¡Buenas tardes casi noches! De nuevo, siento la tardanza, pero ya sabéis, muchas cosas de la uni y demás jeje
Agradeceros de corazón a todos los que os molestáis en dejar un comentario. ¡Me encanta leeros!
Sobre este capítulo decir que va resolviéndose un poco más el caso y que tendréis una sorpresita que NO os esperáis :D (espero que sea grata xD)

Lo dicho, disfrutad de la lectura como yo lo he hecho escribiéndolo. Ya sabéis que podéis (debéis :D ) dejar comentarios con vuestras impresiones, de lo que os ha gustado y de lo que no jeje

Capítulo 13.

El apartamento del sospechoso estaba en pleno Manhattan, cerca de Central Park. Era un bloque de edificios que parecía bastante lujoso desde fuera. Las dos parejas de policía aparcaron cerca de la entrada al edificio. Discretamente, entraron en el edificio. El portero les llamó la atención pero cuando le enseñaron sus placas les dejó pasar sin problemas. Saúl vivía en la planta sexta por lo que decidieron coger uno de los ascensores. Cuando llegaron al piso fueron directos a la puerta de su apartamento. Beckett golpeó varias veces la madera entrada.

- Policía de Nueva York. – Esperó unos segundos antes de volver a llamar. – Saúl Gautier, abra la puerta por favor.
- Parece que no está. – Susurró el escritor. – Y es raro porque en el club tampoco estaba.
- ¡Saúl Gautier! ¡Policía de Nueva York! – La inspectora aporreó de nuevo la puerta.

En ese momento, la puerta que estaba a sus espaldas se abrió.

- ¿Por qué arman tanto escándalo? – Se quejó una señora mayor. - ¿No ven que no hay nadie?
- Señora soy la inspectora Kate Beckett, de la Policía de Nueva York. – Le mostró la placa. - ¿Sabe algo del señor Gautier?
- Lo único que sé es que hará un par de horas le vi marcharse con una gran maleta.
- ¿Y le dijo a dónde iba? – Preguntó Esposito.
- ¿Cómo quiere que se lo pregunte a través de la mirilla de la puerta? – Refunfuñó la señora. – Sólo sé que parecía que se iba para no volver.
- ¿Ha notado algún comportamiento extraño en su vecino? – Castle se metió en la conversación.
- No era un hombre muy hablador. – Comentó la anciana. – Aunque sí que era un hombre de costumbres y muy trabajador.
- ¿A qué se refiere exactamente? – Beckett frunció el ceño.
- Pues a que siempre se iba a trabajar a las ocho de la mañana y no volvía hasta las siete de la tarde. – Se apoyó en el marco de la puerta. – Luego hacia las nueve volvía a irse.
- ¿Y vio si traía a alguna mujer a casa? – Quiso saber Ryan.
- Pues… - Se quedó pensando. - En los cinco años que lleva viviendo aquí no he visto que nadie viniese a visitarle. Ya les dije que es un hombre poco hablador y reservado.
- Gracias señora por su ayuda. – Dijo Beckett.
- ¿Se ha metido en problemas? – Quiso cotillear.
- Lo siento pero no podemos decirle nada. – Contestó Esposito.
- Vaya, qué pena. – La mujer chasqueó la lengua.
- Que tenga un buen día. – Se despidió el escritor.

La señora cerró la puerta y los cuatro volvieron por donde habían venido.

- ¿Soy yo o esa mujer se aburre demasiado? – Comentó Castle.
- Es lo que se llama la típica vecina cotilla. – Respondió la inspectora.
- Pues de vuelta a comisaría. – Esposito resopló.
- A enfrentarse con 'Iron Gates'… - Dejó caer Ryan.

Cada uno subió a su coche y pusieron rumbo a la 12th. Las puertas del ascensor de la comisaría se abrieron. Fueron directos a sus mesas pero fueron interceptados por Gates, que salía de su despacho.

- ¿Dónde demonios está el sospechoso? – Frunció el ceño.
- No está ni en su casa ni en el club. – Contestó Esposito.
- ¿Cómo que no está? – Gates se cruzó de brazos.
- Ha desaparecido. – Repitió Ryan.
- Sé lo que ha querido decir el detective Esposito. – La capitana le fulminó con la mirada. – Quiero su maldita foto en todos los aeropuertos. – Les señaló con el dedo. – Y también quiero policías en las carreteras de salida de la ciudad. No puede escaparse después de cometer tres asesinatos.

Gates volvió a su despacho y cerró la puerta de un portazo.

- Vaya, sí que se ha enfadado. – Comentó el escritor.
- Chicos hay que hacer todo lo que Gates ha dicho. – Kate cogió el teléfono de su mesa.
- ¿Cómo se habrá enterado de que le estábamos buscando? – Ryan frunció el ceño.
- Me apuesto lo que sea a que la dueña del club se ha ido de la lengua. – Opinó Esposito.
- Es muy posible. – Kate asintió. – Y si fuese así quizá Daisy le haya estado encubriendo todo este tiempo.
- Eso explicaría su recelo a la hora de colaborar. – Apuntó Castle.
- Venga chicos. Tenemos que encontrarle. – Beckett marcó un número de teléfono.

Se pasaron todo el día haciendo llamadas, intentando localizar al sospechoso. De momento no había ni rastro de él. Gates decidió darles unas cuantas horas libres. Era tarde y habían estado trabajando duramente durante todo el sábado. La Navidad se estaba acercando así que Castle y Beckett decidieron que, como tenían esas horas libres, era el mejor momento para empezar con las compras para la cena. Fueron a un gran supermercado a las afueras de Nueva York. Castle era el que llevaba el carrito de la compra mientras Kate iba repasando la lista.

- Rick, ¿has apuntado diez bolsas de ositos de gominola en la lista? – Alzó las cejas, levantando la vista de la hoja de papel.
- Son estrictamente necesarias para la tarta que tengo pensada hacer. – Se encogió de hombros, de manera inocente.
- Ya… - Le miró de reojo y luego volvió a mirar la lista. – Pero, ¿diez bolsas? ¿No pueden ser dos o tres?
- Se necesitan diez. – Dijo tajante. – Además, puede que, mientras se hace la tarta, caiga algún que otro osito en mi poder. – Sonrió con malicia.
- Vamos, que sólo necesitas unas cinco bolsas para el postre y las otras cinco son para ti, ¿no? – Se apoyó en el lateral del carrito de metal.
- Mmmm… - Se quedó pensando. – Sí, algo así. – Terminó por asentir.
- ¿Y todo este chocolate? ¿Es que no hay nada en la lista que no sea dulce? – Repasó de arriba abajo todo lo que estaba escrito en el papel.
- Es que soy un tío muy dulce. – Se encogió de hombros a modo de disculpa.
- Ya… - Ocultó una sonrisa. – Creo que después de estas navidades voy a tener que ir más al gimnasio…
- Por eso no te preocupes. Yo me encargo de que no engordes ni un gramo. – Movió las dejas repetidamente.
- Te estás volviendo muy verde con los años, ¿lo sabías? – Bromeó.
- ¿Con los años? – Repitió. - ¿Se está metiendo con mi edad, señorita Beckett?
- Está bastante claro que sí, señor Castle. – Respondió con picardía. - ¿Va a hacer algo al respecto? – Le miró a través de las pestañas.
- Ya pensaré en algo. – Le pasó el brazo alrededor de la cintura y le dio un beso en la comisura de los labios.
- Eso espero, señor Castle. – Sonrió y le miró de reojo. – Bueno, y además de todo este dulce, ¿tienes pensado algo que podamos poner cómo cena de Navidad?
- Desde luego. – Rick asintió. – Pavo relleno, la especialidad de Richard Castle.
- ¿Y qué necesitas? – Repasó la hoja de papel. – Porque no has apuntado nada en la lista…
- No necesito ninguna lista. Está todo aquí. – Se dio unos golpecitos en la cabeza.
- Bueno, si es así, te sigo. – Hizo un gesto con la mano para que él fuese primero.
- ¿Me dejas ir primero? – Dijo sorprendido.
- Claro, yo no sé qué tienes que comprar. – Respondió algo confusa.
- Kate Beckett dejándome ir en primer lugar. – Se llevó una mano al pecho, de forma dramática. – Esto es algo memorable. – Hizo como si se limpiase una lágrima.
- No seas trágico. – Le dio en el brazo. – Ni que fuese la primera vez.
- Déjame pensar… - Se llevó la mano a la barbilla. – Sí, esta es la primera vez.
- Bueno pues si sigues así quizá sea la última. – Le miró de reojo y escondió una sonrisa.
- Ya me callo. – Hizo como si se cerrase la boca con una cremallera.
- Rick, ¿en serio crees que es buena idea que los chicos vengan a cenar a casa? – Kate estaba poco convencida de ellos.
- MMhuuu… - El escritor empezó a hablar pero no salía de su boca ninguna palabra por culpa de esa "cremallera" que antes había cerrado.
- Por dios Rick… - Se rió mientras negaba con la cabeza. Alargó la mano y abrió esa supuesta cremallera. – Así mejor.
- Ya… - Respiró varias veces por la boca, haciéndose el aliviado. – Lo que te estaba diciendo es que sí, es una buena idea. ¿O prefieres pasar otra noche incómoda por estar sólo con nuestros padres… juntos…?
- Sí. – Asintió. – Tienes razón. Los chicos serán nuestro escudo esa noche.
- Y puede ser que nos libremos de sus arrumacos durante unas horas. – Le dio un escalofrío.
- No me lo recuerdes. – Kate puso cara de desagrado. - ¿Y Alexis va a salir esa noche?
- Eso me ha dicho. – Asintió con la cabeza. – Pero que se iría después de abrir los regalos.
- Entonces al final se ha lanzado… - Dijo para sí en voz alta, con una sonrisa en los labios.
- ¿Lanzarse? – Frunció el ceño. - ¿Lanzarse a qué? ¡¿O a quién?! – Dijo alarmado.
- Nada. Son… cosas de chicas. – Curvó los labios hasta que formaron una pequeña sonrisa.
- La última vez que dijiste eso al final resultó que nuestros padres estaban saliendo… - Se quedó callado un instante. – ¡Oh dios! Es eso, ¿no? Mi pequeña hijita está saliendo con alguien. - Se llevó una mano al pecho. – Creo que me estoy mareando…
- Castle tranquilízate. – Le puso una mano en el hombro. – Que no es para tanto. – Le cogió de la barbilla para que le mirase. – Cuando ella esté preparada te lo contará.
- Entonces es cierto. – Abrió mucho los ojos. – Otro adolescente hormonado me va a arrebatar a mi pequeña niña de mis brazos…
- ¿No estás exagerando un poquito? – Kate alzó las cejas, divertida.
- ¿Exagerando? ¿Exagerando? – Elevó un poco el tono de voz. – Quiero saberlo todo… Bueno no… - Frunció el ceño. – Bueno sí… - Asintió. – No, mejor no, la ignorancia es lo mejor… No, mejor sí, quiero saberlo.
- Yo no puedo contarte nada. – Se encogió de hombros, haciéndose la inocente. Siguió andando por el pasillo del supermercado, seguida por Castle.
- ¿Tiene piercings? ¿Tatuajes? ¿Es gótico? ¿Emo? – Fue diciendo mientras empujaba el carrito.
- ¿No estás sacando un poco las cosas de quicio? – Le sonrió de medio lado. Cogió algo de la estantería y lo echó al carrito. - ¿Un poquito?
- Eso sería si te pidiese que mirases si tiene antecedentes… - Se quedó pensando. – Dime que lo has mirado…
- No Castle, no lo he mirado. No tengo derecho a meterme en su vida privada… y tú tampoco. – Le señaló con el dedo en el pecho. – Ella ya es mayor.
- Soy su padre. – Se justificó. – Tengo derecho a saber quién es el que va a beberse mis cervezas, quién va a sentarse en mi sillón y quién va a jugar con mi perro.
- Nuestro perro. – Puntualizó ella.
- Eso, nuestro perro. – Asintió él. – Así que, estaría mucho más tranquilo si le investigases un poquito… - Hizo un puchero.
- Rick no puedo hacer eso. – Negó con la cabeza. – Además, se supone que esto no deberías saberlo aun.
- Seguro que está buscando el momento adecuado para decirme que está saliendo con un psicópata… - Cogió dos paquetes de donuts.
- ¿Esto es necesario para el pavo? – Alzó una ceja y sacó los bollos del carro.
- Estoy estresado. Necesito dulce. – Se justificó. Kate negó con la cabeza.
- ¿Tanto como para que tengas que correr siete kilómetros en lugar de cinco?
- Mi pequeña niña tiene novio nuevo, y eso implica que no duerma por las noches pensando en qué estarán haciendo…
- Está bien Carrie Bradshaw. ¿Quieres que después vayamos a darnos unos masajes con chocolate y así te desestresas? – Le puso una mano sobre el hombro. – O mejor, sin chocolate. No vaya a ser que te de por comértelo también de lo agobiado que estás… - Ironizó ella.
- Eso, tú búrlate de mí. – Se hizo el digno. – Ya tendrás hijas y sabrás por lo que estoy pasando.
- No lo creo. - Negó con la cabeza. - Para eso estarás tú. Yo seré la que dormirá plácidamente mientras tú estarás despierto en el sofá esperando ansioso a que vuelvan. - Sonrió.
- Así que quieres tener hijos... - Le miró con curiosidad.
- Yo nunca he dicho que no los quiera. - Se encogió de hombros mientras miraba los productos de las estanterías.
- ¿De verdad quieres que tengamos hijos? ¿Conmigo? - Parpadeó varias veces, aun incrédulo.
- Había pensado tenerlos con el portero, o mejor, con Espo... - Le miró de reojo. - Pues claro que contigo, Rick. ¿Con quién si no? - Alzó las cejas.
- Sólo quería asegurarme. - Sonrió tímidamente. - ¿Estarías dispuesta a repetir ésta conversación ante un notario?
- ¡Rick! - Le dio en el brazo.
- Sólo bromeaba... - Levantó las manos. - Pero eso es un no, ¿no? - La cara de Kate lo dijo todo. - Vale, lo tomaré como un 'no'.

Antes de que Castle pudiese contestar tres mujeres de la tercera edad se les quedaron mirando y cuchichearon entre. Una de ellas se armó de valor y se acercó a ellos.

- Disculpe. - Le dijo al escritor. - ¿Es usted Richard Castle? - Tenía sonrisa tonta en los labios.
- El mismo. - Castle sonrió orgulloso. Kate puso los ojos en blanco.
- Betsy, Mary. - Hizo un gesto para que se acercasen. - ¡Es él! - Le señaló con el dedo.
- ¡Me encantan sus libros! - Dijo Betsy. - ¿Podría firmarnos un autógrafo?
- Por supuesto. - Respondió encantado. Sacó un bolígrafo de su chaqueta. -¿Dónde lo quiere?
- Rick, yo voy a seguir con la compra... - Le hizo un gesto señalando el pasillo y luego señaló el carrito.
- Sí, sí. Luego te alcanzo. - Respondió él. Quizá le llevaría algo de tiempo.

Kate intentó recordar qué cosas faltaban en casa. Se paró delante de la estantería que tenía los cafés. Estuvo mirando varios. Cuando iba a coger uno de ellos su mano se chocó con otra.

- Perdone. - Se disculpó él.
- No, lo siento yo. - Le respondió ella.
- ¿Kate? - Preguntó una voz masculina.
- ¿Josh? - La inspectora se quedó sorprendida.
- Vaya... - Ambos se quedaron algo cortados. - Cuanto tiempo...
- Sí, mucho. - Kate sonrió algo incómoda.
- Unos dos años... - Contestó él. - Y... ¿Qué tal todo?
- Bien. - Asintió con la cabeza. - Muy bien. ¿Y tú?
- Muy bien también. - Josh metió las manos en los bolsillos.
- Lanie me dijo que estabas trabajando en el Amazonas...
- Sí aunque tuve que volver porque me necesitaban en el hospital.
- Y, ¿qué tal por allí? - Kate se abrazó a la lata de café que había cogido.
- Muy bien. - Asintió. - La verdad es que reconforta mucho el ver que tu trabajo allí es muy útil.
- Sí. Me imagino que sí. - Asintió con la cabeza.
- Bueno, ¿y tú qué tal en comisaría?
- Bien. - Sonrió. - Lo de siempre, asesinatos y demás.

Josh iba a seguir hablando pero en ese momento apareció Castle.

- Kate, ¿dónde te habías metido? - Hizo acto de presencia con los brazos llenos de cosas. - He encontrado casi todo lo que necesitamos y yo solito. -Dijo orgulloso de sí mismo. Cuando divisó a Kate entre todos los artículos que llevas, los soltó en el carrito.
- Rick... - Dijo para que se diese cuenta de con quién estaba.
- ¿Josh? - Parpadeó varias veces alucinado.
- Castle... - Dijo a modo de saludo.
- ¿Qué haces aquí? - Preguntó el escritor.
- Bueno, creo que es evidente... - Josh señaló el carrito.
- Sí, bueno... Es cierto... - Asintió ante la evidencia. - ¿No estabas en el Amazonas? - Pasó un brazo alrededor de los brazos de Kate.
- Así es pero he tenido que volver por trabajo... - El gesto de Castle hacia la inspectora no pasó desapercibido para ninguno de los dos.
- Vosotros... ¿Estáis... juntos? - Hizo un movimiento con la mano, señalándolos a los dos.
- Desde hace casi un año. - Respondió el escritor, sin darle la oportunidad a la detective de hacerlo.
- Vaya... Me alegro. - Josh asintió. - Se os ve muy bien a los dos.
- Así que has vuelto a la ciudad... - Se le quedó mirando.
- Rick, eso ha dicho. - Contestó Kate entre dientes.
- Eres un tío importante... - Castle asintió despacio.
- Bueno... Lo normal... - Josh se encogió de hombros.
- Un tío que salva vidas... - Continuó el escritor.

Y antes de que la conversación siguiese siendo incómoda, una voz femenina les interrumpió.

- Cariño, ¿has acabado ya con lo del café? - Una mujer morena apareció detrás de ellos.
- Eh, sí. Lo siento, me he entretenido - Josh se dio la vuelta para mirarle. - Te presento a Kate Beckett y a Richard Castle. Ella es Sophie, mi mujer. – Le pasó un brazo alrededor de la cintura.
- Encantada. - Sonrió y les estrechó la mano.
- ¿Tu mujer? - Miró a Sophie y luego a Kate. - ¡Es su mujer!
- Sí, cielo. Lo he oído. - Beckett sonrío de forma algo forzada.
- Y vaya. ¡Estás embarazada! - Dijo el escritor con cierta emoción en la voz.
- Sí, de ocho meses ya. - Se tocó la barriga.
- Me alegro mucho por los dos. - Dijo Kate con sinceridad.
- ¿Y es niño o niña? - Preguntó Rick con curiosidad.
- Es niña. - Respondió Josh. Le dio a Sophie un beso en la cabeza.
- Y se va a llamar Caroline. - Sophie irradiaba felicidad. - Por cierto, ¿Richard Castle el escritor?
- Así es. - Rick asintió con la cabeza.
- Vaya me encantan tus libros. Estoy deseando que salga el siguiente. -Sonrió. Miró a Kate. - Y tú entonces eres la inspiración para Nikki Heat. No sabéis la ilusión que me hace conoceros.
- Siempre es un placer conocer a mis fans. - Castle le devolvió la sonrisa.
- Bueno, nosotros tenemos que seguir... - Josh señaló hacia atrás con el puño cerrado y el pulgar extendido.
- Sí, claro. - Kate asintió. - Nosotros también tenemos que continuar. Me alegro de haberte visto. - Le estrechó la mano a Josh. - Y a ti de haberte conocido. - Hizo lo mismo con Sophie.
- Lo mismo digo. - Le respondió al saludo. - Castle... - Le tendió la mano.
- Josh... - Hizo un gesto con la cabeza y le correspondió al apretón de manos.
- No me perderé la próxima firma de libros. - Le aseguró Sophie.
- Eso espero. - Le sonrió Castle.
- Y encantada de conocerte Kate. Eres mucho más guapa en persona.
- Gracias. - Kate sonrió. - Y de nuevo enhorabuena por lo del bebé.

Cada pareja continuó su camino.

- ¿Puedes decirme a qué ha venido eso antes? - Ahora era Kate quien llevaba el carrito.
- ¿A que ha venido qué? - Castle frunció el ceño sin entender.
- Lo de reclamarme como trofeo delante de Josh. - Dijo algo molesta.
- No sé de qué me hablas... - Se hizo el loco.
- Vamos Richard. No soy tonta. - Alzó una ceja y se paró. - Me he dado cuenta y Josh también. Tu forma de acapararme ha sido muy poco sutil.
- Pues a Christian Grey le funciona muy bien. - Hizo un mohín.
- Puede que a él le funcione e incluso a Rook pero no a Richard Castle. – Le aseguró. - Y, por cierto, ¿has leído los libros? - Se sorprendió.
- Tenía que saber con quién estaba compitiendo. - Se encogió de hombros. - Y no es por nada pero te quejas de las escenas de sexo de mis libros pero las que tú estás leyendo son mucho peores...
- Sí pero hay una diferencia. La gente sabe que yo soy Nikki Heat. - Dijo de forma evidente. – Así que cuando están leyendo tus libros se imaginan que soy yo la protagonista de esas escenas…
- Eso es algo exagerado. – Intentó quitarle hierro al asunto.
- ¿En serio? ¿Es que a caso tú no lo imaginas así? – Alzó una ceja.
- Bueno sí pero eso es porque yo te he visto desnuda. Es algo inevitable. – Se encogió de hombros.
- Y gracias a tus grandes detalles literarios el resto también lo ha hecho… - Beckett siguió empujando el carrito.
- Espera… ¿Qué? – Abrió mucho los ojos.
- Lo que has oído… - Sonrió sin que él le viese. – Y tenemos que darnos prisa. Hay que volver cuanto antes a comisaría.

P.D: ¡GRACIAS por leer! ¡Y GRACIAS por comentar!