¡Buenas noches! Los exámenes están cerca así que seguiré tardando en actualizar. Pero que conste que no me he olvidado de vosotros!
De nuevo gracias por los comentarios que me dejáis siempre! Es un gusto leerlos!
Y sin más demora, aquí os dejo el siguiente capítulo. Espero que os guste y me lo hagáis saber!
Capítulo 14.
Tardaron más de lo que pensaban en dar con el sospechoso. Le encontraron en el aeropuerto con un billete con destino a París y una enorme maleta con sus pertenencias. Le detuvieron y fue trasladado a la 12th.
Saúl Gautier llevaba un rato esperando en la sala de interrogatorios. Castle y Beckett le estaban observando a través del cristal.
- ¿Soy yo o está tremendamente tranquilo? – Comentó el escritor.
- Es abogado. – Respondió ella. – Así que viene con la carrera el estar así de calmado.
- ¿Crees que va a hablar? – Se quedó mirando al sospechoso.
- ¿Sinceramente? No lo creo. – Dijo convencida de ellos.
- Así que necesitamos pruebas más sólidas para poder incriminarle.
- Eso es. – Asintió. – Y los chicos ya están en ello. Además de las grabaciones necesitamos encontrar algo más.
- Como las drogas, los sujetadores o una nota que diga "sí, he sido yo. Yo maté a esos hombres malos". – Puso voz infantil.
- Si encontrásemos algo así sería todo mucho más fácil, sí. – Se rió. - ¿Preparado para un interrogatorio poco esclarecedor?
- Desde luego. – Sonrió.
Salieron de la sala de observación y fueron directos al interrogatorio. Kate abrió la puerta de forma brusca pero Saúl ni se inmutó. Castle entré detrás de ella y fue directo a sentarse en su silla. Beckett se tomó su tiempo. Dejó la carpeta que portaba sobre la mesa de metálica. Se apoyó en la pared de detrás, a un lado del gran espejo. Pasaron varios minutos antes de que ella hablase.
- Así que a París. – Se mojó los labios y asintió lentamente con la cabeza.
El sospechoso le miró a los ojos casi sin pestañear. No abrió la boca.
- ¿Estaba huyendo de algo, señor Gautier? – La inspectora volvió a hablar. – Porque eso es lo que creo. – Se cruzó de brazos.
- Y está muy feo huir dejando tres cadáveres a tus espaldas. - Aseguró el escritor.
Kate se acercó a la mesa. Abrió la carpeta y puso sobre el tablero de metal las fotografías de las tres víctimas.
- ¿Conoce a estas tres personas? – Señaló una a una las imágenes. – Claro que les conoce… - Asintió y le miró a los ojos. – Usted les mató.
- Y de una manera un tanto curiosa. De esas que no se olvidan fácilmente… Con un sujetador nada menos. – Recalcó esto último.
- Conozco mis derechos. – Saúl habló por primera vez. – Y saben que no voy a decir nada.
- Pero eso no impide que yo siga preguntando. – Respondió Kate con seguridad en la voz.
- Haga lo que quiera. - Saúl se encogió de hombros.
- Hemos encontrado unas grabaciones donde usted aparece con las víctimas. – Rick entrelazó los dedos sobre la mesa. - ¿Les drogaba para que no pudiese poner resistencia cuando les matase?
El sospechoso se colocó los puños de su chaqueta.
- Bonito reloj. – Castle se fijó cuando el sospechoso lo dejó, sin querer, al descubierto. – Es un Rólex Sky – Dweller de oro blando. – Recalcó esto último para la inspectora.
- Mmmm… - Beckett se hizo la pensativa. - ¿Oro blanco? ¿No es lo que encontramos en los dos cuerpos?
- Sí. Heridas perimortem, ¿verdad? – Ambos se miraron y sonrieron ligeramente.
- ¿Sabes? Hay algo en lo que tengo mucha curiosidad. – Kate le comentó a Castle como si el sospechoso no estuviese presente. – Por qué un sujetador.
- Yo me he preguntado lo mismo. – Rick asintió.
- Podría haber sido una simple cuerda. – Se encogió de hombros.
- O una pistola. Un disparo a la cabeza y bum. – Gesticuló con las manos. – Están muertos.
- Ya pero eso mancha mucho.
- Sí, cierto. Tienes razón. – Castle asintió con la cabeza. – Además, todas esas vísceras repartidas por todos lados… - Puso cara de desagrado. – Qué asco.
- Por no hablar del ruido que haría un disparo. – Apuntó a detective.
Saúl miró a Castle y luego a Beckett.
- ¿Han acabado ya? – Alzó las cejas. – Porque me gustaría irme a mi casa.
- ¡Huy! ¡Vaya! – Exageró Castle. – Eso ahora no va a ser posible.
- Tenemos un equipo registrando su apartamento. – Le informó Beckett.
- Así que va a tener que seguir escuchando nuestras teorías. – Castle sonrió satisfecho.
- A no ser que tenga algo que añadir… - Kate entrecerró los ojos y miró al sospechoso.
Saúl apoyó la espalda contra la silla y se cruzó de brazos.
- Quiero ver esa orden. – Exigió el sospechoso.
- Ya sabía que diría eso. – Beckett volvió a abrir la carpeta y dejó sobre la mesa la orden de registro.
- Si se fija bien también hemos pedido una orden para registrar su coche. – Señaló el escritor.
El sospechoso no levantó la vista de la hoja.
- Señor Gautier, es mejor que hable. – Le aconsejó Beckett. – Tarde o temprano tendremos las pruebas que necesitamos para encerrarle.
Él hizo caso omiso a lo que la inspectora dijo.
- Muy bien. Usted mismo. – Kate recogió los papeles que estaban sobre la mesa y volvió a guardarlos en la carpeta. – Ya hablará.
Castle y Beckett salieron de la sala, dejando a un Saúl demasiado tranquilo.
- No me gusta esto. – Comentó ella. Dejó la carpeta sobre su mesa.
- ¿Te refieres al hecho de que no ha pestañeado ni un solo momento?
- Ni pestañeado, ni temblado ni nada de nada. – Se dejó caer sobre su silla.
- ¿Crees que le ha podido dar tiempo a deshacerse de las pruebas? – Castle imitó a la inspectora y también tomó asiento.
- A eso me refiero. – Se pasó ambas manos por el pelo. – Sabía que estaría tranquilo pero no me imaginaba que lo iba a estar tanto.
- Y sin las pruebas no tenemos nada de nada. – Castle resopló.
- Eso es. Es todo circunstancial. – Beckett se mordió el labio inferior.
- Como te gusta decir eso. – Sonrió y le miró de reojo.
- Al igual que a ti te encanta decir "no salga de la ciudad". – Se apoyó en el respaldo y se rió.
- Touché.
Ambos se quedaron mirando embobados. Castle echó un vistazo a su alrededor y vio que todo el mundo estaba demasiado ocupado como para fijarse en ellos.
- No sabes las ganas que tengo de besarte ahora mismo. Susurró el escritor.
- Y yo de que lo hagas. – Admitió ella. Sonrió y bajó la mirada, algo ruborizada. – Pero ya sabes que no podemos.
- Bueno, sé de un cuarto de limpieza donde nadie entra. – Meneó las cejas.
- ¡Castle! – Susurró con los ojos muy abiertos. Luego se rió.
- ¿Qué? – Se encogió de hombros. – No creo que Gates decida ponerse a limpiar su despacho.
- ¿Sabes lo que es la ley de Murphy? – Dijo entre risas. Castle asintió. – Entonces no hace falta que te diga que en el momento en el que nos metamos en ese cuarto Gates aparecerá buscando una escoba…
- Odio cuando tienes razón. – Dijo con fastidio.
- Entonces ese odio será a menudo, ¿no? – Una divertida sonrisa se extendió por los labios de Beckett.
- Bueno, tampoco tienes siempre la razón… - Miró hacia un lado.
- Ya… No intentes arreglarlo. – Sonrió.
En ese momento sonó el móvil de la inspectora.
- Beckett. – Respondió ella.
- No te lo vas a creer pero no hemos encontrado nada. – Contestó Esposito al otro lado del teléfono.
- ¿Nada de nada? – Alzó las cejas y miró a Castle.
- Ni drogas, ni sujetadores. – Negó con la cabeza.
- ¿Qué pasa? – Preguntó el escritor.
- Que tenías razón. – Suspiró. – Se ha deshecho de las pruebas.
Castle pegó su oreja a la de Beckett para poder oír lo que Esposito decía.
- Pero es imposible que le haya dado tiempo. – Castle frunció el ceño. - ¿Y si lo ha escondido todo?
- Hemos mirado hasta el último escondite posible de la casa y nada. – Le respondió Esposito que le había oído.
RJ apareció delante del escritorio de Kate.
- Beckett he encontrado algo. – Le tendió unos papeles.
- Espera un momento Espo. – Apoyó el teléfono entre la oreja y el hombro. – Dime que es algo importante. – Dijo casi como una súplica.
- Ya lo verás. – El policía sonrió.
Había conseguido la lista de las personas que tomaban Flunitrazepam. Uno de los nombres estaba marcado con fosforito amarillo. Kate abrió mucho los ojos y una sonrisa apareció en sus labios. Le pasó la hoja a Castle.
- Gracias RJ. Te debo una. – Le sonrió.
El policía le devolvió la sonrisa y se fue.
- Vale Espo. – Cogió bien el móvil. – Tenemos una lista donde aparece el nombre de Saúl Gautier. Toma Flunitrazepam para el insomnio así que tiene que tener el bote de las pastillas por casa.
- Sí pero ya lo hemos revisado todo y ni rastro de ese bote.
- Puede que haya cambiado las pastillas de recipiente. – Le sugirió la inspectora. – Traedlos todos.
- Como tú digas, jefa. – Respondió el inspector. Se oyó como Esposito ordenaba eso mismo a uno de los policías.
Kate se mantuvo a la espera. Miró a Richard y le observó pensativo.
- ¿Alguna idea está rondándote la cabeza, Castle?
- Estaba pensando… - Miró al infinito. - ¿Cómo iba a deshacerse de las pruebas tan rápido? No puede tirarlas simplemente a un contenedor.
- ¿Y qué sugieres? – Preguntó con curiosidad.
- ¿Y si sólo las ha escondido?
- Espo ya ha dicho que han buscado por todos los escondites posibles y nada. – Kate escuchaba de fondo cómo el inspector seguía dando instrucciones.
- Sí pero algo así no lo vas a esconder en el fondo del armario. – Dijo evidente.
- ¿Entonces? – Beckett se encogió de hombros.
- Si fuese yo lo habría escondido detrás de una librería, por ejemplo.
- ¿Lo has oíd, Espo?
- Afirmativo. – Asintió con la cabeza aunque ellos no pudiesen verle. – Pero hay un problema. La librería no se puede mover. Es de esas que están incrustadas en la pared.
Castle cogió el móvil de las manos de Beckett y puso el manos libres.
- Pero es de madera, ¿no? – Preguntó el escritor.
- Eso sí. – Espo volvió a asentir y echó un vistazo a la librería. - ¿En qué estás pensando?
- En que esos muebles tienen, por detrás, unas planchas de madera que podrían moverse. – Castle miró a Beckett.
- Le diré a los chicos que lo comprueben. Esperad un momento. – Les dijo el detective.
Escucharon cómo Esposito hablaba con los demás policías y los de científica.
- ¿Piensas que detrás puede haber una caja fuerte o algo así? – Beckett dejó el móvil sobre la mesa.
- Así es. – Asintió con la cabeza. – Al igual que pueden esconderse detrás de los cuadros.
- Muy inteligente. – Asintió despacio.
- Bueno, por algo se me ha ocurrido a mí. – Sonrió satisfecho.
- Es el tipo de locura que tú harías. – Entrecerró los ojos. – ¿O es que ya has hecho algo así?
- Sólo contestaré a eso si es en presencia de mi abogado. – Bromeó.
Antes de que Beckett pudiese contestar, Esposito habló.
- Castle, recuérdame que te tengo que invitar a una cerveza.
- ¿No puede ser mejor a una mariscada? – Propuso el escritor.
- No te pases. – Esposito alzó una ceja.
- Vale.
- ¿Qué habéis encontrado? – Beckett estaba emocionada.
- Una preciosa caja fuerte. – El detective sonrió. – Lo malo es que, sin el equipo adecuado, no podemos abrirla.
- No hace falta. Se puede hacer a la antigua usanza. – Beckett le miró y frunció el ceño. – Con un fonendoscopio.
- ¡Ah claro! ¡Cómo no se me habrá ocurrido antes! – Respondió el detective. – Voy a por el que tengo en el coche.
- ¿Llevas uno en el coche? – Castle se sorprendió.
- Pues más bien no, Castle. – Respondió Esposito con sorna.
- Vaya. – Dijo decepcionado el escritor.
- Podemos volver en un rato con el equipo adecuado, Beckett. – Sugirió el detective.
- Me parece bien. – La inspectora asintió. – En cuanto tengáis algo ya sabes. Llámame.
- Descuida.
Ambos colgaron el teléfono. Gates salió de su despacho y fue directa a la mesa de Beckett.
- ¿Y bien? – Victoria se quitó las gafas. - ¿Han hallado algo?
- Han encontrado una caja fuerte. – Le informó la inspectora.
- ¿Y? – Hizo un con las manos para que prosiguiese.
- Y de momento nada. – Respondió ella.
- No pueden abrirla sin el equipo adecuado. – Continuó Castle.
- Maldita sea. – Murmuró la capitana. ¿Y ya está? ¿No hay nada más aparte de la caja?
- Así es. – Asintió Beckett. – De momento sólo tenemos eso y tampoco hay evidencias de que allí encontremos algo.
- Quiero que me informéis en cuanto abran esa caja. – Señaló con el dedo a la detective.
- Así lo haremos, capitán. – Le aseguró.
- Bien. – Gates asintió con la cabeza. - ¿El sospechoso sigue en la sala de interrogatorios? – La detective asintió. - ¿Ha dicho algo?
- Nada. – Beckett jugueteó con el bolígrafo. – Se niega a hablar.
- Pero lleva un reloj de oro. – Apuntó el escritor.
- ¿Un reloj de oro? – Repitió la capitana. - ¿Coincide con las heridas de las dos últimas víctimas?
- Pues… Aun no lo sabemos. – Kate se mojó los labios.
- ¿Cómo que aun no lo sabéis? – Gates frunció el ceño. - ¿Y qué demonios estáis esperando para pedir una orden?
- Ahora mismo iba a pedirla, señor. – Le aseguró Beckett.
- Pues más vale que empiece a hacerlo, inspectora. – Dijo en tono amenazador.
Gates zanjó el tema y volvió a su despacho.
- Menudo humor de perros. – Comentó el escritor.
- El de siempre… - Miró de soslayo el despacho del capitán. – Aunque supongo que están presionándola los de arriba. – Cogió el teléfono y marcó de nuevo el número del juez.
La oficina del juez estaba hasta arriba de trabajos por lo que la orden aun tardaría un poco. Ryan y Esposito volvieron a comisaría a por el equipo adecuado para poder abrir la caja fuerte, luego se fueron de nuevo a casa del sospechoso.
- Estaba pensando… - Castle se llevó la mano a la barbilla.
- ¿Sobre el caso? – Levantó la vista del papeleo.
- No. – Negó con la cabeza. – Estaba pensando en lo que ha ocurrido esta tarde en el supermercado. Fue un poco raro.
- ¿Te refieres a lo de Josh?
- Es lo único raro que nos ha pasado hoy. – Dijo evidente.
- También podrías haberte referido a tu club de fans de la tercera edad. – Se encogió de hombros.
- Nah, eso no es raro. Es mi pan de cada día. – Sonrió.
- Bueno, ¿y qué te pareció tan raro? – Giró la silla para mirarle mejor.
- ¿En serio no te pareció extraño volver a encontrarte con Josh? – Alzó una ceja.
- Bueno, sí. – Volvió a encogerse de hombros. – Pero más raro hubiese sido encontrarnos con Robert De Niro, por ejemplo.
- Kate, hablo en serio. – Dijo con formalidad en la voz.
- Mmmm… Se le quedó mirando y entrecerró los ojos. - ¿Qué pasa, Castle?
- Es sólo que me preguntaba qué sentirse cuando volviste a verle…
- ¿Quieres hablar de esto aquí y ahora? – Parpadeó varias veces.
- Por favor.
- Está bien. – Se levantó de la silla. – Vamos a la sala de descanso.
Una vez en la sala, Kate dejó que Castle pasase primero y luego cerró la puerta detrás de sí.
- ¿Quieres un café? – Le sonrió. Castle asintió. - ¿Qué quieres saber? – Kate comenzó a trastear con la cafetera.
- Ya te lo he dicho. Sólo quiero saber qué fue lo que sentiste al verle. – Se apoyó en la mesa de detrás.
- ¿Sinceramente? – Giró la cabeza para mirarle. – Sorpresa. Eso fue lo que sentí. Me impresionó verle allí después de tanto tiempo.
- ¿Y ya está? – Se le quedo mirando, temeroso de su respuesta.
- Sí. – Asintió y le tendió una de las tazas. - ¿Qué más quieres que sintiese, Rick?
- No lo sé. – Se encogió de hombros. – Estuvisteis juntos.
- Bueno, Gina y tú estuvisteis casados y ahora no sientes nada por ella cada vez que os veis, ¿no? – Alzó las cejas.
- Pero es distinto. – Removió el café. – Nosotros nos separamos porque no nos aguantábamos.
- Y yo rompí con Josh porque me di cuenta de que te quería a ti. – Afirmó Kate.
Castle se quedó tan sorprendido por la declaración de la inspectora que poco faltó para que la taza diese contra el suelo.
- ¿De verdad? – Abrió mucho los ojos.
- Bueno, creo que queda bastante claro con quién duermo por las noches. – Le sonrió con dulzura.
- Eso es cierto. – Sonrió tontamente. Qué estúpido había sido al dudar de aquella manera.
- Supongo que tendré que dejártelo más claro. – Kate dejó su taza sobre la encimera, junto a la cafetera.
Fue hasta donde él estaba. Le rodeó la cintura con los brazos, metiendo las manos en los bolsillos traseros de su pantalón. Él hizo lo mismo y pasó sus manos alrededor de ella y las entrelazó en su espalda. Kate acercó su cara a la de él. Le acarició la punta de la nariz con la suya.
- Te quiero. – Kate le susurró en los labios. Sonrió y terminó por sellar aquellas palabras con un beso. – Así que me da igual encontrarme con Josh, con Demming o con el mismísimo Brad Pitt, porque eso no va a hacer que deje de quererte como hago ahora mismo.
- Es lo más bonito que me ha dicho nunca. – Le miró embelesado.
- Y si para convencerte de lo que siento tengo que repetirte esto todos los días lo haré. – Le aseguró. – Y ahora a trabajar, que hemos quebrantado una de mis reglas. – Le dio otro beso en los labios y se separaron.
- ¿Qué regla? – Dijo aun embobado.
- La de besarnos en el trabajo. – Le sonrió y cogió su taza.
Cuando salió de la sala de descanso vio que Ryan y Esposito habían vuelto.
- Decidme que tenéis buenas noticias. – Suplicó la detective.
- Así es. – Ryan sonrió. – Tenemos la caja fuerte en la sala de reuniones.
- ¿Y cómo es que la habéis traído a comisaría en lugar de abrirla allí mismo? – Preguntó la detective con curiosidad.
- Era más fácil sacarla de la pared que reventarla. – Respondió Ryan.
- Eso y que queríamos que fueses la primera en ver qué hay dentro. – Esposito sonrió.
- ¿Pero no lo habéis abierto? – Dijo Castle.
- No. – Javi negó con la cabeza. – Os estábamos esperando para hacerlo.
- Bueno, ¿y a qué estamos esperando? – Beckett sonrió ampliamente.
La detective se frotó las manos y fue hacia la sala de reuniones.
- Pensaba que no ibais a tardar tanto. – Comentó el escritor.
- Ya, bueno. Llevábamos un rato aquí. – Habló Ryan.
- Pero no queríamos interrumpir ese momento tan romántico en la sala de descanso. – Esposito sonrió con picardía.
- ¿Lo habéis visto? – A Castle se le quedaron los ojos como platos y se quedó parado en mitad de la comisaría.
- Y ha sido muy bonito. – Ryan le dio unas palmaditas en la espalda.
- He de reconocer que aun se nos hace raro veros juntos. – Comentó Esposito.
- Pero nos habéis visto. – Volvió a repetir el escritor. – Y si nos habéis visto vosotros…
- Nos hemos ocupado de que nadie más os viese. – Le aseguró Ryan.
- Para eso están los colegas. – Esposito y Ryan chocaron las manos.
- Gracias chicos. – Dijo Castle muy agradecido.
- No hay problema. – Ryan sonrió.
- Lo que sea con tal de que Gates no te eche de la comisaría. – Esposito alzó las cejas, divertido.
- Te hemos cogido un poco de cariño. – Bromeó el otro inspector.
- Un momento. – Castle miró a uno y luego al otro. - ¿Esta es otra forma de chantaje? – El escritor ya no se fiaba.
- Por eso no te preocupes. Ya haremos cuentas. – Ryan volvió a darle una palmadita en el hombro.
- Me lo temía. – Castle resopló.
Se pusieron en marcha y llegaron a la sala de reuniones. Allí estaba Kate esperándoles.
- La hora de la verdad. – Beckett cogió aire. - ¿Preparados?
Todos asintieron y miraron expectantes cómo la inspectora abría la caja fuerte.
- Premio. – Sonrió Castle.
Dentro de la caja había una bolsa. Beckett la sacó y la abrió. Había dos sujetadores correctamente dolados y aun con sus etiquetas puestas. A simple vista encajaban a la perfección con los que habían encontrado en las escenas del crimen.
- Mirad esto. – Señaló Esposito. – El cabrón guardaba la medicación aquí. – Les señaló el bote.
- ¿Tener que abrir todas las noches la caja fuerte para tomarse las pastillas? – Preguntó Ryan. – Es algo absurdo…
- Seguramente las escondió aquí cuando supo que íbamos detrás de él. – Espo le dio una palmadita en la espalda a su compañero.
- Está claro que es nuestro hombre. – Beckett le echó un vistazo a todas las cosas que había dentro.
- Creo que he encontrado algo interesante. – Castle sujetó un papel y lo leyó detenidamente.
- ¿Qué es, tío? – Esposito se estiró un poco para mirar la hoja por encima del hombro del escritor.
- Es una lista con nombres. – Castle lo dejó sobre la mesa para que le echasen un vistazo.
- ¿Una lista de víctimas? – Beckett alzó una ceja.
- Eso parece. – Respondió el escritor.
- Aparecen los nombres de nuestras tres víctimas. – Esposito frunció el ceño.
- Y mira esto. – Ryan señaló la hoja. – Tienen una equis delante del nombre.
- De "muertos". – Apuntó Castle.
- ¿Este tío pensaba cargarse a todas estas personas? – Esposito parpadeó varias veces.
- Tiene toda la pinta. – Beckett asintió lentamente con la cabeza.
- Pues menos mal que hemos llegado a tiempo. – Comentó Castle. – Un poco más y se carga a media clientela del club.
- Eso me hace pensar una cosa. – La inspectora escudriñó la lista. - ¿Cómo es posible que tenga los nombres y apellidos de todas estas personas? – Levantó la vista y miró a los tres.
- Parece que tenemos un cómplice. – Dijo Ryan.
- "Partners in crime" – Castle sonrió. Todos se le quedaron mirando. - ¿Qué? Suena mejor así.
- Hay que detener también a la dueña del local. – Esposito se cruzó de brazos.
- Primero quiero hablar con Saúl. – Beckett se pasó un mechón de pelo detrás de la oreja.
- ¿Por si delata a Daisy? – Preguntó Ryan.
- Así es. – Kate asintió. – Muy buen trabajo chicos.
P.D: ¡Gracias por leer y ya sabéis, comentad mucho!
