Hola a todas, perdonen por no haber actualizado antes pero he estado falta de inspiración, agradezco a todos los lectores y comentaristas, que no ha habido muchos por cierto ¿Qué paso? Recuerden que sin comentarios no actualizo pronto, bueno sin más preámbulos les dejo un platillo ligerito para la cuaresma, lean diviértanse y no olviden hacer la tarea.

Primera lección mundo y peligro

En los establos reales Naraku y Hakudoshi observaban a los dos elefantes sagrados de la familia Taisho, el primero sonriendo maquiavélicamente.

-unas letras- ordeno firmemente.

-¿Cuál de todas?- pregunto Hakudoshi con cara de extremo aburrimiento, la cual Naraku borro con un golpe.

-unas letras para los británicos, siéntate, voy a dictar- le dijo empujando a su ayudante que saco una libreta de papel pluma y tinta.

-"a Sr. Takemaru Ramsey, enviado británico, su maestra esta en grave peligro, etc."- dicto intentando sonar lo más formal posible.

-¿e-t-c? ¿Es alguna clave secreta señor?- pregunto Hakudoshi sin entender la palabra.

-¡oh dame eso!- gruño enojado Naraku arrebatándole las cosas. Recargándose en la primera superficie que encontró (la pata del elefante adulto) y termino de redactar la carta. Finalmente la cerró en un sobre.

-séllala- le ordeno a Hakudoshi entregándole el sobre. Mientras tanto se acercó a los elefantes.

-¿y cómo esta nuestro…?- sonrió acariciando los enormes colmillos del adulto.

-producto más valioso- Hakudoshi embozo una sonrisa sabiendo a que se refería Naraku.

-sin embargo, tu hijo me decepciona un poco- gruño viendo a buyo pues tenía uno de los colmillos roto. El elefante mayor barrito fuertemente con furia haciendo que tanto Naraku como Hakudoshi retrocedieran tapándose los oídos.

-¡cuando inicie el comercio de marfil, tu serás el primero!- gruño estrellando su puño contra los barrotes del establo.

-creí que el rey había prohibido el comercio de marfil…- murmuro Hakudoshi sin entender.

-¡ah! Es usted brillante mi señor- exclamo sonriente al comprender.

-¡seguro seremos muy ricos!-brinco de gozo, mientras Naraku rodaba los ojos.

-bueno… al menos yo si lo seré- aseguró después de un segundo de reflexión.

-avaro- gruño Hakudoshi entre dientes.

-no piensa en su ayúnate que está en los huesos y sin plata- Naraku le pego un coscorrón por el atrevimiento.

- asegúrate de que eso le llegue al enviado británico Sr. Takemaru Ramsey- ordeno antes de correrlo literalmente de una patada.

-y ahora que lo pienso…- murmuro girándose para encarar nuevamente a los elefantes.

-usare tus colmillos…- sonrió maquiavélicamente.

-para mi… uso… personal…- sentencio peinando hacia atrás sus negros cabellos. El elefante barrito otra vez molesto.

Mientras tanto…

Kagome recogió las flores más hermosas de las cientos que le habían entregado para adornar las habitaciones, busco las más frescas, con los pétalos más firmes y las de más duce perfume. Las acomodo lo mejor que pudo, este día todos sus arreglos deberían ser perfectos, ya que era la primera clase de los niños con la señora Izayoi.

Además ese día estaba especialmente feliz, se había encontrado con Inuyasha temprano en la mañana y habían tenido una, por decirlo menos, deliciosa, él era su única alegría desde que llego, las otras sirvientas solo se reían de ella. Decían que era tonta, que tenía el honor y privilegio de trabajar en el palacio del rey y aun así era infeliz.

Pues bien si eso era ser tonta ante los ojos de las demás que así fuera, después de todo no tuvo otra opción. "MALDITO PRINCIPE HOYO" gruño para sus adentros; Hoyo era el príncipe de Sengoku, ella había sido su florista personal, pero solo porque se había negado a convertirse en su décimo novena concubina la había regalado como tributo al rey Inu no Taisho.

La había separado de su familia, sus amigas, de todo lo que conocía; tomo otra flor un lirio dorado, como los ojos de Inuyasha, suspiro, esta será definitivamente para la habitación del… claro que no sabía dónde estaba, él no se lo había dicho. Y estaba demasiado enojada por las burlonas de sus compañeras que no pensaba preguntárselos.

Finalmente se encogió de hombros, la mejor manera de que Inuyasha tuviera esa flor seria dándosela en persona, y la mejor forma para hacer eso…se la prendió en uno de sus bucles del cabello, sin que los demás la vieran corrió al espejo más cercano y se miró, definitivamente el dorado le iba bien, se sonrojo "mejor termino ya este arreglo" pensó volviendo a su mesa de trabajo.

Tomo un par de flores más, algo de jazmín… un par de lotos y… ¡LISTO! Con cuidado y maestría tomo el pesado jarrón de porcelana negra con adornos dorados entre sus brazos, este era uno de los arreglos más especiales que había hecho ese día y era para una sola persona.

Con el extremo cuidado para que no se le callera el jarrón toco la puerta de caoba con adornos de plata, esperando pacientemente hasta ori el "adelante" para abrir el pomo de la puerta e ingresar en el apartamento.

-para su alcoba maestra Izayoi- dijo sonriente, la susodicha se volteó a verla mientras colocaba las flores en el escritorio.

-¡oh Kagome! Están preciosas- exclamo al ver el maravilloso ramo.

-las flores más frescas siempre son para usted- sonrió la muchacha complacida, normalmente ahora le tocaría retirarse, pero algo en el escritorio de la maestra llamo su atención, era un libro de poesías, ella amaba la poesía.

Casi por impulso llevo su mano al ejemplar y levanto levemente la portada, Izayoi que hasta entonces miraba y olisqueaba el aroma de tan bellas flores noto los movimientos de la joven.

-Kagome – llamo la maestra ocasionado un brinquito en la muchacha.

-las mejores flores merecen un obsequio a cambio- sonrió la maestra tomando el libro y ofreciéndoselo.

-¡no, no, no señora!- se apresuró a negar la azabache.

-se meterá en problemas por dar libros a una sirvienta- explico al ver la mirada de sorpresa de Izayoi. Ella sabía que Kagome quería ese libro por lo que la negativa no le cabía en la cabeza.

-qué tontería niña, soy maestra- sonrió Izayoi colocando el libro entre las manos de Kagome.

-y por cierto, debería estar enseñado ahora mismo- se dio al oír la campana de clases, el rey Inu no, se había tomado muy enserio lo de las clases incluso había instalado una campana de colegio en el "aula de clases".

Los príncipes y Rin se encontraban jugando una versión de la víbora de la mar, que les había enseñado Izayoi el primer día de clases, Inuyasha y Sesshomaru (este último haciéndolo a la fuerza) hacían de puente mientras los más pequeños pasaban por debajo cantando la canción.

Shippo por su parte se divertida de lo lindo tumbado en un cojín suavecito junto a una gran fuente de frutas que Rin le había dejado. De hecho se encontraba saboreando una jugosa sandia y escupía las semillas en una fuente de cristal, hasta que diviso una cabellera rosada asomándose por uno de los pilares.

Hakudoshi se encontraba espiando como de costumbre las muy aburridas lecciones de esa maestra británica con la esperanza de encontrar algún detalle que los hiciera enemistarse al rey y la maestra, más hasta ahora solo había conseguido dormirse mucho.

El monito sonrió malévolamente y con una cerbatana tomo una de las semillas y se la arrojo a la cabeza.

-todos a su lugar por favor- llamo Izayoi mientras corría al salón, se había retrasado ¡algo inaceptable para una maestra profesional como ella! Shippo la vio y toco su campanilla de oro para que los príncipes tomaran sus lugares.

-este día les traje una sorpresa- sonrió la maestra colocando un rollo en el pizarrón.

-un nuevo y moderno mapa británico-pero nada más extender el mapamundi uno de los príncipes frunció el ceño.

-Shikon no es tan pequeño- gruño el príncipe Sesshomaru, Rin lo miro con el ceño fruncido.

-lo sé su alteza, pero si se fija bien Inglaterra es más pequeña todavía- señalo Izayoi, el orgulloso príncipe solo se enojó más.

-pero palacio real es el centro de todo el universo- gruño Inuyasha. Izayoi contuvo un bufido.

-bueno, todos creemos que nuestro hogar es el mejor de todos vivamos en un palacio o no…-

-¿Quién no vive en palacio señora Izayoi?- la interrumpió una de las princesas.

-bueno, pues fuera de las murallas del palacio…- empezó a explicar.

-¡¿AFUERA?!-exclamaron todos los príncipes y princesas, Izayoi también se sorprendió, ¿Qué esos niños no conocían nada más que esos muros de oro y marfil?

-¿ustedes jamás han salido?- Pregunto, y una serie de negaciones escandalizadas fue su respuesta. Bien quizá fuera hora de un pequeño viaje de campo.

-muy bien, entonces haremos un pequeño viaje al exterior- ordeno arreglándose las faldas.

-¡el rey se enfurecerá!- gruño Inuyasha sin poder creer lo que pasaba.

-no querido, no lo hará- aseguro la maestra con una maternal sonrisa.

-oh sí que lo hará- sonrió maliciosamente Hakudoshi, con esto Naraku debería dejarlo en paz un buen rato por lo mínimo.

-el me trajo aquí para enseñarles- aclaro Izayoi, los niños la miraron curiosos.

-¿aprenderemos?- pregunto una de las princesas.

-ciertamente mucho- aseguro Izayoi.

-Hay un refrán que es viejo, pero tiene gran verdad de que a todo buen maestro el alumno enseñara…- comenzó a narrar Izayoi mientras guiaba a los príncipes hacia la salida principal, Shippo y Rin también corrieron tras ella, e incluso Hakudoshi se dispuso a seguirlos claro no espero que Shippo lo viera y le diera un campanazo en la cabeza.

Soy maestra y he aprendido

Y disculpen la expresión

Comenzó a cantar Izayoi, mientras a su paso los guardias miraban boquiabiertos la marcha de los niños directo a la puerta principal.

Ya me convertí en experta

En lo que me gusta más

Conocerlos…

Izayoi empujo las puertas de oro y cedió el paso a los niños, que miraron totalmente asombrados a su alrededor, jamás habían salido de entre los muros y para ellos era como viajar a otro mundo.

Al conocerlos

Al conocer lo que piensan

Quiero agradarles

Como me agradan a mí

La gente que estaba alrededor del palacio callo rápidamente de rodillas al notar la presencia de los príncipes. Pero Izayoi alentó a sus alumnos a que se acercaran a ellos y les saludaran.

Al conocerlos

Para decirlo más fácil

Con ayuda de unos amables portadores subieron a una carreta y dieron un paseo, Hakudoshi los seguía lo más cerca que le era posible jalando su propia carreta, mas Shippo, que al parecer había agarrado maña al ayudante de Naraku tomo una lanza y le troceo una de las ruedas.

Es lo que espero

Es mi ilusión

Al conocerlos

Todos seremos amigos

Y los amigos

Todo lo compartirán

Izayoi decido pasear a sus alumnos, a su hija y porque no ella misma por todas las calles, fueron a un espectáculo de títeres, caminaron entre gente con banderines de colores e incluso fueron a ver los ríos.

Deben notarlo

Como el verlos te alegra

Por todo lo que

Inuyasha vio a unos chicos peleando de cabeza, mientras se sujetaban con las piernas a un tronco, sonrie3nte decidió probar, más que antes de poder dar un solo golpe su contrincante le hacerte un gancho en la mejilla provocando que se callera al agua. Claro que al ver el otro luchador que era un príncipe también acabo en el agua.

Se puede aprender

Cosas que compartir

Junto a ti

El paseo por el pueblo continuo por muchos lugares, los niños volaron cometas de papel, comieron en un restaurante tradicional, pasearon en balsa, fueron a un taller donde se teñían telas y una de las princesas sin sures se tiño la mano de dorado, visitaron ruinas, y fueron a una obra tradicional de teatro.

Al conocerlos

Al conocer lo que piensan

Quiero agradarles

Como me agradan a mí

Al conocerlos

Para decirlo más fácil

Es lo que espero

Es mi ilusión

Mientras tanto para el pobre Hakudoshi el paseíto había sido todo menos divertido, le habían aporreado, un cocodrilo lo había perseguido, le echaron a patadas de un restaurante, los príncipes le pisotearon la cabeza cuando se escondió entre las ruinas, se cayó en una tina llena de tinte e incluso los guardias del palacio estuvieron a punto de dejarlo afuera. ¡Y TODO POR CULPA DE ESE MONITO MASCOTA DE LA HIJA DE LA MAESTRA!

Al conocerlos

Todos seremos amigos

Y los amigos

Todo lo compartirán

Deben notarlo

Como el verlos te alegra

Por todo lo que

Se puede aprender

Cosas que compartir

Junto a ti

Los niños entraron al palacio dejando todas las cosas que habían traído en manos de los guardias sin dejar de cantar y reír, por su parte Hakudoshi refunfuñaba pues había perdido otro diente y quien diría si no también un par de huesos enteros. Aunque claro lo primero que hizo fue correr directo a donde Naraku.

Continuarla…