Notas de Autor: Datos históricos irrelevantes. Ningún suceso ocurrió así como —según yo— se narra en la historia. Utilizando a D.G. (Después de Glen) como reemplazo a D.C. (Después de Cristo) ya que, mi HeadCanon es extraño.

Sucesos históricos solamente creados para que el examen de Oz no se quedase vacío. Sepan perdonarme si a alguien le ofende esto. Necesitaba rellenar el AU utilizando referencias de PH y no se me ocurrió nada más. Cualquier parecido con la historia de alguna provincia de algún sitio, digamos que fue sacado de la historia de Júpiter. Al fin y al cabo, a nadie le pertenece Júpiter, ¿o sí?

Selene Ramirez: ¡Gracias por tu Review! Te respondería los de los otros pero son One-Shot así que no hay problema con responderlos aquí. Obviamente voy a continuar con la historia, es sólo que he tardado demasiado quebrándome el cerebro para sacar imaginación para este capítulo.

Me alegra que te gusten mis historias, ¡espero verte aquí de nuevo!


2. Amnesia

"¡Porque yo no estoy bien para nada!

Recuerdo el día que me dijiste que te ibas, recuerdo el maquillaje corriendo por tu rostro.

¿Y los sueños que dejaste atrás? ¿No los necesitabas?...

¡Desearía poder despertar con Amnesia! ¡Y olvidarme de las cosas estúpidas y pequeñas!"

Amnesia, 5 Seconds Of Summer. (5SOS)

A la mañana siguiente, tardó menos de lo que pensó en despertarse del todo. Para su buena y, a la vez mala suerte, resultaba que los exámenes iban a darse todos en un sólo día. Bueno, porque aquél mismo día sería el último de la secundaria; y malo, porque tendría que realizar TODO en un solo día. He ahí el problema. ¡Maldición con la burocracia!

Ya había estudiado todo el fin de semana, lo cual, al final había sido buena idea. Puesto que la mayoría de sus compañeros se les veía nerviosos por la presente noticia.

—Tienen una hora para contestar el examen. —Dijo el adulto, un hombre de cabellos rojos y edad dudosa. La mayoría decían que era un brujo y que por eso no envejecía, pero este decía que todo aquello eran tonterías.

Oz observó el papel frente a él, dejando de lado los rumores y concentrándose en la historia que, se supone, se sabía.

¿Cuándo fue firmado el tratado de paz 'B-Rabbit' con el fin de realizar una tregua entre Abyss y Sabrie? ¿Quiénes lo firmaron?

Oz parpadeó por la pregunta, comenzó a escribir su respuesta. Era obvio que el tratado había sido firmado en el año 1893 D.G. (considerando después del nacimiento de Glen) y había sido decretada por Jack Vessalius y Oswald Baskerville. Después de que la batalla del 'B-Rabbit' (de ahí el nombre del tratado) entre Abyss y Sabrie se haya llevado la vida de Lacie Baskerville, Jack decidió que la pelea había derramado ya bastante sangre.

Y, a pesar de que aquella batalla se había llevado a más de la mitad de la población de ambos pueblos, los gobernantes de Abyss y Sabrie respectivamente llegaron al acuerdo de unificar los pueblos. Para que, de aquella manera, no se quedasen tan cortos de población. En aquel caso, Sabrie accedió a llamarse Abyss a partir de aquel momento con la condición de que se respetara su gobernador. Para la mala suerte de Oswald, murió años después inesperadamente. Un ataque al corazón.

Algo que le ocurría seguido después de que Lacie hubiese muerto.

Oz volvió a leer su respuesta. Se suponía que había respondido correctamente, ¿por qué sentía la respuesta incompleta? ¿Sería por el hecho de que no había hablado del final del otro gobernante?

Decidió que lo mejor que podía era dejar su respuesta así, pues ya se había tardado diez minutos con la misma pregunta. Para su buena suerte, sólo eran diez. Pero tenía UNA hora, para contestar y lo demás era sencillo. Suspiró y se dispuso a continuar con la siguiente pregunta.

El reloj de la escuela dio las dos de la tarde y ya todos se encontraban formados en las puertas cercanas a ellos. Se encontraba platicando con Alice, una de las pocas personas con las que se llevaba bien en el instituto. A pesar de ser amigo de Elliot, el otro siempre se encontraba regañándolo o diciéndole que estaba mal en esto o aquello. Leo (la única persona que había sido capaz de significar algo verdaderamente hablando para el rubio) le había mencionado después de una de aquellas veces que el otro en realidad le apreciaba. A pesar de no decirlo.

Aquello, alegró un poco a Oz y le hizo comprender que no todas las personas expresaban sus emociones de igual manera. Por supuesto que aquello era demasiado obvio, pero él nunca había reparado en que, un golpe pudiera ser tratado como un abrazo o un insulto como una forma indirecta de decir, 'suerte'.

Se supone que debería salir corriendo del instituto para acompañar a su madre y a la niña… Echo, a comprar ropa y si encontraban libros para entretenerla. Su madre dudaba demasiado que la muchacha quisiese asistir a la escuela, por lo que leer un poco para pasar el rato no sonaba nada mal.

Según le había escuchado decir a Reim, en realidad era una chica muy lista para su edad, sin embargo, a pesar de ser inteligente, no era lo suficientemente madura como para poder manejar las situaciones por sí misma. Y un buen ejemplo había sido la muerte de sus padres, que la había hecho cerrarse en definitiva de las demás personas.

Al llegar a su casa, dejó su mochila en el sillón y se acercó a la cocina. Ahí dentro, su hermanita pequeña, Ada, se encontraba intentando alcanzar un jarrón con galletas. Cuando escuchó pasos cerca, se sintió atrapada in fraganti, después, al ver que sólo era Oz le envió una mirada suplicante para que le ayudase a completar su misión en tan riesgoso lugar.

Después de pensárselo un poco, el mayor dio un guiño y tomó el jarrón entre sus manos. Después de elegir una adecuada, se la entregó a su hermanita menor. Ella, ahí sonrió complacida y comenzó a devorar el cereal con avidez. Oz reflexionó, si Ada se encontraba en casa, era porque su madre ya había llegado. Lo que quería decir que Echo ya estaba preparada para realizar compras con él y Rechelle.

Sería sincero consigo mismo, la noche había sido de lo más extraña. Había insistido en que la invitada tomase su cama por aquella noche y el sacaría un edredón de su armario. A la mitad de la noche, se había sorprendido al encontrar a un cuerpo a su lado, descubriendo que le abrazaba y que temblaba. De lo que sea que le ocurriese.

Cuando recordó que tenía a una invitada en la habitación, dejó de quejarse y continuó intentando dormir. Fallando probablemente.

Se mantuvo impasible frente a la situación. Intentó parecer dormido pero… de una forma, su respiración entrecortada y el color en sus mejillas —él sentía que se notaba a pesar de la penumbra— habían sido suficientes como para hacerle a la niña ahí presente, que él estaba despierto. Ella también se había despertado, pero no quería molestar a alguien sólo por sus estúpidos malos sueños. Cuando se supo descubierta, apretó aún más entre sus brazos la espalda del rubio y escondiendo su cabeza en él.

Sin poder evitarlo, Oz emitió una pequeña sonrisa y, como su espíritu había nacido siendo altruista, acarició una de las manos que le abrazaba, buscando una cuerda de salvamento, con ternura y tranquilidad.

Aquél gesto pareció haber tranquilizado a Echo, quien, inmediatamente, destensó sus músculos y hundió más su cabeza en la espalda de Oz, sólo que en esta ocasión por vergüenza.

Cuando lo pensaba bien, con el jarrón lleno de galletas caseras entre manos y una hermanita menor comiéndose una de ellas con avidez, encontraba la situación más inusual de lo que le había parecido cuando estaba con un pie dentro del mundo de Hypnos.

Su rostro se volvió inmediatamente del color carmín y sus esmeraldas parpadearon innumerables veces. Ada lo observó confundido y, después, volvió su atención a la galletita. Escuchó un par de tacones y, de forma automática, la voz de su madre.

— ¡Oz! ¿Ya estás listo? —Su madre llegó a la cocina y ahí le encontró con el jarrón de galletas. Estuvo a punto de regañarle cuando observó que el monstruo devora-galletas no era él, sino su hermanita, decidió dejar el asunto para después—. ¿Cómo te fue en el examen de Historia?

—El director decidió realizar todos los exámenes en un mismo día, es por eso que salí más tarde de lo que acostumbramos. —Respondió dejando el jarrón en un punto que a Ada le pareció imposible. Después de una mirada represora de su madre, decidió que el plan de emergencia sería probado después, cuando su madre estuviese fuera de casa y las únicas almas dentro de la construcción fuesen ella y su gata, Dina.

Rechelle volvió la vista a su hijo mayor.

—Eso suena… inusual. —No encontraba una palabra precisa para describir lo que quería decir. Tal parece que era cierto cuando decían que había una situación en la que las palabras no valían.

—Yo también me extrañé, la buena noticia, es que había pasado horas del sábado estudiando por lo que no había demasiado por lo que preocuparme. —Se sobó la cabeza con una mano al tiempo que cerraba los ojos—. Entonces… ¿nos vamos?

Rechelle asintió.

—Echo está casi lista. —Respondió asomando la cabeza, al parecer, veía algo que ninguno de los rubios menores veía, ya que asintió con la cabeza e hizo una seña con la mano. Acto seguido, la pequeña apareció en la sala, con un vestido de volantes (que llegaba casi hasta los talones) color durazno, las mangas un par de tonos más oscuras. En el área del pecho tenía un par de tejidos sobre Dalias (los hilos de color rojo bermellón) y un par de Narcisos, que su tono apenas y resaltaba debido a que era del mismo color que la tela debajo de ellos.

Oz se quedó sin palabras. Estaba seguro que… aquél vestido…

— ¿No es tu vestido? —Preguntó directamente, su pequeña hermanita, Ada. El rubio deseó que su hermana no hubiese dicho eso.

—Lo es, pero siempre quise ver a una de mis hijas con él puesto. —Señaló Rechelle inflando el pecho orgullosa. Oz arqueó una ceja y volvió a mirar a Echo. Ella se notaba un poco cohibida debido al hecho de que tenía toda la atención sobre ella. Su mirada perdida en el suelo, cosa que Oz sospechaba, era un hábito de ella.

A pesar de eso, seguía pareciendo la misma muñequita de porcelana que había visto el día anterior, apenas moviendo su pecho para respirar, cosa que hacía a Oz sospechar que ella no necesitaba el aíre para vivir, pero otra parte de él le preocupaba eso. Si no respiraba, moriría. ¿No?

Al final, se habían tenido que llevar a Ada con ellos, dado que Zai no estaría en casa y la pequeña, con sólo siete años no era capaz de valerse por sí misma. De esa forma, Oz había sido obligado a sentarse en el asiento al lado de su madre y Ada hacía preguntas a Echo que la mayor no contestaba. Le hubiese gustado decirle a su hermanita que la dejase en paz, debido a su experiencia de la otra noche. Había podido notar cuán asustada estaba, por lo que no había querido molestarla simplemente por su propia comodidad.

Al mismo tiempo que su hermanita hablaba, Echo asentía un poco con la cabeza. A veces sí, a veces no. Cuando Ada se dio cuenta de que era inútil intentar sacarle reacción a Echo todo el auto se quedó en silencio. Ni siquiera su madre, quien odiaba el silencio se atrevió a interrumpir aquel hermoso y, a la vez, extraño, aunque curioso más que nada, momento.

Llegaron al centro comercial y Rechelle se emocionó al encontrar un montón de ropa que le quedaba exquisita a la albina. Echo, contagiada por la alegría exuberante de la mujer, pudo sacar una, muy pequeña y tímida, pero verdadera, sonrisa. Aquello hizo que algo en el pecho de Oz se removiera. Quería y a la vez no saber de qué se trataba, puesto que la opresión en su pecho le daba curiosidad pero era dolorosa y hastiante.

Un Deja-vú.

Era un día soleado de verano, hace ocho años. Su madre estaba emocionada cuando le dijeron que estaba embarazada. Por eso, llevó a Oz y a Gilbert (quien, para aquél entonces ya había sido adoptado por su madre) de compras.

El rubio se mostró alegre por la noticia. Siempre había querido tener una hermanita menor. A pesar de que le agradaba demasiado estar jugando con Gilbert y haciéndole maldades con el gato de la vecina, había ansiado tener a alguien más para acompañarle en aquellas odiseas tan extrañas, como lo era el realizar algo que tuviese en su contenido a "Gilbert" y "Gato" dentro de él.

De igual manera, su madre había decidido que les compraría un poco de juguetes a ambos, lo cual era buen preludio para las travesuras de Oz y en algunas ocasiones la sana convivencia que tendría con Gil. Al menos, eso es lo que pensaba el pequeño de cabellos color oscuridad.

Cuando Gilbert se probaba un traje de color azul marino y su madre aplaudía, pudo notar el pequeño sonrojo en sus mejillas y la ligera ondulación de sus labios.

Aquella, había sido la primera ocasión en la que había visto sonreír a su hermano-adoptivo al recibir un cumplido de su madre. Al menos, la que había visto.

Ahora, una lágrima amenazaba con salir de su ojo, puesto que aquél recuerdo opacaba sus actuales ocupaciones. ¿Por qué a su madre sí le había dicho que se iría a otra ciudad para estudiar y a él, su mejor amigo y hermano-'mejor'-confidente no? (NA: Resaltando las comillas para liberarme de cualquier daño) ¿Por qué se le ocurría hacer algo así?

Cuando la albina miró en su dirección, buscando la aprobación de él, sonrió automáticamente, puesto que no quería alterarla. No al saber que la menor necesitaba de su apoyo, con sus padres en un mejor lugar necesitaba ayuda. De igual manera, las orbes de la menor se oscurecieron un poco al notar la tristeza de Oz y le susurró a Rechelle que ese vestido no era de su gusto.

— ¿Por qué no? ¡Te queda monísimo! —Alegó la mayor. Echo, negó apenas, ligeramente. No quería incordiarla, pero su yo interna sabía lo que hacía.

—No es de mi estilo. Además, ha hecho más que suficiente para mí al dejarme vivir con usted. —Desvió la mirada, no quería ver ni a Rechelle ni a Oz, puesto que sabía la reacción de ambos, ya que estaban emparentados por sangre.

La mayor no entendiendo, y el menor sorprendiéndose porque haya hecho eso. ¿Lo había rechazado sólo porque notó que eso le entristecía?

No, aquello no podía ser. Eso sería ser egoísta, al pensar que ella haría algo por su bienestar.

—No digas tonterías, querida. Vamos, si ese no es de tu gusto, ¿entonces cuál es? —La pequeña de cabellos color blanco se quedó pensando durante minutos.

—No lo sé. Pero hay que ver más, no quiero llevarme lo primero que encuentre. No tengo confianza al hacer eso. —Mintió. Rechelle, quien se mostró una de las más sorprendidas por la actitud cambiante de la menor, soltó un suspiro cansino y asintió mecánicamente con la cabeza.

—De acuerdo, Echo. Al fin y al cabo, es tu ropa la que venimos a comprar. Y siento que doce años son suficientes como para saber decidir por ti misma. ¿No lo crees, Oz?

El rubio, a pesar de que seguía en shock, asintió con la cabeza.

Estuvieron en el Centro Comercial durante un par de horas más, hasta que los estómagos de todos clamaron enojados por apetito. Entre los dos rubios hijos hablaron por ir a un local que vendía comida rápida deliciosa.

— ¡Chain! —Ambos dijeron al mismo tiempo. Echo, al no saber qué era eso decidió seguirles y asentir con la cabeza.

—De acuerdo, ¿qué dice Echo, has ido a comer ahí? —La albina negó con la cabeza. La madre de los rubios sonrió al tiempo que asentía con la cabeza, para la buena suerte de Oz y Ada—. Como quieran. Iremos a Chain.

Ambos hijos celebraron dando saltitos, Oz viéndose ridículo al ser ya alguien con catorce años. Ada, en cambio, no se veía tan extraña. Echo, soltó una ligera risita al ver a ambos –literalmente–correr hacía el local, el cuál no se encontraba demasiado lejos de dónde se encontraban parados.

Al regresar a la tienda de ropa, Oz pudo notar que Echo no sonreía en ninguna ocasión en la que se probó las prendas. Lo cual sorprendió al rubio, y, de cierta forma, lo entristeció. Sentía que era su culpa el que ella no quisiese sonreír.

Por alguna extraña razón, eso le hacía sentir melancólico.

Lo lamento tanto… Pequeña Echo…