Hola, aquí el tercer capítulo, muchas gracias por sus comentarios y seguimientos, un pequeño adelanto en el siguiente capítulo veremos a Sesshomaru espero les guste, y por favor comenten

Amor a primera vista

En medio de los jardines, ajena a toda la discusión vivida momentos antes en el palacio una joven de cabellos azabache se encontraba llorando tristemente, mientras recoja sus flores. No podía evitarlo, había sido separada de su familia, sus amigos, su casa.

Tomo otra flor de loto mientras se enjuagaba sus lágrimas, por muy honor que fuera servirle al rey de Shikon como floristas no le gustaba nada estar ahí. ¿Y qué pasaba si no lo hacía bien? ¿Si hacia algo que no le agradara al rey? ¡No! ¡No podía hacer eso! Sus padres la habían educado para ser la mejor en su oficio pero…

-mama… abuelo… Souta…- sollozo, entonces una flor roja se atravesó en su campo de visión. No pudo evitar una exclamación de sorpresa, ¡un elefante bebé le ofrecía una flor!

-¿tú de dónde saliste?- pregunto secándose las lágrimas, el elefantito sonrió y le puso la flor en el cabello detrás de la oreja.

-gracias- sonrió la azabache, más animada. El elefantito se acercó más a ella frotando dulcemente su cabeza contra sus costillas.

-oh… ¿te lastimo un cazador?-pregunto Kagome al ver que tenía uno de sus colmillos rotos, el elefante emitió un sonido de tristeza.

-eres tan lindo, ¿sabes? Creo que te pondré… Buyo- el pequeño elefante sonrió feliz y le dio un beso en la mejilla con su trompa.

La joven sonrió a más no poder mientras abraza a su recién adquirido amigo, puede que estar en ese palacio no fuera tan malo después de todo. Entonces el sonido de unas voces llamo su atención, seguida de cerca por Buyo se asomó por entre unos arbustos, de donde provenían los sonidos.

Su mandíbula cayó ante lo que estaba presenciando, los sonidos que había escuchado eran dos hombres entrenando en artes marciales, ambos jóvenes, quizá no mayores que ella, uno con ojos azules, y largo cabello negro atado en una cleta, mientras el otro…

"¡por buda!" pensó Kagome, jamás había visto un hombre tan guapo como ese en toda su vida. Tenía el cabello rubio casi plateado, unos ojos color oro magníficos, un cuerpo que podía muy bien haber sido esculpido de fino mármol por el mejor artista del continente, en otras palabras perfecto.

El muchacho al sentirse observado volteo hacia los arbustos, no le gustaba que cualquiera espira su práctica, más al ver a Kagome sonrió con coquetería, cierto que otra persona hubiera tenido problemas, pero no una linda joven como esa.

A la siguiente patada de su rival la esquivo con más maestría y contraataco de manera fuerte y elegante, todo sea por quedar bien con una linda jovencita. Su rival dio otro giro e intento derribarle con un gancho de derecha pero este l paro fácilmente, volteo a sonreírle a su admiradora pero esta se había marchado.

-ya basta Koga- ordeno después de esquivar otra patada.

-si mi príncipe- exclamo el otro joven tocando el suelo con la frente.

El joven de cabello plateado corrió a los arbustos y lo paso de un salto, aquella muchacha no podía haber ido muy lejos. Al míralo saltar los arbustos Kagome pego a correr, pero Buyo la pesco de la cintura con su trompa, y la empujo junto al muchacho.

-no Buyo- le regaño, no quería problemas en su primer día de trabajo, ya bastante mal le fue diciendo que podía leer.

Pov Inuyasha

-¿Quién eres?- pregunte sonriéndole cálidamente, en verdad era una chica hermosa ahora que la veía bien.

-un objeto…- contesto ella llanamente. Arque mis cejas sin entender.

-… el ultimo regalo del rey hasta ahora- explico de manera triste. "maldición" gruñí en mi mente, eso la volvía inalcanzable para mí.

-su majestad recibe demasiados obsequios- declare de mal humor. ¿Qué tenían los demás reinos escases de joyas o tapetes? ¿Cómo se les ocurría regalarle una flor tan bella al anciano?

-y si, por algo le desagrado, me devolverá a Sengoku- continuo ella, podía notar el temor en su rostro, y no era para menos.

-¿tú sabes lo que ese des honor significa?-

-la muerte…- respondí sin poder mirarla.

-¿eres un soldado?- su voz me saco de mis reflexiones.

-yo… em… pues…- no yo no era un soldado pero decirle quien era de verdad no es una opción.

-¿no sabes lo que eres?- pregunto con una sonrisa, me sonroje sin poder evitarlo.

-yo… yo sirvo al rey- termine de decir, bueno en cierta manera era cierto.

-entonces somos dos…- murmuro ella, y casi puedo jurar haber visto un tinte color de roda en sus mejillas.

-…dos sirvientes-

Adentro del palacio…

Pov narrador

En el interior de las habitaciones de palacio varias jóvenes vestidas de coloridos vestuarios de seda sacaban entusiasmadas y curiosas las prendas de las maletas de la nueva maestra, siempre bajo la supervisión de una señora elegante de edad avanzada, para que no estropearan nada.

Izayoi entro en la alcoba con el ceño fruncido, ninguno de sus esfuerzos había resultado, pero ella no se rendía, casa le habrían prometido, y una casa recibiría o se regresaría a su tierra en el primer barco, si así pensaba decírselo a ese rey.

-bienvenida a su alcoba señora Izayoi, espero que sea de su gusto- saludo la mujer de edad.

-oh, es muy hermosa…- exclamo la maestra, ¡eso no podía ser un cuarto, era un apartamento entero! Y todo decorado con gazas de seda, ornamentos de oro, una enorme cama de doncel con mosquitero y un balcón directo a los jardines.

-me alegro que sea de su gusto señora, por cierto me llamo Kaede y estoy para servirle- sonrió la anciana, Izayoi le devolvió la sonrisa encantada, más la misma se desvaneció al ver como las otras mujeres sacaba sus ropas de una de las maletas.

-pero…-

-oh no se preocupe señora, ellas son las concubinas del rey y solo la ayudan a desempacar…- explico apresurada Kaede.

-por favor no quiero que desempaquen, no me quedare- pidió lo más amablemente que pudo, la verdad le parecía una descortesía que hurgaran en sus cosas.

Las mujeres la miraron sonrientes, se acercaron a ella corriendo e intentaron mirar debajo de su falda. Izayoi puso las manos sobre la misma para evitarlo, además de metiches inapropiadas, ¿Qué clase de mujeres le gustaban al rey Inu no?

-¿Qué hacen?- pregunto la maestra

-perdonarlas por favor, tienes curiosidad por saber porque usa esa tienda, creen que su cuerpo es igual- se excusó Kaede, Izayoi dejó escapar su aliento con alivio, solo era curiosidad, bueno era lógico, la moda de Londres no era igual a la de Shikon.

-miren, dos piernas y una cintura- sonrió levantándose la enorme falda.

Las damas parecieron consternadas por un minuto, pero su curiosidad no disminuyo ahora se preguntaban cómo podía caminar esa mujer con tanta tela encina, con ese vestido fácil salían unos tres para ellas.

Izayoi dejo que las damas la llenaran de preguntas sobre su ropa, sus cepillos, maquillaje y en fin todo lo que llevaba en su maleta, pero cuando una de las mujeres tomo una foto su corazón pego un brinco de dolor.

-por favor, esa no…- suplico quitándole la foto de las manos.

-¿su esposo?- pregunto Kaede mirando la fotografía Izayoi asintió mientras veía la imagen con melancolía.

-¿un gran amor?- pregunto la mujer.

-si lo fue, puede pasarle incluso a una maestra- sonrió Izayoi caminando hacia el balcón.

-aunque sospecho que solo una vez en la vida…- suspiro, pero una exclamación de Kaede la saco de sus recuerdos.

-la florista, ¡y esta con el príncipe!- dijo Kaede cubriéndose la boca.

-está prohibido ¡contra tradición!-Izayoi rodo los ojos sin querer, no entendía porque era tan terrible que dos jóvenes se gustaran, ¿Qué importaba si uno era de la realeza y el otro no?

-pero el amor no tiene que ver con la tradición…-suspiro Izayoi, hacía mucho que no se fijaba en el amor joven.

A los que se aman

Doquiera que estén

Una plegaria enviare

Toda mi fuerza

Con ellos ira

También ame una vez

Abajo Inuyasha presumía sus grandes habilidades en artes marciales bajo la atenta mirada de Kagome. Siempre sonriéndose mutuamente, claro que en una Inuyasha se distrajo y se resbalo por el puente. Jamás olviden

Su estrella seguir

Jamás olviden soñar,

Con esa fuerza

Kagome corrió a socorrerle, claro que el golpe no pasaba de un pequeño moretón, la joven tomo su mano para ver si se había raspado, aunque pronto la vergüenza la invadió y la soltó, pero Inuyasha las volvió a unir sonriéndole dulcemente

Que les da el amor

También ame una vez

Se lo que es pensar

Que se puede volar

Por la calle pasear sin sentir

Tal vez encontrar al que se ama otra vez

Y poder decirle

Algo más

Ambos jóvenes se quedaron mirando a los ojos, sin soltar sus manos, siéndoles ajenos todo lo que no fuera ellos y el inmenso amor que había nacido entre ellos

No desesperen

No deben sufrir

Porque

Mi amor termino

Con mis recuerdos

Yo soy muy feliz

Ya viví un gran amor

Ya viví ese gran amor

Ya lo viví

Una vez…

Los amantes poco a poco soltaron sus manos y se alejaron, con la silenciosa promesa de volverse a ver.

Continuarla…