¡Buenas! Ante todo volver a pedir disculpas porque este fic ha estado parado la friolera de tres años. Lo sé, no tengo perdón de dios ni de nadie. Pero he de decir que entre unas cosas y otras no he podido escribir, principalmente porque mi musa ha decidido tomarse unas vacaciones indefinidas y la odio mucho por ello, pero intentaré exprimir al máximo mi cerebro para ver si puedo ponerle un final a esto.

También he de decir que tengo este capítulo y la mitad del siguiente escritos ya, a ver cómo acabo el próximo y cómo finiquito lo que viene siendo todo el fic. Sí que recuerdo que tenía cosillas apuntadas sobre lo que quería hacer, a ver si la inspiración regresa a su sitio y me permite hacerlo.

Así que no me enrollo más y os dejo con el capítulo 17. Espero que os guste y que la espera haya merecido la pena.

Por último mendigaré comentarios, ¿por qué? Pues porque me encanta que me digáis qué os ha parecido el capítulo, qué os ha gustado, qué no y porque además me da ánimos para continuar escribiendo, o al menos para intentarlo.

¡Millones de gracias por leer y por haber esperado tantísimo tiempo!

Capítulo 17.

El Old Haunt estaba cerca del loft de Castle, por lo que determinaron que lo mejor sería dejar el vehículo en el garaje e ir andando. Era una noche algo fría, pero después de estar todo el día en la comisaría les venía bien dar un paseo.

Por fin llegaron al local y cuando entraron vieron que había bastante gente teniendo en cuenta que era domingo aunque claro, al día siguiente era Noche Buena así que muchos de ellos estarían ya de vacaciones.

- ¿Qué tal Jimmy? – Dijo Castle mientras se acercaba a la barra. Se frotó las manos que tenía algo entumecidas a causa del frío.

- Muy bien, señor Castle. – Sonrió el chico. - ¿Lo de siempre?

- Hoy tequila. – Respondió Beckett con una sonrisa.

- ¿Celebran algo? – Jimmy estiró el brazo alcanzando la botella que estaba en la estantería de arriba.

- Así es. – Asintió el escritor con la cabeza. – Hemos terminado ya el caso que teníamos entre manos y además es una apuesta.

- ¿Una apuesta? – Jimmy frunció el ceño. Dejó dos pequeños vasos encima del mostrador. - ¿Sobre qué?

- Lo sabrás cuando termine la noche. – Beckett le guiñó un ojo.

La inspectora, con la mano izquierda cogió la botella y con los dedos índice y pulgar de la otra mano, pilló a modo de pinza, los vasos. Encontró una mesa libre y se dirigió hacia ella. Dejó el cargamento que portaba sobre el tablero y esperó sentada a que Castle que estaba hablando con Jimmy.

- ¿Por qué llevas otra botella? – Señaló Beckett y frunció el ceño.

- ¿Cómo quieres que sepamos quién va ganando si no podemos medirlo? – Dijo de forma evidente. – Así, cada uno con una botella, es más fácil saberlo.

Dejó sobre la mesa la otra botella y tomó asiento frente a la inspectora. Beckett se sirvió un su vaso y el escritor la imitó.

- Por otro caso acabado. – Levantó la pequeña copa e hizo que chocase con la de él y se bebió el contenido.

- Y por mi maravillosa e imprescindible colaboración. –Alardeó.

- Un momento… - Kate retiró el vaso. - ¿Crees que sin ti no hubiésemos conseguido cerrar este caso? – Alzó la ceja.

- Oh seguramente sí. – Asintió. – Pero probablemente no habríais acabado antes de Navidad. – Y dicho esto se bebió el chupito.

- ¿Y qué te hace pensar eso?

- Pues que si yo no hubiese hablado con la camarera del Paradise no hubiésemos tenido otra vía de investigación. – Sonrió con orgullo.

- Oh cielo – Le tocó la cara. – había muchas más camareras en ese local. Tarde o temprano habría encontrado alguna que nos ayudase.

- Pero no antes de Navidad. – Recalcó.

- Está bien. Como quieras. – Dio por perdida esa batalla.

- De hecho… - Se quedó pensando. – se me están ocurriendo muchos otros casos en los que mi colaboración ha sido fundamental para resolver los asesinatos…

- Empieza a enumerar y sigue bebiendo… - Señaló la botella.

- Bien, bien. – Se sirvió otra copa y Kate hizo lo mismo. – Por ejemplo el caso del Old Haunt. – Hizo un gesto con la mano indicando el local.

- Si no recuerdo mal fui yo quien te dio la idea de mirar el registro de quienes habían mirado los planos del alcantarillado.

- Así es peeeero ¿quién encontró la entrada secreta del Old Haunt que daba con esos túneles? – Sonrió con orgullo.

- Eso fue gracias a los disparos de la escopeta. - Le miró de reojo.

- Y a mi estupenda mente que juntó dos más dos. – Se dio unos golpecitos en la cabeza.

- Tú ganas. – Se bebió el contenido del vaso de un trago. – Siguiente caso.

- Dos palabras, laird's Lug. – Castle se apoyó en el respaldo de la silla.

- ¿El caso del supuesto fantasma? – Alzó las cejas.

- Gracias a mí descubrimos el cadáver que estaba en el falso techo y, por consiguiente, resolvimos el caso. – Declaró.

- Que yo recuerde tú dijiste que ese caso se resolvió gracias al fantasma de la víctima. – Le miró con burla.

- Y sigo diciendo eso, pero yo fui quien escuchó las señales del fantasma.

- Muy bien. – Asintió. – Escuchaste las señales pero no resolviste el caso.

- ¿Es que ahora crees en fantasmas? – Rellenó la copa de la inspectora.

- ¿Antes que dejarte ganar a ti? Por supuesto – Se rio.

- Veo que eres incapaz de admitir que mi colaboración es fundamental.

- El problema es que si alguna vez lo admitiese estaría escuchando como tu ego habla por ti. – Bromeó.

- Mi ego está muy bien domado. – Aseguró.

- ¿Sí? – Alzó una ceja. - ¿Y por qué estamos hablando de tus "logros" en los casos? – Se sirvió de nuevo mientras él se quedó pensando.

- Touché. – Asintió con la cabeza y se bebió el chupito de un trago.

Pasaron un buen rato entre risas, "reproches" y mucho alcohol. Mientras que el escritor parecía ser inmune a la bebida, la inspectora empezaba a arrastras la lengua cada vez que hablaba y se reía de forma muy exagerada. A medida que pasaba el tiempo iba quedando menos gente en el bar. Castle y Beckett seguían con su particular diversión cuando, de pronto, sonó una canción que hizo que la inspectora pegase un grito.

- ¡Jimmy, súbela! – Gritó ella desde la silla.

- ¿Pero a dónde vas? – Preguntó el escritor, desconcertado al ver que ella se dirigía a la barra.

- ¿Tú qué crees? – Se dio la vuelta para mirarle. – Pues a bailar. – Dijo evidente.

Y dicho esto, mientras se iba tambaleando un poco, la inspectora se acercó a la barra y guiñó un ojo a un perplejo Jimmy. Puso un pie en uno de los taburetes, se dio impulso y subió el otro encima de la barra. Colocó los brazos en cruz para intentar estabilizarse y cuando por fin lo consiguió, sonrió triunfante y comenzó a bailar al ritmo de la música de manera sugerente.

Los pocos clientes que quedaban comenzaron a aplaudir y a vitorearla. Castle se quedó con la boca abierta ante semejante estampa. Parpadeó varias veces y tardó en reaccionar, pero cuando por fin lo hizo, se levantó raudo y se fue abriendo camino entre los improvisados espectadores. Cuando llegó, se estiró y agarró a Beckett por la cintura, bajándola de allí entre quejas y pataleos.

- ¡Pero que yo quiero bailar! – Intentó estirar el brazo para alcanzar la barra.

- Ya has bailado suficiente por hoy. – La agarró del brazo. – Venga, vamos a casa.

De la mesa donde estaban sentados cogió el abrigo y el bolso de Beckett.

- Eres un aguafiestas. – Frunció el ceño e hizo pucheros mientras el escritor terminaba de arreglarla para combatir el frío de la calle.

- Sólo he intervenido antes de que te diese por quitarte la ropa…

- Es lo que tiene estar borracho. – Se rio y se tropezó con una silla. - ¿Por qué tú no estás borracho? – Escondió la boca al resguardo de la bufanda una vez que salieron.

- Ya te dije que tengo mucho aguante. – Sonrió y le pasó el brazo alrededor de la cintura, para evitar que se cayese.

- Eso o… - Hipó. – que te has pasado toda la noche bebiendo agua en lugar de tequila… - Dejó caer.

- Pero qué cosas tienes… - Se hizo el loco. – Claro que voy borracho lo que pasa es que tú estás peor y no te das cuenta.

- ¿Ah sí? – Alzó una ceja. – Entonces échame el aliento.

- ¡No hombre no Kate! – Negó con la cabeza.

- ¿No te atreves? – Se paró en seco y se puso delante de él en jarras.

- Kate, no voy a hacer eso. – Repitió.

- Entonces admites que no has bebido y me has engañado… - Le señaló con el dedo.

- Beckett hace frío, estás borracha y seguro que tienes hambre… - Intentó distraerla.

- Sí, tienes razón… - Se quedó un rato quieta.

Al cabo de los segundos, agarró al escritor de las solapas del abrigo y le acercó a ella, sorprendiéndole con un beso en los labios.

- ¡Ajá! – Gritó y le señaló con el dedo de forma "acusica". - ¡Lo sabía!

- ¿Pero cómo lo has sabido? – Parpadeó repetidas veces.

- Porque sin querer me serví de tu botella y no sabía a alcohol. – Sonrió satisfecha.

- Está bien, vale, lo admito. – Levantó las manos. – He hecho trampas, ¿contenta?

- ¡Mucho! – Negó con la cabeza rápidamente. – Bueno, no a lo de las trampas si no a haberte descubierto. – Sonrió ampliamente. – Soy buena detective hasta estando un poco borracha.

- Hombre, yo más bien diría "muy"…

- ¿Muy buena detective?

- No, muy borracha….

- Ya… - Le fulminó con la mirada. – Si tú también hubieses bebido ahora estaríamos los dos así, pasándolo bien… - Fue haciendo zigzags.

- ¿Y quién cuidaría de que no te atropellase un coche? – La agarró del brazo para reconducirla.

- Pues algún desconocido caballero. – Dijo con retintín la última palabra.

- ¿Es que yo no soy un caballero?

- Te recuerdo – Hipó. Se llevó una mano a la boca. – Que me has emborrachado mediante trampas…

- ¿Es que no me vas a perdonar por esta pequeña bromita?

- Ya veremos…

Tardaron más de lo que pensaron porque Beckett se paraba a cada momento; bien admirando el paisaje o bien porque iba bailando por el camino, cosa que a Castle le sorprendía y hacía gracia a partes iguales. De pronto la inspectora se quedó quita. Castle la miró extrañando y retrocedió.

- ¿Pasa algo, Kate?

- Nada, sólo que estaba pensando en probar algo... - Se llevó un dedo a la boca, pensativa.

- ¿El qué? - Frunció el ceño.

Kate asintió con la cabeza para sí misma. Fue a la pared que tenía a la derecha, apoyó el trasero en ella y se agachó, quitándose uno de los tacones e hizo lo mismo con el otro.

- Toma - Le tendió los zapatos al escritor.

- ¿Pero qué...?

Antes de que pudiese continuar con la frase, Beckett puso las manos sobre los hombros de él, dio un impulso y se subió a su espalda, enroscando las piernas en la cintura del escritor.

- Venga, vamos a casa. - Pegó la cara en el omóplato de Castle.

- ¿En serio?

- Muuuuy en serio. - Cerró los ojos. - Estoy cansada y este es tu castigo por hacer trampas. Así que vamos.

- Esto me recuerda a cuando llevaba así a Alexis cuando era pequeña. - Se puso en marcha. - Pero cargando con unos cuantos kilos de más

Kate frunció el ceño y le dio una colleja.

- ¡Au! - Se quejó.

- ¿Estás insinuando algo? Porque puede que esté un poquito borracha pero no sorda...

- Sólo era un pequeño dato informativo, sin segundas intenciones, ¡lo prometo! - Se defendió.

- En ese caso te perdono. - Volvió a recostar, a cabeza en su espalda. – Vamos a casa que tengo frío.

Y dicho esto, el escritor puso rumbo hacia el loft. Después de un rato de caminata, por fin llegaron al edificio. Hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo al portero, el cual le miró extrañado al ver que Castle llevaba a la inspectora en su espalda, dormida. Llegó a la entrada y como pudo abrió la puerta del loft. Royal salió corriendo a saludarlos pero el escritor le hizo un gesto con la mano y el perro se quedó sentado esperando mientras jadeaba.

Castle se dirigió al sofá donde, con cuidado, dejó a una adormilada inspectora. Beckett se acurrucó junto a uno de los cojines y no abrió los ojos. Él aprovechó para ir a la habitación y cambiarse de ropa. Sobre la cama vio una nota.

"Papá, he salido a cenar con Max y llegaré tarde.

No os preocupéis por Royal que le he sacado yo.

Te quiere,

Alexis."

Richard sonrió, dobló la nota y la dejó sobre la cómoda. Salió de la habitación con la ropa de estar por casa ya puesta y vio que Royal había ocupado gran parte del sofá, dejando a Beckett pegada a los cojines del respaldo. Era una bonita estampa, ambos durmiendo y ella con el brazo alrededor del cuerpo del animal.

Dejó el pijama de Kate sobre el respaldo del sillón y se fue a la cocina. Cogió de la nevera una botellita de agua, y de uno de los armarios tomó una caja de ibuprofeno. Sacó del blíster una de las pastillas y agarró la botella de agua. Con ambas cosas en la mano se dirigió al sofá.

- Kate. – Puso una mano sobre su hombro y la zarandeó un poco. – Kate, despierta.

- ¿Ya es de día? – Frunció el ceño y apretó los ojos.

- Aún no. Ten, te he traído un ibuprofeno. – Le mostró una vez que ella abrió los ojos. – Así mañana no tendrás resaca.

Se movió un poco, lo que hizo que Royal levantase la cabeza para ver qué ocurría. La inspectora acarició el pelo del animal y se tomó la pastilla, acompañada de un gran trago de agua.

- También te he traído el pijama.

Beckett dirigió la mirada hacia donde el escritor señalaba. Se quedó pensativa y después negó con la cabeza.

- No me quiero cambiar, así estoy muy cómoda.

- Lo sé, pero no vas a dormir con el abrigo, ¿no? – Le sonrió.

- Mírame. – Y dicho esto volvió a tumbarse en el sofá.

- Vamos Kate… - Intentó levantarla pero ella hacía fuerza hacia abajo.

- Me cambiaré de ropa si me dejas uno de tus pijamas. – Dijo con la boca apoyada sobre uno de los cojines.

- Está bien… - Terminó por aceptar. – Pero que sepas que esto te lo recordaré siempre.

- ¿El qué? – Preguntó con curiosidad.

- Lo caprichosa que te vuelves cuando estás borracha.

- Habrá que verte a ti… - Le miró de reojo.

- Yo soy muy normal. – Intentó no reírse.

- Seguro… - Dijo con ironía.

- Anda vamos. – Le cogió de las manos y tiró de ella para ayudarla a ponerse de pie. – Ya sabes dónde están los pijamas.

- ¿Es que no me lo vas a dar tú? – Se tropezó. – Esta alfombra está muy mal puesta aquí… - Se quejó.

- Yo necesito descansar, que me has dejado la espalda molida después de tu paseo a caballito…

Beckett entrecerró los ojos, le sacó la lengua y se dio la vuelta rumbo a la habitación. Castle se dejó caer sobre el sofá. Royal aprovechó que el escritor se estaba estirando para tirarse casi en plancha encima de él.

- ¡Royal! – Se quejó. – La próxima vez que hagas eso me vas a dejar sin la oportunidad de tener más hijos.

El animal se le quedó mirando como si le entendiese. Luego le dio un lametón en la cara, lo que provocó la risa del escritor. De pronto se escuchó un ruido procedente de la habitación.

- ¡Estoy bien! ¡Estoy bien! – Se oyó a lo lejos la voz de la inspectora. - ¡Hay un sillón que se ha puesto en medio!

Castle se llevó una mano a la boca para intentar reprimir la risa. Recostó la nuca sobre el respaldo y cerró los ojos durante un instante. No sabía el tiempo que había estado así cuando de pronto se incorporó tras oír música procedente de la habitación. Antes de que pudiese reaccionar, vio aparecer una pierna desnuda por la puerta del despacho.

- ¿Pero qué…? – Castle frunció el ceño.

Sin tiempo de decir algo más, la pierna de Kate continuó moviéndose en el aire, aunque torpemente. La inspectora se agarró a la estantería para guardar el equilibrio, volvió la pierna al suelo y se tambaleó un poco.

- "Hey nana hey nana. Hey nana hey nana. Hey nana hey nana. Hey nana hey hey" – Beckett fue cantando.

Mientras intentaba entonar, se desabrochó un par de botones de la parte de arriba del pijama, dejando al descubierto su hombro. Castle vio, a través de los libros de la estantería, como ella iba moviendo el hombro al son de la música, o al menos eso es lo que la inspectora pretendía, con escaso resultado.

La canción seguía sonando y ella continuaba con su "erótico" baile, por llamarlo de alguna manera.

La canción se acabó y eso hizo que ella se parase en seco y fuese hasta el reproductor de música dando trompicones para volver a ponerla. Se escuchó algo que cayó al suelo, posiblemente algún libro que estuviera sobre la cómoda, y al cabo de un rato volvió a sonar la misma canción.

Castle estaba expectante desde el sofá y no salía de su asombro ante aquel espectáculo. Estaba de brazos cruzados y tenía una de las manos ligeramente sobre la boca, para esconder alguna que otra risita.

Con la música de nuevo sonando, el escritor pudo ver cómo "algo" asomaba por el umbral de la puerta. Aquel "algo" no era otra cosa que el trasero de la inspectora, el cual estaba cubierto por la tela de la parte superior del pijama que llevaba puesto. Resultaba algo erótica aquella situación, hasta que la inspectora perdió el equilibrio y terminó cayendo al suelo de culo. Castle se llevó las manos a la boca pensando que quizá se habría hecho daño pero nada más lejos de la realidad. En lugar de ponerse de pie, Beckett terminó por ir a gatas hacia donde él estaba, mientras seguía cantando.

- "You eyes are like a blue sky, blue sky, blue. You're floating in the fountain, in the fountain of youth."

Cuando por fin llegó hasta donde estaba el escritor, apoyó las manos sobre las rodillas de él para poder incorporarse un poco aunque resbaló y estuvo a punto de volver a caerse pero pudo recuperar el equilibrio a tiempo agarrándose al sofá.

Más que sensual aquella era una situación bastante cómica. Beckett intentando ser sexy y Castle con cara entre asustado y divertido. La cogió de los brazos para que se incorporase y ella se sentó sobre sus rodillas y subió las piernas al sofá. Jugueteó con los botones de su camisa, desabrochándolos poco a poco. Beckett metió la cara en el cuello de él, cerró lentamente los ojos mientras aspiraba lo poco que quedaba de la colonia que ella misma le había regalado. Él le rodeó la cintura con sus brazos, acercándola más a su cuerpo y ella entrelazó los dedos en su corto y suave pelo. Estaban tan próximos que sus narices se rozaban, produciéndose lo que se conoce comúnmente como "beso de esquimal". Estaban tan cerca de darse un beso de verdad cuando pasó lo que últimamente ocurría… La puerta de entrada se abrió de golpe. Esto produjo que Castle se llevase tal susto que hizo que se levantara de la impresión, consiguiendo que Beckett, que estaba sobre sus rodillas, fuese a parar al suelo.

- ¡Por el amor de Dios, Richard! – Martha le regañó. - ¿Se puede saber en qué estabas pensando para tirar a tu novia al suelo? – Dirigió la mirada hacia donde estaba la inspectora. - ¿Estás bien Katherine?

Beckett hizo un gesto con la mano a modo de afirmación.

- ¿Pero qué estás haciendo aquí, madre? – Cogió a Kate de las manos para ayudarle a ponerse en pie.

- Creo, si mal no recuerdo, que vivo aquí. – Se puso en jarras.

- Pensaba que estabas viviendo con Jim. – Dijo evidente.

- Oh qué va. – Hizo un gesto con la mano. – Ya te dije que no quería vivir con ningún otro hombre.

- Sí, por las costumbres que pueden haber cogido por el camino, ¿no? – Castle hizo memoria.

- No te ofendas cariño. – Le dijo Martha a Beckett.

Kate, que ya estaba sentada en el sofá, volvió a hacer un gesto con la mano. Verdaderamente en esos momentos le daba igual todo.

- ¿Le pasa algo? – Preguntó la actriz, viendo cómo estaba la inspectora.

- Nada, que está cansada. – Hizo un gesto con la boca de forma despreocupada.

- Pues entonces deberías llevarla a la cama. – Le sugirió. – Que además va a coger frío.

- Sí, será lo mejor. – Echó una rápida mirada a su compañera.

- Yo también me voy a la cama. – Martha se quitó el pañuelo que llevaba al cuello. – Que descanséis, queridos.

Y dicho esto la actriz cogió sus cosas y fue escaleras arriba mientras se despedía con una de las manos. Castle negó con la cabeza y cogió a Beckett en brazos.

- Mi madre tiene el don de la oportunidad… - Comentó el escritor mientras llevaba a la inspectora a la habitación.

La dejó sobre el colchón mientras abría su lado de la cama y encendió la lamparita que estaba sobre la mesilla. Después fue hacia el reproductor de música y lo apagó.

- Supongo que no vamos a terminar lo que has empezado antes de que mi madre nos interrumpiese, ¿verdad? – Cuando se dio la vuelta vio que la inspectora dormía plácidamente en el centro de la cama. – Lo tomaré como un no.

Dicho esto acomodó a Kate en la cama, tapándola con las sábanas. Después él se tumbó a su lado. Tanto movimiento hizo que la detective se pusiese de lado, mirando hacia fuera de la cama. Castle se pegó a ella.

- Buenas noches. – Le dio un beso en el pelo y pasó su brazo alrededor del cuerpo de ella. Después apagó la luz de la mesilla de noche.

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