Buenas noches! Aquí estoy como cada lunes con un nuevo capítulo! Sé que soy una pesada (Sí, soy consciente de ello xD) pero de nuevo muchas gracias por leer el fic y por molestaros en dejar comentarios!

A ver qué os parece este nuevo capítulo!

Capítulo 8. (Jueves noche)

El día fue poco productivo. Castle y Beckett no encontraron nada nuevo en el piso ni con los vecinos. Lo mismo les ocurrió a Ryan y Esposito. Después de volver a comisaría y zanjar el día, Rick y Kate fueron al loft.

A lo tonto ya eran casi las ocho de la noche. Cuando llegaron a casa, lo primero que hicieron fue sacar a Royal a dar su paseo nocturno. Al volver, cada uno se cambió de ropa y se pusieron algo más cómodo. Castle decidió hacer algo de pasta para la cena. La velada transcurrió entre risas e intercambio de opiniones sobre el caso.

Después de recoger todo lo de la cena, Castle se fue al sofá mientras Beckett terminada de leer uno de los informes del caso.

- Kate deja eso ya y vente al sofá. – Dio unas palmaditas al cojín para indicarle que se sentara.

- Sí, ahora voy. – Respondió ella sin levantar la vista del informe.

- El dvd ya está preparado y te está esperando… - Le dejó caer. – Tienes que relajarte un poco y dejar el caso para mañana.

- ¿Con American Horror Story? – Alzó una ceja. Sonrió. – Con esa serie es imposible relajarse. Además, cada vez que la vemos luego pasas miedo por la noche y no me dejas dormir. – Se burló.

- No es miedo, es sólo que tengo mucho respeto por el tema de los fantasmas. – Respondió él.

- Ya… - Se rió ella. Metió de nuevo el informe en la carpeta y se sentó junto a él.

- ¿Te apetecen unas palomitas? – Se movió en el sillón para mirarla.

- Ahora que lo has dicho, no estaría nada mal. – Sonrió. Subió las piernas al sofá y se abrazó las rodillas. Él se levantó y fue directo a la cocina.

- ¿Dulces o saladas? – Dijo abriendo uno de los armarios.

- Mmmmm… - Se quedó pensando. – Dulces.

- Marchando unas palomitas dulces para la señorita. – Abrió la bolsa y la metió en el microondas. - ¿Una coca cola? – Ella, desde el sofá, asintió.

- ¿Va a venir hoy tu madre a dormir?

- No lo creo, me dijo que iba a irse de comprar y luego a cenar con tu padre. – Sacó la bolsa de palomitas y las vertió en un bol.

- Así que estamos solos… ¿eh? – Dijo Kate con picardía.

- Eso parece. – Sonrió. Le tendió el bol a Kate. - ¿Es que se tienes algo en mente? – Volvió a la cocina y cogió los vasos. Luego se sentó en el sofá.

- Puede que luego se me ocurra algo. – Sonrió de medio lado. – Por cierto, apaga la luz.

- ¿Es que no te basta con ver algo de miedo que tenemos que estar a oscuras? – Dijo dramáticamente, parado en mitad del salón, con un vaso en cada mano.

- Es que no tiene ninguna emoción ver algo de miedo con la luz encendida. – Se encogió de hombros.

- Las cosas que tiene uno que hacer. – Dio al interruptor. Luego se sentó en el sofá.

- Gracias. – Sonrió dulcemente y le besó en la mejilla. Con la mano que tenía libre cogió la manta que estaba sobre el respaldo y la sobre las piernas de ambos.

- Ya, ya… – Cogió el mando y le dio al play. Castle se acomodó en el sofá. Pasó su brazo izquierdo alrededor de los hombros de Kate y ella se recostó sobre su pecho.

Después de casi media hora de capítulo, Castle le dio al pause.

- ¿Pero qué haces? – Kate le miró de reojo. - ¡Estaba en lo mejor! – Señaló a la televisión. – No me digas que ya tienes miedo… - Alzó una ceja.

- No, no es eso. – Negó él con la cabeza. – He estado pensando en algo. – Se justificó.

- ¿Y no puedes esperar a que acabe el capítulo?

- Si pudiese esperar no lo habría parado. – Se incorporó un poco. – Además, no quiero que se me olvide.

- Vale… - Suspiró. - ¿Y qué es lo que se te ha pasado por la cabeza?

- Estoy harto de no poder llegar juntos a comisaría.

- ¿En serio? – Dijo sorprendida. - ¿Esto no podía esperar? – Alzó una ceja.

- ¿Tú no estás cansada de que siempre tengamos que aparecer por separado? – Ignoró lo que ella dijo.

- Pues… sí. Claro que sí. Pero ya sabes por qué lo hacemos. – Abrazó, de nuevo, sus rodillas. – Sin ir más lejos, mira lo que ha pasado esta mañana.

- Sí, han hecho demasiadas preguntas. – Asintió él. – Y por eso mismo se me ha ocurrido una cosa. – Se quedó callado y mirándola.

- ¿Y me lo vas a contar? – Dijo ella al ver que él no continuaba.

- Una apuesta. – Contestó simplemente.

- ¿Una apuesta? – Kate frunció el ceño. No entendía nada. – Explícate.

- Es sencillo. – Se sentó al borde del sofá. – Les diremos a los chicos que tú y yo teníamos una apuesta y el que ganase lleva el coche durante una semana.

- Ya… - Se le quedó mirando, no muy convencida. - ¿Y el hecho de que aparezcamos juntos?

- Bueno, es que el que lleva el coche tiene que ir, supuestamente, a buscar al otro.

- Más bien en lugar de ganar, el que lleva el coche pierde, ¿no? – Sonrió. – Es el que tiene que hacer de chófer.

- Eso es lo de menos. – Hizo un gesto con la mano para restarle importancia. – La cuestión es que se lo crean y no hagan preguntas incómodas.

- Bueno. – Se quedó pensando. – La verdad es que no es una mala idea.

- ¡Es una gran idea! – Se hizo el ofendido. – Por eso se me ha ocurrido a mí.

- Está bien. Como quieras. – Sonrió y se pasó un mechón de pelo detrás de la oreja. – Tendremos que pensar en esa 'apuesta'.

- Cierto. – Se llevó un dedo a la mejilla, pensativo. - ¿Se te ocurre algo?

- Ahora mismo no. – Kate negó con la cabeza. - ¿A ti?

- Podría ser algo sobre el caso. – Se encogió de hombros.

- Mmmm… - Arrugó la nariz. – No sé… Los chicos saben que no me gusta hacer apuestas con los casos.

- ¡Ya sé! – A Castle se le encendió la bombilla. Ella le miró expectante. – Tú decías que yo no podría enseñar a Royal a abrir las puertas y yo decía que sí. – Sonrió ampliamente.

- Castle, eso es una tontería. – Elevó una ceja.

- No pasa nada, lo que importa es que lo hagamos creíble. – Hizo un gesto con la mano. – Y, por cierto, la apuesta la gano yo. – Movió las cejas repetidamente.

- Claro. – Sonrió. – Lo que quieres es que, por una vez, te deje conducir.

- ¿Se ha notado mucho? – Dijo con voz infantil.

- Un poco. – Le acarició el pelo. – Y accederé si pones ya el capítulo. – Señaló la televisión.

- ¿En serio puedo llevar el coche? – Abrió mucho los ojos.

- Sí, pero si hay que salir de comisaría por algo del caso conduzco yo.

- Ya sabía que harías trampas. – Se cruzó de brazos, enfurruñado.

- Ser la que lleva el arma me da ciertas ventajas. – Se recostó sobre el pecho de él. – Y ahora, pon el capítulo.

- Está bien… - Miró a Kate de reojo. – Mandona… - Refunfuñó y volvió a dar al play.

Por fin transcurrieron los últimos diez minutos de capítulo. Castle estaba tapado de pies a cabeza por la manta. Kate estaba muerta de risa. Aun seguían con la luz apagada y lo único que les alumbraba un poco era la luz que desprendía la televisión.

- Oh vamos Castle, no ha sido para tanto. – Dijo entre risas.

- ¿Qué no? – Dijo a través de la manta. - ¿Pero tú has visto lo mismo que yo?

- Claro que sí. – Le destapó la cabeza. – Y no da tanto miedo.

- Creo que no voy a poder dormir.

- No te preocupes. Yo te protejo. – Le susurró. Cogió el bol y se metió un par de palomitas en la boca.

- Las balas no son muy efectivas con los fantasmas. – Le recordó Castle.

- Ya se me ocurrirá algo. – Le metió una palomita en la boca. – Ahora, pon el siguiente capítulo. – Sonrió abiertamente.

- ¿Otro? – Abrió los ojos de par en par.

- Sí. – Ella asintió. – Quiero saber qué pasa con esa casa.

- Pero me vas a proteger, ¿no? – Miró a Kate de reojo, con un tono de miedo en su voz.

- Haré guardia toda la noche y atrancaré la puerta con una silla, si así te quedas más tranquilo. – Le aseguró.

- ¿Y velarás mi sueño? – Se tapó con la manta hasta la boca.

- Desde luego. – Ella asintió.

- Vale. – Finalmente asintió. – Pero quiero palomitas. – Ella le entregó el bol y Castle le dio al play del nuevo capítulo.

No llevaban mucho de episodio cuando la puerta de la entrada se abrió repentinamente. Este hecho hizo que Castle pegase un grito agudo y de niña. Del susto, el escritor levantó los brazos instintivamente, haciendo que las palomitas salieran desperdigadas del bol y se repartiesen por todo el sofá.

- Qué oscuro está esto. – Dijo una voz de mujer. Dio al interruptor y la luz se encendió. - ¿Por qué estáis llenos de palomitas?

- ¿Madre? – Dijo Castle aun en estado de shock.

- Oh Richard querido. – Sonrió. - ¿Qué hacéis con la luz apagada?

- ¿Papá? – Kate parpadeó varias veces al ver que Martha estaba acompañada por él.

- Katie. – Sonrió Jim. Cerró la puerta detrás de él. – Castle. – Dijo a modo de saludo.

- ¿Qué… qué hacéis aquí? – Por fin Castle pudo articular palabra.

- Eh bueno, hemos cenado por aquí al lado y habíamos decidido tomar aquí las copas. – Dejó el bolso y el abrigo sobre uno de los sillones. – Aunque pensábamos que estabais en casa de Kate, la verdad. – Sonrió ligeramente.

- Madre, te dije que íbamos a estar aquí. – Le reprendió su hijo.

- ¿A sí? – Se quedó pensativa. – Pues no lo recuerdo.

- Y… ¿dónde habéis cenado? – Kate intentó quitar tensión al momento.

- Oh en un sitio maravilloso. – Sonrió y tomó asiento. Jim la imitó. – Un tailandés.

- ¿Un tailandés? – Kate frunció el ceño. - ¿Tú en un tailandés, papá?

- Sí cariño. – Asintió Jim. – Hay que probar de todo. – Sonrió algo tímido.

- Deberíais ir. – Comentó Martha. – A tu padre le ha encantado el lugar. – La actriz cogió de la mano a Jim.

- ¿Sabes qué deberíamos hacer? – Castle miró a Kate de reojo. – Irnos a dormir…

- Sí. – Kate asintió rápidamente con la cabeza. – Tienes razón.

- ¿Tan pronto? – Martha alzó las cejas, sorprendida.

- Podríamos tomarnos todos una copa. – Sugirió Jim. – Además, hacía mucho que no te veía Katie.

- Muy buena idea querido. – Dijo la actriz, dándole unas palmaditas al señor Beckett en la rodilla.

- Bueno… - Kate sonrió nerviosa. – Voy a por unas copas… - Se levantó del sofá no sin antes quitarse algunas palomitas del regazo.

- Te acompaño… - Castle fue tras ella.

Beckett y Castle fueron hacia la cocina. Ella abrió uno de los armarios y sacó cuatro copas.

- ¿Se puede saber en qué estabas pensando? – Susurró Castle sobresaltado.

- No podemos escondernos de ellos cuando estén juntos, Rick. – Dijo ella de forma evidente.

- ¿Seguro? – Él alzó una ceja. – Porque yo pensaba que podríamos hacerlo por lo menos hasta la cena de Navidad… - Sacó una botella del armario donde guardaban el vino.

- Piensa en esto como en un ensayo. – Rebuscó en un cajón y sacó el abrebotellas.

- Estamos en pijama. – Miró a Kate y luego a sí mismo. – Y no me había mentalizado para este encuentro…

- Yo tampoco, pero antes o después iba a ocurrir. – Le pasó el abrebotellas mientras miraba de soslayo a los padres de ambos.

- No sé si me voy a acostumbrar a esto. – Castle siguió la mirada de Kate. - ¡Por dios Kate pero mírales! – Susurró alarmado.

- Creo que nos va a costar más de lo que esperábamos. – Comentó al ver como Martha y Jim se hacían arrumacos.

- ¿Sigues pensando que es buena idea? – Se refería a la relación entre sus progenitores.

- No lo sé. – Se mordió el labio inferior. – Pero nosotros no somos nadie para impedírselo…

- Hombre, somos sus hijos. – Alzó una ceja. – Digo yo que algo de potestad tenemos…

- ¡Rick! – Dijo a modo de regaño. – Piensa en que ellos también podrían 'prohibir' lo nuestro. Tú sólo respira hondo y sonríe, ¿vale? – Cogió tres copas.

- Está bien. – Gruñó el escritor. – Pero estamos un ratito y luego nos vamos a dormir. – Ella asintió. Castle cogió la copa restante y la botella ya abierta.

Castle y Beckett se dirigieron del nuevo al salón, donde Martha y Jim charlaban animadamente, entre risas y miradas cómplices.

- Porque tenemos la puerta aquí al lado que si no ya pensábamos que os habíais ido a comprar la botella… - Observó Martha.

- Es que a Rick le ha costado abrir la botella. – Se excusó Kate.

- Espero que seas más hábil en otras cosas. – Bromeó Jim.

- ¡Papá! – Dijo Kate sobresaltada.

- Me has quitado las palabras de la boca, encanto. – Martha sonrió y ambos se dieron un tierno beso en los labios.

- Necesito alcohol… mucho alcohol… - Susurró Castle a Kate. Sirvió las copas.

- Bueno, ¿y qué tal vuestro día? – Quiso saber Jim.

- Bien, bien. – Kate le dio un largo trago a su vaso. – Bueno no, mal.

- ¿Mal? – Martha frunció el ceño. - ¿Y eso por qué querida?

- Tenemos dos días para encontrar más pruebas y demostrar que el sospechoso es nuestro asesino. – Comentó la inspectora.

- Y, salvo unas fibras, no hemos encontrado nada más que le relacione con los asesinatos. – Habló Castle.

- Pero tenía un motivo, ¿no? – Dijo Martha. – O al menos eso me dijiste hace unos días.

- Y lo tiene. – Kate asintió con la cabeza. – Tiene un motivo y no tiene coartada para ambos asesinatos.

Jim iba a hablar pero el móvil de Martha sonó.

- Huy esa debe de ser Alexis. – Se levantó y sacó el teléfono del bolso. - ¿Sí? Ah hola querida… Claro que estaba despierta, ¿cuándo has visto tú que tu abuela se acueste antes de las doce? Además, sabía que ibas a llamarme. – Sonrió y esperó contestación. - ¿De verdad? – Su voz se llenó de sorpresa a la vez que de júbilo. – ¡No sabes la alegría que me das! Ahora mismo se lo digo a Jim. – Castle y Beckett se lanzaron una mirada al escuchar esto último. – Muy bien querida. Te veo mañana entonces. Un beso. – Y colgó el teléfono.

- ¿Al final ha dicho que sí? – Preguntó Jim.

- ¡Sí! Le ha encantado la idea. – Sonrió emocionada.

- Esto… ¿Nos estamos perdiendo algo? – Castle parpadeó varias veces.

- Cierto, que tú aun no lo sabes querido. – Se acomodó en el sillón. – Habíamos pensado en ir la semana que viene a ver el musical de El Rey León, y a Jim se le ocurrió que tal vez a Alexis le gustaría venir con nosotros.

- Sí, en plan familia. – Jim sonrió y cogió la mano de Martha.

- ¿Con… con vosotros dos? – Dijo Castle sin salir de su asombro. Se bebió la copa de un trago.

- ¿Os apetecería venir? – Preguntó Martha con una sonrisa en los labios.

- Pues… eh… - Kate se quedó cortada. – Preferiría antes acabar con todo esto del caso.

- Sí. – Castle asintió rápidamente con la cabeza. – Mejor. – Volvió a asentir.

- ¿En serio? – Dijo Martha. - ¿No podéis escaparos por unas horas?

- Los asesinos no hacen parones, madre. – Dijo Castle de forma evidente.

- Una verdadera pena. – Medio sonrió Jim. – En otra ocasión.

- Sí, en otra ocasión. – Kate sonrió nerviosa.

- Huy pero qué tarde es. – Castle miró el reloj. – Deberíamos irnos a dormir.

- Pero si casi no hemos estado juntos. – Se quejó Martha.

- Ya tendremos otra oportunidad. – Kate sonrió y se levantó del sofá al igual que Castle.

- Bueno, quizá mañana nos veamos. – Jim se encogió de hombros. – Podríamos compartir el desayuno.

- Ah pero, ¿os vais a quedar aquí… a dormir? – Castle abrió mucho los ojos.

- Claro. – Asintió Martha de forma evidente. – Ya que estamos aquí no vamos a irnos.

- Pues entonces… hasta mañana. – Kate fue hacia su padre y le dio un beso en la mejilla.

- Sí… eso… - Castle, algo contrariado, hizo un gesto con la mano a modo de despedida.

- Que durmáis bien. – Dijo Jim con una sonrisa.

- ¡Y no os acostéis muy tarde! – Dijo Martha con picardía en su tono de voz. Miró a Jim con complicidad.

Había pasado por lo menos una hora desde que la charla y las risas cesaron en el salón. Castle y Beckett estaban tumbados cada uno en el lado de su cama. Ambos estaban boca arriba. Kate tenía los brazos fuera del edredón y sus manos estaban entrelazadas sobre su vientre. Fue Castle quien rompió el silencio.

- ¿Qué crees que estarán haciendo? – Preguntó entre curioso y aterrado.

- No tengo ni idea Rick. – Se encogió de hombros.

- ¿Crees que estarán…? – Se calló antes de seguir, pero daba a entender a lo que se refería.

- ¡Por Dios Castle! – Se alarmó. – Eso es algo en lo que me no gustaría pensar…

- Pero se te ha pasado por la mente, ¿no? – Giró la cara para mirarla entre la oscuridad de la habitación.

- No, pero gracias a ti ahora sí me lo he imaginado. – Puso cara de desagrado. – Y no ha sido nada agradable…

- ¿Crees que ellos estarán pensando en qué estaremos haciendo nosotros?

- Pues no lo sé. Quizás. – Kate se calló un momento. – Dios, tu madre y mi padre bajo el mismo techo.

- En la misma habitación y en la misma cama… - Inquirió él.

- La verdad es que ha sido todo muy raro… Después de haberles visto juntos y tan… melosos… - Un escalofrío le recorrió el cuerpo.

- La palabra que buscas es espeluznante. – Castle se puso de lado y apoyó el codo sobre el colchón mientras se sujetaba la cabeza con la mano. - ¿Qué conclusión sacas de lo de esta noche?

- Pues que nos va a costar más de lo que pensaba hacernos a la idea. – Admitió Kate.

- Y aun nos queda las cenas de Navidad. – Le recordó.

- Lo sé. – Ella asintió. Se quedó pensando. - ¿No se te ha hecho raro lo de 'en familia'?

- Mucho… muchísimo. – Le pasó a Kate un mechón de pelo detrás de la oreja. - ¿Y lo de Alexis? – Parpadeó varias veces.

- Mi padre comportándose como abuelo… - Negó con la cabeza. – Aun no me lo creo.

- ¿Le habrán lavado el cerebro a mi dulce e inocente hija? – Dijo con dramatismo. Kate le dio en el brazo.

- ¡Au! Eso ha dolido. – Se llevó la mano a donde había recibido el golpe.

- Nadie ha lavado el cerebro a tu hija. – Le regañó. – Es su abuela y… y el novio de su abuela… Alexis sólo querrá pasar tiempo con ellos.

- Parece que a mi hija no se le hace nada raro verlos juntos. – Apuntó el escritor.

- Quizá porque ella lo ve de otra manera. – Kate se encogió de hombros.

- Puede ser… - Asintió con la cabeza. – Total, van a ser sus abuelos tanto si están juntos como si no lo están.

- Sí… - Se quedó pensativa. Se puso de lado para mirarle. – Creo que deberíamos intentar dormir.

- ¿En serio puedes sabiendo que están los dos aquí, juntos y en la misma cama?

- Rick deja de repetir eso. – Le reprendió. – Cuanto menos lo pensemos mejor.

- Vale, sí, tienes razón. – Alargó el brazo y le apartó un mechón de pelo de la cara.

- ¿Sabes? Con todo esto al final te has olvidado de los fantasmas… - Bromeó.

- ¡Kate! – Ahogó un grito. – Ahora sí me voy a acordar de ellos. – Hizo pucheros.

- Anda ven aquí. – Se rió ella. Abrió los brazos y él apoyó la cabeza sobre el pecho de ella. – Ya te dije antes que te protegería. – Le dio un beso en la nariz.

- Eso espero, porque como me maten me haré fantasma y espantaré a todos tus pretendientes. – Hizo un mohín.

- Qué tonto eres. – Sonrió. Le dio un tierno beso en los labios. – Ahora a dormir. Ya verás cómo llegarás vivo para tener las cenas de Navidad. – Bromeó.

- Kate, sigues sin ayudar. – Levanto la vista para mirarla de reojo.

- Lo sé, pero me encanta ponerte nervioso. – Admitió.

- ¿Sí? – Entrecerró los ojos. – Ya me las pagarás... – No pudo evitar que una sonrisa apareciese en sus labios.

- Buenas noches Rick. – Le acarició el pelo mientras poco a poco iba cerrando los ojos.

- Buenas noches Kate. – Se abrazó más a ella.

P.D: Como siempre os digo, muchas gracias por leer. Y ya sabéis que vuestros comentarios me hacen inmensamente feliz. Espero que haya suficiente Caskett para vosotros! jeje