¡Buenas noches! Aquí vengo, como cada semana, con un nuevo capítulo.
Tengo que hacer una mención especial a todos y cada uno de vosotros que os molestáis en dejar vuestros comentarios acerca del fic. ¡Millones de gracias! Sin vosotros este fic dejaría de existir.

Espero que este capítulo os guste igual o más que los anteriores. He tenido en cuenta vuestros deseos de escenas Caskett, espero no defraudaros jeje

Capítulo 7.

La luz del día se fue filtrando a través de la ventana. Los rayos del sol fueron descubriendo lo que en aquella habitación había ocurrido la noche anterior. Se podían diferenciar las distintas prendas de ropa desperdigadas por todo el suelo.

Sobre la cama yacían dos cuerpos que únicamente estaban tapados por aquellas sábanas oscuras. La cabeza y el brazo derecho de Kate reposaban sobre el desnudo pecho de Castle. Los musculosos brazos de él abrazaban el cuerpo de ella.

Beckett movió ligeramente la cabeza. Respiró hondo y aspiró el aroma que emanaba del escritor. Fue abriendo poco a poco los ojos. Sonrió al ver como Rick seguía dormido. Se abrazó más a él y pegó su nariz a su cuello para luego darle un ligero beso.

Al notar aquellos labios sobre la piel de su garganta, Castle se removió un poco pero no llegó a despertarse. Ella volvió a sonreír. Con su mano derecha empezó a dibujar círculos imaginarios sobre el pecho de él. Nada. Richard ni se inmutó. Kate se apoyó sobre su brazo izquierdo, incorporándose un poco. Comenzó a acariciarle el pelo a la vez que besaba su mejilla.

- Rick… - Le susurró mientras seguía alborotándole el pelo.

Nada. Seguía sin despertarse. Acarició su nariz con la suya y luego le dio un beso en la punta. Le sopló ligeramente pero lo único que provocó fue que Castle se diese un manotazo en la cara. Kate se rió en bajito y negó con la cabeza. Ella se pegó un poco más a su cuerpo y comenzó a darle pequeños besos. En la frente, la mejilla derecha, la nariz, la mejilla izquierda, la barbilla y finalmente, en los labios. Castle se removió, masculló algo y, poco a poco, fue abriendo los ojos.

- Hey… - Dijo con voz adormilada.

- Buenos días bella durmiente. – Bromeó ella.

- Hoy te has levantado mimosa, ¿eh? – Sonrió. - ¿Qué hora es? – Se pasó la mano por la cara.

- Es hora de levantarse. – Ella iba a incorporarse pero Castle la detuvo y la acercó a él.

- Un ratito más. – Dijo con voz melosa. Metió la nariz en el cuello de ella.

- Al final vamos a llegar tarde. – Le acarició el pelo y él apoyó la cabeza en el pecho de Kate.

- Hemos pillado al asesino. – Se encogió de hombros. – Creo que pueden esperarnos un poquito.

- Aún no hemos confirmado que haya sido él. – Le recordó Beckett.

- Tenemos que recuperar el tiempo que nos hizo perder a noche Lanie. – Aludió Castle. – Que, por cierto, menos mal que te dije que te dieras prisa. – Dejó caer.

- Lo sé, pero tampoco podía echarla. Hubiese sido demasiado sospechoso. – Se quedó pensando. – Aunque creo que sabía que había alguien aquí y todo gracias a ti. – Levantó un poco la cabeza para poder mirarle. - ¿Se puede saber qué es lo que estabas haciendo que hizo tanto ruido?

- ¿Yo? – Se señaló con el dedo. – Nada…. – Dijo de forma poco convincente.

- Castle. – Le regañó ella.

- Bueno… Me aburría y puede que cotillease un poco. – Admitió. – Que por cierto, ¿por qué tienes todos mis libros escondidos en un armario bajo llave? – Preguntó con curiosidad.

- ¿Has estado fisgoneando entre mis cosas? – Dijo sorprendida y algo molesta.

- No has contestado a mi pregunta. – Él siguió con lo suyo. - ¿Por qué los tenías escondidos? ¿No querías que los viese?

- No quería alimentar tu ego. – Respondió ella.

- ¿Por qué? Ya sabía que eras una fan. – Le restó importancia. – Aunque desconocía que lo fueses tanto. Todos están firmados.

- ¿También los has abierto? – Kate se moría de vergüenza.

- Sí. Y he de decir en mí contra que no entiendo cómo pude ponerte semejantes dedicatorias tan sosas. – Negó con la cabeza.

- Bueno, en tú defensa diré que ahora salgo en los agradecimientos. – Sonrió y le dio un tierno beso en los labios.

- Sí pero son tan impersonales… - Se quedó pensando. – Gente haciendo colas de horas sólo para verme y yo soy tan poco original con sus dedicatorias.

- Rick es imposible que conozcas a todas esas personas. – Intentó animarle. – Es normal que las dedicatorias sean así.

- Tienes razón. – Asintió con la cabeza. – Y, por cierto, ¿cuándo empezaste a ser una fan? – Curioseó.

- Eh, pues… - Apretó los labios, pensativa. – El primer libro me lo regaló mi madre por navidad. Le gustaba mucho ese género.

- ¿En serio? – Dijo sorprendido. - ¿Y fue en ese momento cuando te convertiste en una super fan? – Bromeó.

- No. – Negó con la cabeza. – De hecho ni siquiera lo leí. – Se sonrió. – Hasta tiempo después.

- ¿Me dejaste tirado en una estantería? – Se llevó una mano al pecho, dramáticamente.

- Así es. – Kate asintió. – Pero… - Iba a hablar pero se calló un instante. – Rick, voy a contarte algo que sólo lo saben dos personas. – Dijo seria.

- Tranquila, soy yo. – Ella alzó una ceja. – En serio, no me voy a burlar. Si es importante para ti también lo es para mí. – Le aseguró. – Soy todo oídos.

- Empecé a leer tus libros después… después de la muerte de mi madre. – Bajó la cabeza al recordar aquellos momentos. Suspiró. – Me ayudaron a superarlo. Inconscientemente pensaba que, leyéndolos, era cómo si ella estuviera conmigo.

- Vaya. – Se quedó sin palabras ante esa confesión. – No podía imaginarme eso. – Dijo con los ojos muy abiertos.

- Aún sin conocernos, me ayudaste. – Le acarició el pelo. – Al igual que ahora.

- Creo que es lo más bonito que me han dicho nunca. – Levantó la cabeza para mirar a Kate. – Gracias.

- ¿Por qué? – Preguntó algo confundida.

- Por habérmelo contado. – Le dio un beso en los labios. – La cebolla Beckett va teniendo menos capas.

- Pero aún así sigue teniendo. – Sonrió.

- Será divertido ir descubriendo más cosas sobre ti. – Aseguró Castle.

Ya eran casi las diez de la mañana cuando la pareja llegó a comisaría. Se habían entretenido más de lo que debían. Las puertas del ascensor se abrieron dejando paso a Castle y Beckett. Los chicos dejaron lo que estaban haciendo y levantaron la vista. Ambos se miraron y sonrieron con complicidad.

- ¿Ahora venís juntos? – Preguntó Ryan con algo de mofa en su tono de voz.

- Nos hemos encontrado en el ascensor. – Respondió Kate rápidamente. - ¿Algo nuevo?

- ¿Y los dos llegáis tarde? – Esposito señaló a uno y luego al otro.

- Sí… Es algo sospechoso… - Ryan les miró con el ceño fruncido.

- Muy sospechoso. – Javier sonrió.

- Chicos. – Kate chasqueó los dedos para llamar la atención de los chicos. – El caso. – Recordó. - ¿Alguna novedad?

- Todavía estamos esperando la orden de registro. – Ryan se echó hacia atrás en su silla.

- ¿Y el sospechoso? – Castle se apoyó en la mesa de Kevin.

- Sigue en el calabozo. – Esposito comenzó a jugar con un bolígrafo. – Ahora estaba hablando con su abogado.

- ¿Y no tenéis nada más que hacer? – Kate se cruzó de brazos.

- No. – Ryan frunció los labios y negó con la cabeza.

- La verdad es que no. – Esposito continuó con su juego.

- Pues ahora sí. – Ambos detectives pusieron cara de fastidio. - Presionad para que nos den ya esa orden de registro.

- Ahora mismo. – Respondió Ryan.

Castle y Beckett fueron hacia el escritorio de ella.

- ¿Y nosotros qué hacemos? – Richard se sentó en su silla de siempre.

- Sólo nos queda esperar. – Kate se encogió de hombros. – No podemos hacer nada si de momento no tenemos ningún hilo del que tirar.

- Pues a mí se me ocurren varias cosas que podríamos hacer. – Movió las cejas repetidamente, con cara de pillo y le acarició, sutilmente, la mano.

- ¡Castle! – Le regañó en bajito. – Contrólate que estamos en comisaría y podrían oírte.

- ¿No has pensado que quizá es hora de contárselo a los chicos?

- Claro que lo he pensado. – Comenzó a revisar el papeleo que estaba sobre su mesa. – Lo que pasa es que hemos esperado demasiado y ahora no sé cómo podemos decírselo.

- Eso es verdad. – Le dio la razón. Empezó a jugar con los clips del escritorio. – Aunque creo que ellos saben algo… - Ambos miraron a los chicos, los cuales les estaban observando con cara de tontos.

- Si lo supieran nos hubiesen dicho algo. – Dijo ella de forma evidente.

- Sí, bueno… - Juntó los clips uno a uno.

Mientras, al otro lado de la comisaría.

- ¿Crees que saben que lo sabemos? – Preguntó Ryan mientras los observaba desde el otro lado.

- Castle intuye algo. – Esposito tenía el auricular del teléfono en la oreja. - ¿Por qué crees que intenta comprarnos de esa forma?

- A lo mejor deberíamos decirles que lo sabemos. – Se encogió de hombros.

- ¿Y quedarnos sin entradas para los Knicks? – Alzó una ceja. – Ni hablar tío. – Negó con la cabeza. – Al menos esperemos a que acabe la temporada de partidos.

- Sí, tienes razón. – Asintió. – Además no creo que podamos estar muchas veces a pie de pista. – Ryan sonrió. - ¿Lanie ha descubierto algo más?

- Cree que les pilló in fraganti en casa de Beckett. – Colgó el teléfono.

- Sigo sin entender por qué no nos dicen nada. – Ryan les miró de reojo.

- Está claro. No quieren que "Iron Gates" se entere. – Declaró Esposito. – Lo utilizaría de excusa para echar a Castle de la comisaría.

- Cierto. – Asintió con la cabeza. – Pero nosotros podríamos cubrirles.

- Lo sé. A lo mejor no quieren que te vayas de la lengua. – Bromeó.

- ¡Eh! – Ryan frunció el ceño, ofendido. - ¡Yo no iba a contar nada!

- A mí no me mires. – Descolgó el teléfono y volvió a marcar. – Pregúntales cuando nos lo cuenten todo.

- A este paso como no les pillemos no creo que vayan a decir nada.

- Ya se nos ocurrirá algo. – Aseguró Esposito. – Algo divertido. – Sonrió con malicia. Alguien habló al otro lado del auricular. – Sí, con el despacho del juez Markway.

Beckett estaba rellenando unos papeles mientras Castle se puso a dar golpecitos en la mesa con un bolígrafo. Kate le miró de reojo algo molesta por el ruido pero él ni se inmutó. Carraspeó, a ver si así se daba cuenta de lo que estaba haciendo, pero ni por esas.

- ¿Puedes parar ya? – Kate se llevó los dedos al puente de la nariz. – Me estás poniendo nerviosa.

- Es que me aburro. – Puso cara de corderito.

- Pues podrías ayudarme. – Levanto la vista del papeleo y alzó una ceja.

- No me aburro tanto. – Sonrió él ligeramente.

- ¿Por qué no aprovechas y escribes un poco? – Le sugirió. Juntó sus manos sobre el escritorio.

- No tengo mi portátil. – Se encogió de hombros. - ¿Cómo quieres que escriba?

- Pues… No sé… - Hizo como si se pusiera a pensar. - ¿Has oído hablar del papel y lápiz? – Dijo con ironía.

- Nah… - Hizo un ruido con la boca, dando a entender la negación. – Aburrido. Además, no me apetece escribir.

- Pues haz lo que quieras pero que no me moleste. – Bajó de nuevo la vista hacia los papeles.

- ¿Cómo qué? – Cogió de nuevo los clips y siguió entrelazándolos.

- No lo sé. – Se pasó un mechón de pelo detrás de la oreja. – Podrías revisar todas las declaraciones del caso.

- Aburrido. – Volvió a decir.

- Pues vete a casa. – Dijo ella finalmente. Apoyó los codos sobre la mesa y se sujetó la cabeza con ambas manos.

- ¿Irme? – Alzó las cejas. – Ah no. – Negó con la cabeza. – Si hay algo más aburrido que esto es estar en casa haciendo que escribo.

- ¿Es que hoy te has propuesto sacarme de mis casillas y no dejarme trabajar?

- ¿Por qué piensas eso? – Dijo con tono inocente.

- ¿Tal vez porque no me dejas concentrarme en todo el papeleo que tengo que rellenar? – Se le quedó mirando.

- Está bien. Seré una tumba. – Hizo como si se cerrase la boca con una cremallera.

- Gracias. – Sonrió ligeramente y volvió a lo suyo.

Castle estuvo un tiempo callado pero, de nuevo, volvió a la carga.

- Un día podríamos ir a patinar sobre hielo a Central Park.

- Castle. – Suspiró. - ¿En qué habíamos quedado hace un rato?

- Lo siento. – Se disculpó él. – Pero piénsalo. Podría ser divertido.

- ¿Si te digo que sí volverás a callarte? – Kate dejó el bolígrafo sobre la mesa.

- ¡Sí! – Sonrió como un niño pequeño.

- Está bien. – Ella asintió con la cabeza. – Iremos a patinar.

Él sonrió ampliamente y volvió a callarse, aunque de nuevo, el silencio duró poco.

- ¿Has pensado qué vamos a hacer en navidad? – Siguió entrelazando los clips como si nada

- ¿En serio? – Tiró el bolígrafo sobre la mesa. - ¿Tenemos que hablar de esto justo ahora, Castle?

- Queda poco tiempo y habría que ir pensándolo. – Él se encogió de hombros.

- ¿No podemos hablar de esto tranquilamente en tu casa? – Kate respiró hondo. Él iba a hablar pero ella se adelantó. – Sí, sí. Sé que te aburres y estás buscando cualquier cosa para sacar un tema de conversación pero ahora mismo no es buen momento.

- Pero… - Castle iba a protestar pero los chicos se acercaron a ellos.

- Beckett ya tenemos la orden de registro. – Esposito levantó la mano en la que tenía el papel.

- Muy bien. – Se levantó de la silla. – Chicos, vosotros id a registrar el coche, nosotros iremos a la casa. – Cogió el abrigo del respaldo de su silla.

- Esto se pone por fin interesante. – Castle se frotó las manos. Dio un salto y se puso en pie.

Nada más salir del ascensor, cada pareja de detectives se dirigió a su cocho y acordaron llamarse si encontraban, en sus respectivos registros, alguna novedad. Ryan y Esposito se dirigieron a una dirección mientras Castle y Beckett fueron en el sentido contrario. Después de varios minutos al volante, la inspectora y el escritor llegaron a al edificio donde Michael Forbes vivía. Bajaron del coche y entraron en el inmueble. Dentro de la casa ya estaba la policía científica.

- Ante todo parece un tipo ordenado. – Comentó Castle.

- Espero que eso nos sirva para encontrar algo. – Kate se dirigió a uno de los policías. - ¿Habéis descubierto algo?

- De momento no. – Negó el agente. – Estamos buscando algún escondite.

- ¿Ningún sujetador sospechoso? – Preguntó el escritor que apareció detrás de Kate.

- Ni rastro de ropa interior femenina. – Respondió el policía. Les tendió a ambos un par de guantes.

- Bien. – Asintió ella mientras echaba un vistazo por el apartamento. – Vamos a ver si encontramos algo. Gracias.

Kate se fue hacia una mesa que estaba en el salón. Abrió el primer cajón y fisgoneó dentro. Tan sólo había unos papeles con notas, unos cuadernos y unos bolígrafos. Nada que fuese de su interés.

- ¡Eh! – Dijo Castle. Kate se giró para mirarle. - ¡Este tío lee mis libros! – Señaló el libro que tenía en las manos. – Además es un gran fan. ¡Los tiene todos! ¡Y están firmados! – Dijo sorprendido mientras mostraba la estantería.

- Castle, céntrate. – Le miró con desaprobación. – Tenemos sólo unas pocas horas para encontrar pruebas que lo incriminen. – Ella siguió a lo suyo.

- Concretamente, ¿qué estamos buscando? – Continuó mirando por la estantería.

- Principalmente las drogas que usaron para sedar a ambas víctimas y el arma homicida.

- Pues a no ser que sea idiota no creo que vayamos a encontrar nada. – Dijo el escritor que se había ido hacia el baño.

- Por eso estamos aquí. – Kate revisó todos los muebles del salón. – Por si hay algo de lo que no se haya desecho.

Después de un rato revisando la casa, no encontraron nada que pudiese incriminar al sospechoso.

- Lo único que hay por aquí son pelos de perro. – Castle abrió uno de los cajones del armario de la habitación.

- Si fue él se ha cubierto muy bien las espaldas. – Kate revisó las mesillas. – Parece que no hay nada.

- ¡Mira! – Se rió Castle. – ¡Tengo unos calzoncillos iguales! – Se los enseñó a Beckett.

- No sé por qué no me sorprende. – Kate negó con una sonrisa en la boca.

- Me los regaló Alexis por mi cumpleaños. – Se defendió él. – Vio que eran de Angry Birds y se acordó de mí. – Se quedó pensando. - ¡Eh! Podría comprarte a ti un conjunto así para que haga juego con el mío. – Dijo en bajito con una sonrisa infantil.

- Ya… Sigue soñando Castle. – Le miró de reojo.

- No oí que te quejases cuando te regalé ese conjunto negro… - Le miró de soslayo.

- Porque era sexy, no infantil. – Declaró ella. – Como los chicos no encuentren algo en el coche vamos a tener que soltar a nuestro sospechoso. – Dijo Kate con fastidio.

- ¿Y no se le puede retener un poco más? – Castle se giró para mirarle.

- No. – Negó ella con la cabeza. – Se van a cumplir las veinticuatro horas y, si no tenemos nada que no sea circunstancial, tendremos que soltarlo por falta de pruebas.

- Aun sabiendo que podría ser nuestro asesino, ¿no? – Ella asintió con la cabeza a dicha afirmación. – Pues vaya. Esto es más fácil en los libros.

- La realidad supera a la ficción. – Se encogió de hombros y se quitó uno de los guantes. – Tú en tus libros puedes hacer prácticamente lo que quieras. Nosotros tenemos que regirnos por las leyes que, a veces, son injustas para las víctimas. – Se quitó el otro guante. – Volvamos a comisaría.

Los tres detectives y el escritor se encontraron en comisaría. Todos se concentraron alrededor de la pizarra del caso.

- Decidme que habéis encontrado algo. – Dijo Kate casi con un tono de súplica en su voz.

- Además de las alfombrillas y algo de fibras del maletero no hemos encontrado nada sospechoso. – Respondió Ryan.

- Nos dirán algo los del laboratorio en cuanto puedan compararlo con lo que se encontró en ambas escenas del crimen. – Esposito se cruzó de brazos.

- ¿Cuánto queda para que tengamos que soltar al sospechoso? – Preguntó Castle.

- No más de un par de horas. – Contestó Kate sin quitar ojo de la pizarra. – Hay algo que estamos pasando por alto. – Dijo en voz alta.

- ¿Habrá otra relación entre las víctimas? – Esta vez habló Ryan.

- Es posible. – Asintió Kate. - ¿Pero qué tipo de relación que no sabe ninguno de los familiares o amigos de las víctimas?

- ¿Y si fuese algún negocio turbio? – Comentó Castle. Se puso en pie.

- ¿Cómo un tema de drogas? – Esposito frunció el ceño, pensativo.

- Por ejemplo. – Asintió Castle.

- A ver, Castle, expón tu teoría. – Kate estaba interesada.

- Tanto Norman Johnson como Carl Ericcsson eran dos hombres exitosos y muy ambiciosos. – Gesticuló con las manos mientras les explicaba. – Un día se conocen en una reunión de negocios o tal vez en un bar. Empiezan a hablar y ambos se dan cuenta de que podrían hacer mucho más con sus vidas. Podrían generar mucho más dinero del que llegarían a gastar en toda su vida. – Se colocó al lado de la pizarra. – Terminan haciéndose socios pero, suponiendo que fuese un tema de drogas, necesitarían a una tercera persona que se moviese por ese mundo. Casualmente, nuestro empresario, el señor Johnson, conoce a ese tercer hombre. Quizá por algunas de las casas que ha vendido por zonas no muy recomendables de Nueva York. – Todos miraron al escritor expectantes. – Así, los tres hombres crearon un negocio de la nada. Un negocio del que obtuvieron mucho dinero. – Castle se calló durante un momento.

- ¿Y entonces? – Dijo Ryan con mucho interés.

- Entonces el tercer hombre decidió que todo ese dinero no quería compartirlo con dos idiotas que, según él, se estaban enriqueciendo a su costa. – Se sentó en la mesa de Kate. – Tenía todas las "Roofies" que quería porque era una de las sustancias que se dedicaban a vender. Una noche, siguió a Norman Johnson, le invitó a una copa y, en un descuido de la víctima, le metió la droga en la bebida. Cuando la droga empezó a hacer efecto, se lo llevó en su coche, alegando, seguramente, que le iba a llevar a casa. Cuando se quedó inconsciente, le asfixió con el sujetador.

- ¿Y por qué un sujetador? – Dijo Esposito con curiosidad.

- Quizá para que pensásemos que había sido una mujer en un ataque de celos. Un crimen pasional. – Explicó el escritor. – Y con la segunda víctima hizo exactamente lo mismo. – Siguió con la teoría. – Deshaciéndose de los otros dos él se quedaría con todo el negocio.

- Muy bonita la teoría Castle, pero es todo circunstancial. – Kate se cruzó de brazos. – No tenemos ninguna prueba que pueda explicar algo así.

- Pero por eso sois detectives. – Les miró. – Vuestro trabajo es demostrar que mi teoría es cierta. – Sonrió ligeramente. Ella se quedó pensando.

- Un momento, ¿no habías utilizado ya la teoría del tercer hombre? – Kate frunció el ceño.

- Sí. Concretamente hace tres años. – Asintió. – Esto es como con lo de la CIA. Algún día acertaré.

- ¿Reciclas teorías tío? – Esposito se le quedó mirando.

- No me negarás que ha sido buena, ¿eh? – Sonrió y extendió la mano para que chocasen.

- Sería mejor si pudiésemos probarla. – Respondió Javier devolviéndole el choque.

- Hay que meter prisa a los del laboratorio. – Kate cogió el auricular del teléfono de su escritorio y se dispuso a marcar.

Después de una hora de insistencias, por fin el laboratorio les dio los resultados.

- Beckett. – Dijo Javi mientras se acercaba a la mesa de la inspectora. - Tenemos los resultados.

- ¿Y? – Alzó las cejas, expectante. Hizo un gesto con la mano para que continuase.

- Coincide. – Contestó Esposito con una pequeña sonrisa en la boca.

- ¡Le tenemos! – Dijo Castle sonriente.

- No tan rápido. – Kate le cortó. – Esto no prueba que los matase, sólo que ambos estuvieron en su vehículo.

- Eso o que el asesino y el sospechoso compraron las mismas alfombrillas para el coche. – Ryan elevó las cejas. Esa era otra posibilidad.

- Es verdad. – La detective asintió con la cabeza. – Pero al menos podemos retenerlo más tiempo hasta que tengamos algo más.

Justo en ese momento, dos policías se llevaban esposado a Michael Forbes mientras este iba gritando y pataleando.

- ¡Cometen un error! – Intentó zafarse de los policías, sin éxito. - ¡Yo no he matado a nadie!

- Vamos. – Dijo uno de los oficiales que lo llevaba agarrado del brazo.

- ¡Esto es un error! – Volvió a repetir. - ¡No puedo ir a la cárcel!

- Venga, andando. – Dijo el otro policía mientras le metían en el ascensor.

- ¡No! ¡No! ¡Soltadme! ¡Soltadme! – Las puertas se cerraron.

Los detectives y el escritor se quedaron mirando la escena desde el escritorio de Beckett.

- Tenemos dos días, como mucho tres para buscar más pruebas. – Determinó Kate.

- Repasaré de nuevo sus cuentas, por si se nos ha pasado algo. – Comentó Esposito.

- Vale, Castle y yo iremos de nuevo a la casa del sospechoso, a ver si encontramos algo nuevo. – Beckett echó un vistazo rápido a la pizarra.

- Y podríamos volver a hablar con los vecinos. – Dijo el escritor.

- Buena idea. – Asintió la inspectora. Se pasó una mano por el pelo, pensativa.

- Yo volveré a hablar con los amigos y familiares de las víctimas. – Ryan se puso en pie. – A ver si podrían saber algo del sospechoso o de ese tercer hombre de la teoría de Castle.

- Vaya, parece que a alguien le ha gustado mi hipótesis. – Castle sonrió con petulancia.

- Podrás alardear cuando probemos que tenías razón. – Kate se levantó de la silla y cogió su chaqueta del respaldo. – En cuanto tengamos novedades os llamamos. – Dijo a los chicos.

- Lo mismo haremos nosotros jefa. – Respondió Esposito.

Kate le sonrió. Ella y el escritor pusieron rumbo hacia el ascensor.

P.D: Como siempre os digo, muchas gracias por leer. Y ya sabéis que vuestros comentarios me hacen inmensamente feliz.