Buenas noches! Sí, lo sé, me odiáis muchísimo por actualizar tan tarde pero ya sabéis que tengo peleas constantes con las musas y con los estudios. Una hace lo que puede! xD Pero que sepáis que NUNCA me he olvidado de vosotros y que sigo rebanándome los sesos para poder seguir con el fic.
Lo dicho, aquí os dejo un nuevo capítulo! Espero que lo disfrutéis y sobre todo que dejéis muchos comentarios (sobre lo que os gusta y lo que no, claro está) para ver si sigo con el fic o tiro la toalla :D

Capítulo 16.

Eran las siete de la mañana cuando Castle y Beckett estaban desayunando en la cocina. Esta vez había sido Kate quien preparó el desayuno. Café, huevos revueltos, bacon, tortitas y zumo.

- ¿Celebramos algo? – Dijo Alexis sorprendida mientras bajaba las escaleras, seguida del perro.
- Me apetecía cocinar. – Kate se encogió de hombros.
- ¿Qué haces levantada tan temprano? – Preguntó Castle.
- He quedado con Max para hacer las compras de navidad.

Rápidamente Kate echó una mirada a Castle.

- Bien, bien. – Asintió despacio. – Aunque es un poco pronto, ¿no?
- Bueno, no podía dormirme. – Sonrió tontamente. Cogió un plato y se sirvió un poco de todo.
- Los nervios, ¿no? – Kate le sonrió y Alexis asintió. Le dio un largo trago a su café.

En ese momento sonó el teléfono de la inspectora. Kate alargó el brazo y lo cogió de encima de la encimera.

- Beckett. – Se quedó a la escucha. - ¿Sí? Ajá… - Miró a Castle de reojo. – Perfecto, ahora mismo vamos. – Colgó.
- ¿Ya tienen los resultados? – Preguntó el escritor con interés.
- Y todo coincide. – Asintió sonriente. Se bebió el café de un trago. – Tenemos que irnos.

Kate fue rápidamente a la habitación para cambiarse de ropa.

- Ve a vestirte, que ya recojo yo. – Le dijo Alexis.
- ¿Sacas tú a Royal? – El perro le miró al escuchar su nombre.
- Claro. – Asintió. – Sin problemas.

Castle le dio un beso en el pelo y se fue a su habitación.

Un rato después, Castle y Beckett llegaron a la comisaría. Allí les estaban esperando Ryan y Esposito.

- Hemos hablado con el fabricante de los sujetadores y nos ha confirmado que los de las escenas de los crímenes y los que encontramos en casa del sospechoso son los mismos. – Ryan le pasó una carpeta marrón a la inspectora.
- Además, gracias a los números de referencia nos han podido decir en qué tienda se compraron. – Esposito sonrió.
- Está en el Upper East Side. – Informó el otro inspector. - ¿Y adivinas qué tienen?
- ¿Cámaras de seguridad? – Dijo Beckett, expectante.
- ¡Bum! – Esposito sacó de otra carpeta una fotografía, donde se veía a Saúl pagando uno de los sujetadores.
- ¿Sólo compró uno? – Castle frunció el ceño.
- Iba poco a poco, para que no sospechasen. – Respondió Esposito.
- Hombre, si fuese el vendedor eso me resultaría más sospechoso aun. – Dijo el escritor de forma evidente.
- No lo es si tu cómplice también iba de visita a aquella tienda. – Ryan sonrió y mostró otra de las fotografías que habían sacado de la cámara de seguridad.

En ella se veía cómo Daisy pagaba varios de esos sujetadores.

- Demasiado para ser una coincidencia. – Declaró Beckett.
- Y hablando de coincidencias. – Ryan abrió la carpeta que Beckett tenía en las manos y se detuvo en una página concreta. - ¿Recordáis el coche negro que vio uno de los testigos en la última escena del crimen? Pues resulta que Saúl tiene un coche negro y, además, las alfombrillas coinciden a la perfección con las fibras que encontró Lanie en los cuerpos.

Beckett echó un vistazo a los papeles. Castle metió la prácticamente la cabeza en la carpeta para cotillear lo que ponía en las hojas.

- Y las drogas también son las mismas que las que hayamos en casa del sospechoso. – Habló el escritor.
- Creo que con esto no hay dudas de que es nuestro hombre. – Sentenció la inspectora.

Cerró la carpeta y la dejó sobre su escritorio.

- Ya va siendo hora de que confiese. – Castle se frotó las manos.

Unos minutos después, los tres detectives y el escritor estaban en la sala contigua a la de interrogatorios, observando al sospechoso a través del espejo. Beckett cogió la carpeta marrón que estaba sobre la mesa y salió de la sala. Castle se levantó rápidamente y la siguió.

- Buenos días señor Gautier. – Beckett se sentó en una de las sillas y dejó la carpeta sobre el tablero metálico.
- ¿Ha dormido bien en el calabozo? – Preguntó el escritor con su característico humor.
- No voy a decir nada. – Respondió él.
- Tranquilo, lo diremos todo por usted. – Castle sonrió.
- Hemos estado en su casa. – Beckett abrió la carpeta. – Y encontramos esto.

Puso sobre la mesa las fotografías de los dos sujetadores negros.

- ¿Le son familiares? – Preguntó la inspectora.
- Son unos sujetadores. – Saúl se encogió de hombros. - ¿Y qué?
- Son exactamente el mismo modelo que el arma homicida.
- Y además estaban guardados en un lugar poco apropiado. – Apuntó el escritor.

Saúl les miró sin decir nada.

- Y también encontramos esto. – Sacó otra fotografía donde aparecía el bote de pastillas que usó para drogar a las víctimas antes de matarlas.
- Hasta lleva su nombre escrito. – Castle señaló la pegatina que llevaba el bote.
- Así que, ¿dígame? – Beckett apoyó los codos sobre la mesa. - ¿Cree que tenemos suficientes pruebas contra usted como para encerrarle una larga temporada?

El sospechoso tampoco se pronunció en ese momento.

- Yo creo que sí. – Castle asintió con la cabeza. – Tenemos los sujetadores, las drogas, las fibras del coche, las grabaciones y… ¿algo más? – Se hizo el olvidadizo.
- Y una maravillosa lista con los nombres y apellidos de las tres víctimas además de unas cuantas personas más. – Concluyó la inspectora.
- Cierto. – El escritor asintió despacio. - ¿Sabes lo que me pregunto? Cómo sabía a qué personas tenía que matar…

Saúl se le quedó mirando pero sin decir nada.

- Yo creo que tiene un cómplice. – Kate dio unos golpecitos sobre la mesa con el bolígrafo.
- ¿La misma persona que le ayudó a comprar los sujetadores? – Castle se hizo el sorprendido.
- Exactamente. – Beckett asintió. – Esta persona. – Puso sobre la mesa la fotografía de Daisy.
- ¡Pero si es la dueña del club! – Volvió a hacerse el sorprendido.
- Fue ella quien le proporcionaba los nombres. – Beckett miró de reojo al sospechoso. – Yo creo que Daisy le tenía como matón.
- Bueno, más que matón asesino en serie…

Saúl se levantó y dio un golpe sobre la mesa.

- ¡Ya está bien! – Gritó.
- Señor Gautier, siéntese ahora mismo. – Exigió la inspectora, a lo que el sospechoso accedió. - ¿Va a empezar a hablar?

El sospechoso cerró los ojos durante un instante y suspiró.

- Será mejor que lo haga. – Le aconsejó el escritor. – Más que nada porque está de agua hasta el cuello.
- ¿Por qué les mató? – Preguntó Beckett con seriedad.
- Tenía que hacerlo. – Terminó por admitir. – Esas chicas no tienen la culpa de nada, y esos cabrones les hacían daño. Se aprovechaban de ellas.
- ¿Y por qué usó un sujetador? – Quiso saber el escritor.
- ¿Y por qué no? – Se encogió de hombros.
- ¿A caso quería vengar la muerte de su madre? – Beckett se cruzó de brazos.

Saúl Gautier se quedó pálido. Miró a Castle y luego a Beckett.

- Las chicas del club nos han dicho que usted era muy bueno con ellas. – Prosiguió el escritor. – Usted quería cuidar de esas chicas.
- Es lo mínimo que podía hacer. – Confesó.
- ¿Por qué? – Beckett quería escucharlo de sus labios.
- Porque… - Cerró los ojos y cogió aire. – Porque quería cuidarlas como tendría que haber hecho con mi madre. No pude protegerla y la mataron por mi culpa.

Castle y Beckett se miraron.

- ¿Quién le metió en todo esto, Saúl? – La voz de la inspectora sonaba algo más delicada.
- Conocí a Daisy en mi bufete de abogados. – Se acomodó en el asiento. – Quería que le ayudase con una denuncia que había puesto a uno tipo que pegó a una de las chicas. – Suspiró. – Al final perdimos el juicio. Daisy estaba destrozada, así que le dije que no se preocupase, que yo podría ayudarla. – Se mojó los labios y continuó. – Una noche, cuando fui al club, me encontré con ese tipo, el que ganó el caso. Le vi tratar mal a una de las chicas así que le cogí, me lo llevé a la parte trasera del local y le di una paliza. – Bajó la vista hacia la mesa. – Y desde esa noche no volvimos a verlo jamás.
- ¿Fue en ese momento cuando se le ocurrió todo lo de matar a toda esa gente? – Quiso saber la inspectora.
- A partir de esa noche, sí. – Asintió. – En mi interior sentía que estaba ayudando a mi madre. La veía en cada una de las chicas.

Los tres se quedaron callados durante unos segundos.

- Señor Gautier, queda detenido por el asesinado de Norman Johnson, Carl Ericsson y Kelvin Stone. – Dijo Beckett con voz seria. Hizo un gesto para que entrase uno de los policías a llevárselo.

Castle y Beckett salieron de la sala de interrogatorios y fueron hasta el escritorio de ella.

- A una parte de mí le da pena haber detenido a ese tipo. – Castle se sentó en su silla.
- Nada justifica el asesinato. – Aseguró la inspectora. – Pero esta vez te entiendo. Él quería hacer lo que pensaba que era correcto para ayudar a esas chicas. – Empezó a juguetear con el bolígrafo.
- Supongo que también habrá que detener a Daisy. – Dio por hecho el escritor.
- Fue ella quién le proporcionó todos esos nombres de la lista. – Ordenó el papeleo que tenía sobre la mesa. – Aunque no haya matado a nadie tiene la misma culpa de que se hayan producido esas muertes.

Castle se quedó mirando al infinito y terminó asintiendo despacio.

- ¿Sabes? Al final hemos terminado el caso a tiempo antes de Navidad. – Comentó el escritor.
- Sí, aunque a mí aún me queda terminar el papeleo… - Le miró de reojo.
- Bueno, no pasa nada. – Se estiró en el sitio. – Yo te espero en casa.
- ¿En serio? – Alzó una ceja.
- Claro. – Sonrió y asintió. – Ya sabes, el papeleo y yo no somos muy buenos amigos.
- Eh… bueno, vale. – Beckett se encogió de hombros. – Luego te veo.

Castle volvió a sonreírla, se levantó del asiento y cogió el abrigo que colgaba de su silla. Discretamente, le rozó la mano al pasar y se dirigió al ascensor. Beckett se quedó pensativa, mirando a un punto fijo mientras jugueteaba con el bolígrafo. Se pasó un mechón de pelo detrás de la oreja y bajó la vista hacia los papeles que tenía delante.

Ya hacía al menos veinte minutos que Castle se había ido y Kate estaba más que desesperada con tanto papeleo. Dejó el bolígrafo sobre el escritorio y se pasó las manos por la cara. Ya era algo tarde y no veía el momento de irse al loft. Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no escuchó como unos pasos se acercaban a ella por detrás.

- ¿Todavía sigues así?

Beckett se dio la vuelta al escuchar aquella voz y no pudo más que sorprenderse al ver aquella escena.

- Castle… - Dijo con los ojos muy abiertos. - ¿Pero no te habías ido a casa?
- Cuando iba hacia allí pasé por tu restaurante favorito y no pude evitar traerte la cena. – Le mostró las bolsas con el logotipo del local.
- ¡Vaya, gracias! Es todo un detalle. – Se mordió el labio inferior, intentando ocultar una sonrisa.

El escritor dejó las bolsas sobre el escritorio y se sentó en su silla. Fue sacando uno a uno los pequeños paquetes de comida, dejándolos sobre la mesa.

- Eso sí, como aun estás de servicio, he traído cerveza sin alcohol. – Le pasó uno de los botellines. – Que no quiero que Gates te vea en ese momento de euforia.
- ¿A qué momento de "euforia" te refieres? – Frunció el ceño y le dio un trago a su cerveza.
- Hablo de tu exaltación de la amistad y de las ganas irrefrenables que te entran de manosearme. – Cruzó una pierna. – Sé que soy irresistible, créeme que soy consciente de ello, pero no en comisaría. – Dijo evidente.

Beckett se le quedó mirando, con ambas cejas levantadas, sin creerse lo que acababa de oír.

- Un momento, ¿estás hablando en serio?
- Completamente. – Asintió.
- ¿Y dices que soy yo la que te manosea? – Alzó una ceja, abrió mucho los ojos. - ¿Yo? - Se señaló el pecho con un dedo.
- Efectivamente. – Asintió con la cabeza.
- ¿Te has olvidado ya de lo que ocurrió en el cumpleaños de Espo? – Se apoyó en el respaldo de la silla, mientras Castle ponía cara de estar haciendo memoria. – Alguien bebió más de la cuenta y se pasó media noche intentando meterme mano por debajo de la mesa… - Dijo esto en un susurro.
- Yo no recuerdo eso… - Negó con la cabeza.
- Ooooh, pero yo sí. – Le aseguró. – Hasta soltaste algo así como "Jo Kate pero yo quiero tocar" – Imitó su voz. – Y menos mal que había música y no te oyeron que si no… - Le miró de reojo.

Castle se quedó pensativo.

- Bueno, pero eso fue una sola vez… - Intentó justificarse el escritor.
- Estás de broma, ¿no? – Alzó la vista para mirarle. – Ya has hecho varias así… Eso sí, luego soy yo la que va manoseando… - Dijo con retintín.
- Un momento, ¿por qué esto ha terminado derivando en mí? – Castle se señaló.
- Porque tú has sacado el tema. – Cogió unos palillos y uno de los envases.
- Sí, y ya sé que siempre tienes que ganar… - Dijo para picarla. – Aunque… puede que no a todo…
- ¿A qué te refieres? – Frunció el ceño con curiosidad.
- Tres palabras… "Guerra de chupitos" – Fue señalando las palabras en el aire.
- ¿Hablas en serio? – Levantó las cejas y se metió los palillos con un poco de arroz, en la boca.
- Completamente. – Asintió con rotundidad.
- ¿Acaso no te acuerdas de lo que dijo Lanie hace unos años? – Una pequeña sonrisa apareció en la boca de ella.
- No. – Negó con la cabeza. - ¿Debería acordarme?
- Desde luego. – Asintió. – Dijo que nunca me echases una competición a beber… Porque gano seguro.
- Pero eso es porque no me ha visto a mí en plena acción. – Él sonrió y la inspectora le miró de reojo. – En la acción de beber, no en la otra "acción" – Aclaró. – Malpensada…

Beckett intentó reprimir la risa y se puso seria.

- ¿Sabes qué? Cuando acabemos te invito a una copa. – Kate se apoyó en el respaldo de su silla. – Old Haunt, tú, yo y una botella de tequila. ¿Te parece?
- ¿Tequila?
- ¿Tienes miedo? – Le sonrió.
- No, es sólo que me ha recordado a "Ola de Calor" – Comentó el escritor.
- ¿Y?
- Pues que quizá acabemos como Nikki y Rook. – Sonrió ampliamente.
- Eso ya lo veremos…

Siguieron cenando mientras continuaban picándose mutuamente. Cuando acabaron, Beckett prosiguió con el papeleo y Castle, muy a regañadientes, la ayudó. Se despidieron de los pocos agentes que quedaban en comisaría y se fueron al ascensor. La inspectora decidió dejar allí el coche y volver en el del escritor.

P.D: MUCHAS GRACIAS POR LEER! Y a dejar muchos comentarios!