Capítulo 4.

La noche había sido movidita y la mañana siguiente no fue distinta. Castle se levantó un poco antes que Kate y preparó un suculento desayuno. Beckett, después de tomarse una ducha, alegó que no tenía hambre y sólo se tomó su café matutino. Mientras él desayunaba ella leía el periódico. Seguía enfadada con Richard por lo que había ocurrido aquella noche con Martha y parecía que seguiría así durante el resto del día. Castle se duchó y entretanto Beckett recogió todo lo del desayuno. En ese momento sonó el teléfono de ella, era Esposito, había habido un nuevo asesinato con el mismo patrón que el anterior. Tomó nota del lugar, le dijo a Castle que tenían un nuevo homicidio y se fue a preparar.

- ¿Es qué no me vas a hablar en todo el día? – La observó el escritor mientras ella conducía.

- No lo sé, ¿has pensado en todo lo que ocurrió ayer? – Le miró de reojo mientras no perdía de vista la carretera.

- Claro que lo he pensado y sigo opinando que es algo muy raro. – Volvió a repetir Castle.

- Vale, pues hasta que me digas qué tiene de malo mi padre, efectivamente, seguiré sin hablarte. – Contestó Beckett de forma tajante.

- Vamos Kate… - Ella negó con la cabeza.

- Y deberías disculparte con tu madre. – Declaró la inspectora. – Ayer se fue muy triste. No pensaba que ibas a tomarte así la noticia.

- Kate no lo has pensado bien… - Volvió a decir él.

- ¿Qué pasaría si alguno de los chicos hiciese lo que tú ayer? – Alzó una ceja. – Seguro que te hubieses sentido como Martha. – Aseguró.

- Es posible, pero no me vas a comparar lo suyo con lo nuestro. – Dijo de forma evidente.

- ¿Y por qué no? Vale que todo esto me ha pillado por sorpresa y era lo último que me esperaba… E incluso, de momento, no me hago a la idea de ello pero parece que ellos se quieren, al igual que nosotros. Así que sí, es lo mismo. – Miró por el espejo retrovisor mientras empezaba a aparcar. – Y dejemos aquí el tema. – Apagó el motor y salió del coche.

El cuerpo se encontraba en un aparcamiento a las afueras del Upper East Side. Cuando Castle y Beckett llegaron, la zona donde se encontraba la víctima, estaba acordonada por la típica cinta amarilla de la policía. El parking estaba lleno de agentes y de los de científica. Kate divisó a lo lejos a Lanie y puso rumbo hacia allí.

- Hola Lanie. – Se puso de cuclillas al igual que la forense, la cual estaba ultimando unos detalles del informe. - ¿Es igual que la otra víctima?

- Prácticamente lo mismo, sí. – Asintió la médico. – Varón de unos treinta. Presenta los mismos signos que el otro cadáver. – Abrió los ojos del cuerpo. – También tiene hemorragia de petequias en los ojos.

- Y no nos olvidemos del sujetador infernal. – Señaló Castle a la prenda que rodeaba el cuello de la víctima.

- Lo he estado examinando y es muy parecido, por no decir que es el mismo modelo que el anterior. – Comentó Lanie.

- Tampoco presenta signos de violencia, ¿no? – Quiso saber Kate.

- Ninguno. – Negó con la cabeza. – Apuesto a que también le drogaron.

- ¿Y la hora aproximada de la muerte? – Preguntó Castle mientras examinaba el cadáver desde las alturas.

- Entre las dos y media y las cuatro de la madrugada aproximadamente. – Respondió la forense mientras se ponía en pie. – Como siempre, sabré algo más cuando me lo lleve al laboratorio.

- Gracias Lanie, llámame en cuanto tengas algo. – La pareja se disponía a irse cuando la forense habló de nuevo.

- Por cierto Beckett, ¿dónde te metiste anoche? – Se abrazó a su carpeta. – Te estuve llamando a casa y no diste señales de vida. – Alzó una ceja.

- Ah… Es que salí. – Sonrió algo incómoda.

- Ya, con tu nuevo novio, ¿no? – Se la quedó mirando. Luego observó a Castle.

- Lanie por favor, no es el momento. – Negó con la cabeza.

- Nunca lo es… - Frunció el ceño. – Pero que sepas que no pararé hasta averiguar quién es, inspectora. – La señaló con el bolígrafo. Castle y Beckett huyeron de allí.

Cuando Ryan dejó de hablar con una mujer, la pareja se acercó a él.

- Hola Ryan, ¿sabemos de quién se trata? – Kate se llevó un mechón de pelo detrás de la oreja.

- Se llama Carl Ericsson. – Le tendió la cartera de la víctima a la inspectora. – Es un directivo de una empresa de comunicación.

- ¿Tampoco ha sido un robo? – Castle prácticamente metió la cabeza en la cartera haciendo que Beckett le mirase de reojo. Esto no paso inadvertido para Ryan.

- No, está todo intacto. – aseguró el inspector. – Como en el anterior asesinato.

- Y también llevaba una gran cantidad de dinero en efectivo… - Kate saco un fajo de billetes de cincuenta dólares.

- ¿Y llevaba las llaves del coche encima? – Quiso saber Richard.

- No, y eso es raro porque está en un parking y no hay ni rastro de que esté aquí su vehículo. – Ryan se encogió de hombros.

- Puede ser que el asesino se llevase el coche de la víctima o que abandonase aquí directamente el cadáver. Como ocurrió en el otro asesinato. – Beckett le dio la cartera a Ryan y se quedó pensando.

- Bueno eso podemos saberlo. – Ryan y Kate se le quedaron mirando. – Las cámaras del parking. – Castle señaló a una de ellas que estaba en la pared.

- Negativo. – Esposito se acercó a ellos. – Acabo de hablar con el encargado del parking y me ha dicho que llevan dos días sin funcionar. – Richard y Kate pusieron cara de fastidio.

- Y no hay ningún testigo de anoche, ¿no? – Quiso saber Beckett.

- No, nadie ha visto ni oído nada. – Respondió Esposito.

- ¿Y quién ha encontrado el cadáver? – Habló Castle.

- La señora Gibson. – Mostró a una señora de mediana edad que parecía algo alterada mientras le tomaban declaración. - A las siete y media vino a por su coche y se encontró con nuestro amigo. – Esposito señaló el cuerpo que estaba a cierta distancia de ellos.

- Vale. – Beckett se quedó pensando. – Ryan, tú y Castle iros a comisaría a ver qué más podéis averiguar sobre la víctima. Esposito y yo iremos a su empresa. – Los tres chicos se la quedaron mirando muy sorprendidos. – ¿A qué estáis esperando? – Alzó las cejas.

- Pero… ¿Castle no va contigo como siempre? – Ryan se aventuró a preguntar.

- No somos siameses, podemos separarnos. – Dijo de forma evidente, luego miró a Castle de reojo.

- Pues venga, vámonos Ryan. – Contestó Richard.

Ambos hombres pusieron rumbo hacia el coche y lo mismo hicieron Esposito y Beckett.

- ¿Ha pasado algo? – Preguntó Esposito con curiosidad mientras se sentaba en el asiento del copiloto.

- No. – Kate se encogió de hombros y se puso al volante. - ¿Por qué? – Le miró de soslayo.

- Hombre, es muy raro que vosotros dos os separéis. – Comentó el detective.

- Como he dicho antes, no tenemos por qué estar siempre pegados. – Encendió el motor y comenzó a dar marcha atrás para sacar el coche.

- Lo sé, lo sé pero… es raro. – Señaló el detective. - ¿Seguro que no quieres hablarlo?

- Segurísimo Espo. No hay nada de qué hablar. – Declaró Kate.

- Lo que quieras. – Esposito se encogió de hombros. – Pero ya sabes, si necesitas algo puedes contar conmigo. – Kate asintió despacio. "Eso ya lo sabía", pensó ella.

Habían pasado al menos un par de horas desde que el grupo de detectives y el escritor se habían separado. Ryan y Castle estuvieron la mayor parte del tiempo hablando por teléfono con los amigos de la víctima y ahora estaban en la sala de reuniones revisando el papeleo.

- ¿Y bien? – Ryan rompió el silencio. - ¿No me vas a contar qué es lo que ha pasado antes con Beckett?

- No hay nada que contar. – Castle se encogió de hombros y siguió leyendo la hoja que tenía entre las manos.

- No me lo trago. – Declaró el inspector. Apoyó su hoja de papel sobre la mesa. – Algo ha tenido que pasar para que Beckett te fulminase así con la mirada. – Dijo evidente.

- En serio, no lo sé. – Volvió a repetir. – Se habrá levantado hoy de mal humor.

- O se ha enfadado con su "nuevo" novio. – Ryan hizo énfasis en "nuevo" y miró a Castle con una sonrisa pícara.

- Si es así a mí no me ha comentado nada. – Releyó una frase del papel.

- Oh vamos Castle. – Alzó una ceja. – Beckett sólo pone esa cara cuando se enfada contigo…

- Ryan, ¿podemos seguir con esto? Porque a este paso vas a convertirte en la reina de las marujas…

- Sea lo que sea lo que hayas hecho será mejor que intentes arreglarlo. – El inspector seguía en sus trece. – Por tu bien y por el nuestro.

- Ya te he dicho que no ha pasado nada. – Volvió repetir Castle. - ¿Seguimos con el caso?

- ¿Y unas flores? Las flores siempre ayudan. – Comentó el inspector mientras hacía que leía algo de su papel.

- ¡Ryan! – Le regañó el escritor. - ¡El caso! – Golpeó la hoja suavemente. – Dejemos la vida privada de Beckett así, en privado, ¿vale? – Alzó las cejas.

- Está bien, está bien… - Asintió. – Pero piensa en lo que he dicho de las flores. – Le señaló con el dedo. Castle le tiró un bolígrafo y le fulminó con la mirada.

- ¿Has encontrado algo? – Preguntó Castle.

- Aparte de que este tío se pasaba casi doce horas trabajando, no, no he encontrado nada. – Negó con la cabeza. - ¿Tú?

- Nada fuera de lo normal. – Aseguró. – Trabajo estable, buenos amigos, mujer, hijos y, aparentemente, ningún enemigo.

En ese momento Beckett y Esposito llegaron a comisaría y fueron a ver a los chicos.

- ¿Alguna novedad? – Preguntó la inspectora cuando entró en la sala seguida de Javier.

- Por ahora nada. – Contestó Ryan dejando sobre la mesa la hoja de papel que tenía en las manos. - ¿Y vosotros?

- Tampoco. – Esposito se sentó en una de las sillas junto al escritor. – Según la gente de su trabajo era un tío normal.

- A diferencia de la otra víctima, se llevaba bien con sus empleados. – Kate tomó asiento al lado de Ryan.

- Pero tiene que haber alguna relación entre los dos. – Castle volvió a echar un vistazo al papeleo. – Aparte de que a los dos los mató la misma persona, claro.

- ¿Habéis revisado sus cuentas? – Quiso saber Beckett.

- Sí, y no hay nada raro, salvo que este tío ganaba al mes lo que yo en todo un año. – Añadió Ryan.

- A lo mejor los mató por eso, porque eran dos hombres que tenían mucho dinero. – Comentó Esposito mirando por encima los papeles que estaban sobre la mesa.

- O quizá es que ambos estaban en el sitio y momento equivocados. – Teorizó Beckett.

- Me gusta más lo del hombre rico. – Habló Castle.

- A ver, pensemos. – Kate se llevó una mano a la frente. – Ericsson estuvo con sus compañeros de trabajo en un bar cerca de Central Park desde las diez y cuarto hasta las doce y media más o menos. Luego, según sus amigos, se fue hacia el sur del parque.

- Y eso es dirección contraria a donde apareció su cadáver. – Completó Ryan la información.

- Exacto, y también al otro lado de donde vive. – Kate jugueteó con un bolígrafo. - ¿Qué pudo hacer hasta la hora de su muerte?

- ¿Quizá ir a por droga? – Castle se encogió de hombros.

- Hasta que Lanie no nos llame no podemos descartarlo. – Volvió a hablar Beckett.

- ¿Y una amante? – Ryan lanzó la pregunta. – Le dijo a su mujer que estaría hasta tarde con sus compañeros y no fue del todo verdad.

- Podemos revisar su listado de llamadas, a lo mejor ahí encontramos algo. – Propuso Esposito.

- Buena idea. – Beckett asintió con la cabeza. – Vosotros dos haced eso y mientras yo reviso de nuevo las declaraciones de ambos asesinatos.

Ambos inspectores asintieron y salieron de la sala, poniendo rumbo a sus respectivas mesas de trabajo.

- ¿Y yo que hago? – Preguntó Castle poniendo cara de pena. Antes de que Kate pudiese contestarle un agente entró en la sala.

- Beckett aquí tienes el informe con las cuentas del señor Johnson. – La policía le tendió unos papeles.

- Gracias Velázquez. – Kate cogió la carpeta con los papeles y comenzó a revisarlos haciendo caso omiso a la pregunta de Castle.

- ¿En qué puedo ayudar? – Volvió a preguntar el escritor.

- Espera un momento. – Le hizo un gesto con la mano. – Según esto el día de su muerte se fue a cenar con alguien al Bar Stuzzichini, en Broadway. – Frunció el ceño mientras leía.

- ¡Me encanta ese sitio! – Comentó el escritor emocionado. – Tienen unos linguini con salsa de almejas impresionantes.

- Ya… - Le miró de reojo. – Quizá fuese a cenar con la posible novia que mencionó su ex mujer. – Kate se quedó pensando.

- Y además, según esto, también pagó con tarjeta un taxi. – Castle cogió el antebrazo de Kate para poder mirar la hoja de papel. – Hacia las nueve menos cuarto.

- Es posible que esta persona haya sido la última en ver con vida a la víctima. – Comentó Beckett.

- Habrá que hacer una visita a dicho restaurante. – Ambos se levantaron de las sillas y salieron de la sala.

La pareja se acercó a las mesas de los dos detectives.

- Chicos tenemos una pista sobre el primer asesinato.

- ¿De qué se trata? – Preguntó Ryan en voz bajo y tapando el auricular del teléfono.

- La víctima cenó con alguien el día que lo mataron. – Habló Castle. – Podría ser la mujer misteriosa.

- ¿Podríais comprobar con la compañía de taxis la dirección de este servicio? – Kate les dejó sobre la mesa la hoja de papel con las referencias.

- Cuando terminemos con el listado telefónico del señor Ericsson nos ponemos a ello. – Comentó Esposito mientras Ryan hablaba por teléfono.

- Muy bien. – Kate sonrió. – Nosotros nos vamos ya. Luego os llamo si averiguamos algo. – Ambos inspectores asintieron con la cabeza. La pareja se fue al ascensor.

Más o menos media hora después, Castle y Beckett llegaron al famoso Bar Stuzzichini. Aparcaron el coche y se metieron en el restaurante.

- Algún día deberíamos venir aquí. – Le dijo Castle al oído. – Tienes que probar esa pasta, es simplemente fabulosa.

- ¿Recuerdas que seguimos enfadados? – Le miró de reojo mientras siguió andando.

- Lo sé, pero no digo ahora sino en algún momento de nuestras vidas. – Contestó mientras caminaba a su lado.

- Si me dices el problema que tienes con mi padre podemos venir cuando quieras. – Dijo entre dientes mientras se acercaban al maître.

- ¿Vamos a volver a ese tema? – Castle resopló.

- Ahora no, pero descuida que volveremos a él. – Dejó claro Kate.

- ¿Tenían una reserva? – Preguntó el maître.

- Soy la Inspectora Beckett de la Policía de Nueva York y este es el señor Castle. – Kate mostró su placa.- Queríamos hacerle unas preguntas.

- Sí, sí, por supuesto. – El hombre asintió. - ¿Qué es lo que ocurre?

- ¿Reconoce a este hombre? – La detective sacó de su carpeta una fotografía del señor Johnson, el cual estaba sobre la mesa metálica del laboratorio.

- ¡Oh dios mío! – Se llevó una mano a la boca. - ¡No es posible! ¿Qué le ha ocurrido?

- Le han asesinado. – Preguntó el escritor. - ¿Entonces sabe quién es?

- Desde luego. – Asintió con la cabeza. – Es el señor Johnson, es… era un cliente habitual.

- Nos consta que el día que lo mataron estuvo aquí cenando con alguien. – Kate sacó un bolígrafo. – Fue el martes por la noche.

- Sí, lo recuerdo. – Asintió con la cabeza. – Vino con una mujer.

- ¿Y sabe de quién se trataba? – Castle frunció el ceño con interés.

- No, lo siento. – Dijo el hombre. – No sé quién era. No oí en ningún momento el nombre.

- ¿Y podría describirla? – Quiso saber Kate.

- Pues… - El maître se quedó pensando. – Era blanca, alta, rubia, delgada… Muy guapa. Y creo que era bastante más joven que él.

- ¿Más o menos qué edad cree que tenía la mujer? – Preguntó la inspectora.

- Pues no lo sé. – Se quedó pensando. – Quizá unos veinticinco o treinta. No estoy seguro.

- ¿Sabe si se fueron juntos? – Habló Castle mientras Kate tomaba algunas anotaciones.

- Así es. – Volvió a asentir. – Yo mismo les pedí un taxi y les vi abandonar juntos el restaurante.

- Muy bien, muchas gracias. – Kate le dio la mano. – Si se acuerda de algo más llámeme. – Le dio una tarjeta con su teléfono.

- Desde luego. – El maître miró la tarjeta.

La pareja salió del restaurante y se dirigió al coche.

- No ha servido de mucha ayuda la descripción. – Castle abrió la puerta del copiloto del vehículo y se sentó en el asiento. – Ha descrito a la mitad de la población de Nueva York…

- Al menos sabemos que estuvo aquí con una mujer. – Kate metió la llave en el contacto y encendió el motor. – Y puede que fuese la última en verle con vida.

- Nuestra asesina. – Miró a Kate mientras conducía. - ¿Lo ves? Una mujer.

- No te adelantes Castle. – Le aconsejó la inspectora. – Tenemos que llamar a los chicos, quizá hayan tenido suerte y tengan la dirección donde les dejó el taxi. Puede que sea un bloque de viviendas.

- Pero aun así será difícil saber cuál es el apartamento de la mujer. – Dijo él evidente. – Y más si no sabemos quién es ella.

- Habrá que ir puerta por puerta. – Ella se encogió de hombros. – Y es posible que alguien reconozca a la mujer o a la víctima. –

Beckett sacó su móvil del bolsillo de su abrigo. Llamó a Esposito, puso el manos libres y le dio el teléfono a Castle para que lo sujetase.

- Esposito. – Contestó el inspector al otro lado del teléfono.

- ¿Habéis hablado con la compañía de taxis? – Cogió a Castle del antebrazo y lo acercó más a ella para poder oír mejor al detective mientras conducía.

- Sí, y nos han dado una dirección. – Esposito leyó la hoja que tenía entre las manos. – Es el número 146 de la 40th Este, al lado de la Avenida Lexinton. ¿Vosotros habéis descubierto algo?

- Fue a cenar con una mujer. – Castle se acercó el teléfono a los labios para que pudiese oírle mejor.

- ¿Tenéis alguna descripción? – Quiso saber Esposito.

- Sí, pero es muy vaga. – Comentó la inspectora. Giró un poco la cabeza hacia el móvil. – Mujer blanca, de unos treinta. Rubia, alta y delgada.

- No es muy específico. – Apuntó Javier.

- Lo que yo le he dicho a Beckett, que así es un alto porcentaje de la población de Nueva York. – El escritor miró de reojo a Kate.

- Y yo te he dicho que interrogaremos a todos los vecinos si hace falta. – Repitió ella. – Espo, os llamaré si tenemos novedades. – Dicho esto colgó el teléfono.

- Espero que al menos no sea un edificio con muchos residentes. – Castle se acomodó en el asiento.

- Yo lo que espero es que lleguemos a comisaría con alguna novedad más. – Contestó ella. En la siguiente calle giró a la derecha, poniendo rumbo a la dirección que Esposito les había indicado.

Al final resultó ser un edificio bastante grande por lo que tardaron más de lo previsto en dar con aquella mujer. Su nombre era Amanda Pierce, de veintisiete años, de profesión abogada. La inspectora decidió hacer la primera toma de contacto en su casa en lugar de en la sala de interrogatorios.

- Entonces, señorita Pierce, ¿cuál era su relación con la víctima? – Beckett sacó su pequeña libreta y un bolígrafo para tomar nota.

- Formo, o más bien formaba parte de su equipo de abogados. – Contestó la mujer. Se cruzó de piernas.

- Pero, además, mantenía una relación sentimental con él, ¿verdad? – Castle se acomodó en el sofá.

- Eh… Bueno, yo lo llamaría más bien relación laboral. – Amanda se puso algo nerviosa.

- Pero se acostaban. – Inquirió Beckett.

- Está bien. Nos acostábamos, sí. – Admitió. – Pero sólo era sexo, nada más.

- Y también le llevaba a cenar a restaurantes caros… - Dejó caer el escritor.

- Sí, ¿y qué? – Amanda se encogió de hombros. – Eso, que yo sepa, no es ningún delito.

- ¿Desde hace cuanto que tenía "ese" tipo de relación? – Kate ignoró el último comentario de ella.

- No lo sé. – Se encogió de hombros. - ¿Dos meses quizá? – Se preguntó en voz alta.

- ¿Y cómo era el señor Johnson con usted? – Castle se echó un poco hacia delante en el sofá.

- Era normal. Conmigo era educado y caballeroso. – Miró a Kate y luego a Castle. – Miren, sé que era un cabrón. He oído cosas y no soy tonta, pero no pensaba convertirme en su segunda mujer. – Dejó claro. – Era sólo diversión, tanto para él como para mí.

- Ha quedado claro. – Contestó Beckett. - ¿Dónde estuvo entre la una y las tres de la mañana?

- Estuve aquí toda la noche después de que él se fuese. – Los miró y luego frunció el ceño.

- ¿Y hay alguien que pueda confirmarlo? – Preguntó Castle.

- No lo sé. Quizá el portero. – Hizo un gesto con la mano. – Un momento, ¿piensan que yo lo maté? – Se señaló con el dedo índice derecho.

- No podemos descartar nada. – Contestó Kate.

- Lo sé, pero no tenía ningún motivo para matarle. – Se defendió.

- ¿Sabe si tenía enemigos? ¿Alguien qué pudiese llegar a matar? – Interrogó el escritor.

- Norman no me contaba sus problemas. Sólo sé que, además de su ex mujer, no se llevaba bien con la gente del trabajo. – Se planchó el vestido con las manos. – Pero no sé si tanto como para que alguien pudiera matarle. – Negó con la cabeza.

- ¿Está segura de que el señor Johnson nunca le mencionó ningún nombre? – Inquirió la inspectora.

- Pues no. – Se quedó pensando. – No lo sé… Espere. – Abrió mucho los ojos. – Sí. Me habló de alguien con quién tuvo una bronca… Como se llamaba… - Amanda se llevó la mano a la boca intentando recordar. – ¡Michael Forbes!

- ¿Y sabe de quién se trata? – Preguntó Castle.

- Eso ya no lo sé. – Negó con la cabeza. – Sólo sé que tuvieron una pelea el lunes por la tarde. No sé nada más.

- Muy bien señorita Pierce, esto es todo de momento, gracias. Hablaremos con su portero a ver si puede confirmarnos lo que no ha dicho. – Beckett se levantó del sofá. – Gracias por su tiempo. – Se estrecharon las manos a modo de despedida.

- De nada. – Contestó. – Si descubren al asesino díganmelo por favor. Tenía aprecio a Norman.

- No se preocupe. – Respondió la inspectora. Acto seguido ambos salieron del apartamento para ir hacia el coche.

P.D: ¡Gracias por leer! Se agradecen mucho los comentarios ;)