente al espejo, con una toalla a la cintura y sonriendo como enfermo mental, era demasiado tierno, lindo y sexy, todo a la vez.
Jajajajajaja. Eres un idiota, lo sabes, ¿verdad? Tengo trabajo. Te envío un beso, te escribo cuando termine de hacer algunas cosas del trabajo.
Bella.
Me tomé una foto tirándole un beso y se la envié. Coloqué el teléfono en silencio porque sabía que si no lo hacía seguiríamos hasta tarde, así que me controlaría y dejaría mi teléfono a un lado.
Empecé con mi trabajo atrasado, deseando con todo mi corazón que el ascenso al final fuese para mí, era por algo que había trabajado mucho, era mi meta. Sabía que antes de tener el puesto de James tomaría tiempo, pero nadie dijo que el trabajo soñado llegaría de manera fácil, además sabía reconocer que aún me faltaban muchas cosas por aprender.
Me paseé un poco por la habitación mientras revisaba algunos manuscritos, había unos buenos, pero otros me daban dolor de cabeza. Pero la esencia de tener algo que podía ser realmente valioso y significativo para alguna persona me hacía amar mi trabajo, era lo más especial de todo.
—Bella —llamó Kate a la puerta.
—Dime.
—Saldremos a comprar comida, ¿quieres algo?
Como sabía que mi trabajo iría para rato y tenía muy pocas ganas de cocinar, estuve encantada con la propuesta.
—Sí, por favor, comida tailandesa y un helado, si no dejaste de reserva.
—Tampoco soy una cerda —replicó quejumbrosa.
Me reí.
—Si tú lo dices.
—Muy graciosa —espetó—. Regresaremos en un rato.
Días pasaron de la misma manera, estaba tan concentrada en mi trabajo y los preparativos para la boda de Kate que tuve muy poco tiempo para hablar con Edward, él me pedía vernos o venir a casa, pero yo siempre tenía una excusa. No era que quisiera evitarlo, pero James nos estaba presionando mucho y no quería mentirle a Edward, él tenía una habilidad innata para saber cuando algo me pasaba o me molestaba y todo el asunto se lo había ocultado hasta Kate, sólo necesitaba esos días para estabilizar mi trabajo y un poco mi cabeza.
—Isabella —llamó James, sacándome de mi aturdimiento. Por fin había llegado el día que decidiría.
—Sí, ya estoy lista.
Entré a su oficina, donde ya estaban él, Carlie y Sara. Sonreí, aunque la única que me regresó el gesto fue Sara. Me senté a su lado.
—Las cité aquí porque la decisión de quién será la siguiente editora ya fue tomada. —Nos miró a cada una y se paró frente al ventanal de su oficina—. Mi familia creó esta compañía de cero, sin nada más que trabajo duro y muchas aspiraciones y eso es lo que quiero de ustedes, obtengan o no el trabajo. —Se giró para vernos de nuevo—. La persona que será editora, además de tener aún más trabajo, será prácticamente mi mano derecha, en algún momento habrá reuniones y decisiones que yo no poder tomar —dijo haciendo un ademán con la mano—, así que necesitaré una persona comprometida que tome esas significativas decisiones que yo tomaría. ¿Tienen eso claro?
Asentí con los nervios carcomiéndome completamente, necesitaba que dejara de hablar y dijera quién sería, porque ya no soportaba esperar más.
—Como sé que deben estar ansiosas dejare el protocolo para después, ¿les parece? —dijo como si hubiera leído mi pensamiento—. Felicitaciones a...
Dios, que sea yo, decía en mi mente una y otra vez.
—Isabella —dijo y yo me quedé petrificada en mi asiento. Lo esperaba, era lo que deseaba como pocas cosas en mi vida y saber que era realidad me dejó sin palabras.
—Yo… creo…
Él rió.
—Al parecer se quedó sin palabras.
Sacudí mi cabeza para reaccionar.
—Estoy asombrada, pero muy agradecida.
—Fue por tu trabajo duro, no por simpatía —dijo en broma, pero sabía que hablaba en serio. James era un idiota muchas veces, pero cuando se trataba del trabajo sólo quien se lo merecía lo tenía.
—Lo sé, por eso me alegra tener este trabajo.
—Les agradezco a cada una de ustedes. —Miró a Sara y Carlie, ambas parecían bastante cabizbajas, aunque al menos Sara lo disimulaba y me sonreía, a la otra antes tenía claro que no le agradaba mucho pero ahora estaba segura—. Sin más nada que informar, regresen a sus labores.
Nos levantamos para irnos, yo aún tenía trabajo y ya era mediodía.
—Isabella —me llamó James.
—¿Sí?
—Quédate un momento.
Esperé que las otras chicas salieran y me senté otra vez.
—Tienes que saber que lo que dije es verdad, no te ganaste este trabajo por simpatía sino porque te lo mereces. Has trabajado muy duro todo este tiempo. —Tomó aire y sonrió en mi dirección—. Tendrás más trabajo y más responsabilidades, así que puedes tomarte unos días libres para asimilarlo y regresar fresca. Tendrás tu oficina lista cuando regreses, al igual que un asistente que hará lo que tú hacías, mientras tú me ayudas con cosas más importantes y otras áreas de la edición.
Sonreí y, sin poder evitarlo, me levanté y lo abracé.
—Gracias. Sé que esto puede ser inapropiado, pero me has apoyado en todo desde que llegué a esta ciudad y a este trabajo, nunca mezclaste la relación de tu sobrino con lo que yo hago aquí, por lo que estoy muy feliz. Yo… —Me separé mirando su expresión sorprendida—. Lo siento, es sólo…
—Estás feliz —comentó carraspeando.
—Sí.
—Ya puedes irte, regresa en dos días para tener todo listo.
Me fui antes de seguir dando abrazos inapropiados, aunque antes de cerrar la puerta pude ver una sonrisa en sus labios. Emocionada y algo alterada, me subí al auto, encendí la radio y canté a todo pulmón una canción que me encantaba Heroes de David Bowie. Sin pensarlo demasiado, conduje hacia la primera persona a la que quería decírselo.
—Hola —saludé en cuanto llegué.
—Bella —respondió sorprendido de verme ahí tan temprano.
Edward estaba saliendo de la clínica, estaba vestido casual con un abrigo marrón y ropa negra. En cuanto me vio apareció esa sonrisa ardiente y dulce.
—¿Pasó algo, cariño? —preguntó acercándose y abrazándome.
Busqué su cuello y respiré su aroma. Le di un beso y susurré:
—Tengo algo que contarte.
—¿Todo está bien? —preguntó separándose un poco de mí, tomando mi cara entre sus manos.
Sonreí.
—Sí, todo está más que bien. Es una buena noticia.
—Ya quiero saber de qué se trata, pero vamos al apartamento, ya está haciendo frío y no he almorzado. —Nos tomamos de la mano, pero como ambos teníamos nuestros autos, nos besamos y separamos para encontrarnos de nuevo en su apartamento.
Estaba emocionada por compartir mi ascenso con Edward. La primera persona en la que pensé en cuanto tuve la noticia fue él, por alguna razón su rostro sonriéndome era lo único que pasó por mi cabeza y esa euforia de una manera distinta, era como se sentía cuando él me tocaba, esa profunda electricidad que me invadía cuando nos tocábamos… era así como se sintió el momento en el que James dijo mi nombre.
Cuando ya estuvimos adentro del apartamento, nos pusimos un poco más cómodos, Edward me dio una de sus camisas y él estaba en un pijama, sin la parte de arriba. Se acostó en el sofá y yo me subí encima de él, como de costumbre.
—¿Me dirías qué pasa? Has estado muy sonriente, pero algo callada, y eso no es normal en ti. —Acarició mi espalda, yo suspiré y me levanté un poco, quedando sentada encima de su entrepierna.
—Sé que he estado algo distante estos días.
—Sí, un poco, pero pensé que necesitabas espacio.
—Y así era —comenté tocando su abdomen—, pero no era por ti.
—Dime qué pasa.
Acaricié su cuerpo con cariño, no con seducción y morbosidad, era un momento íntimo. Solamente toqué su abdomen mientras le contaba cómo había sido llegar a esa ciudad y estar sola hasta que me encontré con Kate, los trabajos que tuve antes de encontrar uno que tuviera algo que ver con lo que estudié y como fue estar lejos de mi familia, que no había sido nada fácil, y todo ese proceso me llevó hasta ese día.
—Me dieron el ascenso a editora —terminé de decir con una sonrisa—, es todo lo que siempre quise.
—Estoy tan feliz y orgulloso de ti. —Se acercó y me dio un beso lento, mientras acariciaba mi cuello y mi mejilla.
—Siento haber estado distante —susurré contra sus labios.
—Ahora lo entiendo, ¿y sabes qué?
—¿Qué?
—Estoy muy feliz de ser la primera persona con quien lo compartes.
Me encogí de hombros.
—Fuiste la primera persona en la que pensé cuando dijo mi nombre.
—Aún lo siento, esa electricidad cada vez que te toco —murmuró buscando mis labios, subiendo por mi cuello, repartiendo besos por mi piel.
—Yo también… Es asfixiante, pero tan bueno. —Lo miré a los ojos y tomé sus mejillas acariciando su piel sin rasurar—. Me alegra ser tu novia, Edward Cullen.
—Y a mí me alegra que lo seas, Isabella Swan.
Después de comer, me quedé dormida acurrucada con él en el sofá. Soñé con él y mis padres, a quienes tenía que llamar pronto; mi mamá no me perdonaría no haber sido la primera en saberlo, aunque ella no tenía que enterarse de ese pequeño detalle. Sentí como alguien tocaba mi cara y me llamaba susurrando.
—Bella.
—Sí… yo… ¿Dónde estoy?
Lo escuché reír.
—Levántate, nena, tenemos que salir.
Abrí los ojos y lo tenía frente a mí, sentado en la mesa que estaba frente al sofá. Me froté los ojos y bostecé.
—¿Qué quieres? —pregunté malhumorada.
—Eres tan perezosa.
—No lo soy —repliqué.
—Entonces levántate.
—¿Te he dicho lo fastidioso que eres? —comenté queriendo volver a dormir.
—Sí, un par de veces, pero no me importa. ¿Te levantas o te levanto? Tenemos que salir.
Rodé los ojos.
—Déjame. —Me iba a acostar otra vez, pero él me cargó sin delicadeza y me azotó el trasero—. Edward —me quejé.
—Son las seis de la tarde, tardarás en arreglarte y tenemos que salir. Así que báñate y vístete, dejé tu ropa lista en la cama.
—¡Eres un mandón! ¿Quién te dijo que yo quería salir? ¿Dónde vamos? —pregunté, no sólo confundida si no algo atontada por la siesta que al parecer había sido realmente larga.
Me bajó en el baño dándome un sonoro beso en los labios.
—No tienes opción, así que por una vez podrías hacerme caso.
—Está bien. —Le devolví el beso y cerré la puerta.
Disfruté del baño de agua caliente, no sabía qué tenía preparado Edward pero con mis energías recargadas estaba lista pero cualquier aventura que él planeara. Salí del baño, sequé mi cabello hasta que estuvo perfectamente liso y luego fui a buscar esa ropa que, al parecer, él tenía para mí.
En la cama había una bolsa que decía Bella, con una nota.
Espero que te guste lo que elegí. Edward aún no me dice específicamente para qué es, pero como sé para dónde vamos supuse que te gustaría. Kate.
Lo abrí y sonreí, era un lindo vestido negro que me llegaba hasta la rodilla, con una abertura atrás. Era el tipo de vestido que usas sin brasier y con ropa interior muy pequeña. Mi amiga sí que me conocía, además de unos zapatos negros de tacón en punta.
Después de aplicarme crema, una colonia sutil, pero muy afrodisiaca y algunos implementos más, me vestí. Fui al baño y me puse algo de maquillaje sutil, pero con un rojo carmesí en los labios. Cuando estuve lista, salí al comedor donde me estaba esperando Edward. Él estaba vestido de manera impecable, pantalón y camisa de vestir con una chaqueta de cuero.
—Estás… ¡Dios! Tú…
—¿Sin palabras, Cullen? —bromeé.
—Sí, Isabella, sin palabras para lo hermosa e impresionante que te ves.
Sonreí.
—Bien, ya estoy lista. ¿A dónde vamos?
—Es una sorpresa, vamos.
Terminé con el único toque que le faltaba a mi atuendo, un abrigo largo y rojo, era tan hermoso que me sorprendí que Kate me lo prestara. Tomé mi cartera y luego su mano.
—Estoy algo nerviosa —confesé cuando estábamos en el auto.
—¿Por qué? —preguntó como si no se hiciera una idea.
—No sé a dónde vamos y, aunque confío en ti, me gustaría saber qué vamos a hacer.
Suspiró.
—Lo sé, pero tendrás que esperar.
Golpeé su hombro.
—Bella —se quejó.
Rodé los ojos.
—Idiota.
—Tonta impaciente —respondió, estaba por volver a golpearlo cuando se estacionó.
Paradise. Un letrero grande de neón brillaba arriba del local, donde nos estacionamos. Nunca había entrado al sitio, sólo había pasado un par de veces aunque sabía que era muy exclusivo.
—¿Qué haremos aquí?
—Ya lo verás.
Tomados de la mano entramos, Edward se acercó a mí, me quitó el abrigo y se lo dio a un chico que también tomó su chaqueta.
—Edward, es muy lindo y elegante —comenté siguiéndolo a la zona vip.
—Necesito que cierres los ojos —pidió antes de entrar a un lugar que estaba detrás de una cortina negra.
—Edward, no creo que… estoy confundida… ¿Qué pasa?
—¿Confías en mí? —preguntó mirándome fijamente.
Suspiré y me calmé, confiaba en él, así que cerré los ojos.
—Espero no caerme o tendrás la culpa.
—Nunca te dejaría caer, nena —susurró desde atrás en mi oreja.
Pasamos un lugar y todo se iluminó, aún con los ojos cerrados pude notarlo. Se escuchaba la música, pero no escuchaba voces. Me empecé a asustar, hasta que sentí como él me abrazaba por la espalda.
—Abre los ojos cariño.
Cuando lo hice todos gritaron:
—¡Sorpresa!
—Oh, esto no me lo esperaba.
Estaban Alice y Jasper, también Rosalie sentada en las piernas de Emmett en un sofá, quien sonreía con mucho entusiasmo, como si fuese su propia fiesta. Kate llegó corriendo hasta mí.
—No puedo creer que no me lo dijiste, ahora me siento mal por quejarme de que estuvieras tanto tiempo distraída. —La abracé sonriéndome, sintiéndome algo mal por ocultárselo.
—Lo siento, quería mantenerlo en secreto hasta que se hiciera oficial. Muchas gracias por esto.
—Deberías agradecerle a Edward —dijo Emmett desde su asiento—. Nos hizo dejar todo lo que estábamos haciendo por estar aquí, aunque no me quejo, Bella, sabes que te adoro.
Todos me felicitaron, estaba muy sorprendida y feliz. Tenía una sensación tan cálida en mi pecho, mis amigos más íntimos, básicamente mi segunda familia, estaban ahí para mí, felices por mis logros y estaba él, ¿qué más podía pedir?
—Gracias por todo esto —le dije a Edward abrazándolo.
—Era lo menos que podía hacer. Además no fue nada, algo improvisado —dijo, como si quisiera quitarle importancia.
—Si es algo para mí, es importante, es perfecto tenerlo a todos ustedes aquí conmigo.
Nos besamos y susurramos tonterías contra nuestros labios.
A mitad de la noche habíamos bebido, reído y hablado sin parar. Las chicas estábamos bailando y sonó una canción de Rihanna que me encantaba, Work. Tomé mi cabello y me moví sensualmente, Edward estaba frente a mí con un trago en la mano. Él se acomodó en su asiento y me miró fijamente, sus ojos verdes se habían oscurecido un poco haciéndolos aún más oscuros, podía ver las venas sobresaliendo en sus brazos tensos. Mi hombre estaba disfrutando de mi baile, podía verlo.
Moví mis caderas y me acerqué a él, bailando entre sus piernas, cantando la canción mientras me movía. Pude ver como se tomaba su bebida de un solo trago, lo observé un momento más y lo atraje hacia mí, levantándolo. Puse mi espalda contra su pecho y mi trasero en su entrepierna.
—Bella —jadeó en mi cuello—, hueles tan delicioso.
Seguía bailando y rozándome contra él.
—Te deseo tanto, nena.
Sonreí y respiré entrecortadamente.
—Yo también.
Me giré y estuvimos frente a frente, él puso una de sus manos en mi espalda desnuda y la acarició mientras yo me movía contra su cuerpo, lento y sensual.
Nos miramos y la electricidad estaba ahí… Tomé su cuello y busqué su boca. En medio del beso lo mordí duro.
—Quiero comerte —susurró contra mis labios.
—¿Qué estás esperando? —lo desafié.
Él sonrió con sensualidad, estaba duro, lo sabía porque lo podía sentir. Toda mi piel se erizó, lo deseaba y mi hombre me deseaba.
—¿Me restas? —preguntó mordiendo mis labios y apretando mi trasero.
—Sí. ¿Harás que me porte mal aquí? —pregunté en un susurro.
—Claro que lo haré, mi nena mala, mi amor.
Nos movimos un poco más hasta que la intensidad era tanta que estábamos sudando y jadeando un poco.
Todo lo que sentía era su piel rozando la mía, mi piel erizada, el latido de su corazón contra mi espalda y ese aroma que lo caracterizaba.
—Ven conmigo. —Edward tomó mi mano y me llevó a un lugar detrás de otra cortina.
Sin poder esperar nos besamos con pasión, dureza y tanta intensidad. Estábamos locos y no nos importaba, lo único que mi cuerpo y mi mente querían era a él. Estaba empezando a pensar que todos tenían razón y que sí éramos el uno para el otro.
Hola Gatubelas! espero les encantara este capítulo, disfruto mucho escribir esta historia y si a veces me tardo en actualizar es por falta de tiempo y porque aunque como dije amo escribirla tiene partes inspiradas en mi vida y en una relación que tuve que fue la que inspiró que yo la escribiera así que... algunas veces es difícil dejar salir esos sentimientos personales. Pero este capitulo me encanto espero a ustedes tambien, las adoroooo mucho.
Como de costumbre agradezco mucho a Flor mi beta ella es la mejor, cualquier opinión o sugerencia dejenla en algún comentario o únanse en el grupo de facebook si no están aún xoxo.
