Buenas tardes! Aquí vengo con un nuevo capítulo. Espero que os guste.

Ante todo quería daros las gracias por los comentarios. No sabéis lo feliz que me hacen todos y cada unos de ellos. Me alegran el corazoncito jeje

Así que os animo a que comentéis porque, además de que me encanta, así veo si os está gustando el fic o si estoy perdiendo el tiempo con mi vida jejeje

Lo dicho, que disfrutéis leyendo y comentad! =D

Capítulo 5.

Antes de llegar a comisaría Castle y Beckett decidieron que lo mejor sería tomar un tentempié, por lo que se pasaron por una cafetería cercana a la casa de Amanda Pierce. Allí cada uno se tomó un sándwich y después de esto fueron al coche. Se pasaron casi una hora en un atasco que fue provocado por un pequeño accidente entre dos vehículos. Sólo hablaron lo estrictamente necesario, es decir, lo que tuviese que ver con el caso. Por lo demás se pasaron el resto del viaje hablando de cosas banales, aunque ambos sabían que tenían una conversación pendiente.

Cuando por fin llegaron a comisaría, Ryan y Esposito ya habían vuelto de almorzar y estaban en sus mesas revisando el papeleo.

- Hola chicos, ¿tenemos alguna novedad? – Castle y Beckett se acercaron a la mesa de Ryan.

- Hemos revisado el listado de llamadas de la segunda víctima y, aparte de las llamadas de trabajo y a su mujer, no hay nada raro.

- ¿Qué tal vosotros con la mujer misteriosa? – Esposito colgó el teléfono.

- Se llama Amanda Pierce y formaba parte del grupo de abogados que llevaba el caso del señor Johnson contra su mujer. – Comentó el escritor. Apoyó las palmas de las manos sobre el escritorio de Ryan.

- ¿Tiene coartada? – Preguntó Ryan. Se echó hacia atrás en su silla.

- Sí. – Beckett asintió con la cabeza. – El portero nos ha confirmado que vio a la víctima salir del edificio a las once y cuarto, más o menos, y que ella no se movió del apartamento hasta la mañana siguiente.

- Entonces nada nuevo, ¿no? – Esposito dio pequeños golpes con el bolígrafo sobre la mesa.

- No tan rápido. – Contestó Kate sachando del bolsillo una hoja de papel doblada cuidadosamente. – Nos ha dado un nombre, Michael Forbes. Al parecer el señor Johnson y él discutieron un día antes de que apareciese muerto.

- Eso podría explicar el móvil para el primer asesinato, no para el segundo. – Comentó Ryan.

- Puede que estén relacionados. – Dejó caer Castle.

- Eso es lo que tenemos que descubrir. – Respondió la inspectora. Echó un vistazo a la pizarra y luego a los chicos. Iba a seguir hablando pero le llegó un mensaje al móvil. – Es Lanie. – Leyó el mensaje. – Chicos tenemos que ir al laboratorio. Investigad todo lo que podáis sobre Michael Forbes. En un rato volvemos.

Castle y Kate fueron hacia el ascensor. De nuevo a coger el coche para ir a ver si Lanie tenía alguna novedad más que diese un empujón al caso.

- He pensado que después podríamos ir a cenar fuera antes de ir a casa. – Comentó el escritor mientras esperaba a que se abriese la puerta del ascensor. - ¿Qué te parece?

- Verás, es que había en pensado dormir esta noche en mi apartamento. – Las puertas se abrieron y comenzaron a caminar por los largos pasillos. Es algo que la inspectora llevaba pensando todo el día.

- Bueno, pues hoy nos quedamos allí si lo prefieres. – Castle se encogió de hombros.

- Preferiría estar sola. – Dijo con sinceridad ante la mirada estupefacta del escritor.

- ¿Es por lo que pasó ayer? ¿Estás tan enfadada como para que no quieras que durmamos juntos? – Dijo con un hilo de voz.

- No es que no quiera dormir contigo. – Le puso una mano en el brazo y le acarició con cariño. – Claro que no. – Dejó claro. – Es sólo que me apetece estar sola, hacer algunas cosas de la casa, leer y dormir un poco más, que contigo es imposible dormir de un tirón. – Le sonrió de medio lado.

- Pero no es por mí, ¿no? – Castle preguntó preocupado.

- Claro que no Rick. – Le sonrió ampliamente mientras abrían las puertas del laboratorio.

Entraron a la morgue y Lanie estaba esperándoles de brazos cruzados.

- ¿Rick? – La forense alzó una ceja. - ¿Desde cuándo le llamas Rick?

- Sólo cuando me enfado. – Contestó rápidamente Kate ante la atenta mirada de la médico y el escritor.

- ¿Y por qué estáis enfadados si puede saberse? – Lanie sonrió con picardía.

- No, no puede saberse. – Respondió ella. - ¿Qué tienes? – Cambió de tema.

- Que sepas que al final te saldrá una úlcera. – Advirtió la forense. – Acabo de recibir el informe toxicológico y he encontrado la misma droga que en la primera víctima.

- ¿Fluni no sequé? – Respondió Castle.

- Flunitrazepam, exacto. – Lanie asintió. – Además de alcohol. Así que cuando le mataron no estaba consciente.

- ¿Y has encontrado algo más? – Kate se cruzó de brazos mientras observaba el cadáver del señor Ericsson, que estaba sobre la mesa metálica de la morgue.

- A decir verdad sí. – Asintió Lanie. - ¿Veis esta pequeña herida en el lado izquierdo del cuello? – Señaló el arañazo. – Fue causado perimortem.

- Parece un rasguño sin más. – Apuntó el escritor. – Un pequeño corte.

- Lo sé, pero al examinarlo bien he encontrado fragmentos microscópicos de metal. – Lanie se apoyó en la mesa que tenía detrás. – He enviado los restos al FBI a ver si ellos pueden decirme de qué material se trata.

- Así que puede ser que el asesino haya dejado una prueba en el cadáver. – Kate se llevó una mano a la boca mientras pensaba. - ¿Y también has encontrado las fibras de moqueta?

- Las mismas fibras. – Lanie le tendió una bolsa de pruebas con las hebras en el interior. – He podido averiguar que pertenecen a las alfombrillas que tienen los coches.

- Entonces, ¿podemos saber la marca y el modelo el vehículo? – Preguntó Castle con una sonrisa en la boca.

- No tan rápido. – Le paró Lanie. – No son las propias de los coches sino que se compran aparte.

- Así que ocurre como con los sujetadores. Se han podido vender miles… - Contestó Kate algo desilusionada.

- Pero podemos deducir que a las dos víctimas las transportaron en coche. – Comentó Castle. – Posiblemente en el del asesino.

- Sí pero eso no reduce la búsqueda. – Dijo Kate evidente. – Hay millones de coches sólo en Nueva York.

- Bueno, al menos es una pequeña pista. – Castle se encogió de hombros. Ambos miraron a Lanie por si tenía algo que aportar.

- A mí no me miréis. – Levantó las manos. – Lo mío son los cadáveres, no pensar como un asesino.

- Lanie, cuando tengas los resultados del metal llámame. – Sonrió a su amiga.

Castle y ella se fueron hacia la salida del laboratorio. Una vez cruzaron las puertas metálicas se dirigieron al ascensor.

- Tienes razón. – Dijo la inspectora. – Es posible que las víctimas fuesen transportadas en el vehículo del asesino. Quizá deberíamos investigar en cuantas tiendas se vendieron esas alfombrillas.

- Kate… - Castle iba a hablar pero ella le interrumpió.

- Lo sé, lo sé, es posible que sea un callejón sin salida y que haya miles o incluso millones pero al menos es un rastro.

- No iba a decir eso. – Habló el escritor. - ¿Estás bien? – Dijo preocupado.

- Sí. Claro. – Ella asintió. – Estoy bien. ¿Por qué? – Preguntó con curiosidad.

- ¿Estás triste? – Volvió a insistir Castle.

- ¿Triste? – Ella frunció el ceño, sorprendida. – No, claro que no. – Negó con la cabeza. - ¿Por qué lo dices?

- No lo sé, por eso te lo pregunto. – Castle se encogió de hombros. Las puertas se abrieron y ellos se subieron al ascensor.

- Pues no, no lo estoy. – Se giró para mirarle. - ¿Por qué iba a estarlo?

- Te noto rara. – Se metió las manos en los bolsillos.

- Estoy como siempre Castle. – Le sonrió. No entendía nada. – De verdad.

- Pero, si te pasase algo, me lo contarías, ¿verdad? – Cogió a Kate de las manos.

- Claro que sí Rick. – Volvió a sonreírle y le acarició las manos con sus pulgares. – No tienes que preocuparte.

- ¿Palabra de inspectora? – Insistió de nuevo.

- Espera. – Entrecerró los ojos de forma pensativa. - ¿Esto es por lo de que hoy quería dormir en mi apartamento?

- ¿Seguro que no te pasa nada? – Castle seguía inquieto.

- Rick mírame. – Le cogió la cara con ambas manos. – Estoy bien, no me ocurre nada y mucho menos contigo. Te quiero y si tuviese algún problema te lo diría. – Le dejó claro.

- Me dejas mucho más tranquilo. – Admitió el escritor. Puso sus manos sobre las de ella. En ese momento las puertas se abrieron y ambos se separaron rápidamente para no ser vistos en actitud cariñosa.

- Pero esto no significa que no tengamos aún una conversación pendiente. – Dijo la inspectora mientras salía del ascensor.

- Claro… Esa conversación… - Dijo entre dientes siguiendo a la detective hacia la salida. - ¿No podemos tenerla ahora?

- ¿Has pensado ya la razón por la que nuestros padres no pueden estar juntos? – Usó la llave para abrir el coche.

- Eh… No, aún no, estoy en ello. – Levantó un dedo. – Pero la encontraré.

- Pues ya sabes. – Kate se sentó en el asiento del piloto. – Hasta que no lo sepas no podremos mantener esa conversación. – Se puso el cinturón. – Y desde luego no la tendremos en el coche.

Después de salir del laboratorio, Castle y Beckett se digirieron en coche a la comisaría. Esposito les había llamado para decirles que habían dado con Michael Forbes y que estaban llevándolo hacia allí. Kate le explicó las novedades que Lanie les había dado y que posiblemente tuviesen una pequeña pista sobre el asesino.

Unos veinte minutos después de haber colgado con Esposito, la pareja llegó a la comisaría. Nada más salir del ascensor, se dirigieron hacia la sala de interrogatorios, donde el sospechoso les estaba esperando.

- Buenas tardes señor Forbes. – Dejó que Castle entrase en la sala y luego cerró la puerta. - ¿Sabe por qué está aquí? – Soltó el informe sobre la mesa y se sentó frente al sospechoso.

- Me han dicho que es por Norman Johnson. – Respondió Michael. Entrelazó sus dedos encima de la mesa.

- Así es. – Habló Castle. - ¿De qué conocía al señor Johnson?

- Era el dueño de una inmobiliaria, ¿qué tratos creen que teníamos? – Alzó las cejas con ironía.

- No lo sé, díganoslo usted. – Kate se encogió de hombros. – Por eso le estamos preguntando.

- Iba a comprarle una casa en las afueras de la ciudad. – Gruño entre dientes.

- ¿Iba? ¿Al final no cerraron el trato? – Castle se cruzó de brazos y miró al sospechoso.

- ¡Ese cabrón me estafó! – Michael se alteró.

- Tranquilícese señor Forbes. – Kate levantó las manos en un gesto apaciguador. - ¿Qué es lo que ocurrió exactamente?

- Quedamos en vernos hace dos semanas, el sábado por la mañana concretamente. – Michael comenzó a mover la pierna. – Ese día yo le entregaría el dinero de la entrada y firmaría las escrituras de la compra de la casa.

- ¿Y qué pasó? – Preguntó Castle con curiosidad.

- Salió todo como esperaba. Firmamos el contrato, le di el dinero y eso fue todo.

- Pero, ¿y lo de la estafa? – Kate alzó las cejas desconfiada.

- Cuando estaba a las afueras de mi nueva casa con el camión de la mudanza lo descubrí todo. – Miró primero al escritor y luego a la inspectora. – Me había vendido una casa que ya tenía propietarios. Había sido todo una treta para quedarse con todos mis ahorros. – Golpeó la mesa con el puño. – El contrato era falso, todo era mentira y yo no tenía ninguna manera de probarlo.

- Por eso fue hace dos días a su despacho y discutieron. – Beckett ató cabos.

- Fue a decirle que era un hijo de perra y que quería que me devolviese mi dinero. – Gruñó. – Pero el muy cabrón me dijo que no sabía de que le estaba hablando.

- ¿Le amenazó? – Preguntó Richard. Michael se le quedó mirando.

- Responda a la pregunta señor Forbes. – Dijo Kate con dureza. - ¿Lo hizo?

- No lo sé, no me acuerdo. – Michael negó con la cabeza.

- Pues según la secretaria del señor Johnson le dijo, palabras textuales, "pienso estrangularle con mis propias manos como no me de lo que me ha robado" – Leyó Beckett. Dejó dicho papel sobre la mesa para que el señor Forbes lo leyese.

- Una expresión poco acertada teniendo en cuenta cómo murió la víctima. – Castle sonrió con suficiencia. Juntó sus manos sobre la mesa.

- ¿Está insinuando que yo le maté? – Michael elevó la voz bastante enfadado por la insinuación.

- ¿Dónde estuvo usted el lunes entre la una y las tres de la mañana, señor Forbes? – Beckett ignoró la pregunta del sospechoso. Apoyó el codo sobre la mesa y se inclinó hacia él.

- Estuve en casa. – Se cruzó de brazos y se apoyó en el respaldo. – Durmiendo.

- ¿Y hay alguien que pueda corroborarlo? – Interrogó el escritor.

- No, vivo solo. – Aseguró el señor Forbes. – Bueno, a no ser que quieran hablar con mi perro… - Dijo con ironía.

- Señor Forbes esto es algo muy serio así que déjese de bromas. – Espetó la inspectora.

En ese momento alguien golpeó el cristal de la sala de observación con la de interrogatorios.

- Castle quédate aquí. – Kate se levantó de su asiento y fue hacia la puerta. Esposito y Ryan estaban esperando en la sala de observación. - ¿Qué tenéis chicos?

- Podemos relacionarle con la segunda víctima. – Aseguró Ryan.

- Al parecer estuvo trabajando en la misma empresa. – Esposito leyó un informe. – Carl Ericsson era su jefe.

- ¿Estuvo? – Preguntó la inspectora.

- Le despidieron hace un mes. – Completó Ryan la información. – Según sus antiguos compañeros fue un despido improcedente. Tenían que indemnizarle.

- ¿Un mes y le mata ahora? – Kate frunció el ceño pensativa. – No tiene mucho sentido…

- Sí que lo tiene. – Aseguró Esposito. – Carl Ericsson, protegiendo los intereses de la empresa, consiguió que no tuviesen que pagarle ésa prestación.

- Y hemos revisado las cuentas del señor Forbes y estaba arruinado. – Ryan sonrió de medio lado. – Necesitaba el dinero de la indemnización.

- Así que tiene un móvil para ambos asesinatos. – Kate asintió y miró a través del cristal. – Está bien, voy a seguir interrogándole, a ver si tiene coartada para el día de la muerte del señor Ericsson. Gracias chicos. – Cruzó el umbral de la puerta.

Kate salió de la sala de observación y volvió al interrogatorio. Se sentó en su silla, observó al sospechoso y abrió la carpeta, sacando de ella una fotografía que dejó sobre la mesa.

- Señor Forbes, ¿conoce a este hombre? – Le enseñó la fotografía.

- ¿Qué tiene que ver esto? – Preguntó Michael sin entender nada.

- ¿Le conoce o no? – Volvió a repetir ante la mirada de Castle.

- Sí, le conozco. – Admitió el sospechoso.

- ¿Puede decirme quién es y de qué le conocía? – Kate apoyó los antebrazos sobre el frío metal de la mesa.

- Es Carl Ericsson. – Miró de nuevo la fotografía. – Era mi jefe. ¿También le han matado?

- Así es. – Beckett asintió con la cabeza. – Le mataron de la misma forma que a Norman Johnson.

- ¿Y qué tengo que ver en todo esto? – Contestó Michael mosqueado.

- ¿Dónde estuvo el martes entre las dos y media y las cuatro de la mañana? – Dijo Kate con voz serena pero seria.

- ¿Es que también quiere cargarme este muerto? – Respondió el señor Forbes enfadado.

- Conteste a la pregunta. – Habló por primera vez Castle.

- Estaba durmiendo. – Repitió. – A diferencia de estos dos yo me dedico a dormir por las noches.

- Y, supongo, que no habrá nadie que pueda corroborar esa información, ¿no? – Kate se apoyó en el respaldo.

- Ya le he dicho que vivo solo. – Aseguró Michael.

- ¿Tiene coche señor Forbes? – Quiso saber Castle.

- Sí, claro que sí. – Contestó entre dientes.

- ¿Y cómo son las alfombrillas del vehículo? – Preguntó el escritor.

- ¿Está de broma? – Respondió irritado. - ¿A qué viene esto?

- Conteste a la pregunta por favor. – Dijo Beckett.

- Yo que sé, son normales. – Michael se encogió de hombros.

- ¿Las compró o son las que venían con el coche? – Volvió a hablar Castle. Se acercó a la mesa.

- Las compre, las compre. – Contestó el señor Forbes. - ¿Qué tiene que ver todo esto?

- Tuvo motivo y oportunidad para matarlos a los dos. – Kate ignoró la pregunta. Cogió la fotografía y los papeles que estaban sobre la mesa y los guardó en la carpeta.

- Espere, ¿está deteniéndome? – Se señaló el pecho con un dedo, incrédulo. - ¿Eso está insinuando?

- Tiene un móvil para ambos asesinatos y no tiene una coartada. – Beckett se levantó de la silla y Castle le imitó.

- ¡Yo no he matado a nadie! – Gritó el señor Forbes. A la sala de interrogatorios entraron dos hombres uniformados que esposaron al sospechoso. - ¡Quiero un abogado!

Los dos policías se llevaron a Michael Forbes a los calabozos de la comisaría. Aun tenían que encontrar pruebas más sólidas, como por ejemplo comparar las fibras de moqueta encontradas en las víctimas con las del coche del detenido. Castle y Beckett se unieron a Ryan y Esposito en las mesas de estos dos últimos.

- Tenemos que pedir una orden de registro para la casa y el vehículo del señor Forbes. – Señaló Esposito. Se apoyó en su mesa y echó un vistazo a la pizarra del caso.

- Ahora mismo llamo al juez Markway – Asintió. - ¿Volvisteis a hablar con la mujer de la segunda víctima? – Kate se cruzó de brazos.

- Sí, le preguntamos si conocía a Michael Forbes y nos dijo que no. – Contestó Ryan. – Pero sí nos comentó que creía que su marido había estado recibiendo amenazas por teléfono. Al parecer le llamaban a altas horas de la madrugada.

- ¿Y lo habéis comprobado? – Preguntó la detective.

- Así es, y todas esas llamadas procedían del número del sospechoso. – Esposito fue a sentarse a su silla.

- Ya tenemos algo más que apunta hacia él. – Comentó el escritor.

- Chicos en cuanto terminéis lo que estéis haciendo podéis iros a casa. – Dijo la inspectora. – Mañana seguimos.

Kate se fue a su mesa dispuesta a llamar por teléfono y terminar aquel día. Castle la siguió y se sentó en su silla, al lado del escritorio de ella.

- Inspectora Beckett, con el juez Markway por favor. – Kate tapó el auricular del teléfono un momento. – Castle si quieres puedes irte a casa. No hay mucho más que hacer aquí.

- No me importa quedarme. – Se encogió de hombros y sonrió de medio lado.

- Como quieras pero lo que me queda hoy sólo es papeleo. – Respondió a la voz del otro lado de la línea. - Sí, estoy aquí. Necesito una orden de registro para el vehículo y la casa de Michael Forbes. Sí, espero. – Volvió a tapar el auricular.

- ¿Quieres echarme ya? – Castle alzó las cejas.

- Claro que no. – Aseguró. – Quédate si quieres. Ah, por cierto, se me había olvidado decirte que tu madre te está esperando en casa para que habléis. – Recordó.

- ¿Cuándo has hablado con ella? ¿Y por qué no me ha llamado a mí? – Dijo él sorprendido.

- Antes, cuando tú estabas en el baño. – Siguió tapando el auricular con la mano. – Y me ha llamado a mí porque dice que tenías el teléfono desconectado.

- ¿Desconectado? – Richard sacó su móvil y, efectivamente, estaba sin batería. - ¿Cómo puede ser? ¡Pero si sólo he jugado un ratito al Angry Birds! Qué poco dura la batería… – Se quejó.

- Castle, ¿me has escuchado? – Kate alzó una ceja mientras seguía con la oreja ocupada por el teléfono.

- Sí, sí, que mi madre me espera en el loft. – Asintió mientras intentaba revivir su móvil.

- Pues quizá deberías ir ya a hablar con ella, que seguro que está nerviosa. – Le miró de reojo.

- Ya no sabes cómo deshacerte de mí hoy, ¿eh? – Bromeó.

- Vale Castle. – Se pellizcó el puente de la nariz con la mano libre y cerró los ojos. – Haz lo que quieras. Pero si al final te quedas aquí podrías ayudarme por una vez con el papeleo… - Y casi sin dejar que acabase la frase, Castle se levantó como resorte.

- Qué tarde… - Miró el reloj. – Será mejor que me vaya.

- Son las palabras mágicas. – Beckett se echó a reír. – Mañana te veo. – Le sonrió.

- Siempre. – Respondió él antes de dirigirse al ascensor.

Kate se quedó con una sonrisa tonta en los labios. Negó con la cabeza y volvió a lo suyo.

P.D: ¡Gracias por leer! Se agradecen mucho los comentarios ;)