¡Buenas noches!
Siento la tardanza pero ayer con las fotos de Stana estaba tan modo fangirl que se me olvidó xD
De nuevo quiero agradeceros a todos y cada uno de vosotros por los comentarios que me dejáis. De verdad, eso anima muchísimo a que siga con el fic.
Así que nada, aquí os dejo el nuevo capítulo aprovechando que no hay capítulo de Castle.
¡Espero que os guste y que comentéis mucho! :D
Capítulo 10 (Tarde viernes)
Después de haberle llevado la prueba a Lanie, Castle y Beckett regresaron a la comisaría. Esposito les había dicho que tenían novedades. Cuando el ascensor se abrió, ambos se dirigieron a la mesa de la inspectora. Kate dejó el abrigo sobre el respaldo de su silla.
- Si que habéis tardado... - Esposito se acercó a ellos.
- El testigo nos ha dado más problemas de los que pensaba... - Apoyó las manos sobre el respaldo de su silla.
- ¿Y Ryan? - Preguntó el escritor mientras le buscaba con la mirada.
- Está haciendo unas llamadas. - Respondió el detective. - ¿Queréis las novedades?
- Sí, claro. Dispara. - Kate se cruzó de brazos.
- Hemos encontrado la cartera de Kelvin Stone.
- ¿Lo veis? Os dije que no podía haber salido de casa sin ella. - Castle sonrió con suficiencia.
- ¿Quieres decir algo antes de que siga o puedo continuar? - Esposito alzó una ceja.
- Continúa, continúa. - Le hizo un gesto con la mano para que reanudase la información.
- ¿Dónde estaba la cartera? - Preguntó Kate con curiosidad.
- En un contenedor cercano a donde encontramos el cadáver. - Explicó el detective. - Y, antes de que lo preguntéis no, no encontramos ni tarjetas ni dinero. Sólo estaba el carnet de conducir y el documento de identidad. ¿Y sabéis qué más hemos encontrado?
- ¿Alguna huella? - Beckett se encogió de hombros.
- Bingo para la señorita. - Le señalo con el dedo.
- Pero no es de la víctima, ¿No? - Castle frunció el ceño.
- Además de las de Kelvin había otras huellas... - Sonrió. - ¿Y adivináis qué?
- ¿Qué Espo? - Preguntó Kate, impaciente.
- Tenéis que adivinar. - Respondió él.
- ¿Son las de Michael Forbes? - Preguntó Castle entusiasmado.
- ¡Meeec! - Hizo el ruido de una bocina - Error.
- Espo, por favor. Al grano. - Le regaño Beckett.
- Que aguafiestas eres... - Se quejó el inspector. - Las huellas son de Wilson Smith.
- ¿Y ese es...? - Castle frunció el ceño, pensativo.
- Nuestro nuevo sospechoso. - Esposito sonrió. - Y ya le tenemos aquí. Está en la sala de interrogatorios.
- ¿Qué puedes decirnos sobre él? - Quiso sabes Kate. El detective le paso una carpeta marrón con la información dentro.
- Está fichado por varios hurtos y atracos... - Kate leyó la ficha policial. - ¿Ha dicho algo?
- Lo de siempre. Que él no ha hecho nada.
- Vamos a hablar con él, ¿no? - Castle miró a Beckett.
- Sí. - Asintió. - ¿Alguna relación con Kelvin o con las otras víctimas?
- Negativo. Aun no hemos encontrado nada que los vincule.
- ¿Podría tener alguna relación con Michael Forbes en lugar de con las víctimas?- Castle miró a Kate y luego a Esposito.
- Es una buena idea. - Beckett asintió. - Espo, averígualo.
- Ahora mismo.
En la sala de interrogatorios se encontraba Wilson Smith. Era un hombre afroamericano de veintisiete años. Estaba claro que no era la primera vez que estaba en una comisaría. Parecía bastante calmado aunque echaba alguna que otra mirada al espejo de la sala. La puerta se abrió, dejando paso a Beckett y a Castle. Sin mediar palabra, ambos se sentaron en sus respectivos lugares. Kate dejó la carpeta sobre la mesa y juntó sus manos sobre ésta.
- Menos mal. Ya pensaba que se habían olvidado de mí. - Levantó un poco las manos. - ¿Y qué hago aquí? ¿Es por ese asunto de la licorería? Porque todo eso tiene una explicación. - Les aseguró.
- No está aquí por eso sino por el robo de una cartera, señor Smith. – Habló Castle.
- ¿Una cartera? ¿En serio? – Él son alzó una ceja. - No sé de qué están hablando...
- ¿Está usted seguro? Porque esto tiene sus huellas, señor Smith. - Kate le mostró la bolsa de pruebas que contenía dicha cartera.
- Eso puedo explicarlo. - Señaló con el dedo la bolsita de plástico.
- Soy toda oídos. - Beckett se cruzó de brazos y se apoyó en el respaldo de la silla.
- Me la encontré. - Dijo simplemente.
- Se la encontró... - Repitió el escritor. - ¿Y no encontró algo más? No sé, como algo de carne, con ropa y especialmente frió.
- ¿De qué estás hablando, tío? - Wilson frunció el ceño. No entendía nada. - ¿De qué está hablando? - Miró a Kate.
- Se refiere a esto. - Kate sacó de la carpeta la fotografía de Kelvin Stone que fue tomada en la casa abandonada.
- ¡Tío! - Abrió mucho los ojos. - ¿Pero qué es esto? ¿Un muerto?
- "Esto" como tú dices, es el dueño de esa cartera que tú robaste. - Kate puso juntas, sobre la mesa, la fotografía y la bolsa de pruebas.
- ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh! - Levantó las manos, mostrando las palmas. - Yo no sé nada de esto.
- ¿Estás seguro? - Preguntó Castle. - Porque, que yo sepa, las carteras no tienen patitas y se mueven ellas solas.
- Tío, me encontré esa cartera. ¡No tenía ni idea que era de un muerto!
- ¿Dónde la encontraste? - Preguntó la inspectora. - Cuéntamelo todo.
- Volvía de una fiesta y me iba a casa ya, cuando vi que esa preciosa cartera estaba sobre la acera. - Gesticuló con los brazos. - Miré hacia los lados a ver si había alguien o si era una trampa. Como estaba todo muy solitario me dije 'qué demonios', la cogí y me llevé los ochenta pavos que había dentro.
- ¿Y las tarjetas? - Castle apoyó el codo sobre la mesa y, sobre la mano, descansó su barbilla.
- Bueno, vale, sí. Las tarjetas también me las llevé. - Terminó asintiendo. – Pero no había ningún muerto. - Recalcó. - Se lo juro por mi madre.
- ¿Conoce a alguno de estos hombres? - Kate puso sobre la mesa las fotos de Norman Johnson y Carl Ericsson.
- Pues... - Miró las fotografías atentamente. - No. No conozco a ninguno. ¿Por qué?
- Porque también están muertos. - Le respondió Castle.
- ¿Más muertos? - Elevó ambas cejas. - Esperen. - Miró primero a Kate y luego a Castle. - ¿Piensan que yo he podido matarles? - Se señaló. - Estarán de broma, ¿no?
- Ella nunca bromea. - Le aseguró Castle. - Yo a veces sí, pero este no es el caso.
- ¿Pero yo por qué iba a querer matar a estos tíos? ¡No los conozco de nada!
- Bueno, eran personas con mucho dinero y tú te dedicas a robar, según tus antecedentes... - Kate ojeó su ficha policial.
- Sí, bueno, robo pero no soy ningún asesino. - Se exaltó.
- ¿Dónde estuvo las madrugadas del martes y el miércoles? - Kate puso los brazos sobre la mesa.
- Estuve en casa de mi hermana que vive en Chicago. Compruébenlo, no estoy mintiendo.
- Lo haremos. - Le aseguró la detective.
- ¿Y a este hombre le conoces? - Castle sacó la fotografía de Michael Forbes.
- ¿Este también está muerto? - Señaló la foto.
- No, no lo está. - Kate negó con la cabeza. - ¿Le conoces o no?
- No le conozco. ¿Quién es este tío?
- Aquí las preguntas las hago yo, Wilson. - Respondió Kate.
- Si llego a saber que por coger esa cartera me iba a meter en un marrón así no lo hago. - Wilson se cruzó de brazos.
- ¿Vio algo extraño aquella noche? - Esta vez habló el escritor.
- Pues no. - Negó con la cabeza. - Ya he dicho que no había nadie en la calle. ¿Cuánto tiempo tengo que estar aquí?
- Comprobaremos sus coartadas y, si está limpio, entonces podrá irse. - Kate se levantó y recogió las fotos.
Ambos salieron de la sala dejando allí al posible sospechoso.
- ¿Crees que ha sido él? - Preguntó el escritor mientras la seguía por comisaría.
- La verdad es que no. - Se abrazó a la carpeta marrón. - Pero hay que comprobar su coartada. Aunque me parece a mí que estaba en el momento y en el lugar menos apropiado.
- Eso mismo pensaba yo. - Asintió. Se sentó en su silla, junto a la mesa de Beckett.
- Beckett. - Ryan se acercó a ellos. - Creo que tenemos otro hilo del que tirar.
- ¿Y a qué estás esperando? - La inspectora estaba ansiosa por pillar al asesino o, al menos, tener alguna novedad.
- Lo siento. He estado revisando sus cuentas y, un par de horas antes de que le matasen, pagó con tarjeta en un lugar 'Paradis'. - Leyó sus notas.
- ¿Y eso qué es? - Kate frunció el ceño. - ¿Un bar de copas?
- Pues no. Es un local de striptease. - Miró a Kate y luego a Castle. - Está en la 10th, cerca de la 53 Oeste.
- ¡No me lo puedo creer! - Ambos miraron al escritor. - ¡Mi sueño hecho realidad! ¿Podemos ir? ¿Porfa? - Dijo en tono infantil.
- ¿Para ver mujeres medio desnudas bailando en una barra? - Kate alzó una ceja.
- Eh que una vez fuimos a un striptease de hombres por un caso y no te oí quejarte… - Le recordó. - De hecho me obligaste a ir porque ellos no quisieron...
- ¿Y quién dice que no vayamos a querer ir ahora, Castle? - Ryan respondió con una sonrisa en la boca.
- ¿En serio vamos a tener una discusión sobre quién va a ir? - Kate se cruzó de brazos.
- Piedra, papel o tijera. - Castle retó a Ryan.
- Hecho. - Ambos tomaron posiciones pero Kate les detuvo.
- Chicos, no vamos a echarlo a suertes... Tenéis que madurar un poquito... -Les regañó.
- Bueno, pues entonces tendrás que elegir tú. - Le dijo Castle. Ambos se quedaron mirando a la detective.
- Ah, no, no, no. - Kate negó con la cabeza. - A mí no me metáis en líos.
- Claro, porque todos sabemos a quién vas a elegir... - Ryan señaló a Castle con la mirada.
- ¿Sabéis qué? Echadlo a suertes... - Hizo un gesto con la mano. Se dio por vencida.
- ¿Y si lo ponemos más difícil? - Propuso el escritor. - Piedra, papel, tijera, lagarto, Spock.
- ¿Y qué es eso exactamente? - Ryan frunció el ceño.
- Un juego inventado por Sheldon. - Respondió Castle. Ambos se le quedaron mirando. - ¿Sheldon? ¿Big Bang Theory?
Ryan y Kate se miraron.
- ¿Es que no veis la tele? - Dijo indignado.
- A diferencia de ti nosotros trabajamos, Castle. - Contestó Ryan.
- Eso ha sido un golpe bajo... - Se hizo el dolido.
- Mientras vosotros tomáis esta difícil decisión - dijo con ironía. - yo voy a seguir trabajando... - Se sentó en su mesa y ojeó los papeles que tenía por allí.
- Bien, ¿y cómo se juega a eso? - Preguntó Ryan.
- Tijeras cortan papel, papel cubre a la piedra, piedra aplasta lagarto, lagarto envenena a Spock, Spock destroza tijeras, tijeras decapitan lagarto, lagarto se come el papel, papel desacredita a Spock, Spock vaporiza piedra y, como siempre, piedra aplasta papel. - Fue diciendo mientras hacía los gestos pertinentes. - ¿Ha quedado claro? - Sonrió.
- Vale. Tú ganas. - Ryan asintió despacio. - Me vuelvo a mi mesa. - Señaló el escritorio. - Beckett, tienes que sacar más a Castle... - Y dicho esto se fue a seguir con el trabajo.
- ¿Pero qué? - Parpadeó varias veces. - ¿Es que ahora soy un perro?
- Alégrate. - Kate no levantó la vista de los papeles. - Te ha tocado ir al club de striptease...
- Sí... - Asintió despacio. - Es cierto... ¡He ganado! ¡Choca! - Le puso la mano delante de la cara.
- ¿En serio? - Kate alzó una ceja.
- Porfa... - Le puso morritos.
- Está bien... - Terminó por chocarle la mano. - ¿Contento?
- Mucho. - Asintió con una sonrisa de niño en los labios. - ¿Y ahora?
- Ahora vamos a hacerles una visita. - Se levantó de la silla y cogió el abrigo.
- Mi primer club de striptease. - Se frotó las manos.
- No pensarás que voy a creerme eso, ¿verdad? - Alzó una ceja y se puso el abrigo.
- ¿No ha sonado convincente?
- Para nada. - Le aseguró. Ambos entraron en el ascensor.
- Vale pues mi segundo club de striptease.
- Castle... - Le miró de reojo y le dio al botón del parking.
- ¿Qué? - Le miró con curiosidad.
- Déjalo...
- Será lo mejor. - Él asintió.
Las puertas del ascensor se cerraron.
Kate iba conduciendo cuando Castle le pegó un grito para avisarle que ahí delante tenían un sitio donde aparcar.
- ¿Tienes qué provocarme infartos cada vez que ves un sitio libre? - Le regaño.
- Lo siento. - Se encogió de hombros. - Es que si te despistas te lo quitan. Nueva York es el peor sitio para desplazarse con coche...
- Hombre si lo prefieres vamos en metro. - Alzó una ceja.
- Uuuf el metro. - Puso cara de desagrado. - No sé qué es más atractivo, ese aroma tan característico del suburbano, el calor sofocante o el ir como sardinas enlata...
- Parece que has ido mucho en metro...
- Pareces sorprendida. - Giró la cabeza para mirarle.
- Es que se me hace raro imaginarte yendo en metro. - Comenzó a aparcar el coche.
- Bueno, no siempre he sido rico. - Se encogió de hombros.
- ¿Cuándo fue la última vez que fuiste en metro?
- Mmmm creo que fue cuando tuvimos el caso del tío bombilla.
- ¿Y antes de eso? – Kate apagó el motor.
- Hace tanto tiempo que ni me acuerdo. – Sonrió.
- Ya... - Se río. Ambos salieron del coche. - Castle, una cosa. Compórtate. – Le señaló con el dedo.
- Comportarse. De acuerdo. - Asintió con la cabeza.
- No hagas que me arrepienta de haberte traído, ¿vale?
- Vale, vale. - Volvió a asentir. - Estaré calladito y, lo más importante, no tocaré nada.
- Eso espero. Porque como te vea tocar 'algo' vas a dormir una semana entera en el sofá con una herida de bala en una pierna.
- Entendido. Palabra de no boy scout. - Levantó la mano derecha a modo de juramento.
Después de caminar durante varias manzanas por fin llegaron al local. Por fuera tenía aspecto de ser un bar cualquiera, pero por dentro ya se veía que no lo era. Al final del recinto estaba el escenario. Justo en el centro había una barra americana en la que una joven mujer, ligera de ropa, ascendía por ella.
- Castle, cierra la boca... - Le dijo entre dientes.
- Lo siento. Ha sido la emoción del momento. - Se disculpó.
El establecimiento contaba con varias mesas redondas. Prácticamente todas estaban ocupadas por grupos de hombres. Aquel lugar parecía bastante caro. La clientela iba muy bien vestida. Castle y Beckett se acercaron a la barra dónde una joven morena, de ojos azules y muy guapa, estaba atendiendo.
- ¿Qué desean tomar? - Sonrió. Apoyó las manos sobre la oscura barra.
- Soy la inspectora Kate Beckett y él es el señor Castle. - Le enseñó la placa. -Queríamos hablar con el encargado.
- Eh... Sí... Ahora mismo le llamo. - Asintió con la cabeza.
La chica salió de detrás de la barra y se metió por la puerta que había justo al lado.
- Parece un sitio caro. - Castle echó un vistazo.
- Sí. - Asintió. - La verdad es que no parece un lugar donde Kelvin Stone encajase.
- Quizá lo pagaba con el dinero que sacaba de los robos y la droga.
- Es posible...
En ese momento apareció una mujer de unos cincuenta años. Era rubia, iba excesivamente maquillada y llevaba un gran escote. Les invitó a pasar a su despacho. Allí les ofreció sentarse en dos sillas que había frente a un escritorio. Ella se sentó en su lugar.
- Soy Daisy. - Se cruzó de brazos.
- Soy la inspectora Kate Be... - Antes de que Beckett pudiese continuar, la mujer le interrumpió.
- Sí, sí. Ya sé quiénes son, mi chica me lo ha dicho. - Hizo un gesto con la mano.- ¿Qué quieren?
- Hace dos días se cometió un asesinato y las investigaciones nos han traído hasta aquí. - Le explicó la detective.
- ¿Y qué tiene que ver mi local en todo esto? - Daisy alzó una ceja.
- ¿Conoce a este hombre? - Kate le enseñó la fotografía de la última víctima en su móvil.
- Oiga, conozco mis derechos. - Dijo con desdén. - Le debo confidencialidad a mis clientes...
- Mire, podemos hacer esto aquí o en comisaría. - Contestó la inspectora con un tono duro. - Usted decide.
- Haga lo que tenga que hacer...
- ¿Sabe que si averiguamos que nos está ocultando información se le puede acusar de obstrucción a la justicia? - Le informó el escritor. - Y tiene pena de cárcel...
- Sólo tiene que respondernos a unas preguntas.
Parecía que Daisy se lo estaba pensando.
- Está bien. - Terminó por acceder. - ¿Qué quieren saber?
- ¿Conoce a ésta persona? - Kate volvió a enseñarle la fotografía de Kelvin.
- Sí. - Asintió con la cabeza. - Le he visto alguna que otra vez por aquí. Pero no sé su nombre ni he hablado con él.
- Sabemos que la noche que lo mataron estuvo aquí. - Habló Castle. - ¿Sabe si tuvo algún problema con alguno de los otros clientes o con alguna de sus chicas?
- ¿Cree que si hubiese ocurrido algo no lo hubiese denunciado? - Alzó una ceja.
- Me gustaría hablar con sus chicas... - Dijo Kate. No se fiaba mucho de aquella mujer.
- Bueno, eso no es posible. - Se cruzó de brazos. - Por si no se han dado cuenta tenemos mucho trabajo hoy.
Castle se había fijado en la camarera que antes les había atendido. Le debía ocurrir algo porque parecía nerviosa ante su presencia.
- Voy a pedirme una copa. - Dijo el escritor. Kate se le quedó mirando alucinada.- ¿Qué? Estoy sediento. Y tranquila, será sin alcohol.
- Está bien pero date prisa. - Kate le fulminó con la mirada.
Castle se levantó, salió del despacho y fue directo a la barra. Mientras Kate y Daisy siguieron hablando, o al menos eso es lo que Beckett intentaba.
- Hola. - Le dijo la camarera. - ¿Quiere algo?
- Sí. - Apoyó los brazos en la barra. - ¿Me pones una cerveza? Ah, sin alcohol. Tengo que conducir. - Le sonrió.
- Ahora mismo. - Asintió la chica. De una nevera sacó un botellín sin alcohol. -Aquí tiene.
- Tienes una jefa muy estricta. - Le dio un trago a la cerveza.
- Bueno, se preocupa por el negocio. - Se encogió de hombros.
- ¿Y se preocupa también por vosotras?
- Eh... Sí, claro. - Sonrió de manera forzada.
- Por cierto, soy Richard. - Le tendió la mano.
- Rachel. - Le correspondió al saludo.
- ¿Llevas mucho tiempo trabajando aquí?
- Un par de años. - Comenzó a recoger los vasos que tenía por medio.
- Pareces algo nerviosa. - Dijo al fijarse que no podía estar quieta.
- Bueno, no siempre viene a policía. - Se encogió de hombros.
- Ha habido un asesinato. - Castle fue al grano. - Y parece que tiene algo que ver con este local.
- ¿Qué? - La chica se sorprendió. - ¿Asesinato? ¿Y quién ha muerto?
- Un cliente. - Sacó el móvil y le mostró una fotografía. - ¿Conoces a este hombre?
- Eh... - Se quedó mirando la pantalla. - Sí. - Terminó asintiendo. - Creo que se llamaba Kelvin...
- Así que hablaste con él...
- Sí, bueno. Lo normal. - Se encogió de hombros.
- ¿Y sabes si ocurrió algo con él hace dos noches? - Guardó el teléfono.
- No lo recuerdo. - Se mordió los labios. - Lo siento.
- Bueno, si te acuerdas de algo, por pequeño que sea, llámame. - Apuntó su número en una servilleta y la deslizó por la barra, poniéndola debajo de la mano de la chica. - O si lo prefieres puedes venir a comisaría. Trabajamos en la 12th. Lo que prefieras.
Rachel iba a contestar, pero en ese momento Daisy y Kate salieron del despacho. Ambos disimularon.
- ¿Cuánto te debo? - Castle sacó su cartera.
- Son diez dólares. - Contestó con timidez.
- Aquí tienes. - Dejó el billete sobre la mesa.
- Castle, nos vamos. - Kate pasó por detrás de él y se dirigió a la salida.
- Voy... - Dio un último trago a la cerveza. - Un placer Rachel. - La chica se limitó a sonreír. El escritor salió por la puerta.
Fueron en silencio hacia el coche. Una vez dentro, Castle rompió el hielo.
- ¿Estás enfadada conmigo? - Se puso el cinturón.
- ¿Por qué debería estarlo? - Frunció el ceño, sorprendida.
- No lo sé. - Se encogió de hombros.- Es que has estado muy callada.
- Me molesta mucho que me mientan en la cara. - Arrancó el coche.
- ¿Te refieres al caso... o a mí? - Preguntó con miedo.
- Al caso, por supuesto. - Le miró de reojo. - ¿Por qué iba a ser contigo?
- Bueno, quizá porque me dijiste que no tocase nada... - Miró al infinito.
- Espera. ¿Qué? - Frunció el ceño. - ¿Qué has hecho?
- ¡Nada! Eh... Bueno... Quizá toqué un poco a la camarera... ¡Pero sólo la mano!- Quiso dejar claro.
- Antes de que mi mente empiece a formular teorías descabelladas en las que tú no vas a salir bien parado, cuéntame qué pasó exactamente... - Le sugirió.
- Cuando dije que iba a tomar algo porque tenía sed no estaba siendo del todo sincero... - Kate hizo un gesto para que continuase. - En realidad fue para hablar con la camarera, Rachel. - Se aclaró la garganta y prosiguió. – Al enterarse de que éramos de la policía se puso muy nerviosa, así que decidí ir a hablar con ella a ver si nos contaba algo más que la dueña del local.
- ¿Y bien? - Volvió a mirarle de reojo.
- ¿Te has enfadado? - Contrajo los músculos de la cara como si ella fuese apegarle.
- ¿Por buscar otra vía de información? - Alzó las cejas y sujetó el volante con ambas manos. - Claro que no. - Le aseguró. - Al revés, estoy orgullosa de que lo hayas hecho.
- ¿Seguro?
- Rick, puedes estar seguro de que por algo así no voy a enfadarme. – Intentó tranquilizarle. - Hubiese sido distinto si te hubiera pillado metiéndole a la chica de la barra americana billetes de un dólar en el tanga... Con eso sí que hubieses tenido que echar a correr...
- Me dejas mucho más tranquilo. - Asintió con la cabeza.
- Bueno, ¿y te dijo algo interesante?
- Admitió que conocía a la última víctima, pero antes de que siguiese hablando llegasteis vosotras. - Miró a Kate y luego a la calle. - Así que le di mi número de teléfono, le dije que trabajábamos en la 12th, y que si se acordaba de algo más que me llamase o que viniese a comisaría.
- Hiciste bien. - Kate asintió con la cabeza. - A ver si tenemos suerte y la chica nos cuenta algo más.
P.D: Lo de The Big Bang Theory tiene su explicación, y es que en el momento en el que escribí este capítulo, mi hermano y yo estábamos super viciados a la serie, y tenía que meter algún guiño jejeje
P.D 2: De nuevo gracias por leer y ya sabéis, ¡comentad muuuuuucho!
