¡Buenas noches! Sé que hace muchísimo que no subo un nuevo capítulo y es que ahora mismo estoy aplastada entre trabajos de la uni y tengo cero tiempo para escribir pero que sepáis que no me olvido de vosotros y tengo aun muchas ideas. Así que aquí tenéis un nuevo capítulo que, aunque lo tenía escrito desde hacía bastantes meses, no lo había colgado porque pensé que tendría más tiempo para escribir, pero bueno, así están las cosas xD
Como siempre os digo, que disfrutéis de la lectura y que dejéis muchos comentarios, que así me anima a continuar en los pequeños ratos que tenga ;)
Capítulo 15.
Revisaron bien todo lo que habían encontrado en la caja. Metieron las cosas en las bolsas de plástico de pruebas y las enviaron al laboratorio para que allí pudiesen comparar lo hallado en la caja con lo encontrado en las escenas de los crímenes. Beckett pasó por el despacho de Gates para ponerle al día con las novedades.
- Así que por fin tenemos las pruebas. – Dijo la capitana sentada en la silla de detrás de su escritorio.
- Así es, señor. – Beckett se mantuvo de pie. – Aunque aun tienen que confirmar en el laboratorio que son las mismas drogas y la misma arma homicida.
- Pero las probabilidades de que coincidan son muy altas. – Dijo evidente. Deslizó las gafas por el puente de la nariz para poder ver mejor a la inspectora.
- Casi un noventa y nueve por ciento de posibilidades. – Entrelazó las manos por la espalda. – Y además está la lista con los nombres de las víctimas que también encontramos en la caja fuerte.
- Muy buen trabajo, detective. – Le felicitó. – Seguramente hayan evitado más muertes en este caso.
- Gracias señor.
- Ah y muy buena idea buscar la caja fuerte en ese lugar.
- Señor, eso fue idea de Castle.
Gates alzó una ceja, sorprendida.
- Vaya. Parece que el señor Castle es mucho más útil de lo que pensaba. – Se quitó las gafas. – Felicítele de mi parte.
- Sí, señor.
- Podéis iros por hoy. – Volvió a ponerse las gafas. – Es tarde y no tendremos los resultados del laboratorio hasta mañana.
- Gracias capitán.
Beckett salió del despacho de la capitana. Fue hacia su mesa donde Castle le esperaba sentado en su silla.
- ¿Y bien? – Alzó las cejas.
- Castle, a tu silla. – Señaló el asiento que estaba junto al borde del escritorio.
- Vaaaale. – Dejó el sitio libre a la inspectora y fue a su silla. - ¿Qué te ha dicho Gates?
- Lo de siempre. – Ajustó la silla a su altura. – Aunque ha añadido una cosa que no me esperaba.
- ¿Te ha dado vacaciones indefinidas? – Sonrió ampliamente.
- No. – Negó con la cabeza. – Me ha dicho que te felicite por tu trabajo en este caso.
- ¿En serio? – Abrió mucho los ojos. – Sabía que no tardaría en reconocer que soy una pieza clave en esta comisaría. – Dijo satisfecho.
Gates pasó junto a ellos.
- No haga que cambie de idea, señor Castle. – Dijo sin levantar la vista de los papeles que iba leyendo.
- Sí, señor. – Respondió el escritor.
Beckett se mordió los labios, aguantando la risa.
- Te ha pillado. – En cuanto vio que la capitana no podía oírlos se echó a reír.
- No tiene gracia. – Dijo enfurruñado.
- Te equivocas, tiene mucha. – Beckett siguió riéndose. – Aunque en una cosa tiene razón.
- Soy todo oídos. – Puso el codo sobre la mesa y apoyó la barbilla sobre la palma de la mano.
- Creo que ha dejado de verte como alguien molesto. – Le confesó. – Se ha dado cuenta de que, aun con tus absurdas teorías, se te da bien todo esto.
- ¿Eso es lo que crees que piensa Gates o lo que tú piensas? – Entrecerró los ojos.
- Un poco de ambas. – Admitió. – Pero que con esto no se te suba el ego.
- Espera. – Alargó el brazo hacia arriba, hizo que cogía algo y que tiraba de ello hasta el suelo. – Ego dominado. – Bromeó.
- Así me gusta. – Le sonrió. – Termino esto y ya podemos irnos.
- Estoy deseando meterme en la cama. – Castle bostezó.
- ¿Eso significa que por fin me vas a dejar dormir tranquila? – Le miró de reojo.
- ¿Cuándo he dicho yo eso? – Alzó una ceja y ambos se rieron.
Ya pasaban de las once de la noche cuando Gates les dio permiso para irse a casa. Había sido un día muy largo. Dejaron a Saúl en el calabozo y, después de ultimar unas cosas, los cuatro se fueron a casa.
Antes de llegar al loft, Castle y Beckett fueron a por comida china, la favorita de la inspectora.
Iban charlando y riéndose de las tonterías del escritor cuando abrieron la puerta.
- ¡¿Alexis?! – Dijo Castle en un tono más agudo de lo normal.
Y es que Alexis no estaba sola. En el sofá, junto a la adolescente, se encontraba un chico al que el escritor no conocía. La joven pareja de novios se puso nerviosa ante aquella pillada.
- ¿Pero no ibais a llegar tarde? – Dijo Alexis toda azarada.
- ¿Eso es lo único que se te ocurre decir? – Le dijo a su hija. Estaba en shock.
- Rick… - Beckett le tocó el brazo. – Tranquilo.
- No puedo tranquilizarme viendo cómo un universitario se aprovecha de mi hija en mi sofá. – Dijo exaltado.
- ¡Papá! ¡Me estás poniendo en ridículo! – Dijo Alexis. El chico hizo ademán de levantarse pero la chica se lo impidió.
- ¿Qué yo te estoy poniendo en ridículo? – Parpadeó varias veces, perplejo. - ¿Has oído eso, Kate?
Beckett miró a Alexis y luego a Castle. Se mojó los labios antes de hablar.
- Yo mejor me voy a preparar la cena. – La inspectora no quería ser partícipe de aquello así que se fue a la cocina.
- Yo también me voy… Mañana te llamo. – Castle le fulminó con la mirada. – O mejor no… - Tragó saliva.
Iba a darle un beso de despedida a Alexis pero en el último momento decidió que no era una buena idea. Sonrió a la chica y salió por la puerta.
- Perfecto. – Se golpeó el muslo con la mano. - ¿Has visto lo que has conseguido? – Señaló la puerta con la mano.
- Que salga huyendo. Algo muy inteligente por su parte.
- ¿Es que siempre vas a espantarme a todos los chicos? – Frunció el ceño.
- A los que vea metiendo mano a mi hija en mi sofá sí. – Dijo de forma tajante.
Beckett observaba la escena desde la cocina. De vez en cuando negaba con la cabeza. Cuando Castle le lanzaba alguna mirada en busca de apoyo ella hacía como que no había visto nada. No podía meterse en la vida de Alexis porque no era su madre.
- ¡Por favor papá! – Movió los brazos. - ¡Pero si ayer os pillé a vosotros en una situación similar!
- No es lo mismo. – Dijo serio.
- ¿Ah no? ¿Y por qué? – Frunció el ceño.
- Porque yo soy tu padre.
Alexis le lanzó una mirada al escritor de esas que te dejan sin respiración. Subió corriendo las escaleras y se oyó como cerraba la puerta de su habitación de un portazo.
- Y ahora yo soy el malo. – Dejó su abrigo sobre el sillón y fue hacia la cocina. ¿Tú qué opinas? – Se sentó en uno de los taburetes.
- ¿Estás seguro? – Alzó las cejas y luego volvió la vista hacia la comida. – Porque no te va a gustar nada.
- Necesito tu opinión. – Insistió.
- Está bien. – Se limpió las manos y le miró. – Creo que has sido demasiado duro con ella.
- ¿Demasiado duro? – Parpadeó varias veces. - ¿Pero tú has visto lo mismo que yo?
- Ya te dije que no te iba a gustar mi opinión. – Apoyó los codos sobre la mesa.
Castle se quedó pensativo. Él no pensaba que se hubiese pasado con su hija, pero necesitaba la opinión de alguien que lo hubiera visto desde fuera.
- Rick, ya es mayor. – Le puso la mano sobre el antebrazo.
- Sólo tiene dieciocho años. – Suspiró.
- Exacto, dieciocho años no diez. – Le sonrió de medio lado. – Sabes perfectamente que no es la primera vez que lo hace.
- Sí, pero es mi hija. – Intentó justificarse.
- Ya no es una niña por mucho que tú lo quieras. – Se sentó en el taburete, frente a él, y le cogió de la mano. – Y este tipo de cosas las va a hacer con o sin tu consentimiento…
- Ya pero… - No sabía cómo argumentar sus pensamientos.
- Rick, tú sólo piensa en las cosas que hiciste a su edad. – Le dijo. – Seguro que era mucho peores… Recuerda quién es tu hija.
- Dios… - Se quedó pensando. – Tienes razón. Quizá sí he sido un poco duro con ella.
- Deberías sentarte y hablar con ella. – Le sonrió con ternura y le acarició la mano.
- ¿Y no puedes ir tú primero? – Dijo con algo de miedo.
- Es tu hija. – Dijo evidente. – Además, eres tú el que tiene que disculparse.
- Sí, lo sé. Pero vosotras sois amigas. Podrías allanarme un poco el terreno. – Puso cara de niño bueno. –Tú haces como que es cosa tuya.
Beckett se mordió el labio inferior y se quedó pensando.
- Está bien. – Terminó asintiendo. – Yo hablo primero con ella.
- ¡Eres la mejor! – Se estiró sobre la encimera y la besó.
- Sí, lo sé…
Castle aprovechó que Beckett iba a hablar con Alexis para dar una vuelta con Royal. Kate preparó una bandeja con algo de comida china y se fue hacia la habitación de la adolescente. Llamó a la puerta y esperó a que contestase.
- Papá, no quiero hablar.
Dijo una voz desde el interior del cuarto.
- Soy Kate, ¿puedo pasar?
- Sí, sí. – Alexis se incorporó en la cama, quedando sentada sobre el colchón.
Beckett abrió como pudo la puerta.
- Te he traído algo de cena. – Le mostró la bandeja.
- Gracias, pero no tengo hambre. – Se aferró a uno de los cojines.
- Te lo dejo aquí por si luego quieres. – Dejó la bandeja sobre el escritorio.
- Mi te ha dicho que vengas, ¿no?
- Él se ha ido con Royal. ¿Puedo? – Señaló el colchón. Alexis asintió y la inspectora se sentó al borde de la cama. - ¿Ese es el chico del que hablamos esta mañana?
- Sí, es Max. Hice lo que me dijiste y le invité a salir.
- Y veo que surtió efecto. – Le sonrió.
- Pero para lo que ha durado… - Jugueteó con la etiqueta del cojín. – Después de cómo se ha puesto mi padre no creo que quiera volver a verme…
- ¿Sabes a la de chicos que espantó mi padre cuando yo tenía tu edad? – Sonrió al recordarlo. – Y te aseguro que por algo así no dejan de llamarte.
- ¿En serio? – Levantó la vista para mirarla.
- Sí. – Asintió con la cabeza. – Los padres son así de protectores con sus hijas. – Le aseguró. – Y a Rick le está pasando lo que le ocurría a mi padre. Le da miedo verte crecer.
- ¿Pero por qué? – Parpadeó varias veces.
- Porque somos sus niñas y no quieren que nadie nos haga daño. – Se acomodó en la cama. – Si por ellos fuese nos meterían en cajitas de cristal.
Alexis la escuchó atentamente.
- Saben que tarde o temprano nos iremos y ya no seremos sus niñas. – Se pasó un mechón de pelo tras la oreja.
- Pero tampoco era para ponerse así…
- Ya sabes que tu padre es muy dramático para todo. – Dijo evidente. – Y supongo que también ha sido un poco shock ver a su hija así con un chico. Sólo intenta ponerte un poco en su lugar.
- Ya lo hago. – Le miró. – Y yo no me puse así ayer…
- Eso es verdad, pero tampoco te gustó en un principio que yo saliese con tu padre…
- Es distinto.
- ¿Estás segura? – Alzó las cejas. – Tú no querías que tu padre sufriese. Pues eso es lo que le ocurre a tu padre contigo.
Alexis se le quedó mirando, pensativa. Procesó lo que la inspectora acababa de decirle.
- Quizá he sido poco comprensiva con él… - Miró el cojín que tenía entre las manos. – Cuando vuelva hablaré con él.
- Seguro que lo arregláis. – Le sonrió.
- Gracias Kate. – Le dio un inmenso abrazo.
- De nada cariño. – Le correspondió al abrazo.
Beckett se despidió de Alexis y salió de la habitación. Cuando bajó las escaleras para ir a la cocina, la puerta de la entrada se abrió. Era Castle que volvía con Royal de dar su paseo nocturno. El perro correteó por el salón para, finalmente, subirse al sofá.
- ¿Cómo ha ido? – Preguntó Castle en un susurro.
- Es tu hija de quien hablamos. Contestó ella detrás de la barra.
- ¿Entonces bien o mal? – Se sentó en uno de los taburetes. – Porque tiene un genio terrible como el de su madre.
- Te está esperando para hablar. – Le sonrió de forma tranquilizadora.
- Bien, vale. – Cogió aire. - ¿Qué tal estoy?
- Rick, vas a hablar con tu hija, no con recursos humanos. – Se rió.
- Sí, tienes razón. – Se arregló un poco la camisa. – Deséame suerte.
- No la necesitas pero, suerte. – Le dio una palmadita en el hombro y le besó en la mejilla.
Castle subió lentamente las escaleras, queriendo retrasar al máximo aquella conversación. Cuando llegó al piso, fue arrastrando los pies hasta la puerta de la habitación de Alexis. Respiró hondo varias veces antes de llamar a la puerta.
- Está abierto. – Dijo Alexis desde el interior del cuarto.
- Kate me ha dicho que querías hablar conmigo. – Dejó la puerta entornada cuando entró.
Alexis dejó a un lado de la cama la bandeja con la cena que Beckett le había subido. Hizo un gesto a su padre para que se sentase junto a ella.
- Así es. – Asintió. – Quería pedirte perdón por lo que ha ocurrido antes.
- No, soy yo el que lo siente. – Le cogió la mano. – He sido demasiado duro contigo.
- Entiendo que te preocupes por mí, soy tu hija, pero también tienes que comprender que no puedes meterme en una cajita de cristal. – Usó las palabras de Beckett.
- Lo sé, lo sé pero no quiero que te hagan daño como te ocurrió con Ashley.
- Papá, tengo dieciocho años y seguramente me rompan el corazón más de una vez. – Sonrió de medio lado. – Es algo para lo que creo que estoy preparada. No puedes hacer nada al respecto.
- Tienes razón. – Asintió con la cabeza. – Ojalá pudiese evitarlo.
- Pero no puedes. – Negó. – Supongo que tendré que darme varias veces contra la pared hasta que encuentre a alguien, como te ha pasado a ti con Kate.
- Dos matrimonios fallidos… - Pensó en voz alta.
- Pero a la tercera va la vencida. – Sonrió ampliamente. – Además, me tienes a mí.
- Eso es lo mejor que me ha ocurrido nunca, cariño. – Le dio un beso en el pelo.
- Entonces, ¿vas a dejar de espantarme a los novios? – Bromeó.
- Bueno, haré lo que pueda. – Sonrió. – Anda, ven aquí. – La atrajo hacia sí y le abrazó fuertemente.
- Papá que me ahogas. – Dijo entre risas, intentando zafarse de sus brazos.
- Lo siento. – Sonrió y la dejó escapar.
- Ah, por cierto. – Le señaló con el dedo. – Sé perfectamente que tú has enviado primero a Kate para que hablase conmigo…
- No sé de qué estás hablando… - Se hizo el despistado.
- Aun así, gracias. – Puso su mano sobre la de su padre.
- Entonces, ¿no te has enfadado por eso? – Preguntó algo temeroso.
- Claro que no. – Le aseguró. – Ha sido ella quién me ha hecho ver las cosas de otra manera.
- Me alegro de que haya sido así.
- Papá, no la dejes escapar. – Le dijo muy seriamente.
- Eso no va a pasar. – Negó con la cabeza. – Como has dicho antes, a la tercera va la vencida.
Alexis sonrió complacida.
- Te quiero papá.
- Y yo a ti, cariño.
Al cabo de un rato Castle bajó a la cocina, donde Kate estaba recogiendo los restos de la cena. Al oír unos pasos bajando por las escaleras, Beckett levantó la vista.
- ¿Y bien? – Se secó las manos con un trapo de cocina. - ¿Qué tal ha ido?
- Bien. – Fue hacia donde se encontraba la inspectora. – La verdad es que gracias a ti ha ido muy bien.
- Me alegro de oír eso. – Le sonrió.
- Aunque sabe que has ido tú primero a hablar con ella porque yo te lo he pedido. – Se puso a su lado, detrás de la barra de la cocina.
- Es mejor detective de lo que pensaba. – Se sorprendió la inspectora.
- Eso o es que hay alguien que es muy mala actriz… - Bromeó. Miró hacia otro lado.
- ¡Oye! – Se hizo la ofendida. – Soy mejor actriz de lo que crees…
- ¿Eso va con segundas? – Entrecerró los ojos.
- No lo sé. – Se encogió de hombros. – Puede ser… Quién sabe… - Intentó reprimir la risa.
- Pero serás… - Le miró un instante y luego pasó al ataque… Al ataque de cosquillas.
- ¡No! – Se rió intentando librarse. - ¡Rick, cosquillas no! – Dijo entre carcajadas.
La inspectora salió corriendo, intentando librarse de aquel "castigo" por parte del escritor. Se escondió detrás de una de las columnas del salón pero de poco le sirvió. Entre risas y manotazos intentó zafarse de las cosquillas, e incluso probó a hacérselas a él, pero no surtió efecto.
- ¡Vale! ¡Vale! – Beckett levantó las manos. - ¡Paz!
- Mmmm… - Hizo como si se lo pensase. – No lo sé… Esto está siendo demasiado divertido. – Aseguró.
- ¡Si paras haré lo que quieras! – Se puso detrás del sofá.
- ¿Lo que quiera? – Elevó las cejas. – Eso es demasiado tentador…
- Lo que sea, pero no más cosquillas. – Dijo casi con súplica.
- Vale. – Accedió. – Paro a cambio de que veamos esta noche "Planeta Prohibido".
- ¿En serio? – Parpadeó varias veces, sorprendida.
- En serio. – Asintió con la cabeza. - ¿Trato? – Le tendió la mano.
- Desde luego. – Se acercó a él para sellar el trato.
Ambos se sonrieron y luego Castle la estrechó entre sus brazos.
- Rick, me estás aplastando. – Dijo con la respiración entrecortada.
- Es que Alexis me ha dicho que no te deje escapar. – Apoyó el mentón sobre la cabeza de ella. – Y eso es lo que hago.
Beckett alzó un poco la cabeza para poder mirarla.
- Sabes cuánto te quiero, ¿verdad? – Dijo ella con una sonrisa boba en los labios.
- Lo sé. – Asintió. – Aunque no estaría mal escucharlo todos los días… - Dejó caer.
- Sabía que dirías algo así. – Dijo sin separarse de él. – Te quiero, escritor.
- Y yo a ti, detective.
Ambos se sonrieron. Beckett se fue acercando a él hasta que sus labios chocaron con los del escritor para terminar fundiéndose en un dulce beso.
- Bueno, ¿ponemos la película? – Kate sonrió.
- ¿Ahora? – Alzó las cejas.
- Ese es el trato que hemos hecho… - Dijo con fingida inocencia.
- Porras… - Se maldijo. – Está bien… - Accedió muy a su pesar.
- Así me gusta. – Le dio un rápido beso en los labios.
Ella se sentó en el sofá mientras él buscaba el dvd por la estantería.
- Debería pensar mejor qué tipo de tratos hago. – Susurró para sí.
Después de meter el dvd en el reproductor, Castle se sentó junto a la detective. Ella cogió un cojín y lo puso sobre las piernas del escritor, a continuación apoyó la cabeza sobre él y subió las piernas al sofá.
Durante la película, Castle estuvo acariciando el pelo a Beckett.
- Si sigues así al final me voy a dormir. – Anunció la detective.
- ¡No puedes! ¡Ahora viene lo mejor! – Dijo alarmado.
- Está bien. – Acomodó la cabeza sobre el cojín. – Lo intentaré.
Pero por mucho que lo desease al final, el sueño pudo con ella. Castle se dio cuenta de que la inspectora no pudo evitar dormirse, así que decidió terminar de ver él solo la película. Media hora después, fue él el que se durmió.
Aquella era una bonita estampa. Kate dormía plácidamente con la cabeza sobre las piernas del escritor y él tenía la cabeza recostada sobre el respaldo del sofá, con la boca medio abierta. Royal estaba a los pies de la cama, dormido bocarriba.
Alexis bajó las escaleras para dejar la bandeja de la cena en la cocina. Al ver que todos estaban dormidos, intentó hacer el mínimo ruido posible.
Al escuchar el sonido de las pisadas, Royal se levantó casi de un salto y fue hacia la chica.
- Shhhh… - Se llevó un dedo a la boca. – No hagas ruido. – Susurró al animal.
Dejó la bandeja sobre la encimera y fue hacia el salón. Echó sobre Kate una de las mantas y luego apagó el dvd y la televisión. Volvió a la cocina y empezó a recoger lo que había sobre la bandeja. Royal se tumbó en el suelo y se quedó observándola.
Cuando hubo acabado, le hizo un gesto al perro para que subiese a su habitación. Ella fue hacia donde estaba su padre.
- Papá. – Se susurró mientras le tocaba el brazo.
- ¿Mmmm? – Fue lo único que salió de la boca del escritor. Se removió en el sitio y respiró profundamente.
- Papá… - Volvió a insistir. – Es tarde. Deberíais iros a dormir.
- ¿Qué? – Abrió lentamente los ojos y se encontró con los de su hija.
- A la cama. – Señaló la habitación.
A Castle le costó unos segundos ubicarse. Se incorporó en el sitio y bajó la vista hacia donde estaba Kate. Ella no se había movido ni un ápice y seguía profundamente dormida.
- ¿Ha llegado la abuela? – Se frotó los ojos.
- Ha llamado antes para decir que se quedaba a dormir con Jim.
- Vale, vale. – Asintió despacio.
- Me voy a la cama. – Le dio un beso en la mejilla. – Buenas noches.
- Que descanses. – Se quedó mirando cómo Alexis subía las escaleras.
Recostó de nuevo la cabeza sobre el respaldo y cerró los ojos. Volvió a abrirlos e intentó levantarse.
- Kate, vamos a la cama. – Le dijo al oído.
- Cinco minutos más. – Dijo ella con los ojos cerrados.
Como vio que la inspectora no tenía intención de moverse, Castle pasó un brazo por debajo de sus rodillas y otro rodeándole la espalda. Kate dijo algo indescifrable a modo de queja, pero luego se acomodó en los brazos del escritor. Apoyó la cabeza sobre el pecho de él y dejó los brazos sobre su regazo.
Caminó con ella en brazos hasta llegar a la habitación. Con sumo cuidado recostó a la inspectora sobre la cama.
- Gracias. – Masculló ella sin abrir los ojos.
- Siempre. – Respondió. Le echó las sábanas por encima y le dio un beso en la frente.
Rodeó la cama para ir a su sitio. Apartó las sábanas y se tumbó bocarriba. Kate rodó sobre el colchón y descansó la cabeza sobre el pecho el escritor. Él la rodeó con los brazos y apoyó su barbilla contra la frente de ella.
No hizo falta mucho tiempo para que la pareja durmiese profundamente.
¡Gracias por leer y a comentar mucho! ;)
