¡Buenas noches! Siento la tardanza. Tanto la inspiración como el tiempo para escribir me abandonaron (menos mal que el primero fue momentáneamente jeje) Es sí, entre la uni y demás cosas quizá tarde algo de tiempo en ir actualizando los capítulos, pero prometo que no me olvido de vosotros.
Después de tanto tiempo, quizá os tiréis a mi cuello al ver que este capi habla más del caso que de Caskett, pero ya sabéis que siempre os recompenso jeje
Lo dicho, aquí lo tenéis. Ya sabéis que amo los comentarios (y si son extensos más todavía) Nos os cortéis a la hora de dejarme vuestra opinión
Capítulo 12
Después de discutir sobre quién conducía, se pusieron en marcha. Al final terminó ganando Castle, recordando su pequeña farsa sobre el llegar juntos a comisaría. Cuando llegaron, Ryan y Esposito ya estaban allí.
- Hola chicos, ¿alguna novedad? - Kate dejó el bolso sobre el escritorio.
- Pues sí. - Respondió Ryan. - Ha llamado Lanie. Ya sabe de qué material está hecho el objeto que causó las dos heridas perimortem de las dos últimas víctimas.
- ¿Y bien? - Kate hizo un gesto con las manos para que continuase.
- Es oro. - Respondió Esposito.
- ¿Oro? - Castle frunció el ceño.
- Oro blanco, para ser más exactos. - Ryan sonrió. - El FBI lo ha confirmado.
- Puede ser de alguna pulsera. - Pensó en voz alta la inspectora.
- O un reloj. - Apuntó el escritor.
- Voy a llamar a Lanie, a ver si puede decirme algo más. - Kate cogió su móvil y se fue a la sala de descanso.
Ryan y Esposito esperar a que Beckett estuviese lejos para 'atacar' al escritor.
- Vaya, vaya, vaya... - Esposito hizo un gesto a Castle para que se sentase en su silla. - Al parecer nos hemos quedado solitos, ¿eh? - Se cruzó de brazos.
- Sí... - Ryan imitó a Esposito. - ¿No tienes nada que contarnos, Castle?
- Pues... No que yo sepa. - Se encogió de hombros e hizo el ademán de levantarse.
- ¿Está seguro? - Esposito le puso una mano en el hombro, obligándole a sentarse de nuevo.
- Chicos, ¿qué pasa? - Sonrió.
- Pasa que sabemos lo que estás haciendo. - Ryan le señaló con el dedo.
- Y encima tiene la poca vergüenza de decirle que venga a verte a comisaría... - Javier negó lentamente con la cabeza.
- ¿De qué estáis hablando? - Frunció el ceño, confuso.
- De la chica que ha venido preguntando por ti. De eso estamos hablando... – Ryan le miró de reojo, vigilando a Kate que seguía hablando por teléfono.
- ¿No es demasiado joven para ti? ¿No te basta sólo con una?
- Estáis empezando a darme miedo... - Se recostó sobre la silla, algo intimidado.
- Y más que te vamos a dar como nos enteremos de que tienes algo con esa chica... - De advirtió Ryan.
- Y no va a ser nada en comparación con lo que puede hacerte Beckett como se entere. - Esposito le dio unas palmaditas en el hombro.
- Creo que me he perdido... - Parpadeó varias veces. - ¿Qué tiene que ver Beckett en todo esto?
- Lo sabes perfectamente... - Ryan se acomodó en el escritorio.
- Una cosa es que creáis que nos habéis engañado durante todo este tiempo. - Habló Esposito.
- Y otra es que pienses que vamos a dejar que tú engañes a Beckett. – Continuó Ryan.
- Un momento. - Castle miró a uno y luego al otro. - ¿Lo sabéis?
- ¿Qué estás engañando a Beckett? -Esposito miró a Ryan. Ambos asintieron.
- No, no, no. - Negó con la cabeza. - Me refiero a lo nuestro. A Beckett y mí...
- ¿Por qué crees que nos hemos dejado chantajear durante tanto tiempo? – Ryan alzó una ceja, evidente.
- ¿Y cómo os habéis enterado? - Parpadeó varias veces, perplejo.
- Sois muy poco sutiles, tío. - Esposito elevó las cejas.
- Cuando Kate se entere le va a dar algo... - Castle se quedó pensativo.
- Peor va a ser cuando sepa que le estás engañando... - Volvió a decir Esposito.
- Un momento, yo no estoy engañando a nadie y mucho menos a Kate.
- Vamos Castle. - Ryan se cruzó de brazos. - ¿Y la chica que ha venido preguntando por ti?
- Y no me vale que nos digas que es una amiga... - Le dijo Esposito.
- ¿Pero qué clase de imagen tenéis de mí? - Dijo Castle ofendido.
- ¿En serio hace falta que respondamos a esa pregunta? - Contestó Ryan.
- Pero vamos a ver, ¿cómo se llama esa chica? - Quiso saber el escritor.
- Rachel. - Respondió Esposito. - Y ahora no nos digas que no la conoces...
- Espera, ¿dijo que se llamaba Rachel? - Se incorporó en la silla.
- Sí. - Ryan asintió.
- Esa chica tiene que ver con el caso. ¿Dónde está? - Echó un vistazo a la comisaría.
- Está en una de las salas... Allí. - Le señaló Esposito.
- Voy a buscar a Kate. - Se levantó de la silla y se giró para mirarles. - Ni una palabra a Beckett sobre que sabéis lo nuestro, ¿entendido?
- Uuuuf... No sé Castle. Es muy difícil tener la boca cerrada. - Habló Ryan.
- Es un esfuerzo muy grande tío... - Esposito apoyó a Ryan.
- Vale, vale. Luego hablamos del ferrari, de las entradas de baloncesto y de lo queráis...
Castle fue directamente a por Kate a la sala de descanso.
- Siempre me he querido ir al fútbol... - Ryan dejó caer.
- ¿Al fútbol? - Esposito frunció el ceño. - ¿Desde cuándo, tío?
- Desde que no pago yo... - Se miraron y se echaron a reír.
Castle se dio un golpe con el marco de la puerta al entrar muy rápido en la sala. Empezó a hacerle señas a Kate pero ella no le entendía.
- Espera un momento Lanie. - Tapó el auricular del teléfono. - ¿Qué pasa?
- Tienes que colgar. Es urgente. - Al ver que Kate se le quedó mirando, él se adueñó de su teléfono. - Lo siento Lanie. Beckett tiene que colgar.
- ¿Pero qué...? - Se oyó decir a Lanie antes de que el escritor cortase la llamada.
- ¿Se puede saber qué estás haciendo? - La inspectora frunció el ceño y se cruzó de brazos.
- Rachel está en comisaría. - Le devolvió el móvil.
- ¿La chica del club? - Alzó las cejas, sorprendida.
- La misma. - Castle asintió con la cabeza.
- ¿Y por qué no me lo has dicho antes? - Kate salió de la sala de descanso.
- Si yo te contase... - Susurró cuando la inspectora desapareció de la habitación.
Castle y Beckett llegaron donde estaba Rachel. No estaba tan maquillada como la otra noche y llevaba mucha más ropa. Parecía bastante nerviosa, no dejaba de juguetear con sus manos.
- Hola Rachel. Sentimos llegar tarde. - Castle y Beckett tomaron asiento frente a ella.
- No pasa nada. - Hizo un gesto con la mano.
- ¿Querías contarnos algo? - Preguntó Kate.
- Eh... Bueno. - Tragó saliva. Se quedó callada.
- Tranquila. Puedes contarnos lo que quieras. - Le dijo Castle con un tono pausado.
- Nadie puede saber que he estado aquí. - Rachel estaba intranquila.
- ¿Quién no puede saberlo, Rachel? - Quiso saber Kate.
- No quiero perder mi trabajo. - Aseguró.
- ¿Te preocupa Daisy? - Castle apoyó los codos en las rodillas. Rachel asintió.
- No te preocupes. Nadie sabrá que has hablado con nosotros. - Afirmó la inspectora. - Y ahora, ¿qué querías decirnos?
- Pues... El día que murió Kelvin ocurrió algo... - Bajó la mirada.
- Tranquila... - Kate intentó animarla.
- Verán el 'Paradis' no es sólo un local de striptease... - Se les quedó mirando.
- Oh... Es 'ese' tipo de sitio... - Castle asintió despacio.
- ¿Y qué es lo que ocurrió Rachel?
- Kelvin se pasó con una de las chicas... - Rachel respiró hondo.
- ¿Te refieres a que abusó o violó a una de las chicas? - Kate jugueteó con el bolígrafo.
- No. - Negó con la cabeza. - Le dio una paliza...
- ¿Y nadie lo denunció? - Castle alzó las cejas.
- Daisy dijo que no quería tener problema. - Dijo Rachel.
- ¿Alguien hizo algo? - Preguntó la detective.
- Eso no lo sé. - Negó con la cabeza. - Daisy lo llevó todo con mucho secretismo.
- ¿Y podemos hablar con esa chica? - Kate apuntó algo en su libreta.
- No lo creo. Daisy le mandó fuera hasta que se recuperase de sus lesiones.
- ¿Y ha habido más altercados así últimamente? - Castle entrelazó las manos.
- Ahora que lo dice, sí. - Asintió. - Hubo un cliente que se puso agresivo con una de las chicas y no le quiso pagar.
- ¿Y eso más o menos hace cuándo fue? - Beckett frunció el ceño.
- Pues... No lo sé seguro pero hará unos tres o cuatro días. ¿Por qué?
- ¿Reconoce a alguno de estos hombres? - La inspectora le mostró las fotografías de Norman Johnson y Carl Ericsson.
- Pues... A decir verdad sí. - Se quedó mirando las fotos detenidamente. - Les he visto por el club pero no recuerdo sus nombres.
Castle y Beckett se miraron.
- ¿Por qué lo preguntan? - Miró a uno y a otro.
- Los dos están muertos. - Le dijo Castle.
- Y murieron de la misma manera que Kelvin. - Comentó la detective.
- ¿Estás pensando lo mismo que yo? - El escritor alzó una ceja y miró a Beckett.
- Sí. - Kate asintió. - Ésta es la relación entre las víctimas.
- ¿Qué está pasando? - Rachel les interrumpió.
- ¿Alguien tuvo problemas con estos dos hombres? - La inspectora le señaló las fotografías.
- No sé si alguno de ellos fue el que robó a Mary. - Se quedó pensando.
- ¿Crees que alguna de las chicas pudo tomarse la justicia por su mano? - Castle se cruzó de brazos.
- No sé si como para matar. - Dijo reticente a la idea.
- ¿Y Daisy? - Intervino la detective. - ¿Cree que ella pudo haberles matado?
- Tiene muy mal genio pero matar son palabras mayores. Siento no poder ser de más ayuda.
- Créeme. Nos has ayudado más de lo que te imaginas. - Respondió Beckett.
- Una última cosa. - Castle se incorporó en la silla. - ¿Alguna de las chicas o Daisy tiene alguna pulsera o un reloj de oro blanco?
- Nuestro sueldo no da para tanto. - Le aseguró. - Y a Daisy sólo le he visto pulseras de oro, pero de oro amarillo.
- Muy bien. - Kate se levantó de la silla. - Muchas gracias por la información. – Le tendió la mano.
- Y si recuerdas alguna otra cosa más ya sabes, llámanos. - Castle le sonrió.
- Sí. - Rachel sonrió y asintió. - Gracias.
Castle puso en la pizarra la nueva información que Rachel les había proporcionado. Beckett apareció con dos tazas. Le tendió una al escritor.
- Gracias. - Castle le dio un sorbo al café. - Así que al final la relación entre los tres era ese club.
- Eso parece. - Kate se sentó en su silla. - Y lo de Michael Forbes era sólo una casualidad.
- Lo que no entiendo es cómo Daisy no denunció lo que ocurrió con dos de sus chicas.
- Fácil. Si lo denunciaba dejaba al descubierto el negocio de la prostitución. Cosa que es ilegal. - Comentó la inspectora.
- Es verdad. - Asintió despacio y se quedó mirando a la pizarra. - ¿Crees que en las cámaras seguridad del local pudo verse algo?
- Eso había pensado. - Afirmó. - Aunque tendremos que pedir una orden porque no creo que Daisy esté por la labor de facilitarnos el trabajo.
- Lo tenía claro desde el principio. - Castle le dio un trago a su café. - Esa mujer prefiere proteger su negocio antes que a esas chicas.
- Ya sabemos que hay gente que haría lo que fuese necesario con tal de enriquecerse, incluido el que unas pobres chicas sufran maltrato por parte de algunos clientes. - Suspiró. Castle se le quedó mirando. - ¿Qué?
- Nada. - Se encogió de hombros. - Es sólo que te ha quedado muy bonito el mini discurso.
- Gracias. - Sonrió. - Voy a pedir esa orden. - Cogió el teléfono.
Pasaron un par de horas cuando por fin recibieron esa orden. Castle y Beckett se presentaron en el club 'Paradise' junto con otros policías. Como era de esperar, Daisy no colaboró por las buenas por lo que a Kate no le quedó más remedio que enseñarle la orden, la cual les permitía llevarse las grabaciones de las cámaras de seguridad de las dos últimas semanas.
Cuando volvieron a comisaría, Beckett encargó a Esposito y a Ryan que se hiciesen cargo del visionado de las grabaciones. Kate y Castle se dedicarían a repasar de nuevo el caso. La inspectora cogió otra pizarra blanca ya que la que tenían en uso se les estaba quedando pequeña.
- ¿Cómo consiguió el asesino la droga? - Castle leyó lo que la inspectora acababa de escribir. - Mmmm, ¿mercado negro? - Se encogió de hombros. Dejó dos tazas de café sobre la mesa de la detective.
- Lanie dijo que también se utiliza como medicamento. - Se llevó la tapa del rotulador a los labios.
- Como es una droga se necesita una receta para adquirirlo. - Se apoyó sobre el escritorio. - ¿Se puede pedir los nombres de todas las personas que consumen ese medicamento?
- Se podría pedir pero, ¿qué conseguiríamos con ello? - Se dio la vuelta para mirarle. - No sabemos a quién estamos buscando.
- Si tuviésemos mucha suerte quizá la medicina esté a nombre de Daisy. – Dejó caer el escritor.
- O de alguna de las chicas... - Se quedó pensativa. - Es un camino largo pero al menos es algo. - Asintió con la cabeza. - ¡RJ!
Kate le hizo un gesto con la mano para que se acercase.
- ¿Qué pasa Beckett? - Se puso a su altura.
- ¿Podrías conseguir la lista de las personas que consumen Flunitrazepam o Rohypnol? - Le pasó un papel con los nombres.
- Podría intentarlo. - Asintió con la cabeza. Echó un vistazo a la hoja. - Aunque no sé cuándo podré tenerla.
- Si puede ser cuanto antes mejor. - Comentó ella.
- Dalo por hecho. - Dijo RJ con seguridad.
El agente fue directo a su mesa a realizar la gestión que le había sido encomendada.
- ¿Qué tendrían de especial estas víctimas? - Castle se quedó mirando las fotografías.
- Uno de los posibles móviles para el asesinato de Kelvin Stone podría haber sido la paliza que le dio a una de las chicas... - Kate apuntó lo que dijo entre interrogaciones.
- Si eso fuese así todos los empleados y Daisy serían sospechosos. - El escritor dio un trago a su café.
- Es posible, aunque también podría ser que alguien pagase a una tercera persona para que realizase el trabajo. - Se cruzó de brazos frente a la blanca pizarra. -Deberíamos mirar sus cuentas, por si ha habido movimientos inusuales de dinero.
- Y también hay que investigar los que tienen coche. - Apuntó el escritor.
- Bien. - La inspectora lo escribió también en la pizarra.
Mientras Beckett terminaba de apuntar lo último que había dicho Castle, Esposito apareció.
- Creo que tenemos algo. - Comentó el detective.
- Dime que es algo jugoso. - Dijo la inspectora casi con súplica.
- Eso creemos. - Respondió Esposito.
La pareja le siguió hasta la sala donde él y Ryan estaban con los visionados.
- Es del sábado de la semana pasada. - Ryan le dio al play.
En el vídeo se mostraba el interior del club. Al parecer todo estaba tranquilo hasta que se vio como Daisy salía corriendo de su despacho hacia la parte trasera.
- ¿No hay imágenes de esa zona? - Preguntó el escritor.
- Qué va. - Respondió Esposito. - Solo hay cámaras aquí, en la parte principal del local.
- Es ahora. - Señaló Ryan.
En las imágenes se veía cómo, entre Daisy y otro hombre, sacaban casi a rastras a Kelvin. No había audio aunque los cuatro se imaginaban los gritos e insultos que salían por la boca de la tercera víctima. La dueña del local volvió a la parte trasera y el hombre desconocido se llevó al señor Kelvin fuera del establecimiento.
- Supongo que esta es la agresión a la que Rachel se refería. - Kate se cruzó de brazos y frunció el ceño.
- Eso es lo que parece. - Ryan asintió.
- ¿Y quién es este tío? - Castle señaló la pantalla. - No le vimos ayer por el local.
- O no nos fijamos en él. - Respondió la inspectora.
- Parece un tío de seguridad. - Esposito escudriñó la imagen.
- Un tío de seguridad con un traje muy caro. - Observó Castle.
- Pero esto no es lo mejor. - Ryan fue hacia la noche que murió Kelvin.
Aunque en las imágenes se veía que Daisy no estaba muy conforme con volver a ver a Kelvin, no le prohibió la entrada a los pocos días. Siguieron los movimientos del señor Stone y no había nada sospechoso hasta que Kelvin se dirigió a la barra. Un hombre se acercó a él y se sentó en el taburete de al lado. Estuvieron hablando un rato y se pidieron unas copas.
- Un momento. - Kate se quedó mirando la imagen congelada. - ¿Ese no es el hombre días atrás sacó al señor Stone fuera del local?
- El mismo. - Contestó Ryan. - Aunque en ningún momento se le ve bien la cara.
- Pero espera a lo que viene ahora. - Le advirtió Esposito.
Minutos después se vio como Kelvin se tambaleaba cuando se levantó de su silla. Daisy y el desconocido le dijeron algo y éste salió del local dando tumbos. Al cabo de unos quince minutos, aquel hombre también salió del establecimiento.
- Quiero saber quién es ese tío. - Kate habló con voz seria.
- Me huele a asesinato. - Castle se frotó las manos.
- Lo malo es que, al saber dónde están las cámaras, se cuidó mucho de no mostrar su cara. - Comentó Ryan.
- Podríamos volver al local a ver si le vemos. - Sugirió Esposito.
- O algo mejor. - Todos se quedaron mirando al escritor. - Podríamos hacer que Rachel volviese a comisaría y le identificase. - Señaló la pantalla del ordenador. - Ella estaba al otro lado de la barra.
- Chicos, vosotros seguid con las grabaciones. - Dijo la inspectora. - Castle tienes que llamar a esa chica y decirle que tiene que volver a venir.
Richard llamó a Rachel y, aunque en un principio no le hizo mucha gracia el tener que volver a comisaría, al final terminó accediendo. Hacia al mediodía fue cuando apareció. Castle y Beckett le condujeron a la sala donde Ryan y Esposito estaban con las grabaciones.
- Lo único que tienes que hacer es identificar a un hombre. - Comentó el escritor.
- ¿Y luego podré irme? - Dijo ansiosa.
- Después de responder a algunas preguntas. - Kate le señaló una de las sillas para que tomase asiento.
Beckett puso en la pantalla del ordenador la imagen de aquel hombre.
- ¿Le reconoces? - Preguntó la inspectora con curiosidad.
- ¿Se refiere al hombre con traje? - Preguntó Rachel. Ambos asintieron. - Es Saúl.
- ¿Saúl qué más? - Castle se apoyó en la mesa que tenían detrás.
- Saúl Gautier. - Dijo con seguridad.
- ¿Es alguien de seguridad? - Kate le miró a los ojos.
- No, no. - Negó con la cabeza. - Es uno de los clientes del club.
- ¿Un cliente? - Castle frunció el ceño, extrañado.
- Sí. ¿Por qué?
- Porque hemos visto como sacaba a Kelvin fuera del local el sábado pasado. -Respondió la inspectora. - Supongo que fue ese el día que agredió a tu compañera.
- Bueno es que es un cliente de confianza. - Se encogió de hombros.
- ¿Qué puedes contarnos sobre Saúl? - Quiso saber el escritor.
- Es muy reservado aunque es muy buen tío. - Entrelazó las manos sobre su
- regazo. - No se mete en líos.
- ¿Cada cuánto va al club? – Kate se cruzó de brazos.
- Pues prácticamente todos los días. – Confirmó ella.
- ¿Y qué es lo que hace allí? – Habló el escritor. - ¿Se sienta a ver a las chicas bailar? ¿Va a la parte trasera del local?
- No, no. – Negó con la cabeza. – Nada de eso. – Él sólo busca compañía pero no en la que están pensando. Le gusta hablar.
- ¿Y sobre qué habla? – Kate cogió una silla y se sentó frente a Rachel.
- Pues de todo un poco. Se preocupa mucho por nosotras. – Medio sonrió. – Le interesa qué tal estamos, qué hacemos, cómo son los clientes con nosotras… Esas cosas.
- ¿Alguna vez os habla sobre él? ¿Está casado o tiene alguna relación? – El escritor apoyó una mano sobre el respaldo de la silla de Beckett.
- Sólo sé que no está casado y que no tiene ninguna relación. – Se quedó pensando. – Ah y que es abogado. No suele hablar mucho sobre sí mismo.
- ¿Sabes si lleva alguna pulsera o reloj de oro blanco? – Kate tomó algunas notas.
- Que yo sepa no. Pero no lo sé segura. Siempre va con el traje y nunca le he visto que se quitase la chaqueta. – Aseguró la chica.
- Muy bien. – Kate asintió despacio con la cabeza. – Eso es todo por el momento. De nuevo muchas gracias por habernos ayudado.
- De nada. – Sonrió. – Sólo espero que Saúl no esté metido en ningún problema. Es buena persona.
- Gracias por haber venido Rachel. - Castle le estrechó la mano.
Rachel se fue por donde había venido. La inspectora y el escritor volvieron a la pizarra. Kate apuntó los nuevos datos que Rachel les había proporcionado sobre el desconocido.
- Necesitamos todos los datos de este tío. - Kate se llevó la tapa del rotulador a los labios. - Velázquez, ¿podrías conseguirme todos los datos sobre Saúl Gautier?
- Claro. - Contestó la policía. - En cuanto tenga algo te lo traigo.
- Gracias. - Respondió Beckett.
- Voy a hacer más café. - Castle estiró los músculos de la espalda.
- Buena idea. - Sonrió ella.
Mientras Castle estaba en la sala de descanso, Ryan apareció detrás de la pizarra.
- Beckett hemos encontrado algo más. - Le comunicó el detective. - Las noches en las que Norman Johnson y Carl Ericsson murieron, el sospechoso estuvo en el local.
- ¿Y entabló conversación con los dos? - Dijo esperanzada.
- Igual que con Kelvin Stone. - Confirmó. - Ambos hablaron con él. Parecían borrachos, salieron del local y, minutos después, el sospechoso también salió.
- Así que siguió el mismo patrón que con la última víctima. - Beckett asintió despacio.
- Cada vez está más claro que él puede ser el asesino. - Puntualizó Ryan.
- Eso parece. Pero hasta que no encontremos alguna prueba sólida no podremos comprobarlo.
- Repasaré de nuevo los vídeos, por si se nos ha pasado algo.
- Gracias Ryan. - Le sonrió.
Pasaron toda la mañana del sábado repasando las pequeñas pistas que tenían. No tuvieron tiempo para ir a comer por lo que decidieron pedir comida china. Mientras estaban en la sala de reuniones, con la mesa llena de papeles y de cajitas de comida, Velázquez apareció con la información sobre Saúl.
- Saúl nació en Nueva Orleans en 1969. Su padre murió en 1970 en un accidente de tráfico cuando se disponía a ir a trabajar. - Leyó Beckett. -Después de esto, se trasladó con su madre, Simone Gautier, a Maine.
- Su madre murió cuándo Saúl tenía nueve años. - Siguió Esposito. - Vino a Nueva York cuando su tía materna se hizo cargo de él.
- ¿Y sigue viva esa mujer? - Preguntó Ryan.
- Negativo. Murió hace diez años. - Respondió Esposito.
- Menuda mala suerte ha tenido este tipo. - Señalo Castle. - Todos los de su alrededor han muerto...
- ¿Dice cómo murió su tía? - Kate un trozo de rollito de primavera a la boca.
- De un infarto. - Leyó Esposito.
- Hizo la carrera de abogado en Stanford. - Continuó el escritor. - ¡Y menudas notas! La más baja es un sobresaliente...
- Un momento... - Ryan frunció el ceño mientras leía. - Creo que he encontrado algo...
- ¿Sobre qué? - A la inspectora le entró la curiosidad.
- Sobre la muerte de su madre. - Respondió. - Cuando estuvo en Maine, se dedicó a la prostitución. Uno de los clientes se puso violento y la mató. ¿Os podéis imaginar con qué? - Levantó la vista del papel y alzó las cejas.
- Con un sujetador. - Dijo Beckett con seguridad.
- Premio para la señorita. - Señaló a la inspectora. - El cliente le ahogó con su propio sujetador. Y supongo que podréis imaginaros quién presenció dicha escena... - Dejó caer.
- Saúl. - Contestó el escritor. - Así que está matando a esos hombres de la misma forma que mataron a su madre... - Se quedó pensando.
- ¿Pero por qué? - Preguntó Esposito.
- Sencillo. - Castle apoyó los codos sobre la mesa. - Esta es su forma de vengarse del asesino de su madre. Rachel nos dijo que con las chicas del club lo único que hacía era hablar y preocuparse de ellas.
- Es como si las chicas le recordasen a su madre. - Apuntó la inspectora.
- Y matando a los clientes que se pasan con ellas lleva a cabo su pequeña cruzada personal. - Continuó el escritor.
- Es una especie de justiciero. - Ryan asintió despacio.
- Es hasta poético. - Dijo Castle.
- Pero no deja de ser una venganza. - Le recordó Beckett. - Y por ella han muerto tres personas... Hay que traerle a comisaría. – Dijo de forma tajante.
P.D: ¡Gracias por leer! ¡Y comentad muuucho!
