Capítulo 2

Hacia un rato que habían llegado a la comisaria después de seguir las investigaciones pertinentes. Beckett, estaba apoyada en su mesa mirando la pizarra del caso cuando Castle se acercó con dos cafés.

- ¿Qué tendría este tío para que lo odiasen tanto? – Lanzó la pregunta al aire. – ¿Envidia? - Richard le tendió una de las tazas, se sentó a su lado en la mesa e imitó la postura de ella.

- Se puede odiar a alguien sin que haya celos de por medio. – Contestó Kate de forma evidente.

- Es posible, aunque siempre hay un halo de codicia en casi todos los asesinatos. – Dijo con convicción. – Crímenes pasionales, por dinero, por éxito, los que matan porque "tú eres más guapo que yo"… Siempre hay un "por qué tú sí y yo no" – Declaró con seguridad.

- Bueno, visto así puede que tengas razón.

- Creo que vamos a necesitar otra pizarra. Empieza a faltar espacio con tanto sospechoso. – Observó el tablero blanco lleno de fotografías.

- Sí, creo que es la primera vez que tenemos tantos sospechosos en un solo asesinato. – Dio un trago al café.

- Y quizá habría que añadir otro sospechoso más. – Esposito y Ryan se unieron a ellos.

- ¿Alguna novedad más? – Preguntó la inspectora. Dejó la taza sobre la mesa.

- Hemos hablado con su ex mujer y nos ha dicho que llevaba más de dos años de juicios con él porque no le pasaba la pensión a sus dos hijos. – Javier miró sus notas. – En definitiva, se nota que no le tenía mucho aprecio.

- Así que no es que se haya apenado mucho por su muerte. – Comentó Kate mientras se llevaba el pulgar a los labios.

- Bueno, sus palabras textuales fueron "ese cabrón al final se ha salido con la suya, no me va a pagar todo lo que me debe." – Leyó Ryan de su libreta, luego la cerró.

- Entonces no tendría sentido que ella lo matase. – El escritor se encogió de hombros.

- Yo no iría tan rápido. – Esposito le dio unos golpecitos en el hombro. – Si él moría, tres millones de dólares serían para los hijos de ambos. – Sonrió.

- Eso ya es un motivo para matar. – Señaló la inspectora. - ¿Tiene coartada para la hora del asesinato? – Se cruzó de brazos.

- Sí, estuvo en una despedida de soltera hasta las cuatro y media de la mañana. – Ryan apoyó ambas manos sobre el respaldo de la silla que solía usar Richard.

- Entonces queda descartada. – Castle puso cara de fastidio. – Me gustaba eso de la ex mujer despechada.

- Hoy estas algo negativo bro. – Opinó Esposito mientras echaba un vistazo a su pequeña libreta. – Hemos hablado con sus amigas y han confirmado su coartada pero…

- Ninguna recuerda haberla visto durante la franja horaria en la que se cometió el asesinato. – Ryan dio unos pequeños golpes con el bolígrafo sobre la libreta mientras se le dibujaba una sonrisa en la cara.

- Muy bien, traedla aquí, creo que tiene que responder a unas cuantas preguntas. – Concluyó Beckett.

Un rato después Beckett estaba en la sala de descanso preparándose otro café y esperando a que sus chicos trajesen a la Señora Johnson a la comisaría. Aún tenía que bajar al laboratorio a ver si Lanie tenía alguna novedad.

- ¿Pensando? – Richard apoyó el hombro derecho en el marco de la puerta mientras observaba como Kate daba vueltas al café con una cuchara.

- Como siempre. – Le miró y sonrió. - ¿Sabes? Había pensado que podríamos preparar algo para cuando vuelva Alexis, ¿qué te parece? – Se apoyó en la encimera, de espaldas a la máquina de café.

- Me parece una gran idea. – Asintió y sonrió. – Podríamos ir a cenar los cuatro a su restaurante favorito.

- Y además así le puedo dar su regalo de cumpleaños. – Castle frunció el ceño sorprendido. – Sí, sé que es dentro de dos semanas pero como no lo pasará aquí pues… así aprovecho. – Kate se extrañó al ver la forma que tenía él ahora mismo de observarla. - ¿Por qué me miras así?

- No, es solo que no tenías por qué regalarle nada. – Dijo sorprendido y a la vez halagado. Le gustaba mucho ver que Kate y su hija se llevaban tan bien.

- Claro que sí Rick, somos amigas y las amigas hacen estas cosas. – Contestó casi ofendida. - ¿Por qué no iba a hacerle un regalo?

- Vale, siento haber dicho nada. – Levantó las manos en son de paz. – Puedes regalarle todo lo que tú quieras que yo no diré nada.

- Así me gusta, porque no querría tener de nuevo esta conversación por su regalo de navidad. – Le dio un trago a su café.

- ¿Sabes qué? En este momento me encantaría besarte. – Se fue acercando a ella.

- Rick, para. – Le puso una mano en el pecho. – Estamos en comisaría y podrían verlos. – Se puso nerviosa y echó un vistazo por la ventana de la sala. Nadie parecía estar pendiente de ellos.

- Sólo un beso rápido… - Le quitó la taza de las manos y la dejó sobre la encimera, al lado de la máquina de café. Estaban tan cerca que sus labios casi podían rozarse.

- Oye Beckett que… - En ese momento entró Esposito en la sala, haciendo que la pareja se separase a la velocidad de la luz. - ¿Interrumpo algo? – Preguntó con una sonrisa en los labios.

- ¿Interrumpir? – Castle forzó una risita. - ¡Qué va! Es solo que se me ha movido la… la… ¡La lentilla! Y Beckett me estaba ayudando. – Kate le miró de reojo. - ¿Verdad?

- Sí, eso es. – Asintió rápidamente la inspectora.

- ¿Lentilla? Tío no sabía que utilizases lentillas… - Les miró con curiosidad, primero a uno y luego a otro.

- Sí, sí que las llevo, ¿algún problema? – Intentó defenderse.

- Ninguno tío. – Negó Esposito con la cabeza sin poder reprimir la risa.

- ¿Alguna novedad Espo? – Beckett intentó cambiar de tema.

- Sí, ya está aquí la señora Johnson. La hemos pasado a la sala de interrogatorios. – Señaló Javier con el pulgar.

- Vale. Vamos Castle. – Le miró de reojo y salió de la salita.

- Tranquilo, que luego haremos cuentas. – Dijo Esposito a Castle en bajito mientras le despedía con la mano y una sonrisa en la cara.

De camino a la sala de interrogatorios.

- Te voy a matar. – Dijo Beckett algo enfadada.

- Bueno, tampoco ha sido para tanto, podría haber entrado cinco segundos después y pillarnos. – Sonrió intentando ver el lado positivo.

- A ti hay veces que se te olvida que voy armada, ¿verdad? – Se paró delante de la puerta de la sala.

- Tú tranquila que yo me encargo de sobornarlo para que no diga nada de lo que casi ve. – Le aseguró.

- Eso no me deja mucho más tranquila Castle. – Le fulminó con la mirada.

- Sólo preocúpate del caso que yo lo tengo todo controlado.

- Más te vale porque en cualquier momento puedo pegarte un tiro en la rodilla. – Le advirtió y entró en la sala de interrogatorios.

- Uuuuf… - Resopló el escritor antes de seguir a Kate.

Cuando entraron se encontraron con Marie Johnson, una mujer rubia de unos treinta y tantos casi cuarenta, bastante maquillada teniendo en cuenta las horas de la mañana que eran.

- Buenos días señora Johnson, sabe por qué está aquí, ¿verdad? – Castle y Beckett tomaron asiento. Ella dejó sobre la mesa una carpeta oscura.

- Sí, aunque pensaba que ya les había contado todo lo que querían saber. – Respondió Marie, cruzando las manos sobre la mesa.

- Es algo rutinario. – Habló Richard. – Son sólo unas preguntas. – La mujer asintió.

- ¿Cómo era la relación con su ex marido? – Quiso saber la inspectora.

- ¿Qué cómo era? – Marie se rió. – Era un cerdo cabrón que no podía tener la bragueta cerrada. ¿Saben? En el fondo me alegro de que lo hayan matado. Así no engañará a más mujeres inocentes.

- ¿Seguro que se alegra por eso o porque, con su muerte, usted recibiría tres millones de dólares? – Beckett abrió la carpeta y le enseñó el papel donde ponía dicha información.

- ¿Qué? – La mujer cogió la hoja y la leyó detenidamente. - ¿De dónde ha salido esto?

- Esta es la herencia del señor Johnson. – Dijo Castle señalando el folio. - ¿De verdad va a hacernos creer que no tenía ni idea de que esto existía? – Comentó con incredulidad.

- Les juro que no sabía nada de esto. – Se rió y negó con la cabeza. – Menudo cabrón, me ha hecho perder miles de dólares luchando por la pensión para nuestros hijos y luego me sale con estas.

- ¿Dónde estuvo entre la una y las tres de la mañana señora Johnson? – Beckett se acomodó en su asiento.

- Ya se lo dije, tenía una despedida de soltera. – Puso la hoja de papel sobre la mesa.

- ¿Está usted segura? Porque hemos hablado con sus amigas y nos han dicho que a esas horas usted, casi por arte de magia, desapareció. – Castle apoyó ambos brazos sobre la mesa.

- ¿Están insinuando que yo maté a ese cerdo? – Marie alzó una ceja incrédula.

- Bueno tenía un buen motivo para hacerlo. – Contestó Kate seria. – Le estaba arrebatando dinero que, por orden del juez, pertenecía a sus hijos.

- Sí bueno pero no por eso iba a mancharme las manos con la sangre de ese cabrón. – Se cruzó de brazos. – Además, era cuestión de tiempo que algo así ocurriese.

- ¿Lo dice por sus incontables enemigos? – Preguntó Castle.

- Así es. Norman iba haciendo "amigos" por cada sitio que pasaba. No soy la única a la que debía dinero y tampoco la única que se alegra de que esté muerto.

- Aún así, no nos ha dicho dónde se encontraba usted entre la una y las tres de la mañana. – Persistió Beckett.

- Bueno, total, ya está muerto. – Suspiró. – Estaba con Matt, mi novio.

- ¿A esas horas? – Quiso saber Rick.

- Era el único momento en el que podíamos vernos. Llevamos nuestra relación en secreto. Es lo que mi abogado me aconsejó, por lo menos hasta que hubiese ganado el juicio a ese cabrón.

- ¿Y eso por qué? Usted ya era una mujer divorciada, podía salir con quien quisiera. – Kate alzó una ceja.

- Lo sé pero es que nuestra relación es algo… ilegal. – Declaró. – Matt es el juez que lleva nuestro caso en los juzgados.

- ¡Ay va! – Castle se sorprendió y miró a Beckett. - ¿Así que se acostaba con él para que le diese un empujoncito en el juicio?

- Exacto, no he estado aguantando al cerdo de mi ex marido durante quince años para acabar en la ruina por su culpa. – Declaró la señora Johnson. – Tenía que asegurarme que ese juicio estaba ganado.

- ¿Sabe qué podía estar haciendo el señor Johnson a esas horas el día de su asesinato? – Kate cambió de tema.

- A saber, cualquier cosa. – Se encogió de hombros. – Quizá fue a celebrar la venta de un piso, no lo sé.

- ¿Sabe si había alguien nuevo en su vida? – Castle se echó un poco hacia delante en la mesa. - ¿Si salía con alguien?

- Bueno, es posible. Norman siempre tenía que tenerla metida en alguna parte. – Cruzó los brazos delante del pecho. – No me extrañaría que estuviese con alguien.

- ¿Y qué puede decirnos sobre los enemigos de su marido? – Preguntó Beckett.

- Ex marido. – Recalcó. – Y tenía demasiados enemigos.

- Eso lo sabemos pero, ¿por qué? – Habló el escritor.

- Para empezar llevaba dos meses sin pagar a sus empleados, según él porque el negocio iba mal y no tenía dinero. – Cruzo las piernas. – Pero todos sabían que eso no era así. Para sus caprichos sí que había dinero.

- ¿Y alguno de ellos podría estar tan enfadado con él cómo para matarlo? – Kate jugueteó con su bolígrafo.

- Supongo que sí, pero no lo sé seguro. A nadie le gusta que le roben su dinero. – Dijo de forma evidente.

- Muy bien, gracias señora Johnson por su ayuda. – Kate cerró la carpeta y se levantó de la silla.

- Pero no salga de la ciudad. – Castle se puso en pie y salió detrás de Beckett, dejando a la señora Johnson algo descolocada.

Una vez fuera de la sala de interrogatorios.

- ¿Qué no salga de la ciudad? – Kate alzó una ceja y fue hacia su mesa.

- Sí, me gusta mucho esa frase. – Se encogió de hombros.

- Ya veo. – Dejó la carpeta sobre el escritorio y miró la pizarra. – Parece que hay que descartar a la ex mujer. – Quitó la foto de la señora Johnson de "sospechosos" y la puso a un lado.

- Lo que reduce la búsqueda a cuantos, ¿unos seis sospechosos? – Se apoyó en la mesa.

- Eso parece. – Beckett se llevó el pulgar a los labios mientras repasaba la información que tenían en la pizarra blanca. – Espo, ¿habéis encontrado algo sobre el arma homicida? – Javier se levantó de su silla y fue hacia donde estaba ella y Castle.

- Sí y no. – Miró sus notas. – Al parecer es un sujetador de lo más corriente. Hemos hablado con el fabricante y nos ha dicho que producen miles de esos sujetadores al día. – Se sentó en la silla que Castle utilizaba. – Y se distribuyen por prácticamente todas las tiendas de lencería de la ciudad.

- Así que no tenemos nada concluyente. – Kate chasqueó la lengua a modo de fastidio.

- Y las cuentas tampoco nos dicen nada. – Ryan se unió a ellos. – No hay movimientos extraños de dinero. Todo parece bastante limpio.

- Hay que averiguar si estaba saliendo con alguien. – Concluyó la inspectora.

- Quizá su nuevo ligue fue quién le mató. – Opinó el escritor.

- Chicos a ver si alguno de sus compañeros o amigos saben si había alguien nuevo en su vida. – Pidió Beckett.

- Ahora mismo nos ponemos a ello. – Los dos inspectores fueron a sus escritorios a realizar las llamadas pertinentes.

- ¿Y si es un asesinato al azar? – Preguntó Castle.

- Espero que no porque si es así entonces lo vamos a tener más complicado, a no ser que el asesino cometa algún error. – Kate se pasó las manos por el pelo. En ese momento sonó el móvil de la inspectora. – Beckett. – Dijo al descolgar. – Ah hola Martha. – Sonrió. – Sí claro… Me parece muy buena idea.

- ¿Mi madre? – Susurró Castle algo sorprendido. Kate asintió y se retiró un poco para hablar.

Rick iba a protestar pero sonó el teléfono de la inspectora.

- Eh… ¿Teléfono de la Inspectora Beckett? – Contestó.

- ¿Castle qué haces tú cogiendo el teléfono de Beckett? – Lanie se extrañó.

- Eh, es que ahora mismo ella está hablando por el móvil.

- ¿Y sabe ella que estás contestando tú a sus llamadas? – Hizo hincapié en "sus".

- Bueno… No… - Se quedó pensando y miró de reojo a Beckett la cual se había metido en la sala de reuniones a hablar. - ¡Eh! Si no hubiera cogido el teléfono ahora mismo no estaríamos teniendo esta conversación. – Protestó.

- Vale, es tu problema. – La forense se encogió de hombros. – Pero no quiero saber nada si luego Beckett te mata por tocar sus cosas.

- Sí, lo sé, lo sé… - Asintió con la cabeza. - ¿Y en qué puedo servirte? – Se sentó en la silla de Kate.

- Quería que os pasaseis por el laboratorio, tengo novedades.

- ¿Y no puedes darme un adelanto? – Preguntó él con curiosidad.

- No, aunque… Si tú me dices con quién está saliendo Beckett es posible que cambie de idea y te avance algo. – La forense sonrió al otro lado del teléfono.

- ¿Beckett? ¿Saliendo con alguien? – Se pasó una mano por el pelo. – Es la primera noticia que tengo. – Intentó hacerse de nuevas.

- Tú sigue disimulando que sé que sabes algo. – Jugueteó con el cable del teléfono. – En fin, tendré que averiguarlo yo sola. Dile a Beckett que cuando acabe os paséis por el laboratorio. – Colgó el teléfono.

Beckett se acercó a él después terminar de hablar con Martha.

- ¿Has cogido mi teléfono? – Kate alzó una ceja y se cruzó de brazos esperando una respuesta.

- Tú estabas ocupada. – Se encogió de hombros.

- Ya, ¿y quién era? – Dejó el móvil sobre la mesa.

- Lanie. Que bajemos al laboratorio que ha encontrado algo. – Esperó a que la inspectora le contase qué es lo que quería Martha pero, al ver que no iba a contárselo se lo preguntó. – Y… ¿Qué quería mi madre? – Curioseó Castle.

- Hemos quedado para almorzar. – Miró unos papeles y luego los metió en una carpeta.

- ¿Y por qué te llama a ti y no a mí? - Dijo para sí en voz alta. - ¿Y qué quiere ahora de nosotros?

- De nosotros no, de mí. Tú no vienes. – Cogió la chaqueta. Castle la miró sin entender nada.

- Espera, espera… ¿Cómo qué yo no voy? – Parpadeó varias veces incrédulo. - ¿Y por qué yo no puedo ir? – Dijo con cierta envidia.

- Ha dicho que quería hablar conmigo a solas. – Se encogió de hombros.

- ¿Sobre qué? ¿Y por qué yo no lo puedo saber?

- No lo sé. – Sonrió de medio lado al verle así. – Tranquilo que seguro que no pasa nada.

- Viniendo de mi madre no sé yo qué esperar. – Castle se levantó de la silla. – Seguro que se ha metido en algo ilegal y quiere consejo policial. - Dio por hecho.

- En cuanto hable con ella sabré de qué se trata. – Fue hacia el ascensor con Richard detrás.

- Y en cuanto lo sepas me lo dirás, ¿no? – Dijo él de forma obvia.

- Eso depende de si tu madre me deja que te lo diga. – Se metió en el ascensor y pulsó el botón de la morgue. – O puede que luego sea ella misma la que te lo cuente.

- Sigo sin entender por qué no habla conmigo. – La imitó y subió al elevador. – Soy su hijo, se supone que confía en mí.

- Puede que sea precisamente eso, que eres su hijo y habrá cosas que no pueda contarte. – Ella se encogió de hombros.

- ¿Y qué no puede contarme? – Se quedó pensando unos segundos. – Espera, mejor no me contestes a esa pregunta, no quiero tener pesadillas. – Puso cara de desagrado. Kate se rió.

El ascensor abrió las puertas en la planta de la morgue. Entraron en el laboratorio donde la forense les estaba esperando.

- Hola Lanie, ¿qué tienes par
a nosotros? – Ambos se acercaron a la mesa metálica donde estaba el cuerpo del señor Johnson.

- Acabo de recibir el informe de toxicología. – Echó un vistazo al dosier.

- ¿Y? – Alzó las cejas esperando que la doctora continuase. - ¿Consumía drogas?

- ¿Sabes qué? – Lanie la señaló con el dedo. – No puedo creerme que, siendo tu mejor amiga, aún no me hayas contado con quién te estás acostando. – Se abrazó a la carpeta.

- ¿Qué? – Kate abrió mucho los ojos. - ¿Crees qué eso es relevante ahora mismo Lanie?

- Lo es. – Asintió la forense con la cabeza. – Y que el chico escritor lo sepa y yo no me parece aún más fuerte. – Dijo tajante. Ambas mujeres miraron a Castle.

- ¿Qué? ¿Cómo? ¡Pero si yo no sé nada! – Él se defendió rápidamente. – Estoy igual que tú, intentando que me lo cuente pero nada… Se niega… - Kate le miró de reojo a modo de advertencia.

- ¿Podemos dejar mi vida privada a un lado y hablar sobre el caso? – Señaló el cuerpo que estaba sobre la mesa.

- Como quieras, pero que sepas que pienso averiguarlo. – Contestó Lanie desafiante.

- ¿Qué has encontrado? – Volvió a repetir Kate.

- Flunitrazepam. – Contestó la forense.

- ¿Fluni qué? – Castle frunció el ceño.

- Flunitrazepam. Es un fármaco hipnótico de la familia de las benzodiacepinas. – Castle y Beckett no entendieron ni una palabra. – Su nombre comercial es Rohypnol, aunque seguro que las conocéis más por el nombre de "Roofies". Es un medicamento que se utiliza para tratar la ansiedad, el insomnio y, si se inyecta, tiene un efecto anestésico, aunque esto último aquí está prohibido.

- ¿Las "Roofies" no son lo que llaman la droga de la violación? – Preguntó Castle.

- Así es pero, antes de que me preguntéis no, no hay signos de agresión sexual en el cuerpo. Pero… - Lanie echó un vistazo a su dosier. – Tenía un alto contenido de alcohol en sangre y eso, junto con el flunitrazepam causa un efecto incapacitante.

- Por eso había signos de lucha. – Comentó Kate en voz alta. – Le drogaron antes de matarlo.

- Exacto y, además… - Fue hasta una mesa auxiliar de donde cogió una bolsita de pruebas con algo dentro. – He encontrado esto en la suela de su zapato. – Se lo entregó a la inspectora. – Parecen unas fibras de moqueta o algo así. Aún tengo que analizarlo.

- Quizá sea del lugar donde le mataron. – Dijo Castle, cogiendo la mano de Kate para ver mejor la prueba.

- Es posible. – Asintió la inspectora. – Cuando sepas de qué es llámame Lanie. – Le pidió y le devolvió la prueba.

- Dalo por hecho. – Contestó la forense. – Y que sepas que me debes una conversación. – La señaló con el dedo antes de que salieran del laboratorio.

Ya fuera de la morgue.

- ¿Se puede saber qué le has contado a Lanie? – Le cogió de la oreja

- ¡Manzanas! ¡Manzanas! ¡No le he dicho nada! ¡Lo juro! – Ella le soltó.

- ¿Entonces? ¿Por qué ha dicho que tú lo sabías? – Presionó el botón del ascensor.

- No lo sé. – Se llevó la mano a la oreja que ella había pellizcado. – Es demasiado lista. Puede que se huela algo y me esté tanteando. – Se encogió de hombros.

- Pues tenemos dos opciones. – Miró hacia la puerta del laboratorio. – O le contamos la verdad o nos inventamos algo.

- Sólo te digo que si termina pillándonos estate alerta para hacer frente a su bisturí. – Contestó el escritor. – Y yo iré preparando mi talonario… - Dijo esto último en bajito.

- ¿Qué has dicho? – Frunció el ceño ya que no había oído bien lo que dijo Castle.

- Nada, nada, que yo prepararé mi rosario. – Intentó disimular. Al ver que Kate no se había dado cuenta resopló.

P.D: ¡Gracias por leer! Se agradecen mucho los comentarios ;)