¡Buenas tardes noches! Siento muchísimo la tardanza pero entre que me iba mal el pc y que estoy con cosas de la universidad no tengo mucho tiempo para escribir. Gracias de nuevo por todos vuestros comentarios, ¡os adoro!

En fin, no me enrollo, os dejo el nuevo capítulo. ¡Espero que la espera haya merecido la pena! (¡Y espero que no sea muy corto!)

¡Espero impaciente vuestras reacciones mediante los comentarios!

Capítulo 9 (Mañana Viernes)

Los primeros rayos de sol se fueron filtrando a través de las cortinas. Eran las seis y media cuando el despertador sonó. Un adormilado Castle estiró el brazo para apagarlo. No hizo ademán de levantarse. Se quedó como estaba, tumbado en la cama rodeando con sus brazos el cuerpo de Kate. Ella se removió amodorrada.

- Rick hay que levantarse. – Dijo con voz algo ronca y sin abrir aun los ojos.
- Un ratito más. – Metió la cabeza en el cuello de ella, cubriéndose la cara con su cabello.
- Tenemos que ir a comisaría a ver si hay alguna novedad. – Echó el brazo hacia atrás para acariciarle tiernamente el pelo.
- Si las hubiese ya nos habrían llamado. – Apuntó él.
- Lo diré de otra manera. – Kate se dio la vuelta para mirarle. Sus narices casi se rozaban de lo cerca que estaban. – Cuanto antes nos vayamos más posibilidades tendremos de no encontrarnos con nuestros padres en el desayuno. – Castle abrió los ojos rápidamente.
- Tienes razón. – Se irguió velozmente, quedándose sentado sobre el colchón. – Tú ve duchándote mientras yo vigilo desde la habitación. – Miró hacia la puerta aunque ésta estaba cerrada.
- Pero tendremos que desayunar. – Beckett apartó el edredón y puso los pies en el suelo. Se estiró para desperezarse.
- Ya tomaremos algo de camino a la comisaría. – Él también se levantó de la cama. – Tú date prisa.
- Está bien, está bien. – Asintió y fue hacia el baño.

Unos veinte minutos después ambos estaban ya duchados y vestidos. Castle y Beckett fueron al despacho y, entre los huecos de las estanterías que hacían la función de pareces, miraron hacia la cocina.

- ¿Ves algo? – Preguntó la inspectora.
- No. – Negó con la cabeza. – Parece que no se han levantado aun.
- Menos mal. – Respiró hondo. – Tengo que coger el bolso con los informes del caso.
- Bien. – Abrió poco a poco la puerta, intentando no hacer ruido. – Hay que darse prisa. – Susurró.
- ¿Tienes las llaves el coche? – Murmuró ella mientras cogía lo que necesitaba para comisaría.
- ¡Las llaves! – Se llevó las manos a la cabeza. – Voy a por ellas. – Fue a la habitación y volvió con ellas. – Ya podemos irnos.

Ambos se dirigieron hacia la salida pero antes de que pudiesen abrir la puerta escucharon como unos pasos bajaban por las escaleras.

- ¿No desayunáis? – Preguntó Martha mientras se cerraba la bata que llevaba puesta.
- Eh… - Castle tragó saliva. – Tomaremos algo de camino.
- Pero es muy pronto. Os da tiempo. – Llegó al piso de abajo. – No deberíais ir con el estómago vacío.
- Es que hemos quedado con los chicos pronto para revisar el caso. – Sonrió Kate. - No te preocupes Martha.
- Está bien. – Terminó por asentir. – Pero tened cuidado. No es bueno conducir sin haber desayunado.
- Lo tendremos en cuenta madre. – Abrió la puerta. – Hasta luego.
- Adiós Martha, saluda a mi padre de mí parte. - Sonrió antes de desaparecer por la puerta junto con Castle.
- Hasta luego chicos. – Se quedó en medio del salón, negando con la cabeza. – Estos chicos, siempre con prisas. – Dijo en voz alta.

Antes de ir a comisaría, la inspectora y el escritor pasaron por una cafetería donde compraron un par de cafés y algo de comer. De camino al trabajo se terminaron el bollo. Subieron en el ascensor, cada uno con su café en la mano.

- Creo que tu madre no se ha quedado muy conforme con lo que le hemos dicho. – Le dio un trago a su café.
- Yo pienso lo mismo. – Admitió. – Pero tampoco podíamos decirle que no teníamos ninguna gana de desayunar con ellos. – Dijo evidente.
- ¿En serio? – Kate habló con ironía. Alzó una ceja. – Tenemos que hacer algo. No podemos estar así cada vez que les veamos juntos.
- Lo sé. – Se quedó pensando durante un instante. – Ya se me ocurrirá algo.
- Por cierto, tenemos que decir hoy lo de la apuesta.
- Es verdad. – Él asintió. – Tú déjamelo a mí – Sonrió.

Las puertas del ascensor se abrieron y ambos fueron hacia el escritorio de ella. Kate dejó el bolso sobre su silla y el café sobre su mesa. Al verles, Ryan y Esposito se acercaron a ellos.

- ¿Otra vez os habéis encontrado en el ascensor? – Sonrió pícaramente Esposito.
- Hemos venido juntos. – Kate contestó sin más.
- ¿Juntos de… juntos? – Dijo Ryan. Ambos inspectores se miraron.
- Es lo que tiene que un servidor vaya ganando apuestas. – Sonrió ampliamente.
- ¿Apuesta? – Esposito miró a Kate y luego a Castle. - ¿Qué apuesta?
- Sí… - Frunció el ceño mientras observaba a la pareja. - ¿Qué nos hemos perdido?
- Aquí, Miss Escéptica – Castle señaló a Beckett. – que no se creía que podría enseñar a Royal a abrir puertas. – Sonrió ampliamente. – Y por su incredulidad ahora soy yo el que lleva el coche. – Movió las cejas repetidamente.
- Chicos, ¿tenemos alguna novedad? – Dijo Kate evadiendo el tema.
- De momento ninguna. - Respondió Esposito. - ¿Cómo que Royal ha aprendido a abrir puertas? - Frunció el ceño.
- ¡Sabía que no ibais a creerme! - Los señaló con el dedo, en tono acusador. - Y por eso he hecho esto... - Sacó el móvil y les enseñó un vídeo donde, efectivamente, se veía a Royal realizando la hazaña.
- ¿Y te abre la puerta mientras estás en el baño? - Se echó a reír Ryan.
- Ja, ja, ja... Muy gracioso... - Entrecerró los ojos. - Pues gracias a él he ganado una apuesta...
- ¿Sería mucha molestia seguir con el caso, por favor? - Kate colocó el abrigo sobre el respaldo de su silla.
- No tenemos ninguna novedad. - Esposito se encogió de hombros.
- Pues buscáis hasta que deis con alguna.- Contestó ella. Puso el bolso sobre el escritorio y sacó el informe del caso.
- Eso, menos cotillear y más trabajar. - Dijo Castle a los chicos con una sonrisa en la boca.
- Esto también va por ti, Castle. - La miró mientras alzaba una ceja.
- ¡Pero si han empezado ellos! - Hizo un mohín.
- No intentes escaquearte... - Dijo Ryan, divertido.
- Venga chicos. - La inspectora se sentó en su silla. - Tenemos que seguir buscando pruebas.
- Ahora nos ponemos a revisar todo los informes del caso de nuevo. – Respondió Esposito. Ambos detectives desaparecieron de su vista.

Castle se sentó en su silla. Apoyó el codo izquierdo sobre el escritorio y se quedó mirando a la inspectora.

- ¿Qué pasa? - Preguntó Kate sin levantar la vista de los papeles.
- Nada, sólo que estás muy guapa. - Se encogió de hombros.
- Sí... guapísima... - Dijo ella con ironía. - Eso es que no me has mirado bien...
- Créeme. No he dejado de observarte. - Le aseguró. - Y hoy estás realmente guapa.
- Qué cosas dices. - Dijo con una sonrisa tonta en la boca. Bajo de nuevo la vista hacia el papel para que él no viese que se había ruborizado. - Anda, ayúdame con esto. - Señaló los informes.
- Estoy muy ocupado.
- Castle, no estás haciendo nada. - Juntó las manos sobre el escritorio.
- Sí, mirarte. - Sonrió de forma seductora.
- Rick, sé un poco más discreto. - Le susurró.
- Beckett... - Esposito se acercó a ellos antes de que Castle pudiese contestar a la inspectora. - Tenemos otro asesinato.
- ¿Cómo? - Castle abrió mucho los ojos.
- Y con el mismo patrón que los otros dos. - Contestó el detective hispano.
- Le han encontrado en un edificio abandonado en Chelsea. - Habló Ryan.
- Pero no puede ser. - Dijo el escritor. Se levantó de su asiento. - Si tenemos al asesino.
- Puede que lo hubiese matado antes de que le detuviésemos. - Kate se encogió de hombros.
- O él no es el asesino. - Apuntó Ryan.
- O tiene un cómplice. - Dijo Esposito.
- Vamos a averiguarlo. - Beckett se puso el abrigo y fue con los demás hacia el ascensor.

Unos minutos después, los cuatro llegaron al lugar donde se encontraba el cadáver. Aparcaron ambos vehículos al lado de los coches de la policía. Cuando se bajaron, Esposito y Ryan fueron a hablar con los testigos mientras Castle y Beckett fueron en busca de Lanie.

- Hola chicos. - Dijo la forense al notar tras de sí unos pasos.
- ¡Hala! ¿Cómo has sabido que éramos nosotros? - Preguntó Castle alucinado mientras aparecían por detrás de ella.
- Tu colonia es inconfundible. - Respondió de forma rotunda.
- ¿En serio? - Intentó olerse el cuello. - ¿Pero para bien o para mal?
- Sólo te diré que cada vez que la huelo pienso "ahí viene ese culito sexy" - Contestó la forense. - ¿Responde eso a tu pregunta?
- Sí. Creo que sí... - Frunció un poco el ceño ante dicha respuesta. Kate intentó reprimir la risa al ver la cara del escritor.
- Bueno Lanie, ¿hay algo nuevo que puedas contarnos sobre este asesinato? – Beckett carraspeó, intentando serenarse.
- Aparte de que la víctima parece algo más joven que las otras dos... - Echó un vistazo al cuello del cadáver. - No, todo lo demás es igual que en los otros dos casos. Presenta la misma hemorragia de petequias en los ojos. - Abrió los párpados al cuerpo.
- Y no te olvides de la lencería fina. - Castle dejó su humor irónico al descubierto.
- ¿Y las fibras de moqueta? - Quiso saber la detective.
- Eso lo encontraré mejor en el laboratorio. - Cuando terminó de apuntarlas últimas anotaciones, la médico cerro su cuaderno.
- Así que ahora tenemos un asesino en serie. - Apuntó el escritor.
- Eso parece... - Kate se cruzó de brazos, pensativa. - ¿Cuál fue la hora aproximada de la muerte?
- Más o menos entre las tres y media y las cinco de la mañana. - La forense introdujo el bolígrafo en el muelle de su cuaderno.
- Muy bien. - La inspectora asintió. - Nos vemos en el laboratorio Lanie.
- Os llamaré en cuanto tenga algo nuevo.

Después de dejar a la forense con su trabajo, Castle y Beckett fueron en busca de los detectives. Al salir del edificio, vieron a ambos repasando entre ellos unas notas.

- ¿Qué habéis podido averiguar chicos? - Beckett metió las manos en los bolsillos del abrigo.
- No mucho. - Respondió Esposito. - No llevaba identificación así que no sabemos quién es.
- ¿Y quién ha encontrado el cadáver? - Castle echó un vistazo a su alrededor.
- Cornelius Finn. - Ryan leyó el nombre en sus anotaciones. - Vino aquí a dormir como cada noche y se encontró con la víctima.
- No llamó a la policía antes porque pensó que era otro mendigo en busca de techo. - Continuó Esposito. - Y hasta que no salió el sol no se dio cuenta de que estaba muerto.
- ¿No hay ningún testigo? - Preguntó la inspectora.
- Otro de los mendigos con los que hemos hablado vio un coche negro alejarse de aquí con algo de prisa sobre las cinco y media. - Respondió Ryan. Cerró su pequeña libreta.
- ¿Y no se fijó en la matrícula o en la marca del coche? - Kate se cruzó de brazos.
- No. En ninguna de las dos cosas. Digamos que no estaba muy sobrio cuando ocurrió todo. - Comentó Esposito.
- Genial. - Kate negó con la cabeza. - Hay miles de coches negros sólo en Manhattan. -Chasqueó la lengua.
- Al menos se confirma la teoría de que el asesino utiliza un coche para transportar los cadáveres. - Castle se encogió de hombros.
- Volvamos a la comisaría. Hay que averiguar quién es esta segunda víctima. – Beckett puso rumbo hacia el coche.

Eran casi las diez de la mañana cuando el equipo llegó a la comisaría. Si lo que tenían entre manos era un asesino en serie debían actuar rápido, antes de que volviese a matar. Hablaron de nuevo con el sospechoso, Michael Forbes, y les aseguró que no tenía ni idea de quién era el fallecido. Aunque en parte le creían, aun tenían que buscar pruebas que le absolviesen o inculparan de las muertes. Ahora lo importante era averiguar quién era la víctima. Beckett puso la foto del desconocido en el blanco encerado. Al lado escribió los pocos datos que conocían. Se apoyó sobre su escritorio y escudriñó la pizarra. Se llevó un dedo a la boca, pensativa. Castle apareció tras ella.

- ¿Café? – Le tendió una taza.
- Gracias. – Le sonrió y cogió el café.
- Parece que esto va complicándose cada vez más. – Se sentó a su lado en el escritorio.
- Eso parece. – Se pasó una mano por el pelo. – Y hasta que no sepamos de quién se trata tenemos las manos atadas.
- Tendremos que soltar a Forbes, ¿no? – Castle le dio un trago a su café.
- Si no podemos relacionarlo con este nuevo asesinato es lo que tendremos que hacer. – Asintió lentamente con la cabeza.
- Así que estaríamos como al principio… - Sujetó la taza con ambas manos y se quedó mirando la pizarra.
- Beckett tenemos algo. – Esposito levantó la mano, enseñando la carpeta que llevaba. – Hemos identificado a la víctima.
- Sus huellas estaban en el sistema. – Ryan apoyó las manos sobre la mesa de la detective. – Es Kelvin Stone.
- ¿Está fichado? – Kate se sorprendió.
- Por un par de robos con intimidación, además de unos cuantos hurtos y posesión de drogas. – Leyó Esposito en el informe.
- Así que era un ladrón de poca monta. – Dijo Castle pensativo.
- Conozco esa mirada. – Kate levantó la vista para mirarle. - ¿En qué estás pensando?
- Nada… Es sólo que no encaja con los otros dos asesinatos. – Se llevó la mano derecha a la barbilla.
- ¿Qué quieres decir? – Preguntó Ryan expectante.
- Me refiero a que los otros dos hombres eran personas de negocios. Gente con mucho dinero. – Cogió la fotografía de la última víctima y se la mostró. – Él, por el contrario, no tiene nada que ver. Ni es millonario ni una persona de negocios. Bueno, quitando sus trapicheos. Y tampoco llevaba su cartera encima en el momento del asesinato.
- Quizá el asesino se la llevó. – Kate se encogió de hombros.
- ¿Y para qué? – Castle alzó las cejas. – No se llevó las carteras de los otros dos.
- O puede que simplemente no la llevase encima. – Comentó Esposito.
- ¿Salir a la calle sin identificación y, lo más importante, sin dinero? – El escritor negó con la cabeza. – No lo creo.
- Ryan, manda a unos agentes para que peinen los alrededores del edificio. – Propuso la inspectora.
- Ahora mismo jefa. – Respondió Kevin. Fue a su mesa para hacer unas llamadas.
- Esposito, mira sus cuentas, a ver si encontramos algo. – Kate se cruzó de brazos.
- Eso está hecho. – El detective asintió y también se fue a su mesa.
- ¿Nosotros qué hacemos? – Preguntó el escritor.
- Vamos a ver a su madre. – Miró la ficha que estaba en la carpeta. – A ver si puede decirnos algo sobre él. – Cogió su chaqueta.
- Muy bien. – Castle cogió las llaves del coche que estaban sobre la mesa de la inspectora.
- Ah no, no, no… - Ella negó con la cabeza y le quitó las llaves de las manos. – Ahora conduzco yo, ¿recuerdas? – Sonrió ampliamente.
- Esto siguen siendo trampas. – Dijo enfurruñado. – Un trato es un trato.
- Por eso mismo. Cuando hay que salir de comisaría por temas del caso soy yo la que conduce. – Se dirigió al ascensor. – Cuando vayamos a tu casa conduces tú. – Le dijo en bajito.
- Vaaaale… Pero entonces hoy cocinas tú. – Le señaló con el dedo. Ambos entraron en el ascensor.
- Mientras no me pidas que cocine sólo con el delantal, está hecho. – Hizo énfasis en "sólo".
- ¿Es que entra dentro del cometido policial el leer el pensamiento? – Dijo asombrado a la par que decepcionado.
- Te conozco demasiado bien como para que eso se te ha pasado por la mente… - Sonrió sin que él le viese. Dio al botón del parking y las puertas de ascensor se cerraron.
- Está empezando a no gustarme eso de ser tan transparente... - Frunció el ceño.
- No te preocupes. Sólo eres transparente para mí. - Le sonrió.

Ambos se dirigieron al coche y, como ya había adelantado Kate, ella fue hacia la puerta del piloto mientas un resignado Castle iba hacia el asiento del copiloto. Había mucho tráfico por la ciudad así que tardaron más de lo que pensaron en llegar al edificio dónde vivía la víctima con su madre. El apartamento estaba en uno de esos barrios que es mejor no visitar de noche. Las paredes del interior del edificio estaban decoradas por grafitis hechos por algún gamberro o por alguna de las bandas de la zona. Por fin llegaron al apartamento, el 5ºC. Llamaron a la puerta varias veces antes de que una mujer de unos cincuenta y tantos les abriese.

- Buenos días señora Stone. Soy la inspectora Kate Beckett - Le mostró su placa. - Y él es el señor Castle. Venimos por su hijo, Kelvin. ¿Podemos pasar?
- Eh... sí, claro. - Se hizo a un lado. - Adelante.

El reducido apartamento estaba compuesto por una habitación que hacía de salón, comedor y cocina. La decoración también era escasa. Tenía los muebles necesarios y algún que otro cuadro colgado en la pared. Sobre una mesita, al lado de uno de los sillones, había por lo menos siete marcos de fotos. En la mayoría de ellos aparecía un pequeño niño de unos nueve años junto a una mujer morena. Seguramente se trataban de la señora Stone y su hijo, Kelvin.

- Le ha pasado algo a mi hijo, ¿verdad? - Preguntó la mujer mientras se sentaba en uno de los sillones. - Me parecía raro que no hubiese venido a dormir.
- Verá señora Stone, hemos encontrado el cuerpo de su hijo... - Kate con voz serena.- Lo siento mucho.
- Le han disparado o apuñalado, ¿no? - El tono de la mujer no era el de una madre afligida.
- Bueno, es un poco más complicado que eso... - Respondió el escritor. Miró de reojo a la inspectora.
- Sabía que tarde temprano tendría a la policía en casa diciéndome algo así... - Alagó la mano y de la mesita cogió un cigarro y lo encendió.
- ¿Y por qué pensaba eso, señora Stone? - Kate se sorprendió ante la actitud de la mujer.
- Mi hijo no era ningún santo, inspectora. - Le dio una larga calada al cigarro.- Hace tiempo que me hice a la idea de que terminaría enterrándolo.
- ¿Le dijo su hijo a dónde iba a ir ayer por la noche? - Castle intentó acomodarse en el pequeño sillón.
- No. - Negó con la cabeza. - Nunca me contaba sus planes y la verdad es que yo prefería no saber qué es lo que hacía.
- ¿Y sabe si se llevó ayer su cartera? - Kate entrelazó sus dedos.
- Eso sí. Porque antes de irse no se olvidó de cogerme dinero del monedero y vi cómo se lo guardaba en la cartera. - Frunció el ceño. - ¿Por qué me preguntan eso?
- Cuando le encontramos no la llevaba encima. - Beckett se aclaró la garganta. - Sólo queríamos saber si el asesino se la había llevado o no.
- Ya... - La mujer asintió. Le dio otra calada al cigarro. - ¿Se sabe ya quién le ha matado?
- Aun estamos en ello. - El escritor cruzó las piernas, buscando la postura más cómoda. - ¿Sabe de alguien que quisiese matarle?
- ¿Que si sé de alguien? - Soltó una carcajada. - Todo el mundo quería verlo muerto.
- ¿Y eso por qué? - Kate alzó las cejas.
- Era un delincuente. - Dijo de forma evidente. - Por si no se han dado cuenta, este barrio no es muy seguro. Aquí a la mínima te roban. Además de que está lleno de camellos. Quizá mi querido hijo se metió con quien no debía y ha acabado así. - Se encogió de hombros.
- ¿Sabe si salía con alguien? ¿Si estaba en alguna relación? - Preguntó el escritor.
- No tengo ni idea. Nunca me mencionó a ninguna chica. Ya sabía yo que no tendría nietos aunque, en parte mejor, así no engañaba a ninguna muchacha inocente. - Apagó la colilla en el cenicero que tenía junto a ella.
- Pues si recuerda algo más, por pequeño que sea, no dude en llamarme. – Sacó una tarjeta del bolsillo y se la entregó. Tanto la inspectora como el escritor se levantaron de sus asientos. - Siento mucho su pérdida.
- Y yo siento mucho que, por su culpa, ustedes tengan tanto trabajo. – Respondió la señora Stone.
- En cuanto sepamos algo más le mantendremos informada. - Kate abrió la puerta del apartamento.
- Sí, gracias. - Sonrió y cerró la puerta una vez que Beckett y Castle salieron.

Ambos siguieron por el pasillo y comenzaron a bajar las escaleras.

- Me ha dejado helado la reacción de la madre. - Comentó el escritor.
- A mí también. - Admitió la inspectora. - Es como si se hubiese quitado un peso de encima...
- Esa es la sensación que me ha dado a mí también. - Asintió. - Es solo pensar en que algo así pudiese ocurrirle a Alexis y se me pone mal cuerpo. - Le dio un escalofrío.
- No pienses esas cosas. - Le puso una mano en el hombro.
- Lo sé, pero es que esa mujer ni siquiera ha llorado por la muerte de su hijo. Y eso es muy triste, para ambos.
- No creo que sea a primera vez que veamos algo así. - Le aseguró.

Salieron a la calle y se montaron en el vehículo. Cuando ambos estaban sentados ya en sus asientos, el móvil de Kate comenzó a sonar.

- Beckett. - Respondió la inspectora como siempre. Con el teléfono apoyado entre la oreja y el hombro, se abrochó el cinturón.
- Soy Lanie. - Contestó la forense al otro lado de la línea. - Tengo los resultados de la muerte de la tercera víctima.
- Déjame adivinar. Todo es igual que en los anteriores casos, ¿no?
- Más o menos. Lo único que no he encontrado han sido las fibras de la moqueta.
- Entonces no lo transportó en el coche como a las otras... - Pensó en voz alta.
- No, no es eso. - Aseguró la forense.
- ¿Entonces? - Kate frunció el ceño. Miró a Castle y se encogió de hombros.
- Estos no son los zapatos de la víctima. - Sentenció Lanie.
- Espera, ¿qué? - Puso el manos libres para que Castle también pudiese escucharlo.
- Estos zapatos están rotos por las partes de la suela. Además los he analizado y tienen restos de basura, excrementos y un montón de cosas que no son nada agradables.
- ¿Podrían ser los zapatos de alguno de los vagabundos? - Esta vez habló el escritor.
- Eso me temo.- Respondió Lanie.
- Tendremos que volver a hablar con el que encontró el cuerpo. Quizá haya sido él quien haya cambiado los zapatos. – Dijo Kate metiendo la llave en el contacto del coche.
- Pero eso no es todo. - Le interrumpió la forense. - También he encontrado una herida perimorten en el cuello. Es parecía a la de la segunda víctima.
- ¿También tiene esos residuos que encontraste en el anterior caso? – Quiso saber Castle.
- Así es. - Asintió ella aunque no pudiesen verla. - Aun estoy esperando los resultados del FBI pero parece como si fuese cobre u oro.
- ¿Cómo si hubiese sido hecho con una pulsera o algo así? - Dijo Kate con la vista fija en la carretera.
- Es posible. - Respondió Lanie. - Pero hasta que no sepa de qué se trata no puedo decirlo a ciencia cierta.
- ¿Has encontrado también las mismas drogas? - Quiso saber a inspectora.
- Las drogas y el alcohol. - Corroboró ella.
- Muy bien. Gracias Lanie. - Respondió la detective.
- En cuanto averigüe algo más te llamaré en seguida. - Le aseguró la forense.

Lanie colgó el teléfono y Castle hizo lo mismo con el móvil de Beckett.

- Quizá deberíamos ir a ver a Cornelius Finn, a ver si ha sido él quién se ha quedado con los zapatos de nuestra víctima. - Propuso Kate.
- Aunque los tenga él no creo que encontremos ninguna pista fiable. – Castle metió el móvil de Beckett en el bolsillo del abrigo de ésta.
- Eso es verdad. - Asintió con la cabeza. - Supongo que las pocas pruebas que hubiese se han perdido.
- Entonces seguimos en un callejón sin salida. - El escritor apoyó el brazo en la puerta del coche.
- A ver si los chicos tienen más suerte que nosotros y encuentran algo en las cuentas de Kelvin.

Después de estar casi toda la mañana pateándose las calles, por fin dieron con Cornelius Finn.

- Señor Finn, soy la inspectora Kate Beckett de la policía de Nueva York. - Le enseñó la placa. - Y él es el señor Castle. Queríamos hacerle unas preguntas acerca de lo que ocurrió la otra noche.
- ¿Esto es por lo que dijo Maurice sobre que la CIA está investigando lo que le ocurrió a Ronald y a su perro en el puente de Brooklyn? Porque si es así yo no sé nada. - Levantó las manos, enseñándoles las palmas.
- Uy, ¿y qué le pasó a Ronald y a su perro? - Preguntó Castle con gran interés.
- Pues verá, aquella noche Ronald iba con Doc, su perro y... - Se calló de repente. - Un momento, ¿no son de la CIA verdad?
- Castle, céntrate. - Le dio un codazo al escritor. - Señor Fin, no somos de la CIA y no venimos por Ronald... - Aclaró. - Estamos aquí por lo que ocurrió anoche en un edificio abandonado de Chelsea.
- Mmm... Chelsea... - Se llevó la mano al mentón, pensativo. - Ahora mismo no caigo señorita. Como no sea un poco más directa...
- Anoche usted encontró un cadáver en ese edificio y llamó a la policía. ¿Lo recuerda ahora? - Dijo algo exasperada.
- Ah sí, el tío del sujetador. - Asintió con la cabeza. - La verdad es que como bufanda era algo raro pero cosas más extrañas ve uno estando en la calle. -Les aseguró. - ¿Y qué querían saber? Pensaba que ya se lo había contado todo a aquel policía hispano.
- Sólo queríamos saber si usted vio a alguno de sus amigos quitarle los zapatos la víctima y cambiarlos por los suyos. - Preguntó el escritor.
- ¡Por Dios no! - Respondió el hombre. - ¿Quién en su sano juicio profanaría de esa forma un cadáver? - Negó con la cabeza.
- Así que usted no vio a nadie cerca del cuerpo, ¿verdad? - Interrogó la inspectora.
- No, ya le he dicho que no. Que yo sepa sólo yo estuve con mi amigo el fiambre.
- ¿Está usted seguro? - Kate frunció ligeramente el ceño.
- Sí, estoy seguro. - Asintió y miró a Castle. - ¿Es siempre así de intensa? - Señalo con el pulgar hacia el lugar donde se encontraba Beckett.
- No lo sabe usted bien... - Admitió el escritor, llevándose una mirada reprobatoria por parte de la inspectora.
- El caso es que no hemos encontrado ni la cartera de la víctima y los zapatos que tenía el cuerpo no eran los suyos. - Se cruzó de brazos, algo molesta. -¿Seguro que no sabe nada?
- Señorita policía ya le he dicho que no tengo ni idea. - Reiteró. - Y, antes de que lo diga, sí, estoy seguro.
- Sería de vital importancia encontrar esos zapatos. - Castle se metió las manos en los bolsillos. - De hecho, quién ayudase a encontrarlos hasta podría obtener una medalla al mérito policial.
- ¿Qué haces? - Dijo Kate entre dientes. Castle le hizo un gesto con la mano para que esperase.
- ¿Una medalla? ¿Lo dice en serio? - Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
- Y hasta una pequeña recompensa económica. - Elevó las cejas varias veces.
- Y esa recompensa... ¿De cuánto estaríamos hablando? - Finn se frotó los dedos.
- ¿Qué tal unos cien pavos? - Propuso el escritor. Kate no daba crédito a lo que estaba oyendo.
- Sí, eso estaría muy bien. - Asintió con la cabeza. - ¿Y sólo por unos zapatos?
- Y por ayudar en una investigación policial... - Parecía que el truco de Castle estaba surtiendo efecto.
- ¡Trato hecho! - Dijo con efusividad. Se agachó y comenzó a quitarse los zapatos.
- ¡Los tenía usted! - Dijo Kate en un tono acusativo. - ¿Dónde quedó lo de no profanar cadáveres? - Frunció mucho el ceño.
- Tiene que entender que si no los cogía yo los hubiese cogido otro y créame, nadie le dice que no a unos zapatos nuevecitos. - Le dio una sonrisa a modo de disculpa.
- ¿Y lo de mentirnos? - Se cruzó de brazos.
- Hombre, mentir, lo que se dice mentir tampoco lo ha hecho... - Castle se puso del lado del señor Finn. Kate le fulminó con la mirada.
- ¿Lo ve? - Cornelius señaló a Castle. - Técnicamente no he mentido. Simplemente no me han preguntado si yo tenía los zapatos.
- Ya... - Le miró de reojo. Sacó una bolsa de pruebas del bolsillo, que estaba perfectamente doblada, e indicó a Cornelius que introdujese ahí los zapatos. - ¿Y hay algo más que deba contarnos? ¿Fue usted quién cogió la cartera de la víctima?
- Ah no, no, no señorita inspectora. - Negó repetidas veces con la cabeza. – No había ninguna cartera. Vamos se lo juro por mi Paquita que está en el cielo.
- ¿Su mujer? - Preguntó Castle con curiosidad.
- Mi rata. Era una mascota estupenda. - Sonrió el hombre. Beckett puso cara de desagrado. - Al contrario de lo que piensa la gente, Paquita era una rata muy limpia y muy lista. - Puso cara de tristeza. - Mi pobre Paquita...
- Le acompaño en el sentimiento. - Afirmó el escritor. - ¿Y qué le pasó?
- Le aplastó un camión de basura. - Asintió despacio.
- Auch. - Puso cara de dolor. - Eso debió de doler...
- Esto... - Kate carraspeó. - ¿Podemos intentar no desviarnos del tema inicial, por favor?
- Sí, sí... ¿De qué estábamos hablando, señorita inspectora? - El señor Finn frunció el ceño, algo despistado.
- ¿Vio a alguien cerca del cuerpo o no? - Beckett suspiró. - Y esta vez quiero la verdad sí o sí.
- No. Aparte de mí no vi a nadie más con mi frío amigo. - Afirmó. - Lo que ya no sé es si alguien se pudo aprovechar de él y llevarse la cartera antes de que yo llegase.
- Muy bien. - Kate asintió con la cabeza. - Si recuerda algo más no dude en hacérnoslo saber. Estamos en la comisaría 12th.
- Me alegro de haber sido útil. - Sonrió ampliamente. - Ya me pasaré por allí para recoger mi medalla.
- ¡Ah! Eso me recuerda... - Castle se metió la mano en el bolsillo y sacó su cartera. - Sus cien dólares. - Le tendió los billetes.
- Muchas gracias señor no inspector. - Cogió el dinero y se lo guardó en el bolsillo. - Usted sí que es un hombre de palabra. - Le estrechó la mano.
- No hay de qué hombre. - Le dio unas palmadas en la espalda.
- Y usted señora inspectora, no se estrese tanto que es muy guapa y luego de mayor le saldrán arrugas. - Bromeó.
- Gracias por atendernos. - Dijo Kate en tono formal.

Beckett puso rumbo hacia el coche mientras Castle se despedía de Cornelius. Como tardaba un poco, ella se subió al coche y le esperó allí. Al poco rato la puerta del copiloto se abrió y Castle se sentó en su asiento.

- Un tío divertido, ¿eh? - Sonrió el escritor.
- Estás de broma, ¿no? - Alzó una ceja. - No nos ha dicho la verdad desde un principio y, para que lo hiciese, has tenido que sobornarle.
- Pobre, es un hombre mayor. - Se compadeció.
- Un hombre mayor que nos ha estado tomando el pelo. - Miró por el espejo retrovisor y luego a la carretera.
- Tampoco es eso... Reconozco que un poco mal de aquí sí que estaba. - Se señaló la cabeza. - Pero ha sido divertido. - Sonrió como un niño. – Me recordaba a uno de los vecinos que tuve cuando era pequeño.
- ¿También tenía una rata como mascota? - Ironizó la inspectora.
- Una rata no pero sí un gusano de tierra. - Se colocó bien el cinturón. – Se llamaba Philp.
- ¿Tu vecino? - Dijo atenta a la carretera.
- No, el gusano. ¡Eh! ¡Podríamos tener un... - Kate le interrumpió antes de que pudiese acabar la frase.
- Ni lo sueñes. - Se negó en rotundo. - Me niego a tener como mascota un gusano o una rata.
- ¿Y una araña? - Preguntó. Kate negó con la cabeza. - ¿Una serpiente? – Volvió a negar. - ¿Un escorpión?
- Ya tenemos un perro y te tenemos a ti también. - Le miró de reojo.
- Pues yo quería una serpiente. - Dijo enfurruñado y con tono infantil.
- Y yo quiero resolver este caso antes de que empiecen las navidades. - Dijo entono evidente.
- Navidades... Eso me recuerda que tenemos que hacer la compra para esa cena.
- Bueno, podemos ir mañana, por ejemplo. - Se encogió de hombros.
- Te tomo la palabra, inspectora. - Le señaló con el dedo. - ¿Vamos primero al laboratorio?
- Sí, quiero dejar allí los zapatos cuanto antes. A ver si Lanie puede sacar alguna prueba válida. - Detuvo el coche en uno de los semáforos. – Aunque empiezo a dudarlo...

Cuando el semáforo se puso en verde el móvil de Beckett comenzó a vibrar. Kate se llevó la mano al bolsillo y le dio el teléfono a Castle.

- ¿Contraseña? - Le mostró la pantalla del móvil a Beckett.
- Cero, uno, cero, cuatro. - Le miró de reojo sin perder la vista de la calle.
- Cero, uno, cero, cuatro. - Repitió el escritor a medida que iba introduciendo el código. Se quedó pensativo. - ¿Cero, uno, cero, cuatro?
- Sí. - Le miró un segundo. - ¿Qué pasa?
- Nada... Es sólo que se parece a la fecha de mi cumpleaños... - Bajó la vista hacia el teléfono y luego posó sus ojos en la inspectora.
- Ya... - Sonrió tontamente. De nuevo, le miró de reojo.
- Espera, ¿tu contraseña es la fecha de mi cumpleaños? - Preguntó sorprendido.
- ¿Por qué lo dudas? - Dijo con una sonrisa en los labios. - Quería poner algo que tuviese que ver contigo y "gatito" no entraba... - Bromeó.
- Puedes llamarme como quieras menos "gatito" - Le dio un escalofrío. - Ya lo sabes...
- Qué exagerado eres. - Soltó una carcajada. - ¿Y bien?
- Es un mensaje de Esposito. - Miró la pantalla.
- ¿Y qué dice?
- Que tienen novedades sobre la última víctima.
- Bien, a ver si puede arrojar algo de luz a todo esto. - Respondió la inspectora.

P.D: ¡Gracias por leer y por vuestros comentarios!